NO DES AVENTON / 5 HISTORIAS de TERROR REALES de TRAILEROS
Inspirado en testimonios reales de México y Estados Unidos.La carretera es un mundo aparte…Donde el silencio puede esconder gritos, y la soledad es apenas una ilusión. En este nuevo volumen, recopilamos relatos reales de traileros que han vivido lo impensable: desde apariciones en la Curva del Diablo, hasta almas errantes que buscan un último aventón.Estas son historias contadas desde la cabina del tráiler, en medio de la noche, donde lo paranormal se mezcla con el rugir del motor.Prepárate para vivir cinco experiencias que jamás olvidarás.
00:00 INTRO00:43 NO DES AVENTONES – DONOVAN ACUA08:36 LAS MONJAS DE LA CURVA – MARISOL BENITES17:08 EL VIEJO – GILBERTO LUNA23:35 LA CAPILLA – DIEGO ALCALA31:53 CARGA DE NAHUALES – GEREMIAS ACEVEDOTemas de este episodio
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0:06 Hay sucesos que continúan repitiéndose incluso mucho tiempo después de terribles accidentes ocurridos en ciertos tramos carreteros, otros parecen perseguir a quienes apenas comienzan en este oficio. Historias que aunque. Algunas suenen increíbles forman parte de las vivencias que solo los traileros conocen. Le invito, querido infra escucha a darle un gran sorbo a su taza de café y escuchar estas experiencias vividas por los traileros, esto es, Inframundo no desaventones, basado en la anécdota de.
0:56 Donovan, agua adaptado por la tenebrosa muy buenas noches, comunidad Inframundo me presentó. Mi nombre es donovan. He sido camionero desde los 20 años y hasta la fecha lo sigo siendo. Un trabajo que me relaja y me lleva a conocer lugares de Estados Unidos. Fui en uno de mis viajes por esos ya lejanos 1997. Me consideró un hombre sencillo, trabajador, una buena persona, de esos que creen en hacer el bien, sin mirar a quien pasé media vida recorriendo carreteras, apreciando amaneceres y atardeceres.
1:45 Me detengo cuando algún colega tiene problemas. Ayudar siempre me ha dado una satisfacción que me mantiene tranquilo, obvio, sin esperar que hagan lo mismo si me llega a ocurrir a mi para finales del mes de agosto. Era alrededor de las 4:00 de la tarde y me dirigía a dejar una carga de varillas. Iba tan absorto en mis pensamientos que noté que a unos metros más adelante había varias luces intermitentes. Era un accidente. Los restos del autobús todavía humeaban y varias personas se habían acercado al sitio. Bajé la velocidad al pasar junto a ellos. Mi vista se cruzó con decenas de rostros asustados, cansados, pero hubo 2 que estaban separados de las demás personas. Cabe aclarar que algunos se miraban con heridas en sus cuerpos, pero ellos no.
2:48 Era una pareja, un matrimonio de gente mayor, vestidos con sencillez, parados, al borde de la carretera. Ambos levantaron la mano pidiendo un aventón. No sé qué me impulso a frenar justo frente a ellos. Les pregunté si estaban bien y ellos solo respondieron. Si podía llevarlos les indique que sí. Pero desde el momento en que subieron a la cabina, el ambiente cambió. El aire se volvió denso dentro del lugar, como si todo el calor del día hubiera decidido marcharse sin previo aviso. La pareja se sentó en silencio.
3:32 No dijeron palabra alguna, pero sus rostros estaban marcados por una tristeza que les calaba hasta el alma. Intenté hacerles una charla amena, pero parecía que el par de ancianos estaban concentrados en sus pensamientos. No quedó de otra que concentrarme en la carretera. Me comentaron que iban a Pittsburgh. Aunque la charla era un poco amena, yo estaba más concentrado en salir del lugar del accidente. A medida que nos alejábamos, hubo momentos que me daba la impresión de que los sonidos habituales del tráiler parecían lejanos. Ya saben, como cuando los oídos de uno se tapan, me sentí un poco mareado.
4:22 Fue cuando, de sopetón, regresó el sonido. El anciano me estaba hablando preguntando si todo estaba bien. Yo sólo asentí con la cabeza. Les pregunté si vivían en Pittsburg, a lo que respondieron que no. Uno de sus hijos vivía allí y su nieto sería ingresado muy temprano a cirugía. Por eso viajaban en el autobús. Pero por desgracia sucedió el accidente y ellos querían simplemente llegar temprano para estar con su nieto. Les aseguré que yo le llevaría con bien que no se preocuparan. Fue cuando la anciana, con voz muy triste, comentó que el chofer del autobús había prometido lo mismo.
5:08 Algo nervioso por ese comentario, le dije que lo importante era que llegaran a su destino. A medida que nos acercábamos a la ciudad, una extraña inquietud empezó a apoderarse de mí. Me di cuenta entonces de que no podía escuchar sus respiraciones. Aparte de que el aire adentro de la cabina olía distinto al olor, indistinguible del metal, similar al hierro o a la sangre, justo antes de llegar a la entrada de la ciudad, sin previo aviso, la frialdad aumentó. Entonces vi girar lentamente la cabeza del anciano hacia mí. Su rostro seguía igual de triste. Sus ojos eran negros como el mismo vacío. El pobre anciano me dio las gracias por haberlos traído frente a mis ojos y en completo silencio, sus cuerpos comenzaron a desvanecerse.
