Historias de Terror – Patrulleros del Miedo | Casos Reales de Policías - Inframundo Relatos
Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:08 Estas no son historias contadas en academias ni parte de un guión de película. Son testimonios reales de policías que enfrentaron lo inexplicable mientras hacían su. Ronda, prepárate para escuchar 18 relatos en recopilación que ya hemos subido al canal y que los oficiales revelan en el lado más oscuro de su labor. Historias que usted, espectador ha sido de los relatos, es capaz de escuchar sin interrupción llamada del 200. 38. Basado en la anécdota del oficial Leonel camacho, muy buenas noches, Inframundo.
0:57 Mi nombre es Lionel y soy oficial de policía municipal en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Lo que voy a contarles no es un rumor ni algo que me comentaron. Lo viví yo con mis propios ojos y oídos. Desde entonces, cada que suene el radio de patrulla o el teléfono de emergencia, algo dentro de mí se estremece. Todo ocurrió en septiembre del año 2014. Durante una semana particularmente extraña, llovía todas las noches. Las llamadas por accidentes en tramos solitarios aumentaron y varios compañeros hablaban entre Murmullos sobre reportes fantasmas que nunca se confirmaban.
1:44 Yo pensaba que eran puras supersticiones hasta que sonó la llamada del 238. Era una madrugada tranquila. 3:17 de la mañana, cuando entró la llamada a la línea de emergencia, yo estaba en el turno en el centro de monitoreo junto con otro compañero y el operador de cabina nos pasó el reporte directamente. Una mujer pedía ayuda, decía estar atrapada en un coche volteado en la carretera vieja hacia berriozabal, cerca del kilómetro 11. Según el registro, el número del que llamó estaba registrado como inactivo desde hacía 3 años. Eso nos puso en alerta.
2:30 La llamada había sido corta, la voz apenas audible entre interferencias, pero repetía una y otra vez. Estoy atrapada, no me deje morir, está oscuro y tengo frío. El protocolo indicaba verificar, así que tomamos la patrulla y fuimos hacia el punto indicado. Al llegar la carretera estaba desierta, mojada y envuelta en una niebla espesa. Hicimos un recorrido lento. No había luces ni rastro de accidente. A los pocos minutos vimos un coche. Abandonado al borde de la. Carretera, se me ocultó entre ramas.
3:13 Nos acercamos con linternas, estaba volcado, oxidado, claramente llevaba años ahí dentro, no había nadie, pero entonces el radio de la patrulla volvió a activarse solo, sin que nadie lo tocara. ¿Y una voz? La misma voz de la mujer repitió. Estoy atrapada, no me deje. Morir no venía de la central. Venía desde el canal interno de la unidad, lo confirmé la frecuencia, estaba en canal cerrado. Registramos el lugar, revisamos el número de serie del coche, lo que descubrimos me dejó helado. El vehículo era propiedad de una joven llamada Luisa Méndez, Reportada como desaparecida 3 años antes. La última señal de su celular había sido desde ese mismo kilómetro.
4:12 Volvimos al coche y entonces lo vimos. Y en el asiento trasero, cubierto por el lodo y escombros, había una osamenta completa, el cráneo aún con cabellos largos adheridos, un collar roto y un teléfono celular con la pantalla encendida. La hora marcada, 317 a. M última llamada realizada. Al número de emergencias nos quedamos sin palabras. La fiscalía tardó días en levantar el vehículo, confirmaron que los restos eran de Luisa Méndez, su familia había perdido toda esperanza hasta ese momento.
4:59 Nunca supieron lo que realmente pasó ni cómo fue posible que hiciera esa llamada 3 años después de estar muerta. Lo más escalofriante fue lo que descubrí después. Revisando el historial del 911, el operador encontró que la misma llamada con la misma voz en el mismo mensaje había sido registrada cada 3 de septiembre a las 3:17 de la mañana, desde 2015 hasta ese año, siempre desde el mismo punto, siempre desde el mismo número dado de baja. Desde 2011, hoy ese kilómetro fue cerrado al tránsito, pero todos los años en esa fecha un oficial debe permanecer en guardia cerca del sitio por si vuelve a sonar la llamada del 238. Yo estuve ahí una vez, nunca más, porque ahora sé que el más allá también sabe marcar un número. ¿Y cuando llama?
6:06 No siempre quiere ser rescatado, a veces sólo quiere que alguien escuche el eco de su último grito. El Niño de la alcantarilla, basado en la anécdota de Rodrigo Anaya, muy buenas noches a toda la comunidad de Inframundo me presento. Mi nombre es José Rodrigo Anaya, soy policía desde hace 7 años, oriundo de Torreón, Coahuila, tuve un compañero con el que trabajé alrededor de 3 años y es el de el que precisamente les quiero contar durante varios turnos nocturnos el nombre de una de las colonias que se encuentran a los límites de la ciudad.
7:03 De esta Colonia eran llamadas constantes, sobre todo los últimos meses de cada año. Los vecinos aseguraban que un niño vagaba cerca del canal de aguas negras, que lloraba desconsolado también que lo veía o escuchaban deambulando por entre las calles. Algunos de los vecinos nos decían que desaparecía entre las rejillas oxidadas de las alcantarillas. Al principio pensábamos que se trataba de un caso de abandono. Cabe aclarar que patrullábamos las calles y nunca veíamos o escuchábamos al supuesto menor, pero la frecuencia de los reportes y las desapariciones de las personas que llamaban. Nos incitaron a tomarlo con mayor seriedad, sobre todo porque uno es padre, y pensar que un niño pequeño pueda necesitar ayuda o esté en peligro te empuja a buscarlo, deseando que no estés sufriendo maltrato por parte de algún adulto.
8:13 El canal atravesaba la Colonia a su alrededor. Los postes alumbraban apenas lo suficiente para verse alguna silueta de personas o las ramas retorcidas de los arbustos resecos. El agua se arrastraba en una corriente lenta, viscosa, cargada de residuos y muy apestosa. Cada noche que nos tocaba responder al llamado era lo mismo, bajar de la patrulla. Revisar la alcantarilla por lo que habían visto meterse o por el canal esperando no ver el pequeño cuerpecito flotando.
8:57 Mi compañero Orlando era un tipo de pocas palabras, acostumbrado a trabajos más duros, como perseguir a los maleantes de lo ajeno a los jóvenes en carreras clandestinas. O esos que venden a Menudo las sustancias ilícitas. Pero yo notaba que esa zona le provocaba un nerviosismo que no se molestaba en ocultar. Decía que había algo en ese vecindario, algo no sabría cómo explicar. La tercera noche fue la peor. Llegamos pasadas las 3:00 de la mañana. La Colonia estaba en completo silencio. El aire tenía un olor a las aguas podridas por el canal. Nos bajábamos de la patrulla y comenzamos a caminar con las linternas encendidas por la orilla del canal. Fue entonces cuando lo vimos Por Primera Vez. Vimos al pequeño en la orilla se encontraba una figura pequeña, inmóvil, de espaldas a nosotros.
10:08 Apenas vestía una camiseta blanca sucia, pegada al cuerpo por la humedad, un short de mezclilla que le llegaba media pierna. No tenía suéter y lo primero que se me vino a la mente es que aquel chamaco se iba a enfermar. Se encontraba justo al borde del Canal y aunque no lloraba ni hacía movimiento alguno cuando le comenzamos a hablar. Ni siquiera volteó cuando le pedimos que se alejara del borde. El Niño permanecía inmóvil. No daba señal alguna de que haría caso a lo que le estábamos pidiendo. Mi compañero corrió hacia el, pero el pequeño fue más rápido que nosotros.
10:58 Comenzó a correr por todo el borde. Mi corazón latía con fuerza por el temor de que fuera a resbalar, pero de repente comenzó a correr hacia la calle. Yo le grité a mi compañero que se detuviera, que no lo siguiera. Orlando no vio lo que yo, mi compañero iba exactamente a donde el menor quería. Repentinamente se detuvo. Y El Niño giró lentamente la cabeza y se deslizó con agilidad antinatural hacia la boca de la alcantarilla abierta. Burlando se lanzó detrás de él sin dudarlo. Yo corrí tras ellos, pero me detuve a pocos metros paralizado.
11:46 Lo que vi no se puede describir con facilidad. La figura del niño no desapareció como uno esperaría. Parecía ser absorbida, estirada, como si algo bajo la Tierra la hubiese jalado con violencia. Mi compañero alcanzó a meter medio cuerpo por la abertura y entonces grito no era un grito de miedo. Era como si en ese instante comprendiera que había cometido un error irreversible. Luchó por salir, se aferró a los bordes de la alcantarilla, pero sus brazos fueron vencidos. Yo alcancé a agarrarlo de uno de sus tobillos, pero algo lo jaló hacia el interior.
