Jan. 31, 2026

RESPETA LO QUE NO CONOCES | Relatos de la SANTA MUERTE - Historias Paranormales

RESPETA LO QUE NO CONOCES | Relatos de la SANTA MUERTE - Historias Paranormales
RESPETA LO QUE NO CONOCES | Relatos de la SANTA MUERTE - Historias Paranormales
Inframundo Relatos De Terror
RESPETA LO QUE NO CONOCES | Relatos de la SANTA MUERTE - Historias Paranormales

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:00 Quizás seas fiel de voto de ella, quizás no, tal vez te da miedo, tal vez no crees en ella. Quizás te da un terror inimaginable dependiendo la creencia que tengas. Tocamos este tema con mucho respeto, esperando se encuentren únicamente bien del otro lado de la pantalla, disfrutando de una buena taza de café por la mañana. O preparándose para ir a dormir. Las historias de la santa Muerte que estás por escuchar de seguro te pondrán los pelos de punta. Te invito a ponerte cómodo para escuchar desde lo más profundo del Inframundo estas órdidas historias.

0:48 Aquí comenzamos, deformación, historia basada en una anécdota real. Enviada por marlon. Muy buenas noches, Inframundo, espero les guste mi historia. Siempre había sido uno de esos chicos que no tenían nada que hacer sin oficio ni beneficio, simplemente dejándome llevar por la inercia de la vida. No trabajaba ni estudiaba. Y mis días se reducían a deambular por las calles buscando la siguiente emoción que me permitiera olvidar.

1:32 Lo hacía que se sentía mi existencia. Fue en una de esas caminatas sin rumbo cuando me encontré con ellos un grupo de muchachos igual de perdidos que yo, pero que al menos compartían un sentido de pertenencia. Una pandilla que. Aunque sin propósito real, les daba una razón para estar juntos. Lo primero que noté en ellos fue un tatuaje que cada uno llevaba con orgullo, una representación a la santa Muerte, grabada en la piel como un símbolo de lealtad y respeto hacia algo que ni siquiera entendían completamente.

2:19 Yo tampoco lo entendía. Pero me atrajo la idea de tatuarme cualquier cosa que me conectara con otros que me diera una identidad. No pensé en lo que significaba ni en lo que podría representar. Sólo quise ser parte de ese grupo, sentir que pertenecía a algo, aunque fuera por un motivo tan superficial. Así fue como terminé en una de esas tiendas de tatuajes clandestinas, un lugar oscuro y mal ventilado donde las agujas eran tan cuestionables como las intenciones del tatuador. Eran otras épocas.

3:08 Fue en el año del 2004. El diseño no fue una elección consciente, simplemente pedí lo mismo que ellos. El rostro cadavérico de la santa Muerte, con su capa oscura y su mirada penetrante, quería que fuera grande, que cubriera buena parte de mi espalda para que nadie pudiera dudar de mi compromiso con la pandilla. No sentí miedo ni respeto mientras la tinta me impregnaba en la piel, solo un deseo ferviente de ser uno más. Y el dolor de la aguja, por supuesto. Los primeros días tras el tatuaje pasaron sin mayor novedad.

3:52 Me sentía aparte de algo y aunque sabía que ese sentimiento era vacío, me reconfortaba no estar solo en mi apatía. Pero pronto comenzaron las molestias. Una picazón insistente que se extendía por mi piel tatuada. Al principio lo atribuía a la cicatrización, pero. Rápidamente se convirtió en algo más. La piel no sólo picaba, sino que ardía como si el tatuaje estuviera vivo y tratara de escapar de mi cuerpo. Una noche, incapaz de soportar el dolor, me quité la camisa y me paré frente al espejo para inspeccionar la herida.

4:38 Lo que vi me llenó de terror el tatuaje que parecía. Una imagen estática y permanente parecía moverse como si la santa muerte estuviera tratando de librarse de mi carne. Los trazos negros se deformaban cambiando de forma ante mis ojos y donde antes estaba la figura, ahora había una mancha oscura amorfa. Intenté ignorarlo. Convencerme de que solo era mi mente jugándome una mala pasada, pero el dolor se intensificaba cada día que pasaba. Se sentía como si un ácido corrosivo se estuviera filtrando a través de mi piel, devorándola desde adentro.

5:27 Cada vez que me tocaba, sentía que la piel se desprendía en jirones, dejando al descubierto carne roja y sangrante. Pero no era así. El tatuaje seguía en mi espalda. Ningún ungüento, ninguna venda, podía aliviar el sufrimiento. El dolor se volvió insoportable. No podía dormir ni comer. No pude pensar en nada más que en ese fuego que se consumía desde adentro. Finalmente, cedí y fui al hospital. Los médicos, incrédulos ante el estado de mi espalda, me miraban con una mezcla de horror y desconcierto. No entendían lo que veían, no podían explicar como un tatuaje, algo que debía ser simplemente tinta bajo la piel había causado tal devastación.

6:28 La cirugía fue inevitable. No había otra opción de retirar la piel infectada, arrancarla como si fuera un trozo podrido que amenazaba con extender su corrupción al resto de mi cuerpo. Me quedé con una cicatriz grotesca, una marca que me recordaría para siempre el error que había cometido, pero incluso después de la operación, la sensación de ardor. No desapareció por completo. Había noches en que despertaba empapado en sudor frío, sintiendo que el dolor volvía, que el tatuaje que ya no existía en mi piel seguía queriendo reclamarme.

7:19 Alguien de la pandilla me contó que esto había sucedido porque la santa Muerte no me quería como su devoto no había sido su elegido. Y al marcarme con su imagen la había ofendido. Era su vergüenza, su manera de demostrarme que no todos son dignos de portar su símbolo. No todos merecen su protección. Aquello que pensé que me daría identidad y pertenencia solo me trajo sufrimiento y rechazo. En mi ignorancia, había invocado a una fuerza que no comprendía. Y por ello había pagado el precio.

8:00 Los días pasaron, pero la sensación de ser observado, de estar bajo la mirada vigilante de algo que no podía ver, no me abandonó. La cicatriz en mi espalda. Era algo que me hacía recordar mi insolencia de mi deseo de estar con aquellos que no me querían. Y esas eran las consecuencias. Nunca volví a la pandilla y me distancié de todo lo que una vez había buscado. Había aprendido las consecuencias a un costo muy alto, que no todas las puertas que se abren deberían cruzarse y que no todos los símbolos son para aquellos que no entienden su verdadero significado. Con el tiempo, la vida continuó, pero yo nunca fui el mismo. Algo en mí se había quebrado.

8:55 Algo que ni con el paso de los años ni las cicatrices físicas podían sanar. Había visto el rostro de la muerte, no en un sueño, no en una premonición, sino en mi propia piel. Y eso me dejó marcado de una manera que iba más allá de lo físico. Ahora, cada vez que veo a alguien con un tatuaje de la santa Muerte, siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. No puedo evitar recordar lo que me sucedió y preguntarme si ellos también entendieron el peso de lo que llevaban en sus pieles, pero no como la deformación que tengo en mi espalda. Una promesa incumplida basado en la anécdota de Elisabeth Gómez adaptada por la tenebrosa.

