Dec. 13, 2025

Lo Que los Ciclistas Vieron en el Bosque Esa Noche Nadie Debería Escucharlo

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Inframundo Relatos De Terror
Lo Que los Ciclistas Vieron en el Bosque Esa Noche Nadie Debería Escucharlo

Dejanos 5 Estrellitas y no Olvides SEGUIRNOS...🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: inframundorelatos@gmail.com

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:00 Buenos días madrugadores. Les habla Alejandro, listo para acompañarlos con las mejores historias. ¿A usted ama de casa, a usted que ya va saliendo a la chamba, a la oficina o a la escuela? Gracias por estar aquí tan temprano. Arrancamos buenas noches, comunidad de Inframundo. Les cuento desde hace algunos años. Y luego de haber pasado por una difícil etapa de mi vida, en la cual se veía involucrada de una forma grave mi salud, comencé a practicar lo que sería el ciclismo. Debido a la recomendación de mi propio médico. No me considero un profesional, pero a decir verdad, tuve la oportunidad de participar en diversas competencias, logrando alcanzar los principales puestos, algo que por supuesto. Me enorgullecía, pero como les digo más lo hacía por salud, por un pasatiempo y no por dedicarme por completo a dicha actividad. Es más, soy psicólogo, profesión a la que amo desde que era una adolescente, y pienso pasar el resto de mi vida ayudando a las personas con problemas para que puedan superar sus traumas. ¿Y he aquí dónde viene lo irónico de todo el asunto? Pues con lo que les voy a contar

1:31 en esta noche, comprenderán que hasta nosotros, los psicólogos profesionales, también, a veces vivimos situaciones que nos trauman de una manera tal que resulta un suplicio poder superar. Y eso es a lo que yo llamo nuestro propio infierno psicológico. Mi nombre es Jimmy Velázquez Sánchez, soy originario de un Estado llamado Guanajuato, perteneciente al país de México. La experiencia que les voy a contar ocurrió durante una tarde noche, como de esas tantas en las que solía aprovechar el tiempo libre para tomar mi bicicleta y salir a pedalear por una casi solitaria carretera que comunicaba con mi querida ciudad. Por supuesto que yo no era el único que transitaba por ese duro asfaltado, pero los carros y demás vehículos que pasaban por ese sector y a esas horas eran bastante casuales. Eso se debía a que ya prácticamente era una carretera antigua que había sido reemplazada por una nueva ubicada a cierta distancia y por consiguiente, esta estaba literalmente abandonada.

2:53 Ese era el motivo principal por el que yo la elegía para practicar mi deporte, ya que no debía estar cuidándome tanto de los posibles accidentes que pudieran ocurrir, pero yo no era el único que sacaba provecho a esa semi solitaria carretera, puesto que también solía ser frecuentada por fanáticos del deporte que salían a correr por ese tramo. Fue por eso que estando ya más o menos a mitad del camino que acostumbraba a realizar, no me sorprendió ver aparecer a un hombre corriendo a un costado del pavimento.

3:38 Era el típico deportista que sale a correr con sus prendas adecuadas y calzado cómodo trotaba manteniendo el ritmo oportuno para la actividad desde esa distancia que lo vi. Noté que poseía un cuerpo atlético, dándome a entender que de seguro era un maratonista profesional. No obstante, y a medida que la distancia entre él y yo se iba cortando, comencé a notar ciertos detalles en su persona que antes no había observado y que me parecieron un tanto extraños. En primer lugar, cada uno de los movimientos que hacía al correr era sumamente prolijo, como si estos fueran perfectamente coordinados.

4:29 Los movimientos de sus piernas al dar los trotes, el ir y venir de sus brazos hacia delante y hacia atrás, la cabeza prácticamente inmóvil y alineada hacia el frente, me daban la sensación de que más que un humano. Eso parecía ser como una máquina, una especie de robot. Si lo sé. También yo me dije a mí mismo en esos momentos que que estaba pensando tonterías. Pero cuando me percaté de ese otro fenómeno extraño, supe que eso no podía ser una máquina en forma de hombre, pero tampoco una persona normal. Está demás decirles que yo iba a mayor velocidad que el debido a que pedaleaba en mi bicicleta.

