RELATOS DE REPARTIDORES 2 - ENTREGAS DONDE EL MIEDO LOS ESTABA ESPERANDO - Historias de Terror y Relatos de Terror Aterradores
🔥 Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.
Hoy escucharás nuevos aterradores relatos de repartidores, historias marcadas por entregas nocturnas, clientes extraños, direcciones misteriosas, colonias oscuras y encuentros perturbadores ocurridos durante recorridos donde el miedo apareció cuando menos lo esperaban.
Relatos de repartidores de comida, paquetería y mensajeros que vivieron experiencias aterradoras mientras trabajaban de madrugada, haciendo entregas en lugares donde algo simplemente no parecía estar bien.
Desde casas abandonadas, pedidos inexplicables, clientes inquietantes y sucesos paranormales, este episodio te hará pensar dos veces antes de aceptar una entrega nocturna.
🌙 Si te gustan las historias urbanas de miedo, relatos de terror realistas, encuentros paranormales y sucesos extraños de la vida cotidiana, este episodio es para ti.
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0:00 Muy buenos días, queridos madrugadores, los saluda a su amigo Inframundo, a los albañiles que ya están en obra, preparando mezcla y levantando muros desde temprano. Estas historias son para ti sin más. Por el momento, aquí comenzamos. En este canal nos gusta recordarles que lo sobrenatural. No siempre se manifiesta en lugares oscuros o aislados. A Menudo lo inexplicable ocurre en los sitios más comunes y a personas como tú y yo, mientras llevan a cabo sus tareas diarias.
0:44 En el vídeo de hoy te contaremos historias de personas que, en medio de su rutina laboral, se encontraron inesperadamente frente a lo extraño y lo paranormal. Prepárate para escuchar relatos que demuestran que lo desconocido puede estar a la vuelta de la esquina esperando en los momentos más inesperados. Trabajé como repartidor de comida preparada para dietas. La nutrióloga tenía muchos clientes y éramos alrededor de 7 los repartidores. Mi nombre. Es Alexander Torres y tuve una experiencia. Una noche que llevaba los pedidos. En esa semana se hizo de varios clientes y algunos de ellos no eran recomendables para andar de noche entregando los pedidos. Para mi mala suerte me tocó llevar 3 de esos pedidos en esa Colonia.
1:48 Ser repartidor de comida no era el empleo más glamuroso. Pero tenía mi propio beneficio, pues no trabajaba los fines de semana y eso me daba la oportunidad de estudiar. Recorrer la ciudad me hacía conocer a otras personas, nuevas colonias, que no conocía ese día. La jornada había transcurrido sin mayores incidentes. El tráfico que durante el día solía ser un caos. Se disolvía al caer la noche y los pedidos llegaban con rapidez Asus destinos. La mayoría de las casas a las que entregaba pedidos eran de personas que, cansadas de sus rutinas diarias, optaban por la comodidad de una cena a domicilio. Pero aquel día, el último pedido me llevó a un barrio al que rara vez iba.
2:46 Las calles en esa colonia son muy estrechas y las casas viejas, con fachadas antiguas y algo desgastadas por el tiempo. La luz de las farolas parpadeaban. Y eso no era bueno para mí, pues mi abuela siempre ha dicho que en los lugares de época las almas vagan por las calles. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda, pero lo atribuí al frío de la noche y al cansancio acumulado. ¿Era tarde? Pues iba a ser las 10:00 de la noche y ese era el último pedido. Y al doblar una esquina, mis faros iluminaron una escena que me hizo frenar en seco. A lo lejos vi a un grupo de niños jugando en medio de la calle, pero los niños se veían algo extraño. Lo primero que me vino a mi mente fue la pregunta de qué hacían unos niños tan pequeños jugando a esas horas de la noche.
3:46 Algo en ellos me hizo sentir intranquilo. Tal vez era la forma en que sus cuerpos parecían moverse de manera errante, como si no estuvieran del todo presentes en este mundo. Decidí avanzar lentamente, con la esperanza de que al acercarme ellos se dispersarían y podría continuar con mi ruta, pero a medida que me aproximaba. La sensación de inquietud se hacía cada vez más angustiosa. Los niños no se movieron. Seguían allí inmóviles, mirándome con ojos vacíos. Algo en su mirada me hizo sentir un terror que nunca antes había experimentado.
