Jan. 20, 2026

LA SANTA DE LOS CAMIONEROS | HISTORIAS de TERROR de TRAILEROS MEXICANOS - INFRAMUNDO RELATOS

LA SANTA DE LOS CAMIONEROS | HISTORIAS de TERROR de TRAILEROS MEXICANOS - INFRAMUNDO RELATOS
LA SANTA DE LOS CAMIONEROS | HISTORIAS de TERROR de TRAILEROS MEXICANOS - INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
LA SANTA DE LOS CAMIONEROS | HISTORIAS de TERROR de TRAILEROS MEXICANOS - INFRAMUNDO RELATOS

En las carreteras de México existen conductores que no solo le temen al asfalto y a la noche, sino a algo mucho más antiguo.
Este episodio reúne relatos enviados por traileros que encontraron protección, señales y presencias alrededor de una de las figuras más temidas y veneradas: La Santa Muerte.

Para algunos es una deidad milagrosa, para otros una manifestación oscura. En Inframundo Relatos se respetan todas las creencias, pero las historias que escucharás a continuación no tienen una explicación simple.

Estas experiencias ocurrieron en rutas solitarias, paraderos olvidados y tramos donde muchos aseguran que la muerte camina junto a los vivos.

¿Crees que La Santa Muerte protege o atrae algo más oscuro?
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0:13 Hablar de la Santa Muerte puede generar controversia, pues es un tema tabú para muchos. Yo no estoy aquí para hacer cambiar a las personas. Mi nombre es Bruno Ortega, soy devoto de la santa Muerte desde hace ya más de 25 años. Trabajo de trailero desde que tenía 20 años. Ayudaba a mi padre cuando él trabajaba en tan noble oficio. Mi padre siempre decía que la Santa Muerte le había ayudado en sus momentos de peligro, así que yo también le rindo culto a la niña blanca. Aquí en mi trabajo he conocido a varios camioneros que también le rinden culto y ellos siempre cuentan cuánto les ayuda en sus momentos de dificultad.

1:01 Cabe aclarar que no solo creemos en ella, también creemos en Dios. Lo que les voy a contar son 2 experiencias que nos sucedió en tiempos diferentes a mi padre y a mí, así que comenzaré con la anécdota de mi padre, contada como si el mismo se las relatara. El viaje hacia Ensenada siempre ha sido un desafío para cualquier camionero. Esto porque tienes que cruzar por una de las carreteras más peligrosas de nuestro México. Esa tarde había salido de la ciudad de Mexicali alrededor de las 8:00 de la noche. Pensaba llegar hasta Tijuana y descansar ahí, pero uno propone y Dios dispone.

1:49 Conducía en medio de la noche, iluminado por los faros del tráiler y de aquellos que en la lejanía se veían. Estaba tan concentrado mientras las curvas de la rumorosa se desplegaban por todo el camino. Ese sitio siempre me había puesto nervioso. No era la primera vez que manejaba por ahí, pero esa noche sentía distinto, como si algo en la oscuridad me estuviera acechando. El accidente ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Un coche pequeño invadió mi carril. Obligándome a maniobrar bruscamente, perdiendo el control. El remolque se tambaleó, el peso me arrastró y en un instante sentí como el tráiler rompía las barreras de contención y caía al vacío.

2:41 Mientras el tráiler me arrastraba al fondo, pensé en mi esposa y mis hijos. Pedí a Dios que no me permitiera morir en ese accidente. El impacto fue brutal. La cabina golpeó el fondo del Barranco con una violencia que me dejó sin aliento. El dolor era insoportable y mis piernas estaban atrapadas entre los fierros retorcidos y mi cuerpo apenas respondía. Sentía la sangre que corría por mi rostro, mezclándose con el sudor frío que me cubría. Cerré los ojos tratando de mantenerme consciente. Gritar no serviría de nada. ¿Quién me escucharía en ese lugar? Sólo escuchaba el eco de los autos que pasaban por encima de mí a lo lejos.

3:31 El dolor en mi pierna derecha se iba agudizando. Todo había quedado dispersado en la cabina. Ni siquiera podía alcanzar una botella con agua o refresco. Lo bueno es que me había echado unos tacos antes de salir de Mexicali. Pensé en el conductor que había ocasionado el accidente. Ni siquiera se detuvo, ojalá y se lo cargue en su conciencia. Pensaba para mí. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la caída, pero algo dentro de mí me decía que no podía rendirme con la voz, apenas en un susurro, recé a Dios pidiendo que mandara a alguien para que intercediera por mí.

