March 19, 2026

PASAJERA DESCARNADA | 4 Historias de UBER - Relatos De Horror y Paranormales

PASAJERA DESCARNADA | 4 Historias de UBER - Relatos De Horror y Paranormales
PASAJERA DESCARNADA | 4 Historias de UBER - Relatos De Horror y Paranormales
Inframundo Relatos De Terror
PASAJERA DESCARNADA | 4 Historias de UBER - Relatos De Horror y Paranormales

Buenas noches, madrugadores y trasnochadores del Inframundo.Esta noche no escucharás simples historias.Escucharás relatos de conductores de Uber que aceptaron un viaje que nunca debieron tomar.Viajes nocturnos, pasajeros silenciosos, rutas que no aparecen en el mapa y presencias que no deberían subir a un auto.Historias reales contadas por quienes manejan cuando la ciudad duerme…y algo más despierta.LA PASAJERA DEL ASIENTO TRASERO – Roberto MedinaUn conductor recoge a una mujer durante la madrugada. Nunca habla, nunca se mueve… hasta que el espejo retrovisor revela algo imposible. Ese viaje marcó el final de sus noches al volante.EL VIAJE QUE NO TERMINÓ – Luis CastañedaUna solicitud aparece en una zona donde no hay casas. La pasajera sube sin hacer ruido. El trayecto se vuelve eterno y el destino jamás llega.NO MIRÉS EL ESPEJO – Abel FloresDurante un viaje corto, el conductor siente que alguien lo observa desde atrás. Cada vez que mira el espejo, algo cambia. Algo se acerca.DESTINO CANCELADO – Juan LabastidaUn viaje es cancelado a mitad del trayecto. El problema es que la pasajera sigue dentro del auto.⏱️ DISFRUTA DE:00:00 RELATOS DE UBER01:19 VIAJE COMPARTIDO – SERGIO HERNANDEZ09:34 PASAJERA DESCARNADA – RAUL MENDOZA20:49 LOS PASAJEROS DEL SACRIFICIO31:05 LOS MUERTOS REGRESAN – JOSEFO HUERTA#RelatosDeUber #HistoriasDeTerror #inframundorelatos Las historias de terror de esta noche estás relacionadas con:relatos de uber, historias de uber reales, pasajeros paranormales, terror en taxis y uber, experiencias paranormales reales, conductores nocturnos, viajes malditos, apariciones en autos, historias de terror reales, relatos del inframundo, miedo nocturno, terror urbano.

0:08 Muy buenos días, queridos madrugadores para todos los que nos escuchan desde temprano mientras comienzan su jornada. Y muy buenas noches también para todos los trasnochadores que nos acompañan desde la oscuridad. Aquí Alejandro al micrófono. En esta ocasión les voy a contar algunas historias ocurridas dentro de la aplicación de Uber, relatos reales, experiencias que vivieron conductores comunes durante turnos que parecían normales. No todas las historias que van a escuchar son de terror paranormal, sino un terror psicológico que se va construyendo poco a poco.

0:53 Estos relatos están pensados para usted, taxista, choferes, camioneros y también para usted que usa Uber a diario o que alguna vez se ha subido a un auto sin saber realmente quién va al volante o quién se sienta detrás. Espero que estas historias sean de su total agrado, sin más. Por el momento comenzamos buenas noches, comunidad del Inframundo. Mi nombre es Sergio Hernández. Empiezo diciendo que por lo general no me gusta compartir esta historia. Esto que estoy por narrar me sucedió en una noche de invierno que utilicé Uber para regresar a mi casa después de asistir a una reunión de amigos.

1:40 Serían unos minutos después de la 1:00 de la mañana de ese sábado cuando el auto llegó por mí. Me acuerdo que aunque no dije nada, todo me daba vueltas. ¿El motivo? Claro, había tomado de más. Ninguno de mis amigos me acompañó a la calle porque estaban jugando a la ouija y no podían cerrar sesión así de repente porque, según dijeron, se podría salir el espectro con el que estaban hablando. La verdad, yo no creía mucho en esas cosas. Entonces, sin la ayuda de nadie, me Subí como pude al auto de color negro.