9:58 Muy buenas noches, Inframundo y a toda la Comunidad. Nunca fui una mujer particularmente religiosa. Las creencias y rituales que otros seguían con devoción me parecían en su mayoría ajenos y distantes. Pero la desesperación tiene una forma curiosa de acercarnos a lo que nunca creímos posible. Después de meses buscando trabajo sin éxito, sintiendo cómo la incertidumbre y la ansiedad se apoderaban de cada aspecto de mi vida, estaba dispuesta a probar lo que fuera. Fue entonces cuando mi tía graciela me habló de la santa Muerte con una seguridad que me desarmó. Graciela siempre había sido una mujer de fe. Pero su devoción a la santa Muerte era algo nuevo para mí. Según ella, la santa era milagrosa, poderosa en sus favores, siempre y cuando uno cumpliera lo prometido. No había margen para el olvido ni la indiferencia hacia esta deidad.

11:10 Cuando te cumplía el favor pedido, si pedías algo, debías estar preparado para pagar el precio, porque de lo contrario. Las consecuencias podían ser terribles, aunque su advertencia me hizo estremecerme. La desesperación superó cualquier temor, así que una noche me decidí en un pequeño altar improvisado en mi casa. Encendí una veladora y coloqué flores y frutas como ofrenda, tal como mi tía me había indicado. Debo decirles que no había devoción en mi acto, sólo un profundo deseo de que algo, lo que fuera, a cambiara mi situación.

11:54 Pedí con fervor, con la esperanza de que la flaca, esa figura, escuchara mi súplica y me concediera un trabajo. Días después, mi petición fue respondida. Recibí una oferta de trabajo que parecía hecha a la medida. Era todo lo que había estado buscando y más no podía creer mi suerte. Y en la euforia del momento olvidé la promesa que había hecho. Las flores se marchitaron, la veladora se consumió y las frutas se pudrieron en el altar, mientras yo me lanzaba de lleno en mi nueva vida, dejando atrás a la santa Muerte.

12:41 Las primeras semanas en el trabajo fueron perfectas. Me sentía útil, reconocida y la seguridad que tanto había ansiado volvía a mi vida. Sin embargo, pronto comenzaron los sueños extraños. Al principio eran imágenes difusas, rostros que no lograba identificar. Pero noche tras noche, el rostro de la santa Muerte se hacía más claro, más presente. La veía en mis sueños, siempre en silencio, con esa sonrisa cadavérica y esos ojos vacíos que parecían observarme. Me despertaba en medio de la noche sudorosa y con el corazón acelerado, pero no lograba relacionar esos sueños con la promesa que había hecho y no cumplido. Pensé que era sólo el estrés del nuevo trabajo. Las preocupaciones que inevitablemente acompañaban a cualquier cambio importante.

13:46 Nunca se me ocurrió que podría haber algo más. Fue hasta que las cosas comenzaron a desmoronarse en el trabajo que empecé a sospechar que algo no estaba bien de un día para otro. La armonía que habían sentido se rompió mis colegas que antes me recibían con sonrisas y apoyo. Comenzaron a mostrarse distantes, incluso hostiles. Las tareas que antes realizaba con facilidad se volvieron complejas y confusas. Sentía que todo lo que hacía estaba destinado a fallar, como si una oscuridad se hubiese instalado en mi vida, bloqueando cualquier luz de esperanza o éxito. No pasó mucho tiempo antes de que me despidieran. Me llamaron incompetente.

14:41 No hubo explicación clara, sólo una fría carta que ponía fin a un contrato no renovado, desesperada. Intenté encontrar otro trabajo, pero fue en vano. Las puertas que antes se abrían con facilidad, ahora se cerraban ante mí sin razón aparente. Fue entonces cuando en medio de la desesperación y la soledad. Recordé la promesa que había hecho. Recordé el altar descuidado, la veladora apagada y las ofrendas marchitas que había dejado sin atender. Comprendí con un horror que me paralizo que la Santa Muerte había venido a cobrar lo que era suyo. No podía creer que hubiera sido tan necia, tan arrogante como para pensar que podía jugar con algo tan poderoso y salir ilesa. Había pedido un favor y al no cumplir con lo prometido, había invitado una maldición a mi vida. Ahora no había forma de deshacer lo que había hecho. Podía intentar prometer más ofrendas, intentar pedir perdón. Pero sabía en el fondo de mi corazón que era demasiado tarde. Había roto un pacto y la santa Muerte no es conocida por su misericordia.

16:09 Desde entonces, la vida se convirtió en una lucha constante. Encontrar un trabajo fue casi imposible y cuando lograba conseguir uno siempre había algo que lo interrumpía, algo que lo arruinaba. Fue cuando acudí con mi tía para que me ayudara. Ella intercedió por mí. Le prometió a la santita que yo le cumpliría con una buena cantidad de ofrendas para ella, pero que no me siguiera castigando poco a poco mi vida. Cambio, no como yo hubiera querido. Le cumplía la santa Muerte, pues mi tía me trajo prácticamente arrastrada a pagar lo ofrecido. Ya jamás le pedí a la santa Muerte, pues le comencé a tener miedo y es mejor no meterse con deidades en las que uno, por salir del apuro, invoca.

17:05 Muchas gracias por escucharme, el llamado de la Santa Muerte, basado en la anécdota real de Nehemías Castro, adaptado por la tenebrosa. Muy buenas noches, querida comunidad de Inframundo, los saludan nehemías desde Campeche, México. Desde que era niño siempre supe que era diferente. Mientras otros niños jugaban sin preocupaciones, yo veía cosas que ellos no podían ver.

17:46 Al principio pensé que era mi imaginación, pero a los 9 años. Comencé a recibir mensajes de esas sombras, mensajes que no eran para mí, sino para sus seres queridos. Era como si me hubieran elegido para hacer el puente entre los vivos y los muertos. Y aunque al principio me asustaba, pronto aprendí a aceptar mi habilidad como parte de quién era. A los 14 años, Milton se volvió más fuerte. Podía sentir la presencia de los muertos a mi alrededor, escuchar sus voces en la oscuridad y ver sus rostros con una claridad que me lava la sangre.

18:33 Pero no sólo eran espíritus comunes los que me visitaban una noche mientras me encontraba solo en mi habitación. Sentí un frío intenso, casi insoportable. Cerré los ojos intentando ahuyentar la sensación, pero cuando los abrí, ella estaba allí. La santa Muerte, con su esqueleto envuelto en una capa oscura y su mirada vacía, me observaba desde el rincón de la habitación. Su presencia era abrumadora. Sentía una mezcla de terror y a la vez de fascinación.

