LA INTENDENTE MUERTA - 7 HISTORIAS DE TERROR DEL PÚBLICO | Relatos Reales - INFRAMUNDO
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
📌 Contenido del video:00:00 INTRO00:45 LA INTENDENTE DEL 2DO PISO07:37 LA OTRA KAILANY12:05 EL MUÑECO DEL PANTEON19:15 LA MUJER DEL ARROYO25:35 LA PRESENCIA DEL RANCHO33:00 EL INFIERNO DE JOSELYN44:15 EL APARATO DEL CERRO
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🔎 Temas de este episodio
• Historias paranormales reales
• Relatos de terror en México
• Relatos de carretera
• Relatos de traileros
• Brujas reales en México
• Terror narrado en primera persona
• Relatos para no dormir
• Misterio y sucesos inexplicables
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0:07 Muy buenos días, tardes o noches a toda la comunidad de Inframundo, esperando se encuentre hórridamente bien del otro lado de la pantalla. Es un placer presentarles el día de hoy 8 aterradoras anécdotas enviadas por el público. Por ustedes, los fieles seguidores de Inframundo. Les agradezco a cada uno de ustedes por estas aterradoras historias, sin más. Por el momento te invito a darle un gran sorbo a tu taza de café y escuchar estos relatos en una noche de insomnio sin más. Aquí comenzamos la intendente del segundo piso, basado en la anécdota de Elizabeth.
0:56 Relatos del público. Muy buenas noches Alejandro, me llamo Elizabeth, soy de San Francisco del rincón, Guanajuato. Esta historia ocurrió hace 13 años, cuando apenas tenía 11. Me costó mucho decidirme contarla porque cada vez que la recuerdo, algo dentro de mí se quiebra y un escalofrío me recorre el cuerpo. Estaba en quinto de primaria. Mi mamá siempre se sentía orgullosa de mí por mis buenas calificaciones, por como me esforzaba en la escuela. A mitad del ciclo escolar llegó una niña nueva al salón. Todos queríamos hablarle, todos queríamos ser sus amigos, pero ella no se acercaba a nadie.
1:46 Se mantenía en con la mirada baja, concentrada en sus dibujos y en un libro que siempre llevaba consigo. Se llamaba Mariana. Con el tiempo logré hacerme su amiga en los recreos. Me quedaba con ella observando cómo coloreaba sus propios dibujos. Dibujaba hermoso con una facilidad que me sorprendía. Nos hicimos inseparables a su lado. Yo sentía algo distinto, una conexión tranquila, aunque a veces cargada de una tristeza que no entendía del todo. Un día me confesó el motivo de su silencio.
2:29 Su voz temblaba mientras me hablaba. Me contó que todo había comenzado como una tarde normal. Su mamá cocinaba, preparaba la comida para toda la familia Mariana, lavaba los trastes. Su padre llegó ebrio, gritando e insultando, amenazó a su madre, quería golpearla, ella intentó defenderla. Le gritó que se fuera, que no la molestara. El hombre se marchó, pero regresó 10 minutos después, con un machete delante de Mariana. Su padre le arrebató la vida a su madre.
3:11 No supe que decir, solo la abracé esa noche. Le invité a comer a mi casa después de la escuela, a lo que aceptó. El día siguiente regresamos a clases. Mariana estaba más tranquila cuando llegamos. Me sentía algo mal del estómago y pedí permiso para ir al baño. Al entrar vi a una intendente que no había visto antes. Me pareció raro, no llevaba uniforme, tenía un vestido blanco, el cabello suelto y usaba huarachitos cafés. Sonreía, pero tenía algo contagioso, aunque extraño. La escuela era grande, de 2 plantas y había muchos trabajadores.
3:59 Supuse que era nueva. Pasaron los días y me la seguí encontrando en el baño, siempre con esa sonrisa. Un día los baños de la planta baja estaban fuera de servicio. Teníamos que usar los del segundo piso. El maestro nos mandaba por parejas, Mariana y yo siempre íbamos juntas. Y ese día me pidió que la acompañara. Ella salió primero. De pronto soltó un grito, salí corriendo detrás de ella. Estaba pálida, temblando, apenas podía hablar. Repetía una y otra vez que ella estaba ahí, sentada sobre el lavabo, que la estaba llamando. No vi a nadie, no entendía lo que decía, corrimos del baño. Mariana no podía calmarse, lloraba y temblaba. El maestro fue a revisar, no había nadie, revisaron las cámaras y nada extraño le llamaron a su abuelita. Mariana tenía mucha fiebre, la mandaron a casa. Al día siguiente no fue a clases, me preocupé, le pedí a mi mamá que saliendo de la escuela me llevara a verla. Me dejó un rato mientras hacía unas compras. La abuelita de Mariana me recibió, me pasó a su habitación, nos sentamos a platicar, me ofreció un vaso con agua mientras ella fue por él.