2:21 Pregunté el nombre del chofer, le dije al mío y me recargué detrás del asiento del copiloto. No podía ocultarlo, me encontraba en muy mal estado, como nunca me había puesto. Apenas arrancó el Uber. Me comencé a quedar dormido, seguramente por el alcohol ingerido y por el movimiento del auto. El viaje duraría alrededor de 20 minutos. Entonces podría cerrar los ojos unos momentos. Supuse que al llegar a mi destino, el chofer me despertaría. No puedo asegurar cuánto tiempo pasó, sólo recuerdo que desperté por un movimiento del auto. Tal vez había caído en un bache, intentaba mantener los ojos abiertos.

3:10 Cuando volteé. A mi lado derecho se encontraba alguien mirándome fijamente. A duras penas pude saber que era una mujer porque su largo cabello le cubría parte de su cara. Luché por no quedarme dormido. Recuerdo que moví la cabeza varias veces para estar seguro de lo que veía porque la persona que viajaba a mi lado estaba muy rara, era muy delgada, casi cadavérica. Tenía los ojos tan abiertos que parecía que no tenía párpados. No necesitaba verla completamente para darme cuenta que toda su piel estaba arrugada y seca.

3:54 De su boca entreabierta le sobresalían dientes tanto de arriba como de abajo. Por un momento me perdí. Ni siquiera recordaba por qué estaba ahí o por qué me sentía de esa manera cuando recordé que iba en Uber. Quise preguntarle al chofer si me faltaba mucho para llegar a mi casa, pero no me salían las palabras. ¿Volteé a ver a la mujer de nuevo? Ahora Lucía diferente, se veía mucho más fea. Su cabello estaba tan desmarañado que tocaba en el techo del auto y al fijarme bien me di cuenta que no tenía piernas. Sólo era la mitad de una persona. Nada más de verla así, tan de cerca se me comenzó a bajar la borrachera.

4:47 Aún así, pensaba que tal vez no era de verdad esa cosa que estaba a mi lado o quizás era alguien con una máscara. ¿Le clave la mirada? De repente respiró. Entonces supe que estaba viva y que no traía nada puesto en la cabeza. Yo seguía preguntándome qué estaba pasando. Supuse que era un viaje compartido. Por eso no estaba solo en el asiento trasero de ese auto, pero la pregunta era porque esa mujer estaba así y porque me miraba tan detenidamente. Dominando el miedo que ya sentía, estiré la mano para tocarla y así comprobar de una vez por todas que no se trataba de mi imaginación. Sí pude tocarla.

5:40 Entonces retiré mi mano deprisa porque su piel estaba helada. Entendí que lo que estaba ahí sí era real, pero no de este mundo. Nunca me había tocado ver algo sobrenatural. De pronto reaccioné como pude. Me pegué a la puerta y ahora sí, aunque con palabras entrecortadas, le pregunté al chofer quién era la persona que viajaba a mi lado. ¿Volteó el señor y me pregunto cuál persona? Solamente moví los ojos y le dije, la que está aquí, sin dejar de ver la calle. El chofer me hizo varias preguntas, si me sentía bien. ¿Cuánto había tomado y si utilizaba sustancias prohibidas? Le contesté que lo que hubiera tomado ya se me había bajado y a esa mujer la seguía viendo.

6:35 ¿Luego me hizo otra pregunta que me puso a pensar, estuvieron jugando a la ouija, verdad? Ya no hubo necesidad de contestar. Me aseguró que en el asiento trasero no había nadie. Al menos no alguien que pudiera ver. Él me dijo, Seguramente es un demonio que se salió de esa tabla, pero te quiere a ti, por eso solo tú la ves. Me recomendó que rezara todo lo que me supiera, porque si no ese espectro o cualquier cosa que fuera me iba a seguir hasta mi domicilio. Eso era lo menos peligroso. Lo peor era que se podría adueñar de la casa e incluso atacar a alguien.

7:24 Antes de empezar a rezar, le pregunté cuánto faltaba para llegar a mi casa. Me dijo que acabábamos de arrancar, si acaso llevábamos unas 10 cuadras. Comencé a rezar mientras esa mujer no dejaba de verme. Sabía que el camino se me haría eterno. ¿Como mencioné desde un principio, no me gusta contar esta historia porque al llegar a esta parte quienes la escuchan me cuestionan por qué no me bajé del Uber? En ese momento era preferible irme caminando que estar a un lado del demonio. Lo único que respondo es la verdad. No se me ocurrió hacerlo por 15 minutos aproximadamente. Estuve rezando.