4:14 En esos momentos no quería morir solo en ese lugar. Pero si nadie había visto el accidente, difícil era que supieran que me encontraba en el fondo del Barranco, aunque las esperanzas de que la empresa contactara con el lugar donde descargaría, ahí se darían cuenta de que algo había sucedido. Comencé a sentir frío, pero ese frío que no es por el clima del sitio, sino diferente como pude. Alcancé la chamarra que siempre cargaba conmigo, me cubría hasta donde me alcanzaba, pues en la posición en que había quedado no era la mejor. No quería dormir.

5:00 Sentía que si cerraba los ojos ya no los volvería a abrir, pero la verdad es que pudo más el dolor, el cansancio y sólo Dios sabe que más. Cerré los ojos y me quedé dormido. Cuando los volví a abrir, a unos metros del tráiler, miré a la santa Muerte. Era algo que nunca antes había hecho, pero en ese momento de desesperación, su nombre salió de mis labios con la fuerza de un último recurso. La noche era oscura y silenciosa, rota sólo por el sonido del viento que se colaba entre las rocas y los restos del tráiler.

5:40 Algo en el ambiente cambió. Sentí su presencia fría, pero extrañamente reconfortante, como si me expresara que no estaba solo. A través del parabrisas destrozado vi su sombra moverse en la oscuridad. Era alta y delgada, cubierta por un manto que parecía absorber la luz de la Luna y la oscuridad de la noche. No necesitaba acercarse para saber quién era mi corazón. Latía con fuerza. Pero no por miedo, sino por una mezcla de asombro y respeto. Ella estaba ahí cuidándome. Las horas pasaron entre el dolor y la esperanza.

6:23 Cada vez que cerraba los ojos la veía más claramente, más cerca de los restos del camión. A veces estaba junto a la cabina, otra parecía flotar entre las sombras del barranco, pero nunca se alejaba. Incluso cuando escuchaba ruidos en la distancia, como el crujir de ramas o el aullido del viento, sabía que nada se atrevería a acercarse mientras ella estuviera ahí. El frío de la madrugada se metió en mis huesos, pero la sensación de protección permanecía. Mi mente divagada entre recuerdos y delirios. Pero una idea se mantenía firme en mí.

7:06 ¿Le había prometido algo? Si salía con vida, levantaría un altar en su honor. Finalmente, cuando el amanecer comenzó a teñir el horizonte con tonos naranjas, que en esos momentos me pareció el más bello amanecer de mi vida, escuché el sonido de motores. Era un grupo de rescatistas que había encontrado el tráiler después de horas de búsqueda. Su llegada fue un alivio. Pero también marcó el momento en que su presencia comenzó a desvanecerse al ser sacado de los restos del tráiler. Gire la cabeza una última vez hacia el barranco. En la penumbra vi su figura observándome. Me estaban haciendo preguntas los rescatistas, pero sus voces parecían zumbidos en mis oídos, más que otra cosa, cuando aparté mis ojos de aquella imagen y vi al hombre que me llamaba por mi nombre.

8:05 Supe que viviría lo suficiente para agradecer primeramente a Dios y luego a la santa Muerte que se quedó conmigo, hasta que me sacaron de aquel barranco de una manera u otra. Mire hacia dónde me había arrastrado la caja del trailer. La verdad, no sé cómo pude sobrevivir a tal caída mientras me llevaban a la ciudad más cercana. Uno de los paramédicos me dijo que era un milagro. Que fuera con la virgen o el santo, que me haya hecho el milagro, pues prácticamente había nacido de nuevo. Pasé meses en el hospital, las heridas eran graves, pero contra todo pronóstico me recuperé. Los médicos no podían explicarlo. Decían que era un milagro, que hubiera sobrevivido a una caída así.

9:00 Tan pronto como regresé a casa, cumplí mi promesa. En un rincón especial de mi sala levanté un altar dedicado a ella. Coloqué una figura de la santa Muerte rodeada de veladoras, flores y pequeños obsequios que sentí apropiados para agradecerle. Créanme que mis familiares me miraban con recelo, pero eso no importó. Yo sé lo que pasa aquella vez en esa soledad de la rumorosa, ella no me dejó. Nunca me ha dejado desde que soy su devoto. Desde entonces su presencia nunca me ha abandonado siempre conmigo. ¿Será porque nunca la he negado?