12:38 Lo último que vi fue su humano, buscando apoyo en el concreto, hasta que también desapareció de un jalón. Yo caí de bruces en el asfalto. Me quedé inmóvil. Ni siquiera recuerdo haber gritado. Solo me quedé ahí observando la alcantarilla abierta, escuchando el eco de los gritos de Orlando y de un chapoteo distante que fue apagado hasta que todo quedó en no sé cómo. Pero me levanté y corrí a la patrulla y llamé por radio, Balbuceando palabras Entrecortadas hasta que comencé a llorar. Pude informar lo sucedido.
13:22 Cuando llegaron más de los compañeros se hizo una búsqueda que fue inmediata. Patrullas, perros, hasta llegaron buzos, revisaron el canal, las entradas al sistema de drenaje, incluso algunas viviendas cercanas nunca encontraron a Orlando, así como tampoco rastro del niño, ni ropa, ni sangre, ni huellas. Nada, absolutamente nada. Días después volví al sitio por mi cuenta. Era como si algo me llamara, les seré sincero. Rogaba por ver de nuevo a Orlando que apareciera diciendo que estaba atorado en alguna parte del drenaje de la colonia.
14:11 Pasé horas sentado frente a la alcantarilla. Pensé que mi mente me estaba jugando una mala pasada porque. De repente escuché el llanto de un niño, pero ahora de forma distinta. Eso que lloraba no era un ser humano. El llanto no era de dolor, más bien era como un anzuelo para que algún incauto cayera. Medí la media vuelta y subí a la patrulla alejándome de ahí. Hasta el día de hoy no he vuelto a patrullar por esa zona. Nadie me obligó a hablar de lo que vi, de lo que le había sucedido a Orlando. La versión oficial habló de desaparición en un cumplimiento del deber.
14:58 Yo lo dejé así, aunque me ha costado mucho seguir trabajando. No me queda de otra que recordar aquel terrible suceso. Por cierto, no les he dicho lo que vi en El Niño. Este no tocaba el suelo, se deslizaba. ¿La bruja, basado en la anécdota del oficial Alan Esquerra, qué tal Alejandro? Muy buenas noches. Mi nombre es Alan Esquerra. Soy policía en mi Natal Estado de Chiapas. Lo que les voy a contar nos sucedió a mi compañero Silverio y a mí.
15:45 Esto fue a finales del año 2019. Mi compañero y yo estábamos degustando un café. Cuando la llamada entró poco después de las 2:00 de la mañana, una vecina alterada aseguraba que había una mujer en el terreno baldío junto a su casa realizando actos que no sabía cómo explicar. Decía que no era la primera vez que esa mujer entraba a mitad de la noche a ese terreno. Nosotros, acostumbrados a atender desde riñas hasta cosas extrañas, no le dimos importancia al principio, pero algo en la voz y en la forma en que lo dijo, en la desesperación, sin exagerar, nos hizo movernos. El terreno estaba a las afueras de la ciudad. Para uno es un pedazo olvidado entre construcciones a medias y calles de Tierra, casas que no han sido habitadas y que al parecer nadie quiere.
16:52 Silverio me comentó que a lo mejor era una señora que salió a respirar un poco de aire, que posiblemente tendría algún familiar, que contrajo COVID y estaba desesperada y hacía algo para amortiguar su pena. Apenas llegamos. Y fuimos recibidos por una ráfaga de aire denso, cargado de un olor indefinido que no provenía de basura ni de animales muertos, pero que igual se quedaba impregnado en la nariz. Y para variar las luces y la patrulla se apagó de la nada. Bajamos en silencio guiados por una pequeña fogata. Al final del terreno, en el baldío había una figura agachada.
17:40 Se movía en círculos lentos, con los brazos extendidos, a veces hacia el fuego, en otras hacia los lados. A su alrededor había objetos clavados en la Tierra, frascos, ramas atadas con telas, velas casi consumidas. Lo más perturbador era la falta de sonido. Todo estaba muy callado. Nos acercamos lentamente con las linternas enfocando en su espalda, pero la mujer no reacciono a nuestra llegada. Con la luz de las llamas y la lámpara pude ver que su cabello le cubría el rostro, pero se notaba que murmuraba algo mientras dibujaba símbolos en el suelo. No supe que eran realmente.
18:31 La mujer levantó la cabeza justo cuando nos detuvimos a unos metros de ella. Su mirada se cruzó contra la nuestra por un instante. Sentí como un miedo. Se subía por todo mi cuerpo y no me permitió moverme por unos momentos intentamos rodearla, pero entonces se levantó y empezó a moverse. No corrió, caminaba de lado a lado como si las articulaciones no fueran las de un ser humano. Cada intento por detenerla fracasábamos, pero cuando pensamos que la teníamos acorralada estaba ya varios metros más lejos, con una agilidad imposible.
19:21 La perseguimos cruzando el terreno, saltando entre piedras y hierba alta. La mujer nos llevaba ventaja, pero era como si jugara con nosotros. Porque la escuchábamos como se carcajeaba y burlaba de nosotros, como si supiera exactamente hasta donde podíamos llegar antes de que la razón nos faltara. Sus movimientos no tenían sentido lógico y aun así era imposible apartar la vista de ella. Silverio dijo que era imposible que una vieja a su edad se moviera con tanta agilidad. Cruzó la última línea de casas, se metió al monte a un camino estrecho, sin alumbrado.
20:11 Ahí fue donde nos detuvimos. No fue una decisión tomada al azar. Ninguno de los 2 dijo que hasta ahí simplemente nos quedamos parados, respirando con dificultad, observando como aquella figura se adentraba aún más en la maleza. Sin hacer ruido alguno. Lo que nos rodeaba era pura oscuridad y nosotros, de pie al borde del camino, sabíamos que si dábamos un paso más, tal vez no regresaríamos el ambiente. Se sentía muy helado, más de lo normal. Y después de unos minutos el terreno volvió a quedarse en silencio.
20:56 No había grillos, no había viento. Ni el sonido de los autos que pasaban por la carretera vecina. Regresamos a la patrulla sin hablar. Yo sentía mis piernas más pesadas, como si trajera barro pegado hasta las rodillas, pero al mirar hacia abajo estaban limpias. El aire volvió a cambiar al acercarnos a la ciudad más ligero, aunque seguía sintiéndose algo detrás de nosotros. Siberio me dijo que aquella mujer había sido una bruja. La verdad es que a esas alturas de lo que yo había presenciado, si creía en lo que fuera, pues la manera en que se movió y corría no era de acuerdo a la edad y el físico de la anciana.
21:50 Llamamos a la base para informar que la mujer se había dado a la fuga y que se había adentrado al monte. Nos dimos cuenta de que había varios vecinos mirando por las ventanas, pero al igual que la mujer que había hecho la llamada, ninguno salió para averiguar si la habíamos detenido. Al día siguiente volvimos de día, revisamos el terreno con los los dibujos que había hecho. Ahí seguían. Mi compañero dijo que quizás eran símbolos del ritual que estaba haciendo. Aunque parte del círculo estaba cubierto por polvo y basura, los frascos ya estaban vacíos y quebrados, como si alguien los hubiera quebrado uno a uno. El olor que aún había en ese sitio fue suficiente para alejarnos.
22:45 Nunca pudimos identificar a la mujer, nadie la volvió a ver, al menos no en esa colonia. Porque al mes subo otra llamada igual a la que silverio y yo habíamos atendido. La vecina que nos llamó no quiso hablar más del asunto. Cerró su casa con doble candado y meses después se mudó. Decía que no podía dormir, que sentía que algo la observaba desde el terreno y que había ingresado a su casa. Déjenme decirles que yo tampoco dormí bien durante un tiempo. Había noches en que veía aquella figura moverse entre las llamas.
23:27 Sentía el mismo frío de aquella madrugada. Lo bueno es que uno conoce a brujos, así que silverio y yo acudimos con uno conocido amigo nuestro y nos hizo un desalojo por lo que se nos haya pegado esa madrugada. No hubiera sido algo malo hasta el día de hoy. No he vuelto a presenciar algo parecido y espero seguir con esta suerte. Saludos a toda la comunidad Inframundo desde el Estado de Chiapas, México. La desaparición de lidia basado en la anécdota de su leica cuevas con todo el debido respeto, les comparto esta historia. Los nombres fueron cambiados, así como me reservo la ciudad donde se dieron estos acontecimientos. Soy la oficial zuleica cuevas, tuve un compañero por alrededor de 6 años, fernán.
24:37 Él ya tenía varios años siendo policía, tenía una bonita familia. Su hija mayor, ya de 20 años, lydia era de esas chicas que le gustaba mucho estar posteando en las redes sociales lo que comía, a dónde iba, qué vestía, sus compras. Todo para tener likes en sus cuentas de Facebook y Twitter. Una chica bella que llamó la atención de ciertas personas con muy malas intenciones, la verdad. Varios compañeros y hasta yo le aconsejamos a fernan que hablara con su hija, que no debería de subir todo lo que hacía. Pero el compañero solo nos decía sonriendo que no tenía nada de malo, que alguien le ofreciera un trabajo como modelo o lo que más deseaba lidiar era ser una actriz, vivir en el mundo de la farándula y viajar.
