LA ENFERMERA SIN ROSTRO y Más RELATOS de TERROR en HOSPITALES - MANICOMIOS │ INFRAMUNDO RELATOS
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:13 Muy buenos días por la mañana y al público en general que nos escucha el día de hoy, especialmente a todos los doctores, enfermeras y personal de salud que están de guardia terminando turno o a punto de comenzar uno. Gracias por estar aquí y por acompañarme una mañana más sin más. Comenzamos con el terror la enfermera sin rostro basado en la anécdota de Kenia Alfaro.
0:55 Muy buenas noches, querida Comunidad, me llamo Kenia. Trabajo como enfermera en la clínica 43 del Imss. Desde hace ya 12 años he visto cosas duras, madres que pierden Asus hijos, ancianos que esperan en soledad a algún familiar que se acuerde de ellos y los visite, pero esa visita nunca llega. He visto a médicos llorando después de perder una batalla en el quirófano creyendo haberla ganado. Pero nada, absolutamente nada. Se compara con lo que vemos por los pasillos después de las 10:00 de la noche. No sé si empezar por lo que me contaron o por lo que vi, pero eso es lo de menos.
1:47 Empiezo contándoles que algunos los llaman la enfermera sin rostro, otros evitan siquiera ponerle nombre. Decretas que eso que deambula por los pasillos jamás se vaya. La primera vez que escuché hablar de ella fue durante mi primer guardia nocturna. Yo en ese tiempo tenía apenas 26 años y pensaba que todas esas historias eran cosas del personal para asustar a los novatos, para pasar el rato, ser más llevadero, los turnos mal pagados. Y pacientes quejumbrosos. Recuerdo que una auxiliar me dijo que tuviera cuidado si bajaba sola al área de patología. Me reí, pero me miró con seriedad. Me dijo entre dientes que a ver si me seguía riendo después de que me dieran un buen susto por esa área. Pasaron meses antes de que yo misma tuviera que bajar a la morgue, créanme.
2:55 Lo evité cada vez que pude. Pero esa noche, cerca de las 2:00 de la madrugada, el jefe de urgencias pidió que le llevara unos expedientes de un paciente fallecido. No había nadie más que lo hiciera, así que no podía negarme. El trayecto hacia el sótano es largo. Los elevadores a esa hora son caprichosos y muchas veces dejan de funcionar. Así que tomé las escaleras. El ambiente cambiaba conforme descendía. No hacía mucho frío, pero tampoco se sentía el calor habitual de ese lado de las escaleras. Realmente era una sensación algo difícil de explicar. Pero lo que más aterra es ese pasillo largo, porque cuando uno menos lo espera, las mamparas se apagan y lo único que te ilumina es un foco en la puerta de la morgue. Cuando llegué noté que la puerta de la morgue estaba entreabierta.
4:06 A veces los patólogos salen con prisa y olvidan cerrarla. Entré sin pensarlo mucho. Lo que quería era regresar a mi área de trabajo. El silencio ahí no es igual al del resto del hospital. No se siente como un silencio de descanso. Es como si alguno de los cuerpos de los fallecidos te tomara del brazo. Antes de salir de ahí busqué los documentos en uno de los escritorios del fondo. Mientras lo hacía algo me llamó la atención. Un movimiento apenas perceptible por el rabillo del ojo, voltee y nada.
4:49 Solo estaban algunas camillas alineadas con cuerpos cubiertos por sábanas blancas. Entonces escuché unos pasos lentos, como si arrastraran los pies. Pensé que era algún guardia. Respiré hondo y me preparé para regañarlo por asustarme. Pero cuando la VI. La sangre se me fue al cuerpo, el uniforme blanco de enfermería, pero de una época pasada, las medias perfectamente ajustadas, los zapatos limpios como si acabara de iniciar su turno, su cabello recogido en un chongo y su cofia de los ya lejanos años de 1950, pero su rostro no tenía nada.
5:38 Ninguna ceja, ojos, nariz o su boca, solo piel estirada. Lisa como una máscara sin forma. Me paralicé, no podía moverme, sentí que podía gritar y mi corazón me golpeaba el pecho cada vez más fuerte. Aquella aparición no hacía nada, ni un solo movimiento de que se hería de allí. Sentía que solo me miraba o eso creí porque no tenía ojos, pero sabía que me observaba. Cerré los míos esperando que fuera solo una alucinación, que al abrirlos ya no estuviera.
6:23 Aún se sentía mucho frío y como pude, abrí mis ojos para darme cuenta que, en efecto, ya no estaba. Tardé minutos en recuperarme. Solo recogí los papeles con las manos temblorosas y salí de la morgue corriendo sin mirar atrás. Subí las escaleras y no se lo conté a nadie, pero los días pasaron y comencé a notar cosas en las guardias. Algunos pacientes aseguraban haber visto a una enfermera parada en la puerta de su habitación, uno de ellos. Un señor de 58 años con complicaciones respiratorias me dijo que ella ya había llegado por él. Al principio no le entendí, creí que lo iban a dar de alta, pero revisé su historial médico y en verdad el señor estaba muy grave.