19:16 Pero su sola presencia hizo que me paralizara por completo. Nunca antes había visto algo así tan imponente. Algo en mi interior me decía que la santa me había escogido para ser su devoto. Esta no necesito hablar para hacerme entender su voluntad. La Santa Muerte quería que le rindiera culto y que usara mi don para seguir entregando mensajes a los vivos. Pero esta vez, con un propósito más grande, la muerte. Me di cuenta. No era solo el final de la vida, sino una transición, un paso hacia algo más. Desde esa noche me entregué a ella con devoción. Aprendí a leer el tarot interpretando los mensajes que me enviaba a través de las cartas. Y perfeccioné mi habilidad para comunicarme con los muertos. Los espíritus venían a mí en busca de paz para que pudiera transmitir sus últimas palabras Asus familiares. Sabía que no todos entenderían mi lección, pero eso no me importaba.

20:31 La Santa me había dado un propósito y no iba a deshonrarlo. Las críticas no tardaron en llegar. La gente hablaba, mis espaldas me miraban con recelo y diciendo que mi devoción era peligrosa, pero yo no les prestaba atención. Sabía que su miedo venía de la ignorancia. Para mí ella es un guía, una protectora que me había dado la fuerza para enfrentar lo que otros temían. La muerte no era un final, sino un principio. Y eso era lo que trataba de enseñar.

21:12 Con el tiempo, mi reputación creció. Personas de todo tipo venían a mí en busca de respuestas desesperadas por saber si sus seres queridos estaban en paz, si había algo más allá de la vida. Yo les ofrecí lo que podía interpretando las señales que me eran dadas. Utilizando el tarot para encontrar las respuestas a lo que buscaban, y aunque no siempre podía entender lo que decían, tenía la verdad en mis palabras. En las noches es cuando me siento más conectado con ella, más en su altar, donde siempre hay velas, ofrendas de flores y frutas, y medito en silencio, dejando que su presencia me envuelva.

22:01 Sabía que ella está siempre conmigo guiando mis pasos protegiéndome de aquellos que no creen en ella. Muchas veces las personas han llegado a la puerta en mi casa buscando algún familiar desaparecido. Debo aclarar que algunos se dejan ver en qué sitio se encuentran, pero otros por desgracia no. Estos ya se encuentran en completa oscuridad, quizás por la maldad que habían hecho estando vivos otras. Quizás porque no es el momento de hallarlos aún en mi casa. Cada sábado las personas que son devotas a la santa Muerte, a la niña blanca, vienen a dejarles ofrendas en el altar que puse, a pesar de que he recibido amenazas de las personas que creen que es un culto diabólico, no me importa.

22:56 No las juzgo. No son ignorantes a lo referente a la Santa Muerte, solo tienen una idea mal sobre el culto. En una ocasión estuve en peligro, a mi casa llego un hombre, ya saben, de esos que andan en el mal camino. Este llego a querer dejar ofrendas a la niña blanca que no son de su agrado, pues una cosa es el satanismo y otra el culto a la santa Muerte. Le vi la calavera de la muerte al hombre en su rostro. Solo le dije que dejara las velas y las flores, que lo demás se lo llevara y lo dejara en la puerta de la casa de su amante, que era la que lo iba a traicionar. Por desgracia, no hizo caso de lo que le dije y a las pocas semanas sucedió lo inevitable.

23:47 Estas han sido mis experiencias desde que la santa Muerte me escogió para hacer su devoto. Espero y más adelante poder compartirles más anécdotas. Una buena lección. Historia compartida por la seguidora mar Hernández, adaptada por la tenebrosa. Muy buenas tardes, Alejandro, soy mar Hernández. Siempre he sido una madre de bota. Nací y crecí en el seno católico, pero desde que conocí a la santa Muerte, a ella le pido los favores que por mí misma no puedo resolver.

24:38 Y esto que les quiero contar hizo que le tenga más fea mi flaquita. Desde que nacieron mis hijos dediqué mi vida a ellos. Intentando inculcarles los valores que creía los harían personas de bien. Pero mi hijo mayor, desde muy joven, empezó a desviarse por un camino que me llenaba de angustia y el miedo de recibir nefastas noticias sobre él. Mi hijo se llama Raziel. No quería escuchar consejos ni aceptar la ayuda que yo le ofrecía. Su vida se convirtió en un espiral de desorden y rebeldía y cada día lo veía alejarse más de lo que alguna vez había sido. Cada noche eran interminables para mí. No dormía esperando ansiosa su regreso, temiendo que en cualquier momento recibiría una noticia devastadora las veces que llegaba a casa.

25:44 Lo hacía de madrugada, con los ojos vidriosos y el alma ausente. Intenté todo lo que estaba en mi poder para hacer entender que estaba destruyendo su vida, pero mis palabras caían en oídos sordos. Era como si una sombra se hubiese apoderado de él, arrastrándolo cada vez más hacia la oscuridad desesperada. Recurrí a lo único que me quedaba. La santa Muerte, desde que era joven he sido su devota. Para mí ella no era solo una figura, sino una protectora, una guía en los momentos de necesidad.

26:29 Sé que su poder es grande, pero también sé que con ella no se juega. Cada petición debía ser hecha con seriedad y cada promesa cumplida con devoción, pero. A pesar del temor que sentía, mi amor por mi hijo era más fuerte. Necesitaba que él cambiará, que encontrara el camino correcto y como madre estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario. Una noche, en el silencio de mi hogar, me arrodillé ante el altar de la santa Muerte. La veladora iluminaba su figura esquelética y el incienso llenaba la habitación con su aroma. Mi corazón latía con fuerza mientras le pedía que interviniera en la vida de mi hijo, que lo trajera de vuelta a mí, aunque fuera a rastras, para que cambiara su vida antes de que fuera demasiado tarde.

27:30 No pedía que lo lastimara, sino que le mostrara una lección. Algo que lo hiciera comprender el peligro en el que se encontraba. Con lágrimas en los ojos, ofrecí lo que tenía prometiendo cumplir con cualquier mandado que ella me diera con tal de que mi hijo se salvara de sí mismo. Los días que siguieron fueron como cualquier otro, llenos de preocupación y silencio. Mi hijo continuaba en su vida desordenada. Sin mostrar signo de cambio. Pero una madrugada algo sucedió. Lo escuché entrar en la casa, no como de costumbre, tambaleándose o riéndose en voz alta, sino con un silencio pesado casi aterrador.

28:25 Se dirigió a su habitación sin decir una palabra, y aunque quise acercarme a él, algo me detuvo. Había una sensación en el aire, algo que no podía explicar, pero que me llenó de un miedo indescriptible. Al día siguiente, cuando finalmente se levantó, noté que su rostro estaba pálido, sus ojos hundidos en una expresión de terror que nunca antes había visto en él. No me atreví a preguntarle que había sucedido, pero pude sentir que. Algo lo había sacudido. Ya no era el mismo, algo que había roto esa rebeldía indiferente que tanto me había angustiado con el tiempo.

