LAMENTOS - ATERRADORES Relatos de Traileros y Camioneros
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0:05 Aterradores lamentosos muy buenas noches, mi nombre es Jorge, soy trailero desde hace algunos años me tocaba viajar con COSME, un repartidor que solo acompañaba a los choferes porque conocía muy bien la región. Y muy a pesar de que era muy chaparrito, era una persona muy fuerte. Se podía echar al lomo varias cajas muy pesadas sin soltar una sola gota de sudor. Gracias a que desde niño siempre le gustó este tipo de trabajo.
0:47 Esta tarde nos retrasamos por un percance que bloqueó por horas el camino real, que es el único acceso a San Berna. Debido a eso y la distancia comenzó a atardecer demasiado rápido. Cosme ese día me pidió que condujera despacio. Vimos a varias patrullas del pueblo a un lado de la carretera, supimos que venían del choque de kilómetros atrás, pero solamente estaban las camionetas, no se veía a los agentes por ningún lado. Me di cuenta que no me topé con ningún carro mientras circulaba por el camino, pero no le tomé importancia.
1:32 Lo bueno fue que nos recibieron sin problemas la mercancía y en un rato más ya estábamos de regreso camino a casa. Parece mentira, pero a pesar de que vivo en Estado de México toda la vida, hay pueblos apartados y otros que incluso aún no conozco. Por eso es que COSME decidió acompañar para indicarme las rutas para llegar rápido y bien a ellos. Iba despacio por el camino, conversando con mi compañero, compartiendo café y un cigarrillo, y justo al estar por salir del poblado se veía a lo lejos lo que parecía otro estancamiento de tránsito, por lo que COSME me pidió que saliéramos por otro camino.
2:20 Veníamos vacíos y sería más fácil maniobrar el tráiler sin el peso extra, y así lo hice. Me metí por otro sendero, por el camino que nos fuimos. Era todo de Tierra, pero al parecer tenía tiempo de no ser usado porque estaba bastante mal. El pesado camión daba saltos por lo intrincado del terreno, pero al menos así regresaríamos tranquilos a casa. Cosme, sonriendo, visiblemente nervioso, solo me decía que no me preocupara porque aquí llegaríamos bien. Cosme, sonriendo, visiblemente nervioso, solo me decía, no te preocupes por aquí llegaremos bien, pero tratemos de avanzar antes de que anochezca y se haga más oscuro. A pesar de que iba a buena velocidad, la noche nos alcanzó. Si de por si el camino estaba espantoso, ahora se veía atemorizante, me puse nervioso, pues la oscuridad lo hacía más aterrador al ir manejando.
3:31 De vez en cuando nos topábamos con varias casitas de madera y palma, pero como es costumbre en provincia, la gente del campo al anochecer ya tiene las luces apagadas. Haciendo que lucieran como embrujadas, muy a mi pesar, tuve que bajar la velocidad para evitar quedar varados o chocar con alguna roca y quedar allí abandonados a nuestra suerte en plena noche y en medio de quién sabe donde los faros de halógeno apenas me dejaban mirar unos metros adelante debido al polvo que iba levantando el camión. Iba tan concentrado en el camino que pegué un salto cuando COSME me apretó el brazo y me pidió temblando y en voz baja que apagara las luces del tráiler.
4:26 Me imaginé algún animal, incluso ladrones. No es raro que anden merodeando a los transportistas, pero no vi a nadie. Decidí orillar el camión, pero mi amigo me pidió que apagara el motor. Y que no hiciera ruido. Así lo hice. Ambos nos quedamos quietos. Cosme me hizo señas que agudizara el oído. De pronto, con el silencio de la noche y el motor e instrumental apagados, escuché una voz a lo lejos. La voz era de una mujer. Me imaginé que quizá se trataba de una pelea familiar, pero de repente. La voz se convirtió en un alarido espantoso. Los pelos de todo el cuerpo se nos erizaron a ambos. Inmediatamente me vino a la mente una bruja o la llorona, pero ese aullido era de verdad escalofriante, no emitía palabras.
