Feb. 19, 2026

LOS ENCAPUCHADOS LA SECUESTRARON - Historias en CARRETERAS Malditas

LOS ENCAPUCHADOS LA SECUESTRARON - Historias en CARRETERAS Malditas
LOS ENCAPUCHADOS LA SECUESTRARON - Historias en CARRETERAS Malditas
Inframundo Relatos De Terror
LOS ENCAPUCHADOS LA SECUESTRARON - Historias en CARRETERAS Malditas

Madrugadores… trasnochadores… bienvenidos. Esto es Inframundo.
Esta noche traigo tres historias ocurridas en carreteras malditas, de esas donde el silencio pesa y un alto de más puede salir caro.
Luces a lo lejos, un tramo vacío… y gente que no debería estar ahí.
Ponte cómodo, apaga la luz… y no te confíes, porque en la carretera no siempre viajas solo.


En Los Relatos de Esta Noche Hablamos de:
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0:12 No olvides seguirnos y dejarnos 5 estrellitas para más contenido, buen día, tarde o noche, dependiendo el lugar y la hora que nos esté escuchando. Querido, madrugador o trasnochador. ¿Usted que día con día va en taxi en Uber se transporta en pecero en autobús o es un trailero que recorre las carreteras? Pues precisamente estas historias son para usted relatos ocurridos en las rutas más siniestras de México en las carreteras más perturbadoras. Mi nombre es Alejandro y sin más. Por el momento aquí comenzamos.

1:17 Hay cuentos que te cambian para siempre, que te hacen entender que el mundo puede ser mucho más oscuro de lo que jamás imaginaste. La historia que vamos a contar a continuación nos llegó de parte de Damián, quien ahora tiene 36 años, pero que vivió esta experiencia cuando apenas tenía 19. Lo que él y sus amigos presenciaron aquella noche en una de las carreteras más largas de México los marcó de tal manera que ninguno de ellos puede volver a ser el mismo. Esta es su anécdota. Todo comenzó un viernes de Julio, cuando damián y sus amigos decidieron hacer un viaje de fin de semana a la playa.

2:06 Eran 5 en total. Además de damián, iban Leonardo y 3 chicas, Natalia, Brenda y Valeria. Todos tenían entre 18 y veintiun años acababan de terminar su primer año de universidad. Querían celebrar con unas vacaciones antes de que comenzara el siguiente ciclo escolar. El plan era simple, saldrían de Monterrey el viernes por la tarde y conducirían hasta Veracruz, donde pasarían el fin de semana. En la playa. El viaje era largo, aproximadamente 10 horas de camino, pero habían decidido turnarse para manejar y así poder llegar de madrugada.

2:52 Leonardo tenía una camioneta sub espaciosa donde todos cabían cómodamente con sus maletas. Salieron alrededor de las 4:00 de la tarde. Los primeros tramos de viaje transcurrían con total normalidad. Iban conversando, escuchando música y riendo mientras veían el paisaje pasar por las ventanillas. Hicieron una parada para cenar en un restaurante de la carretera alrededor de las 8:00 de la noche. Todos estaban de buen humor. Emocionados por el primer fin de semana después de cenar, continuaron su camino.

3:37 Ahora era damián quien conducía. Leonardo iba de copiloto y las 3 chicas en los asientos traseros. Conforme avanzaba la noche, el tráfico en la carretera disminuía considerablemente. Pasaban largos tramos sin ver ningún otro vehículo. La carretera se extendía oscura y solitaria, iluminada únicamente por los faros de la camioneta. Eran aproximadamente las 11:00 de la noche cuando entraron en un tramo particularmente desoldado de la carretera. A ambos lados sólo había monte espeso y oscuro.

4:20 No había pueblo cerca ni estaciones de servicio a la vista. Las conversaciones dentro del vehículo se habían apagado y varios de ellos comenzaban a quedarse dormidos, arrollados por el movimiento constante. Damián conducía concentrado en el camino cuando de repente vio algo adelante. Al principio pensó que eran animales cruzando la carretera, pero conforme se acercaba se dio cuenta que eran personas. Un grupo de figuras humanas paradas en medio del camino, bloqueando completamente el paso, gritó una advertencia a los demás mientras pisaba el freno con fuerza. La camioneta derrapó ligeramente antes de detenerse a pocos metros de las figuras.

5:14 Todos en el vehículo despertaron sobresaltados por la FRENADURA tan brusca, preguntando qué estaba pasando. Fue entonces cuando pudieron ver claramente lo que tenían enfrente. Había al menos 12 personas paradas en medio de la carretera. Todas vestían. Dogas completamente negras que les cubrían todo el cuerpo sobre sus cabezas. Llevaban gorros puntiagudos que se extendían hacia arriba, dándoles una apariencia siniestra e inconfundible. Las figuras permanecían inmóviles, mirando directamente hacia la camioneta. También sintió que el corazón se le aceleraba. Intentó poner reversa para alejarse de ahí, pero cuando giró de lleno no pasó nada.

