April 30, 2026

LA NAHUALA | LO QUE VI ESA NOCHE NO ERA HUMANO - INFRAMUNDO RELATOS

LA NAHUALA | LO QUE VI ESA NOCHE NO ERA HUMANO - INFRAMUNDO RELATOS
LA NAHUALA | LO QUE VI ESA NOCHE NO ERA HUMANO - INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
LA NAHUALA | LO QUE VI ESA NOCHE NO ERA HUMANO - INFRAMUNDO RELATOS

Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.

Buenos días, queridos madrugadores.

Estas historias de terror que estás por escuchar forman parte del contenido del canal Inframundo Relatos. Algunas ya han sido publicadas anteriormente en YouTube, pero aquí llegan en formato audio para que puedas vivirlas de otra manera. Quizá ya escuchaste alguna… o quizá esta será la primera vez.

En este episodio escucharás una historia perturbadora relacionada con una nahuala, una presencia antigua y oscura que se manifiesta de formas imposibles de comprender. Lo que comenzó como una noche normal terminó convirtiéndose en una experiencia aterradora, marcada por sonidos extraños, apariciones inquietantes y una sensación constante de peligro.

Este relato incluye horror psicológico, manifestaciones sobrenaturales y una atmósfera pesada que transforma la realidad en una auténtica pesadilla.

El episodio de hoy incluye:
La Nahuala | Historia de Terror

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Los relatos de esta ocasión están relacionados con:
cuentos de terror, historias paranormales, relatos de terror, historias de miedo, nahual, nahuala, brujería, transformaciones, presencias extrañas, sucesos inexplicables, horror psicológico, historias oscuras, terror nocturno, relatos oscuros, relatos del inframundo.

0:00 Excelente día madrugadores. Alejandro, aquí saludándolos al micrófono, a ustedes que van con su café en la mano, rumbo al trabajo, al estudio o a cualquier compromiso. Disfruten el momento. Aquí iniciamos muy buenos días, tardes o noches. Esta vez les contaré algo que sucedió allá por el año de los setentas, una historia que el abuelo contaba y que después descubriríamos que era verdad.

0:41 Bien, en las vacaciones de Semana Santa. Generalmente yo no hago nada especial porque no comparto las creencias de la familia. Aunque cuando se trata de ser solidarios, especialmente tratándose de los abuelos, sí llego a hacer excepciones. En fin, como les dije mi familia, al igual que la mayoría de las familias, supongo, siempre ha sido muy apegada a las tradiciones, una de esas tradiciones. Era viajar cada año, en vísperas de Semana Santa, a visitar a mis abuelitos en provincia.

1:22 Don Sabas, mi abuelo paterno, siempre había vivido en esa vieja casona de Adobe y troncos desde que tengo uso de razón. A pesar de eso, tengo más recuerdos de mi abuelita cocinando en su cocina de leña, cantando y cuidándonos. O regañándome por encontrarme jugando con las tarántulas. Tenía ya bastantes años que yo no iba de visita debido a que mi abuela falleció hace años, recuerdo esa ocasión en especial específicamente porque en el mercado una anciana y su esposo, supongo, se me quedaron mirando de mala manera y escuché como con desprecio la anciana dijo. Ese es el nieto de Agustina escupiendo al piso. A pesar de los ruegos de mis tías, me regresé y encaré a la anciana, quien al ver mis amuletos me desafió diciendo que nos veríamos después.

2:30 Esto pasó después de haber compartido la cena. Cuando ya habíamos acabado, mis tías le contaron al abuelo lo que pasó esa tarde en el mercado. El abuelo se sentó en la sala, me llamó a sentarme a su lado y estando allí con él me preguntó si me gustaría escuchar una historia. Cabe mencionar que, como todos los abuelos del mundo, él se sabía todas las historias y leyendas de esos pueblos y obviamente para mí mi abuelo siempre contaba las mejores y pensé que sería buen material para mis relatos. Pero esa ocasión en especial era diferente, pues me contaría una historia que me dejaría totalmente marcado para el resto de mi vida.

3:24 Mi abuelo hizo una pausa rascando su barbilla y encendiendo un cigarrillo para él y otro para mí. Sirvió 2 copitas de Mezcal, Suspiró. E inició de la siguiente manera, remi. Nombre por el cual solamente él y mi difunto padre me llamaban y que me lo quedé. Desde entonces siempre te he contado muchas historias terroríficas y leyendas que erizan la piel, pero esta historia no sé si debería contártela. Podría darte un susto realmente grande. Yo reaccioné frunciendo una ceja e hice una mueca de fastidio. Recordándole a mi abuelo que yo era un adulto hacía años y que ya no era un niño que se asustara con ninguna historia de miedo.

