Dec. 22, 2025

La Misión Nocturna Que Los Militares Juraron Nunca Revelar...

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Inframundo Relatos De Terror
La Misión Nocturna Que Los Militares Juraron Nunca Revelar...

Dejanos 5 Estrellitas y no Olvides SEGUIRNOS...🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:00 Buenos días madrugadores. Aquí los saluda su amigo Inframundo a los carniceros, que ya están afilando cuchillos, acomodando productos y preparando mostradores. Gracias por escucharnos una vez más, sin más. Comenzamos con el terror. Saludos a todos mis compas. Esta historia me sucedió mientras aún estaba como efectivo entre los cerros del bello territorio mexicano. Vengo de una familia de militares, así que digamos que la disciplina y el ejemplo ya los traía desde mi abuelo.

0:48 Vi cómo era la mejor forma de hacer las cosas y mantenerse lejos de los malos pasos que haya en todos los sitios a donde uno pueda ir. En fin. Mis familiares me habían relatado que en sus tiempos se encontraron cosas extrañas en los cerros mientras recorrían los caminos. Podrían ver criaturas de lo más extrañas que era imposible de creer de su existencia, estos corrían a su lado, o que de cuando en cuando había entes caminando entre las plantas de la naturaleza, además de que podrían ver como seres volaban sobre sus cabezas.

1:29 Mientras, los destacamentos aprovechaban la noche para transportar elementos de un sitio a otro. No les creía mucho. Pensaba que eran cuentos que se inventaban para evitar que yo o mis hermanos nos uniéramos a esas filas. Después de todo, aunque se sintieran orgullosos de llevar el uniforme, sabían que eran pocos los que llegaban a viejos en esa profesión. A menos que se salieran del negocio antes y buscaran una forma de mantenerse lejos de las balas. Sin embargo, creo que como a todos los que hemos mandado algún relato a este canal del que, por cierto, somos fans, en mi familia me tocó la hora de presenciar un suceso que me heló la sangre y hasta ahora recuerdo con cierto escalofrío, incluso mientras escribo estas líneas desde mi cama.

2:26 En mi teléfono. Esto fue cuando inicié con mis labores en el ejército. Pese a ser parte de una línea de gente dedicada a esto, ni mi abuelo ni mi padre metieron la mano para que me dejaran subir en los rangos. Ellos me dijeron antes de que decidiera entrar en la milicia, que si yo me ganaba algo sería por mí mismo. No iban a mover un dedo a menos que necesitara atención médica o algo similar. Mi corazón estaba con esta carrera, así que lejí tomar una ingeniería en el colegio militar, pero como todos en un principio tenía que andar de raso por un tiempo. Era una de mis primeras misiones como soldado. Solamente teníamos que ir en convoy de una ubicación a otra del país.

3:20 Simplemente habría que ir a quitar algo de escombros que se habían acumulado en un camino luego de un temporal de lluvia especialmente intenso. Mi vehículo llevaba a otros 10 compañeros. Teníamos las armas reglamentarias, pero era más cosa de que quitáramos rocas a que enfrentaramos a personas que tuvieran intenciones funestas para con nosotros detrás de nosotros. Otro vehículo con algunos miembros más avanzados que si tenían instrucción de disparar a lo que se moviera. Éramos apenas un puñado de miembros de 18 años recién cumplidos o de 17 con algunos meses antes de hacerlo.

4:08 Así que realmente los que tenían permiso de portar las armas y dispararlas eran los otros. En nuestro caso era casi un elemento disuasorio. Bajamos junto a una carretera en plena sierra de Coahuila. El clima estaba helado porque era a eso de las 8:00 de la noche. Cuando bajamos del transporte no puedo mentir, pese a que era un trabajo que a cualquiera le sonaría como fastidioso. Para mí era emocionante por fin salir a hacer algo como militar. Nos dieron guantes y primeramente. Nos dedicamos a retirar numerosas rocas que se encontraban sobre la Tierra. Afortunadamente no había víctimas del deslave, pero pasarían varias horas antes de que la carretera pudiera transitarse de nueva cuenta.