6:09 El motor se había apagado, giró la llave repentinamente, pero el vehículo no respondía. Era como si se hubiera muerto completamente sin razón aparente. Entonces las figuras comenzaron a moverse, se acercaron a la camioneta rodeándola por completo. Algunos golpeaban las ventanillas con las manos mientras otros simplemente permanecían ahí parados, observándolos dentro del vehículo. Todos estaban horrorizados. Las chicas comenzaron a gritar y Leonardo intentaba desesperadamente que el motor arrancara. Una de las figuras, la que parecía estar al frente del grupo, se acercó a la ventanilla del conductor. Hizo un gesto ordenándoles que bajaran. Damián negó con la cabeza y le gritó que se alejaran, pero entonces varios de ellos comenzaron a golpear las ventanas con más fuerza, amenazando con romperlas. Leonardo le dijo a Damián que tal vez era mejor hacer lo que pedían, que si rompían las ventanas estarían en mayor peligro.

7:27 Damián no quería bajar, pero sabía que su amigo tenía toda la razón con manos temblorosas. Abrió la puerta y bajó del auto. Los demás lo siguieron 1:1. En cuanto estuvieron todos afuera, las figuras los rodearon formando un círculo cerrado. Ahora que estaban más cerca, podían ver que debajo de esos gorros puntiagudos había rostros, aunque las sombras hacían imposible distinguir sus facciones, claramente no hablaban ni hacían ningún sonido, solo se comunicaban mediante gestos. Una de las figuras hizo un movimiento con la mano y los demás obligaron al grupo arrodillarse en el pavimento. Damián sintió como lo empujaban hacia abajo. Con fuerza.

8:25 Intentó resistirse, pero eran demasiados. Terminó de rodillas junto Asus amigos. Mientras las figuras encapuchadas los rodeaban. El terror que sentían era absoluto. No entendían qué estaba pasando ni qué querían esas personas. Brenda Lloraba desconsoladamente, mientras Natalia y Valeria se aferraban una a la otra, temblando. Leonardo intentaba mantener la calma, pero su voz quebraba cuando le preguntó a las figuras qué querían de ellos. No recibieron respuestas verbales.

9:05 En lugar de eso, las figuras comenzaron a caminar alrededor de ellos, como si los estuvieran evaluando, se detenían frente a cada uno. Observándolos en damián sentía como su corazón latía tan fuerte que pensaba que iba a salirse de su pecho después de lo que pareció una eternidad, pero que probablemente fueron solo unos minutos, las figuras se detuvieron. El que parecía ser la cabecilla del grupo señaló directamente a Valeria. 2 figuras más se acercaron a ella y la tomaron de los brazos.

9:45 Levantándola del suelo, Valeria comenzó a gritar y a forcejear, tratando de liberarse. Los demás intentaron levantarse para ayudarla, pero las otras figuras los empujaron de vuelta al suelo con violencia. El líder se acercó entonces y aunque no podían ver su rostro, claramente su voz sonó fría y sin emoción. Cuando habló les dijo que se iban a llevar a la chica, que no iban a volver y que no debían intentar seguirlos ni buscarla, que si lo hacían todos terminarían igual. Y que lo mejor que podían hacer era olvidar que esto había pasado y continuar con sus vidas. Damián intentó levantarse de nuevo, gritando que no podían llevársela.

10:38 Leonardo también protestaba exigiendo que la dejaran ir, pero las figuras no escuchaban. 3 de ellos comenzaron a arrastrar a Valeria hacia el monte mientras ella gritaba desesperada. Pidiendo ayuda, los gritos de Valeria eran desgarradores. Llamaba Asus amigos por sus nombres suplicándoles que no la dejaran, que se la llevaran. Damián intentó una vez más ponerse de pie, pero alguien lo golpeó en la espalda, haciéndolo caer de nuevo. Las lágrimas rodaban por su rostro mientras escuchaba a su amiga ser arrastrada hacia la oscuridad.