5:18 Aún así, por momento me daba cuenta de que parecía tener la misma velocidad que yo, es decir, que por tramos lo veía mantenerse a una distancia intacta. Quizás muchos me dirán que eso no es imposible, puesto que yo podía haber ido a una velocidad normal. Y él aceleraba su carrera logrando así el fenómeno. Pero déjenme decirles que tienen razón, aunque éste no era el caso, porque si fuera así, yo debí haber cambiar también la velocidad de sus piernas al correr, pero les prometo que eso no sucedía. Él mantenía exactamente el mismo ritmo, inmutable y eso sí, es imposible faltando ya escasos metros para que llegará hasta él.

6:09 Y manteniendo la cabeza firme hacia delante. Al pasar por su lado, ose mover mis ojos en su dirección para tratar de verlo con disimulo, siendo en ese preciso instante cuando experimenté miedo Por Primera Vez. En lo que respecta a esta experiencia, fue como si un frío indescriptible recorriera mi cuerpo. Sentí clarito, como desde la cabeza hasta los pies. Se lava por más que vi su rostro solo de perfil, noté que su piel era tan pálida y demacrada que lo único que pasó por mi mente fue compararlo con un cadáver. Y para que me den la razón.

6:53 Al haber pensado así, déjenme decirles que no sólo su aspecto era así, sino también su olor, pues no era olor a sudor lo que impregnó mi olfato al pasar por su lado. Sino un olor a podredumbre, a putrefacción, como la pestilencia que despide un cadáver en descomposición. Tardé unos segundos en salir de ese impacto que me dejó y al reaccionar comencé de inmediato a pedalear lo más rápido que pude para alejarme de ese sujeto. No solo porque el olor del que les hablo era insoportable y nauseabundo, sino también. Porque para ese entonces el temor ya se había apoderado de todos mis sentidos, habiendo ya recorrido cierta distancia y al no percibir tan hediondo aire, supe que me había alejado lo suficiente de él.

7:55 Por un momento tuve la loca idea de Voltear para mirarlo, pero el temor pudo más y continué sin hacerlo. Cuando llegue al lugar donde solía estar el límite de mi trayectoria y en donde debía dar ya la media vuelta para emprender el camino de regreso, me quedé ahí, descansando un poco, mientras pensaba en lo que acababa de experimentar. Sabía que si es extraño, continuaba con su andar tarde o temprano. Llegaría hasta el punto en donde yo me encontraba y eso me inquietaba. Pero luego de esperar por más de 30 minutos y al pensar que por suerte había cambiado de dirección, me levanté del césped sobre el que estaba sentado. Tomé mi bicicleta y me dispuse a regresar a casa. Y aquí es donde viene la turbia situación. Pues al haberme quedado más de lo normal descansando, no tuve en cuenta que la noche me sorprendería durante el camino, siendo justo cuando viviría lo que finalmente me provocaría el trauma del que les hablé.

9:11 Al comienzo ya había pasado por el punto donde lo encontré y como la noche ya la tenía básicamente encima, al ser un lugar sin iluminación, encendí la linterna de mi celular. Que llevaba colocado en un soporte sobre el manubrio. Y continué con tranquilidad al saber que ya no lo volvería. A ver. Pero me equivoqué, pues poco después reapareció para hacer de mi vida un infierno. Fue un ligero sonido el que empecé a escuchar en las cercanías, mismo que se fue haciendo cada vez más perceptible a medida que pasaban los minutos.

9:53 Yo miraba hacia todos lados para tratar de averiguar desde dónde provenía, hasta que en un momento dado caí en cuenta que venía desde mis espaldas. Estaba a punto de darme la media vuelta para mirar cuando algo me lo impidió de seco. Se trataba de ese olor nauseabundo, el mismo que percibí cuando me lo topé antes. Confirmando así que sin lugar a dudas se trataba de él. Está demás decirles que el miedo regreso a mí me repetía que ni aunque estuviera loco voltearía a mirar. Pero eso no fue necesario, ya que ese ser fantasmal vino hasta mí.