5:34 Mis ojos se pasearon por el tocador. Había varias fotos, una de ellas me hizo quedarme inmóvil. Era una mujer de sonrisa serena, cabello largo y suelto, vestido blanco. Huarachitos cafés me resultaba familiar demasiado, el corazón se me aceleró. Cuando Mariana regresó con el vaso de agua, le pregunté quién era, tomó la foto con cariño, me dijo que era su mamita, la única foto que le quedaba de ella. Me habló de lo hermosa que era, de su cabello suelto, de su vestido blanco.
6:17 Me dijo que le encantaba verla arreglada, siempre con sus huarachitos cafés. Me confesó cuánto la extrañaba. En ese momento algo se rompió dentro de mí. El vaso temblaba en mis manos. No pude disimular el miedo. Mi mamá tardó unos minutos más en regresar por mí, pero se me hicieron eternos. Tiempo después intenté contarle a mis papás, pero no me creyeron. Dijeron que probablemente necesitaba hablar con un psicólogo. Pensaron que me estaba afectando la ausencia de Mariana que necesitaba distraerme.
6:58 Días después, Mariana no volvió, su abuelita la sacó de la escuela, no tenían casa propia, así que se fueron. Nunca supe a dónde mi vida siguió. Gracias a Dios he podido salir adelante, pero esa imagen. Y esa sonrisa y ese vestido blanco todavía me persiguen porque sé lo que vi. Sé con quién hablé y no fue un sueño. Interactúe con alguien que ya no pertenecía a este mundo. Y eso, aunque haya pasado los años, todavía me da escalofríos. La otra kailani basado en relatos del público adaptada por orkus, buenas noches, Inframundo, mi nombre es blanca. Todo ocurrió una noche en la que nos reunimos para cenar en casa estábamos mi hermana María, su hija, mi Sobrino César, su novia samanta, mis hijos y yo.
8:10 Preparábamos hamburguesas al carbón. El aroma llenaba el ambiente mientras conversábamos en el pequeño balcón junto a la escalera. Kailani, mi hija de apenas 5 años, jugaba alegremente con mi sobrina. Corrían por todo el lugar riendo, sin parar. En uno de esos momentos vi a kailani correr hacia mí. Le advertí que tuviera cuidado con el asador. Que no se acercara demasiado porque podía quemarse. Ella soltó una risa traviesa y bajó por las escaleras. Me asomé para vigilar y le dije que no se alejara. La noche ya había caído y todo estaba completamente oscuro. Pasaron unos 3 minutos, algo me inquietó. Decidí bajar a buscarla y comencé a llamarla primero en voz baja.
9:08 Luego, con más fuerza, no recibí respuesta. La angustia empezó a crecer dentro de mí. El pecho se me oprimía. Sentía como si algo invisible me apretara los pulmones, grité su nombre una y otra vez, pero no salió de su escondite. No escuchaba ni un paso, ni un suspiro, ni una risa. La casa vecina al costado tenía un arbusto espeso. Denso, tan tupido que apenas dejaba pasar la luz del farol. Algo se movió entre las ramas. Era una figura pequeña, pensé que era ella.
9:50 Me acerqué rápidamente llamándola, pero el silencio fue absoluto. No hubo respuesta. Estaba a punto de alcanzar el arbusto. Cuando mi sobrino me interceptó, me tomó del brazo y me pidió que me calmara. Que regresara a la casa. No entendía su actitud, me hervía la sangre, sentía que nadie comprendía la gravedad del momento. Mi hermana salió en ese instante, me gritó que dejara de hacer escándalo, que subiera que tenía que ver algo. Llorando de rabia y con el corazón Estrujado, Subí las escaleras en mi mente. Solo cabía una idea, mi hija se había perdido, pero. Al llegar la realidad me golpeó de una forma helada, kailán y estaba ahí, en su cuarto, jugando con mi sobrina. Nunca había salido, nunca había bajado el sudor frío, me recorrió la espalda, las piernas me temblaron. Algo se quebró dentro de mí.
10:59 No entendía cómo podía ser posible. La había visto y había escuchado su risa. La vi bajar, la vi moverse, la sentí tan real, pero no era ella. Esa noche algo más se movió entre nosotros, algo que imitó a mi hija, algo que jugó con mi percepción y se metió en nuestras vidas sin que lo notáramos. Algo que se parecía tanto a kailani que por poco lo seguí hasta perderme con él desde entonces. No me siento segura esa noche. Dejé instrucciones estrictas para no descuidar ni un solo momento a los niños, ni volví a confiar en la tranquilidad del entorno. Aunque fue solo un instante, lo viví como si hubieran pasado horas.