11:23 Los gritos se fueron alejando gradualmente conforme las figuras las llevaban más adentro del monte. Su voz se escuchaba cada vez más lejana, pero no dejaba de gritar. El sonido Desgarraba el silencio de la noche haciéndolo todavía. Más aterrador y entonces, de repente, sin previo aviso, los gritos se detuvieron de golpe. El silencio que siguió fue absoluto y escalofriante. No hubo gritos finales ni sonidos de lucha. Simplemente nada, como si Valeria hubiera dejado de existir en ese preciso momento. Damián sintió un frío en el estómago que no tenía nada que ver con la temperatura de la noche. Las figuras que habían permanecido vigilandolos comenzaron entonces a retroceder, sin decir nada más. Se alejaron del grupo caminando hacia el monte en cuestión de segundos.

12:31 Se habían adentrado entre los árboles y desapareciendo completamente en la oscuridad, como si nunca hubieran estado ahí. Damián, Leonardo, Natalia y Brenda permanecieron arrodillados en el pavimento durante varios minutos más. Estaban en completo shock, incapaces de procesar lo que acababa de pasar. Las chicas lloraban sin parar y los 2 muchachos temblaban sin poder controlar sus cuerpos. Finalmente, Leonardo fue el primero en moverse. Se puso de pie lentamente y ayudó a los demás a levantarse. Damián corrió hacia el monte gritando el nombre de Valeria, pero no recibió respuesta, solo oscuridad y silencio. Leonardo lo detuvo antes de que se adentrara entre los árboles, diciéndole que no podían hacer nada. Solos regresaron a la camioneta.

13:35 También subió al asiento del conductor con manos temblorosas y giró la llave esperando que el motor no arrancará de nuevo. Pero esta vez el vehículo cobró vida inmediatamente, como si nunca hubiera tenido ningún problema. El motor funcionaba a la perfección, conduciendo a toda velocidad. Continuaron por la carretera hasta que encontraron señal en sus teléfonos. Llamaron a la policía y reportaron todo lo que había pasado. Les dieron la ubicación aproximada del incidente y una descripción de las figuras encapuchadas. Las autoridades les indicaron que fueran a la estación de policía más cercana a presentar una denuncia formal. Pasaron el resto de la noche en la estación, contando su historia una y otra vez a diferentes oficiales. Algunos parecían creerles, pero otros los miraban con escepticismo.

14:34 Organizaron operativos de búsqueda en la zona donde había ocurrido el incidente. Rastrearon el monte con perros y equipos especializados durante días, pero nunca encontraron a Valeria. No encontraron su cuerpo ni ninguna evidencia de que hubiera estado ahí. No había rastro de las figuras encapuchadas ni señales de ningún tipo de actividad en esa área. Era como si tanto ella como esas personas hubieran desaparecido sin dejar rastro, como si la Tierra se los hubiera tragado. La familia de Valeria quedó destrozada.

15:16 Sus padres viajaron hasta allá para unirse a la búsqueda, pero tampoco tuvieron éxito. El caso quedó archivado como una desaparición sin resolver. Las autoridades sugirieron que tal vez había sido una privación de la libertad relacionado con el crimen organizado, pero nunca hubo demanda de rescate ni ningún tipo de comunicación. Damián nos cuenta que ese acontecimiento lo persigue hasta el día de hoy, han pasado 17 años y todavía tiene pesadillas donde escucha los gritos de Valeria llamándolos. Los 5 amigos que eran antes del viaje nunca volvieron a ser los mismos.

16:02 La amistad que los unía se rompió porque ninguno podía ver a los demás sin recordar. Aquella noche, Natalia y Brenda se mudaron a otras ciudades tratando de escapar de los recuerdos. Leonardo desarrolló problemas de ansiedad que requirieron tratamiento psiquiátrico durante años y damián dice que dejó de viajar por carretera completamente. Ahora sólo usa aviones cuando necesita ir a algún lugar tan lejano. Nunca supieron quiénes eran esas figuras encapuchadas, esas personas, ni que le hicieron a Valeria. Nunca entendieron por qué el motor de la camioneta se apagó justo en ese momento, ni por qué funcionó precisamente después.

16:50 Y lo más perturbador del caso de todo esto que nunca supieron por qué la escogieron específicamente a ella. Esta es la historia de damián y sus amigos. Un viaje que debía ser de celebración se convirtió en la peor pesadilla de sus vidas. Y En algún lugar de México hay una familia que todavía espera que su hija regrese, sabiendo en el fondo que nunca lo hará. ¿Usted que nos está viendo o escuchando a través de su dispositivo, usted qué hubiera hecho en este caso? Esta anécdota es un poco diferente. Es un relato.

17:34 Aterrador, pero desde un punto de vista psicológico, algo diferente, algo que viven muchas personas día con día. Lo dejo reflexionar un poco y continuamos con la siguiente anécdota, hay decisiones que tomamos infracción de segundos. Que terminan definiendo el resto de nuestras vidas. Y hay veces que pues las consecuencias de esas decisiones regresan de forma que jamás podríamos imaginar.