8:13 Cuando ya no sabía qué más decir, me avisó el chofer que ya habíamos llegado. Abrí los ojos y esa mujer seguía ahí. Le pagué la tarifa, me bajé del auto o deprisa y antes de entrar a mi casa volteé a ver el Uber. Ya no había nadie en el asiento trasero ni temor. Ahora era que se me hubiera pegado ese espectro demonio o lo que fuera. Entonces lo iba a meter a la casa. Antes de entrar, le grité a mi mamá, le pedí que me trazara la señal de la Santa Cruz para que me librara de todo mal. Por suerte, funcionó.

8:54 Ya no volví a ver a esa mujer de eso que me sucedió. Ya pasó tiempo. Siempre me quedó la duda si a esa mujer la había imaginado por todo lo que me tomé en esa ocasión. O si de verdad era un demonio salido de la ouija. También cabe la posibilidad que ese espectro habite en el Uber que me Subí a aquella noche. Si es así, sigue ahí. De lo único que estoy seguro es que esa noche tuve un viaje compartido con algo que no era de este mundo. Mi nombre es Raúl Mendoza y llevaba muchos años trabajando como taxista, hasta que después de un tiempo me cambié a la aplicación de Uber.

9:49 Lo que voy a contarles ocurrió en el año 2018, cuando Uber todavía no tenía tanto tiempo operando en la ciudad y muchos de nosotros seguíamos aprendiendo sobre la marcha. Nunca fui creyente de lo paranormal. Siempre pensé que el miedo venía del alcohol, de los estupefacientes o de la sugestión. Por eso, durante mucho tiempo intenté convencerme de que lo que viví aquella noche tenía una explicación lógica. Pero hay cosas que, por más vueltas que uno les dé, simplemente no encajan. Todo comenzó con un viaje que, en apariencia, era completamente normal.

10:33 Recogí a un joven poco después de la 1:00 de la mañana. Desde que subió noté que venía ebrio. El olor a alcohol, lleno el auto y su forma de hablar era lenta, arrastrada como si le costara trabajo. Ordenar las ideas. No era la primera vez que llevaba a alguien así, así que no le di importancia. Durante los primeros minutos del trayecto permaneció en silencio. Recargado contra el asiento trasero, pensé que se había quedado dormido, pero de pronto empezó a moverse. Inquieto, cambiaba de posición, respiraba con dificultad y murmuraba cosas que no lograba entender.

11:17 Fue entonces cuando dijo que había una mujer sentada a su lado. No lo dijo gritando ni alterado. Lo dijo con una voz baja, casi confundida, como cuando alguien. No está seguro de lo que está viendo. Yo mire por el espejo retrovisor y como era de esperarse, el asiento trasero estaba vacío. Intenté tranquilizarlo, pensé que estaba alucinando por la borrachera, pero el muchacho insistía, decía que la veía claramente, que estaba demasiado cerca, que lo miraba sin parpadear y se veía descarnada.

11:58 Ahí fue cuando mencionó algo que me hizo fruncir al señor. Dijo que venía de una reunión donde habían estado jugando a la ouija. No le respondí nada, pero sentí un escalofrío recorrerme la espalda, no porque creyera en eso, sino porque desde niño había escuchado historias de gente que terminaba mal. Después de meterse con esas cosas que uno no entiende, le dije que rezara. No por fe, sino porque sabía que eso podría tranquilizarlo. El joven empezó a Murmurar oraciones cada vez más rápido mientras yo seguía conduciendo, concentrado en llegar cuanto antes a su destino. Durante esos minutos ocurrió algo que no he logrado explicar. El ambiente dentro del auto cambió. No fue un golpe de frío ni una ráfaga de aire. Fue una sensación pesada, como si el interior del vehículo se hubiera llenado de algo invisible. Me costaba trabajo respirar con normalidad y sentía una presión constante en el pecho, como cuando uno está demasiado tiempo encerrado.

13:10 El espejo retrovisor comenzó a vibrar ligeramente, aunque el camino estaba en buen estado. La radio se apagó sola y por más que intenté encenderla, no respondió, no quise voltear, no quise mirar hacia atrás. El muchacho seguía rezando. Ahora con la voz quebrada, casi llorando, me preguntó cuánto faltaba para llegar. Le mentí, le dije que ya estábamos cerca, aunque aún faltaban varias cuadras. Cuando por fin llegamos, se bajó casi corriendo. Antes de entrar a su casa, se volteó a mirar el asiento trasero, como si esperará a ver algo.