10:42 Apareció de la nada, primero su olor insoportable y luego su figura. Que poco a poco podía divisar con el rabillo del ojo. Ahí ya no pude soportarlo más y giré para mirarlo siendo. Así que ahora pude ver a la perfección su lúgubre aspecto. En efecto, eso no era un hombre normal, al menos no un ser vivo. Su cara, lo que vi directamente, me dejó estupefacto al notar sus repugnantes facciones. Su piel era pálida y demacrada. Tal cual lo noté la vez primera, pero ahora también vi cómo ese ser carecía de trozos en algunos sectores de su rostro, dejando a la vista una carne negra y pútrida. Pude ver que me sonreía.

11:32 Unos dientes amarillentos, podridos y retorcidos sobresalían a la vista de su boca, carente de labios. Sus ojos eran amarillos. Efectivamente, como los de un hombre sin vida y una gran abertura en su frente que se asemejaba a una fatal herida, dejaba asomar un bulto de gusanos moviéndose desesperados el resto de su cuerpo. Ya no pude verlo bien, pero iba a ir conmigo a mi lado a la misma velocidad que yo, aunque era como si flotara tal cual representan a las temidas apariciones fantasmales de carreteras. Comencé a gritar como un loco.

12:15 Era tanto el pánico que sentía que pedale con todas mis fuerzas sin pensar que eso me pudiera provocar una caída. No tengo la menor duda de que esa cosa estaba consciente de que yo sentía terror, pues mientras más fuerte gritaba, él se abalanzaba sobre mí, como pretendiendo que de esa forma lo pudiera ver mejor. El momento culmine fue cuando noté que movió uno de sus brazos y abriendo totalmente su mano, la colocó suavemente sobre la mía, la que estaba sobre el lado izquierdo del manubrio de mi bicicleta.

12:57 Sentí un frío indescriptible. Apenas tuvo contacto, era como si ese ser estuviera congelado. Y digo esto sin exagerar, porque les juro que sentía. ¿Cómo me iba quemando la piel de mi mano? Como cuando uno apoya a hielo directo y al paso de los segundos va causando ese típico ardor. Por instinto. Retiré rápidamente esa mano del manubrio y sucedió lo inevitable. A la velocidad que iba y sumado al desmesurado pavor que sentía, perdí el control de mi bicicleta y caí de lleno sobre el asfalto. Siendo arrastrado por el impulso, unos 2 M más o menos. Sin embargo, no me quedé ahí tirado. Como iba usando casco, no recibí golpe alguno en la cabeza, lo cual me permitió mantener la lucidez. Me levanté rápidamente para alzar mi bicicleta y así montarla de nuevo y sin perder ni un instante, retomé la huida pedaleando como un desesperado loco. En esos momentos ya no vi al fantasma, pero aun así iba rezando a Dios en voz alta, como nunca antes lo había hecho. Sentí que el alma me regresó al cuerpo cuando a lo lejos noté los faros de un carro acercándose. Al principio pensé en detenerme cuando este pasara por mi lado y pedirle ayuda, contarle lo que

14:31 me había pasado, pero cuando estuvo cerca. Ese chófer ni siquiera se ocupó en mirarme y pasó a gran velocidad, sin detenerse. Y así solo y aterrado, continué rezando y pedaleando hasta que por fin comencé a divisar las luces de la zona urbana. Cuando llegué a la primera avenida de la ciudad me detuve. No sentía mis piernas debido al tremendo esfuerzo que les exigí de igual manera. Mis manos temblaban a causa del miedo que aún sentía y mi corazón parecía querer salirse de mi pecho.

15:11 Recién en ese momento vi las heridas que tenía provocadas por la caída que sufrí al intentar escapar de esa cosa. Y a pesar de que la sangre no paraba de recorrerme desde las heridas, decidí retomar directamente el camino hasta mi casa. Y una vez ahí. Mi esposa me ayudó a curarme. Hoy en día sigo practicando este pasatiempo. De vez en cuando tomo mi bicicleta y salgo a recorrer las calles de mi ciudad. Pero ya no volví a usar carretera y jamás pienso volver a hacerlo. No sé si eso fue un fantasma, un ente o en realidad un demonio, pero con todo lo que me pasó esa vez me basta para saber que. El mundo paranormal existe en la vida real y que los seres que vienen del más allá son capaces de interactuar con nosotros, provocándonos traumas muy difíciles de superar, aunque seamos psicólogos.