18:14 La historia que vamos a contar hoy nos llegó de parte de Héctor, un hombre que ahora tiene 58 años y que lleva más de 30 trabajando como trailero. Lo que vivió hace 2 décadas lo marcó para siempre y lo dejó con una culpa que nunca se podrá quitar de encima. Esta es su historia. Hace 20 años, Héctor tenía 38 años y trabajaba transportando mercancía por todo el país. Era trailero desde los 25 y conocía prácticamente todas las carreteras de México. Pasaba más tiempo en su camión que en su casa, pero el trabajo le pagaba bien y le permitía mantener a su esposa Inés y a su hija Camila, que en ese entonces tenía 7 años.

19:10 Los viajes largos eran su especialidad, podía conducir durante horas sin problema y conocía todos los trucos para mantenerse despierto en las noches. Café, música alta, paradas estratégicas para estirar las piernas. Había desarrollado una rutina que funcionaba bien y que le había permitido trabajar sin accidentes durante más de una década. Pero aquella noche de octubre algo salió mal. Héctor había estado conduciendo durante casi 12 horas. Tratando de cumplir con una entrega urgente que le pagaría extra, llevaba mercancía de Guadalajara hasta Tampico y había decidido hacer el viaje completo sin detenerse más que para cargar combustible. Eran aproximadamente las 3:00 de la madrugada cuando iba por una carretera oscura y prácticamente desierta. No había iluminación.

20:15 Y los únicos faros eran los de su tráiler, perforando la negrura de la noche. Héctor había tomado café 1 hora antes, pero el cansancio comenzó a vencerlo. Los párpados le pesaban y tuvo que parpadear varias veces para mantenerse enfocado. Fue en uno de esos momentos cuando sus ojos se entrecerraron por el sueño. Solo fueron unos segundos. Tal vez 3 o cuatro, pero fue suficiente. Cuando abrió completamente los ojos, vio una figura delante de él en la carretera.

20:56 Era una chica joven que intentaba cruzar de un lado a otro. Héctor pisó el freno instintivamente, pero. Era demasiado tarde. El tráiler necesitaba mucha distancia para detenerse y a la velocidad que iba no había manera de evitar el impacto. Sintió el golpe y escuchó un sonido que lo haría despertar sudando durante años, el cuerpo de la chica había sido golpeado por el frente del camión. El tráiler finalmente se detuvo varios metros adelante. Héctor temblaba con las manos aferradas al volante. Su mente era un torbellino de pánico y confusión. Sabía que tenía que bajar a revisar, que tenía que llamar a emergencias, que tenía que hacer algo. Pero el miedo lo paralizaba.

21:57 Después de varios minutos reunió el valor suficiente para bajar de la cabina. Caminó hacia atrás alumbrando con una linterna hasta que la encontró. La chica. Estaba tirada en el pavimento, totalmente aplastada. Tendría unos 20 años, tal vez menos. Vestía jeans y una blusa clara que ahora estaba manchada de sangre. Héctor se acercó lo suficiente para ver que no se movía ni respiraba. Estaba muerta. El pánico se apoderó completamente de él. Miro alrededor y no vio ningún otro vehículo en la carretera.

22:40 No había testigos, no había cámaras, nadie había visto lo que pasó y entonces tomó la peor decisión de su vida. Decidió marcharse, subió de nuevo al tráiler con las manos temblando y arrancó el motor. Condujo alejándose del lugar tan rápido como pudo. No llamó a la policía ni a emergencias, simplemente huyó como un cobarde, dejando el cuerpo de esa chica tirado en medio de la carretera oscura. Durante las siguientes Semanas, Héctor vivió con miedo constante. Revisaba las noticias esperando ver algo sobre el incidente, pero nunca apareció nada.

23:26 Tal vez nadie había encontrado el cuerpo todavía o tal vez simplemente no era noticia suficiente para los medios. Poco a poco comenzó a convencerse de que se había salido con la suya. Continuó trabajando como si nada hubiera pasado. Hacía sus rutas normales, entregaba mercancía y regresaba a casa con su familia, pero por dentro lo que comía la culpa. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de esa chica cada vez que conducía de noche temía ver otra figura cruzando la carretera. Un mes después del accidente, Héctor estaba nuevamente en un viaje nocturno. Era una ruta que conocía bien y que había hecho decenas de veces.

24:17 Iba conduciendo tranquilamente cuando de repente sintió una presencia en la cabina, volteó hacia el asiento del copiloto y lo que vio hizo que casi perdiera el control del tráiler. Ahí sentada estaba la chica. Era ella, sin duda alguna, la misma que había atropellado hacía un mes, pero ahora la veía de cerca y el horror era absoluto. Su cuerpo estaba cubierto de sangre, tenía heridas graves, visibles en los brazos, en la cara, un lado de su cabeza. Estaba deformado por el impacto. Sus ojos lo miraban directamente con una expresión que mezclaba dolor y rabia.