4:30 No me había dado cuenta, sino hasta que pasé al lado de unas niñas que usaban vestidos de época. Sus rostros estaban pálidos, casi translúcidos, y sus ojos no reflejaban ninguna emoción. Eran como sombras de lo que alguna vez fueron atrapados en un bucle eterno de juegos sin fin, reviviendo sus momentos más felices de su infancia. Fue cuanto comprendí, con un horror aumentado, que no eran seres vivos, sino almas en pena. Atrapadas en este mundo por alguna razón que escapaba a mi entendimiento, el miedo me paralizó. Por un momento quise gritar, pero mi grito se me quedó en mi garganta.
5:17 Los niños comenzaron a acercarse lentamente. Sus movimientos eran torpes y antinaturales. El aire se volvió denso, casi respirable, y sentí que el frío se volvía helado penetrando hasta mis huesos. No sé cuánto tiempo estuve allí, congelado por el terror, pero de alguna manera logré recuperar el control de mi cuerpo. Quise pasar a toda prisa, pero fantasmas o no eran niños, así que conduje con cautela para no pasar por alguno de ellos. Creo que se dieron cuenta de ello porque algunos me comenzaron a ignorar y nuevamente retomar sus juegos.
6:01 Sus Risas eran un eco. Y cuando salí de ese tramo me alejé de esa calle tan rápido como pude. Mi mente intentaba racionalizar lo que había visto, pero no encontraba ninguna explicación lógica. Era como si hubiera entrado en una dimensión paralela donde las leyes de la naturaleza no se aplicaban. La verdad, no lo sé. Llegué al destino del pedido con manos temblorosas y una sensación de pánico que me acompañaba. La persona que recibió la comida no notó nada extraño en mi o si lo hizo no dijo nada.
6:47 Tomé el tramo de salida por otro sitio, aunque tardaría. No me importó. No iba a volver a encontrarme con aquellos niños fantasmas. Otra vez terminé mi turno y regrese a casa. Pero esa noche no pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía los rostros de esos niños y sentía el mismo terror que me había paralizado en la calle. Pasaron los días y trate de seguir con mi vida normal. Pero la experiencia me había dejado muchas preguntas en mi cabeza. Comencé a investigar sobre la zona y descubrí que hace muchos años.
7:29 Un terrible accidente había ocurrido en esa calle. Un autobús escolar había chocado y varios niños habían perdido la vida. Las historias locales decían que sus almas nunca encontraron paz y que de vez en cuando aparecían para jugar en las calles donde solían hacerlo en vida. Ahora comprendía el origen de esos niños espectrales de esa antigua colonia. Eran las almas de aquellos que habían perecido trágicamente, condenados a repetir sus últimos momentos en un bucle interminable.
8:10 La tristeza y el dolor que sentía eran tan intensos. Quizás pasaban desapercibidos por los que viven en esa Colonia. El solo recordarlo me causaba esa sensación de escalofrío y terror. Con el tiempo aprendí a aceptar lo que había visto. Y aunque seguía sintiendo miedo al recordar esa noche, ahora solo la platico como una experiencia. Cuando trabajé como repartidor, en 2 ocasiones más me mandaron a llevar el pedido de aquella clienta, pero nunca volví a ver a esos niños, pero su presencia se había quedado grabada en mi memoria. La verdad, si me hubiese gustado verlos nuevamente. Pero si ahí estuvieron cuando pasé no se me manifestaron y hasta cierto punto fue lo mejor.
9:06 Muchas gracias por contar mi experiencia. Saludos desde Huichapan, Hidalgo. Trabajar como repartidor de flores tiene su encanto. Cada día me rodeo de aromas frescos y colores vibrantes, entregando un poco de alegría a los hogares de las personas. Pero entre todos los pedidos había uno que me causaba una extraña mezcla de curiosidad y preocupación. Cada día, 11 de cada mes, tengo que entregar 11 rosas blancas a la misma dirección. Era un pedido inusual, constante y puntual, como un reloj. Mi nombre es Cameron Silva y lo que les contaré hasta el día de hoy se hace el mismo pedido, sin faltar día 11 de cada mes. Y doble rosas, el día 11 del mes de noviembre, pues este es el mes 11 del año.