11:52 Una presencia que no puedo explicar y que quizás aún sigue ahí. Nos han ocurrido más cosas desde aquella noche. Tal vez algún día se las comparta el muñeco del panteón basado en la anécdota de Óscar, relatos de suscriptores, mi nombre es Óscar, soy de Toluca, Estado de México. Lo que les voy a contar no es fácil, me atormento durante 3 meses seguidos. Y aunque el tiempo ha pasado, aún hay noches en las que prefiero no cerrar los ojos del todo.
12:38 Todo comenzó el día en que falleció. Mi abuelo. Era un hombre bueno, sano, generoso, el pilar de nuestra familia. Su muerte fue repentina. Dolió más de lo que imaginé posible ese día mientras se hacían los preparativos para sepultarlo. Alguien me pidió que fuera al Panteón a dejar unas botellas de vino por tradición. Aquí se acostumbra a brindar con los que ayudan a cavar la fosa, agua, tequila o vino. Al llegar uno de mis tíos me advirtió con seriedad, cuidado, no vayas a tocar esa bolsa al voltear. Vi semioculta entre la Tierra, suelta una bolsa negra pequeña. Pregunté qué era.
13:29 Alguien respondió que era un muñeco. No entendía al principio. Luego el cuidador del panteón se acercó y dijo que había visto a unas mujeres merodear por ahí. En la madrugada pensó que tenía flores, pero después notó que no era así. Le había pedido a mi tío que viniera a revisar, pero andaba borracho y lo ignoró. Al momento de sepultar a mi abuelo de forma disimulada, saqué la bolsa. Dentro había lo que parecía un trabajo de brujería, muñecos, hierbas, listones, objetos amarrados y envueltos en brebajes extraños.
14:13 Una rabia me invadió. Sentí que eso estaba relacionado directamente con él. Sin pensarlo demasiado. Me alejé y la quemé. Le eché alcohol encima y le prendí fuego. Lo más perturbador fue ver como al arder el contenido zumbaba, los muñecos parecían moverse como si tuvieran vida. Saltaban dentro del fuego, retorciéndose el humo espeso y oscuro. Se me vino encima. Esa noche no pasó nada, pero la siguiente comenzó el tormento. Me desperté entre las 2:33 de la mañana, empapado en un sudor terrible con el cuerpo tenso.
14:59 Al principio eran pesadillas que ignoraba, pero noche tras noche la hora se repetía. El ambiente se volvía más tenso, más oscuro y empecé a sentir murmullos detrás de la puerta de mi cuarto. Luego, la sensación de que alguien se acercaba a hablarme al oído cada vez que eso pasaba me quedaba paralizado. Nunca había sentido miedo así. Y eso que siempre me había fascinado. Lo paranormal. Un día en el trabajo, un compañero notó que algo andaba mal. Le conté lo que estaba viviendo. Me dio una estampita de una virgen venerada en tonatico y una pequeña imagen me dijo que rezara que pidiera protección. Aquella noche.
15:52 Recé con fe. Al día siguiente, ese mismo compañero me miró con el rostro pálido. Me contó que durante la noche alguien o algo lo había despertado violentamente. Me dijo que no debía haberme metido con eso. Que no debía haber quemado ese trabajo. A partir de ahí todo se intensificó. Me movían las cosas en la casa. Los gritos al exterior de mi ventana se hicieron constantes. Despertaba puntualmente a las 3:00 de la mañana, con voces en la cabeza y llantos a mi alrededor.
16:32 Una noche desperté llorando después de soñar. Que varios de mis propios familiares bailaban alrededor de ese muñeco. Gente que nos hablaba, que odiaba mi familia, verlos ahí. En esa escena me helaba la sangre. Mi esposa se hartó, no entendía qué me estaba pasando y yo tampoco. No tenía energía, ni ánimo, ni rumbo, solo miedo. Un miedo que se había metido en mí como veneno. Una noche vi algo afuera. Un movimiento me hizo acercarme a la ventana. Desde ahí observe como una lechuza gigante salía del techo de la Casa de los vecinos.
17:21 Era una criatura imposible, grotesca. No dormí nada y desde entonces no fui el único que veía cosas. Mi familia también comenzó a huir, a sentir, a ver. Ya no me culpaban en me lo decían directo. Yo había traído eso a la casa. Me volví una sombra de mí mismo, rezaba. Todas las noches rogaba por protección hasta que una noche, recostado, sentí el susurro otra vez. En esta ocasión, justo en los oídos, algo me habló, pero al instante olvidé lo que dijo.
18:05 Sólo recuerdo que se me erizó la piel. Voltee, lo vi. Era una silueta negra sin rostro y sin forma. Una figura hecha de sombra, parada junto a la ventana. Me levanté y como pude, abrí la cortina. Y en cuanto lo enfrenté, esa cosa se desvaneció en un salto extraño. Hacia abajo o hacia arriba. No lo sé. Fue como si la misma oscuridad se lo tragara. Salí al patio, grité con rabia, le exigí que se fuera, que ya no podía más, y esa fue la última noche.