5:29 ¿Para qué les voy a mentir? Solamente se trataba de un aterrador y lastimero grito de mujer, el miedo es canijo. Cosme ya se iba a salir del tráiler, no sé para qué. Quizás le dio el impulso de escapar, pero lo detuve viendo que COSME estaba muy asustado. Lo agarré del brazo y le dije que no hiciera locuras. ¿Adónde iba a ir? De todas maneras, decidimos guardar la calma, quedarnos muy quietos y esperar que eso, fuera lo que fuera, terminara o pasara. De todas maneras, si no había peligro, emprenderíamos la marcha al vernos a salvo ese maldito lugar. Estaba todo oscuro y lo poco que se podía ver era gracias a la tímida luz de la Luna.
6:25 Pasó un rato y los lamentos se seguían escuchando, pero por más que miramos por todas partes, no encontramos nada. No se ve ni madres, Jorge. Me dijo mi amigo en voz baja. De repente no sé por qué demonios se me ocurrió voltear hacia la arboleda. Allí observe lo que parecía una mujer volando a la altura de los árboles. Flotaba encima del camino mientras se emitía ese alarido aterrador y ensortescedor cerramos los ojos mientras se posó sobre el tracto camión. Mientras nosotros guardábamos silencio sin movernos, poco a poco, los lamentos fueron escuchandose más lejos. Abrí los ojos y pudimos observar cómo se iba perdiendo en las lejanías hasta desaparecer de nuestra vista. Cosme me dijo que arrancara, pero decidí esperar un poco, asegurarme de que ese engendro no nos encontrara. Estaba temblando.
7:34 Y no era para menos. Los minutos se me hicieron eternos y seguí atemorizado por lo que acabábamos de ver. Después de varios minutos. Al fin COSME tomó mi hombro y me dice que avanzara que tratara de llegar lo más rápido posible al próximo poblado. Como tenía miedo en ese momento, no pregunté nada y solo me puse a conducir lo más rápido. Que el camino y la oscuridad me permitían fue algo de verdad traumatizante. Pasaron algunos días y regresamos a la normalidad. Nuestro trabajo era el mismo.
8:18 Teníamos que llevar los encargos a los pueblos cercanos cuando en la central nos dicen que lleváramos un encargo al pueblo donde se nos apareció aquel espectro. Pero le dije que con todo el dolor de mi corazón. Ni loco regresaba a ese lugar. Lamentablemente no lo tomaron muy bien, pues ese mismo día me corrieron de la empresa. Aún así, me alegra, pues esa experiencia no se la deseo ni a mi peor enemigo. Ese espectro me dejó realmente traumado y no quiero volver a toparme a esa mujer fantasma o lo que haya sido nunca jamás. La criatura del tráiler, historia de terror enviada por Noé Gómez hace varios años, cuando mi papá me soltó sólo el tráiler Por Primera Vez apenas tenía 15 años. Mientras paramos para cenar en una fonda a pie de carretera en San Juan del Río, en Querétaro, México, en el pueblo donde vivía, el sueño de la gran mayoría de jóvenes era conocer la capital, ya que se hablaba maravillas del distrito federal como le conocíamos en aquel entonces, decían todos que en el DF se realizaban todos tus
9:53 sueños. Además que había trabajo para todos y sobre todo dinero y mucha diversión. El caso es que mi meta era precisamente la de convertirme en Trailero y Mudarme al DF a toda costa y así lo pude hacer con el tiempo trabajé muy duro hasta que a los 20 años mi papá me ayudó a comprar mi propio tractocamión. En aquellos tiempos todos querían ir al df y salir de la pobreza. El gran problema es que nadie podía pagar el pasaje por falta de ingresos suficientes y obviamente nadie se fiaba como para prestar esa gran cantidad de dinero sin conocerte. Así como mi papá, un tío mío a quien quería mucho, que se llamaba Fernando y a mí se nos ocurrió la brillante idea. De emplear a gente del pueblo.