10:09 La primera vez que me asignaron ese encargo, la encargada de la florería me explicó que llevaban haciéndolo durante aproximadamente 5 años. La instrucción era simple, dejarlas rosas en la entrada, justo frente a la puerta principal. No se necesitaban firmas ni confirmaciones. Solo dejar las flores y marcharme. El pedido ya estaba saldado, al igual que la propina. Las primeras veces seguí las instrucciones al pie de la letra sin hacer preguntas, pero con el tiempo mi curiosidad comenzó a crecer.
10:52 El domicilio en cuestión era una casa vieja, de esas que parecen guardar secretos en su interior, la pintura. Aunque ya estaba desgastada y el jardín tenían un aire de abandono, la primera vez que dejé las rosas me invadió una sensación extraña, como si del interior de la casa estuvieran observandome. Al principio lo atribuí a mi imaginación. Sin embargo, esa sensación persistía cada vez que volvía durante los primeros 5 meses. Cumplí con llevar los ramos puntualmente, sin desviarme, pero con cada visita mi curiosidad aumentaba.
11:38 Una tarde, después de entregar las flores, me quedé en la calle observando la casa desde mi camioneta. No había movimiento, ningún signo de vida. Me pregunté si alguien vivía realmente allí. Decidí hablar con algunos vecinos esperando encontrar alguna pista. Pues cada vez que entregaba aquel ramo de flores aún se encontraban las del mes anterior. Pero cuando regresaba siempre un ramo, no había más. Alguien se encargaba de retirar las rosas, ya secas y marchitas. Una señora mayor que vivía al lado accedió a hablar conmigo. Después de algunas preguntas casuales, me contó que en esa casa había vivido una mujer mayor. Doña Greta murió sola, me dijo con una expresión triste en su rostro, su único hijo, debido Asus ocupaciones, no había estado con ella en sus últimos momentos. Fue encontrada muerta el 11/05/2018, un día después del día de las madres, una fecha triste y dolorosa, el hijo consumido por la culpa y el remordimiento. Había hecho un acuerdo con la FLORERÍA para enviar 11 rosas blancas cada mes.
13:03 Como un tributo silencioso a su madre, una forma de recordarla y enmendar su ausencia en aquel día fatídico, la historia me dejó con una sensación de tristeza profunda y una sensación inexplicable que no sabría cómo describirla ahora cada vez que hacía la entrega. No podía evitar pensar en doña Greta y su hijo. Las rosas blancas que antes parecían simples flores, ahora llevaban un peso emocional en cada una. Sentía que al dejarlas estaba participando en un ritual de redención y memoria hacia aquella señora. Pero con ese conocimiento también vino un cambio. Comencé a notar cosas que antes había pasado por alto. Sombras breves en las ventanas, un leve murmullo que parecía venir de la casa, un frío que no correspondía con la temperatura del exterior y un aroma a nardos. Eso era en verdad muy raro, ya que las plantas del jardín se encontraban completamente marchitas una tarde después de haber dejado las rosas.
14:22 Decidí quedarme un poco más. Quería entender lo que estaba pasando. Me quedé nuevamente en mi camioneta observando la casa desde la distancia. Las luces estaban apagadas, pero había una luz débil que emanaba del interior, como si alguien hubiera encendido una vela. De repente vi una figura moverse detrás de una ventana del segundo piso. Mi corazón se acelero, parecía la silueta de una mujer mayor. La figura se detuvo y pareció mirar directamente hacia donde me encontraba. Sentí un leve escalofrío, recorrer mi espalda y una sensación de estar invadiendo un espacio sagrado.
15:09 Decidí que era suficiente por ese día. Arranqué la camioneta y me alejé rápidamente mi mente dando vueltas con lo que había visto. Sentí que no debía de andar buscando en esa casa lo que era evidente. La señora Greta era un alma en pena, esperando a que llegue su hijo el siguiente 11 del mes y se la entrega con una mezcla de miedo. Dejé las flores en la entrada, como siempre, pero esta vez me quedé un momento en silencio con la cabeza inclinada. Sentía que era una forma de mostrar respeto a doña Greta y su hijo.