13:54 Yo también miré por inercia. Seguía vacío. El joven me dio las gracias gritándole a su madre que le abriera. Yo me quedé unos segundos detenido con el motor encendido, tratando de recuperar la calma. Pensé que todo había terminado, pero me equivoqué. En cuanto arranqué para regresar a mi casa, sentí una pesadez aún mayor. El auto no respondía igual, el volante se sentía rígido, como si algo lo estuviera forzando. Cada que frenaba el coche tardaba más de lo normal en reaccionar. No había nadie más conmigo, pero no me sentía solo. El trayecto de regreso fue silencioso. Demasiado, diría yo.

14:45 Ni un solo coche en la calle ni perro sin ningún ruido. Era como si la ciudad se hubiera apagado de golpe. Al llegar a mi casa, estacioné el Uber frente al portón. Antes de bajar, me quedé sentado con las manos sobre el volante, respirando hondo. Tenía la sensación de que si apagaba el motor, algo iba a suceder. Finalmente lo hice. El silencio era absoluto. Esa noche no dormí bien. Soñé con un asiento trasero que se hundía solo, como si alguien invisible se sentará una y otra vez. Allí me desperté varias veces empapado en sudor con el corazón acelerado, pues había tenido una pesadilla donde veía a una mujer siniestra y descarnada sentada en el asiento de atrás. Los días siguientes comenzaron a pasar cosas pequeñas pero constantes.

15:45 El espejo retrovisor amanecía movido, aunque yo recordaba haberlo dejado bien acomodado. El asiento trasero aparecía recorrido hacia adelante. En ocasiones, al limpiar el auto, encontraba marcas en la tapicería, como si alguien hubiera apoyado las manos con fuerza. Pensé que me estaba obsesionando hasta que una pasajera lo mencionó. Era una mujer mayor. Subió al auto en pleno día, se sentó atrás y antes de que arrancara me preguntó si alguien más venía conmigo. Le respondí que no. Entonces me dijo que sentía el ambiente muy cargado, como si el coche hubiera pasado por algo malo. Ese fue el primer momento en que sentí verdadero miedo. Después vinieron más situaciones, pasajeros que se ponía nerviosos, sin razón aparente. Otros que cancelaban el viaje apenas subían. Un hombre que se bajó asegurando que alguien le había susurrado algo al oído.

16:54 Nunca había visto a la mujer que describió el muchacho. Nunca vi una figura ni una sombra hasta ese momento, pero la sensación de presencia. No se fue durante meses. Fue entonces cuando tomé una decisión. Dejé de trabajar de noche. Mandé bendecir el auto no porque creyera tanto, sino porque necesitaba recuperar la tranquilidad. Cambié el forro de los asientos, limpié el coche y durante un tiempo pensé que todo había quedado atrás. Pero hay algo que jamás volvió a ser igual. Desde aquella noche supe que algo no estaba bien. No era el miedo constante ni los ataques de pánico. Era más bien una sensación de compañía, como si ya no viajara solo, incluso cuando el auto iba completamente vacío. Había momentos en los que sentía que alguien respiraba detrás de mí, muy cerca del oído, aunque al voltear no viera absolutamente a nadie.

18:00 Solo una vez llegue a ver algo con claridad. Fue una madrugada, semanas después de haber dejado a ese muchacho en su casa. Conducía por una avenida casi desértica, cuando al mirar el retrovisor noté una sombra reflejada en el asiento trasero. No tenía una forma muy bien definida, pero la silueta era claramente femenina y si parecía algo descarnada y como huesuda. No duró más de un par de segundos, parpadée y simplemente desapareció. Pero el frío que sentí en ese momento no se me ha olvidado nunca. A partir de ahí comencé a tener problemas para dormir. Soñaba con el interior del auto, con alguien sentándose detrás de mí, con un peso que un día el asiento sin que nadie estuviera ahí.