18:49 Desde entonces no volvió. Ya no oí voces, ya no vi sombras, ya no soñé con muñecos malditos ni sentí la presencia del humo, pero el recuerdo sigue ahí, el dolor y la advertencia. Nunca es bueno tocar lo que no entiendes, no es bueno jugar con cosas que no te pertenecen. Yo solo lo hice por rabia, por dolor y por impulso, pero aprendí que hay cosas en este mundo y otras que no lo son. La mujer del Arroyo, basado en hechos reales ocurridos a Rubí Santa Cruz.
19:30 Relatos del público. Buenas noches, Inframundo, mi nombre es Rubí Santa Cruz, soy originaria de un lugar llamado piedra China, actualmente vivo en el limón de papatzindaro. Esto que les voy a contar ocurrió hace ya un par de años y hasta el día de hoy me cuesta dormir tranquila. Cuando lo recuerdo todo comenzó. Cuando mi esposo y yo fuimos a visitar a mis padres allá en su ranchito de piedra China, pasamos todo el día con ellos entre comida, risas y preparativos. Al caer la tarde, mi esposo le propuso a mi papá que al día siguiente fueran juntos al rancho de mi suegro para espiar venados.
20:22 Si tenían suerte, hasta podrían cazar uno. Esa noche decidimos quedarnos a dormir en casa de mis padres. La idea era salir de madrugada, cuando el aire aún estuviera quieto, y así fue. A las 3:00 de la mañana salimos rumbo al rancho. U irunio todavía estaba completamente oscuro. Cuando llegamos, mi esposo y mi papá no perdieron tiempo, tomaron sus armas y se internaron en el monte. Cada uno a su puesto. Yo me quedé sola en la camioneta esperando a que amaneciera.
21:02 Me recosté en el asiento y cerré los ojos. El silencio del campo a esas horas puede ser profundo, pero también extraño. Y lo que ocurrió después lo tengo marcado con fuego en la memoria. Escuché como alguien comenzaba a abrir la puerta trasera de la casita del rancho. La que da hacia el arroyo. Al principio no me alarmé. Pensé que quizás alguna de las vacas había empujado la madera, pero la sensación cambió por completo cuando escuché como la puerta se abría de verdad y luego esos pasos, pasos lentos y pesados, como si arrastraran los pies, se acercaban directo hacia donde yo estaba.
21:49 Sentí un miedo que no había sentido antes. Me cubrí con una manta que siempre llevamos en la camioneta intentando hacerme invisible, pero los pasos no se detuvieron. Se acercaron hasta detenerse justo al lado de la puerta del chofer. Cerré los ojos con fuerza y entonces lo sentí. Una mano fría comenzó a acariciarme la cabeza lentamente, como si tratara de tranquilizarme. Pero no había consuelo en ese tacto, solo horror. Era una caricia seca, muerta, no podía gritar, no podía moverme. Lo más perturbador era que, a pesar de no ver nada, sabía que era una mujer.
22:41 No sé cómo lo supe, solo lo sentí como si su presencia hablara por si sola. Dejó de tocarme por unos segundos. Pero yo sabía que seguía ahí. Sentía su mirada fija, silenciosa. Luego volvió a acariciarme, más lento y más profundo dentro de mi cabeza. Solo supliqué. Le pedí a Dios que me protegiera, que no permitiera que esa cosa me hiciera daño. Rezaba con el pensamiento, porque ni la voz me salía. Y en medio de mis súplicas mentales. Escuché como la presencia se detuvo y se dio la vuelta. Los pasos regresaron por donde vinieron, arrastrando los pies igual que antes.
23:28 La puerta trasera se abrió. Luego se cerró de nuevo. El silencio del pasador metálico retumbó en mis oídos como un trueno. Subí los vidrios de la camioneta con manos temblorosas. Me volví a cubrir por completo con la manta y no sé cómo, pero terminé quedándome dormida. Ya con la primera luz del día salí a preparar el desayuno para cuando regresaran mi esposo y mi padre, caminé al arroyo a lavar algunos trastes tratando de sacudirme lo vivido y fue ahí donde volvió a ocurrir algo que me heló la sangre. El macho que tenía mi suegro, un animal fuerte y dominante, comenzó a resoplar con fuerza. No era un sonido normal.
24:18 Respiraba de forma pesada, como si estuviera viendo algo que no le gustaba. Su mirada estaba fija en mi dirección. Lo llamé pensado que tal vez no me había reconocido, pero. Apenas me volteó a ver. Siguió mirando ese punto fijo. De pronto salió corriendo hacia una brecha que lleva al monte. Se detuvo en seco y volvió a resoplar. Comenzó a rascar la Tierra con los cascos muy enfurecido. A los pocos minutos regresaron mi esposo y mi padre. Les conté lo que había pasado.