5:03 Nos colocamos en una fila para pasarnos los escombros y dejarlos en el lateral del cerro. Como estaba oscuro al principio, no vimos de lo que se trataba hasta que de pronto. Un trueno me hizo voltear sobre mi cabeza, distinguí una imagen que parecía un rostro saliendo de la roca. Tenía la apariencia de haber sido perfectamente tallado por medios no naturales. Al ver mis ojos de miedo, el sargento a cargo siguió mi mirada y se dio cuenta de lo que estaba observando. Era la cara de un demonio. Con todo y sus rasgos afilados, barba prominente y cuernos enormes como los de un carnero, el hombre se sorprendió tanto como yo y llamó por radio a los guardias del destacamento. Ellos bajaron con las armas listas, se colocaron alrededor de nosotros, mientras el encargado seguía hablando por radio con la base militar para comunicarles lo que estaba pasando.

6:11 Nos indicaron que siguiéramos con la labor redoblando el paso. No querían que nos encontráramos 1 segundo más del necesario. Me concentré en mover las piedras y pronto nos pasaron las palas. El tiempo parecía escurrirse como agua entre las manos cuando estás trabajando a toda velocidad. Así que cuando me di cuenta de la hora ya era la 1:00 de la mañana. No nos faltaba mucho para terminar con eso. Fue entonces que me di cuenta que había un zumbido recorriendo el aire. Era como una especie de voz profunda que parecía traer el aire.

6:52 Pensé en ignorar todo eso, pero de pronto uno de los guardias llamó la atención de los otros con un grito. Fue inevitable que todos volteáramos hacia arriba. La estatua parecía estar hablando. Pero no se le entendían las palabras. El miedo se apoderó de nosotros. Nadie nos estaba dando las órdenes, pero nuestro instinto se activó enseguida y tuvimos que voltear en dirección al cerro. Apuntamos nuestras armas de manera que nos quedamos en círculo, vigilando todos los puntos del cuadrante. Lo mejor que pudimos escuchábamos algunos pasos como de cascos alrededor de nosotros. De forma que esperamos unos segundos en la oscuridad. El sargento acercó los vehículos para darnos cobertura e iluminación.

7:47 Fueron unos minutos muy tensos hasta que el mismo sargento dijo que entre las plantas se movía algo. Los compañeros a mi espalda empezaron a señalar posiciones. Esperaba que no estuviera pasando nada. Pero no había manera de que se me despegarán los ojos de mi posición. Después de unos segundos escuché los disparos de uno de los compañeros más avanzados mientras les ordenaban a los otros 2 que subieran rápidamente a los vehículos y prepararan las torretas. Estábamos en medio de un ataque a todo lo que iba.

8:28 Escuché el crujir de las botas de esos soldados. Al subir a los techos de los vehículos, colocar las tiras de balas e iniciar el contraataque, me di cuenta de que podía escuchar el sonido horrible del crujir de los proyectiles en contra de los cuerpos de los demonios. Sonaba como si estuvieran aplastando insectos de caparazón duro. Quería cerrar los ojos unos minutos para poder concentrarme en no salir huyendo de ese punto. Seguramente, si perdía la cabeza, terminaría cayendo por la barranca en quién sabe qué dirección. En medio de la noche sentía que nuestros cuerpos resonaban por las carcajadas que lanzaba el rostro tallado de forma misteriosa.

9:18 En ese cerro no pude evitar verlo, pese a que estaba esperando por la indicación de disparar. Noté que los ojos del ser brillaban de forma espeluznante bajo la luz de la Luna. Me di cuenta de que las cuencas se movían en nuestra dirección, esforzando por ver el avance que se podría dar en la situación que pasábamos abajo. Nos ordenaron quedarnos cerca de los transportes para evitar las balas. Vi entre las luces interrumpidas por los destellos de las detonaciones. Que entre la vegetación de la sierra salían una buena cantidad de lo que parecían ser personas. Sin embargo, con la gran diferencia de que algunos tenían cuernos o patas, como de cabra, eran hombres y mujeres, todos desnudos, con la piel de un tono chamuscado, como si se las hubieran hervido con agua caliente, mi corazón empezó a retorcerse con angustia.

