LA TUMBA DEL BRUJO | 4 RELATOS DE SEPULTUREROS – Terror Real y Paranormal
Buenas noches, madrugadores y trasnochadores del Inframundo.
Esta noche no escucharás simples historias.
Escucharás relatos contados por quienes trabajan donde termina todo: el cementerio.
Sepultureros que pasan sus noches entre tumbas abiertas, tierra removida, cruces viejas y sombras que no pertenecen a este mundo.
Historias ocurridas cuando el silencio es total y algo camina entre las lápidas.
Relatos de hombres que vieron cosas que ningún vivo debería presenciar.
ATACADO POR UNA BRUJA – Luis Castañeda
Un sepulturero es atacado durante la madrugada por una presencia que se arrastra entre las tumbas y se alimenta del miedo. Algo antiguo lo marcó para siempre.
DUENDES CARROÑEROS – Abel Flores
Criaturas pequeñas aparecen después de los entierros recientes. No buscan oro ni objetos… buscan restos humanos.
LA TUMBA DEL BRUJO – Juan Labastida
Una tumba sellada hace décadas comienza a mostrar señales de actividad. El sepulturero encargado descubre por qué nunca debió abrirse.
GRITOS – León Valverde
Durante los turnos nocturnos, gritos surgen desde fosas vacías. No vienen del pasado… vienen de abajo.
🎧 Disfruta de:
00:00 HISTORIAS DE CEMENTERIO
00:35 ATACADO POR UNA BRUJA
10:05 DUENDES CARROÑEROS
18:09 LA TUMBA DEL BRUJO
28:24 GRITOS
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0:00 Muy buenos días, querida familia tan madrugadora. En esta ocasión les compartiré cuatro aterradoras historias ocurridas en el cementerio, precisamente a sepultureros y veladores estos hombres que aunque les da miedo, tienen que hacer su trabajo sin más. Por el momento, aquí comenzamos. Muy buenas noches comunidad, mi nombre es Luis Castañeda. Trabajé como sepulturero por alrededor de más de 30 años en un panteón en mi Natal Chilpancingo de los bravo, en el Estado de Guerrero. El cementerio se encuentra a las orillas de la ciudad. Ahí disculpen si no les doy la ubicación exacta. Mi labor consistía en vigilar limpiar senderos y revisar que las lápidas recientes no hubieran sido dañadas. Era el año de 1998 cuando me pidieron cubrir las vacaciones del velador, lo cual acepte sin problema alguno. Trabajaba medio turno durante el día como sepulturero y por la tarde regresaba para hacerla de velador. Lo acepté por la necesidad.
1:28 No porque me gustara pasarme todo el día entre tumbas, la primera noche. Juan Pedro, el Velador que iba a cubrir sus vacaciones, me dijo muy serio que en el día el Panteón se ve de manera diferente, que tiene una falsa calma que prometían los pasillos de nichos. Cuando uno camina por ellos me aconsejó que no entrara los pasillos poco iluminados. Porque me llevaría el susto de mi vida. ¿Justo hicimos el rondín y me señaló por dónde hacerlo, por dónde no ingresar? Les comento que es verdad, por la noche todo el panorama cambia y aunque ya tenía años de caminar por el cementerio de noche, no me daba la confianza de hacerlo.
2:21 La siguiente noche ya me quedé, solo hice mis rondines. Y anotaba todo en la bitácora. No les miento si les digo que no tuve miedo. Sí lo tuve y fue porque escuchaba el llanto de una niña. Hacía 2 días estuve trabajando en sepultar a una menor. Tuvo muchos acompañamientos. Entre las conversaciones que escuché fue que la habían atropellado una muerte drástica. Quizás ustedes piensen que uno no siente empatía hacia los dolientes, pero no en mi caso, pues al saber que era una pequeña de tan solo 7 añitos, pensé en mi hijo el dolor en los padres sentía como si me atravesará el corazón el imaginar que yo pudiera pasar por una situación como esa. Mi compañero y yo hicimos todo lo posible para colocarla dentro de la tumba de una manera delicada. Cuando escuche los llantos, lo primero que se me vino a la mente fue aquella niña.