7:23 Murió 3 horas después, pero ésta no fue la única persona que falleció durante esa noche. Joven con lupus. Le dijo a mi jefa de enfermeras que la mujer sin cara la había visitado en sus sueños, que se había sentado al borde de la cama. Por desgracia, nadie la tomó en serio y a la mañana siguiente, su corazón simplemente se detuvo mi jefa la noche siguiente me contó que los guardias también la han visto. No es algo que lo cuenten con gusto. Ya que una vez uno de ellos entró corriendo a urgencias, pálido, sin aliento, había visto a la enfermera en el pasillo que lleva a la morgue.
8:12 Contó que ella se volvió hacia él. No se esperó para ver lo que aquella aparición quería. Llegó a su escritorio, tomó sus cosas y renunció esa misma madrugada. Amanda, mi jefa. Me comentó que se han dicho muchas cosas sobre esa enfermera sin rostro. Cuando ella comenzó a trabajar en esta clínica ya se aparecía el fantasma de esa enfermera. Amanda, mi jefa me comentó que se han dicho muchas cosas sobre esa enfermera sin rostro. Cuando ella comenzó a trabajar en esta clínica ya se aparecía el fantasma de esta enfermera.
8:57 Se contaba que enfermó y su rostro se desfiguró por una infección por sarampión. Otros creen que simplemente se desvivió que al enterarse que tenía una enfermedad terminal, Amanda en este punto hizo una pausa y comentó que no hay registro de accidente ni de un incendio, nada para saber su procedencia ni el motivo del cual ande penando por la clínica. Hasta el día de hoy se sigue apareciendo. Algunos la ven, otros no. Afortunadamente no se me ha vuelto a manifestar.
9:38 Ya no estoy en urgencias y no he vuelto a bajar a la morgue en la madrugada. Trato de estar siempre acompañada por otras enfermeras. Saludos y gracias por contar mi experiencia. La enfermera del Rosario, basado en una anécdota de hospital, buenas noches. Mi nombre es Dalia Urquidez. Soy enfermera desde hace 17 años. Trabajo en una clínica que fue inaugurada en la década de los años de 1960, a pesar de que ya tiene sus años. Y el edificio pareciera detenido en el tiempo. Es una de las mejores clínicas en esta ciudad. El que la fachada se vea como si el tiempo se hubiese detenido no quiere decir que dentro de ella no se encuentren los aparatos modernos, que se requiere que tenga un hospital. Han tratado de darle modernismo, pero la verdad es que al poco tiempo este se ve diferente.
10:56 Ya saben, es porque en las paredes se impregna de olor y sufrimiento no solo de los pacientes, sino de los familiares de estos. La muerte siempre está presente, al igual que las almas de los que fallecieron y por alguna razón se quedan penando anclados al mundo de los vivos. Aquí las enfermeras. Como los médicos y los guardias de seguridad, ya nos hemos acostumbrado a ver cosas que no tienen explicación alguna y una de ellas es ver en el pabellón de oncología. En él hay niños, así como adultos. Solamente los separa una pared de cristal. Cuando yo era nueva, en esa unidad me tocó trabajar de noche, me encontraba sola.
11:52 Ya era de madrugada cuando escuché de pronto un ruido que venía del otro lado del cristal donde se encuentran internados los adultos. Me giré para ver y en el cristal se miraba la silueta de una enfermera que pasaba con toda tranquilidad. Era pequeña y regordeta su figura encorvada y pasos tranquilos. No se me hizo conocida verla. De hecho, vi su silueta tras el cristal. Me asusté porque mi compañero Nelson me llamó, yo me sobresalté y casi se me escapa un alarido. Nelson comenzó a reír y me preguntó si había visto a la enfermera del Rosario.
12:36 Le pregunté quién era Rosario, si era una nueva enfermera o alguien que no me había presentado. Él se rió de nuevo y me dijo que no había ninguna enfermera con ese nombre. Así le decían a una enfermera fantasma que se aparece en esta unidad de oncología. Su uniforme es de aquella década. Siempre andaba con un Rosario en sus manos cuando te tocaba el turno nocturno. Cabe aclarar que esta unidad de oncología antes era la unidad de personas desahuciadas. Todos los días fallecía gente más por la noche, ya que la señora de la guadaña recorría los pasillos llevándose a aquel que le había llegado la hora. Algunos pacientes ni siquiera eran visitados por algún familiar, así que cuando.
13:34 Les llegaba su hora. Siempre lo hacían solos, sin una mano familiar que apretará sus últimos segundos de vida. Julieta, que era el nombre de la enfermera, se dio cuenta cuando estuvo en el turno de la noche. Así que, como buena creyente de Dios, se le veía con su Rosario en la mano para acompañar a aquel que daba su último respiro. Por casi 20 años, la enfermera del Rosario estuvo trabajando en esta clínica hasta mediados de 1980. Fue el día que ya no regresó, o al menos con vida, pues una mañana la encontraron en su casa.