4:19 ¿Sabiendo perfectamente por cuantas experiencias había pasado, mi abuelo soltó una carcajada nerviosa y me dijo muy bien, fanfarrón, tú lo pediste? Respingó mi abuelo con un gesto de desafío y poniéndose bastante serio. Hace muchos años, cuando llegué de Oaxaca a Veracruz, yo no conocía a nadie. Recuerdo que una tarde, mientras descansaba de tanto buscar trabajo, me senté en una piedra a la sombra de un almendro. Fue cuando conocí a tu abuela. Ella, sin preguntarme nada, me ofreció un refrescante vaso de agua de horchata. Creo que fue amor a primera vista. Yo, el joven recién llegado, sucio, sudoroso y sin suerte, había conocido a la mujer de mi vida sin saberlo. Ella me llevó con tu padrino, quien me ofreció mi primer trabajo, el cual fue mantener las caballerizas del rancho de don Juvenal.

5:29 Desde el inicio el ambiente fue bueno, el trabajo bien pagado y tu abuela visitándome seguido. ¿Qué más podría pedir? También allí conocí a mi primer amigo en el pueblo. Eligio era su nombre, el cual era hijo de don Juvenal. Su trabajo era muy a la par del mío. Yo alimentaba a los caballos mientras él se encargaba de entrenarlos y asearlos como éramos de la misma edad. Comentábamos de vez en cuando cosas en común en pláticas ocasionales, hasta que nos hicimos grandes amigos.

6:11 Recuerdo bien que en las vacaciones de Semana Santa, Doña Delia, la vecina de enfrente, nos reclamó de que los caballos pisoteaban sus cultivos. Cada que los sacábamos a pastar. Eligio se excusó mientras en voz baja me dijo que él se haría cargo. Obviamente, la vieja delia, que es la vieja que viste en el mercado. En la tarde, junto a isidro, su marido, se dice que son brujos. Bueno, el caso es que la vieja me echó una mirada tan fría y llena de odio que aún hoy la recuerdo.

6:51 En fin, esa tarde eligió, me preguntó si me gustaría acompañarlo a cazar del otro lado del río. La verdad, nunca había casado, pero como todo joven estaba ansioso de diversión y aventura, así que sin pensarlo 2 veces acepté. Esa tarde don Juvenal nos prestó a cada uno un rifle winchester y una escopeta remington con sus respectivas municiones, linternas, cantimploras. Y esa noche me dirigí con mi nuevo amigo para buscar mazates que son venados de cola blanca que actualmente están protegidos en México. Nos subimos a una pequeña lancha y cruzamos el río. Sería algo así como a las 8:00 de la noche. Cuando llegamos a la zona donde íbamos a cazar ya llevábamos varias horas y nunca encontramos nada. Honestamente, para ser cazadores éramos excelentes caporales. No teníamos una maldita idea de lo que estábamos haciendo, sin mapa, ni dirección, ni la menor vista de animales. Por lógica, pasó lo que nos tenía que pasar. Nos perdimos para agravar las cosas. Empezó a caer la peor lluvia nocturna que yo recuerde. Ligio me preguntó si creía en

8:27 naguales, lo cual se me hizo sumamente extraño, más en la situación en la que estábamos actualmente. Obviamente habían pasado años desde que mi TATA me había contado acerca de esos seres que se convierten en animales y le dije que no recordaba muchos detalles, pero sí había oído algo acerca de ellos. Pero que honestamente, no creí que fueran reales. Ligio se acomodó su paliacate en el cuello y me dijo que teníamos que buscar refugio. No teníamos más remedio, así que tomamos algunas ramas y palmas y como pudimos, construimos un tapanco improvisado para pasar la noche sin tener tantos apuros.

9:21 Especialmente los zancudos y la lluvia. Y maldita sea la hora en que se nos ocurrió hacerlo, muchacho, hizo una pausa mi abuelo, llevándose las manos al rostro y dando un profundo suspiro. Incluso en estos días continuó mi abuelo. Creo que no teníamos muchas alternativas de dónde escoger de todos modos. Como pudimos encendimos una fogata, nos acomodamos a modo de pasarlo lo mejor posible. No sé en qué momento me quedé profundamente dormido. Aún no amanecía.