25:00 Mi esposo no dudó ni 1 segundo en decirme que lo que viví fue el encuentro con un difunto. Me dijo que en ese rancho hacía muchos años le habían quitado la vida a un hombre por problemas de terrenos, que su alma seguía vagando. Desde ese día no he vuelto a estar sola en ese lugar y cada vez que escucho pasos arrastrados, aunque sea en sueños, recuerdo esa mano. Esa caricia muerta, esa persona que nunca pude ver pero que jamás voy a olvidar. Muchas gracias por escuchar mi historia.
25:42 La presencia del rancho wirunio, basado en la anécdota real de Rubí Santa Cruz, de Nueva cuenta los saluda Rubí Santa Cruz. Esto me pasó hace 7 años. Nunca quise contarlo porque cada vez que lo recuerdo siento que algo vuelve a respirar. Me cerca, pero hoy necesito sacarlo. ¿Tal vez alguien más ha sentido lo mismo? Tal vez no fue solo mi imaginación, fue en un ranchito llamado huirunio. Mi esposo, mi hijo y yo fuimos a pasar unos días allí por cuestiones de trabajo.
26:25 Mi esposo es agricultor y ganadero. Ese día mi suegro ya se encontraban en el lugar, pero tuvieron que bajar al pueblo por despensa, así que nos quedamos los 3 solos. Mi esposo me preguntó si quería leche fresca para el día siguiente, a lo que le dije que sí, así que comenzó a corretear a los becerros para encerrarlos y que las vacas produjeran más leche, pero al estar solo se le dificultó. Decidió entonces encerrar solo a una vaca. Amarrándola al tronco de un cuéramo dentro del corral. Después, antes de que oscureciera, fuimos juntos al arroyo a bañarnos.
27:08 El aire ya empezaba a sentirse raro, como si algo lo hiciera más denso. Volvimos a la casa y salimos un rato al patio a observar el ganado. Cuando cayó la noche comencé a echarle leña al fogón. No teníamos electricidad ni señal de teléfono. Todo era silencio, oscuridad y el sonido ocasional de los animales. Preparé la escena mientras mi esposo cuidaba a nuestro hijo, que por cierto, era muy llorón. Cualquier ruido lo despertaba y le costaba muchísimo dormir. Cenamos, platicamos un rato, luego intenté dormir al niño, me costó bastante. Se movía, lloraba y se quejaba.
27:58 Mi esposo le preparó un biberón y finalmente logramos que se quedara dormido. Después nos acostamos pasadas las 11:00 de la noche. Escuché un estruendo metálico que provenía del corral. Era como si azotaran una tina de fierro con fuerza. Desperté a mi esposo, le pedí que fuera a revisar. Me preocupaba que la vaca se estuviera ahorcando con el lazo. Tomó la linterna y salió. En efecto, la vaca se estaba ahorcando, le quitó el lazo y la dejó en el mismo lugar. Volvimos a acostarnos, pero algo me inquietaba. Nuestro hijo no se había despertado con todo ese ruido, y eso no era normal, ni siquiera se movió. Me pareció extraño, demasiado extraño diría a eso de las 12:30 de la madrugada el perro de mis suegros, un mestizo llamado solovino.
28:55 Comenzó a ladrar con fuerza, pero no era un ladrido común. También lloraba como si algo lo estuviera aterrando. Una de las vacas intentaba bramar, pero su sonido era débil, quebrado, como un quejido, un gruñido, ahogado por el miedo. Desperté otra vez a mi esposo. Le dije que el perro y la vaca estaban comportándose raro, que algo no andaba bien. Tomó el arma, la linterna y se levantó. Yo no aguanté y salí antes que él. Me detuve en seco cuando vi a unos 5 M como una figura grande y oscura que corría hacia la casita de al lado. Era robusta, parecía un hombre, pero no uno normal. Era demasiado grande, demasiado rápido. Corría de vuelta y abracé a mi esposo llorando. Le pedí que no fuera que había alguien ahí, lo sujeté con fuerza, impidiéndole siquiera alzar el arma. Pero el miedo se multiplicó cuando, mientras lo abrazaba y a esa cosa cambiar de lugar, el perro seguía ladrando, pero retrocedía al mismo tiempo, gimiendo como si supiera que eso no era humano.
30:17 Mi esposo no podía ver nada. Yo gritaba que la figura estaba justo frente a él. Pero él miraba a todos lados sin ver lo que yo veía. Disparó 3 veces al aire, pero la sombra seguía moviéndose. Se escondía entre muros delgados de madera, imposibles para ocultar a alguien de ese tamaño. Sin embargo, esa cosa lo hacía como si pudiera deslizarse entre las grietas del muro. Cada vez que la linterna apuntaba, la figura se desvanecía y reaparecía metros más allá. Yo gritaba desesperada.