14:20 El corazón dijeron. Pero se comenzaron a contar historias alrededor de su muerte, pues varias compañeras enfermeras. Aseguraban ver a Julieta caminando por los pasillos, entrando a uno de los cuartos y cuando ellas ingresaban, no había absolutamente nada ni nadie en el área donde se guarda el medicamento. Siempre se escucha el ave María, alguien reza el Rosario por las noches. De igual manera, solo un eco distorsionado. Alejándose por el pasillo y una niebla blanca, cubría los pies de la enfermera julieta.
15:07 Algunos de los pacientes comentaban de una enfermera de más de 55 años que se sentaba al lado de ellos en la cama, sacaba un Rosario y comenzaba a orar. Ellos se sentían bien, otros decían que fallecerían en paz. Ya que una de las nuestras les daba tranquilidad, pero que fallecieran varios pacientes en una misma noche, se volvió más frecuente en otras ocasiones. Por la madrugada, una mujer ya mayor fue la que comentó que siempre a la misma hora en que las enfermeras se retiraban a descansar, entraba una de nosotras siempre rezando con su Rosario en la mano. Pero como ella era una mujer atea, la enfermera no se le acercaba.
16:02 Una vez que se paró enfrente de su cama. La paciente por medio de Groserías le dijo que se fuera con sus rezos a la fregada. Pero aquellos que ni se dan cuenta que la enfermera se haya sentado junto a éstos rezando por sus almas, se van sin hacer ruido, sólo se quedan dormidos. Sufren en vida, pero sus rostros muestran tranquilidad y paz. Pero hay quienes fueron malas personas en esta vida y dicen que ven a una enfermera, pero esta se ve horrorosa su rostro cadavérico y entre sus manos huesudas mueve las cuencas de un Rosario. Mi madre me dice que.
16:52 La ven así porque esos pacientes fueron muy malas personas que a pesar de su enfermedad, no se arrepienten. Pero no solo los adultos la han visto, también los niños o de vez en cuando. Los padres agradecen que la enfermera haya pasado la noche al lado de su hijo rezando. Aquí nadie les dice que esa enfermera es un fantasma. Todos nos quedamos callados. La he visto y escuchado en varias ocasiones. Si la escucho aproximarse me retiro de ese sitio y me voy con mis compañeras. Si la veo, me persigno y sigo mi camino, porque por desgracia es cuando voy a poner medicamento o quimio.
17:40 Alguna en broma dice que es un tipo de planchada, pero con un Rosario en las manos. La enfermera sin manos basado en una anécdota verídica, buenas noches. Mi nombre es dulce. Fabiola fuentes, llevo 8 años trabajando en un hospital psiquiátrico. Un lugar un poco aislado, rodeado de un bosque espeso que apenas deja entrar la luz. Por los ventanales para poder ingresar a ver a los pacientes tienen que pasar por encima de muchos médicos, guardias de seguridad.
18:29 Mi plaza la obtuve cuando nadie más la quiso tomar. Desde entonces, cada día me levanto preguntándome si debería quedarme un turno más o si es momento de renunciar y marcharme sin mirar atrás. No es agradable ver a tantas personas perdidas en sus mundos, en sus recuerdos, en miradas que ven a la nada, así como pacientes que ríen sin motivo, otros que lloran por cosas que no están ahí, pero hay otras cosas aterradoras también en el psiquiátrico. Voces que salen de cuartos vacíos y pasos donde no hay nadie por esos interminables corredores.
19:17 Pero mi compañero Noé, un experimentado enfermero, dice que hay algo más que trastornos. Él dice que es una presencia, una enfermera, un fantasma que aparece en el pabellón cuatro, el más antiguo del hospital. Es un pasillo largo con ventanales grandes que queda directamente hacia el bosque de día. La luz entra cortada por las ramas y por la noche. Lo único que se ve es el reflejo de los tubos fluorescentes que pasan la mayor parte de las noches parpadeando. Este psiquiátrico está plagado de fantasmas desde pacientes. Médicos residentes.
20:09 Pero en esta ocasión les contaré del fantasma de una enfermera. No tiene manos. Los extremos de sus brazos terminan justo en las muñecas, como si se las hubieran arrancado con violencia. Las veces que tuve la desgracia de verla me di cuenta que no hay vendajes, solo piel donde deberían comenzar las manos. Camina dejando un rastro de gotas de líquido rojo, pero este desaparece. Los pacientes se descontrolan cuando la ven. Algunos gritan, otros se arrojan al suelo y se golpean contra las paredes intentando huir de algo que no todos alcanzan a percibir. Noé dice que fue una enfermera que trabajó en el hospital décadas atrás.