18:57 Fue entonces cuando decidí buscar ayuda no médica, sino de otro tipo. Un conocido me recomendó a una curandera en Chalma. Al principio dudé, no soy una persona religiosa, como ya se los mencioné, pero ya no encontraba otra explicación. La mujer apenas me vio llegar, me dijo que cargaba algo encima, que no era mío, pero que se me había pegado. Me hizo una limpia y aseguró que lo que traía era la presencia de una mujer muerta o quizás algo peor, algo que había sido invocado y que se aferró al primer lugar donde encontró refugio.

19:39 Según ella, no me había seguido a mí, sino al vehículo. Después de la limpia, la sensación desapareció. El ambiente del auto volvió a sentirse normal. Dormí más tranquilo Por Primera Vez en mucho tiempo. Sin embargo, la curandera me advirtió que ese tipo de cosas nunca se van del todo, simplemente se alejan por un tiempo, pero regresan. Por eso tomé una decisión definitiva. Vendí el carro, no quise saber quién lo compro ni qué hizo con él después. Dejé de trabajar como chofer y me dediqué a otra cosa. Preferí perder dinero antes que seguir cargando con algo que no era mío. No sé si aquel joven realmente vio a una mujer esa noche. No sé si todo fue producto del alcohol, de la sugestión o algo más.

20:35 Lo único que sé es que desde ese viaje entendí que no todos los pasajeros bajan cuando termine el recorrido. Algunos se quedan esperando a que alguien más los lleve. Muy buenas noches comunidad para contar esta historia prefiero evitar dar mi nombre. Espero que eso no le reste credibilidad. Empecé como chofer hace más de 29 años, ruleteaba por todas las calles de la ciudad en un taxi y la verdad me iba bastante bien. Con eso mantenía a mi familia dentro de la clase media. No lo podría negar.

21:19 Eso de ser chofer es un trabajo difícil. En mi auto me había tocado pasar todo tipo de situaciones, peleas de parejas, niños inquietos, personas alcoholizadas, hombres y mujeres, alguna que otra. También me tocó enfrentar el peligro, de hecho ya me habían asaltado 2 veces. Pudiera decir que era parte de la rutina a la que me gustara o no. Ya estaba algo acostumbrado. Un día un compañero se animó a cambiar y manejar para una plataforma. Según él, teníamos que entrar a la modernidad porque sino poco a poco nos iríamos quedando atrás.

22:03 Me metió la idea de que los taxis tarde o temprano iban a desaparecer. Después de pensarlo mucho, acepté en algo. Tenía razón. Aún así, estuve renuente los primeros días porque no me adaptaba a trabajar usando el Internet. Después de aprender a mover el celular, todo fue más fácil. Prácticamente era lo mismo, pero tengo que admitirlo. Con la aplicación tenía un poco más de trabajo. Poco a poco me fui acostumbrando. El celular dejó de ser una distracción y pasó a convertirse en una herramienta de trabajo, pero sobre todo sentí que me había librado de algo negativo el sindicato, donde nos pedían cuotas para todo. Una noche decidí quedarme trabajando más tiempo de lo habitual porque los viajes no paraban y eso se tenía que aprovechar.

23:04 Se notaba que venía una temporada complicada y cualquier ingreso extra ayudaba. Cerca de las 11:00 de la noche entró la notificación de una solicitud. La acepté y me enfilé rumbo a la dirección que marcaba la aplicación. Al llegar me quedé observando porque eran 2 hombres los que subirían a mi auto. Lo que llamó mi atención fue la forma en que iban vestidos. Llevaban ropa llamativa fuera de lugar para esa hora y esa zona, como si vinieran de algún evento o celebración extraña. Al principio no me parecieron peligrosos, incluso resultaron amables, me saludaron con confianza y comenzaron a hacer un poco de conversación. Hicieron algunos comentarios en tono de broma que me parecieron raros, pero por unos minutos le seguí la corriente. Pensando que sólo estaban borrachos o alterados, todo cambió cuando el viaje avanzó y comenzaron a hablar entre ellos. Sin bajar la voz, platicaban que por fin había llegado el momento que tanto habían esperado.