6:07 Primero sus rostros se volvieron traslúcidos, luego sus manos, sí. Finalmente el resto de sus figuras desapareció por completo. Sentí como el corazón se me detenía por 1 segundo. No podía creer lo que acababa de presenciar. El asiento donde habían estado estaba manchado de un color oscuro. Sabía perfectamente lo que era. Repentinamente me embargó la tristeza. Estos 2 ancianos no la libraron. Habían fallecido en el accidente. Me hice preguntas en mi cabeza. ¿Cuántas personas de las que estaban a la orilla de la carretera estaban vivas o eran nada más que no asimilaban lo sucedido? Me percine y seguí conduciendo hasta los almacenes. Ahí dejaría el tráiler hasta que lo descargaran. Ni siquiera supe sus nombres ni el de su nieto, además de que no podía presentarme y decir a su hijo lo que me había sucedido con sus padres.
7:17 Me hubiesen tachado de loco. Además, suficiente tendrían con el dolor de haber perdido Asus padres y la operación de su hijo. Cuando llegué me fui a reportar con el guardia para que me diera acceso la guardia. Me miró y me preguntó si estaba bien. Le contesté que sí, pero después le pregunté si creía en los fantasmas. Ella sonrió y me dijo que era una mala idea andar dando aventones a las apariciones de la carretera. Supe de inmediato que ella entendería lo que me había sucedido, pues me pidió que le contará. Ella estuvo de acuerdo conmigo en que era mejor que quedara como una experiencia más, además que había hecho una buena obra. Pues ayude a esos 2 pobres ancianos. A llegar de alguna manera su destino, además que me recomendó que no buscara a los dolientes que dejara las cosas, así lo hice y es por ello que se los comparto de regreso. Por inercia volteé a ver el sitio del accidente, ya no había rastro de lo acontecido, sólo flores señalando lo que había sucedido el día anterior.
8:44 Las monjas de la curva del diablo, basado en la anécdota de Marisol Benítez. Muy buenas noches Alejandro. Mi nombre es Marisol Benítez. Lo que les voy a contar fue una experiencia de mi abuelo Heriberto. Desde que tengo memoria contaban que mi abuelo fue un hombre de carretera, pero tuvo un accidente que lo imposibilitó. A seguir de chofer de un camión de carga cuando era niña en las reuniones familiares o durante esas tardes en su taller me contaba historias de sus viajes, algunas eran divertidas, otras tristes y luego estabanesas que nunca hasta la fecha he podido olvidar. Es una de esas que se te quedan ahí, como una película en la memoria.
9:41 La historia de las monjas en la llamada curva del diablo se acomodaba debajo de algún auto que estaba reparando yo le ayudaba a pasarle las herramientas con vos, tranquila, siempre iniciaba su historia de la misma manera, describiendo el sitio como si todavía lo estuviera mirando. Aquella curva está en un tramo solitario perdido entre el cerro. Donde la neblina cae como un velo sucio que lo cubre todo, incluso cuando no es temporada. Todos decían que esa curva estaba maldita, siempre había accidentes, muertes y uno que otro sobreviviente.
10:28 En sus alrededores los árboles se inclinan como si quisieran apartarse del camino y el aire frío anunciando alguna tempestad. Mi abuelo decía que los animales no cruzaban por ahí, que ni siquiera los grillos cantaban cerca de esa curva. Era un sitio donde la carretera parecía tener vida propia. Antes de llegar a ella se sentía que algo malo se le viene a uno encima. No era miedo, era otra cosa, una corazonada, como de esas que avisan que va a suceder algo muchos años atrás.
11:08 Cuando él todavía era joven y comenzaba a conocer las rutas más alejadas de la ciudad de donde él vivía, ocurrió algo que nunca pudo olvidar. Fue una noche larga, de esas que no tienes con quien platicar y la única compañía era la Luna. Apenas si se notaba sumarse por entre las nubes, el motor de su camión era lo único que rompía el silencio de aquel camino. Hasta que algo lo obligó a detenerse frente a él, una combi accidentada bloqueaba parte de la carretera era blanca con los costados marcados por un nombre de convento que él reconoció rápidamente. Al acercarse se dio cuenta que había cuerpos tendidos junto a los restos del vehículo.
12:02 Eran monjas vestidas con sus hábitos grises. Algunas cubiertas de sangre, otras inmóviles. Mi abuelo se apresuró a ayudar, pero había poco que pudiera hacer. Una de ellas, la que parecía estar en peor Estado, logró sostenerle la mano. Él contaba que nunca olvidó la temperatura de esa piel helada y la expresión de sus ojos abiertos de par en par, mirando algo más allá de la negrura de la noche. Con dificultad le transmitió un mensaje, algo que se quedó grabado en su mente, el diablo había estado allí.
12:47 No era un accidente común, algo que por imprudencia de algún conductor provocara aquella curva, según la monja moribunda. Según esta, el mismo diablo las había embestido y sacado del camino. Comenzaron a rezar y de milagro no se desbarrancaron. Preguntaba por sus hermanas, pero el abuelo le dijo que todos estaban bien, aunque hizo lo posible. La suerte de las monjas ya estaba echada. Una a una fueron dejando de respirar y cuando llegó la ayuda no quedaba ninguna con vida.