10:02 Cuando ligio me despertó sacudiéndome la fogata se había apagado. Tal vez supongo que protesté demasiado fuerte. Pues él me tapó la boca e hizo señas de que guardara silencio. ¿Guarda silencio, Sabas, puedes oír eso? Me dijo en voz baja, entre susurros muy nerviosos. Lo supe porque estaba temblando al hacerlo oír qué cosa le pregunté, aún adormecido y desorientado, me quedé callado por un buen rato.

10:43 Y cuando mi oído se agudizó y empecé a acostumbrarme a los sonidos nocturnos, pude escuchar algo. No muy lejos de nosotros. Se escuchaban los agónicos gemidos de dolor de una persona. Sin duda alguna supuse que alguien necesitaba ayuda. Lijio me dijo que tenía rato, que escuchaba ese ruido. Hay que ir, me insistía. Quizás podamos ayudar en algo. Tal vez alguien se cayó y esté herido. Vamos, pues le respondí, él tomó su arma y yo la mía detrás de él.

11:25 Ligio salió primero, yo salí detrás cubriendo nuestra retaguardia, tomé mi arma y equipo y lo seguí dirigiéndonos en dirección de donde provenía. Es estremecedor ruido. Estuvimos inspeccionando cuidadosamente la zona, cubriendo el mayor terreno posible. Justo después de unos 80 m más o menos, llegamos a una especie de peña. Era una roca realmente enorme. Se distinguía que esas formaciones rocosas eran muy antiguas, formadas por los miles de años debido a los terremotos, el agua y el paso del tiempo. Repentinamente, los gemidos escucharon nuevamente más cerca, cada vez más agónicos y dolientes provenían justo del extremo contrario de donde estábamos ubicados lentamente y evitando hacer el menor ruido que pudiera comprometer nuestra posición.

12:30 Caminamos sigilosamente alrededor de la gran roca una vez que llegamos del otro lado. Fui testigo de lo más espantosa que persona alguna quisiera ver jamás. La horrorosa visión era tan terrible que literalmente me dejó paralizado por el terror. La un débil luz del alba mostraba la presencia de la criatura más aterradora, espantosa y repugnante que mis ojos hayan visto jamás. Tenía cierto parecido a lo que nosotros entenderíamos como un oso, pero no era posible. Quizás el tamaño nos haría tomarle un parecido a esa criatura, pero ese hocico era diferente a ningún animal conocido.

13:22 Sus fauces eran como las de un tiburón, dientes prominentes y filosos. Otra cosa que te decía que no podía ser tal animal era su extremada delgadez, casi famélico. Su piel ennegrecida pareciera que tuviera sarna, cubierta de arrugas o escamas, y su lomo lleno de púas. Y esos ojos, sus malditos ojos, su mirada pareciera que fueran brasas de fuego. No era un oso ni un lobo. Tampoco un felino, esa maldita cosa, porque no puedo decirle de otra manera, parecía producto de mis peores pesadillas. La bestia que teníamos frente a nosotros era aterradora por sí mismo, sin duda alguna.

14:18 Pero cuando volteé hacia abajo, mis piernas se doblaron al descubrir que producían esos lastimeros quemidos. Se trataba de una muchachita que hacía unos días se había extraviado del pueblo. Tenía días que sus padres y los vecinos la buscaban en la Comunidad. Nadie jamás pensaría que vendría a parar en lo profundo de estos bosques y que muy posiblemente fue arrebatada por la noche de su propia habitación mientras dormía por este maldito monstruo. La tristeza me invadió de repente. Al verla Notabas que era casi una niña entre 13 y 15 años. Esa aberración infernal la tenía sometida contra el suelo. La chiquilla tenía el vientre totalmente desgarrado por esas deformes garras que poseía esa bestia. ¿Quién estaba devorando, aun con vida, a la desdichada e inocente víctima?

15:25 Masticando salvajemente y sin control las entrañas de la pobre chiquilla a cada atarascada el monstruo salpicaba la sangre y pedazos de su propia carne en el rostro de la muchachita, al observar con cuidado pu de darme cuenta que ese maldito ser se comportaba con inusual malicia y sadismo, pues trataba de provocar el mayor dolor posible a su presa. Lo que significaba indudablemente 2 cosas, inteligencia y peligro, puesto que cualquier animal depredador mata a su víctima para no ser descubierto y algún otro le arrebata su trofeo. En cambio, este demonio le provocaba el máximo dolor posible a la víctima al no devorar sus órganos principales de una vez, sino que los dejaba para el final. Cuando la agonía colapsaba el cuerpo y causase la inminente muerte de la víctima, el sufrimiento de la infortunada era martirizante y agónico.