3:31 Pero la noche en que todo comenzó fue un viernes. Al hacer mi rondín en la tumba de la niña, encontré que alguien había dejado ofrendas improvisadas sobre su tumba. Me acerque con la idea de retirarlas, pensando que eran basura, que atraerían animales. Había marcas alrededor de la fosa, trazos torcidos sobre la Tierra recién removida, restos de cera y un olor agrio que no provenía de flores marchitas. Moví uno de los objetos con el pie y el silencio del lugar se quebró. Los sonidos provenían del monte, como si algo estuviera merodeando por el cementerio.
4:18 Es una manera difícil de explicar. Me alejé, convencido de que había cometido un error, pero sin dimensionar las consecuencias. Esa mañana, cuando regresé a casa, fue con la sensación de ser observado. Dormí poco y mal. Sobresaltado por sueños en los que la Tierra se abría bajo mis pies. Cuando me desperté en la tarde para arreglarme, para ir a trabajar, me di cuenta que tenía arañazos en mis brazos, que no recordaba haberme hecho. Pensé que había sido el alambre del portón o alguna rama y me obligué a seguir con mi rutina sin tomarle importancia a las heridas. Esa noche, mientras recorría los senderos, sentí pasos detrás de mí, lentos y arrastrados.
5:13 Voltee repentinamente, pero no vi a nadie y el miedo se me metió en los huesos. Al llegar a la carita, el dolor en las piernas me hizo caer de rodillas y descubrí moretones que parecían manos marcadas. Me dolía mucho la piel y decidí ya no dar otro recorrido por el panteón. La siguiente noche fue la peor. Apenas crucé la entrada del panteón, sentí una presencia pesada, pero no quise sugestionarme. Tampoco le comenté a alguno de mis compañeros. Me preguntaron si todo estaba bien, a lo que les contesté que sí.
5:56 Serían alrededor de las 11:00 cuando hice mi primer recorrido. Pasé junto a la tumba de la Pequeña para ver si alguien había regresado a poner lo mismo que la noche anterior. Estaba parado frente a la tumba. Cuando algo me empujó contra esta y sentí uñas clavarse en mi espalda. Caí al suelo incapaz de gritar, mientras algo invisible me golpeaba una y otra vez. Los brazos me ardieron al igual que mis piernas. Como pude logré levantarme y enfrentar a lo que me estaba atacando, pero allí no había nadie. Comencé a correr a la caseta de vigilancia y esperé el amanecer con el cuerpo ardiendo de dolor.
6:47 Las heridas en los brazos supuraban el líquido rojo. Tomé algodón y alcohol, las limpié y aunque sentí el ardor, me aguanté las ganas de llorar. Cuando mi esposa me vio al llegar a casa, entendió que algo malo me estaba ocurriendo. Tenía el rostro pálido, los ojos hundidos y heridas bien marcadas. La verdad, pensé que no se curarían. Mi esposa siempre había tenido una sensibilidad especial para percibir cosas que nosotros no vemos o comprendemos. Le conté lo que me estaba sucediendo. Ella decidió acompañarme la siguiente noche. No discutí porque el miedo me había dejado sin fuerzas para esto.
7:35 Llegué a mi trabajo y cuando estaba por cerrar el cementerio llego mi esposa con un morral. La llevé a la tumba donde acontecía todo. Ella me explicó que cuando fallecen de manera drástica es algo que las personas hacen bastante común, pues son entierros. En los cementerios buscan esas clases de tumbas. Lo que andaba merodeando la tumba era una bruja. Apenas terminó de decir esto cuando el ambiente cambió y mi esposa no retrocedió. Sacó de su bolso ciertos objetos que llevaba preparados y comenzó a realizar un ritual.
8:20 Yo observaba temblando mientras el aire cambiaba alrededor de nosotros. Mi esposa se mantenía firme y su determinación era tal que no dio paso atrás. Fue cuando detrás de nosotros cayó una mujer, una bruja estaba furiosa. No sé si fue por el madrazo que se dio o porque la descubrieron. No sé que hizo mi esposa, pero logró inmovilizarla, estaba fea la maldita vieja. Mi esposa la enfrentó y la amenazó si no me dejaba en paz.