9:43 No la veo como esa noche en el Barranco, pero sé que está conmigo. La siento en los momentos difíciles. Siempre hay manos dispuestas a ayudarnos, siempre y cuando tengamos fe. Aquella noche cambió mi vida para siempre. No sé si fue destino, casualidad o algo más, pero aprendí que a veces la muerte no viene a llevarnos sino a cuidarnos. Desde entonces yo también me volví devoto de ella con admiración y cariño por haber ayudado a mi padre. Con el tiempo le construimos su capilla en la entrada de la casa. ¿En un inicio los vecinos nos miraban feo, pero qué se le puede hacer?

10:29 Ella nos escogió y aunque somos católicos, creemos en ella. No hay diferencia entre los santos o vírgenes, pero para muchos es un ente maligno, cosa del diablo. Nos han dicho, pero ya nos acostumbramos a eso. Además de que el accidente de mi padre fue hace ya varias décadas, ahora les contaré mi experiencia y la de un primo que también es trailero. Y que se acordó de mi padre en ese momento de peligro y le rezó a la niña blanca. Uno nunca sabe lo que pueda suceder en una carreta oscura o a plena luz del día, y mi primo Orlando tenía poco de haber entrado a esa compañía a trabajar como chófer.

11:15 Entre los chóferes de camiones sabemos quiénes son buenos patrones y con quiénes es mejor no trabajar. Pues se sabe que pueden estar en cosas ilícitas. Él quería hacerse rápido de dinero para poder hacerse de un camión, algo que fuera de él, y poder echar fletes, pues las ganancias serían solo para él, pero hay malas decisiones en los que ni los propios padres pueden hacer cambiar de opinión. Orlando sabía lo que iba a llevar en el trasfondo del remolque aún así. Emprendió en viaje desde Jalisco hasta el estado de coahuila hasta el día de hoy.

11:59 Estoy convencido de que la santa Muerte lo salvó. El cargamento de medicamentos era para un poblado. A mi tío le contaron que había rumores de intereses personales, de personas poderosas que preferían que la ayuda nunca llegara. Esa tarde la carretera estaba un poco solitaria. Mi primo conducía muy seguro de él mismo y al llegar a un tramo desconocido vio las luces que indicaban que más adelante estaba un retén. Se puso nervioso, pues le habían asegurado que en ese tramo no había ningún federal o del ejército.

12:39 Su pecho se le llenó de un presentimiento que para él era más que una alerta. Sabía que si pasaba por ahí habría problemas. Quizás incluso más que eso, la imagen de estar preso en una cárcel fue lo primero que se le vino a la mente. Fue cuando se acordó de mi padre, quien le había hablado de la santa Muerte, de cómo le había ayudado cuando tuvo aquel accidente en su tráiler hacía años. ¿Cómo lo había sacado de las garras de la muerte? A pesar de eso, mi primo nunca había sido creyente de nada ni de nadie. Pero en ese momento. Viéndose rodeado de peligro y con su vida pendiendo de un hilo, la desesperación lo empujó a implorarle a la niña blanca. Me lo contó.

13:29 Después cerró los ojos. Por un instante. Pidió con todas sus fuerzas que ella lo ayudara, que le mostrará un camino diferente que lo sacara de esa trampa que sabía le había entendido. Cuando volvió a abrir los ojos, sintió un escalofrío que recorrió su espalda. No estaba solo en la cabina porque de reojo distinguió una figura a su lado. La silueta de la Santa Muerte no la vio con claridad, pero su presencia estaba en esos momentos de peligro. Con él, imponente y aterradora a la vez, le contó a mi padre que sentía que sus manos al volante ya no parecían las suyas, como si algo o alguien dirigiera el camión. El Tráiler empezó a desviarse del camino principal. Mi primo aseguró que no giró el volante por voluntad propia. Fue como si lo llevaran.