25:36 Pasaron alrededor de 5 meses. Y la desgracia llegó a la vida de mi compañero. Lidia desapareció. Pidió unos días para buscarla, pero todo fue en vano. Nadie sabía qué había sucedido realmente en su página. No había nuevas notificaciones y la verdad es que se esperaba lo peor. Mi compañero regresó. Más delgado y Demacrado, le ofrecieron para que trabajará en un escritorio, arreglando documentos y archivándolos, pero él se negó. Me dijo que estando en la patrulla podía buscar a su hija y así lo estuvimos haciendo por algún tiempo. En varias ocasiones caché a mi compañero, hablando solo en una de esas sentí cómo se me partió el alma cuando menciono papá. Te quiere mucho y te extraña, pero al darme cuenta que lo decía, como si lidia estuviera frente a él, yo muy calmada me acerqué y le pregunté si todo estaba bien. Fue cuando mi compañero me comenzó a decir que desde la desaparición de lidia la veía por su casa, escuchaba su voz y sentía el aroma de su perfume, le decía a su esposa. Pero ella solo lo observaba.
27:02 Me juraba que no estaba volviéndose loco en sueños. Su hija le pedía que la buscará, que no la olvidara. Su hija se le aparecía. Contaba que en un inicio la veía igual de bonita, como si estuviera en casa, pero poco a poco aquellas apariciones iban cambiando. Se le comenzó a manifestar con el rostro calavérico su ropa pegada al esqueleto y llena de polvo. Ya no le hablaba con una voz dulce como en un inicio, sino que ahora era sólo como un eco que se va apagando poco a poco.
27:47 Al año de su desaparición encontraron una fosa clandestina a 5 km de la ciudad. Entre los cuerpos hallados encontraron el de lidia, así como el de muchas otras personas. Solo su esposa se negaba a creer que su hija había fallecido. Ella, a toda costa, quería culpar al novio de su hija, pero el chico nada tuvo que ver con su desaparición. El había contado que lidia se sentía observada, que recibía llamadas de una persona invitándola a salir. Pero lidia nunca le dijo de quien se trataba, así como tampoco le mostró aquellas llamadas. Fernán tuvo la suerte de recuperar el cuerpo de su hija y le dieron santa sepultura.
28:39 Mi compañero no volvió a ser el mismo. Era muy distraído, como si tuviera su mundo dentro de su cabeza cuando nos deteníamos a tomar un café. Siempre me repetía lo mismo, que era culpable por lo que le había sucedido a su hija, pero la conversación cambiaba drásticamente hablando, como si su hija estuviese viva. Esto trajo consecuencias graves en el trabajo, pues uno tiene que estar al 100 * 101 noche nos reportaron un asalto a mano armada, acudimos y se armó la balacera.
29:20 Fernan perdió una de sus piernas, pues recibió un impacto y aparte el auto en el que huyeron los asaltantes le prensó al momento que maniobraron para la huida fue dado de baja y con el dinero de su pensión, lo que les dieron en su finiquito. Fernan hizo un mausoleo en el cementerio donde está sepultada su hija. Comenzó a ir por las tardes. Se regresaba a su hogar, pero poco a poco fernán se quedó a vivir en el panteón. A mí me consta, porque una vez que fui a buscarlo a su casa, su esposa me contó que hacía ya más de 2 meses se había marchado de su casa.
30:07 Quizás la culpa por no haber hecho algo por su hija. Se sentía bastante terrible. Le seré sincera. En cierta parte los padres tuvieron la culpa por no haber hecho algo a tiempo, obligar a su hija a que no subiera tanta información a las redes. Pero pues como dicen ahogado El Niño, luego quieren tapar el pozo. Todos lo tildaron de loco, pero otros le tenían compasión por la racha de mala suerte que tuvo en su vida. Primero la desaparición de lidia, encontrarla y sepultarla. Y, por último, haber perdido un miembro de su cuerpo.
30:51 Después de un tiempo ya no tuvimos noticias de fernán, sino hasta que nos enteramos que había fallecido. A su esposa le notificaron del fallecimiento. Ahora fernán está junto a su hija de una manera diferente a lo que en vida estaba haciendo cuando tenemos la buena suerte de arrestar y atrapar a esas personas. Que se dedican a la trata me da una gran satisfacción cuando los tenemos honestamente al decirles que cada vez que lo hacemos recuerdo a lidia y a mi compañero. Saludos y muchas gracias por el espacio que nos DAS, por contar nuestras experiencias. Muy buenas noches, comunidad de Inframundo. Mi nombre es Camilo Ocaña.
31:42 Lo que les voy a contar sucedió en el año de 1984, cuando aún era un policía. Me llamaron para investigar un robo en una mansión en las afueras de la ciudad. La llamada llego a la medianoche. La mansión pertenecía a un hombre muy rico, conocido por su estilo de vida excéntrico y solitario. Al llegar, el lugar parecía tranquilo. Demasiado tranquilo para que alguien hubiera reportado un robo. La fachada de la mansión era imponente, con sus muros de piedra de canteras y ventanas altas y estrechas que parecían ojos vigilantes en plena oscuridad. Entré encontrándome con un vestíbulo decorado con lujosos muebles antiguos y cuadros de la familia que ahí habitaba. Un ambiente pesado y asfixiante llenaba el aire. Como si la casa misma al entrar en ella no te permitiera salir. Después de haber ingresado, me moví cautelosamente, linterna en mano, recorriendo cada habitación en busca de señales de los ladrones.
32:54 Todo estaba en orden, sin rastro de forcejeos ni desorden. Empezaba a pensar que tal vez había sido una falsa alarma cuando de un momento a otro escuché un sonido extraño proveniente del sótano. Era un murmucho bajo, casi un lamento que me heló la sangre. En eso llegó mi compañero, quien también lo había escuchado. La puerta del sótano estaba al fondo del pasillo, una pesada estructura de madera oscura con clavos de hierro. Al abrirla, el crujido Resonó en la mansión. Bajamos las escaleras, cada peldaño emitía un crujido. No había luz, solo oscuridad, y noté que el aire se movía más frío y húmedo con cada paso que dábamos. Al llegar al fondo encendí la linterna y la dirigía hacia los rincones del sótano.
33:55 Estaba vacío, salvo por algunas cajas viejas inmuebles cubiertos con sábanas Polvorientos. Me adentré más buscando la fuente del sonido que me había traído hasta aquí. Fue entonces cuando lo vimos en un rincón oscuro. Una figura se movía lentamente. A primera vista parecía una persona, pero al enfocarlo con la linterna me di cuenta de que era algo completamente diferente. La figura estaba deforme. Como si su cuerpo hubiera sido retorcido y estirado de maneras antinaturales. Su piel era pálida y sus ojos reflejaban una maldad.
34:40 Sentí mucho miedo. Mi instinto me decía que debía salir corriendo. Sin embargo, mis pies parecían estar pegados al suelo, incapaces de moverse. Sólo escuché como mi compañero salía corriendo. Dejándome con esa cosa en el sótano, esa cosa se acercó lentamente. Sus movimientos eran torpes y descoordinados emitía un sonido gutural, un gemido que parecía provenir de lo más profundo de su ser. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba rodeado de símbolos extraños dibujados en el suelo y en las paredes.
35:21 Eran símbolos que reconocí vagamente, asociados con rituales oscuros y adoraciones al mismo innombrable. Ya había visto eso en diferentes lugares. Mi mente intentaba procesar lo que acababa de ver. Esa cosa no podía ser humana, al menos no en el sentido convencional. Fijé mis ojos en él cuando lo iluminé. Si era una persona, tenía cortadas en su cuerpo y un líquido que lo cubría no era sangre, aunque de sus heridas sí supuraba todo.
36:03 En la mansión comenzó a encajar las extrañas decoraciones, el ambiente angustioso, la llamada medianoche. Esta casa era un lugar de culto oscuro, un santuario para prácticas demoníacas. Finalmente logré reunir el coraje para moverme y retrocedí lentamente, intentando no hacer ruido. Cada paso que daba parecía resonar en la inmensidad de aquel sótano. Mi mente estaba al borde del colapso. El miedo me invadía como una manta fría. Llegué a las escaleras y Subí lo más rápido que pude, sintiendo la persona siguiéndome de cerca. No emitía sonido alguno.
36:52 Era como si le hubiesen arrancado la lengua o estuviera tan herido y trastornado que ni siquiera podía hablar. Al salir del sótano me hice a un lado para que el pobre hombre saliera de ahí. Cerré la puerta con fuerza y me dirigí a la entrada de la mansión, estando fuera el aire libre. Nunca se había sentido tan bien, pero mi paz duró poco. Al mirar hacia la casa por última vez, vi algunas sombras moverse en las ventanas, como si en la mansión hubiesen personas que se escondían para que no las hubiera. Quizás esas que le hicieron aquello horrible al pobre hombre, que si no hubiésemos llegado a tiempo su destino hubiese sido otro.