10:51 El trato era ayudarnos a llevar cargas y así los dejaríamos en la central de Abastos a fin de que consiguieran trabajo allá o en algún otro mercado donde la mano de obra era solicitada constantemente, por lo que muchos paisas felizmente nos ayudaban con el objetivo de ir al DF a realizar sus sueños de mejorar su situación. Por allá de 1964 llegó al pueblo un hombre a quien nadie conocía. Solamente sabían que se hacía llamar el rojo por su peculiar color de cabello. Era de piel blanca y muy pecoso y tenía el cabello de color rojo muy, muy intenso. Casi no hablaba con nadie, pero era muy fuerte y le gustaba mucho trabajar con mi padre.
11:45 Iban y venían a la capital. Pero curiosamente, ciertas ocasiones tardaban días en regresar y el Rojo jamás se quedaba en la ciudad, ni siquiera viajaba en la cabina con mi papá, siempre en la redila del camión. Cuando conocí el Rojo nos caímos muy bien. Se comportaba como un niño, aunque yo era sólo 2 años mayor, me sentía el adulto. Así que una ocasión que mi padre no pudo llevar carga por un desperfecto en su camión, me encomendó el viaje a mí. Vi la oportunidad perfecta de hacer amistad con el rojo. Finalmente hablaría con alguien de mi edad y no me preocuparía de acomodarlo.
12:33 Al llegar fue duro convencerlo, pero finalmente accedió a subirse en la cabina. Conmigo íbamos conversando, aunque como dije. Él no hablaba mucho, lo llevé varias veces conmigo hasta que le pregunté finalmente por qué viajaba en la parte trasera del tracto, a lo que este apenado me respondió que estaba enfermo y que algunas veces por la noche le daban ataques violentos de epilepsia, por lo que se ataba con las cintas de sujeción del camión para no dañarse ni dañar a otros. Eso se me hizo bastante triste, la verdad. Y fue por ello que le decía que entendía eso perfectamente y que en las noches que él pensara ponerse mal tenía mi permiso para viajar atrás, pero que mientras era mi amigo y era mi deseo que viajara conmigo, el apenado sonrió y aceptó con algo de recelo.
13:37 Un día llevaríamos, como era costumbre, una carga a la central. El Rojo me dijo muy serio que ésa sería una de esas noches y sin más explicación, se trepó en la parte trasera del camión sin decir nada, tapó la lona y se llevó consigo las cintas de sujeción restantes. Llegamos a eso de las 2:00 de la mañana a la Central de Abastos de la Ciudad de México. Después de cenar, quise ver si el rojo quería algo, pero escuché que se quejaba de dolores. Por lo que pensé que se trataban de contracciones de su enfermedad, como él la llamaba.
14:17 Así que lo dejé y fui a cenar. Después de algunas horas regresé y me dispuse a acomodarme para dormir un rato mientras esperaba mi turno para llevar la carga de vuelta. Serían las 3 o cuatro de la mañana. La Luna llena estaba en todo lo alto, esplendorosa en el cielo. Cuando escuché golpes detrás de mi camión, sabiendo que quizás el rojo estaba convulsionando por la epilepsia, lo dejé. Pero cuando el sueño me estaba venciendo unos gruñidos graves y fuertes, acompañados de violentas sacudidas, me sacaron de mi estado de adormilamiento. La curiosidad me hizo levantarme y en irme a asomar a la parte trasera del Tráiler.
15:07 Con cuidado me asomé por una rendija de las redilas y Santa Madre de Dios. Tuve que tapar mi boca para no hacer ruido. Sigilosamente y en silencio me dirigí a la cabina y me encerré con llave mientras las lágrimas rotaban por mis mejillas temblando como un chiquillo. Trataba de no hacer el más mínimo ruido en la caja de mi Tráiler. Ya no estaba el rojo. Sino una bestia infernal atada con las cintas, sacando espuma del hocico y forcejeando para soltarse. No sé en qué momento el shock hizo que me quedara dormido.