14:31 Salió de la carretera y entró en un sendero estrecho y cubierto de maleza. Pero el camión avanzaba con seguridad, sin vacilar, como si eso que lo manejaba supiera exactamente hacia dónde debía ir. El trayecto fue largo y silencioso. Pero lo más extraño fue la calma que sentía. Pese a todo, nadie lo seguí. Era como si les hubiesen ventado los ojos aquellos que lo esperaban. Finalmente, el camino lo llevó de vuelta a la carretera principal, pero a una considerable distancia del retén casi lloraba al sentir que estaba a salvo.

15:11 Comenzó a darle gracias a la Santa Muerte por haberlo ayudado. Le dijo que él sabía que su tío se lo había enviado. Le prometió poner en la ofrenda de la casa en su capilla unas veladoras por haberlo salvado. Todo el camino estuvo tranquilo hasta que llegó al poblado al amanecer, las medicinas se entregaron y él tomó su paga y se retiró de ese lugar. Regresó a casa tan pronto como pudo y al llegar buscó de inmediato la capilla de la Santa Muerte. Por la experiencia, Orlando se le veía cambiado, más pálido, más serio.

15:53 Me dijo que ahora entendía porqué yo llevábamos años siendo devotos de la Santa Muerte. Desde ese día hizo un altar en su casa y le ofreció flores, velas y oraciones. También dejó de trabajar para aquella farmacéutica. Me acompañó en mi trabajo transportando cosas más humildes. Pero sin las amenazas o el miedo de que te siembren algo y ni cuenta, te das. Me dijo que nunca olvidaría aquel día y que había hecho una promesa. Jamás traicionaría la fe que le había salvado la vida. La santa Muerte no pide mucho, pero lo que ofrece es incalculable.

16:36 Algunos dirán que lo que le ocurrió fue casualidad, pero nosotros sabemos que no. Pues cuando la muerte decide guiarte, no hay camino más seguro. He tenido muchas experiencias a lo largo de los años como chofer de mi camión, pero hay una que me dejó un sabor amargo y un recuerdo que hasta hoy me ha sido imposible de olvidar. Cuando la santa Muerte se te hace presente y te da una señal de que la respuesta es no, uno debe de aceptarla y no llevar la contraria. Era el año 2012. Ese año tuve que llevar mercancía a un poblado de la sierra. El dueño de aquel almacén fue amigo de mi padre desde su niñez.

17:24 Ambos se tenían estima donarnulfo era dueño de una abarrota en ese poblado y cada cierto tiempo nosotros nos encargamos de llevarle los comestibles, utensilios de limpieza, así como aceite para lámparas, entre otras tantas cosas. Necesarias para la venta. Así que me despedí de mis padres, no sin antes las recomendaciones de mi madre y su bendición. Antes de salir, me acerque al altar y le pedí a mi flaquita que me cuidara y alejara el peligro de mí. Me persigne y mire al cielo, dando gracias a Dios por ese viaje. Emprendí mi camino y después de varias horas de conducir, tome el viejo camino hacia la sierra.

18:10 Y los recuerdos de mi infancia comenzaron a llegarme y me dio mucha alegría. Mi padre solía traerme junto con mis hermanas a este lugar en vacaciones. Recuerdo esos días las risas al borde del río y las historias que el contaba sobre la sierra. Historias que de niño parecían sólo cuentos para asustar. Pero ahora, en la soledad de la cabina, recordé varias de ellas. Ya estaba oscureciendo y el frío se colaba incluso con las ventanas cerradas. Aunque el trayecto era largo y la carretera entre montañas me tenía con la vista puesta en el camino.

18:53 Conforme avanzaba el paisaje se volvía más oscuro. Las sombras de los árboles parecían cerrarlo, pero eso era una imagen y el aire, a medida que avanzaba, se sentía más pesado. Repentinamente, en medio del camino, una figura apareció. De repente fui reduciendo la velocidad mientras los faros iluminaban la figura de una mujer joven y hermosa. Su rostro estaba cubierto de lágrimas y sus manos agitaban desesperadamente para que me detuviera. Decidí parar un poco más adelante, cauteloso, pues aunque su apariencia pedía ayuda, algo en ella. No me inspiraba confianza antes de actuar. Mi mirada fue al espejo retrovisor. Allí, detrás de la mujer, vi una figura que me dejó sin aliento, la santa Muerte.