13:28 Desde esa noche la curva del diablo no volvió a ser la misma. Mi abuelo decía que los constructores evitaban pasar por ahí. Después de cierta hora de la noche, nadie transitaba por la madrugada. Todos hacían parada obligatoria en los pueblos o gasolineras. Los que no podían hacerlo juraban haber visto cosas que les erizaban la piel. Algunos aseguraban que una combi blanca reaparecía de la nada y se precipitaba al vacío en esa misma curva. Desapareciendo antes de tocar el fondo, otros que la combi se descontrolaba y quedaba con las llantas hacia arriba. Otros decían que varias figuras vestidas de monjas se plasmaban a un lado de la carretera, siempre en el mismo sitio, justo antes de llegar a la curva, como si quisieran advertir a los viajeros de lo que se escondía más adelante. Revelaciones que hacían más inquietantes las historias de aquella tragedia.
14:37 Nunca cambió la historia, como les conté, así como adornarla ni buscar explicaciones de lo que verdaderamente vieron las monjas aquella maldita noche. Una vez le pregunté qué era lo que más recordaba de aquel accidente. Él siempre decía que el rostro de la monja en sus brazos. Con los años, los relatos de los traileros taxistas, viajeros solitarios comenzaron a coincidir con lo que había vivido el abuelo Heriberto, esa combi blanca que se aparecía entre la niebla como salida de otra década.
15:18 Algunos incluso intentaron detenerse a ayudar solo para ver como el vehículo se desvanecía frente a ellos. Se iban rápidamente uno de ellos. Le contó al abuelo que recordaba haber visto a las monjas de pie, junto a la carretera, inmóviles, con la mirada fija en los conductores que pasaban. Nadie podía describirlas con claridad. Era como si las figuras se desdibujaran al intentar enfocarlas verlas detalladamente. El abuelo me aseguró que en la curva del diablo. No solo andaban penando las pobres almas de las monjas, sino que hay otras que fallecieron antes o después de ellas. Ese lugar está cargado de miedo y tristeza. Yo crecía escuchando esas historias y en mi adolescencia intentaba no creer.
16:16 Siempre le pedía que me contara esa historia, pero por su edad decía que había algunas en su memoria y casi no recordaba lo sucedido una vez, siendo ya mayor. Pasé por esa carretera buscando la curva del diablo. La verdad. Hubo un momento en que mejor quise rajarme, pues a unos 500 m el aire ya se sentía más denso. Los árboles parecían más bien unas garras con sus ramas ya secas. Cuando llegué a la famosa curva bajé la velocidad casi por instinto, buscando algún alma en pena el deseo de ver a las monjas, pero.
16:58 No sucedió nada. Lo que sí les puedo asegurar es que el sonido del viento pareciera traer los lamentos de aquellos que perecieron en accidentes justo en la curva del diablo, el viejo historia de terror escrita y adaptada por la tenebrosa, muy buenas noches, Inframundo. Mi nombre es Gilberto Luna y esta es mi experiencia. No todos los ancianos son dulces, amables y tiernos. Eso lo comprobé en uno de mis viajes a Oklahoma.
17:41 Soy tráilero desde el año 2002 y contando empiezo contándoles que aún recuerdo bien aquella tarde en que tomé la ruta. Ese era mi primer viaje largo por Nevada, solo si nadie como acompañante. Las carreteras parecen una recta interminable, una línea de asfalto que se pierde entre los desiertos y cerros secos, a veces sin señales de vida. Antes de salir, los veteranos me habían advertido sobre no dar ningún aventón menos a un viejo que siempre está a las afueras de una gasolinera en la salida de Las Vegas.
18:23 Es un viejo que camina en solitario a un costado de la carretera, siempre en el mismo tramo. No dijeron mucho más, sólo eso. No le des raite al viejo. Al principio no le di importancia, una broma que se le hace al novato de la empresa. Me Subí a mi tráiler y me dirigí a mi destino con la carga en la caja. A las pocas horas pasé justamente por donde me habían dicho, pero ahí no se encontraba el viejo. Me comencé a reír diciéndome que me habían chamaqueado. Caí como un novato ante una broma, así que cargue el diésel y nuevamente inicié con mi camino.
19:08 Apenas si eran las 2:00 de la tarde cuando salí de Las Vegas. Había recorrido 2 km cuando a lo lejos se veía una figura que se recortaba contra el horizonte de pie junto a la carretera. Por un momento pensé que era espejismo del desierto, el brillo del calor de ese día, pero a medida que me acercaba me di cuenta que era un hombre anciano. Con la ropa gastada y el sombrero echado hacia abajo, levantaba el brazo de forma lenta. Como si le costara hacer ese movimiento. Tal vez el anciano sabía que no tenía que hacer esfuerzo alguno para conseguir que alguien se detuviera y sin pensarlo comencé a reducir la velocidad. El anciano subió a la cabina y se sentó a mi lado. Era un viejo con la piel quemada por el sol, los ojos pequeños y las manos agrietadas por años de trabajo. La verdad es que su presencia no resultaba amenazante. Al principio me dijo llamarse Sany era de la tribu navajo y su nombre significaba viejo.