24:18 Uno de ellos dijo que tenía años con la curiosidad de probar carne humana. El más joven comentó que ojalá fuera algún chico porque, según había escuchado, su sabor era distinto. Mientras hablaban empecé a ponerles más atención. No podía creer lo que estaba escuchando, pero me mantuve en silencio, fingiendo que no les prestaba atención con las manos firmes en el volante y el corazón acelerado. Según comentaron, se dirigían a una casa apartada, un lugar donde ya los estaba esperando. 1/3 persona. Decían que ahí se reunirían los 3 antes de salir nuevamente porque todavía tenían pendiente pasar por un sitio donde solían reunirse menores, aprovechando la hora y la poca vigilancia, con la intención de llevarse a uno o 2 sin levantar sospechas. En un principio pensé que estaban bromeando sin importarles que yo estuviera ahí. Hablando con total tranquilidad de cómo engañarían a los niños para llevárselos, decían que los atraerían con juguetes o que les mentirían, asegurándoles que sus padres los habían mandado por ellos, los citarían en alguna dirección con la excusa de llevarlos de regreso a casa.

25:49 Luego comenzaron a hablar de sacrificios. Decían que ofrecerían la vida de los pequeños al caballero negro, una entidad que para ellos no era otra cosa que el mismísimo diablo. Según afirmaban, eso les daría protección, impunidad para seguir haciendo lo que hacían. Y además, muchos años más de vida empezaron a describir con lujo de detalle las distintas formas de sacrificio. Hablaban de cuáles eran más rápidas para quitar la vida y cuáles provocaban más sufrimiento. Escuchar todas esas atrocidades me estaba poniendo cada vez más nervioso. No entendía por qué se permitían hablar de todo eso frente a mí, como si yo no existiera o como si ya me dieran por perdido. Minutos después llegamos al destino. Frente a la casa.

26:46 Había otro hombre esperándolos. Me detuve para que los pasajeros bajaran, pero en lugar de eso el sujeto que estaba fuera abrió la puerta y se subió al vehículo. Les dije que el viaje había terminado. Ellos me miraron con una sonrisa extraña y me dijeron que solicitarían otro tratando de ocultar mi nerviosismo. Intenté explicarles que así no funcionaba la aplicación, que tenían que bajar y pedir un nuevo servicio. El más joven me respondió de mala manera, ordenándome que no me hiciera el desentendido y que diera por terminado el viaje para aceptar la nueva solicitud que estaban a punto de enviar. Cuando insistí en que no podía hacerlo de esa forma, me exigió mi teléfono, tomó el celular y realizó él mismo el proceso. En cuestión de segundos ya había un nuevo destino marcado, un lugar ubicado a las orillas de la ciudad, donde sabían que a esa hora habría poca vigilancia.

27:57 Los 3 hombres comenzaron a repartirse unos costales, dijeron que ahí meterían los juguetes, pero también a los niños que pensaban raptar. Faltaban solo unas cuantas cuadras para llegar cuando uno de ellos preguntó qué iban a hacer conmigo. Hablaron de privarme, de la libertad, de ejecutarme y de cosas todavía más horribles. Incluso mencionaron la posibilidad de ofrecer mi alma como parte del ritual. Decían que todo dependía de mi comportamiento. Si cooperaba, tal vez podría salir con vida. Me dijeron que eligiera con el miedo. Apretándome el pecho y las manos temblando sobre el volante. Les aseguré que haría exactamente lo que me pidieran. Llegamos al lugar que habían marcado. Me estacioné frente a un portón metálico en la parte trasera del edificio.

28:57 Todo estaba en silencio. Los hombres me quitaron la identificación y las llaves del auto. Me dijeron que en media hora regresarían con el primer niño para meterlo en la cajuela. Después de eso, se bajaron con total tranquilidad y entraron al sitio sin apresurarse. Como si ya conocieran perfectamente el terreno, trate de no dejar que el miedo me dominara. Por suerte, siempre cargaba un duplicado de la llave en la cartera. Además, la identificación que me habían quitado no tenía mi domicilio actual, así que no podrían localizarme fácilmente. Esperé solo unos cuantos minutos lo suficientes para asegurarme de que no hubiera nadie cerca.

29:43 Encendí el auto y salí de ahí lo más rápido que pude sin mirar atrás. Ese mismo día di de baja la aplicación. Durante un tiempo no volví a salir a trabajar. Me quedé encerrado en mi casa con el miedo constante de que fueran a buscarme. Vivía atento a cualquier ruido, a cualquier auto que se detuviera fuera de mi casa. Pero los días pasaron y poco a poco la vida me obligó a seguir adelante. Hoy en día sigo siendo chofer de aplicación, aunque prefiero no decir en cuál ni en qué ciudad. Desde aquella noche trabajo con más cuidado y desconfío de todo. Muchas veces me he puesto a pensar si todo lo que dijeron aquellos hombres era real o si sólo intentaban asustarme. Si lo que decían era cierto.