37:40 Mi compañero sacó una cobija con la que se cubría cuando andábamos patrullando por las calles. El hombre tenía la mirada perdida y lo llevamos al hospital para que lo atendieran. Estando allí no logramos mucho en que hiciera alguna declaración. Él solo dio un número de teléfono para que un familiar pasara por. Él. Lo único que dijo fue que se encontraba en una discoteca con sus amigos, pero algo le habían puesto a su bebida porque cuando despertó se encontró en ese sótano. Regresé a la comisaría y redacté mi informe obteniendo los detalles más perturbadores. Describí la mansión como vacía y sin signos de robo. Decidí guardar silencio sobre los símbolos en el sótano. Sabía que mi testimonio sería desestimado como producto de una mente cansada y sobreexpuesta a las historias de terror. Además, que el joven no quería hablar, así que solo le darían carpetazo al asunto por tratarse de alguien influyente. Me fui a mi casa a descansar cuando terminé mi turno en la tarde.
38:55 Ya cuando volví de nuevo a la comisaría, me dijeron que el joven que habíamos llevado al hospital se había quitado la vida ahí mismo. En el hospital no lo creí. Pero si decía algo más o trataba de averiguar algo, quizás me pasaría lo mismo que a él. Mi compañero me comentó que habían llegado unas personas en la mañana y preguntaron sobre los policías que habían mandado a la mansión. El jefe le llamó y preguntó por mí. Le informó que ya me había retirado. Los hombres le preguntaron sobre lo que habíamos visto. Él solo les dijo que no habíamos encontrado nada.
39:36 Que ni siquiera habíamos ingresado a la mansión, pues encontramos un joven alcoholizado y con heridas en su cuerpo y lo llevamos al hospital. Me advirtió que me mantuviera con eso, pues se lo había dicho así y era mejor que no se supiera nada de esas personas que harían lo mismo con nosotros que le hicieron a aquel chico. Créanme, no fue la única vez que hubo llamadas de aquella mansión. Lo que mi compañero y yo solo nos estacionábamos y no contestábamos a esas llamadas, pues ya sabíamos lo que encontraríamos allí y era como echarnos una soga al cuello, aparte de que seguían encontrando tanto hombres como mujeres con esas mismas heridas, otro no corrían con tanta suerte.
40:24 Hoy esa mansión está abandonada. Sus dueños huyeron al vecino país cuando su suerte se les terminó y las cosas le salieron muy mal y se salieron de control. Muchas gracias por escucharme, se despide su amigo. Buenas noches. Muy buenas tardes a todos los infra escuchas. Me llamo Luis Felipe Quezada. He sido oficial de policía durante 26 años. Con el paso del tiempo uno se va haciendo frío por tantas desgracias que se ven casi a diario.
41:06 Quizás por esa frialdad nos ha hecho ser muy inhumanos ante situaciones que parecieran no importarnos. Y no solo con las personas, sino que también con los animales. Ese fue el caso de uno de mis compañeros llamado José Armando Blanco. José Armando y yo por varios años fuimos compañeros en la misma patrulla, pero por desgracia, en una de esas madrugadas de mala suerte recibí 2 impactos en una de mis piernas, lo que hasta la fecha me imposibilitó para andar patrullando por las calles. Ahora mi mayor tiempo es estar detrás de un escritorio.
41:49 Haciendo el papeleo para los inquilinos de las celdas hasta que son transferidos a la grande o pagan las multas. Tenía algún tiempo que no platicaba con mi antiguo colega y serían alrededor de las 7:30 de la tarde cuando estábamos muy entrados en la conversación, cuando llegó una mujer muy enojada a la comisaría, miraba para todos lados, como buscando a alguien. Y en cuanto miró a mi compañero se le reflejó el odio en su rostro y se nos dejó venir reclamándole a José Armando porque le había matado a su perro. Mi amigo se comenzó a reír de lo que la mujer le estaba diciendo. Trato de persuadirla de que no había sido él, pero la señora le dio santo y seña de donde había sucedido. Mire el rostro de José Armando y me percaté de que él era la persona a la que buscaba la señora. Obviamente mi compañero se defendió y a cómo pudo sacó a la señora de la Comisaría, pero la mujer puso resistencia y creo que las palabras del colega no fueron las certeras en ese momento, cuando le dijo que si la volvía a ver, le volvía a echar la patrulla.
43:08 No sé si lo hizo en broma o para que de plano se callara y se fuera la señora. Ella lo miró con mucho odio, no sin antes advertirle que se las pagaría. Él se acercó al escritorio burlándose de la señora y yo, conociéndolo, le pregunté porque le había atropellado al pobre perro. En eso estábamos cuando uno de los oficiales se acercó a donde nos encontrábamos y le advirtió que tuviera mucho cuidado, pues aquella señora era una bruja que vivía cerca de su Colonia y que tenía la fama de ser muy buena bruja. Obvio, José Armando no le creyó y nuevamente se mofaba del asunto, pero creo que aquello no le cayó engracia al oficial. Que, muy serio, le dijo que tuviera mucho cuidado. Sería alrededor de las 10:30 de la noche cuando se comenzaron a escuchar unos gritos de auxilio dentro de la comisaría. Encima de uno de los escritorios se encontraba mi compañero gritando por ayuda.
44:20 Frente a él se encontraba un perro completamente destrozado por las heridas que tenía. De su hocico brotaba Baba y sangre. Gruñía mostrando sus dientes y se encontraba en posición de que en cualquier momento atacaría al oficial. Nadie quiso intervenir y varios trataron de resguardarse sobre escritorios o cualquier parte alta que les permitiera estar alejados de aquella horrible bestia. Nadie podía hacer nada porque si nos acercábamos, aquel animal atacaría en cualquier momento. El rostro de mi amigo se miraba pálido y horrorizado. A pesar de los fuertes ladridos del animal.
45:03 Se escuchó un silbido y éste salió de la comisaría a toda prisa, dejando un rastro de sangre que apestaba horrible. Detrás de las puertas de vidrio se encontraba aquella mujer que hacía un rato le había reclamado a José Armando la muerte de su mascota. La miré a alejarse de la comisaría y ya jamás la volví a ver. Se le notaba el miedo a mi compañero en su rostro y creo que aquello lo enfermó. Me contó que había buscado ayuda con un curandero. Este le aseguro que fue por la impresión de ver aquel animal que se suponía debió estar muerto. José Armando me confesó que había matado al pobre animal y lo dejó ahí tirado.
45:53 Lo peor es que no fue un accidente, sino que lo hizo a propósito cuando el animal iba pasando por la calle y no quiso bajar la velocidad de la patrulla, como tampoco sacarle la vuelta. José Armando falleció hace algún tiempo a causa de diabetes y le amputaron ambas piernas cuando aún se encontraba activo en su trabajo como oficial de policía. Es fácil ser escéptico sobre lo que al tema paranormal se refiere, pero cuando se presentan este tipo de situaciones, hasta el más incrédulo cree en fantasmas, apariciones y los sonidos más extraños que se escuchan en lugares donde se supone están vacíos.
46:43 Muy buenas noches Alejandro, me presento, mi nombre es Javier Vázquez. Trabajo como oficial de policía desde el año 2001. En todo este tiempo me han sucedido varias cosas que muchos lo llaman, como apariciones o situaciones sobrenaturales, lo que les contaré sucedió en una de las celdas de la comisaría de Reynosa, Tamaulipas, por obvias razones no les daré el lugar donde se ubica, pero si les contaré lo que allí sucede en una de sus celdas. En la Comisaria del Pueblo donde radico se encuentra una celda a la cual la apodan la celda de los suicidios, y es que en ella han sucedido varias desgracias que no tienen explicación, pero los escépticos sólo atinan a afirmar que se suicidaron porque sabían que su delito era grave y que pasarían varios años en la sombra de la cárcel grande. Pero hasta los que encerraban por cualquier avería ya no salían con vida.
47:51 Se cuentan tantas historias de esa celda y yo me quedo con una de las versiones que se cuentan de lo que sucedió hace ya varias décadas. Recuerdo que una de las noches en que me tocó hacer guardia en la comisaría. Serían alrededor de las 11:30 de la noche cuando en la patrulla trajeron a 2 jóvenes no mayores de 20 años. La causa fue por desmán en altas horas de la noche en casa de la expareja de uno de ellos. En este tipo de situaciones no hay como encerrarlos, que se les pase la borrachera y paguen multa al día siguiente desde que comencé a trabajar en la comisaría. Se me informó que esa celda ya no se usaba y sin embargo, aquel compañero los encerró ahí.