20:21 Le pregunté qué hacía tan lejos de su reserva, a lo que me confesó que había sido echado desde hacía algún tiempo y que cada año tenía que recorrer esos caminos para llegar hasta la reserva. Esto para saber si por fin obtendría el perdón. Le pregunté qué había hecho. El guardó silencio por un buen rato. Lo dejé, no insistí, pero al cabo de un rato más me comenzó a contar el motivo por el cual tuvo que salir del lugar donde nació y creció, pues él se enamoró de una joven que no era de su tribu. Para poder irse con ella hurtó algo muy preciado y lo mal, dijeron.
21:05 Solo lo perdonarían si lo devolvía, pero por la necesidad de sacar a su familia de la hambruna tuvo que venderlo a un coleccionista. Así que para él era algo imposible volver a conseguir el objeto. Por eso hace ese largo viaje para obtener el perdón y poder descansar en las tierras de su gente. Las palabras del viejo me conmovieron hasta los huesos. Yo vengo de padres mexicanos. Y para nosotros es muy importante la familia, nuestras raíces, a pesar de vivir en otro país. Le pregunté por su familia y él me contestó que todos habían fallecido.
21:48 Su primogénito falleció en la Guerra del Golfo, su esposa tuvo cáncer muy agresivo. Su hija pequeña tenía algunos años que también había partido. Así que a él solo le quedaba buscar el indulto para poder descansar con los suyos. Por desgracia, yo no llegaba más allá de donde el viejo iba. Así que a las pocas horas de camino, el pobre viejo tuvo que bajar del tráiler y esperar a otro camión o algún auto que se compadeciera de él. El anciano me dio las gracias. Y me dijo que en todo el tiempo que llevaba en esa carretera nunca había llegado tan lejos. Comenzó a caminar con su paso lento y cansado. Sentí que mi sangre se me congeló cuando vi cómo el viejo se desvanecía ante mis ojos.
22:43 Aquel hombre era un espíritu de esos tantos que hay en las carreteras. Le metí el pie al acelerador y me alejé de ahí como alma que lleva el diablo. No quise contarle a nadie lo sucedido, solo a un camarada que ha sido mi amigo desde hace muchos años. Él me contó que, en efecto, aquel viejo es un fantasma que deambula por ese tramo carretero. Alguien lo arrolló y no se detuvo a auxiliarlo. Se cuenta que los coyotes se alimentaron del cuerpo del viejo. Yo le conté lo que me había dicho y la verdad tiene mucho de cierto, pues algunos regresan a pasar sus últimos días en los lugares donde nacieron y crecieron. Por desgracia para sanny el viejo, eso no pasó, pues faltaba mucho para llegar a su reserva navajo, la CAPILLA basada en la anécdota real de Diego Alcalá.
23:52 Muy buenas noches, Inframundo, he escuchado tu canal por alrededor de 5 años. Lo que más escucho son las experiencias de mis colegas. Traileros, mi nombre es Diego Alcalá, transporto, granos de trigo, maíz, entre otros. A los graneros. He viajado desde el norte hasta el sur de mi México. Aunque siempre había creído que todo lo que no se pudiera tocar o explicar no tenía sentido. Pero llega un momento en la vida que te das cuenta que no eres inmune a este tipo de situaciones. Mi vida siempre ha transcurrido entre viajes largos, camiones pesados y el polvo de las carreteras.
24:39 Con los años había aprendido de las costumbres de ciudades y pueblos. Desde niño siempre he visto altares que algunos levantaban a un costado del camino, señalando que en ese sitio había fallecido alguna persona. Respetar que ese había sido su última morada era el mes de junio del 2016. Aquella mañana llegué a una bodega enorme a las afueras del Estado de Sinaloa. Todo el lugar se impregnaba. Al olor del grano almacenado en ese tiempo se estaba almacenando toneladas de trigo y sorgo.
25:23 Entré con mi tráiler sin fijarme demasiado, con la prisa por descargar y largarme al dar la vuelta en una de las maniobras sentí como algo crujió bajo el peso de las llantas. Escuché los gritos de los trabajadores y me bajé para revisar. Creyendo que había algún pobre perro o algo que estaba en el camino y no lo vi, había tirado una pequeña capilla que se encontraba junto al andén. Se notaba un altar humilde, hecho de bloques, pintura, descascarada y veladoras apagadas.
26:04 ¿La verdad es que me causó gracia y comencé a reír y preguntar a quién demonios se le había ocurrido poner esa capilla allí? Me acerqué porque nadie decía algo, me asomé y vi que dentro había una figura de la santa Muerte. Esta estaba caída del lado, con su túnica resquebrajada y algunas flores marchitas esparcidas alrededor. No le di importancia con la mano hice una señal, era como si me valiera madres que no me iba a preocupar, pues para mí la santa Muerte. Representaba un santo para los vagos, los malhechores.
26:46 Al ver mi reacción, algunos empleados que vieron lo que hice se acercaron, les noté una mezcla de molestia y comenzaron a reclamarme, pero no quise escuchar, sólo dijeron que debía repararla, que no debía dejarla así. Pero yo, terco, necio como era, solté una risa y seguí con lo mío. Pero no pasaron muchos días antes de que las cosas se torcieran en mi vida, tanto en lo personal como en lo laboral. Primero fueron pequeños percances en carretera las llantas reventadas en tramos rectos, el motor fallan 2. En razón aparente luces que se apagaban en la oscuridad, luego cargas que se caían de los remolques. Esto me hizo tener problemas con los clientes y mis jefes. Llamándome a deshoras, situación que nunca me había pasado, las noches se volvieron eternas, sintiendo una extraña incomodidad al dormir.