25:04 Héctor gritó y pisó el freno. Instintivamente, el tráiler se detuvo bruscamente en medio de la carretera. Su corazón latía tan fuerte que sentía que iba a estallar. La chica seguía ahí sentada, mirándolo sin parpadear. Entonces ella habló. Su voz sonaba distorsionada. Estaba como lejana, como si viniera de muy lejos. Le dijo a Héctor que tenía una linda hija. Mencionó el nombre de Camela con una pronunciación lenta y deliberada que hizo que la sangre se le helara.

25:44 Le pregunto que si sabía dónde estaban las almas de las personas como ella, que morían abandonadas en carreteras oscuras, sin que nadie les ayudará. Le dijo que tal vez su hija debería estar en el mismo infierno en el que quedó ella al morir por su culpa, que tal vez Camila merecía sufrir lo mismo que ella había sufrido, que tal vez era justo que conociera el dolor de una muerte violenta y el abandono absoluto. Héctor intentó hablar, intentó disculparse, intentó suplicar, pero las palabras no salían de su boca, solo podía mirarla mientras las lágrimas rotaban por sus mejillas y entonces la chica simplemente se desvaneció.

26:36 Su figura se convirtió en humo que se disipó en el aire, dejando el asiento del copiloto completamente vacío. Héctor se quedó ahí temblando durante varios minutos. Cuando finalmente pudo moverse, arrancó el tráiler y condujo directamente a su casa. Llamó a la compañía y les dijo que estaba enfermo, que no podía trabajar durante unos días. Necesitaba estar con su familia y asegurarse de que estuvieran bien, pero los eventos paranormales no se detuvieron. Durante los siguientes días, la chica apareció varias veces más. A veces la veía reflejada en espejos retrovisores mientras conducía. Otras veces la encontraba parada al lado de su cama cuando despertaba en medio de la noche y siempre repetía la misma amenaza.

27:31 Siempre mencionaba a su hija Camila. Siempre hablaba del infierno que le esperaba. Héctor se volvió paranoico. No dejaba que su hija saliera sola de la Casa. Le pedí a su esposa que tuviera mucho cuidado cuando la llevara a la escuela, pero no podía contarles la verdad sobre lo que estaba pasando. No podía admitir que había atropellado a alguien y que había oído Inés. Pensaba que estaba teniendo problemas en el trabajo o que tal vez estaba enfermo. Pasaron 2 semanas de tortura. Héctor apenas dormía y cuando lo hacía tenía pesadillas terribles.

28:16 La chica lo visitaba constantemente recordándole su promesa, diciéndole que pronto su hija conocería el mismo destino que ella. Entonces sucedió. Un martes por la tarde, Héctor recibió una llamada que cambiaría su vida para siempre. Era del hospital, había habido un accidente. Su esposa Inés y su hija Camila habían sido atropelladas cuando intentaban cruzar una calle en el centro de la ciudad donde vivían. Héctor llegó al hospital lo más rápido que pudo. Los médicos le dijeron que habían hecho todo lo posible, pero que las heridas eran demasiado graves.

28:57 Ambas habían muerto en el impacto. No sufrieron, le aseguraron tratando de darle algún consuelo. Pero para Héctor no había consuelo posible. La policía lo llamó para dar su declaración. Le explicaron que la conductora que las había atropellado estaba detenida. Era una mujer de mediana edad, sin antecedentes, que alegaba que la vista se le había nublado repentinamente, que comenzó a escuchar voces que la aturdieron y la CONFUNDIERON. Que perdió el control del vehículo y no vio a las 2:00 personas que cruzaban hasta que fue demasiado tarde.

29:40 Héctor escuchó todo esto en un estado de shock. Sabía exactamente que había pasado. La chica había cumplido su promesa, había encontrado la manera de cobrar venganza. Su hija y su esposa habían pagado por el pecado que él había cometido. Cuando preguntaron si quería presentar cargos contra la conductora, Héctor negó con la cabeza. No había sentido en ello. Sabía que ella no tenía la culpa real. Había sido sólo un instrumento, un medio para que se cumpliera la maldición que él mismo había provocado con su cobardía. Los meses siguientes fueron los más oscuros en la vida de Héctor.