29:13 Mi hijo comenzó a cambiar poco a poco, dejó atrás su vida desordenada, se alejó de las malas influencias y comenzó a buscar un propósito. Nunca me contó qué fue lo que lo hizo cambiar, pero no necesitaba que lo hiciera. Sabía en lo más profundo de mi ser que la santa Muerte había escuchado mi súplica, que ella había respondido a mi llamado y que de alguna manera se había manifestado ante él, enseñándole la lección que yo no había podido darle a medida que los meses pasaron ya mi hijo transformarse en el hombre que siempre supe que podía hacer. Era como si un peso enorme hubiera sido levantado de mis hombros y Por Primera Vez en mucho tiempo pude dormir en paz sabiendo que estaba en el camino correcto. Mi gratitud hacia la santa Muerte no conocía límites. Le ofrecí más de lo que había prometido, no por temor, sino por pura devoción, por haberme concedido lo que parecía imposible.

30:30 Por desgracia, los jóvenes con quienes se juntaba raziel no terminaron nada bien. Algunos ya están muertos, otros en prisión y unos viven como indigentes. Yo vivo agradecida con mi Santa Muerte por haber sacado a mi hijo de ese mundo de perdición en el que estaba. Buenas noches. Alejandro. Tengo mucho escuchando sus relatos y me animé a contar lo que he vivido. Me gustaría contar mi experiencia con la Santa Muerte. No soy devoto de ella, pero aun así tuve un acercamiento con ella.

31:14 ¿Fue una promesa que le hice a mi primo Edgar, quién fue el que recibió? Lo que dijeron algunos era para mí, pero yo nunca lo he pensado de esa manera. Mi nombre es Gonzalo Fornés, soy de Monterrey, Nuevo León. Donde yo vivo es en una colonia marginal y peligrosa de la zona sur de la ciudad popular y peligrosa comparada con la zona norte, que es superficial y elitista. Desde mi corta edad, de 13 años, tuve que trabajar. No terminé ni la secundaria, pero con las facilidades que hay hoy en día he podido salir adelante.

31:56 Pero por desgracia no tuve muchas oportunidades para otros trabajos, pues requerían experiencia y la mía sólo ha sido una por más de 17 años. Trabajo para una empresa que se dedica a recolectar la basura de la ciudad. Mi trabajo ha consistido en la separación de esta. Para mí ha sido un trabajo honrado. Una labor donde hasta la fecha llevo alimento a la mesa de mi familia y estudios a mis 2 hijos para que el día de mañana tengan mejores oportunidades. Se dice que la basura de unos es el tesoro de otros y es verdad porque yo a diario me encuentro objetos valiosos y de una manera u otra me los llevo a casa.

32:45 Algunos los he vendido y tienen un valor que puedo decirte. Que por uno o 2 meses mi hogar tiene sustento. Mi primo Edgar trabajaba conmigo, pero a él le cambió la suerte para bien. Muchos me han dicho que regalé mi suerte, para otros fui un tonto, para mi esposa fue lo mejor que pude haber hecho. El padre de Edgar es hermano de mi madre. A mi tío siempre le llamó la atención eso del esoterismo. Era conocido de que frecuentaba brujos, pero nada de lo que hacía parecía darle resultados. Nunca salía de donde mismo. Su situación siempre daba reverses en su vida, así como también en su familia, por más que se le decía que todo eso eran puras charlatanerías, que sólo le estaba sacando el poco o mucho dinero que llegaba a ganar en su trabajo. Siempre acudía con la misma bruja que lo tenía bien trabajado para que siempre volviera en busca de ayuda. No era el único, pues uno se daba cuenta que casi siempre eran las mismas personas en esa casa, los mismos clientes. Era el 2018 y vimos a mi tío aportando un dije con la figura de la santa Muerte en la familia causó cierta repulsión, pero para serles honesto.

34:15 ¿Yo no sentí eso, me llamó la atención, no sé alguno de ustedes les ha sucedido que tienen algún acercamiento hacia un santo o una virgen? Ese fue mi caso con la santa Muerte por varias noches la estuve soñando, la veía siempre de pie, cerca de mi cama. Yo me despertaba sudando y con un miedo de que esa fuera una señal de que me iba a morir. Pero una tarde que regresaba de mi trabajo, miré a varias personas en la casa de mi tío. Me asusté creyendo que algo malo había sucedido, pero en cambio el estaba muy bien y recibiendo a las personas en su casa. Al verme me invitó a entrar.

35:02 Él se miraba muy contento, apenas si puse un pie en la entrada me quedé petrificado. En el centro de la sala yacía una santa Muerte de 2 M. El ver aquella imagen me dio miedo y le dije a mi tío que en otra ocasión regresaría. Él solo me contestó que su flaquita recibía a todos los que la buscaran. Yo creo que tenía mal semblante cuando llegué a mi casa, pues Lupita, mi esposa, se asustó al verme. Le conté lo que estaba sucediendo en casa de mi tío. Ella solo me miró y me dijo que lo mejor era respetar las creencias de cada persona, pues le habían dicho que esa deidad era muy vengativa y que protegía la maña. Para serles honesto, yo no creo en eso, pero por algo se cuentan historias.

36:00 Cuando estaba acostado esa noche me di cuenta que aquella imagen. Era justo como la había soñado. El miedo me invadió, el solo hecho de pensar que la santa se enojara conmigo por no aceptarla. Así que un día llegaría a casa de mi tío y le diría que yo no creo en ella como lo hacen otros. Pasaron los días y fue un viernes 13, que ya sólo faltaban unas horas para salir de mi trabajo, que en una tela roja encontré una medalla. Esta era de oro. Y tenía la imagen de la santa Muerte. No podía creer lo que tenía en mis manos. Mi primer impulso fue tirarla.

36:43 Lo otro es que me darían buen dinero por ella, pero también me pasó por la cabeza, regalársela a mi tío. Pero en eso llegó Edgar y le gustó mucho. No sé que me impulsó a dársela y en su rostro vi la felicidad, la verdad. Sentí como si se me hubiera quitado un peso de encima. Al darle la medalla con la imagen de la santa Muerte. Y es en este punto de mi historia que todo comenzó a ir mal en mi vida y la de mi primo subió como la espuma al grado de que puso un negocio en su casa. Pero no sólo yo tuve contratiempos en su vida, sino que él también, ya que la familia comenzó a tenerle envidia por su buena fortuna, pero.

37:32 Aunque digan que te tienen envidia de la buena, la envidia es envidia. Y eso muchas veces parece una palabra que trae consigo maldiciones y malos deseos. Cuando mi familia se enteró que yo le había regalado la medalla de tonto no me bajaron que había regalado mi buena suerte y comentarios de ese tipo. Y yo les contestaba que. No era devoto de la santa Muerte y me dijeron que la niña me había elegido para rendirle culto, pero yo no me veía de esa manera. El solo tener una imagen como la que tenía mi tío en su casa me llenaba de pavor.

38:16 Solo Lupita me dijo que había hecho lo correcto. La suerte de Edgar comenzó a los 2 meses que se le había obsequiado. Su buena suerte se le vino con mucha prosperidad. Tanta que uno pensará que andaba en malos pasos. Pero mi primo siempre ha sido muy trabajador y desde muy temprano se iba a traer la fruta y verdura para su puesto en su casa y en 5 meses ya tenía una gran frutería. ¿Llegaban de otras colonias para comprar lo necesario? Siempre nos llevaba lo necesario a mi familia. Eso era como un agradecimiento por la medalla de la Santa. Una noche estábamos cenando cuando llegó mi tío, muy alterado su voz, algo subida de tono, parecía más un reclamo que otra cosa.