30:39 Puedo afirmar que me salvé de caer en algo mucho peor. Y si no lo era aún así, sé que estuve muy cerca de perder la vida. Desde entonces aprendí que no todos los pasajeros buscan llegar a un destino. Algunos solo buscan a quien llevarse en el camino. Mi nombre es josefo huerta. Comparto este relato porque me sucedió en un mes de enero, iniciado el año 2017. Tenía apenas unos meses dedicándome a manejar un Uber.

31:22 En ese tiempo contaba con 24 años, así que pronto me enseñé a usar la aplicación. Generalmente lo hacía ya por la tarde, porque estudiaba por la mañana y no podía abandonar la escuela porque ya estaba por terminar la universidad. Me sentía desesperado por generar ingresos y vi el Uber como una buena oportunidad. De hecho, el auto era de mis padres. Aunque no faltó quien tratara de desanimarme diciendo que podría ser peligroso subir al auto a personas desconocidas, me animé a hacerlo porque además yo tenía la oportunidad de aceptar el viaje o no según mi conveniencia. Eso me daba cierta tranquilidad.

32:12 No lo puedo negar. ¿Los primeros viajes? Sí, me puse nervioso una noche. Lo recuerdo bien, era un 6 de enero. Serían como a eso de las 9:00 me sonó una solicitud, no era un viaje muy largo, por eso lo acepté. Miré la ubicación del usuario y me quedaba a unas cuantas cuadras. Entonces llegaría en 2 minutos aproximadamente. Manejé pensando que ese sería mi último viaje. Me estacioné frente a la persona que se encontraba parada en una esquina. Era una joven mujer vestida apenas con una bata blanca, a pesar de lo frío que estaba confirme su nombre e inicié el viaje.

33:00 De lo único que pude darme cuenta y que me resultó extraño fue que al parecer la muchacha estaba descalza. En sus manos traía un regalo que puso en el asiento a un costado de ella, sin ninguna mala intención, voltee a verla por el espejo retrovisor. Por eso la puedo describir un poco más, por lo menos las facciones de su cara. Era una muchacha como de 19 años, muy blanca, tal vez demasiado. Se veía un poco extraña. Su tez pálida parecía reseca, su cabello largo y suelto estaba liso y sin brillo, aunque la veía solamente por uno o 2 segundos. Con eso me bastaba para darme cuenta que tenía su mirada perdida, como si estuviera dormida, pero con los ojos abiertos.

33:56 ¿Traté de hacerle algo de conversación, pero no me contestó la siguiente vez que volteé? La joven tenía los ojos cerrados. No supe por qué, pero me comenzó a dar miedo. De hecho, era la primera vez que sucedía algo así. Le pregunté si todo estaba bien, pero ella seguía inerte. Miré mi teléfono. Me faltaban 3 minutos para concluir el viaje. Comencé a voltear para todas partes porque tenía esa sensación de que alguien me iba a agarrar. Quizás había algo raro en el auto, pero todo parecía normal. Aún así, me comencé a poner más inquieto cada vez. De nueva cuenta, mire mi teléfono y ya estábamos a unas cuadras de su destino.

34:49 Ya quería terminar con ese viaje. Sentía que los segundos corrían lentos. La vi por el retrovisor unas 2 veces más, pero ella seguía con los ojos cerrados. Me asusté porque de pronto la mujer me agarro del brazo y con la otra mano me apuntó una humilde vivienda. ¿Volteé a verla? Y le dije que no se preocupara porque la aplicación me señalaba el lugar exacto donde debía de parar. Llegamos y como había sido un pago por medio de la tarjeta, se bajó y de inmediato se metió a la casa. Por recomendación de Uber, Voltea al asiento trasero para revisar que no olvidara sus pertenencias.