16:38 Hasta ese momento esa cosa no se había dado cuenta de nuestra presencia continuaba con su malévolo y sádico festín sangriento y maldito. Masticando, arrancando y sorbiendo voraz a la indefensa presa, quien agonizaba cada vez más despacio, anhelando la piadosa muerte que se rehusaba a llegar a aliviar su interminable dolor. Te lo juro por la memoria de tu abuela. Jamás había estado tan asustado como ese maldito día. Mis pantalones estaban empapados. En voz baja me dirigí a ligio amigo, tenemos que largarnos de aquí nada podemos hacer. Mi querido amigo tenía esa maldita expresión rara en su cara.

17:31 Es expresión que tenemos todos los hombres cuando estamos a punto de hacer algo realmente estúpido. Ligio ignoró mis palabras y seguía con esa mirada perdida. Sabía que iba a cometer la estupidez más colosal de la historia. No eligió, maldita sea, mis palabras carecían de sentido para él, pues ya estaba avanzando lentamente hacia esa maldita bestia. Cortó cartucho y levantó su rifle apuntando a la demencial criatura. Se escuchó la detonación del Winchester. 10 mm de caza mayor que le diera a su padre y que luego se escuchó el espeluznante rugido de dolor del monstruo.

18:23 Al recibir el certero disparo, la bala le había dado sin duda en medio del lomo. De inmediato volteó hacia nosotros, gruñendo y bufando de rabia, como si nos hubiera reconocido. Sus diabólicos ojos se clavaron en mi alma como Carbones al rojo vivo. Podía sentirlos ligio no hizo un intento de disparar nuevamente el arma. Me miró con esa mirada de todo estará bien y se echó a correr en dirección opuesta a donde yo estaba. Tú sabes, mi niño, continuó mi abuelo, por más rápido que seas. Nunca le ganarás a correr a un depredador. El pobre eligió, pensó en hacerlo por mi bien. Sabía que tu abuela y yo nos casaríamos pronto. Sabía que dejándome atrás la bestia lo perseguiría a él, permitiendo escapar o ponerme a salvo, que valiente y qué estúpido era mi amigo.

19:30 Yo corría mucho más rápido maldecí y pateé el suelo. Luego me di la vuelta y corrí como poseído y llorando, como un niño de 5 años. No volteé hacia atrás ni una sola vez, ni siquiera cuando escuché los gritos de mi compañero. Al ser alcanzado por esa aberración, no iba a despreciar la nueva oportunidad que mi amigo me consiguió a costa de su propia vida. Corrí, corrí llegando hasta el final del bosque. Pasando un riachuelo encontré un cobertizo donde guardaban leña para buena suerte. Estaba abierto.

20:12 Entré y cerré la puerta, atrancándola con todo lo que encontré. Me quede ahí llorando, en voz vaga, gimiendo y sollozando de rabia, dolor y coraje, de tristeza y de ira. Había perdido a mi mejor amigo en manos de esa maldita cosa. Sentía que el corazón me iba a explotar o a salirse de mi pecho. Los minutos se me hacían horas y sentía mucho frío. A pesar de estar bajo techo y de ser época de calor. Un violento golpe me sacó de mis pensamientos. Escuché fuera del cobertizo la llegada de ese monstruo.

20:53 Me levanté y me puse en guardia, Corte, cartucho y apunte a la puerta. Estaba listo para salvar mi vida y vengar a mi amigo o morir peleando e irme a hacerle compañía. La adrenalina hacía que mis brazos temblaran, pero no bajaba ni 1 mm el arma. Un solo golpe bastó para que esa maldita bestia convirtiera la puerta en astillas como si fuera de cartón. Maldita sea, solamente tenía una oportunidad. Pensé para mis adentros. No quería morir y menos en las garras de esa repugnante porquería.

21:36 Le grité, mírame a los ojos, maldito hijo del demonio, mientras apuntaba mi arma justo en medio de estos. Pero justo antes de disparar ese maldito animal se me abalanzó velozmente arrastrándome contra la pared, dejándome totalmente inmóvil. Me clavó sus enormes garras en los antebrazos. Dolía como un demonio, como hierro candente, enterrándose en la piel, músculo, carne y hueso. Sentía su putrefacto hedor producido por su aliento. Cuando este me rugió en el rostro, estaba a punto de arrancarme la cabeza con sus feroces fauces.