9:00 La bruja emitía un chillido horrible como una lechuza herida. Mi mujer la obligó a comprometerse a dejarme en paz. No fue una súplica, sino una orden. La bruja aceptó retirarse del panteón y no volver a atacarme. Está lanzó una mirada de odio, pero mi esposa no se inmutó, no dio señas de miedo. La bruja se levantó y se perdió en la oscuridad, donde la luz del panteón no daba más a partir de esa noche. Ya no la volví a ver, no volví a encontrar brujería en alguna tumba. Les comento que el llanto de la niña ya no se volvió a escuchar. Volví a trabajar como sepulturero por alrededor de 7 años más.
9:49 Juan Pedro, el Velador falleció y yo me quedé en su lugar. Ahora yo era quien ponía las reglas durante el turno nocturno en el cementerio. Hola que tal comunidad Inframundo, me presento nombre es Abel flores, trabajo en un cementerio en el estado de Zacatecas, en uno de esos que tiene visitas a diario, pues en la Comunidad donde vivo lo llaman como pueblo mágico y la verdad lo llega a ser. Llegué a trabajar al cementerio hace 20 años, cuando todavía pensaba que el miedo era cosa de la imaginación y que los muertos, una vez enterrados, no tenían más poder que el recuerdo que dejaban en los vivos. Cuentos de apariciones para asustar a los niños, historias para los visitantes, pero con el tiempo comprendí que hay presencias.
10:55 Que no pertenecen ni a un lado ni al otro y que este lugar, lleno de tumbas viejas y rotas por el paso de los años, se convierten en refugio para cosas que no deberían merodear entre nosotros. A veces me quedaba hasta muy entrada la noche en el Panteón, tomando un café de olla con piquete de licor, haciéndole compañía a don Laureano, el Velador. Cabe aclarar que el señor es una persona muy seria y no es de los que se echan una mentira para empezar una conversación. A mí me gusta escuchar sus anécdotas de cuando era joven y como había empezado a trabajar en este cementerio a muy temprana edad.
11:42 No me la pensé mucho y le pregunté sobre lo que se decía que en el cementerio habían duendes. Don Laureano solo me miró y me contestó que efectivamente, pero que más bien para el eran unos pequeños demonios y no duendes. Comenzó a contarme que las secciones más antiguas del cementerio son las que menos visitas se reciben. Algunas de las lápidas están inclinadas, partidas en 2 o cubiertas de maleza, algunas bóvedas. Tienen las puertas vencidas por la humedad y la Tierra se ha hundido en ciertos puntos, dejando huecos que parecen respiraderos hacia el subsuelo. Es ahí donde comenzaron a aparecer. Al principio pensó que eran animales, quizá gatos salvajes o tlacuaches, buscando refugio entre las grietas, pero pronto comprendió que.
12:44 Lo que veía no pertenecía a ninguna especie conocida. La primera vez que distinguí claramente a uno de esos seres fue al amanecer. La primera vez que distinguió claramente a uno de esos seres fue al amanecer. Mientras hacía el último recorrido se veía deforme. Pensó que era un niño, pero un pequeño no se mete de esa manera en un agujero, en una tumba. Desapareció rápido. No le dio tiempo de siquiera verlo bien. Se acercó y alumbró con su lámpara y vio unos ojos grandes y de color amarillos. En ese instante sonrió su sonrisa, barcaba todo su rostro de Oreja a Oreja.
13:33 Tenía unos dientes puntiagudos y deformes podridos. Intentó tomar la lámpara, pero lo único que logró fue dejarle unos rasguños en su piel. El ardor fue tal que dio un alarido de dolor y soltó la lámpara. Se levantó y con la otra mano la tomo, pues aún tenía que caminar un tramo para llegar a la caseta. Se alejó lo más rápido que pudo, la herida le ardía, era como si le hubiesen quemado con un hierro caliente. Cuando llegó a la CASETA estaban 2 sepultureros que iban a preparar una tumba porque ese día iba a haber un entierro.