35:34 Entonces me di cuenta que había dejado su regalo. Para no hacer muchos movimientos en la aplicación, decidí bajarme y entregar el objeto olvidado. Cuando lo tomé fue como agarrar un pedazo de hielo, por eso lo revisé en el regalo. Estaba escrito feliz Día de Reyes, pero decía enero de 1999. Aunque me pareció extraño, no eran cosas de mi incumbencia ni tenía porque cuestionar. Toqué varias veces en la cerca hasta que salió una persona mayor. Me preguntó desde la puerta de su casa que deseaba y le expliqué que la muchacha que acababa de entrar había dejado olvidado un regalo. Se sorprendió un poco.

36:25 Luego, caminando hacia mí, me preguntó extrañado, que muchacha, le dije la joven de blanco y levanté el regalo para que lo viera. El señor se acercó, entonces se lo entregué. Estaba por retirarme. Cuando aquí el señor me preguntó cómo era la mujer, se la describí a detalle. Entonces me dijo que era su nieta todos los años. El Día de Reyes hacía lo mismo, le llevaba ese regalo, pero que aunque yo no lo creyera, ella tenía muchos años de muerta. Sonreí, incrédulo, le dije.

37:06 Los muertos no regresan. Entonces el señor me contestó, muy serio, que podría creer o no. Ese era mi problema. Se dio la vuelta con el regalo en sus manos, caminó despacio hasta la casa y se metió. Yo regrese a mi auto y me retiré de ahí. La verdad. Pensé que esa persona estaba mal de sus facultades mentales, como lo había decidido. Ese fue mi último viaje de la noche. Aunque me había quedado sorprendido por lo que me acababa de pasar, me acosté al día siguiente. Sólo sería un recuerdo. Me encontraba durmiendo cuando tuve la misma sensación que sentí cuando llevaba a esa muchacha a su casa. Entonces abrí los ojos, aunque no veía a nadie. Sabía que esa chica estaba ahí, la podía sentir entre la oscuridad de mi habitación.

38:02 La verdad, me daba miedo verla. De pronto escuché una voz que me dijo, Dile al abuelo que ya son muchos años. Necesito que abra el regalo para poder descansar de un salto. Me bajé de la cama y me fui para la sala de rato. Salió mi papá de su recámara y me preguntó qué pasaba al platicarle. Fue y revisó todo el cuarto. Como no encontró nada, me dijo que seguramente me lo había imaginado. Le dije que estaba bien, aunque yo sabía que no era así. A pesar de que el resto de la noche no sucedió nada, yo seguía angustiado.

38:48 Al siguiente día fui aquella vivienda a darle el recado de la chica al verme. El señor me preguntó Molesto qué era lo que quería. Entonces le dije que su nieta le mandaba decir que abriera el regalo para poder descansar. Me miró muy feo, sin decirme nada. Se retiró pensando quizá que se trataba de una broma. Puedo decirlo así ahora el incrédulo era yo, o al menos así lo sentía. Ese día transcurrió normal e incluso cuando trabajé en la noche todo estuvo tranquilo. No me esperaba que de nueva cuenta, cuando ya dormía, me despertó de nuevo aquella sensación.

39:33 La misma voz me volvió a pedir que le dijera al señor que abriera el regalo. En esa ocasión fue todavía más terrible porque llegué a ver una silueta sabiendo que esa muchacha se me seguiría apareciendo hasta que su abuelo abriera el regalo. Fui de nuevo a decirle lo que quería su nieta. Se lo tuve que pedir de muchas maneras, hasta que me aseguró que lo haría. Esa noche ya no sucedió nada. Seguramente aquel señor por fin me creyó y abrió el regalo. Obviamente no supe qué contenía, pero lo que sí puedo asegurar, sin temor a equivocarme, es que los muertos sí regresan. Querida familia del Inframundo, espero que estas historias hayan sido de tu total agrado.

40:30 ¿Ahora le dejo la pregunta, como ya es costumbre, usted qué haría si durante un viaje aparentemente normal comenzara a notar que algo no está bien con sus pasajeros o con el conductor? Si alguna de estas historias le movió algo por dentro, hágamelo saber en los comentarios. Me interesa leerlos. No olvide suscribirse si es nuevo, compartir este video con alguien que use Uber, taxi o transporte público. Y recuerde que si usted tiene una experiencia que quiera contar, puede enviarla al correo que está apareciendo en pantalla sin más.

41:10 Por el momento me despido. Y tenga cuidado, porque no todos los viajes terminan cuando se llega al destino hasta la próxima.