30:26 Enterró a su esposa y a su hija en el mismo funeral. Se quedó solo en una casa llena de recuerdos y fantasmas. Muchas veces consideró quitarse la vida, pero ni siquiera tenía el valor para hacer eso. Eventualmente regresó al trabajo, no porque quisiera, sino porque no sabía hacer otra cosa. Volvió a la carretera conduciendo su tráiler por todo el país, pero ya no era lo mismo. Ya no era el mismo hombre. Conducía con extremo cuidado, siempre alerta, siempre consciente de que cualquier distracción podía ser fatal.

31:08 Nunca volvió a ver a la chica después de la muerte de su familia. Era como si una vez que había cobrado su venganza, finalmente había encontrado La Paz, pero Héctor nunca encontró la suya. Vive en la culpa todos los días sabiendo que por su decisión de huir perdió todo lo que amaba. En la actualidad, Héctor sigue siendo trailero, tiene 58 años y planea trabajar hasta que su cuerpo ya no pueda más. Vive solo en un departamento pequeño, no ha vuelto a formar una familia ni ha intentado rehacer su vida.

31:48 Dice que no se lo merece. Nos compartió su historia porque necesitaba que alguien supiera la verdad, que alguien entendiera que las decisiones que tomamos en momentos de pánico pueden perseguirnos de formas inimaginables y que a veces la justicia llega de maneras que escapan de nuestra comprensión. Esta es la historia de Héctor. Un hombre que huyó de un accidente hace 20 años y que terminó pagando un precio mucho más alto del que jamás podría haber imaginado. Un recordatorio de que nuestras acciones tienen consecuencias y que no siempre podemos escapar de ellas, sin importar qué tan lejos corramos.

32:38 Como Héctor, si tienes una historia que compartir con nosotros en la pantalla está apareciendo nuestro correo. Será un gusto para mí poder contarla para todos ustedes continuamos con las anécdotas. Gustavo Peralta nos compartió. Una experiencia que vivió hace 12 años cuando trabajaba como trailero recorriendo las carreteras del norte del país. Lo que presenció aquella noche desafía toda explicación lógica y lo obligó a replantearse todo lo que creía saber sobre lo que existe en este mundo después de aquello.

33:29 Dejó el trabajo en las carreteras y nunca volvió a conducir de noche. Todo comenzó en una ocasión, una noche sin Luna de febrero. Gustavo tenía 32 años y llevaba casi 6 trabajando como conductor de tráiler transportando mercancía entre Chihuahua y Nuevo León esa noche en particular. Llevaba un cargamento de productos enlatados y conducía por una carretera poco transitada que cortaba a través del desierto. Prefería esa ruta porque, aunque era más solitaria, le ahorraba casi 1 hora de viaje. Eran aproximadamente las 2:00 de la madrugada. La oscuridad era absoluta, sin estrellas ni Luna que iluminaran el camino, sólo los faros.

34:22 Atravesando aquella oscuridad. Gustavo llevaba despierto más de 14 horas, pero estaba acostumbrado a esos turnos largos. Tenía su termo de café y la radio encendida para mantenerse alerta. Había estado conduciendo durante casi 3 horas sin ver ningún otro vehículo, cuando de repente sus faros iluminaron algo adelante. Era un auto detenido en medio de la carretera, un sedán oscuro que estaba completamente un móvil con las luces apagadas, bloqueando prácticamente el carril. La primera reacción de Gustavo fue molestarse pensando que era alguien irresponsable que había dejado su vehículo ahí sin ninguna señalización, pero conforme se acercaba comenzó a pensar que tal vez era gente que necesitaba ayuda.

35:18 Quizás se les había descompuesto el auto o habían tenido algún problema. Decidió detenerse para verificar que todo estuviera bien. Estacionó su tráiler detrás del Sedán, dejando suficiente distancia y encendiendo las luces de emergencia. Bajó de la cabina llevando consigo una linterna grande que siempre cargaba para estas situaciones. El silencio de la noche era absoluto, no se escuchaba ningún sonido aparte de sus propios pasos sobre el pavimento. Se acercó al auto lentamente. Las ventanas tenían un ligero tinte, pero podía distinguir que había gente adentro. Llamó en voz alta preguntando si necesitaban ayuda, pero no recibió respuesta.

36:10 Eso le parecía extraño. Rodeo el vehículo hasta llegar a la ventana del lado del conductor y tocó el vidrio con los nudillos. Nada. Fue entonces cuando noto que la ventana trasera del lado izquierdo estaba prácticamente abajo, apenas unos centímetros, pero suficiente para poder ver mejor hacia el interior. Gustavo se acercó alumbrando con su linterna a través del pequeño espacio. Lo que vio en ese momento quedó grabado en su memoria para siempre. En el asiento trasero había una mujer inclinada sobre algo, pero no era una mujer normal. Su piel tenía un tono verdoso enfermizo que brillaba ligeramente bajo la luz de la linterna. Estaba cubierta de verrugas grandes y protuberantes que le daban un aspecto repugnante, y sus ojos, cuando volteó ligeramente, eran completamente rojos. No tenía ni eris ni pupilas, solo ese color rojo intenso y brillante, pero lo peor no era su apariencia, sino lo que estaba haciendo.