27:48 Pesadillas recurrentes en las que veía el rostro de la muerte. Parecía un apestado porque mis compañeros empezaron a alejarse. Ya no compartían café conmigo en las gasolineras, ni me hacían plática en las paradas. Y la neta es que sólo faltaba que un perro me meara de lo mal que me estaba yendo en casa. Las cosas tampoco iban bien, los problemas parecían multiplicarse. Sin razón, mi esposa tuvo a nuestros 2 hijos y se largó con su madre. Cuando estaba solo, los electrodomésticos dejaban de funcionar facturas atrasadas. Todo a mi alrededor parecía desmoronarse lentamente e irse al mismísimo infierno.
28:35 Pasaron alrededor de 2 meses así hasta que mi madre, al verme tan desmejorado, pues estaba por perder mi empleo, me tomó del brazo y me habló con una seriedad que no había visto en ella. Antes me preguntó qué era lo que me estaba sucediendo. Le conté que tenía problemas con mi mujer en el trabajo y que veía una de la muerte acechándome y esto me tenía al borde del colapso. Nervioso, ella me preguntó si yo le había ofrecido algo a la santa Muerte, a lo que negué, pues no soy devoto de ella. Mi madre me dijo que a lo mejor ella quería que le rindiera culto. Me aconsejó que si la veía nuevamente o la soñaba, que le preguntara qué era lo que quería. A la tercera noche que estuve en casa de mi madre, soñé con la muerte.
29:30 Veía la gravera y la capilla que había destruido con la caja del tráiler. Me desperté de sopetón y supe que quería que pagara el daño que le hice en el altar. En la mañana fui a comprar el material necesario para cuando me enviaran nuevamente al granero. Parecía que mi suerte iba a cambiar. Pues esa misma semana regresé a la bodega. Créanme, no fue fácil. Sentí un nudo en la garganta. Al entrar de nuevo me dirigí a ese sitio exacto donde había aplastado la capilla. Los empleados me miraron en silencio, como si esperaran ese momento.
30:11 Mientras me descargaban, comencé a levantar de nuevo al pequeño santuario con manos torpes y temblorosas. Don Raúl, uno de los encargados, llegó con una nueva imagen de la santa Muerte. Ellos sabían que tenía que regresar. La niña me hizo regresar, la coloqué en la capilla y una vez terminada ésta, se encontraba con su guadaña y su túnica impecable, justo como la había visto en mi sueño. No supe cómo pedir disculpas. No estaba acostumbrado a esas cosas. Pero ahí, de pie frente a ella, entendí que no se trataba de otra cosa, sino de respeto, de reconocer que los demás tienen sus creencias, aunque no sea parte de lo que uno entiende.
31:03 Desde entonces las cosas cambiaron, los viajes volvieron a ser como antes. El tráiler ya no volvió a presentar fallas mecánicas. Los encargos se entregaban completos. En casa todo empezó a acomodarse y mi esposa regresó con los niños. Quiero decirles que aunque reparé la capilla, no soy devoto de la santa Muerte. La respeto, pero hasta ahí trato de no volverle a faltar al respeto, no sólo en el granero, sino también en las capillas que se encuentran por las carreteras. Hasta el día de hoy sigo manejando mi tráiler. Tus historias son mi compañía y la verdad es que no me gustaría que una bruja o un nahual me salga al paso por la carretera. Saludos y buenas noches también a todos los traileros, carga de nahuales, basado en la anécdota de jeremías acevedo. Cuando pasas tanto tiempo en carretera como yo, empiezas a escuchar historias.
32:17 Desde apariciones, almas en pena que se llegan a subir a los camiones, otros hablan de apariciones en la niebla, otros más de luces que lo siguen en la noche. Pero hay relatos que te hacen dudar de la realidad misma. Lugares que una vez. Estuvieron a un lado de la carretera, pero que hoy en día ya no existen y ese fue mi caso. Saludos a toda la Comunidad. Inframundo, mi nombre es jeremías Acevedo, tengo 53 años y fui camionero por alrededor de 7. Me fue muy bien, me compré mi propio camión, el cual después pude hacerme de un tráiler.
33:04 En este es en el que hice largos viajes desde el norte al sur y viceversa. Desde hacía años me he ganado la vida como camionero, transportando todo tipo de mercancías, desde muebles, maquinaria, incluso ganado en algunas ocasiones, pero nunca había llevado una carga tan peculiar como la que me habían encomendado en el año 2001. La mayoría de mis viajes fue a lugares que no están dentro del mapa, caminos empedrados de terracería, pero aún así no me negué a hacerlo y esto para mí fue satisfactorio.
33:47 Quería hacer cada viaje que me salía, pero hubo algunos que me negué y no eran porque era poca la ganancia. Al contrario, esos viajes eran peligrosos. Sentí que posiblemente no regresaría con vida al lado de mis padres. A todo aquel que le cuento esta historia no me cree. Suelen decirme que estaba cansado y con sueño por el largo viaje que hice, que la compañía de aquel anciano no fue buena. Otros me dicen que estaba bajo el efecto de alguna sustancia ilícita y que todo fue producto de mi imaginación. Pero les puedo jurar que ninguno de esos comentarios es cierto. Fue para finales del mes de octubre del mismo 2001 cuando me llamó un señor del Estado de Oaxaca. Su nombre era Rómulo, él era oriundo de maninaltepec o eso era lo que él contaba.