15:53 Las semanas pasaron y la rutina de las entregas continuó. Cada vez que iba sentía una presencia más fuerte. La señora que me contó la trágica historia de su vecina me aconsejó que era mejor que ya no entregara a las rosas, pues muchas veces no sabemos que nos puede suceder. Con la tristeza de doña Greta y el verme ahí cada mes me puede llegar a suceder algo. Y creo que tenía razón porque días después le conté a mi madre. Ella me recomendó que fuera a la Iglesia por agua bendita y eso hice una tarde. Al llegar a la florería encontré un sobre dirigido a mí. Lo abrí con curiosidad y descubrí una carta del hijo de doña Greta.
16:46 En ella me agradecía por mi dedicación y respeto al hacer las entregas. Me explicaba que las rosas eran su forma de pedir perdón y de asegurarse de que su madre nunca más estuviera sola ni en la muerte. La carta me conmovió profundamente. Entendí que mi papel como repartidor de flores iba más allá de una simple entrega. Estaba ayudando a un alma atormentada a encontrar paz. Desde entonces, cada 11 del mes hago la entrega con respeto y sin miedo de que el alma de doña Greta se venga conmigo. Aunque la casa seguía emanando esa sensación de misterio y la presencia de la difunta, ya no sentía miedo. La casa sigue sola, pero ahora se aprecia limpia, quitaron toda la maleza, arreglaron algunas cosas de esa casa. Déjenme decirles que la vecina de doña Greta hace un año que falleció por respeto, le llevo unas flores y se las coloco en una imagen de la virgen de Guadalupe que se encuentra a la entrada de esa casa.
18:02 Ya no he vuelto a ver aquella sombra en las ventanas. De hecho, ya ni busco nada extraño en ella. Muy buenas noches a toda la audiencia. Mi nombre es Leobardo Vizcaya. Tengo 36 años y lo que les contaré sucedió cuando yo tenía la edad de 17 años. Mi tío Pedro fue el que me consiguió este trabajo, ser repartidor de folletos. No era el trabajo más emocionante, pero pagaba las cuentas y me permitía recorrer la ciudad, algo que siempre me había gustado, pues pasaba gran parte de mi tiempo de vago. La rutina era sencilla, me asignaban un montón de folletos con direcciones y teléfonos y yo los distribuía por diferentes zonas.
18:59 La mayoría de las veces eran anuncios de tiendas, de ropa, restaurantes. O servicios varios. Sin embargo, un día recibí un encargo diferente, que al principio no me pareció tan extraño, pero que terminó cambiando mi vida para siempre. El encargo venía de una tienda esotérica en un barrio de la ciudad. No era un lugar al que soliera ir, pero conocía la tienda de vista. Su fachada era oscura, con símbolos extraños pintados en las ventanas. Y un letrero que apenas se leía. La propietaria era una mujer mayor que siempre vestía de negro, que resultaba inquietante. Su nombre, según el folleto, era vidente Ángela. En el folleto se podía leer que la señora hacía todo tipo de trabajos, desde amarres.
19:54 Quitar la mala suerte y regresar a la pareja en cierto tiempo, cuando fui a recoger los folletos. Doña Angela me recibió en la puerta. Su mirada era perspicaz. Me entregó una caja llena de volantes, cada uno con la dirección y teléfono de la tienda, y me pidió que los distribuyera en las zonas indicadas. Mientras hablábamos, no pude evitar notar que el interior de la tienda estaba lleno de objetos extraños, velas, tarros de cristal con hierbas, muñecos de cera. Y libros antiguos de aspecto siniestro. Todo el lugar tenía una atmósfera pesada, como si algo más que simples productos estuvieran siendo manejados allí.
20:45 Los días siguientes los pasé repartiendo los folletos de la tienda por toda la ciudad. Cuanto más distribuía, más extrañas eran las miradas que recibía de la gente al ver los volantes. Algunos los tomaban con curiosidad, mientras que otros los tiraban inmediatamente al suelo como si quisieran deshacerse de algo peligroso. No le di mucha importancia pensando que solo eran supersticiones. Además, yo solo los repartía. No era mi responsabilidad que las personas los guardaran o no. Sin embargo, no pude sacarme de la cabeza la sensación de que había algo más en esos volantes. Algo que no lograba comprender.