10:23 Era una cuestión en que no podía sentirme más impotente. Esos seres parecían torturados en vida. Podías notar que las partes animales no habían sido parte de sus cuerpos originales, sino que se encontraban cosidas a los miembros humanos con puntadas tan gruesas que era dudoso que fueran a funcionar correctamente de haberlas ejecutado en cualquier paciente. Sus ojos se encontraban o completamente blancos o negros, simplemente no tenían pupilas. Detrás de ellos se alzaban. Algunas figuras más grandes tenían el pecho amplio y llevaban una especie de látigos para empujar a los entes menores.

11:09 Sin que protestaran nos dieron la orden de no abrir fuego desde los vehículos. Las torretas comenzaron con su trabajo. El sargento estaba viendo fijamente todo lo que pasaba, esperando a que tuviéramos un tiro seguro y que no corriéramos tanto peligro. Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que sentí que se me iba a salir pese al frío de la noche. Sentía el sudor bajar por mi piel y empaparme el uniforme. Apreté los dientes, tenía el dedo tenso sobre el gatillo. Vi con horror cómo los entes se aventaban en nuestra dirección. Era claro que esa buena cantidad de gente, al menos unos 30, tenían la intención de avasallarnos y hacer alguna cosa con nosotros, algo en lo que prefería no pensar. Sus respiraciones se escuchaban entrecortadas como si apenas pudieran exhalar el aire que tenían atorado en los pulmones. La forma en que sentía sus miradas sedientas de sangre en la oscuridad me hacían temblar por dentro. Estaba contando los segundos para que nos permitieran finalmente defendernos, pero el líder sabía que no teníamos demasiadas balas para gastar, así que era mejor esperar a que los seres estuvieran a tiro de nuestros rifles para aprovechar el armamento que teníamos

12:41 disponible. Me percaté que las metralletas picaban a esos seres que sacaban borbotones de sangre negra y pegajosa, que se pegaban como chapopote sobre la carretera. Sus pedazos se seguían acumulando sobre el camino. De pronto vi como la cabeza de uno de ellos era reventado por las balas. Sentí ese líquido tibio de aroma azufrado caer en mi rostro. El cráneo de lo que parecía ser un demonio explotó frente a mis ojos. Su expresión vacía, como si no sintiera dolor alguno, me pareció escalofriante. Ahora estaba seguro de que si no le daba en medio de los ojos a esos entes, no los detendría con nada. Era más tarea de Destrozarles la cabeza por completo para lograr el objetivo de que no se pararan más. El ser, que cayó aún luego de ese daño completo a la cabeza, siguió moviendo los dedos por unos segundos más. Los suficientes para que las manos del ser se colocarán sobre mis botas antes de dejar de moverse por completo. Seguía sin poder disparar porque aún no me habían dado la orden, pero ya era demasiado.

14:04 Uno de los chicos apretó el gatillo. Supongo que estaba viviendo lo mismo que yo. Enseguida sentí como las detonaciones Vibraban en el silencio del cerro. Además del estruendo de reverberaciones que producía esa máscara, me sentía dentro de un infierno diseñado especialmente para nosotros de una ilusión que en cualquier momento se debería romper, pero la realidad de los fluidos cayendo sobre mi cuerpo. Me hacía saber que eso no era casualidad, que no había manera en que todo fuera un sueño. Tenía que ser real. Lo que estaba viendo entonces fue que el sargento, ya sin más remedio, dio la orden de disparar a discreción. Era una marea de demonios que no parecía parar. Trataba de darle solamente a los que pasaban el cerco ofrecido por las metralletas.