21:03 Cuando las instalaciones aún se usaban para experimentos psiquiátricos extremos, entre ellos la lobotomía, la enfermera fue parte de un programa de terapias intensivas y que se ofreció como voluntaria para una operación que salió mal. Otros creen que uno de los internos, en un brote de violencia, la atacó y le cortó las manos con una cuchilla oxidada de cocina. Pero en los archivos del hospital no hay nada, ni un registro, solo una fotografía de una enfermera que trabajó y renunció.
21:44 Pero todos sabemos que no fue así. Aún recuerdo la primera vez que vi a la enfermera sin manos. Era una madrugada, en pleno invierno de diciembre. Yo estaba haciendo ronda nocturna, verificando las habitaciones antes del cambio nocturno. Llevaba una linterna pequeña porque las luces del pabellón habían fallado desde que Roberto, el Guardia de Seguridad que me acompañó esa noche, intentó sin éxito encender las luces de ese extenso pasillo. Ni siquiera había Luna para que entrara su luz por los ventanales.
22:27 Sentí un cambio en el ambiente. Se sentía frío. Ambos avanzamos despacio y él iluminaba dentro de las habitaciones. Yo solo veía y anotaba. Ya casi terminábamos y fue entonces cuando la vimos a mitad del pasillo, mirando hacia uno de los cuartos sin que haya un solo paciente desde hacía décadas. Al guardia le temblaban las manos, pero aún así la iluminaba. Su figura era delgada, con una postura erguida, casi elegante. El uniforme blanco, aunque viejo, se veía completo, pero sus brazos colgaban de una forma antinatural. Noté que no tenía manos, estaba parada ahí, inmóvil, como buscando algo o a alguien.
23:24 Lentamente volteó su cabeza hacia nosotros y sus ojos estaban blancos. No tenían iris y de su boca salía un hilo de baba con sangre. El guardia me tomó del brazo, comenzó a caminar hacia atrás y me obligó a moverme. La enfermera comenzó a avanzar hacia nosotros y fue entonces que las luces de las lámparas comenzaron a prenderse y a apagarse. Se veía tan horrible porque era como si cambiara su rostro. Para ser honesta, me sentí torpe porque no podíamos abrir la puerta hasta que lo logramos. Corrimos hasta llegar a donde estaban los demás guardias quienes se reían de nosotros cuando les contamos lo que habíamos visto.
24:15 Solo don José no se burló. El nos contó que la había visto en varias ocasiones justamente frente a esa puerta. Quizás ahí terminó su vida. O fue en su sitio donde le cortaron las manos. Don José, en ese tiempo tenía ya más de 25 años trabajando en el hospital. Él conoció a un enfermero que le contó la historia de la enfermera sin manos. Ella tenía un hijo de unos 20 años internado aquí en el psiquiátrico. Justamente en esa habitación donde se aparece el muchacho en su locura o por sus demonios internos, decidió terminar con sus días, pero algunos decían que él no lo hizo.
25:07 Se comenzó a murmurar que fue la enfermera quien terminó con su hijo y lo hizo. Le pregunté a don José, él aseguro que no. Alguien más se encargó tanto del paciente como de la enfermera. A ella le cortaron las manos para que se desangrara. Todo apuntaba hacia el director de la institución de aquellos años para callarla y que pareciera un accidente, un trastorno, una decisión por desesperación. Le cortaron las manos. Tiene años recorriendo ese lado del psiquiátrico.
25:48 Solo eso se aparece, pero nunca ha intentado hacer daño alguno si te sigue. Pero don José comentó que quizás quiere preguntar por su hijo, quién sabe, pero nadie le ha querido hacer frente. No vaya a ser que la respuesta que se le dé lo tome con calma y ya saben, te lleve con ella. Aquí sigo trabajando, pero ya ando buscando mi cambio a la ciudad. ¿Hay más enfermeros que enfermeras en los psiquiátricos? Don José falleció en el año 2024. No tenía familia y lo sepultaron en el cementerio del psiquiátrico.
26:31 No lo dudo que también sea uno de los fantasmas que andan merodeando por aquí el hospital psiquiátrico basado en hechos reales. Buenas noches, comunidad. Hace ya más de 15 años trabajé en un hospital psiquiátrico. No fue una buena experiencia estar en ese lugar. Mi nombre es Martín Figueroa. Trabajé como enfermero en ese lugar olvidado de Dios y de los hombres. Todo el lugar era lúgubre. En pocas ocasiones se filtraba la luz del sol. Todo lo mantenían en penumbras.
27:19 La primera impresión que me dio ese lugar era que ahí este tendría historias de terror y las sombras del pasado. No me equivoqué. Hubo un área que era restringida hasta para mí, porque ahí se encontraban varios enfermeros que fueron militares. Se contaba que aquellos pobres hombres. Vivieron cosas atroces en un enfrentamiento que tuvieron. A estos se les mantenía muy aislados, fuera del alcance de los demás enfermos. Antes de que yo entrara a trabajar, me contó uno de los enfermeros que uno de ellos atacó a varios compañeros.