14:17 Los compañeros le ayudaron a limpiar la herida y fue en ese momento que se dio cuenta que no lo había imaginado. Aquello era un duende. Los sepultureros le comenzaron a contar que ellos también lo habían visto. Pero no sabían si era uno o varios. Lo vio meterse en un agujero de una tumba que estaba a medio excavar. Se acercó con cuidado y el duende salió con un pedazo de un cuerpo humano. Era un hueso y este tenía piel y carne. Estaba ya en estado de descomposición y el duende no se percató de que él seguía ahí. Se subió al montículo de Tierra y se lo estaba devorando, no comiendo, porque no era lo mismo. El duende daba mordidas grandes, como si le fueran a quitar su comida.
15:16 Los ven desplazarse entre las tumbas con mayor libertad, saltando de un punto a otro con sorprendente rapidez cuando llega la tarde para dar paso a la noche. Siguió contando que vio al duende por un rato y el pequeño se movió entre las lápidas rotas, con una agilidad que no era natural. Su cuerpo era bajo, encorvado, con extremidades delgadas que parecían demasiado largas para su tamaño. La piel tenía un tono ceniciento, como si nunca hubiese recibido luz, y sus ojos reflejaban un brillo húmedo. Parecido al de los animales nocturnos, pero con una intención que le heló la sangre.
16:06 Le aventó lo que le quedaba de hueso para poder huir y que no lo agarrara. Se metió en uno de los mausoleos que ya nadie visita. Al sepulturero le dio miedo y no lo siguió. Su compañero lo encontró sentado en una banca, le preguntó qué le sucedía y le contó lo que había visto. Le aseguro que el también los había mirado. Salen de las tumbas que están dañadas, royendo a un hueso, quitándole la poca carne en gusanada. Pero el festín que se dan es cuando llega un nuevo cadáver, porque al tiempo se encuentran agujeros por el que se meten para sacar la carne en descomposición. Sus compañeros los llaman los duendes carroñeros. Pero más bien parecen pequeños demonios que otra cosa. Eso se debe que hasta este tipo de seres elementales son castigados de una u otra forma.
17:09 Me recomendó que no los siguiera, pues son criaturas que no son para nada amigables. Ellos no son los extraños. Nosotros lo somos. Nosotros somos los que estamos invadiendo el sitio en el que una vez fue su hábitat natural. Yo los he visto y he encontrado osamentas escondidas en algunos matorrales. Entre las flores secas. Trato de no molestarlos, pues uno no sabe lo que estos seres pueden hacer además. No es nada agradable ver los de carroñeros comiendo la carne gusanada de los difuntos.
17:54 El fétido olor que a veces llega a donde estoy trabajando es un anuncio de que por ahí andan los duendes carroñeros. Buenas noches a todos. Mi nombre es Juan Diego Labastida. Soy sepulturero desde hace 13 años me ofrecieron este jale porque aquí en mi pueblo nadie quiere trabajar, nadie desea el turno de la noche. Dicen que espantan que ven sombras oscuras, las almas de los niños jugando entre las tumbas antes de caer la noche, así como animales merodeando por las afueras del cementerio.
18:44 Algunos de los que anteriormente laboraron en este lugar aseguran que esos eran nahuales, otros que son brujas. No niego que por los alrededores se han visto bolas de fuego, sobre todo en el cerro que está a 1 km del pueblo. Me ofrecieron un poco más de dinero para ser velador entre semana y además de ser sepulturero me va bien. Aquí hay una tumba muy peculiar. Siempre tiene visitas de hombres, mujeres, viejos y jóvenes, pobres o ricos. Se trata de la tumba de un hombre, quien dicen que en vida era un brujo, un brujo que practicaba la magia negra.
19:32 Fue tío de una señora de aquí del pueblo, doña cruz, así se llama. Me estaba contando que una tarde estaba limpiando una tumba. Por la edad de la mujer es que se cansa. Muy pronto comenzó a contarme que ya estaba pensando en qué sitio del cementerio quería ser enterrada. En la parte más antigua, decía, fue cuando me dijo que el señor que habían sepultado hacía un mes en vida. Fue su tío, un brujo pactado desde muy temprana edad. En su familia nadie lo quería. Pues se contaba que cuando pactó con el señor de toda oscuridad, entregó a su padre. En el monte se pierde mucha gente y el padre del brujo no fue la excepción, pero en la casa de este encontraron fotos de familiares, amigos, exparejas que había tenido. Estaban envueltas en telas negras bañados en nociones que se usan para trabajos de brujería. Será negra por todos lados.