34:45 La petición fue algo extraña, se trataba de transportar animales desde cerdos, burros, gallinas y un perro. Al principio me negué, pues la caja de mi camión no estaba adaptada para el transporte de animales, pero el anciano insistió por alrededor de 2 semanas, elevando cada vez más el monto del pago. Yo para que desistiera, le dije una cantidad más elevada, creyendo que según yo, don Rómulo no aceptaría, pero en cambio me dio indicaciones del día, el lugar y la hora en que me presentaría. Ya no hubo manera de rajarme, pues me depositó más de la mitad del dinero acordado, el pueblo donde me esperaban.
35:33 Ahí vivían unos familiares de los cuales se iba a despedir, pero aquello me pareció extraño, pues cuando llegamos no se encontraba nadie excepto 2 hombres y los animales que trasladaría algunos se encontraban ya en jaulas. Excepto el burro que se encontraba amarrado al igual que un enorme perro negro, el anciano y los hombres se cercioraron de que la caja estuviera seca y que se sellara cuando los animales estuvieran en ella. Con esfuerzo subieron al tráiler varias jaulas cubiertas con lonas gruesas. No sé qué clase de animales eran. 7 de los animales los colocaron al final del remolque, pero las gallinas, los cerdos y 2 vacas fue lo último que subió el anciano. Cabe aclarar que al inicio fue algo extraño, pues él se negó a que yo subiera los animales.
36:36 Me dijo que para él eran algo especiales y que se encargaría de que estuvieran cómodos para el largo viaje. La comida para las aves, las vacas y los cerdos fue lo que llevamos, pero se me hizo extraño que el alimento para los otros no lo subió. Como ya no era cosa mía, no quise hacer enfadar al anciano, pues esa gente tiene sus costumbres y no es de su agrado que un extraño les diga lo que tienen que hacer. Antes de iniciar el viaje, el anciano me entregó una dirección escrita a mano. Y me hizo una única advertencia, no debí acercarme demasiado a la carga ni prestar atención a los sonidos que pudiera escuchar.
37:25 El viaje transcurrió sin contratiempos. Pasamos por caminos solitarios, evitando las rutas principales. El viejo sabía de rutas que llevaban de una Comunidad a otra hasta que salimos de Oaxaca. Y fue que tomé la carretera. Lo extraño era que, a pesar de atravesar varias zonas con retenes militares y de policía, nadie nos detuvo. Era como si no nos hubieran desde un inicio. En el remolque se escuchaban sonidos extraños. Quise detenerme en varias ocasiones, pero el anciano me dijo que no lo hiciera. Insistía en que no quería que su carga se me muriera en el trayecto, pero el me aseguró que sus animales estaban más que bien.
38:19 Nos deteníamos a descansar y el viejo subía a la caja y alimentaba a los animales. En ocasiones se quedaba dormido adentro y temprano por la mañana se daba un buen baño. Note que en ocasiones también su ropa tenía manchas oscuras. Supe que se trataba de sangre, pero cuando le quise hacer el comentario sólo me miraba y contestaba que no era nada, que eran figuraciones mías. El viaje se me hizo eterno y más porque nos deteníamos por la noche. Duramos 2 días en llegar a nuestro destino.
39:01 La segunda noche noté que aquella carga eran más que animales, pues del remolque salían unos sonidos extraños. No eran los ruidos que emiten los animales, estos parecían más bien rugidos de bestias. También empecé a notar un olor peculiar que salía del remolque, una mezcla entre Tierra húmeda y algo más. Algo que me hacía sentir incómodo, el olor inconfundible a sangre. Don Rómulo se dio cuenta que yo me comenzaba a poner nervioso y fue cuando me comenzó a contar historias de su pueblo.
39:45 Llegamos al Estado de Durango y es aquí donde pasaríamos un día y una noche. Yo me sentía muy cansado, así que me preparé un café. Pues a pesar del cansancio, no podía conciliar el sueño. Eran alrededor de las 6:00 de la tarde y mientras el anciano dormía, fue cuando escuché un ruido en la parte trasera del camión, un gruñido bajo, seguido de un golpeteo constante contra las paredes del remolque. Pensé que tal vez los animales estaban inquietos por el movimiento, pero algo en esos sonidos me provocaba un escalofrío. Que ya no podía ignorar.
40:30 Me acerque a la caja para cerciorarme de que todo estaba bien. A mitad de la caja noté que algo chorreaba con una franela. Intenté limpiar, pero me llevé una sorpresa desagradable cuando me di cuenta de que eso se trataba de líquido vital. Y no sólo eso, escuché algo similar a un murmullo dentro del remolque. Me acerque con cautela. Y lo que escuché me dejó paralizado, cuchicheos, entrecortados, como si dentro del remolque hubiese personas asustado. Fui a despertar al anciano. Le dije que alguno de sus animales estaba herido, muerto. Le mostré la franela, además de que estaba seguro que había alguien en el remolque.