39:10 Me exigió que le contestará el por qué le había dado la medalla a su hijo y no a él, pues yo sabía que él era muy devoto de la santa Muerte y no su hijo. Yo le conté cómo habían sucedido las cosas. Y antes de que terminara mi tío me ordenó que fuera a casa de Édgar y le dijera que me entregara la medalla y se la entregara a él. Eso me sacó mucho de onda. Yo no iba a hacer tal cosa y le dije que no lo haría y era mejor que él mismo se la pidiera. Entonces mi tío dijo que ya lo había hecho y que no se la quiso dar. Yo le aseguré que ya no era mi problema, pues eso no era asunto mío.

39:55 Mi tío se fue blasfemando y diciendo que su flaquita se encargaría de mí, eso fue para mí una amenaza que no tomé en cuenta y creo que debí de haberlo hecho, pues a la semana mi vida dio un maldito giro de 360°. Cuando regresaba del trabajo de la nada, me salieron 2 tipos y me asaltaron, me dejaron tan mal herido que no pude ni moverme. De no ser por qué pasó uno de los carros recolectores, ahí hubiera quedado muerto y sin ser visto, Édgar fue el que pagó mi estancia en esa clínica y los medicamentos.

40:36 Cuando estuve en casa llegó mi tío y me volvió a decir lo mismo, que si yo le hubiese dado la medalla a él. Nada de eso me hubiese pasado. Y con esa visita comenzaron a suceder cosas extrañas en mi casa. Si yo hubiese estado trabajando en el relleno sanitario no lo hubiese creído. Mi hijo más pequeño llegó de la escuela y se le veía cansado, se fue a acostar para luego a hacer sus tareas. Ya habían pasado 3 horas y Lupita fue a Despertarlo para que se levantará desde donde yo me encontraba. La escuché gritar por ayuda y cuando llegue ella sacudía a nuestro hijo para que reaccionara. Yo se lo quité y le llamaba por su nombre. Mi corazón comenzó a latir descontrolado y sudaba frío. Pensé que mi chamaco se me había muerto, pero no era así. Él respiraba y su corazón latía acelerado. Tenía sus ojos.

41:39 Abiertos de par en par, llenos de terror y su mirada fija en el techo. Seguí su mirada y fue que la VI. Su figura era muy alta y se sentía una maldad dentro de la habitación que me hizo estremecer de miedo. Vi como poco a poco desaparecía, no sin antes ver como señalaba con su dedo huesudo a mi hijo. Entré en pánico, sentí que mi hijo se me iba a morir. En eso reaccioné cuando mi esposa le rezara a la virgen de Guadalupe. Mi hijo dio una bocanada de aire. Y comenzó a llorar gritando que tenía miedo, que la bruja estaba en el techo. Yo le dije que ya se había ido y El Niño comenzó a llorar. Por una parte, pareciera que me habían quitado un peso de encima al creer que estaba alucinando al ver aquella deidad en mi casa.

42:36 Pero lo que no comprendía era porque mi hijo la describió como una bruja en ese momento. Yo no relacionaba lo que nos estaba ocurriendo con la amenaza de mi tío. Poco tiempo después, mi mujer encontró en la entrada de la casa una cruz hecha de sal negra. Había flores y cuatro veladoras cada una. Tenía el nombre de los habitantes de la casa y eso me llenó de horror. Le dije que no la quitara y fui a buscar a Edgar para que fuera a mi casa y viera lo que estaba pasando. Mi primo se quedó muy serio y me dijo que él había encontrado una fuera de su negocio.

43:21 Lupita le dijo que ella veía unas sombras a plena luz del día dentro de la casa y que en varias ocasiones se sentía observada. Yo tenía pesadillas en la que la santa Muerte me cortaba la cabeza con su guadaña y me despertaba empapado de sudor y de miedo. Fue que le conté que su padre había venido a nuestra casa hacía ya 2 meses y lo que me había dicho. Edgar nos dijo que su padre en 2 ocasiones le intentó arrebatar la medalla. Le dijo que él era un gran devoto de ella y que su suerte debía de ser para él.

44:03 Fue en ese momento en que recordé lo de la bruja. Mi esposa le llamó a nuestro hijo para que le contará lo que había visto y por la descripción que dio El Niño. Edgar de inmediato supo de quién se trataba. Ana Laura, ese es el nombre de la bruja con la cual acudía su padre. Nos dimos cuenta de que estábamos siendo víctimas de brujería por parte de mi tío. Mis ánimos se fueron al suelo. Pues yo no tenía dinero para pagar a un brujo para que nos quitará el daño que esos 2 nos estaban ocasionando. Edgar me dijo que le diría a su esposa que se hiciera cargo de la frutería y nosotros iríamos con un brujo que él conocía. Mi mujer no se quiso quedar sola en la Casa, así que dejamos a los niños con los suegros, pero antes de que Edgar se fuera a la frutería.

45:03 Me dijo que no fuéramos a quitar la cruz, dejamos a mis hijos con sus abuelos y yo para ese momento sentía un odio que iba creciendo. Poco a poco. En mi interior por mi tío. Esto porque se estaba metiendo con mis hijos y todo porque no quise quitarle la medalla a Edgar y dársela a él. Don José era un brujo de 75 años. Ya a Edgar lo conocía. Mi primo se hacía limpias con el señor y llevaba Asus hijos para el mal del susto y el mal ojo que le había hecho al más pequeño. Al vernos, el señor nos dijo que pasáramos detrás de su casa y que nos pusiéramos unas batas blancas, pues lo que traíamos era muy fuerte.

45:50 Entramos a un cuartucho y en él había una señora con un traje blanco. Sus ojos los tenía vendados. Ahí supe que. A la señora Le habían sacado los ojos en su niñez, pues en esos tiempos ser bruja o ver a los difuntos se les consideraba algo malo, pero luego les contaré esa historia. El nombre de la señora Era Candelaria. Ella movía un bastón en sus manos, y entre ella y don José comenzaron a hacer un ritual a nuestro alrededor. Pareciera que de las paredes brotaran sombras tan alargadas. Que tomaban la forma como si estuvieran encorvadas, como si nos observarán con unos ojos inexistentes. No había un altar en aquel cuartucho, solo veladoras a punto de consumirse otras tantas recién encendidas. El brujo entró con un balde de agua que colocó en una tina de metal ya muy vieja.

46:54 Por el paso de los años colocaron unas lociones en ella. Así como unas flores de obeliscos, la señora introdujo su mano huesuda e hizo la mezcla de todo en ella, conjuraba Asus antepasados pidiéndoles que fueran sus ojos y mostraran el problema que cada uno de nosotros traíamos cargando. El olor agradable de las lociones comenzó a oler desagradable. El agua se puso turbia, pero. Aún así, la señora mantenía su cabeza inclinada en ella. Don José tenía sus ojos puestos en aquella agua turbia y fue cuando todo comenzó a rebelarse. Todo fue por una medalla.