28:04 Prácticamente aquello fue como estar en un campo de batalla. Horrible descripción, me dio el compañero que eso me causó náuseas hasta vomitar. Todo aquello fue una carnicería. Prácticamente los cuerpos de los pobres desdichados que se encontraban en su camino terminaron masacrados, pedazos de carne, miembros por todos lados, sin dejar a un lado la sangre que corría por ese lado del pabellón. Era difícil no recordar la descripción que me hizo el hospital. Era un edificio grande, diferentes pabellones que contenían desde un enfermo muy peligroso hasta aquel que se le podía sentar en un solo lugar y no se movía hasta que uno iba por él.
28:59 A mí no me gustaba trabajar por las noches, porque era como meterse a la boca del mismo diablo. El psiquiátrico estaba rodeado de un bosque espeso, fuera de la mirada de los curiosos bardas altas hechas de piedra. Te daba la impresión de que no había nadie vigilando, pero no era así. El hospital estaba bien custodiado, tenía difícil acceso. Los pacientes no recibían visitas. Era triste ver cómo estos estaban sumidos en sus mundos. Sin recordar lo que cruzando esa reja se encontraba en el exterior. La primera vez que crucé la puerta del psiquiátrico, una sensación de opresión en mi pecho me asaltó. Era como si avisara que no era un lugar bueno para trabajar. Después de pasar por las puertas de acceso, me di cuenta de que ya no había marcha atrás.
30:01 Recorrí un pasillo que lleva a las habitaciones donde. ¿Estaría los días que estuviera laborando allí? Mi trabajo era simple, ayudar a los pacientes con su rutina diaria, organizar sus terapias y llevarlos con el médico para su revisión, pero cuando alguno se enfermaba no me tocaba estar a su cuidado. Los aislaban de los demás enfermos en ocasiones retornaban, en otras ya no. Todo parecía rutinario, pero a medida que avanzaban los meses comenzaron a surgir eventos extraños. En el manicomio yo hice amistad con una de las enfermeras, su nombre es yatira, ella ya tenía 2 años trabajando en el lugar, ambos nos encontrábamos en uno de los jardines fumando un cigarro y ella. Me comenzó a contar de cosas extrañas que se escuchaban en distintas partes del hospital.
31:04 Una noche, mientras dormía, sentía que alguien estaba a su lado. En una ocasión ese alguien se acostó con ella. Allí, a su lado, sintió un cuerpo muy helado, espantada. Se levantó y encendió la luz, pero no había nadie. Aparte de que la puerta siempre le ponía llave y era imposible que alguien más ingresara a su habitación, hizo una pausa para seguir contándome lo que ella y gente del personal de psiquiátrico había escuchado. Otros ya estaban teniendo experiencias con lo paranormal.
31:44 Su mano le temblaba mientras se llevaba el cigarro a su boca. No solo ellos parecían lidiar con los fenómenos extraños, sino que entre los pacientes, cuerdos o no, hablaban en susurros sobre sombras que se movían por los pasillos y lamentos que resonaban por las noches. Se les miraba asustados. Pero para los médicos eso solo era parte de su locura. Yo no era una persona creyente en los fantasmas. Y esas cosas que se refieren a todo lo paranormal. Escéptico al inicio, pensé que todas esas historias que yadira me contaba eran la sugestión por estar aislados lejos del bullicio de la ciudad, aparte a la imaginación de mentes atormentadas con lo que día a día convivíamos, aunque se escuche extraño, pero. Uno poco a poco se va haciendo parte de lo que en el hospital se encontraba cuando íbamos de regreso al interior de aquel hospital.
32:53 Lo primero que se me vino a la mente fue que si yo creía en lo que yadira me contó, hasta yo mismo terminaría creyendo en todo eso. Así que me reí diciéndome que a mí no me sucedería, pero que equivocado estaba. Una noche me tocó hacer guardia. No todos los pabellones se mantienen con las luces encendidas. Los pasillos eran largos y oscuros. Todo se encontraba en silencio, a excepción del viento que soplaba avisando que esa noche llovería. Miré pasar al guardia que había hecho su rondín en ese lado del pabellón, cuando cerró la puerta detrás de él.
33:39 Se escuchó un susurro inconfundible de una niña. Miré hacia donde había escuchado y pasó una pequeña sombra, una sombra por el pasillo. Algo intrigado, decidí investigar, pues ahí no había niños, atravesé el corredor, todo estaba en, pero aún así se sentía una pesadez en el ambiente a unos metros adelante. Se hallaba una puerta que comunicaba con el ala más antigua del psiquiátrico. Una tenue luz se filtraba hasta el cristal de la puerta. Se apreciaba una habitación vacía, camas de sellas.