48:44 No tardaron ni 10 minutos. Cuando comenzaron a pedir ayuda, aquellos jóvenes gritaban que los sacaran de allí, pues los estaban espantando. Pero el otro policía siguió con lo suyo y sólo les decía que guardaran silencio. Realmente aquellos 2 estaban aterrados. Se les escuchaba en su voz. Así pasaron alrededor de 30 minutos y aquellos 2 no se callaban y el compañero les contestaba que eran unas niñas asustadas y que estando ahí aprenderían a no andar haciendo relajo por el poblado, a lo que contestaban que no lo volverían a hacer, pero que por piedad lo sacaran de allí. Yo me levanté para averiguar lo que sucedía. Pero este me detuvo diciéndome que no me metiera con lo suyo. En eso estábamos cuando llegó el comandante y escuchó a los chicos gritar.
49:45 Desesperados, preguntó que era lo que estaba sucediendo y el muy cobarde le dijo que alguien había encerrado a los primos Osuna en la última celda, con tono serio y con la autoridad que lo destaca, me ordenó moverlos a otra celda cuando llegué. Aquellos 2 chicos estaban casi atorados en los barrotes tratando de huir de algo, así que me apresuré a sacarlos de ahí. Antes de que se lastimarán, uno de ellos me señalaba la esquina de la celda. A pesar de la poca luz que había en el lugar, se podía ver que allí había alguien.
50:26 Quizás eso les ocasionaba aquel miedo, pero no quise averiguar. Porque ya que me estaba contagiando de su temor y no era bueno para mí, de regreso a la entrada principal, miré de reojo hacia la celda y sentía que realmente ahí había. Alguien se podía sentir esa sensación de que no me encontraba solo en ese pasillo. Cuando regresé, ni mi compañero ni el comandante se encontraban. En cambio, estaba trinidad. Otro de los. Policías del pueblo me preguntó dónde andaba y le conté lo que había sucedido.
51:07 Él solo movió la cabeza hacia los lados en señal de que no debió haberlos encerrado ahí. Yo le pregunté el motivo y me contó que en la década de 1960, en esa celda tuvo como inquilino a un hombre que había asesinado a una niña de tan solo 7 años. Los detalles de los hechos es algo que no les diré. En fin, el hombre sabía que se iba para la grande y lo que le esperaba estando ahí con los otros presos tuvo la visita de su mujer y se cuenta que esta fue la que ingresó el arma blanca con la que aquel asesino se quitó la vida.
51:51 A partir de lo que sucedió, los presos o detenidos aseguran que alguien está con ellos en la celda. Muchos se han quitado la vida estando ahí dentro, quizás motivados por aquello que se encuentra en esa celda. Otros salían trastornados porque los guardias no les hacían caso. Es por eso que ya no se usa hasta hoy. Pero como en todos lados, hay elementos buenos y elementos malos, como aquel compañero que siempre metía presos a esa celda de los suicidios y le encantaba escucharlos, llorar y gritar de desesperación y de miedo la combustión espontánea humana.
52:39 O se le denomina así cuando la víctima termina completamente en cenizas, sin que alguna fuente obvia de encendido se encontrara en esos momentos junto a la persona, un caso muy aislado, de hecho, algo que nunca en mis 16 años como policía había presenciado hasta esa tarde del año 2007, me llamo Juan Carlos Hernández y soy miembro activo en la policía municipal de mi ciudad. Así como en muchos lugares se guardan secretos, en mi trabajo también los hay y muchos, esta experiencia no solo estuve yo presente, sino 2 oficiales más, pero por lo acontecido nos pidieron que no lo divulgáramos, pero como ellos ya no se encuentran laborando, decidí contarles esta experiencia en la que fuera PGR.
53:35 Procuraduría general de la República. Tendría que ser trasladado un individuo al que se le señalaba como presunto homicida de un menor. En los documentos decía que el muy cobarde había prendido fuego a la vivienda donde se encontraba su expareja y su hijo. Ya estábamos por salir cuando comenzamos a escuchar la risa de un niño, pero también los gritos de horror de un hombre. Así que nos trasladamos hasta el sitio donde se escuchaba todo aquello. Lo cierto es que al llegar al lado de las celdas todo se veía normal, excepto el hombre que se encontraba tirado en una de las esquinas y frente a él un menor. El tipo alargaba sus brazos y pataleaba como tratando de defenderse del pequeño.
54:29 Yo me acerque a la celda preguntándole. ¿Quién lo había dejado entrar? Pero este no respondía. Cuando intenté abrir la reja, esta parecía que estaba atrancada con algo. Repentinamente me dio olor a carne quemada. En eso llegaron los 2 compañeros para ser ellos, al igual que yo, testigos de algo Macabro. Aquel pequeño giro para mirarnos todo su cuerpo se miraba quemado, nos brindó una sonrisa macabra. Que hizo que no me pudiera mover del sitio donde me encontraba. Se abalanzó sobre aquel hombre y este comenzó a gritar de dolor.
55:13 Sé que es algo difícil de creer, pero aquel hombre se comenzó a incendiar en menos de unos minutos. Su cuerpo estaba completamente envuelto en fuego. Francisco fue por un extintor y tratamos de salvar aquel hombre. Pero, por desgracia, e inexplicablemente, terminó en cenizas, algo extraño, pues se consumió demasiado rápido. Por más que buscamos aquel niño, nunca lo encontramos por ningún lado. Tiempo después, los peritos y analistas que participaron en la investigación en ese tiempo dieron un meticuloso informe sobre lo acontecido.
55:56 Obviamente maquillaron lo que en verdad había sucedido, pero eso es algo que no me importó, pues yo sé lo que sucedió y hasta el día de hoy no he olvidado. Los peritos después, escribieron en su reporte, no hubo una causa definida que puede aclarar todos estos sucesos ocurridos y se tomó la decisión que deben desecharse. Dictamen. El mismo individuo fue el que él mismo se provocó el incendio que terminó con su vida. Nosotros sabemos que no fue así, pero por desgracia eso es lo que nos hicieron declarar. Nunca voy a olvidar la sonrisa de aquel niño.
56:39 Jamás por conversaciones con otras personas me aseguraron que aquello no era un niño. Era el mismo demonio que puso fin aquel hombre despreciable. Otros, que el pequeño vino a vengarse por haberlo quemado. La verdad, no lo sé. Muchas gracias por contar esta experiencia. Muy buenos días a todos, mi nombre es dila navarro, trabajo como policía desde hace unos 9 años en el estado de Tamaulipas, esta vivencia me ocurrió cuando me encontraba en la comisaría, terminando el turno de la noche. Cuando llegó una llamada bastante urgente, informaban de distintos disturbios en la antigua estación de trenes, esa misma que llevaba abandonada más de 2 décadas. Como me encontraba cerca, decidí atender el llamado, aunque algo en mi interior me decía que no debía ir, pero aún así atendía al llamado.
57:45 Al llegar el lugar estaba todo oscuro. Unas cuantas lámparas iluminaban el lugar mientras me adentraba. Pasó algo muy extraño sobre los rieles y en lo que se encuentra el andén para que los pasajeros abordaran. Parecía como si la estación hubiera sido tragada por un espeso manto blanco. Había una niebla espesa como ocultando cualquier vestigio de realidad. Caminé hacia los andenes con la linterna en mano. El crujido de mis botas resonaba en el silencio de la madrugada. No había rastro de personas ni señales de vida, ningún disturbio, por lo que habían llamado la estructura de la estación estaba deteriorada, como si el tiempo hubiera decidido ensañarse con ella. Por momentos recordé cuando llegaban los viajeros. Y uno venía a comer helados en la estación del tren. Pero ahora los graffitis cubrían las paredes y las ventanas rotas dejaban entrar el viento y la lluvia. Aún así, algo no estaba muy bien. El aire se sentía pesado y cargado de una extraña energía. Se decía que en el andén habían muerto muchas personas que resbalaban y por desgracia el tren no detenía su andar. Ya habían encontrado cuerpos de
59:18 personas por ajustes de cuentas y otros que se suponía ellos mismos se habían quitado la vida. Pero eso no es todo, la brujería también estaba presente en frascos. En velas y un sinnúmero de maleficios dirigidos a todas las personas, aquellos que quizás son inocentes, que no le deben nada a nadie, y solo por la envidia de las otras personas, quieren quitarles lo poco o mucho que tienen. Me adentré aún más. De repente noté un movimiento y giré rápidamente, pero no vi nada. Seguí avanzando cada paso más cauteloso que el anterior. Fue entonces cuando lo sentí una presencia a mi espalda. Me giré de nuevo y allí estaban sombras, figuras borrosas que parecían flotar en el aire, moviéndose con una gracia antinatural.
1:00:19 Eran personas, o al menos lo habían sido. Sus ojos vacíos y oscuros parecían observarme, pero realmente miraban a la nada. Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Intenté retroceder, pero mis pies parecían estar pegados al suelo. Aquellas apariciones se acercaban lentamente, murmurando palabras incomprendibles para mí. En ese momento sentí una oleada de frío, recorrer mi cuerpo y antes de darme cuenta, todo se volvió negro. Cuando abrí los ojos me encontraba en un lugar completamente diferente. La estación estaba llena de gente, pero no parecían percatarse de mi presencia.
