VI A LA MUERTE EN LA CARRETERA | Relato de trailero - INFRAMUNDO RELATOS
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: inframundorelatos@gmail.com
🔎 Temas de este episodio
• Historias paranormales reales
• Relatos de terror en México
• Relatos de carretera
• Relatos de traileros
• Brujas reales en México
• Terror narrado en primera persona
• Relatos para no dormir
• Misterio y sucesos inexplicables
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0:00 Excelente día madrugadores. Alejandro, aquí saludándolos al micrófono, a ustedes que van con su café en la mano, rumbo al trabajo, al estudio o a cualquier compromiso. Disfruten el momento. Aquí iniciamos saludos a toda la audiencia de Inframundo, relatos. Me llamo Bonitacio Figueroa, fui camionero por más de 45 años.
0:41 Hoy a la edad de 78, hace ya tiempo me retiré de ese hermoso oficio que me trajo muchas bendiciones, horas en las carreteras de mi México, ausencias y en los días de cumpleaños de mis hijos, Navidades, aniversarios de bodas. Me mantuvieron lejos de mi familia, pero bendito Dios. Todo tiene sus recompensas. Jamás tuve accidente alguno que me mantuviera en una cama de hospital. Como todos los que andamos en este noble trabajo, el camión tiene sus momentos de descomponerse en plena carretera, pero todos nos echamos la mano, pues. Todos necesitamos de los compañeros, aunque en estos tiempos es algo difícil, pues no se sabe quienes son compañeros o son aquellos que les gusta apropiarse de lo ajeno. Los tiempos se pusieron difíciles en las carreteras. Fue por eso que decidí retirarme de tangentil oficio. A mis nietos les gusta mucho que les cuente las anécdotas de mi trabajo como trailero.
2:01 Uno de ellos me preguntó si yo había tenido experiencias con lo sobrenatural. La verdad sí los tuve y para mí es un gusto compartírselos. Eran mediados de los años setentas. Mi hermano Sebastián era el menor de 5, él era joven. Y lo perdí en un accidente que marcó la vida de todos y fue por el que comencé a trabajar de chofer de camiones. Y aunque ya pasó mucho tiempo, no puedo dejar de pensar en lo que vivió mi madre, en lo que sintió ante la pérdida de su hijo menor, a pesar de ser siempre alguien que escucha las experiencias con cierto escepticismo, pero. Esta en particular me ha hecho reconsiderar muchas cosas. Lo que les voy a contar ocurrió hace ya varias décadas y fue La Última Vez que mi hermano tomó una de sus rutas largas en la carretera.
3:09 Una que ya no tuvo regreso, Sebastián, un hombre duro acostumbrado a la soledad y a las largas horas detrás del volante. Mi madre siempre me decía que él nunca fue un hombre de miedo. Fácil, claro. Había ocasiones que se ponía nervioso por algunas cosas, pero jamás lo había asustado de verdad. O al menos eso creía. Hasta aquella noche, mi madre estaba tejiendo una ropita para uno de sus nietos que estaba por nacer en el mes de abril del siguiente año.
3:51 Ella tuvo el presentimiento de que algo no andaba bien. Mi hermano había salido a hacer una entrega de sacos con maíz que le iba a tomar unos días en regresar. Para nosotros era una ruta común, una que había hecho varias veces y Sebastián ya estaba acostumbrado. En la primera parte del viaje transcurrió sin problema, pero algo raro comenzó a suceder. La primera noche, cuando llamó a mi madre desde una caseta de teléfono en un pequeño abarrote al borde de la carretera. Esa era una noche fría y mi hermano, mientras se cubría con su chamarra, llamó a mi madre como solía hacerlo. Pero en esa ocasión su voz no sonaba como siempre. Mi abuela me dijo que lo notó inmediatamente, que estaba asustado.
4:51 Él le contó que desde que salió de la ciudad, en cada parada que hacía había notado a una sombra siempre a su lado. No había nadie a su alrededor. De hecho, la había comenzado a ver y sentir desde un día antes de salir a ese viaje, pero no le tomó nada de importancia y no se lo dijo a nadie. Mi madre lo recordaba hasta el día en que falleció. Pues ella pasó las últimas horas de Sebastián a su lado y entre sus dolores que sentía le contó lo sucedido. Recibimos la nefasta noticia de que Sebastián había sufrido un accidente y estaba muy mal herido.