34:22 El lugar no había sido limpiado desde hacía mucho tiempo, así que como no había encontrado la pequeña sombra que había llamado mi atención, regresé a mi área de trabajo. Me llevé un susto de muerte cuando debajo del escritorio, una pequeña figura cubriendo su rostro con sus pequeñas manos. No pude decir ni una sola palabra. Cuando esta dejó ver el rostro desfigurado con ojos vacíos y su mandíbula parecía apenas mantenerse en su lugar, esta parecía frágil. Como si estuviera a punto de salirse de su posición con el más mínimo movimiento.
35:10 Cerré los ojos, pues era imposible seguir viendo aquello. Cuando los abrí ya no se encontraba. Le pedí a Dios que no se fuera a ir la luz y quedarme a oscuras. Por más que intenté no pensar en lo que había visto, no pude. No me iba a quedar hasta que amaneciera allí adentro. Así que, temblando, salí en búsqueda de alguno de mis compañeros. Solo volvería si fuera necesario, pero solo no pasaría el resto de la noche. No quise contárselo a nadie, pero mis nervios por lo sucedido fue evidente en las últimas 2 noches que me tocó hacer la guardia. Afortunadamente, otro de los enfermeros se quedó cerca del pabellón.
35:59 Creo que al igual que yo. Tampoco quería estar solo ahí adentro esa última noche de guardia. No solo miré de nueva cuenta a esa niña. Sería alrededor de las 2:00 de la madrugada cuando se comenzó a escuchar aquellos pasos por el como si alguien se estuviera aproximando al cubículo, a veces como si llevara prisa, otras pausados. Con mucho temor por ver de qué se trataba. Me armé de valor y me asomé. No se miraba a nadie, pero lo que estuviera ahí se hizo presente, no físicamente, sino que todo se impregnó de un asqueroso olor. Olía a carne podrida.
36:49 Era insoportable que comencé a vomitar. Era imposible aguantarse el no hacerlo. Mi compañero se cubrió la nariz preguntando qué era ese fétido olor. Esta vez no solo yo lo estaba mirando, sino que también mi compañero, su piel pegada a los huesos, su aspecto cadavérico, era horrible. Esa cosa era bastante aterradora. No puedo decir que era una niña, no sé cuánto tiempo pasó hasta que decidió desaparecer. Fue la noche más larga de toda mi vida. Tuve el miedo de que se volviera a manifestar. Mi compañero no quiso hablar en lo que restaba del turno. Ya no lo volví a ver.
37:39 Renunció. Yo no podía darme el lujo de renunciar, así que el día que me tocó mi descanso fui a la Iglesia por agua bendita, pero mi hermana me dijo que eso no me protegería de ese demonio porque me aseguró que. Eso no era el alma en pena de una niña. Además, no sería la única ni La Última Vez que la viera. Eso fue cierto, por más que pregunté si ahí había fallecido la menor. Me contestaron que no, que desde sus inicios el psiquiátrico sólo albergaba a personas mayores. No entraba ni siquiera adolescentes.
38:20 Sólo 2 años. Fueron suficientes los que trabajé ahí. Me sucedieron otras situaciones con apariciones en ese sanatorio, pero solo hoy les comparto mi primera experiencia en él. Después les compartiré otras experiencias. Hasta el día de hoy, el psiquiátrico permanece solo en las memorias de aquellos que ahí trabajaron alguna vez, recuerdos de los horrores que ocurrieron en su interior. Ahora es solo un edificio abandonado y envuelto en un manto de misterio, guardando sus fantasmas apariciones de médicos, enfermeras que no se portaron nada bien con los pobres pacientes. Y ahora ellos son parte de una jaula de la que no pueden huir. No trascienden, no descansan.
39:15 Sus pasillos resuenan con susurros de historias macabras contadas por los que trabajamos ahí para la administración. Eran solo cuentos para asustar a los pacientes, para que se portaran bien. Ahora trabajo en un asilo de ancianos. Aquí las apariciones son completamente diferentes. No me horrorizo por los fantasmas que me salen al paso. Son aquellos ancianitos que después de muertos rondan por los pasillos, los cuartos, los jardines. ¿A veces me pregunto por qué no se van, por qué siguen aquí? Quizás fueron sus últimos años de vida, que tuvieron un verdadero hogar sin tener algún familiar que les haya hecho algún daño, malas caras o, ya saben, malos comentarios despectivos.
40:13 Por ser ya unos viejitos es mejor seguir trabajando aquí y no en aquel psiquiátrico manicomio abandonado basado en la anécdota de Israel torres, buenas noches comunidad, mi nombre es Israel torres. Desde hace un tiempo me dedico a visitar lugares abandonados. Siempre me ha gustado sentir la adrenalina cuando voy a estos lugares donde se cuentan historias y leyendas, donde los muros, sus paredes, todo a su alrededor. Se cuenta de apariciones o lugares donde las personas hacen sus reuniones para invocar a un ser debajo astral. En ese tiempo éramos un grupo de cuatro amigos. 3 hombres y una mujer.