30:57 El perro se lanzaba, pero siempre se detenía a mitad del salto, llorando, con un ladrido bajo como de súplica, mi esposo me gritó que le dijera dónde estaba, que no veía nada. Disparó 2 veces más hacia la casita, pero no pasó nada. Me dijo que me quedara con El Niño que iba a ir a revisar. Le rogué que no nos dejará, pero de igual manera se fue. El perro lo siguió hasta el arroyo, pero de pronto dejó de ladrar. Todo quedó en un silencio espeso. Justo cuando mi esposo volvía lo vi de nuevo. Esa figura corría de un muro a otro le grité que seguía allí. El perro se lanzó otra vez y una vez más se detuvo temblando. Mi esposo disparó por última vez. Regresó conmigo, me abrazó.
31:57 Y lo más aterrador de todo es que nuestro hijo nunca se despertó con todo lo que había pasado, con los gritos, los disparos y el casco. Él nunca se movió. Me puse a rezar pidiéndole a Dios que nos protegiera. Que alejara aquello lo que fuera. Minutos después el perro dejo de ladrar. Mi esposo se quedó un rato vigilando hasta que el cansancio nos venció y nos dormimos. Al día siguiente le dije que no pensaba quedarme un día más en ese lugar. Entonces lo recordé. Esa noche había sido Día de Muertos. Recogimos nuestras cosas y no regresamos al pueblo. Al limón de papatzindaro, en el municipio de Tikicheo, Michoacán.
32:50 Tardamos mucho en volver al rancho y desde entonces algo dentro de mí cambió para siempre el infierno de Yoselin, basado en una anécdota real adaptada por orcus, buenas noches, Inframundo. Mi nombre me lo reservó, pues me gustaría que esta anécdota saliera en anonimato. Esta historia me pesa en la espalda desde hace 11 años. Hablar de Yoselin Alejandra niño no es fácil. Muchos conocen su nombre, algunos la han juzgado, otros repiten lo que los medios dijeron sin conocer realmente la verdad. Pero yo sí la conocí, fui su amigo. Fui testigo y hoy por fin tengo el valor de contar lo que vi. Todo comenzó en río Bravo, Tamaulipas, un lugar donde las sombras crecen más rápido que la esperanza. Conocí a Jocelin en sexto de primaria. Desde el primer momento supe que era distinta, alegre, noble, con una energía que contagiaba.
34:10 Con el paso del tiempo nos hicimos inseparables. Éramos amigos, pero en el fondo, más que eso, éramos familia. En secundaria nuestra amistad se fortaleció. Solíamos escaparnos juntos, cubrirnos uno al otro, compartir secretos, miedos, sueños. Había algo puro en nuestra conexión. Una lealtad que no necesitaba explicaciones. En los años pasaron, cumplimos 17. Nada parecía capaz de separarnos. Cada cumpleaños lo celebrábamos juntos. Era una tradición que nos recordaba que, a pesar de todo, siempre podíamos contar con el otro. Pero cuando cumplimos 18 todo cambió. Recuerdo esa última fiesta como si hubiera ocurrido ayer. Yoselin no era la misma, ya no sonreía con libertad. Había algo en su mirada, una sombra que no había estado ahí antes.
35:21 Me costó entenderlo, intenté acercarme, pero ella solo repetía que no podía hablar. Se alejaba cada vez más, como si algo le arrastrara hacia un abismo invisible. Y entonces la VI. Una tarde cualquiera subía a una camioneta negra rodeada de hombres armados. Sentí que el mundo se quebraba bajo mis pies. Esa no era yoselin, no era la que yo conocía. No podía creerlo, pero allí estaba en silencio, hundida en algo que ni siquiera imaginaba. No aguanté más.
36:03 La confronte, necesitaba respuestas y las obtuve con voz baja y temblorosa. Me confesó la verdad. Un día antes de cumplir 18, unos hombres con pasamontañas le interceptaron. La subieron por la fuerza. El líder de un cártel le dio una sola opción, trabajar para ellos o ver morir a su familia. Yoselin. No tenía salida y aceptó, no por codicia, por maldad. Lo hizo por proteger Asus padres, por amor y por miedo. Fue arrastrada a ese mundo oscuro sin retorno, con amenazas que no dejaban espacio para el error.