22:22 Pensé que destrozaría mi cráneo como una nuez. Aceptando mi inminente final, respiré hondo y cerré los puños. Cuando repentinamente escuché un silbido muy fuerte, jamás pensé que alguien pudiera silbar de esa manera. La criatura volvió la vista donde provenía ese sonido gruñó y me soltó rápidamente sacándome sus garras de los brazos. Lanzándome como basura hacia un lado y saltando hacia el exterior del cobertizo, se fue en dirección del bosque.

23:03 Reconocí la silueta de quien le esperaba sin duda alguna y bajo juramento te aseguro que se trataba de isidro, el marido de la vieja delia. Pude ver a la pareja alejarse para después perderse en la profundidad del bosque. Y después de un momento los perdí de vista. Por fin me tiré al suelo a llorar, a gritar. Estaba exhausto, sin aliento, sangrando, dolorido por las profundas heridas. Bien, qué mal. Gracias al igio aún estaba con vida y eso era mucho, muy valioso para mí. Después de algunas horas y medio repuesto, vendé mis heridas como pude y me puse a curiosear en el cobertizo, buscando algo que me pudiera ayudar a saber dónde estaba o cómo salir de allí. Solo encontré un viejo sobre dentro de un cajón donde decía la dirección del lugar, por lo menos me sirvió para ubicar dónde encontrar la carretera.

24:10 Y, penosamente, me dirigí en busca de esta. Escuché un motor a lo lejos y me dirigí hacia allá. Como es costumbre en México, pasaron varios autos hasta que alguien se apiadó y se detuvo para llevarme. Le comenté que habíamos tenido un accidente de cacería y el señor, muy amable, me trajo hasta el pueblo. Tarde varias horas en el médico. Horas más tarde me dirigí al rancho de don Juvenal. Cuando la familia del igio vieron el lamentable estado en el que regresé, sin mediar palabra alguna, les hice saber de la trágica noticia.

24:51 Todos en el pueblo se preguntaban qué sucedió, qué era lo que había pasado en ese lejano y solitario lugar. Al relatarles nuestra odisea. Lógicamente nadie me creyó. Mucho menos cuando les dije que la vieja delia era el monstruo y que isidro, su fiel marido, quien nunca dice nada, estaba en contubernio con ella aún cuando se recuperó lo que quedó de Eligio aún cuando se recuperaron los restos de la pequeña. Quien semanas atrás le había echado en cara a delia, que ella era quien se robaba a los niños del pueblo para comérselos y que ella era una maldita nahuala. En ese momento, mi abuelo se detuvo repentinamente. Cuando me empecé a reír, interrumpiendo abruptamente su relato, le aplaudí e irreverentemente. Le dije, genial, viejo, Dedicaste tiempo al relato. Muy bueno, abuelo.

25:55 Muy bueno. Por cierto, casi me la creo. Mi expresión cambió cuando me di cuenta que mi abuelo se quedó muy serio y guardó por un largo y solemne momento. Sonriendo con resignación y una mueca de tristeza, tomó una vieja fotografía donde estaba en una lancha con mi abuelita. Se veían muy jóvenes y felices y había algo en los brazos de mi abuelo, que no alcanzaba a distinguir. Claramente mi viejo abuelo me dijo, No te esfuerces. Míralo de cerca por ti mismo. Al momento de decir esto, se remangó su camisa mostrándome sus antebrazos.

26:43 Caí de sentona al darme cuenta de las espantosas cicatrices que en ellos se apreciaban su marchita y requemada carne que después de décadas de trabajar bajo el sol se veían casi cobrisas. Tenía 3 enormes y avejentadas cicatrices que en su tiempo se presume fueron muy profundas. Separadas una de la otra, tal como las garras de un enorme animal, mientras me dice que delia solamente esperaba para cuando alguien le pueda servir nuevamente como una presa.

27:23 Mi abuelo murió hace varios años y curiosamente de Delia e Isidro nunca nadie volvió a saber nada. Quizás murieron. O quizá solamente se fueron a otro sitio a buscar nuevas presas para la voraz bestia, la maldita nahuala buenas noches y muchas gracias por su cordial atención.