41:19 Me dijo que no me preocupara, que mejor me subiera a la cabina y que él, como siempre, se encargaría de sus animales. Pero antes de descender del camión me pidió que esa noche no bajará ni siquiera a hacer mis necesidades. Me entregó un crucifijo de plata y me pidió que lo colocara a un lado de la puerta. Él colocó otro y cerró con fuerzas la puerta. Ya había oscurecido. Cuando sentí un movimiento muy fuerte y observe el espejo retrovisor de la caja, VI como aquel enorme perro negro se perdía entre Los Pinos que se encontraban rodeando el claro del Aparcadero. Quise bajarme para saber si el anciano se encontraba bien, pero el miedo no me dejó moverme.
42:12 Vi cómo éste estaba parado a un lado de la caja. Pero aun así no me sentía tranquilo. No supe que hora era cuando sentí un movimiento en la caja. El perro había regresado y don Rómulo cerraba el remolque. Me miró muy sonriente, como si disfrutara mi miedo. ¿No le entregué el crucifijo? Pues quizás eso sería lo único que me ayudara en lo que quedaba de trayecto, pero. Ya no nos iríamos por la carretera federal, sino que nos iríamos por la sierra. Senderos que el anciano me iba señalando, el trayecto cada vez se me hacía más largo y más incierto, ni el dinero que me había pagado el anciano valía la pena. Ese maldito viejo me había ocultado que era lo que realmente estaba trasladando, pero la cosa se puso peor cuando llegamos al estado de Chihuahua.
43:11 Unas camionetas nos cerraron el camino. Un grupo de hombres armados apareció de la nada y nos obligó a detenernos. Eran alrededor de uno, 6 o 7. Nos veían con desconfianza mirando a don Rómulo, quién se mantenía tranquilo, mientras que a mí me llevaba el diablo. Me pidieron que bajara y abriera el remolque. Miré al anciano esperando instrucciones. Y él, sin inmutarse, me ordenó que obedeciera, pero que me alejara cuando abriera la puerta con las manos temblorosas, destrabé los seguros y jalé la puerta trasera.
43:55 Un hedor aún más fuerte. Me golpeó el rostro, casi obligándome a retroceder. Los hombres encendieron sus linternas y apuntaron al interior. Se encabritaron cuando vieron que eran animales. Uno de los tipos me dio un golpe que me hizo caer al suelo. Entre risas decían que se darían un buen festín con esos cerditos. Comenzaron a subirse al remolque mientras yo yacía en la Tierra. Lo que vi en ese momento hizo que la sangre se me helara en las venas. Unas figuras encorvadas cubiertas de un pelaje con extremidades largas y deformes. Sus ojos brchaban y con un gruñido le arrancó la cabeza de un golpe.
44:44 Uno de los hombres maldijo en voz baja y dio un paso atrás, como si de pronto entendiera el peligro en el que se encontraba. Pero para ellos ya era demasiado tarde y quizás también para mí era el perro negro. Reconocí de inmediato. Cuando estaba fuera de la caja, sin previo aviso, se amalanzó contra la puerta abierta. La cadena que sujetaba la jaula se tensó de golpe, evitando que alcanzara los hombres que ahora retrocedían con el terror reflejado en sus rostros. La criatura emitía un sonido de un animal que está apunto de acabar con lo que tenía frente a él.
45:26 Como si nada destrozó a 2 de los hombres, los otros corrieron hacia sus camionetas. Y desde donde me encontraba escuchaba los gritos de los infortunados. El perro traía a uno de ellos arrastrando y lo subió al remolque. Escuchaba los gritos desesperados y dolor. De pronto el silencio fue total. Don Rómulo me ayudó a levantarme y por miedo de que aquello fuera a salir y terminar conmigo, cerré el remolque con mis manos temblorosas. Sentí como mi pulso se aceleraba y mi cuerpo temblaba sin control.
46:07 No quise mirar al anciano, no quise hacer preguntas, tenía que calmarme y llegar lo más rápido a mi destino. Ya no quería saber nada de esa carga y del viejo miserable que me había engañado con unos animales sacados de las peores pesadillas. Sin decir palabra alguna, Subí al camión y arranque lo más rápido que pude. El resto del trayecto. Lo hice en silencio, sabiendo de aquella cosa detrás de mí, escuchando sus movimientos dentro de la caja. A veces su aullido débil se filtraba entre las rejillas del remolque.
46:49 Como pude, mantenía la vista en la carretera, negándome a pensar demasiado en lo que llevaba. Pero no me aguanté mucho y le pregunté al viejo qué clase de perro era ese. Después de pensarlo por un rato buscando las palabras adecuadas, me contó que su hijo había sido un buen cazador y que encontró al animal muy malherido. Cerca de donde habíamos ido por los animales. Estuvo con su muchacho por algunos años hasta que falleció. A la mala le habían quitado sus pocas tierras y, ya viejo como estaba, regresaba a su Tierra Natal. Vendió todo lo que les quedaba y no quiso dejar aquellos animales a la buena de Dios.
47:38 El perro siempre los había defendido, así como lo había hecho hacía unos instantes, pero el animal no se encontraba en su casa cuando le quitaron la vida a su hijo los hombres de los alrededores. Querían acabar con el perro, pues sabía que causaba miedo de sólo verlo, pero realmente el tamaño de aquel animal estaba muy lejos de ser una mascota como el anciano quería hacerme creer, pues tenía un hocico muy grande y unos dientes que con una sola mordida arrancaba parte de lo que se le pusiera enfrente, además sus colmillos.