1:01:07 Sus ropas eran antiguas, como de otra época. Los trenes llegaban y partían llenos de pasajeros que se movían con precisión mecánica. Todo parecía un sueño. Caminé entre la multitud intentando comprender lo que estaba sucediendo. Hablaba por radio preguntando si ya habían llegado refuerzos. Volteaba para todos lados y me di cuenta de que nadie me había mirado. Era como si fuera invisible. Desesperado, intenté hablar con alguien, pero mis palabras parecían no tener sonido. Entonces vi a un hombre alto, vestido con uniforme de la antigua compañía de Trenes. Me observaba desde otro lado del andén. Su mirada era penetrante y algo en sus ojos me decían que él sabía lo que estaba sucediendo.
1:02:03 Me acerqué a él, pero antes de que pudiera decir algo, el sonido de un tren me hizo girar la cabeza. Era un tren antiguo, de esos que ya no existen. Se detuvo frente a mí y las puertas se abrieron. Sentí una fuerza invisible que me empujaba hacia el interior. El interior del tren se veía muy oscuro y frío. Las ventanas estaban cubiertas de escarcha y un silencio inquietante lo envolvía todo. De repente, las luces parpadearon y el tren comenzó a moverse y la puerta se cerró con un estruendoso golpe. La desesperación me invadió.
1:02:45 Intenté que se dieran cuenta de mi presencia, pero fracasé en el intento. La sensación de estar atrapado en otra dimensión se apoderó de mí, como si hubiera una falla en la Matrix. Todo me parecía extraño y surrealista. Cada segundo que pasaba me sentía más y más alejado de ese lugar, como si estuviera perdiendo el control de la realidad. El aire estaba cargado de. Una. Humedad tensa que me dificultaba la respiración. Miré a mi alrededor buscando algún signo de vida, pero todo lo que vi fueron esos espectros moviéndose sin notar.
1:03:26 Mi presencia era como si estuviera completamente invisible para ellos. Atrapado en una especie de limbo entre 2 mundos, el miedo comenzó a crecer dentro de mí. Mis pensamientos se volvieron caóticos, tratando de encontrar una explicación lógica a lo que estaba sucediendo. La realidad misma se desmoronaba a mi alrededor y me sentía completamente indefenso, desprotegido. Quise gritar, pedir ayuda, pero mi voz se quedó atrapada en mi garganta. Empecé a caminar por el andén, mis pasos resonaban en el vacío. La sensación de irrealidad aumentó y cada vez era más difícil distinguir entre lo real y lo que no lo es. Busqué la salida, pero extrañamente. Me encontraba del otro lado, así que tenía que saltar a las vías para pasar al otro lado del andén. Miré hacia abajo y vi el abismo oscuro y profundo que se extendía ante mí.
1:04:29 Una voz en mi cabeza me decía que diera un paso más, que me adentrara en esa oscuridad infinita. Era una sensación hipnótica, como si algo me estuviera arrastrando hacia el vacío. Comencé a sentir vértigo de estar al borde del precipicio. El miedo se convirtió en una especie de trance y en ese momento una sacudida violenta me sacó de mí ensimismamiento. Escuché voces a lo lejos, aunque apenas pude comprender lo que decían. Me giré y vi a mis compañeros que corrían hacia mí con expresiones de pánico en su rostro.
1:05:12 La realidad volvió de golpe y me di cuenta de que estaba a punto de caer al vacío. Retrocedí rápidamente sintiendo una oleada de alivio de horror. No sé, algo inexplicable. Mis compañeros llegaron a mi lado respirando con mucha dificultad. Me miraron con preocupación y alivio, diciéndome que llevaban 2 horas Buscándome. Me dijeron que había desaparecido sin dejar rastro y que temían lo peor. Asentí tratando de comprender lo que me decían, pero no pude articular palabra. La experiencia que había vivido era demasiado extraña, demasiado irreal para ser compartida. Sabía que si les contaba lo que había visto, no me creerían. Me tacharían de un compañero loco, un maldito policía ebrio. Decidí guardar silencio y mantener la experiencia para mí mismo.
1:06:11 A medida que nos alejábamos del andén, sentí que el mundo volvía a su normalidad. Aunque una parte de mí siempre recordaría ese momento. La sensación de haber estado al borde de otro mundo, de haber sido testigo de algo más allá de la comprensión humana, nunca me abandonaría del todo. Tuve una llamada de atención. Pues me aseguraron que me llamaban por radio y yo les di la ubicación de donde me encontraba. Pero mi voz se escuchaba entrecortada y después como un eco. Nunca les contesté Cuando me volvieron a llamar por la radio.
1:06:53 Nunca volví a ese andén ni hablé de lo sucedido. La experiencia se volvió un secreto para mí. Una prueba de que la realidad es más extraña y aterradora de lo que podemos imaginar. Quizás las personas que han hecho invocaciones en las estaciones abandonadas han abierto portales y una persona que desconoce de eso puede entrar en ellos y perderse para siempre, como casi me ocurre a mí. La curva basado en la anécdota de. El oficial Leandro salas, muy buenas noches. Me llamo Leandro salas, soy policía vial en el estado de Hidalgo y lo que les voy a contar me ocurrió hace ya casi 20 años, pero cada detalle sigue tan fresco en mi memoria como si hubiera pasado ayer.
1:07:54 Era octubre del año 2003. Las lluvias ese año habían sido especialmente intensas y varios tramos de la carretera Federal 85 cerca de Metztitlán sufrían deslaves, accidentes y reportes extraños que llegaban desde los pueblos cercanos. Nuestra unidad tenía asignado patrullar esa ruta, sobre todo de madrugada, para evitar que conductores se accidentarán en la niebla o por alguna falla de asfalto. Aquella noche, alrededor de la 1:30 de la mañana, mi compañero Ismael y yo hacíamos un recorrido lento, atentos a cualquier situación. La niebla era espesa, de esas que parecen tragarse la luz de los faros.
1:08:44 No había tráfico, sólo el sonido del motor y la Radio Chisporroteando de vez en cuando. Fue justo antes de llegar a una curva muy cerrada conocida como la vuelta del diablo, nombrada así no por folklore, sino por la cantidad absurda de accidentes que allí ocurrían. Cuando lo vimos, un hombre cruzó lentamente la carretera, apenas unos metros adelante. De nosotros no corría, no intentaba huir. Caminaba como en trance, vestido con una camisa blanca empapada y pantalón de mezclilla. Su silueta se fue desvaneciendo entre los árboles que bordeaban el Barranco. Frenamos de inmediato.
1:09:31 Ismael me miró en silencio. Ambos sabíamos que teníamos que seguirlo. Descendimos de la patrulla, linternas en mano. No había camino, solo una vieja vereda de árboles húmedos y ramas caídas. Avanzamos con cuidado alertas, pero el silencio era absoluto. No se escuchaban grillos, ni viento, ni siquiera nuestros propios pasos parecían romper el aire denso. Caminamos unos 20 M hasta que el terreno se abrió de golpe en un claro. Era un. Espacio limpio, como si algo o alguien hubiera mantenido esa área despejada durante años. Y al fondo entre 2 árboles enormes, lo vimos un hombre colgado de una cuerda, amarrada a una rama alta, inmóvil, el cuerpo oscilaba levemente como impulsado por el viento inexistente.
1:10:35 No gritamos ni hablamos. Solo nos miramos sabiendo que algo no encajaba. Aún así actuamos por instinto. Ismael Trepó por el tronco con agilidad, mientras yo me preparaba para sostener el cuerpo al soltar la cuerda, cuando lo tomé por debajo de los brazos, su piel estaba helada, tan fría que dolía el tacto. Tenía los ojos abiertos y por 1 segundo, juro que me miró. Ya en el suelo intentamos verificar algunos signos vitales, pero era evidente que estaba sin vida. Su cuerpo tenía rigidez, pero no parecía reciente. Eso fue lo más extraño.
1:11:23 Parecía muerto desde hacía días, pero nosotros lo habíamos visto caminar minutos antes. Volvimos a la patrulla temblando, pedimos refuerzos y dimos la ubicación. Esperamos pedir apoyo médico o que nos indicaran el procedimiento a seguir, pero lo que nos ordenaron fue insólito, retírense del área, regresen inmediatamente al cuartel, no investiguen más. Obedecimos confundidos. El silencio durante el camino de regreso fue absoluto. No entendíamos nada, pero el terror real llegó cuando volvimos a la base y uno de los supervisores nos llamó al despacho. Sobre la mesa colocó una carpeta vieja, polvorienta y sellada. Era un expediente del año 1998.