15:04 Me detenía con cuidado, apuntar directamente Asus rostros de ojos muertos. El tono de sus rostros me estremeció. Realmente tenía la sensación de que los habían quemado vivos de alguna forma jalé el gatillo uno a uno, rostro a rostro, los iba eliminando, cuidando que mis tiros contaran. No puedo decir que todas las balas iban a dar en el mismo blanco. Al menos eran un tanto más efectivas que las de los compañeros que aún no habían descifrado la fórmula para acabar con ellos. Les grité que debían apuntar a la cabeza, pero ni siquiera yo escuchaba mi propia voz por encima del estruendo que hacíamos todos.

15:52 Pensé que en poco tiempo estaríamos muertos. Se me comenzaba a acabar el poco parque que nos habían dado a mi izquierda. Uno de los compañeros terminó con su suerte. Se quedó sin balas, se iba a replegar cuando uno de esos demonios lo jaló de las botas, colándose por debajo de los otros cuerpos. El par de manos escalofriantes le sujetaron tan fuerte que, pese a las patadas que lanzaba, no había forma de quitárselas de encima. Las uñas del ser se le clavaron como agujas afiladas en la carne. Y no hubo manera en que nadie pudiera mover un músculo para ayudarlo. Simplemente estábamos atentos a qué era lo que pasaba. Buscando la mejor manera de darnos una oportunidad para seguir respirando y no sucumbir ante esos demonios. El pobre hombre gritaba como loco. Parecía que después de que esa criatura se lo llevó. Las otras las siguieron para tomar una parte del infortunado. Podíamos escuchar cómo crujían sus huesos de forma poco sana. Mi mente trataba de deshacerse de ese sonido, pero es un horror que aún hoy, casi 30 años después de eso, a veces me despierta por las noches en medio de un grito. Aún puedo escuchar como sus

17:22 alaridos de ayuda. Se cortaron abruptamente cuando los entes terminaron con su vida luego de que sonara un crujido bastante fuerte. Además de el escuché a otras personas vociferar pero no distinguí los sonidos que emitían por completo. No estaba seguro. ¿De qué lado habían salido? Seguimos repartiendo plomo sin parar hasta que finalmente el sargento. Nos ordenó con voz atronadora que era todo. Al parecer, los entes se estaban retirando de a poco a la arbolada. El zumbido que provenía de la montaña dejó de sonar y finalmente algo de paz me invadió la cabeza. Sentía que ese podría ser un momento para descansar del combate.

18:13 No podría decir que habíamos ganado, se sentía más como si esas criaturas. Hubieran obtenido lo que querían y se les hubiese borrado de la cabeza cualquier otra cosa que fueran a necesitar. La lluvia comenzó a caer sobre nosotros. Sus gotas frías me consolaban un poco y servían para lavar toda esa sangre de mis ropas. Si es que le puedo decir de esa manera, eran cerca de las 4:00 de la mañana. En esas zonas de las alturas de las montañas, pronto comenzaría a clarear el cielo, respiré.

18:54 Finalmente me sentía como si hubiera aguantado el aire todo el tiempo, como si apenas pudiera echar la cabeza atrás para descansar los hombros. Los superiores contabilizaron a los elementos viendo de uno a uno si estábamos completos los recuentos de los daños. Nos faltaron 3 soldados. Después de eso, el sargento corrió a los vehículos para pedir apoyo por radio, pero le contestaron de la central que olvidara a los otros y nos fuéramos de regreso. En ese instante las gotas de agua nos caían intensas entorpeciendo la comunicación, pero al menos llegué a entender que no les prestara atención a los cuerpos.

19:41 Ya se referían a ellos como si estuvieran muertos. Que no podría frenar el ataque y era mejor que nos fuéramos a la base para resguardo, colgó y nos ordenó que subiéramos a los vehículos sin chistar. Empapados por la lluvia, nos acomodamos en el punto, enseguida arrancaron los transportes y nos fuimos pelados de ahí, dejando atrás montones de casquillos de balas y pedazos de entes. Que se disolvían bajo los pocos rayos de luz de los vehículos. Mi cabeza le daba vueltas a todo lo que había pasado.