37:29 Tenía la boca pegada al cuello de un niño de aproximadamente 8 años. Gustavo podía ver claramente cómo succionaba mientras un líquido oscuro sangre sin duda goteaba por el cuello del pequeño y manchaba su camisa. El Niño tenía los ojos abiertos pero vacíos. Su mirada estaba fija en la nada, sin ninguna señal de vida o conciencia. Parecía un maniquí, un muñeco sin alma. Su piel estaba pálida, como la cera y su boca entreabierta en una expresión congelada de terror. Gustavo movió la linterna instintivamente hacia el frente del vehículo y lo que vio confirmó que esto no era un simple ataque.

38:20 En el asiento del conductor había un hombre de mediana edad desplomado sobre el volante. Su cabeza colgaba en un ángulo antinatural y había sangre seca en la ventana junto a él. En el asiento del copiloto, una mujer yacía recostada hacia un lado, con los ojos abiertos y vidriosos, mirando hacia la nada. El horror de la escena tardo apenas 1 segundo en registrarse completamente en el cerebro de Gustavo. Estaba presenciando algo imposible. Algo que no debería de existir una criatura, un monstruo, alimentándose de un niño mientras sus padres muertos permanecían en los asientos delanteros. Entonces la criatura se dio cuenta de su presencia. Levantó la cabeza del cuello del niño, girando completamente hacia la ventana.

39:18 Sus ojos brillantes se clavaron directamente en Gustavo. La sangre les corría por la barbilla y una sonrisa grotesca se formó en su rostro, revelando dientes manchados y puntiagudos. Gustavo sintió que el terror absoluto lo invadía. Soltó la linterna que cayó al pavimento y se echó a correr. Corrió más rápido de lo que jamás había corrido en toda su vida, con el corazón latiendo tan fuerte que sentía que iba a estallar. Detrás de él escucho el sonido de una puerta del auto abriéndose con violencia. Su primer instinto fue correr hacia su tráiler, pero algo le dijo que sería un error si se encerraba y quedaría atrapado sin salida, la criatura podría romper las ventanas o bloquear las puertas. Estaría acorralado y vulnerable, así que en lugar de eso tomó una decisión desesperada.

40:19 Se salió de la carretera y se adentró en el monte. La oscuridad era abrumadora, sin la linterna apenas podía haber 1 m adelante, tropezándose con rocas y arbustos mientras corría ciegamente tratando de poner distancia entre él, y esa cosa podía escuchar ruidos detrás de él, ramas quebrándose y movimientos rápidos. Que sugerían que lo estaban persiguiendo. No se atrevió a mirar atrás. Solo seguía corriendo, adentrándose cada vez en el desierto. Sus pulmones ardían y las piernas le dolían, pero el miedo era más fuerte que cualquier otro dolor físico. Ocurrió durante lo que le parecieron horas, aunque probablemente fueron solo minutos. Eventualmente los sonidos de persecución se detuvieron. Gustavo siguió corriendo hasta que finalmente no pudo más. Se detuvo detrás de unas rocas grandes, tratando de recuperar el aliento mientras escuchaba atentamente. Sólo había silencio.

41:31 La criatura parecía haber dejado de perseguirlo o tal vez la había perdido en la oscuridad. Permaneció ahí escondido durante un tiempo que no pudo calcular. Estaba demasiado aterrado para moverse, pero sabía que no podía quedarse en el desierto toda la noche. Necesitaba encontrar ayuda. Cuando finalmente reunió valor suficiente, comenzó a caminar tratando de orientarse. No tenía idea de hacia dónde ir. Había corrido sin rumbo y ahora estaba completamente perdido en medio de la nada. Caminó durante lo que sintió como una eternidad, hasta que finalmente, a lo lejos vio luces. Eran las luces de un rancho.

42:22 Gustavo caminó hacia la luces con las últimas fuerzas que le quedaban. Cuando llegó a la cerca del rancho, comenzó a gritar pidiendo ayuda. Los perros del lugar comenzaron a ladrar alertados a los dueños. Después de unos minutos, un hombre mayor salió de la casa con un rifle en las manos, preguntando quién andaba ahí. Gustavo le suplicó que lo ayudara. Le dijo que había presenciado algo terrible en la carretera y que necesitaba llamar a la policía. El ranchero vio el Estado en que se encontraba con la ropa rasgada, lleno de Tierra y claramente aterrorizado.