5:37 Mis padres salieron para Chihuahua para estar al lado de su hijo. Mi madre decía que su hijo nada más los estaba esperando. Para irse con la bendición de estos, ella estaba al lado de su hijo cuando comenzó a decirle que esa madrugada era espesa y se sentía pesada. Los faros del camión atravesaban la oscuridad, apenas iluminando la carretera, que se encontraba desértica para el esa era una ruta que conocía de memoria. Desde cada curva, cada desnivel y cada punto donde el asfalto daba paso a la grava, había conducido por ahí tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados. Pero esa noche todo era distinto. Antes de tomar el camino de terracería, había una mujer vestida completamente de negro.
6:42 Pensó que era una de las mujeres del pueblo que que daba a su paso por ese camino. La mujer se mantenía cerca de unas ruinas donde anteriormente había sido una estación de trenes. No estaba haciendo nada, ni siquiera parecía estar esperando a alguien. Solo estaba ahí, inmóvil, como si fuera parte del paisaje nocturno. Algo en ella llamó su atención, aunque no sabía explicar que era. Nunca pudo ver bien su rostro, la oscuridad y la manera en la que estaba. La posición del cuerpo de la mujer se lo impedían, pero había algo en su postura.
7:32 Su presencia se imponía, que lo llenó de una inquietud extraña. Intentó ignorarla y retomó el camino. Sin embargo, la sensación de ser observada se mantuvo incluso cuando la desviación había quedado a medio kilómetro de distancia entre las penumbras de la noche. Creía ver a aquella mujer caminando por el monte. Pensó que era sólo su imaginación una paranoia pasajera provocada por el agotamiento. Pues no había dormido lo suficiente, pero al llegar a la siguiente desviación en el primer pueblo que estaba distante de ese camino, fue que la vio de nueva cuenta.
8:22 Estaba allí parada en la desviación. Su figura era inconfundible, el vestido negro, la postura inmóvil, la cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo. No había manera de que fuera una coincidencia. La carretera que recorría no era precisamente concurrida por las noches y las paradas eran pocas y espaciadas para los poblados o rancherías. No había carros que pudieran haberla llevado ni indicios de que alguien más estuviera viajando por ese camino de terracería.
9:06 Así como tampoco conocía que hubiese otro camino cercano sólo por ese el que había transitado por varios años. Y, sin embargo, allí estaba el miedo, comenzó a sentarse en el trato de convencerse de que era solo una mujer, una vagabunda o alguien que parecía la mujer de la entrada en ese camino. Él en ningún momento la asoció con algún fantasma en la carretera, solo le faltaban 2 km para llegar a su destino, pero algo en su interior le decía que aquella figura no era normal.
9:53 Volvió a enfocarse en el camino, aceleró y se alejó de la parada lo más rápido que pudo. El motor rugía y el sonido monótono de la rueda sobre el asfalto debería haberle dado algo de calma, pero la sensación de ser observado persistía a pesar de no haber nadie en la carretera ni luces que indicaran la presencia de otro vehículo, pero no podía sacudirse la idea de que alguien lo seguía. De que aquella mujer estaba cerca, aunque no pudiera verla. El camino se volvía cada vez un lugar más aislado. Apenas había luz de algún poblado y el único sonido era el zumbido del motor del camión, pero repentinamente comenzó a escuchar un sonido que no le gustó. Tuvo que orillarse y bajó del camión con cautela, mirando su alrededor, y entonces la vio de nuevo. Esta vez, aunque seguía sin poder distinguir sus facciones, tuvo la certeza de que lo que estaba mirando directamente su corazón parecía salirse de su pecho y cada fibra de su ser le gritaba que se alejara, que huyera de allí. Pero estaba petrificado, incapaz
11:26 de moverse como si algo invisible lo mantuviera atado al suelo. Finalmente reunió el valor para revisar las llantas, pero todo estaba aparentemente bien. No tardó más de un par de minutos en revisarlo, siempre volteando hacia los lados, pero cuando llegó a la cabina, la mujer ya no estaba. Miró a su alrededor buscando alguna señal de hacia dónde se había ido, pero no encontró absolutamente nada. El camino estaba desierto y el silencio era casi ensordecedor. Sintió un poco de alivio a su recientemente miedo a lo que estaba sucediendo.
12:16 El sol ya no tardaba en salir y dar paso al día. Quiso quedarse ahí. Pero en mala hora decidió seguir avanzando. Subió al camión y retomó su camino. Con cada metro que avanzaba, el nudo en el estómago se hacía más grande. Sabía que algo no estaba bien, que aquella figura no era una simple coincidencia. El miedo se transformó en una certeza. Aquella mujer era una aparición en ese camino de terracería. Cuando el cielo comenzaba a aclarar el accidente ocurrió. El camión se precipitó por una curva peligrosa, salió de la carretera y terminó volcándose en un barranco. No hubo testigos ni tiempo para que alguien interviniera. Fue hasta alrededor del mediodía que se dieron cuenta del accidente.