15:50 El caso es que los toquitos del supervisor de piso en la puerta del camión me hicieron brincar del susto. Abrí el tráiler y el rojo estaba como oído, pero tranquilo, sin decir nada en menos de 1 hora. Él solo cargó el tráiler y después se subió en la cabina, en todo el trayecto. ¿No dije nada, estaba totalmente traumatizado, 1000 cosas pasaban por mi mente, que carajos era esa cosa? Era el rojo, no podía ser él, es de estatura pequeña, esa cosa era enorme, no lo vi bien, solamente recuerdo pelos por todas partes. Unos llameantes ojos rojos al igual que el pelo de esa aberración.
16:41 ¿Por semanas pensé, cómo decirle a mi papá de la bestia que sospechaba que el Rojo no era lo que creíamos? Pero desgraciadamente él se me adelantó, me dijo que el rojo se había ido con Fernando a dejar carga en Guerrero. 2 días después de eso llegaron unos policías del Federal de Caminos. Pidiendo que les acompañáramos a identificar un cuerpo era Fernando. Según la autopsia, un extraño animal se metió a la cabina y acabó con su vida. Violentamente no dejó ningún rastro, excepto por un hirsuto mechón de cabellos, cabellos rojos del mismo color de los cabellos del rojo. Mi padre quedó destrozado por la muerte de mi tío. Mi abuelo dijo que el rojo era una agual, pero hasta hoy nunca nadie volvió a verlo.
17:48 Una aparición en la ruta, muy buenas noches y saludos cordiales. Mi nombre es Juan Domínguez, esta es mi historia. Era un viernes a eso de las 10:00 de la noche, no era muy tarde, viajábamos de Ciudad Victoria a Tampico. Es común que para hacer el recorrido nocturno nos juntemos en conboy que es un grupo de camiones para hacernos compañía. En esa ocasión 3 compañeros en especial veníamos haciéndonos compañía, a mí me tocó venir en medio. Al ir avanzando me di cuenta que al compañero de adelante se le ponchó una llanta del segundo remolque y por el radio le di aviso para poder asistirlo.
18:44 Algunos cientos de metros más adelante nos orillamos para entrar a acotamiento y reparar el desperfecto. El compañero era novato, pero le encantaba andar en carretera arriba de su monstruo de acero. Era un jovencito como de 22 años junto con otro compañero. Le ayudamos a cambiar la llanta y entre Plática y Plática nos empezamos a reír cuando de pronto el más veterano nos hace señas de guardar silencio. ¿Escucharon? Nos dijo en voz baja. No les miento, escuché claramente como si alguien estuviera rezando de inmediato. Nos asomamos detrás de los camiones debajo, pero nada. El acotamiento tiene barras de contención, pues está pegado a una barranca.
19:40 Estaba raro, no había absolutamente nadie y en eso escuchamos nuevamente los rezos, pero muy bajos, como susurrando la oración, nuevamente volteamos a ver a nuestro alrededor. Buscando a alguien que estuviera haciendo estos rezos, pero de nueva cuenta no se veía a nadie como sea. Suspiré aliviado de no haber sido el único que escuchó los rezos. Pensé que me estaba volviendo loco. Nuevamente se escucharon, pero esta vez nadie dijo nada. Nos volvimos al camión varado y continuamos cambiando la llanta. Y nuevamente entre broma y broma nos volvimos a reír, pero de un momento a otro volvimos escuchar los rezos, esta vez sí que nos pusimos nerviosos.
20:39 Solamente en susurros se nos fueron las ganas de conversar y bromear, en cuestión de segundos decidimos apresurar la talacha cuando de nuevo empezaron los rezos en voz baja. ¿Ya muy espantado, uno de mis compañeros dijo, escucharon esos güeyes? A lo que respondimos que sí fue entonces que nos apuramos. Para terminar, ya estaba visiblemente nervioso por no decir espantado y noté que también mis compas estaban asustados. Nos apuramos y esta vez claro, escuchamos pasos como si varias personas se dirigieran hacia nosotros.