19:52 Su presencia era inconfundible, su manto oscuro ondeaba como si el viento fuera únicamente suyo y su calavera parecía mirarme con atención. Con un leve movimiento de su cabeza, negó. Como advirtiéndome que no debía detenerme, la mujer se acercó hasta la puerta, golpeando suavemente el cristal con su mano. Por un instante quise bajar y escucharla, pero algo más fuerte me lo impedía. Miré nuevamente al espejo y allí seguía la santa muerte inamovible. Cuando finalmente me negué a ayudarla, la mujer cambió de inmediato su rostro dulce y suplicante.

20:36 Se transformó en odio y furia. Comenzó a gritarme palabras de amenaza y maldiciones. Me gritaba que tenían Asus amigas en el monte, que un grupo de personas estaba haciendo un aquelarre y necesitaba que las ayudará, que las iban a sacrificar. El rostro de la chica estaba empapado en lágrimas y estaba a punto de abrir la puerta cuando, lentamente, el rostro de la mujer se distorsionó. Su cabello oscuro se volvió blanco y enredado, su piel tersa se le llenó de arrugas y manchas, y sus ojos, antes cautivadores, eran de pura maldad.

21:17 Frente a mí ya no estaba una mujer, sino una anciana de aspecto horrible, con una sonrisa torcida que dejaba ver dientes amarillentos. Eso era una bruja. La santa Muerte se posicionó detrás de ella. Y levantó uno de sus dedos huesudos señalando el camino. Era su manera de decirme que continuara, que no me detuviera sin importar lo que ocurriera. Obedecí pisando el acelerador con fuerza mientras la figura de esa mujer quedaba atrás. Ni con el ruido del escape y del motor eran suficiente para ahogar los gritos de la bruja, que ahora me seguía con una velocidad inhumana. De vez en cuando giraba la cabeza hacia los espejos para verla y cada vez su rostro parecía más grotesco, sus ojos brillando con un odio que la verdad, daba miedo. El camino se hizo más estrecho y aquella mujer no cesaba en su persecución, lanzando gritos, implorando por ayuda. Les comento esto porque les puedo asegurar que en ocasiones se veía como la joven que había mirado al inicio. Pero después se veía como la bruja, en cada curva que tomaba, la dejaba más atrás.

22:38 Su figura parecía más distante, más pequeña. Era como si la Santa la estuviera alejando, impidiéndole alcanzarme. Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, las luces del poblado comenzaron a brillar a lo lejos. Mire por última vez, por el espejo. Y su figura grotesca ya no se veía. Llegué a mi destino sano y salvo. Don Arnulfo ya me estaba esperando y sus trabajadores comenzaron a descargar la mercancía. Cuando abrí las puertas del remolque, mis manos temblaban y don Arnulfo se dio cuenta de ello. Le conté lo que me había sucedido. El me dijo que si había Brujas merodeando por la Sierra. Pero lo que me heló la sangre fue que me contó que el día anterior habían desaparecido 3 jóvenes de un poblado cercano. Las habían buscado todo el día sin dar con ellas. Sentí en esos momentos como si mi alma se me saliera del cuerpo.

23:43 Le dije de la joven que había visto y en lo que se había transformado, don Arnulfo me aseguró que lo más probable era que ya estaba muertas. Y esa bruja me decía, la verdad, que las habían sacrificado. Las emociones en ese momento eran como las olas del mar iban y venían, pero al estar presente la santa Muerte me advertía que no debía de meterme con fuerzas o con seres con los que no se puede combatir. Ese recuerdo me ha seguido desde entonces, que quizás si era una de las chicas que me pedía ayuda.

24:24 Pero también el recuerdo de la bruja no se me quita de la mente. Por mucho tiempo me sentí culpable por no ayudarlas y llegó el punto que me sentí responsable por sus muertes. Pero la santa Muerte estuvo ahí para ayudarme y se lo agradezco hasta el día de hoy. Mi padre tiene 3 años, que falleció rodeado de toda su familia, con una paz y tranquilidad en su rostro. Mi primo ya tiene sus 2 camiones y hasta el día de hoy sigue siendo devoto de la Flaquita, es su propio patrón y le va bien en sus viajes y con su familia, a mí solo resta decirles que sigo trabajando en este oficio noble que es ser chofer de camiones y que con la ayuda de Dios, mi familia y yo estamos bendecidos y protegidos por la Santa Muerte.

25:18 Muchas gracias por contar estas 3 anécdotas de un servidor y su familia, los cuales somos devotos de la niña blanca, La Santa Muerte de los Traileros.