20:22 Me di la vuelta para mirar al cerro y para ese momento me di cuenta de que el rostro que habíamos visto tallado en el cerro ya no se encontraba ahí. Solamente parecía haber rocas que se podría haber confundido con cualquier cosa. Pero no con un rostro como el que habíamos visto hacía unos momentos llegamos a acuartelarnos. Una vez que dejamos todo, nos aseamos y nos dieron licencia para comer y descansar. Me fui derecho a los comedores. Sabía que en ese sitio encontraría al sargento y quizá a los otros soldados. Efectivamente, el líder del convoy estaba sentado tomando un café.

21:08 Tenía la comida al lado como si no hubiera podido probar bocado. Le pregunté directamente que nos había pasado. Sus ojos parecían querer olvidarlo todo. Me pidió que me sentara. Luego comentó que en sus años de carrera militar jamás le había tocado ver una cosa similar, pero estaba seguro que esa noche nos enfrentamos con el diablo mismo. Trayendo consigo todo aquel horror que habíamos vivido, le dio un trago a su café. Añadió que se había enfrentado a demonios. Muchas veces los podía encontrar en las encrucijadas de los caminos o en los sitios solitarios.

21:52 En ciertas horas de la noche eran frecuentes en sus misiones, como si la gente que tenía carreras militares los atrajera los hiciera tener hambre por conseguirlos. Casi siempre que aparecían se podía estar seguro que alguno de los compañeros iba a desaparecer. Era como si los entes supieran que los podían tomar de entre montones de humanos y nadie se quejaría demasiado de lo que estaba pasando. Por ejemplo, los compañeros que ya no estaban con nosotros. Habían sido clasificados como perdidos en acción y se les había notificado Asus familiares. Era claro que los mandamás sabían de estos fenómenos, pero tampoco podrían explicárselo a la gente en general. Yo mismo, si no lo hubiera visto, me atrevería a decir que ese tipo de cosas nunca podría suceder. Tacharía de loco a cualquiera que compartiera ese sentimiento. Acepté sus palabras.

23:00 Me dijo que me hiciera de una medalla como la suya. Me mostró un collar dorado con una imagen de San Benito en el mismo metal. Comentó que eso le había salvado la vida más de una vez a lo largo de las diferentes situaciones. Hasta el día de hoy no he vuelto a ver a aquel tipo de criaturas como esa noche. Me mandé a hacer una medalla como mi sargento me mostró. Y quizás eso me mantuvo con vida cuando teníamos contacto con lo sobrenatural. Hola a todos. Creo que es común tener historias de horror entre los de mi profesión o al menos muchos de los compás que he conocido.

23:48 Tienen una o 2 cosas que contar de lo que nos pasa en medio de la nada que nos toca andar cuidando del narco o de la naturaleza. Fui militar por mucho tiempo y en una ocasión, mientras estaba de guardia en el desierto de Durango, casi me les voy y no porque me tocaran balazos, sino porque tuve un encuentro con el diablo mismo, o al menos eso es lo que podría creer con lo que me pasó. En esos tiempos andábamos cuidando un paso en la sierra. Era cosa de vigilar nada más y la verdad estaba aburrida la chamba porque ni había movimiento. Afortunadamente en el rato que estuve por ahí no me tocó ninguna balacera. Supongo que los mismos traficantes ya sabían que andábamos ahí y por eso preferían no pasar. Seguramente ya habían encontrado otra forma de llevar sus mercancías.

24:47 En uno de los descansos que me tocó decidí ir al pueblo con otro montón de guachos. Finalmente la gente no respetaba y ya de civiles, pues no había forma que nos distinguieran mucho de los demás. Eso sí, siempre llevábamos dinero y eso no hay a quien le caiga mal esa velada en particular había una fiesta patronal, pero no recuerdo cuál era el santo. Nos la pasamos re bien, bailamos con las muchachas, comimos y tomamos mucho. Todo estuvo a pedir de boca hasta que a uno de los desgraciados de la compañía se le ocurrió sacar una baraja.