20:43 El lugar uría, alcohol e inmundicia lo iban a linchar y quemar en la plaza del Pueblo por brujo, pero no se le hizo porque huyó y no lo volvieron a ver, ni siquiera la familia hasta hacía unos 30 años que volvieron a tener noticias de él. Y esto porque alguien lo recomendó. Que era muy bueno y que quitaba todo tipo de mal, enfermedades, mal de ojo y todo ese tipo de asuntos que las personas buscan para sentirse mejor. Falleció de viejo y el sacerdote no quiso hacerle la misa de cuerpo presente, así como tampoco quisieron que lo sepultaran en el panteón de su pueblo, ella por compasión, se lo trajo para acá. Me comentó que lo iban a tirar como perro en el monte. A veces pienso que hubiera sido lo mejor, pues cuando llegó el brujo muchas cosas raras pasaron. Aquí hay personas que vienen desde lejos a pedirle al brujo que los ayude, que los sane de las enfermedades que tienen en su cuerpo.
21:56 Y esto es algo que me parece absurdo, porque una de las cosas que decían de este brujo. Era que hacía milagros. Es algo en lo que no estoy de acuerdo y se me hace muy ofensivo el que crean que alguien que sirvió al diablo haga milagros a las personas. El chisme se propagó rápidamente y personas de todos lados comenzaron a llegar. La tumba, que era sólo un montón de Tierra, ahora es una de las tumbas más bonitas en el cementerio. Mi compañero y yo estuvimos presentes cuando llegó un hombre en una de esas camionetas que gritan lo que son a lo que se dedican. Mi compañero lo reconoció, pero no hizo comentario alguno hasta que el joven se retiró.
22:51 Era Pascual, uno de los muchachos que se fue del pueblo y ahora era un patrón. Él lo miró de rodillas, rogándole al brujo por su ayuda, y éste se lo concedió. Ahora el Paco era la tumba, la mejor del pueblo. Se propagó el chisme y ahora vienen a buscar la tumba del brujo, pero también trajo a malas personas, pues algunos intentaron abrir la tumba para sacar los restos del brujo, pero. Creo que algo o alguien no lo permite, porque esas personas amanecen sin vida.
23:34 La orden es echarlos a la fosa común. La orden es clara y creo que esas son las almas en pena que se han visto cerca de la tumba del brujo. Los llantos y gritos son desgarradores. No doy el rondín. Cuando esto sucede, el miedo cala hasta los huesos. Y no vaya a ser que me arrastren con ellos para andar penando. Además, antes de abrir las rejas del panteón se tiene que ir a limpiar los alrededores del mausoleo. Se han encontrado veladoras de todo tipo de color, brujería y objetos que las personas usan en el satanismo, animales muertos y peticiones escritas en hojas que a veces las dejan a simple vista.
24:24 Y otras que han intentado echarlas por debajo de la puerta. Pascual manda a unas señoras cada mes llegan vestidas de negro y hacen limpias en el mausoleo. Una de ellas dijo que para que no se impregnen de malas energías, pero la verdad no creo que sea eso, pues han llegado algunas sectas intentando hacer sus rituales, pero les puedo asegurar que. Lo que le sale de la tumba no es el alma del brujo, sino otro ser, porque estos huyen del cementerio gritando de horror, gritando como locos. Nadie sale de sus casas por miedo a encontrarse con lo que esos vieron.
25:12 Las Brujas limpian todo y lo hacen de manera que pareciera que algo negro, como una sombra, se desprendiera de las paredes. Un frío que pareciera calarte hasta los huesos. Yo me he tenido que quedar con esas mujeres hasta que terminen y lo que se siente y se ve ahí no es nada de Dios en una ocasión. Y aclaro que esa fue La Última Vez que entré a la tumba. Yo siempre que abría la puerta era el primero en entrar, pero en esa ocasión me lleve el peor susto de mi vida. En el suelo hay una parte que se puede ver, el ataúd del brujo, apenas iluminé el interior cuando vi la parte de la tumba y fue cuando vi un rostro horrible, la piel pegada y seca con unos ojos rojos.