21:23 Pero no se podía ver nada. La carretera estaba totalmente sola. Cuando finalmente cambiamos la maldita llanta, emprendimos la marcha de nueva cuenta, pero de pronto, como a medio kilómetro adelante, el camión de mi compañero comenzó a colear de un lado a otro como si estuviera perdiendo el control. Al armado le llamé por la radio pensando que se había quedado dormido o que a lo mejor había perdido. El conocimiento no contestaba, pero después de varios intentos me respondió bastante alterado, que algo se le había subido a la cabina.
22:06 Como pude, traté de calmarlo hasta que finalmente lo logró y se orilló más adelante. Cuando bajó de su tráiler, el chico estaba pálido y sudando frío. Totalmente aterrorizado cuando al fin pudo calmarse, después de darle un café bien cargado y con mezcal, nos dijo que una extraña mujer de vestido negro y cabellera reluciente y larga, estaba sentada junto a él en el asiento del copiloto y le decía burlándose de él, nos vamos a matar, nos vamos a matar mientras se carcajeaba. Y le movía el volante de un lado a otro para hacerlo volcar. Lo más misterioso y aterrador fue que nos dijo que él jamás escuchó el radio y que menos pudo haberlo respondido. Nunca dudamos ni pusimos en cuestión lo que el chico nos contó.
23:07 Revisamos el camión y obviamente no había nadie. Ese pobre quedó tan traumatizado que se veía como perdido. Como era de esperarse, nunca jamás volvió a subirse a un camión ni volvió a conducir, por lo que renunció y se mudó a otro Estado. Muchas gracias por contar mi historia. El camionero. Buenas tardes. Mi nombre es Abraham García.
23:48 Esto pasó cuando era camionero. Una tarde encontré a 2 excursionistas extraviados en medio del bosque, cerca de Tepepan. Me hicieron la parada para llevarlos. Al detenerme me preguntaron si estaría cerca el pueblo y si los podía llevar, a lo que les contesté que sí, que no había ningún problema. Se me hizo curioso que eran bastante grandes y de complexión muy robusta. Se les veía algo toscos, me dió desconfianza y les dije que mejor no porque no podía subir a nadie al camión. Molestos volvieron al camino y detuvieron. Un lugareño iba a arrancar el camión cuando el señor Les invita a subir a su troca que los llevaría a su casa a pasar la noche.
24:41 Y al día siguiente podrían seguir al pueblo. Ellos le dicen al señor que no, que necesitaban llegar con urgencia al pueblo. No importaba si llegaban de noche, pero les urgía llegar. El señor les dijo que era muy peligroso andar por esos lugares, que hay criaturas muy extrañas que les pueden atacar y que lo pensarán bien. Su casa no quedaba lejos, insistió. Si gustan, los llevaría, no les cobraría nada. Los turistas groseramente se negaron y respondieron si creía que alguien podría hacerles algo haciendo alarde de sus enormes tamaños. Me molestó eso y le dije al señor que siguiera su camino, que no se preocupara por gente ingrata. Así quedo todo, pero a la mañana siguiente, cuando iba rumbo al pueblo vecino.
25:40 ¿Por el camino vi a una multitud reunida cerca de la carretera, me dio curiosidad, ya ven que aquí en México casi no somos chismosos? Y me detuve a preguntar que había pasado. Algunas personas me dijeron que encontraron los cuerpos de 2 hombres completamente pálidos, sin una gota de sangre en sus cuerpos. Hasta ahora nadie se explica que pasó esa noche. Era la primera vez que veían algo así. Muchos dicen que fueron las Brujas. Después de unos días me mandaron a otro pueblo. Nunca supe qué fue lo que pasó realmente con los turistas, pero siempre me pregunto qué clase de criatura puede drenar toda la sangre de una persona. Esta ha sido mi historia.
26:33 Muchas gracias.
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