13:18 Unos trabajadores de aquellas bodegas que vieron el camión dentro del Barranco. No era muy profundo, pero por la caída Sebastián tuvo golpes internos y tardó mucho en llegar la ayuda. El informe policial concluyó que había sido un accidente causado por el cansancio, un error humano que lo llevó a perder el control del vehículo, aunque para mi familia es explicación. Nunca fue suficiente, mucho menos para mi madre, que escuchó a su hijo contarle sobre lo que lo había estado siguiendo desde que salió de nuestra casa.
13:59 Esa misma noche falleció mientras mis padres permanecieron a su lado. Mi abuela habló de La Última Vez que estuvo con su hijo en aquel hospital, de cómo le había descrito a la mujer. Y el miedo que le provocaba contó cómo él había sentido que algo malo iba a suceder cuando bajó a checar las llantas del camión, como si aquella figura fuera un mal presagio de su desgracia. Algunos en la familia intentaron desestimar la historia atribuyéndola al cansancio o a las situaciones causadas por la falta del sueño, pero otros. Especialmente los más cercanos a él estaban convencidos de que aquella mujer vestida de negro era tal vez la muerte, manifestándose de una manera que mi hermano no entendió. Aunque ya han pasado muchas llegadas de su muerte, nunca lo sabré con certeza, pero cada vez que pienso en esa historia no puedo evitar imaginar a mi hermano solo en la carretera. Sintiendo esa presencia constante, quizás nunca sabremos qué era realmente, si era una simple coincidencia o si, como muchos creen, era la muerte personificada, siguiéndolo de parada en parada, esperando
15:33 pacientemente el momento para reclamarlo. Lo único que tengo claro es que hay cosas en este mundo que escapan a nuestra comprensión. Fuerzas que se mueven en las penumbras y que a veces se cruzan con nuestras vidas de formas inexplicables. Cada vez que pasaba por aquella desviación no podía evitar pensar en mi hermano y en aquella mujer vestida de negro. Me pregunto si ella era la muerte que vino por Sebastián. Y aunque trato de convencerme de que sólo es una historia. Una coincidencia trágica.
16:15 Hay noches en las que siento que esa figura puede estar más cerca de lo que creemos. Tal vez, al igual que le sucedió a mi hermano, no hay forma de escapar cuando decide que es tu momento. A los años de la muerte de mi hermano, comencé a trabajar de chofer para una empresa del sur en la cual transportaban muebles. Pero hay algo que nunca confesé, algo que se quedó conmigo desde La Última Vez que conduje a aquel camión de mudanzas por la carretera que conecta nuestra comunidad con el estado de Chihuahua. Aquella noche la Luna estaba apenas visible tras las nubes bajas que anunciaban la lluvia en cualquier momento, pues nos atraparía en la carretera.
17:11 Javier y yo estábamos acostumbrados a nuestra rutina de viajes y ese sería el último de ese mes, ya que se aproximaba Semana Santa y no viajábamos hasta después de esa fecha. Era mi último encargo de esa semana, llevar las pertenencias de una familia a su nuevo hogar en la ciudad. Habíamos salido tarde, demasiado tarde. Y lo sabíamos. Las horas nocturnas siempre me habían incomodado desde lo sucedido con Sebastián, pero el trabajo no podía esperar. El camino que conocía de memoria era estrecho y con pocos puntos de luz por alguna ciudad o rancherías a los lados de la carretera.
18:04 Sólo los faros del camión iluminaban la carretera. Llevábamos nuestros termos con café para mantenernos despiertos y nuestra conversación fluía. Don Javier ya era todo un veterano de las carreteras, yo conducía hasta nuestro destino y él de regreso a nuestro hogar, fue justamente en el estado de Chihuahua que tuve mi primera experiencia paranormal y aunque no me lo crean, fue justamente. En aquella desviación del camino de terracería donde mi hermano había visto aquella aparición, amarrados los jirones de su vestimenta contra la boca piel que se le veía, el viento movía lo que parecían ser harapos de la ligera y delgada vestimenta de aquel ser, parecía que era una mujer. Pero recordé las palabras de mi madre cuando aseguró que era la misma muerte.
19:10 Al principio no registré del todo. Su presencia era como si fuera parte del paisaje, una figura oscura, inmóvil, junto al borde de la carretera. No me detuve. Ni siquiera reduje la velocidad. Sólo pasé de largo, sin atreverme a mirar por el espejo retrovisor, pero algo cambió en el ambiente. Lo sentimos en el aire, una sensación pesada. Traté de ignorarlo, concentrándome en la carretera y en nada más. Don Javier se dio cuenta de ello, pues se le notó el cambio en su semblante.