36:48 Quise ayudarla, le pedí que escapara. Le dije que podía contar conmigo, pero me rechazó. Me aseguró que ya estaba todo bajo control. Fue La Última Vez que hablamos. Después desapareció, no volvió a escribir, no volvió a estar yo, no podía vivir con eso, necesitaba encontrarla. Decidí hacer algo impensable, me acerque al mismo cartel, fingí estar interesado en unirme. Sabía que no sería fácil, sabía que el precio era alto, me pusieron a prueba, me obligaron a quitarle la vida a un hombre y así lo hice, no por poder ni por respeto, lo hice por ella, conseguí entrar y en una de las primeras reuniones internas allí estaba yoselin. Frente a mí me miró con furia y tristeza, me preguntó Por qué lo había hecho.
37:53 Solo le respondí que. No pensaba dejarla sola, que pensaba sacarla de ahí. Me advirtió que ese mundo no tenía salida, que solo había una forma de irse muerto, pero yo no acepté eso. Le prometí que lo lograríamos juntos. El líder, sin saber que nos conocíamos, nos asignó patrullar juntos las carreteras de Matamoros y río bravo. Nos volvimos eficientes demasiado y en poco tiempo nos ascendieron. Ya no solo patrullábamos, ahora éramos verdugos, nos obligaban a hacer cosas que no puedo ni nombrar.
38:39 Torturas y ejecuciones. Las órdenes eran claras, las amenazas constantes. Yoselin se quebraba más cada día. Yo también, pero seguíamos ahí. Fingiendo que aún teníamos una salida hasta que se presentó una oportunidad, una misión que podría cambiarlo todo, nos asignaron una nueva misión, privar de la libertad a unos jóvenes ya identificados. Éramos cuatro en la camioneta, yoselin, el conductor, una supervisora y yo.
39:20 Ambos también estaban ahí por miedo. No por elección. Durante el trayecto le hablé a yoselin de mi plan, le dije que teníamos que detener esto, que no podíamos seguir así Por Primera Vez no me rechazó. Convencimos al chofer y a la supervisora, estaban hartos, igual que nosotros les mostré las pruebas que había conseguido, fotos, grabaciones. Nombres, iba a entregarlas a las autoridades. Desviamos el camino y arrojamos 3 de los radios para evitar ser rastreados.
40:02 Conservamos uno, era la única prueba directa de lo que estábamos por hacer. El líder se enteró, no tardó en lanzar amenazas, juró venganza, pero ya estábamos comprometidos. Tomamos un atajo hacia la delegación. El plan era entre carnos, contar todo, exponer la verdad, pero a medio camino una llanta se ponchó el corazón, se me acelero, estábamos cerca, pero no lo suficiente, tomé una decisión rápida, les dije a los 3 que se quedaran en la camioneta, corrí solo, sin mirar atrás, llegué a la delegación exhausto, sucio, temblando. Me hicieron esperar durante horas hasta que finalmente un jefe de policía salió a hablar conmigo. Su rostro no mostraba emoción.
41:02 Me miró como si no valiera nada. Me dijo que un grupo rival había capturado a mis compañeros, mi grupo de delincuentes les habían pasado la ubicación exacta. Fue una venganza directa. Ninguno de los 3 había logrado escapar. Le reclamé, le grité que hiciera algo. Le dije que les habíamos llevado pruebas, que todos fuimos obligados a formar parte de esa organización. Pero su respuesta fue clara y cortante, eres un sicario denunciando a otros sicas, nadie va a mover un dedo por ti.
41:43 No hubo ayuda, no hubo rescate. La única solución que me ofrecieron fue sacarme del municipio. Esa noche me llevaron hasta Tijuana, me dejaron ahí sin nada. Crucé hacia Estados Unidos y desde entonces vivo aquí, trabajo, respiro, camino, pero no vivo realmente. Yoselin no volvió, murió en silencio, sin justicia. Sin oportunidad de redención, aquella última mirada que me lanzó en la camioneta fue más que una despedida. Fue el grito de alguien que lo dio todo y aún así lo perdió todo.
42:26 A veces la veo en sueños. Está sentada frente a mí, como cuando éramos niños. Sonríe como antes y justo cuando voy a abrazarla, despierto con la garganta apretada. Con los recuerdo sartiendo han pasado 11 años desde su fallecimiento y no hay un solo día en que no me preguntes si pude haber hecho más, si debí actuar antes, si debí correr más rápido, gritar más fuerte, sacrificar más de lo que ya hice. La historia de Yoselin fue distorsionada por todos. La llamaron criminal.
43:09 La señalaron como si hubiera elegido ese camino, pero la verdad es que no eligió nada. Fue víctima de un sistema que destruye sin hacer preguntas de un país donde a veces nacer en el lugar equivocado es una condena de muerte. Yoselín era buena, era valiente y todo lo que hizo fue por amor. Nunca buscó Gloria, dinero ni poder, solo quería proteger a su familia. Nunca se rindió, incluso cuando la oscuridad la roteó por completo. Hoy, por fin su historia se cuenta cómo debe contarse sin morbo, sin juicio, con la verdad que ella nunca pudo gritar, que su nombre no se borre, que su vida no se olvide y que ningún otro joven tenga que atravesar el mismo infierno.