16:33 Faltaba poco para la gran carrera, me venía preparando durante varios meses para esa competencia y quería sí o sí ganarla y no es para ser alarde de mi persona, pero ya llevo acumulados varios premios de primeros puestos en este rubro, lo cual me hace un deportista muy conocido en mi ciudad, lo que me empuja a mantener mis datos personales en anonimato. Pero si les diré que soy de México, pertenezco a un Estado ubicado en el norte de mi país. Básicamente me dedico al ciclismo desde que era un niño, pasión que me fue heredada por mi propio padre, que a su vez también fue un ciclista muy reconocido en una montaña que se encuentra en las orillas de mi ciudad. Hay un predio mismo que es elegido por los ciclistas para entrenar.

17:32 Ya que cuenta con senderos estrechos que al estar rodeados de vegetación lo convierten en un lugar perfecto para dicha actividad. La desventaja que tiene es justamente esa, que es muy concurrido por ciclistas y por consiguiente, casi siempre está en uso, más aún los fines de semana o días feriados. Es por eso que yo no dejaba pasar la oportunidad de ir. Cuando tenía mis jornadas de descanso durante los días de semana, tal cual fue aquella tarde cuando me sucedió el evento Paranormal en el que se basa mi relato, una vez que almorcé salí de la casa avisándoles a mis padres. ¿A qué hora regresaría?

18:22 El solía acompañarme casi siempre, pues como les dije, mi padre también es un ciclista profesional y aunque ya está retirado, todavía sigue ejerciendo su amado deporte. El caso es que en esa ocasión no pudo acompañarme, así que me fui solo, sin saber que en esa vez lo necesitaría más que nunca. Llegué pasando las 3:00 de la tarde. Y tal cual lo esperaba, no había casi gente, emprendía el camino de su vida pedaleando con tranquilidad, ya que el verdadero entrenamiento se daba en la bajada, considerando la fuerza y control que se debe tener para poder circular a gran velocidad sin problemas. Y ahí viene el punto, pues estando ya en ese trayecto de recorrido.

19:16 Sucedió aquello que fue el comienzo de la pesadilla. Les juro que no sé en qué momento apareció. De repente esa cosa se me atravesó por el sendero, haciendo inevitable el choque. Fue una especie de tela de color claro. No tuve tiempo de verla a la perfección, pero fue como si alguien. La hubiera arrojado desde un costado para que yo me topar con ella. No obstante, eso no pudo haber sido una tela normal. Era como si envolviera algo en su interior y algo lo suficientemente pesado como para lograr que yo cayera de lleno hacia adelante cuando me estrellé con ello, dando mi rostro contra la firme Tierra.

20:07 Para que se den una idea, el golpe fue tan duro que al reaccionar y levantarme miraba hacia todos lados tratando de comprender lo que acababa de pasarme. Esa cosa ya no estaba y en tanto me quedé sentado por unos segundos, observaba como la rueda delantera de mi bicicleta se había retorcido. Mientras la sangre empezaba a brotar a borbotones de mi nariz rota, a duras penas me levanté. Tomé mi mochila que había llevado y saqué de esta una toalla pequeña que destinaba para secar mi sudor.

20:50 Empecé a limpiar mis heridas, tratando así de detener la hemorragia. Fue entonces cuando esa persona llegó. La vi caminando por el sendero en dirección hacia mí y de antemano su mirada me provocó un escalofrío que por unos momentos me hizo olvidar mis heridas. Era una mujer, una anciana de pequeña estatura y ropas harapientas, caminando encorvada y cargando sobre sus espaldas un manojo de ramas secas atadas con un paño. A esa distancia pude ver que me sonreía. Y conforme se acercaba lograba notar que apenas un par de dientes poseía, pero como les dije, era su mirada lo que me dejaba perplejo, pues esta no coincidía con la expresión risueña que aparentaba, porque parecía más bien maldad lo que transmitía. Una vez que llegó hasta mi se detuvo a poca distancia, lentamente y con esfuerzo.