41:11 Sus nombres son Javier y Umberto. Nuestra amiga se llamaba Laura y es de ella de quien quiero contarles esta mala experiencia. Nosotros sólo íbamos a esos lugares, no invocábamos a alguna deidad ni nada que se le parezca. Lo nuestro era solo ir a visitar esos lugares en donde se encontraban esas ruinas abandonadas. En algunos de ellos sí nos llevábamos nuestros buenos sustos. A veces era porque sí tuvimos la buena suerte de ver un fantasma, pero en otras llegamos a encontrar algunas brujas o brujos haciendo de sus rituales. Hubo un tiempo en que Javier y yo visitábamos casas o cementerios.
42:00 Lo hacíamos durante el día porque. Otro grupo de amigos tuvo la mala suerte que en una de sus expediciones, aún haciendo abandonada, tuvieron la mala fortuna de encontrar un encobijado. Para los que no sepan a que me refiero, se trata de un cuerpo sin vida que lo cubren con este objeto. El miedo nos hizo no explorar por las noches, pero Humberto y Laura se apartaron un poco al no querer acompañarnos. Quizás el miedo de que nos fuéramos a encontrar con algo similar a los del otro grupo. Pero una tarde recibí la llamada de Humberto, le había contado de un hospital psiquiátrico.
42:45 Este se encontraba abandonado desde hacía ya más de 20 años. Al parecer querían demolerlo y si no íbamos, no tendríamos la oportunidad de explorarlo. Le habían contado que una vez. Fue un lugar de tratamiento para mentes perturbadas. En ese manicomio hubo muchos que se desvivieron no solo pacientes, sino también personal que trabajaba en el lugar. Aunque se dijo en su momento que había accidentes, otros ocultaron esos sucesos, ahora sólo que daba en pie como un lugar que en él hubo sufrimiento.
43:27 La estructura sólo era un cascajo de lo que fue en el pasado. La leyenda local hablaba de apariciones, voces provenientes de su interior de almas en pena que recorren los desiertos. Lo que más llamó mi atención fue cuando un berto me señaló que pocos se aventuraban a acercarse definitivamente. Teníamos que visitar ese hospital psiquiátrico. Así que estuvimos buscando datos del lugar exacto donde se encontraba Humberto y yo visitamos el hospital de día para saber por dónde ingresaríamos. Afortunadamente entramos y comenzamos a recorrerlo. La verdad era como sentir que entrabas a otro mundo vasillos estaban cubiertos de polvo y telarañas. El aire tenía un peso siniestro.
44:24 Las paredes grafiteadas, algunos con solo letras, otros con la santa Muerte, demonios o solo dibujos de alguna caricatura. Pero en ese segundo piso encontramos pentagramas, señal de que ahí habían hecho rituales de brujería. Humberto ya no quiso continuar, pues. Lo queríamos explorar de noche y sentir la adrenalina de la experiencia de regreso. Les contamos lo que habíamos descubierto. Emocionados iríamos los 5 en la siguiente noche con equipo de grabación, nuestros celulares cargados y linternas en mano. Todos cruzamos la puerta del psiquiátrico. Esta es un ruido que alertaba a alguien que estaba ingresando. Pero se miraba diferente.
45:20 Nada que ver cuando lo exploramos de día. Todo el sitio era un laberinto en el cual era fácil perderse y no encontrar la salida. A medida que avanzamos, se sentía la presión del pasado acechándonos en las penumbras de cada habitación, en cada lugar, cual fuera el eco de nuestros pasos resonaban fuertemente. Yo notaba a Laura muy nerviosa. En cada paso que dábamos se tropezaba en varias ocasiones, nos rogaba que mejor nos fuéramos de ahí, pero nosotros la volvíamos a convencer de un poco más y luego nos vamos.
46:03 Pero eso no sucedió. Llegamos a un área donde aún había mobiliario muy antiguo, oxidado, había frascos vacíos. Otros con un contenido que se miraba turbio mientras revisábamos esa sal abandonada. Las linternas parpadearon y se apagaron repentinamente. La verdad, nos asustamos. Yo sabía que algo estaba por hacerse manifestar. La oscuridad envolvió completamente la habitación. Sentí un escalofrío que me recorrió toda la espina dorsal.
46:45 Escuchamos algo en la puerta y Javier, con su encendedor, iluminó hacia la puerta y en la penumbra se encontraba una figura apenas visible. Las lámparas parpadearon y se encendieron de nuevo cuando iluminé hacia la entrada. La figura ya no estaba, así que decidimos salir de esa área para seguir explorando. No lo niego. Las piernas me temblaban, pero aún así no quería retirarme del manicomio. A medida que avanzaba la noche nos dimos cuenta que ya no estábamos solos en el psiquiátrico, y no porque hubiese más personas, sino que a medida que nos adentrábamos las apariciones se hacían más frecuentes porque los sonidos se escuchaban por todos lados.