48:21 Sus enormes garras dejaba mucho que pensar que se tratara de un simple perro. Guardé silencio, pues sentía que si seguía haciendo tantas preguntas, don Rómulo le ordenaría al perro que me atacara. Llegamos al destino más deseado de toda la vida. Llegamos al destino más deseado en toda mi vida como chofer de Tráiler. Llegamos al destino más deseado en toda mi vida. Como chofer de Tráiler ya esperaban a don Rómulo y un grupo de hombres comenzó a bajar a los animales. Me llevé una gran sorpresa al ver que bajaban muy pocos animales del remolque, las jaulas vacías, ya no había gallinas ni una sola vaca.
49:12 El burro bajó por sí solo y no jalado como lo hicieron en Oaxaca. De los puercos solo quedaban 2, entre ellos un lechón. Les juro que el marranito tenía ojos de un ser humano. El perro negro salió de la caja, volteó a verme y se fué al monte. De la caja salía un hedor inconfundible. A muerte gana en descomposición y eses. Lo que miré me dejó traumado. Todas las paredes del remolque estaban manchadas de rojo. En unas bolsas sacaron los restos de aquellos pobres infelices que se nos cerraron en el camino. Mi estómago protestó al ver todo aquello y comencé a vomitar. Los hombres se sonrieron entre ellos mismos y el anciano les ordenó limpiar el chiquero.
50:07 Ahí mismo me entregaron el resto del dinero. Me sentía muy mal. El anciano me dio una bebida y me dijo que eso me ayudaría a curar el espanto. Don Rómulo Musitó que era mejor que olvidara lo que había visto el viaje y sobre todo, no contara lo que vi, pues ellos me encontrarían, aunque me escondiera debajo de las piedras. Las 2:00 que estuve en ese sitio fueron para mí una tortura. Me entregaron mi camión limpio y sin rastro alguno de lo que habían mirado. Hacía unas horas me escoltaron fuera de ese lugar hasta la carretera y me fui a Juárez a descansar y tratar de ordenar todas esas imágenes en mi mente. Obviamente me fui por otro camino. Además, aunque quisiera recorrer todos aquellos lugares por los que veníamos desde Oaxaca, no los recuerdo. Por mucho tiempo no pude sacarme eso de la cabeza, la sola idea de saber lo que había transportado. Tenía pesadillas donde veía aquel perro negro que se me lanzaba encima y me sacaba las entrañas con su hocico. No hice viajes por al menos 3 meses. Tenía miedo, mucho miedo.
51:30 El mismo miedo me hizo buscar a don Daniel, un brujo que se dedica a hacer limpias. Sobar desde fracturas hasta sustos y quitar el mal de ojo. Ya tenía muchos años que no lo visitaba. La sola idea de que el señor Ya hubiese fallecido me hizo estremecer, pues no conocía a alguien más para que me ayudara. Así que muy temprano por la mañana conduje hasta la Comunidad en la que vivía. Serían alrededor de las 9:00 de la mañana cuando llegué a su casa. Parecía que el tiempo se había detenido. Nada había cambiado, ni siquiera el viejo, pues seguía igual y en la misma apariencia, desde que lo conocí, los mismos ánimos con la misma tranquilidad.
52:20 Era como si el mismo tiempo lo hubiese respetado. Pues no envejecía. Después de una charla amena le conté el motivo por el que acudía a él. Le relate lo sucedido, cada detalle y cada sensación que tuve. Desde que el viejo Rómulo me contactó, él escuchó en silencio, asintiendo de vez en cuando. Cuando terminé, don Daniel me aseguró que la carga que transportaba no eran animales, eran nahuales. Los cerdos y las gallinas eran el alimento para los nahuales. Por eso tenían un comportamiento extraño. Los animales perciben y ven lo que uno no ve. Corriste con suerte, me dijo don Daniel. También me aconsejo que no hablara del tema. Nadie me creería que mejor era que me olvidara del asunto. Me hizo una barrida con un huevo y con hierbas, me dio un amuleto como protección, me dijo que no me lo quitara, pues los nahuales.
53:30 Siempre buscan a quienes los traicionaban, además de que al viejo lo vería de vez en cuando, pues me buscaba para cerciorarse de que yo no haya abierto la boca. Pero tanto don Daniel como el maldito anciano ya fallecieron. A veces pienso que aquel nahual, aquel perro, era el hijo de don Rómulo. Y este atacó a su comunidad y tuvieron que huir antes de que terminaran con ellos. Después de lo acontecido, trabajé por unos años más como chofer. Vendí mi camión, pues en el remolque quedaron marcas, unas enormes garras en las paredes de metal. Aunque en varias ocasiones lave el camión, este pareció impregnarse del olor de los nahuales. A la sangre de aquellos hombres que destrozaron allé con el dinero que tenía.
54:27 Compré un terreno y puse un taller mecánico que hasta el día de hoy ha sido muy productivo. Sé que tomé la decisión correcta, pues estos tiempos se han vuelto muy difíciles, pues o me encontraba con la maña o lo peor, con aquellos nahuales. Muchas gracias por escuchar mi historia.
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