21:55 Bajó la carga de sus espaldas para colocarla sobre el suelo y a continuación me preguntó si me encontraba bien, haciendo referencia a mis heridas sangrantes. Y todo eso lo hizo sin quitar su mirada de mis ojos ni un instante teniéndola. Ahí vi que su aspecto era prácticamente nulo de aseo, su piel arrugada y reseca. Hacía que sus pómulos y barbilla sobresalieran de su faz curtida. Similar Estado tenían sus pequeñas manos, tan flacas que podía notarse claramente sus huesos.

22:37 Sólo sus labios tenían un color normal. Estos eran rojos y al estar humedecidos por la saliva que salía de su boca, al parecer involuntariamente le daban un aspecto aún más inquietante. Le respondí que sí. Que me encontraba bien, que algo se me atravesó por el camino y me provocó la caída, que ya bajaría para acudir a un hospital y así poder recibir los primeros auxilios. ¿Fue entonces eso lo que aquella diminuta anciana usó para retenerme? Pues sin dejar de sonreír, me dijo que ella podría ayudarme a la vez que sacaba desde sus ropas. Un sucio trapo que extendió sobre mí, dándome a entender que quería limpiar mi sangre con éste. Rápidamente empujé mi rostro hacia atrás para que no me tocará, diciéndole que no hacía falta que con mi toalla era suficiente.

23:42 Pero a decir verdad, no lo hice solo por eso, sino que aparte de que ese trapo estaba asquerosamente sucio. También despedía un olor tan hediondo que me provocó náuseas al darse cuenta de mi rechazo. Ella regresó la mano y cambió la expresión de su rostro a la de una anciana ofendida de inmediato. Me sentí mal por ello, pensando que después de todo sólo quería ayudarme y volviendo a hablar, le pedí disculpas argumentando que en verdad no era necesario y que ya me tenía que ir. Pero una vez que estuve de pie y teniendo la hora a escasos centímetros de mí, esa anciana que yo consideraba inocente hizo aquello que no sólo me demostró que en verdad se trataba de una maldita desgraciada, sino que también me hizo sufrir la vergüenza y asquerosidad más grande de mi vida y que hasta el día de hoy no puedo olvidar.

24:49 Se lanzó sobre mí como una bestia. Tenía una fuerza colosal. Lo supe por qué cuando meto un bo no podía ni moverme. Lancé un insulto que fue interrumpido cuando una de sus manos tapó mi boca y quedando sobre mí, me hizo aquello que jamás pensé que me pasaría. Creo que no hace falta darles más detalles de lo que me hizo. Sólo les diré que el asco que sentía era indescriptible. Mientras me tocaba, se burlaba de mí, derramando esa saliva asquerosa de su boca que caía sobre mi pecho. Fue mi padre a quien vi cuando abrí los ojos después, ya que me había ido a buscar viendo que pasaban las horas y yo no regresaba en algún momento del acto repugnante que cometió esa desgraciada sobre mí. Perdí el conocimiento logrando despertar aún sintiendo la pestilencia que había dejado sobre mi cuerpo. Los pocos a los que les conté esto me dicen que de seguro todo fue producto de mi imaginación o una pesadilla que tuve mientras estuve desmayado.

26:05 Pero yo sé que el ataque que viví fue real. Mi padre también me cree. ¿Y cómo no hacerlo? Si él fue testigo directo del Estado en el que me encontró, él también vio las huellas que dejaron las manos de esa maldita sobre mí. Manchas que quedaron debido a que ella también se ensució con mi sangre. El vio los restos de saliva sobre mi cuello y pecho, como así también sintió el olor nauseabundo que dejó en mi cuerpo, el que, por cierto, lo tuve durante unos días. Sin lugar a dudas, eso fue una bruja, una maldita bruja que se aprovechó de mi. Y es más que obvio que también ella me arrojó esa cosa que provocó el choque, haciéndome comprender que todo lo tenía planeado.

27:02 Buscó una víctima y me eligió a mí saciando su repulsivo e infernal deseo.