47:41 Esta había sido el amuleto de una persona que en vida se había dedicado a servir a la santa Muerte. Sí, yo la había encontrado, pero la Santa busca a quien quiera ser su devoto. No es algo que la señora obliga. El que la encuentres o la sueñes no quiere decir que te ha escogido. Al contrario, esta me estaba advirtiendo del peligro en que estaba mi tío. Quería la medalla, pues según él, merecía la suerte que yo desprecié y le di a Edgar. La bruja. Sabía que los objetos se impregnan de la esencia de uno y esa medalla era especial. Si había pertenecido a una bruja blanca creyendo que la bruja fallecida al Conjurarla tendría mayor poder sobre sus rituales y las personas, mi tío sólo era un peón para que se la entregaran. La bruja Ana Laura nos estaba trabajando. Mi tío era el que nos echaba y colocaba las brujerías en nuestros caminos y hogares.

48:48 Aquel asalto fue solo un aviso de lo que eran capaz de hacerme si no le quitaba la medalla a Edgar. Pero el mal uso de la brujería traía consecuencias y mi tío no la pasaría muy bien. Dicho esto, el semblante de Edgar era de confusión, pues no se atrevía a levantar la mano por su padre para darle un golpe, pero al verse amenazado por él. Le dijo a la anciana, si el problema era esa medalla, lo mejor era deshacerse de ella. La señora le dijo que no se precipitara, pues la difunta lo había escogido a él. Si mi primo no me hubiese ayudado de la manera como lo hacía la cadena de la medalla, hubiese caído en algún sitio, que otro lo encontraría, pero como él me ayudaba, era por eso que estaba bendecido por la Flaquita. Al principio pensé que mi primo se negaría a tumbarse lo que mi tío estaba haciendo, pues el brujo le dijo que todo acto tiene su consecuencia.

49:54 Si Edgar no hacía algo, su padre no se detendría y después el trabajo se haría viejo y este sería muy difícil de aniquilar. Sentí una profunda compasión por mi primo, pues era su padre y estaba entre la espada y la pared, pero la anciana no titubeo. Al decirle que se tenía que tumbar la brujería, pues lo perdería todo. La Santa Muerte te ayuda, pero uno tiene que poner de su lado. Edgar decidió hacerlo, mi esposa Respiró hondo y así comenzó el ritual de desalojo. Cada tercer día íbamos a casa de don José, ya después, una vez por semana, hasta que se terminó todo. Ni Lupita ni yo pedimos tener lo que muchos buscan en esos sitios, pues yo tengo mi trabajo y comenzar de nuevo en otro lugar no era mi prioridad.

50:52 Pero si pedimos protección para mi hogar y nuestros hijos, yo les puedo asegurar que a Edgar le dolió en toda el alma quitarse lo que su padre le hizo. Yo fui testigo de la caída de mi tío. Por las noches gritaba que un Ángel oscuro venía por él, aunque nunca aceptó lo que nos había hecho. Mi tío falleció un año después de lo que nos hizo. No sé si fue castigo de su santa, pues la gran imagen que tenía en su casa le cayó encima, matándolo al instante. Después de la muerte de él lo siguió la bruja, pero a esta le fue peor, pues según contaron en la Colonia.

51:36 La maña se encargó de ella y de una manera muy horrible contaron sus vecinos que de la caza de la bruja Ana Laura salió una santa Muerte de gran altura cuando la maña se la llevó y a los días la regresaron ya sin vida. Edgar ahora tiene un abarrote muy grande y eso me da gusto. Hasta el día de hoy me sigue ayudando y a pesar de que me ha ofrecido trabajar con él. ¿Es mejor no hacerlo? Pues sé que esto nos traería problemas y es mejor así. Yo sigo trabajando en el relleno sanitario, sigo encontrando objetos valiosos, pero hasta la fecha jamás he vuelto a encontrar otra imagen de la santa Muerte. Me despido no sin antes decirles que cada persona le da el uso a conveniencia de lo que se le pide a la Santa Muerte. Saludos, comunidad de Inframundo. Quisiera contarles un relato que me pasó mientras me encontraba trabajando en un panteón.

52:50 Por acá se cuentan muchas cosas, pero la que más me dio miedo tiene que ver con mi santita, de la cual soy bien creyente porque me ha salvado de muchas. La Santa Muerte les da miedo a las personas porque la tienden a asociar con el narco. Y cosas malas. Pero la verdad es que ella nunca va a hacer nada para dañar a los inocentes, como que va contra su naturaleza, para que hagan un trabajo malo con ella. Incluso la persona a la que se le está trabajando tiene que tener algo de responsabilidad en el tema, como que debe haber hecho algo malo contra la persona que pide el favor, porque. Si no, pues no más.

53:36 La santa no va a mover un dedo en su contra. En el sitio donde trabajo hay una tumba que está dedicada a ella. No diré el nombre del sitio para que no se llene de curiosos y la molesten, pero puedo comentarles que es una lápida bonita, bien cuidada. Parece que hasta esta nueva siempre tiene flores frescas. ¿Lo raro de esa construcción? Es que no parece estar dedicada a un solo muerto, sino que tiene numerosos nombres de los distintos familiares por todo el largo de la parte trasera de la lápida. ¿Simplemente los depila sin apellidos? En lo que llevo trabajando ahí, nunca he visto que se añada un nuevo integrante a la tumba, pero sí he notado que de cuando en cuando aparecen nuevos nombres, obviamente. Ese sitio llama la atención más por las noches, que es cuando tengo mi turno.

54:41 Por lo regular como velador ves cosas extrañas que casi siempre pueden atribuirse a sentirse nervioso por las horas nocturnas. Uno se siente muy solo cuando vas caminando por esos pasillos tranquilos de piedras pulidas por los pies de cientos de personas que pasan a buscar el descanso de sus almas. Al ver que sus fallecidos se encuentran descansando en paz, en una ocasión, mientras caminaba por ese sitio, pude notar que esa estatua se movía. Al principio era como una ilusión de motricidad. Hasta creía que estaba alucinando porque podía notar como la construcción de cantera pesada movía los dedos uno a uno a continuación. Una vez que la mano dejó de ser piedra helada para convertirse en otra cosa, vi que sus brazos seguían el camino de los dedos. Después las piernas, el tronco, el cuerpo entero. Ahora podía hacer lo que se le antojara. Me escondí detrás de un mausoleo, porque aunque uno sea muy creyente, pues tampoco es que me guste andar frente a cosas sobrenaturales a diestra y siniestra. Todo eso siempre tiene el mismo efecto. Te ELA los huesos y es una sensación que nunca se quita por más cosas que veas.