1:12:20 Dentro había fotografías de un accidente, un hombre que según. El informe se había colgado en una curva de la carretera tras perder a su familia en un choque fatal. Las imágenes mostraban claramente el mismo cuerpo, la misma ropa y el mismo árbol. El cadáver que nosotros encontramos había muerto hacía 5 años. No era una coincidencia, no era un error. Lo que vimos aquella noche fue un espíritu repitiendo el último acto de su vida una y otra vez, tal vez buscando redención, tal vez atado a ese dolor que no lo dejó cruzar del todo.
1:13:07 Y lo peor no fue haberlo visto, sino haberlo tocado. Haber sentido la piel, la rigidez y el peso. Dicen que los fantasmas no tienen cuerpo, que no pueden tocarse, pero yo les aseguro que esa noche el cuerpo que bajamos colgaba de la cuerda con toda la gravedad del mundo. Desde entonces no he vuelto a patrullar ese tramo cada vez que paso por ahí, aún de día, algo en mí se retuerce como si un par de ojos me siguieran desde el monte, como si me esperaran.
1:13:47 Porque cuando una alma queda atrapada, no siempre quiere irse. Sola el turno fantasma, basado en la anécdota de Ramiro cortés, muy buenas noches Alejandro, mi nombre es Ramiro, soy originario de Zacatecas y tengo 54 años. Hoy quiero compartir una experiencia que viví en mis primeros años como policía estatal. Es una historia que siempre me he reservado, no por miedo, sino porque hasta hoy no encontraba quién contarla sin que me tomaran por un loco. Desde niño quise seguir los pasos de mi madre. Ella fue oficial durante casi 20 años. Una mujer fuerte, respetada por sus compañeros. Nunca me habló de las cosas oscuras que tuvo que ver en su trabajo, pero en su mirada siempre noté que algo se quedó encerrado allá adentro, algo que no podía poner en palabras. Pensé que con el tiempo yo entendería ese silencio. No me equivoqué.
1:15:07 Todo ocurrió en 1994. Cuando apenas llevaba 3 meses asignado a la zona sur del Estado en un destacamento temporal que montaron cerca de tlaltenango por una ola de robos a casas de campo, se trataba de una zona despoblada de caminos polvorientos y callejones que desembocaban en el monte. En uno de esos caminos, aislado, existía un antiguo inmueble abandonado. Que la gente del pueblo conocía como la estación 9, una vieja caseta policial que había sido cerrada desde los años 80, después de un operativo fallido del que nadie hablaba. Esa noche me tocó cubrir turno con un compañero llamado Rosendo García.
1:16:02 Era de los que hablaban poco, pero sabían leer el silencio del entorno como nadie. Mientras patrullábamos recibimos un aviso por radio, se había visto a un grupo de personas armadas cerca de una finca abandonada, justo al lado de aquella vieja estación. Acudimos de inmediato. El lugar estaba cubierto de maleza, había una neblina leve bajando del cerro y el aire olía a leña húmeda y Tierra revuelta a lo lejos. Vimos una luz tenue parpadeando supusimos que se trataba de una fogata o alguna linterna.
1:16:46 Cuando llegamos no había nadie, sólo una silueta a lo lejos, parada frente a la vieja estación. Caminamos hacia ella, rosendo y va unos pasos más adelante que yo. Y en cuestión de segundos la figura se desvaneció como si se deshiciera en humo. Pensamos que era. Una alucinación por el cansancio, nos acercamos a inspeccionar la estructura. La puerta estaba entreabierta, los muros agrietados y dentro todo estaba cubierto de polvo, pero parecía como si alguien hubiera estado. Ahí hacía poco había un termo, restos de cigarro fresco y una bitácora vieja sobre una mesa.
1:17:37 Con una hoja que tenía escrito el nombre agente cortés, igual que yo no tuve tiempo de pensar, se escuchó un disparo afuera, corrí hacia donde estaba rosendo, lo encontré tirado a un lado de la patrulla. Tenía una herida leve en la pierna. Decía que lo habían emboscado desde los árboles. Pedí refuerzos por radio y lo llevé a dentro de la estación para cubrirnos. Fue ahí cuando lo vi un hombre alto, con el uniforme viejo de la policía estatal, parado justo donde antes estaba la bitácora.
1:18:22 No tenía rostro visible, solo una silueta definida por el resplandor de la linterna, pero había algo familiar en su postura. En como se sostenía el arma, en la forma en que me miraba no hablaba, pero su presencia lo decía todo, me paré frente a él. No podía moverme. En lugar de atacarnos, levantó su brazo y señaló hacia una esquina del cuarto. Cuando dirigió la luz, vio una trampilla de concreto. La abrí y encontré un túnel viejo. Bajé con cuidado y ahí estaba uno de los sujetos armados que buscábamos inconsciente, con una mochila llena de armas. Los refuerzos llegaron minutos después. Cuando salí, rosendo ya había sido atendido, pero preguntaba una y otra vez quién era el otro agente que me había acompañado en la estación.
1:19:25 Todos lo negaban. Nadie más había estado allí. Y esa noche quedó archivada como un operativo exitoso. Pero yo sabía la verdad. Al día siguiente busqué en los registros viejos sobre la estación. Lo que descubrí me cambió para siempre. En 1981, un agente de nombre Tomás Cortés, mi tío desapareció junto con 2 elementos durante un operativo en esa misma zona. Nunca encontraron su cuerpo. Mi madre nunca me habló de él, quizás porque sabía que algún día el silencio me alcanzaría como a ella. Desde entonces, cada vez que paso por esa zona, algo me llama desde la distancia, como un relevo que nunca terminó como un turno que alguien más sigue cubriendo. ¿El loco del pueblo, basado en la anécdota de Adrián Mendoza, muy buenas noches Alejandro, mi nombre es Adrián Mendoza Rivas, soy policía municipal en Estado de San Luis Potosí y lo que les voy a compartir es algo que muchos de mis compañeros decidieron callar para siempre,
1:20:55 pero yo no, por qué? No todo lo que se esconde tras un uniforme es violencia o rutina. A veces hay cosas que ningún entrenamiento puede explicar. Todo comenzó con un muchacho que todos conocían en el centro. Como el veto tenía veintidos años y una mirada triste que nunca desaparecía. Había crecido en un internado católico después de que su madre enferma terminal. Lo dejara bajo el cuidado del dif, nunca conoció a su padre y según las monjas, desde los 8 años hablaba, solo decía que alguien lo seguía, lo llamaba el silencio, con los años lo dejaron salir del sistema, trabajaba como ayudante de albañil, limpiando vidrios o cuidando coches en la plaza, nunca robó, nunca fue agresivo. Pero de vez en cuando sufría ataques donde hablaba de cosas extrañas e imposibles.
1:21:59 Lo veíamos gritarle al aire, lanzar piedras contra la nada o suplicar que no se lo llevarán. Era esquizofrenia. Eso nos dijeron cada vez que pasaba nos llamaban, íbamos lo calmábamos, le dábamos agua y lo llevábamos a descansar a la estación. Teníamos ya sus medicamentos listos. Era parte del protocolo, parte de la costumbre, hasta que esa noche lo cambio todo. Eran cerca de las 2:00 de la mañana y patrullaba con mi compañero santos. Pasábamos por una colonia olvidada, de esas, con calles rotas y postes apagados.
1:22:45 Cuando escuchamos un grito desgarrador, reconocí la voz. Era el veto. Lo encontramos en una esquina. Agitado, con un tubo en las manos. Frente a él, un muchacho joven, pálido y temblando con la camisa rasgada. Parecía una agresión directa. Beto gritaba Maldecía, pero no parecía. Él parecía otra cosa. Hablando desde su cuerpo, lo neutralizamos con rapidez. El otro sujeto se alejó corriendo sin decir una sola palabra. Con los ojos llenos de un miedo que todavía no olvido, nos llevamos a veto de inmediato no decían nada, solo lloraba una lágrima que no paraba. Lo metimos en el cuarto donde usualmente se quedaba, le dimos sus pastillas y cerramos con seguro. Pensamos que dormiría unas horas y al despertar estaría tranquilo.
1:23:45 Pero no fue así. A los 30 minutos escuchamos golpes y gritos, al igual que súplicas. Fui el primero en llegar. Al abrir la puerta lo encontré sin vida. Beto yacía en el suelo, con los ojos abiertos y la cara construccionada por un miedo inhumano, como si hubiera visto algo tan oscuro que su corazón no pudo soportar. Dicen que fue un paro cardiaco. Pero lo que vimos nos persigue hasta el día de hoy. Santos estaba justo detrás de mí cuando ocurrió. Ambos lo vimos en la esquina del cuarto, junto a la sombra que proyectaba la lámpara rota. ¿Había alguien más?
1:24:32 Era el mismo muchacho que esa noche. Escapó de la agresión, pero ya no era un joven asustado. Su rostro era una máscara demoníaca. Plagada de cicatrices sin labios, con dientes desiguales que sobresalían de su mandíbula abierta en una sonrisa atroz, nos miró por unos segundos como si se burlara y después se desvaneció como si fuera humo absorbido por la pared. No dijimos nada, solo cerramos la puerta. Atónitos con el frío, recorriéndonos la columna.