21:33 Un par de semanas después, doña Angela me llamó nuevamente. Esta vez no era solo para repartir folletos. Me pidió que recogiera un par de bolsas negras de la tienda y las entregará en varias direcciones. Las bolsas eran pesadas y no se podía ver lo que había dentro. Al principio pensé que podrían ser productos de la tienda. Pero algo en su mirada y en la manera en que me dio las instrucciones me hizo dudar. No hice preguntas, pero la sensación de inquietud no me abandonaba. Comencé a hacer las entregas según las indicaciones de la bruja, las direcciones eran extrañas, en su mayoría casas antiguas.
22:22 Y mal conservadas en barrios que parecían haber sido olvidados por el tiempo y sus dueños. Cada vez que dejaba una de esas bolsas sentía un escalofrío recorrer mi espalda. Era como si algo en mi interior me estuviera advirtiendo que no debería estar haciendo aquello. Pero el dinero era bueno y no podía darme el lujo de rechazar el trabajo con el paso del tiempo. Las entregas se volvieron más frecuentes. Doña Angela me llamaba casi todas las semanas, siempre con más bolsas negras para repartir y cada vez que lo hacía la sensación de que estaba involucrado en algo oscuro se hacía más fuerte.
23:08 Empecé a notar cosas extrañas, ruidos en la tienda que no tenían explicación, sombras que se movían por el rabillo del ojo. Y un sentimiento constante de que estaba siendo observado. Ella solo contestaba que eran sus guardianes. Entonces, un día todo cambió. Me presenté en la tienda para recoger el próximo encargo, pero la puerta estaba cerrada y las luces apagadas. Toqué el timbre, llame a la puerta, pero no hubo respuesta. Algo no estaba bien. Me quedé un rato esperando. Sin saber qué hacer, hasta que un vecino se acercó y me dijo en Voz Baja que había escuchado que una bruja había atacado a doña Ángela. Me quedé helado.
24:01 Una bruja. La palabra resonó en mi cabeza acompañada de todas las imágenes de cosas extrañas que había visto en esa tienda. Los rumores comenzaron a extenderse rápidamente. Algunos decían que doña Angela había sido maldecida, otros que había desaparecido sin dejar rastro. Lo que parecía claro es que algo muy malo le había ocurrido y que estaba relacionado con su oficio de bruja. Y fue entonces cuando me di cuenta de que las bolsas negras que había estado repartiendo probablemente tenían algo que ver con lo sucedido.
24:42 Había estado llevando hechizos o maleficios a otros lugares. Yo había contribuido, sin saberlo, al daño de otra bruja y otras personas. El miedo se apoderó de mí. Comencé a pensar en lo que podría sucederme. Si la otra bruja, la que había dañado a doña Ángela, descubría que yo había sido quien hizo las entregas. Quizás podría venir por mí y maldecirme. Los días siguientes fueron una mezcla de paranoia y terror. Empecé a ver cosas donde no las había, a sentir una presencia constante a mi alrededor no podía dormir y cuando lo hacía tenía pesadillas en las que doña Angela o alguna otra figura siniestra venían a reclamar algo que yo no comprendía.
25:38 Finalmente tomé una decisión. No podía seguir con ese trabajo ni con ningún otro que me pusiera en contacto con lo sobrenatural. Dejé de responder a las llamadas, cambié mi número de celular y busqué otro empleo lejos de ese barrio y de todo lo que lo rodeaba. A partir de ese momento decidí mantenerme alejado de cualquier cosa que pudiera tener que ver con Brujas, maldiciones. O cualquier aspecto del mundo esotérico o andar de repartidor. Nunca volví a saber de doña Ángela ni de su tienda. A veces cuando llego a pasar cerca de ese barrio me invade un escalofrío y aunque evito mirar hacia la calle donde estaba la tienda, no puedo evitar sentir que algo o alguien siguen vigilandome. Y aunque intento vivir una vida normal. Siempre llevo conmigo el recuerdo de esos días y el temor constante de que aquella bruja pueda alcanzarme.
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