56:09 Creo que así uno sabe que realmente está viendo los sucesos. La estatua bajó de su pedestal. Era un esqueleto pequeño vestido de mujer, aunque para ser un cabezal de lápida era monumental para el tamaño de una persona era muy chaparro. Apenas medía el metro y 20. Cuando sus pies se posaron en la Tierra, pude ver que a través de los rayos de la Luna llena, el ente llamaba a todos los seres del Panteón, les convocaba alzando las manos y sin decir palabra alguna, los espíritus de los muertos de las lápidas vecinas acudieron al llamado. Casi me da el infarto.

56:54 Al ver pasar a mi lado a una figura transparente de una niña pequeña que con un vestido muy viejo se despegaba de la Tierra para acudir brincando al llamado, una vez convocados comenzaron a lanzar alrededor de ella. Parecía complacerle eso a la aparición que pese a su estatura, imponía como ninguna. Quería irme corriendo en ese momento, pero las piernas las tenía congeladas en su sitio. Como si una fuerza superior las tuviera colocadas ahí, sin dejarme siquiera suspirar. Sentía el pecho oprimido con violencia. Estaba sudando a chorros como si me encontrara corriendo un maratón alrededor de mí.

57:41 Podía notar que los entes me estaban prestando cada vez más atención hasta que uno de ellos le musitó algo a la figura de la santa. La cual extendió sus piernecitas de piedra por 1 segundo y de pronto ya estaba a mi lado con todas las almas girando a nuestro alrededor. Ella alargó unos dedos duros por el material del que estaban hechos y me tocó la frente manchando la piedra de sudor. Quise gritar, pero el alarido murió en mi boca, sofocado por el miedo primario de salir de ahí inmediatamente. Ella enseguida bajó la mirada de cuencas vacías y negras.

58:26 Observó que en mi cuello tengo un tatuaje dedicado a ella. En ese instante noté que quizá estaba contenta porque parecía sonreír de una forma extraña. Me encontraba al punto del desmayo por la opresión que sentía en cada fibra de mí. Luego, como me surgió esa sensación de congelación. Ella me liberó del abrazo de su fuerza, podía respirar con tranquilidad. De nuevo me caí al piso porque las piernas me flaquearon frente a mi rostro. Ella habló con serenidad, me llamó por mi nombre. Luego me pidió que le llevara unos cigarros y un trago de buen ron. Le comenté que no tenía dinero.

59:13 ¿Con qué comprarlos? Me dio algo de pena, pero era cierto en ese momento. Apenas tenía para comer lo del día y hasta la mañana me iban a pagar. Entonces ella alargó la mano y uno de los entes le dejo ahí unas cosas que parecían anillos de oro con buenas piedras. Me ordenó que fuera a cambiarlos. Dijo que a la vuelta del panteón había un hombre que me podía dar dinero por ellos, que le aceptara todo lo que me iba a ofrecer y luego fuera a comprarle su encargo. Me podía quedar con el cambio, ni tardado ni perezoso.

59:54 Salí corriendo del Panteón. Me valió madres dejar mi puesto de trabajo. Como ella dijo, al lado del Panteón había un hombre de mal aspecto. Se le notaba lo peligroso nomás con estar ahí parado me le acerque con miedo. Tartamudeé al decirle que cuanto me daba por las joyas que llevaba. El joven tomó los anillos, pareció evaluarlos, me preguntó de dónde los había sacado. Le contesté que del Panteón. Entonces me sonrío con sorna, como si estuviera compartiendo un pecado conmigo. Me alargó un fajo de billetes que tenía 2000 pesos. Abrí los ojos muchísimo, no pensé que 2 anillos pudieran costar tanto.

1:00:44 A continuación me dio la espalda y se fue silvando. No sin antes decirme que me apurara con el ron para la santita o me iba a regañar. Eso me regresó la conciencia. Fui tan rápido como pude a una tienda que quedaba cerca y le pedí el ron más caro que tuvieran, además de unos cigarros, los más fuertes. Cuando regresé al panteón ya no estaba ninguna cosa sobrenatural, simplemente la estatua en su lugar. Abrí la botella y vertí un vaso entero de ron ahí y se lo dejé al pie. Luego prendí un cigarro y lo coloqué de manera que se consumiera por completo tanto la botella como la cajetilla las puse en las cercanías de la estatua y me fui corriendo de ahí el resto del turno fue un poco incómodo, pero finalmente llegó la mañana y me pude ir a casa a la noche siguiente.

1:01:44 Noté que no estaba ninguno de los elementos que dejé la velada anterior. No quise investigar qué pasó con eso, pero les puedo decir que el dinero que me dio mi santa me sirvió de mucho. No he querido propasarme con las tumbas de ninguna manera. ¿Si ella hizo eso, quién sabe qué más podría hacerle a los que toman cosas sin permiso de su reino? Por el momento, una vez al mes. Le llevo el mismo encargo de ron de calidad y cigarros y puedo decir que hasta la fecha mi economía ha mejorado bastante, tanto que ya no tengo que trabajar como velador, pero para poder dejarle mis dádivas he conservado este empleo de manera que siempre en las noches de Luna llena pueda meterle su ofrendita para seguir teniendo sus favores.

1:02:43 Saludos a toda la Comunidad. Inframundo, mi nombre es Lorena Vargas. Les quiero contar un relato que me sucedió mientras era niña y aún no me encomendaba nadie, solo a Dios desde que era bebé. Según cuenta mi madre podía ver cosas que no estaban ahí. Recuerdo que de muy chiquilla, con unos 3 o 4 años podía experimentar la presencia de una persona en mi habitación. Rondando en la oscuridad todas las noches, según dice mi madre, siempre iba a su habitación a llorarle que no podía dormir porque un hombre malo andaba dando vueltas en mi cuarto y que me decía cosas feas.

1:03:29 No recuerdo exactamente qué pasaba, pero sé que por mucho tiempo me sentía cansada y constantemente enferma. Fue entonces que mis padres decidieron que me quedaría a dormir en su cuarto un rato para ver si con eso se me quitaba, pero incluso a su lado tenía la sensación de que un ser me perseguía. Después de mucho, mi mamá decidió sentarse conmigo, quitarse todos los prejuicios y preguntarme a conciencia qué era lo que estaba experimentando en esos momentos. Cuando le describí al que me estaba haciendo de mis noches una pesadilla constante, ella se puso pálida. Cuenta que en ese momento descubrió que el abuelo de mi papá, un hombre detestable, aún estaba dando vueltas en los rincones de la casa.

1:04:24 Según dice ella, cuando eran novios, el abuelo de mi papá le hacía la vida de cuadritos. Cada que la llevaba a la casa la ponía a servirle la comida. Y demás, alegando que era su deber, como no era para luego golpearla con su bastón cuando pasaba cerca. Por supuesto que mi papá protestaba por esos malos tratos, pero como era su casa no podía nacer mucho hasta que mi padre se salió de ahí y se fue a vivir con ella sin estar casados. Como es de esperarse, con el tiempo la relación dio frutos. Y de pronto yo estaba en camino. No le quisieron decir a nadie porque sabían que eso iba a traer descontrol en su familia, porque todos eran como muy religiosos.