44:03 Porque yoselin no fue un monstruo, fue una hija. Una amiga, una víctima y merecía mucho más que este final. El aparato del Cerro, basado en la anécdota real de Heriberto Salgado. Relatos de suscriptores, buenas noches, Alejandro, me presento, me llamo Heriberto Salgado, soy de Jalisco. Y trabajé durante casi 20 años como paramédico de emergencias en la Cruz Roja de Tequila.
44:44 Esta historia no es fácil de contar. Siempre he sido escéptico, pero lo que presencié aquella noche aún me despierta con los dientes apretados y el cuerpo empapado en sudor. Todo ocurrió en octubre del 2012. Mi cuñado Gabriel me invitó a pasar el fin de semana en la Sierra de Talpa de allende, un sitio donde tenía un pequeño terreno junto a su esposa e hijos. Salimos cerca de las 7:00 de la noche en su vieja camioneta Ford ranger con rumbo al Cerro negro, el trayecto era largo, unas 3 horas por carretera y después 1 hora más por terracería, sin señal ni luz eléctrica.
45:30 El plan era acampar una noche cerca del río que baja por la vereda, empacamos víveres, mantas y linternas. Su hijo Menor, Ulises, también venía con nosotros dormido en el asiento trasero. Conocía ese camino. Una vez trabajé en un rescate por un accidente de motocicletas cerca de esa zona. Lo recordaba por la crudeza del lugar, con vegetación espesa, caminos resbalosos. Y una bruma espesa que caía temprano, como si el monte expulsara su propio aliento. Cuando llegamos al último tramo del cerro ya eran casi las 10. El camino estaba cubierto por neblina, apenas se veían unos metros al frente.
46:16 La brisa era hilada y olía a Tierra húmeda, con un toque metálico como sangre vieja. Al llegar al sitio donde acamparíamos armamos la casa de campaña. Y encendimos una pequeña fogata. Ulises seguía dormido. Me alejé unos metros para hacer mis necesidades entre los matorrales. Fue entonces cuando escuché algo, un zumbido constante, muy agudo, como si viniera desde dentro del cráneo. Segundos después, el ambiente se volvió pesado. El silencio fue tan denso que ni los grillos se oían. Una silueta emergió entre los matorrales. Era alta, más de 2 M, completamente negra, sin rostro. Lo peor no era su apariencia, sino lo que provocaba el aire, cambio de densidad, como si el tiempo se estancara. Cada paso que daba esa cosa parecía distorsionar el entorno. Me paralicé, no podía mover ni un dedo. La criatura me observó, lo supe, aunque no tenía ojos. Lo sentí dentro de la cabeza, como si escarbara mis pensamientos.
47:31 En ese momento, Gabriel gritó mi nombre. Eso bastó para romper el trance. La criatura desapareció sin dejar rastro. Corrí de regreso, me temblaban las piernas, le conté lo que vi al principio no me creyó, pero algo lo convenció. Ulises se había despertado llorando, dijo que un hombre de humo lo había tocado. Y que su voz sonaba como un enjambre. Decidimos no pasar la noche allí, empacamos de nuevo todo y subimos a la camioneta. Apenas arrancamos el motor, se detuvo el tablero, se apago junto con las luces, era imposible que se hubiera descargado, llevaba la batería nueva afuera, la neblina era más espesa que nunca.
48:20 Se sentía que algo nos rodeaba que nos espiaba. De pronto apareció una luz frente a nosotros. No era una linterna, no era un foco. Era como un aparato flotante circular, con símbolos que giraban en su superficie y una energía vibrante que casi podía sentirse en los huesos de su centro. Emergió una figura humanoide, delgada, casi esquelética, flotando, sin tocar el suelo. Su rostro parecía una máscara derretida. Sin boca ni ojos nos miró, lo supimos, no recuerdo cómo escapamos, sólo sé que cuando volvimos en nosotros ya estábamos bajando por el cerro con Ulises dormido otra vez en el asiento.
49:09 El motor funcionaba como si nada hubiera pasado. No dijimos una palabra. Sólo cuando llegamos al poblado de mascota al amanecer, nos detuvimos a respirar. Después investigamos. Varios campesinos de la zona hablan del aparato del Cerro Negro, un objeto que aparece desde hace décadas y se lleva animales, gente o recuerdos. Lo llaman así porque los pocos que han sobrevivido a su encuentro dicen que le roba algo más, que el alma les quita el tiempo, la cordura o la memoria. Desde entonces no he vuelto a subir por ese camino. Hay cosas en México que no tienen nombre. Ni explicación ni rostro, solo tienen presencia y una vez que te eligen te quedan vigilando para siempre.
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