19:56 Apenas habíamos recorrido medio kilómetro cuando si alguien hubiera encendido una radio o un volumen tan bajo que apenas pudiera ser perceptible. Pero lo suficiente para incomodar. Fue entonces cuando recordé lo que mi hermano había contándole a mi madre antes de morir. Yo no estaba presente en esa conversación. Pero ella me lo repitió con el rostro y los ojos cargados de tristeza. Segundos después la vi de nuevo. Esta vez estaba al lado opuesto de la carretera, pero más cerca.
20:38 Su postura era la misma, erguida, inmóvil, con los brazos rectos a lo largo de su cuerpo no podía distinguir su rostro. Pero sentía su mirada fija en mí. Solté una maldición entre dientes y de manera instintiva apreté el acelerador. El camión rugió al tomar una curva cerrada. Mis manos estaban sudorosas en el volante y el eco de mi respiración llenaba la cabina. Fué cuando don Javier me dijo que mejor me lo llevara despacio, pues. Solo ocasionaría que nos accidentáramos. Me comentó que él también la había visto, es solo un espectro más en la carretera.
21:30 Él antes de que fuera su compañero, me comentó que otro de los choferes le había dicho la historia de esa pobre alma, pues si prestaba atención su vestimenta era de inicios de siglo, era de tiempos de la Revolución. Pero nadie sabía el motivo por el cual esa alma andaba penando por esos caminos. Yo le contesté que más bien era la misma muerte que merodeaba esos lugares. Al decir estas palabras sentí que alguien estaba con nosotros en la cabina y no era la mujer del negro, pues la loción que usaba mi hermano llenó el ambiente dentro del camión.
22:15 Supe que todo iba a estar bien. Y llegaríamos a nuestro destino sin contratiempo alguno, aunque estuve nervioso y miraba de reojo hacia el lado derecho esperando ver a mi hermano. Pero eso no sucedió. Me reconforté al saber que estaba conmigo y me acompañó en uno de mis viajes. Pues dejamos eso pendiente y aunque fuera de esa manera, viajaba conmigo. Más adelante, ya en urique, llegamos a una pequeña funda, doña Martita, siempre servicial. A los comensales que llegábamos de paso por ese sitio.
22:57 Ya no me quise quedar con la duda sobre lo que vimos y lo sucedido a mi hermano. Ella, muy seria, me dijo que no debíamos tener miedo, pues aunque no lo creyéramos, la muerte siempre nos acompañaba a todos lados. Indecisas, si llevarnos o no, a veces brincaba de un auto a otro, como buscando a quien se le llegó su hora. Ella me dijo que de mi hermano era su último viaje, pues ella lo había seguido desde que empezó a conducir por ese sendero, pero que había tenido la bendición de despedirse de sus padres. Y no morir hasta que las aves de rapiña señalaran el cuerpo sin vida dentro de aquel Barranco.
23:46 Las palabras de doña Martita tenían lógica para uno que no conocía las costumbres de los pueblos y sus creencias. Seguimos hasta nuestro destino y sin contratiempos. Yo sentía mi hermano conmigo y cuando llegamos le di las gracias por haberme cuidado. La Última Vez que sentí a mi hermano fue hace 25 años, cuando nuestra madre falleció. Lo sentí conmigo en un viaje a Huatulco. Lo bueno es que ya están mis padres y 2 de mis hermanos con él. Dicen que cuando uno va a morir se manifiestan nuestros seres queridos y a la edad que tengo, lo más probable es que los vea unos días de estos.
24:36 No le tengo miedo a la muerte, pues sé que aunque me anduvo rondando por varios años mientras trabajé de camionero, sólo me sacó uno que otro susto hace mucho que se llevó a don Javier, pues aquella ocasión que la vimos, ella no venía por mí, sino por él. Mi amigo y compañero falleció 2 semanas después que la vimos en aquel viaje a Chihuahua. Cuando regresamos de aquel lugar comenzó a sentirse muy mal y fue su corazón, dijo el doctor. Tuve muchos compañeros, pero ninguno hacía comentario de ver a aquella mujer de negro en la carretera. Quizás se les manifestaba y ni cuenta se daban de hecho. Y fue lo mejor, pues no es nada agradable ver a aquel ser descarnado.
25:34 Muchas gracias por el espacio que nos dan a todos los traileros para contar nuestras historias. Les mando un gran abrazo a mi gente desde aquí de Sinaloa.
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