26:11 Quise gritar, pero no pude. Casi me infarto y no fui el único que lo vio. Una de las mujeres también. No me pude mover. Me quedé quieto, como si mis pies lo hubiesen clavado en el suelo. Sentí mi espalda mojada y hielada porque una de las Brujas me comenzó a echar alcohol y un agua preparada que le llaman despojo. Pero ni eso me hizo mover. Fue hasta que una de ellas me dio con una rama en la espalda. La señora dijo una frase que nunca había escuchado, respiraba con dificultad. Y hasta que me hicieron la limpia de despojo, pude reaccionar.
26:56 Me sentía mareado y me tuve que sentar en una banca fuera del mausoleo. La bruja me dijo que me quedara ahí hasta que ellas terminaran. Creo que me dieron la intención de largarme de allí porque me advirtió que si lo hacía iba a terminar loco. No sé qué hicieron adentro. Pero cuando una de ellas salió se le veía molesta, traía una bolsa negra y apestaba animal muerto. De la bolsa salían gusanos y un líquido lo colocó en un balde que traían y le hizo una señal. Al hombre que venía con ellas se lo llevaron y lo han de haber enterrado en otro lugar.
27:45 Alguien le dio acceso al mausoleo e hizo un ritual, dejó algo más que malas vibras, dejó un guardián oscuro y eso fue lo que vi, pero les aseguro que eso sigue allí, pues como les comenté en un inicio se ven y se escuchan cosas extrañas. Da miedo entrar a ese lado del cementerio, pero aún así siguen visitando la tumba del brujo. Dejando lo que le prometen y dándole las gracias por sus milagros. Esto que les voy a contar sucede todavía son de esas cosas que aunque pasen los años, décadas no se van, son parte del lugar.
28:36 Saludos a toda la Comunidad. Trabajo en el cementerio desde hace más de 20 años. El tiempo suficiente para conocer cada sendero de grava y Tierra, los árboles retorcidos y cada lápida inclinada por el peso de los años. Mi jornada comienza antes de que el sol se asome. Cuando el aire todavía guarda el frío de la madrugada y la neblina se posa sobre los nichos a esa hora, el panteón parece como aquellas películas de terror. Apenas si cruzo la reja se escuchan los gritos, lamentos.
29:16 Recuerdo la primera vez que los escuché. Pensé que eran animales atrapados entre las rejas o el crujido de alguna rama desgarrándose bajo su propio peso. Pero con los años aprendí a reconocer la diferencia entre el sonido de la vida y el de los que ya no pertenecen a ella. Los gritos no siempre son fuertes, a veces son apenas audibles, otras veces interrumpen con total intensidad que obligan a los pájaros a levantar el vuelo, como si algo invisible los hubiera empujado.
29:58 Algunos dicen que son las benditas ánimas en pena, esas que no han sido perdonadas y siguen penando por estos sitios. Otros que son aquellas que no descansan, que no saben que ya están muertos. Desde entonces he notado que provienen casi siempre de las secciones más antiguas del cementerio, donde las lápidas datan de principios del siglo 20. Son tumbas olvidadas, nombres ya borrados por la lluvia, fechas que apenas se distinguen. Otras que se encuentran bajo capas de musgo. Muchas ya no reciben flores ni visitas y la Tierra se ha hundido alrededor de ellas. Cuando paso cerca, el aire cambia y un escalofrío me recorre la espalda.
30:49 Es como si te obligara a detenerte frente a una de esas tumbas. Al principio intenté ignorarlos, seguir quemando fosas, podando arbustos y limpiando mausoleos como si nada a mi alrededor ocurriera. Me repetía que mi mente. Que mis compañeros me jugaban una mala pasada por pasar tantas horas entre muertos. Sin embargo, los gritos persistían. No era el único que los escuchaba. Yahir también los escucha. Noté que en la parte del final del cementerio es donde más se escuchan, a veces cerca de mí, tan próximos que sentía que alguien me respiraba en la nuca.