43:05 Lo hizo pasar a su casa, donde su esposa le dio agua mientras él llamaba a las autoridades. Gustavo les contó todo a los rancheros, aunque sabía que sonaba completamente demente. Les habló de la criatura, del niño muerto, de la familia en el auto, la pareja se miraban entre ellos con expresiones de preocupación y escepticismo, pero no lo echaron. Esperaron juntos a que llegara la policía. En fin, los oficiales llegaron aproximadamente 1 hora después. Para entonces ya había amanecido.

43:46 Gustavo lo siguió de regreso hacia la carretera, aunque le tomó un tiempo encontrar el lugar exacto desde el monte. Cuando finalmente llegaron, encontraron el auto todavía ahí. La policía se acercó con precaución y revisaron el vehículo. Gustavo observaba desde la distancia, sin atreverse, acercar demasiado. Los oficiales llamaron por radio pidiendo refuerzos y una ambulancia. Cuando regresaron donde estaba Gustavo, confirmaron que habían encontrado 3 cuerpos, un hombre, una mujer y un niño, todos sin vida, pero de la criatura no había ningún rastro. No encontraron señales de 1/4 persona en el auto. No había huellas extrañas ni evidencia de nada. Como si fuera todo normal más allá de los 3 cadáveres, los oficiales le preguntaron a Gustavo qué había visto exactamente.

44:47 El les contó la verdad, aunque sabía que no les creerían, les describió a la mujer de piel verdosa con ojos rojos chupando el cuello del niño. Los oficiales intercambiaron miradas y tomaron notas, pero era obvio que pensaban que estaba delirando o que había inventado una historia para explicar porque había abandonado su tráiler. Durante las siguientes horas, Gustavo fue interrogado extensamente. Revisaron su tráiler y confirmaron que efectivamente llevaba mercancía. Como había dicho, verificaron su historial y no encontraron antecedentes. Llamaron a la empresa para la que trabajaba y confirmaron que era un empleado confiable, sin problemas previos. La investigación forense determinó que la familia había sido atacada por alguien o algo.

45:43 El Niño efectivamente tenía marcas en el cuello que parecían ser mordidas o succión, pero no habían encontrado a DN de ningún atacante. Los padres habían muerto por trauma contundente en la cabeza. Todo sugería un ataque violento, pero sin un culpable claro. Gustavo fue considerado inicialmente como sospechoso por haber sido el único testigo en la escena, pero conforme avanzó la investigación quedó claro que su cronología no coincidía. Los cuerpos llevaban muertos varias horas antes de que él llegara. No había forma de que pudiera haber cometido los crímenes y luego estar donde dijo que estaba.

46:28 Eventualmente fue liberado y clasificado oficialmente como víctima y testigo, pero su testimonio sobre la criatura nunca fue tomada en serio. En los reportes oficiales se mencionaba que había presenciado algo traumático que lo había afectado psicológicamente. Algunos oficiales sugirieron que tal vez había visto al verdadero atacante huyendo y que en su estado de shock su mente había distorsionado la imagen. Gustavo sabía la verdad, sabía lo que había visto. Esa no era una persona normal ni su mente jugándole trucos.

47:11 Era algo completamente diferente. Algo que no debería existir, pero que estaba ahí tan real como cualquier otra cosa. Después de aquella noche dejó su trabajo como trailero no podía seguir conduciendo por esas carreteras oscuras, sabiendo que cosas como esas existían. Consiguió empleo en un almacén donde trabaja hasta el día de hoy. Nunca volvió a manejar de noche. El caso de la familia permanece sin resolverse hasta el día de hoy. Oficialmente es un homicidio múltiple sin sospechosos. La policía nunca encontró al atacante y el caso eventualmente se archivó por falta de evidencia. Pero Gustavo sabe que hay cosas en las carreteras solitarias de México que escapan más allá de nuestra comprensión. Cosas que se alimentan de la oscuridad y que desaparecen sin dejar rastro cuando amanece.

48:13 Familia oscura del Inframundo. ¿Como ya es costumbre, le hago la siguiente pregunta, si usted hubiera sido el protagonista de estos relatos, qué hubiera hecho? Lo leo en la caja de comentarios. Y lo invito a que nos siga en nuestras redes sociales, en Spotify, en Facebook, en YouTube. Puede encontrarnos como oscuro Inframundo. No olvide suscribirse si no lo ha hecho, compartir el video con algún amigo o amiga, amante del terror y de los relatos de carretera. Sin más por el momento de deseo, dulces pesadillas, me despido y nos vemos en otra emisión más.