25:30 Ya había pasado la fiesta, era por ahí de las 3:00 de la mañana y como todos se habían ido menos las cariñosas que esperaban un jugoso pago al final de la noche. Se nos hizo fácil tomar una mesa y ponernos a jugar con ganas. Cuando las muchachas vieron eso nos dijeron que mejor no lo hiciéramos. Se decía que por esos sitios a veces se aparecía el chamuco. Cuando la gente andaba apostando mejor nos hubieran dicho otra cosa porque eso nos dio más ganas de jugar y ahora hasta apostar. Las cartas fueron repartidas. Junto con más tragos que nos habíamos negociado con el cantinero, que hacía mucho ya había cerrado, traíamos un escándalo que las mujeres mejor nos pidieron sus pagos y se fueron de ahí corriendo.

26:26 Una insistía en que nos íbamos a ganar, que llegara el diablo. Pensamos que estaba loca y seguimos con El juego hasta que en un punto de la noche. Notamos que caía un frío sobrenatural en el pueblo. De pronto nos sentimos incómodos y hasta la borrachera se nos bajó. El quique estaba a punto de decir que mejor nos fuéramos. Era como nuestro líder cuando de pronto vimos que un hombre vestido de forma elegante de pies a cabeza, se acercó a nosotros entre las sombras. Tenía rasgos afilados.

27:06 La barba y el cabello, negros perfectamente peinados, la piel tocada por el sol, los ojos burlones y la sonrisa bañada con oro en los dientes. El traje que llevaba estaba bordado en oro, además de que el chaleco interior tenía detalles de piedras preciosas y plata. Nos saludó y puso un fajo de billetes en la mesa. Dijo que si no queríamos jugar una ronda más. Al ver el dinero le contestaron que no ajustábamos para la apuesta, a lo que él respondió que no solamente el dinero era valioso, sonreía de forma escalofriante, de manera que la mayoría de los hombres no quisimos entrarle a jugar menos después de lo que habían dicho las muchachas. Pero el quique era el más gallo, así que le preguntó qué podría apostar.

28:06 El hombre misterioso le contestó que el alma a cambio de todas las riquezas que traía encima. En ese momento se abrió el saco y pudimos ver una cantidad imposible de billetes, además de joyas y papeles que seguramente tenían la propiedad de terrenos escrita en ellos. Quique aceptó el ofrecimiento con gusto. Yo repartí las cartas para estar más cerca de lo que pasaba y comenzó El juego. Se notaba que ese ser era el chamuco mismo, ya que conforme el soldado le ganaba se enfurecía cada vez más, lanzando pequeñas llamaradas de los ojos que a todos nos espantaban menos a quique. Era la ronda final cuando el demonio mostró su verdadera cara.

28:57 El rostro dejó de ser humano y se transformó en un diablo con la piel roja y la expresión recia que aullaba para que el otro jugara. Quique quiso mantener su compostura, pero se notaba que estaba igual de espantado que todos. Era bueno mintiendo, así que el demonio pensaba que estaba por perder cuando el amanecer lo salvó a ambos. Con los primeros rayos del sol, que todos estábamos demasiado metidos en El juego como para notar, el lente comenzó a esfumarse con carcajadas de victoria. Suponíamos que al menos ambos quedaron en empate. Todos estábamos estupefactos y sin hacer mención de lo sucedido, regresamos al campamento militar. Después de lo sucedido, el quique hasta dejó de tomar y se hizo cristiano.

29:56 Creo que a la fecha no le ha pasado nada malo, pero tampoco es que nos hayamos puesto a hacer ese tipo de cosas de nuevo. Creo que nadie quiere enfrentarse 2 veces en la vida al diablo. Con esa vez bastó. Una vez que dejé mi servicio, le conté sobre esto a un padrecito. Que me mencionó que de pura casualidad la alcanzamos a librar después de todo el amo de los juegos de azar es el diablo mismo.