31:35 Jair dice que es el lado del cementerio, es donde se sepultaron a las personas que discriminaban por ser pobres. A algunos solo los colocaron a raíz de la Tierra, envueltos en sábanas o petates como mortajas. En esa área es en donde no les gusta trabajar. Aunque con el tiempo empecé a recordar ciertos patrones. Los gritos aumentaban cuando llovía, cuando el barro se volvía espeso y pesado. Cuando las raíces de los árboles parecían apretar con más fuerza, lo que descansa abajo también se intensifica durante las tarde este domingo, cuando las familias visitaban Asus difuntos más recientes y dejaban flores frescas que contrastaban con el abandono de las tumbas olvidadas.
32:26 En varias ocasiones los visitantes se me han acercado con el rostro pálido, preguntando con la mirada de horror si yo también había oído algo extraño. Yo solo afirmo en sin ofrecer explicaciones, sin decirles que son las almas en pena de este cementerio, pero hay quienes prefieren convencerse de que se trata del viento entre los cipreses o del eco lejano de la ciudad. He visto a otros que abandonan el lugar con prisa, mirando por encima del hombro, como si temieran que algo lo siguiera.
33:06 Hubo una tarde particularmente gris de esas tardes en que es aviso de lluvia. Me tocó preparar una fosa cerca del sector más antiguo, donde los mausoleos parecen casas coloniales. Los vitrales esconden alguna sombra que se encuentre en su interior mientras hundían la pala en la Tierra húmeda. Un grito surgió justo dentro de una de ellas. Era de una mujer, una exhalación desesperada, como el último intento de alguien por llamar la atención. No había sentido miedo cuando escuchaba los gritos en los años pasados. Pero en este sentí que la sangre se me lava y tuve que apoyarme en el mango de la pala para no perder el equilibrio.
33:55 Me puse a rezar, pero eso solo hizo que se escucharan más desesperados. Apreté los ojos con fuerza para no verla. En caso de que se me manifestara. Al cabo de unos 10 minutos me llamó Yair diciendo que ya había llegado en material para ir a comenzar a trabajar. Abrí los ojos y traía en el diablito los ladrillos. Mi rostro estaba desencajado. Me preguntó que si se me había aparecido un muertito. Le dije que no, que me había golpeado yo mismo y no me podía mover. No iba a decirle lo que había escuchado ya bastante tenía el pobre chico con lo que el oía, además que trabajaríamos hasta que fuera la hora de terminar el turno. Comenzó a lloviznar y tuvimos que cubrir la tumba para que no se relavara el cemento.
34:51 Echamos todo a la carrucha y nos fuimos de ahí sin mirar atrás o a los lados. No estaba de humor para ver a las almas salir de entre las tumbas, andar por esos senderos como si fuera una plazuela. Cuando llegamos al pequeño almacén guardamos todo y la mayoría de los compañeros se habían ido. Me hice el tonto para conversar con don Raimundo. Él, velador, le conté lo que desde hacía tiempo venía escuchando. Pensé que me iba a tirar de loco, pero él me aseguró que no era el único, pero algunos lo comentaban, otros no.
35:32 Las noches son lo más difícil, dijo don Raimundo. Así que no pregunté más, pues me di cuenta que cada uno de nosotros. Lidiábamos con aquellos gritos de una o otra manera. A veces debe quedarse hasta tarde para terminar algún entierro retrasado o para vigilar que nadie entre a vandalizar. Cuando llega la oscuridad de la noche y cubre el cementerio, los gritos cambian de tono, se vuelven más largos, más dolosos. Me siento en la caseta de herramientas. Con una linterna encendida esperando a que pase, sabiendo que nunca se va a ir del todo. Yo siempre me quedaba porque este es mi trabajo y en cierto modo, también mi hogar.
36:22 Lo que sí les puedo asegurar es que los gritos aún siguen escuchándose de día o de noche, a veces alejándose a veces más cerca. Ya no me da miedo. Trato de seguir haciendo mi trabajo. No hago alguna oración por ellos, pues con la experiencia que tuve fue suficiente para no llevarme alguna alma en pena conmigo a mi hogar. Muchas gracias por escucharme oscura Comunidad del Inframundo que les parecieron estas anécdotas contadas y compartidas por sepultureros háganmelo saber en una caja de comentarios. Los invito a compartir con algún amigo o alguna amiga si este video fue de su agrado, sin más me despido, no sin antes desearles dulces pesadillas, buenas noches y hasta la próxima.
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