1:05:17 Los únicos que sí tenían noticia de todo eran los familiares de mi mamá, que no les importaba si estaban casados o no, solamente el bienestar de la criatura y los padres nóbeles. Pasó el tiempo, pero no pudieron mantener el secreto demasiado tiempo. En pocos meses ya se le notaba el vientre abultado a mi madre y un día que estaba en el mercado, el abuelo la vio sospechando lo que pasaba. La siguió sin que se diera cuenta y dio con la casa. Pues bueno, el anciano se esperó. Hasta que mi padre se fue a trabajar para ir a tocarle y mi mamá tontamente le abrió pensando que como era un viejo no le haría nada, pero le metió una golpiza tal que casi me pierde. Si no es que por los gritos se metió una vecina al pleito, no le estaríamos contando.

1:06:15 La llevaron al hospital como en su familia. Son muy creyentes de la santa Muerte, se encomendó a ella para que ambas pudieran vivir, si es que les tocaba. Finalmente en el nosocomio nos alcanzaron a salvar y en ese momento mi abuelita, su madre se fue derechito a un altar que hay a la santa cerca de donde vivimos y le pidió a la niña que le regresara ese viejo desgraciado, todo el mal que nos estaba deseando y causando como por obra de magia a la semana el abuelo de mi papá se murió. De un infarto fulminante que nadie se esperaba. A partir de ese momento las cosas fueron más o menos tranquilas hasta que nací, momento en el que mi mamá decía que se sentía algo incómoda en la casa. Una vez que le conté lo que me pasaba, le habló a su mamá, que no tardó ni 2 segundos en llegar con una pequeña efigie de la santa en sus.

1:07:21 Manos. La colocó en un punto medio de la casa, la ungió de aceite y se pusieron a rezar. Mi madre dice que en ese instante se sintió como todas las cosas de la casa temblaban. Mi abuela la agarro de la mano y le dijo que no dejara de rezar por nada. Continuaron con el rito y ya para terminar las oraciones, algo como una especie de oscuridad hecha líquido salió reptando de mi cuarto. A la puerta del frente y se desvaneció por completo. Bendijeron la casa completa y después de eso ya no tuve malos sueños ni me despertaba por las noches. Con eso mi familia se acabó de hacer creyente de la santita, además de que a mí me consagraron a la niña y siempre cargo una medallita dedicada a ella. La verdad creo que me ha protegido de muchas. Pero como le debo la vida misma, pues quería compartir este relato con ustedes para que si quieren se le sumen. Es muy buena para todo eso.

1:08:31 Sí, no se pongan de su lado malo. Muy buenas noches Alejandro, mi nombre es Sara Blanco. Quisiera compartir con ustedes algo que me pasó por culpa de un exnovio que tenía. ¿Le pondremos marco? Bueno, ese señor era muy codo. Quería verse como una persona espléndida, pero siempre me andaba regateando los regalos para ver de dónde pagaba menos, qué le movía, cómo le hacía para engañarme y darme perfumes comprados en rebaja ropa de Paca y demás. No soy muy fijada, así que si me hubiera dicho que no tenía dinero.

1:09:19 Pues simplemente no se lo hubiese pedido así de fácil. Pero pues marco era bien orgulloso y no podía tolerar que una de sus novias no recibiera regalos. Bueno, el caso es que en una ocasión que iba a ser mi cumpleaños llegó con unas pulseras de oro muy bonitas. Se notaba que eran como antiguas. No quise pensar mal de eso. Simplemente creí que las habría conseguido en el baratillo, un mercado de Guadalajara que se pone los domingos donde la gente vende cosas usadas. Pero la verdad fue mucho más oscura desde que me dio ese regalo y me lo puse. Tuve sueños muy raros de alguien que me llamaba en la noche, repetía mi nombre y me exigía que le regresará lo que era suyo, como eran sueños.

1:10:15 No le preste mucha atención, pero conforme pasaron los días esos sueños se hicieron. Una sombra como encapuchada que veía por el rabillo de mis ojos cada que estaba sola. No me decía nada. Solamente me vigilaba desde esa extraña oscuridad en la que se escondía. Después de un tiempo, como no cesaban los sueños ni el acoso de ese ser, empecé a enfermar. No podía sentirme tranquila en ningún momento. El colmo llegó cuando una noche que me levanté a tomar agua, vi de frente a un esqueleto del tamaño de una persona alta, caminando en mi dirección.

1:10:58 Estaba cubierto con un manto negro y me decía muy enojada, tenía voz de mujer que tenía que regresarle lo que era suyo. En ese momento grite tan fuerte que todos en mi casa se despertaron. Cuando les dije que estaba pasando enseguida mi madre me agarró del brazo y a las 3:00 de la mañana me llevó con mi abuela, que vivía a unas casas de la nuestra. Aunque la despertamos no parecía enojada, le expliqué que estaba pasando y en ese momento nos regresamos a mi hogar y ella puso patas arriba todo hasta que encontró las pulseras. Las tomó con los dedos.

1:11:42 Y casi las avienta. Me preguntó Quién me las había dado cuando le dije que mi novio me preguntó de dónde las había sacado, no le supe responder, así que me exigió que en ese instante le llamara para aclarar las cosas. Llorando le marqué y como no me hacía caso, mi abuelita agarró el teléfono y le dijo, hasta de lo que. Se iba a morir si no confesaba de dónde fregados había sacado esas pulseras. Finalmente dijo que se la robó de una tumba cuando fue a un funeral. Hacía unas semanas. Mi abuela le colgó bien enojada, me vistió con un suéter y me llevó al panteón que le dijo marco que era el sitio de donde tomó las pulseras.

1:12:32 Nos pusimos a la entrada. Y mi abuela me hincó en el piso, me dio unas palabras a recitar que para no hacerles el cuento largo, eran una oración donde le pedía perdón a la santa Muerte por haber tomado algo que le pertenecía a ella, reina de todos los camposantos y sitios donde los muertos descansan. Luego mi abuela me. Dijo que. Tirara las pulseras por el portón del panteón. Y esperamos a que eso aplacara la ira de la Santa. A mí ya no me pasó nada más. Las apariciones se esfumaron y pude descansar gusto, pero a marco le pasaron varias cosas.

1:13:17 Perdió a su novia porque obviamente mi familia ya no lo iba a aceptar nunca más. Se enfermó bien fuerte durante meses, no más, nadie sabía qué le pasaba al muchacho. Pero como que le dio una tos que no se le quitaba con nada y finalmente le empezó a ir súper mal en los negocios. Mi abuelita le mandó decir como disculparse con la santa más como obra de caridad que otra cosa. Ya no supe si fue a hacer el ritual o no. La verdad es que le perdí la pista, pero una de mis primas dijo que creyó verlo como vagabundo caminando debajo de los puentes vehiculares. Que se encuentran por la calzada independencia, susurrando para sí mismo cosas incomprensibles y soltando golpes a la oscuridad como si se peleara con alguna presencia. Sólo yo sé quién es esa presencia que lo atormenta de esa manera.