47:38 Fue cuando Javier comentó que. Los que estaban ahí no nos querían. Las cosas se pusieron más extrañas. Cuando entramos a uno de los cuartos, donde fue el quirófano, todos estábamos mirando lo que ahí había. Cuando repentinamente Laura comenzó a gritar de una manera que nos aterró a todos, ella se encontraba en el suelo. Parecía convulsionarse. Intentamos detenerla, pues ella misma se estaba haciendo daño. Sentí un jalón en mi hombro y fue en ese momento que Javier iluminó el piso donde Laura se encontraba.
48:20 Había un círculo, no sé si estaba hecho de sangre o pintura negra, pero teníamos que sacarla de ahí, de por si el hotel apestaba horrible, más intensos, se comenzaron a percibir los olores desde orina. Heces y otros como carne podrida. No sé si fue un error mío o no. Yo comencé a rezar y entre más lo hacía más feo se iba poniendo todo. Dábamos tumbos por todos lados intentando encontrar la salida. Nos llevó a algunos momentos, pero al fin lo hicimos. Laura se miraba muy mal, pero ella no quiso que la lleváramos a alguna clínica para que la revisaran. Solo quería que la dejáramos en su casa. Ninguno de nosotros hizo algún comentario sobre lo que había sucedido, pero cuando dejamos a Laura en su casa, comenzamos a contar nuestra experiencia dentro del psiquiátrico. Humberto y Javier miraban sombras tratándose de esconder. En las penumbras se escuchaban voces que más bien parecían lamentos.
49:34 A Humberto le tocaron la espalda en varias ocasiones. Por momentos pensó que habíamos sido alguno de nosotros, pero se dio cuenta que todas esas veces nos encontrábamos retirados de él. A partir de esa noche nuestras vidas fueron diferentes. Laura se miraba cada día más sin ánimos de nada, se la pasaba en un constante sueño y ya no salía de su casa. Javier nos contó que en cada momento se sentía observado y su paranoia se hacía más evidente cuando llegaba la noche. En cambio, humberto y yo teníamos pesadillas recurrentes. Veíamos a un hombre con su bata blanca, su rostro gris y cuencas vacías.
50:25 Abría su boca y emitía un grito. Esto nos hacía despertarnos exaltados. Esa pesadilla fue muy recurrente. La que más mal la pasó fue Laura y no nos dimos cuenta a tiempo. Quizás si hubiéramos hecho algo, nuestra amiga no se hubiera quitado la vida. Javier nos comentó que lo más probable era que algo se nos hubiera pegado en aquel psiquiátrico. Lo mejor era buscar ayuda por el miedo que hiciéramos lo mismo que el Laura. Mi madre nos llevo con un curandero. Este nos explicó que este tipo de lugares impregnan de dolor y sufrimiento por los pacientes que estuvieron en ese manicomio. Ahí habían sucedido cosas muy malas, no sólo muertes, pues como saben, en los psiquiátricos de aquella década, atormentaban a los enfermos con electroshocks, experimentos inhumanos con esas pobres personas. Todo el edificio estaba impregnado con el sufrimiento de aquellos que habían sido sometidos a torturas inimaginables y que nadie los pudo o los quiso ayudar. Le contamos lo que había sucedido con Laura. Nos dijo que ahí se había hecho una sesión donde se invocaron a los espíritus que podían estar atrapados en el psiquiátrico. Esto lo hicieron varias
51:57 personas. Con la creencia que con eso liberarían a las pobres almas torturadas. Pero no es algo que se haga así de simple. Por más que preguntamos no nos quiso contestar, solo nos dijo que con eso no hay que meterse y es mejor no andar invocando fuerzas oscuras y negativas. Mi madre se molestó con nosotros, ya sabrán las cosas que nos dijo. Le preguntó al curandero si podía ayudarnos para alejar a esos espíritus que nos rondaban, a lo que contestó que sí, pero que sería en diferentes formas que él se encargaría de todo.
52:38 Algo muy importante en esto fue que también haríamos una serie de oraciones para que nuestra amiga Laura Descansara en paz. Cuando todo terminó, el curandero nos hizo unos amuletos de protección cada vez que vamos a visitar algún sitio abandonado. Que créanme, casi ya no vamos. Recurrimos a él para que se haga el despojo. Por si se nos llega a pegar algo, extrañamos a nuestra amiga y bastante dicen que el hubiera no existe, pero si la hubiéramos escuchado cuando ella nos dijo que ya no quería seguir ahí y que nos fuéramos, quizás seguiría con vida.
53:19 Cuando nos enteramos que iban a demoler el hospital psiquiátrico, ninguno de nosotros quiso volver a visitarlo, ni siquiera de día. Querida Comunidad, espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos.
54:03 Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue inframundos relatos.
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