1:25:13 Después los peritos vinieron, hicieron lo suyo y el caso se cerró sin más preguntas. Pero lo peor fue al día siguiente, revisando las cámaras, uno de los agentes del turno matutino notó algo raro justo cuando la puerta de la celda se cerró la noche anterior en un cuadro en la pared. Un reflejo capto un rostro que no estaba ahí. Era el mismo el muchacho, pero en ese instante estaba detrás de beto susurrándole algo. La imagen se perdió y el archivo se corrompió. Hoy, cada vez que paso por ese cuarto vacío, siento que alguien me observa.
1:25:58 No hay Cámara allá dentro, pero se escuchan murmullos cuando todo está en silencio, como si alguien hablara solo. Como si alguien te esperara allí. A veces me pregunto si beto realmente estaba loco o si fue el único lo suficientemente cuerdo para ver aquello que nosotros no podemos. Tal vez el silencio del que hablaba no era una alucinación, sino un visitante que eligió quedarse. Mi extraña compañera basado en la anécdota del oficial Carlos Ruiz, muy buenas noches a toda la Comunidad. Mi nombre es Carlos Efraín Ruiz.
1:26:46 Soy policía activo en el estado de Querétaro. Y lo que. Voy a contarles, no es un mito urbano ni una leyenda vieja, me pasó el año pasado. Y todavía me cuesta contarlo sin sentir ese nudo en el estómago. No sé si fue suerte o maldición, pero estuve en el lugar y momento exacto donde algo cambió mi percepción de la realidad para siempre. Todo comenzó con la llegada de una nueva compañera al destacamento. Su nombre era Natalia Márquez. Venía transferida desde Celaya por una recomendación directa. De un alto mando. Nadie sabía mucho de ella, excepto que tenía una hoja de servicio impecable. Sería metódica y extrañamente callada. No tardó en ganarse el respeto de todos. Una noche, mientras hacíamos la ronda habitual por la zona industrial, un lugar lleno de bodegas abandonadas y talleres cerrados desde hace años.
1:27:50 Ella me pidió que tomáramos un desvío hacia un antiguo complejo textil clausurado desde 1990. Me dijo que había recibido un reporte anónimo de que alguien merodeaba por ahí. No suena urgente, pero accedí. Era poco común que ella hablara con tanta iniciativa. Cuando llegamos, el portón oxidado se abría con facilidad. Adentro solo había oscuridad, ladrillos húmedos y oloramo. Al centro del. Complejo, aún quedaban los vestigios de los baños, templeados, lavabos, espejos rotos y charcos en el suelo.
1:28:35 Ella me pidió que la acompañara a revisar ese lugar. No entendía porque tenía tanto interés, pero acepté. Una vez dentro apunté mi linterna, los espejos. La mayoría estaban rajados, pero uno permanecía intacto, casi brillante. Me detuve frente a él por inercia, y ahí fue cuando noté lo imposible. Mi reflejo no se movía. Yo giré la cabeza lentamente, parpadé, incluso levanté el brazo, pero la figura en el espejo SEGUÍA viéndome completamente inmóvil.
1:29:16 ¿Lo estás viendo? Murmuré sin Voltear, pero no hubo respuesta. Al girarme para hablar con Natalia Noté que se había lijado unos pasos mirando fijamente uno de los cubículos del baño. Su rostro estaba pálido, la linterna temblaba en su mano. Le pregunté qué pasaba y solo me dijo, él está ahí, detrás de TI. No quise mirar, pero el reflejo sí lo hizo. En el espejo detrás de mí apareció una figura, al principio como una sombra alta, delgada, de piel humana y sin rostro, solo 2 ojos profundos como pozos secos. Me giré de golpe y no había nada, pero el espejo seguía mostrándolo de pie, a escasos centímetros de mí. Natalia me jaló del brazo y me pidió que saliéramos de inmediato.
1:30:13 Su tono era urgente, casi suplicante. Cruzamos el complejo a paso rápido. Yo no podía dejar de mirar hacia atrás. Lo peor no era el miedo, sino la sensación de que aquello nos seguía y que no necesitaba caminar para alcanzarnos. Una vez en la patrulla nadie dijo nada. No encendimos la radio, solo manejamos en completo silencio de regreso para la comisaría. Pensé que todo terminaría ahí, pero no fue así. 2 días después, Natalia se me acercó durante el turno de la noche, me pidió hablar a solas.
1:30:57 Fuimos a la azotea. Ahí, sin rodeos, me dijo lo siguiente, lo que viste no vive en el espejo, vive en ti el reflejo. Solo te mostró lo que ahora ya está contigo. No supe qué decir. Ella solo agregó una advertencia, no vuelvas a Verte en un espejo a solas. Si alguna vez notas que tu reflejo parpadea antes que tú, será demasiado tarde. Tengo miedo y quiero decirles que desde entonces he cubierto todos los espejos de mi casa. No entro sola a ningún baño sin sentir esa presión en la nuca y en las noches más largas.
1:31:41 Hay algo que escucho en el reflejo de las ventanas, un golpe suave, como si alguien del otro lado esperara su momento para entrar. Es algo muy extraño. Ya fui a limpiarme del susto y que me ayudaran, pero solo me dicen que hay algo muy fuerte, atado a mí. Mi compañera a los meses se cambió de base, no sé si ella sea la responsable, me despido. No sin antes agradecerles por escuchar mi experiencia. Y si alguien pudiera ayudarme, los leo en los comentarios. Gracias por el espacio buenas. Noches. Muy buenas tardes, comunidad de Inframundo, soy Sofía Amezcua. Por años trabajé como afanadora.
1:32:36 En una Comisaria en donde radico tenía el turno de la tarde y en ese horario era cuando más movimiento de personal o personas que eran trasladadas por algún delito. La Comisaria cuenta con 2 pisos y la mayor parte de mi trabajo siempre me tocaba laborar en el primero. Nadie quería trabajar ahí y menos en la parte trasera donde se encontraban las celdas. Pero había un espacio que se adaptó para guardar documentos, un archivo muerto. Ahí nadie quería entrar. Decían que espantaban, que ahí había algo. Se miraban cosas que para muchos les horrorizaba no ingresaban y dejaban las cajas fuera del archivo. Estas con el tiempo se iban acumulando al final del. Y cuando de plano se llenaba o las cajas se derrumbaban, era cuando mandaban a alguien para que los archivaran. Mi jefe me pidió que sacara todas las cajas vacías, pues unos oficiales meterían los documentos. Me ordenó que lo hiciera rápido y que en cuanto terminara lo buscara que no les ayudara a los oficiales cuando ellos comenzaran a trabajar.
1:33:56 Y así lo hice aquel sitio. Olía mucho a humedad aparte, que las lámparas parpadeaban y había sitios en que la luz no alcanzaba iluminarlo todo, la verdad. Me sentía abrumada y observada. Me sentía nerviosa. Era como si no estuviera sola ahí y que alguien se encontraba conmigo. No sé cómo explicarlo, pero espero y me entiendan cómo se los contaré. Pareciera que ahí había alguien vigilando, acechando desde alguna parte del archivo, como si se encontrara en todo el sitio por los pasillos, divididos por altos Anaqueles con cajas. Era como si de las mismas paredes o del suelo fuera a salir algo.
1:34:48 Cada momento que pasé ahí dentro sentía ganas de llorar por el miedo. La verdad, no supe ni cómo terminé de sacar lo que se me ordenó. Creo que me faltó de hacer bien mi trabajo, pero no me importó. En cuanto ingresaron los oficiales, yo salí casi huyendo de ahí y no me lo tomaron a mal. Durante un receso, una de las compañeras me pregunto si era verdad que en las paredes de aquel cuarto se apreciaban rostros. Yo le contesté que no había visto nada, pero sí les conté lo que había sentido dentro del archivero.
1:35:28 Nunca supe que había sucedido ahí. Yo creo que nadie lo sabe. Lo que cuentan es que antes de ser el archivo muerto, ahí eran el área de las celdas para los reclusos. Pero con la renovación se optó por ocupar de otra manera el espacio que había quedado libre. Sufrimiento, muerte, desesperación y muchas emociones, quizás. Quedaron impregnadas en las paredes de lo que fueron celdas o quizás los rostros de aquellos que les arrebataron la vida. Créanme que hasta la fecha de mi último día de trabajo en esa comisaría ya no quise volver a entrar. Ahí ya faltaba poco para que se volviera a llenar de cajas ese pasillo, cuando nuevamente mandarán al personal para que las guardaran.
1:36:23 Yo ya no estaría ahí, aunque si me hubieran enviado antes de haber tomado la decisión de renunciar, yo creo que habría adelantado mi renuncia. Ni de loca volvería a pasar por la misma experiencia. Yo no sé por qué no han llevado a un sacerdote o han hecho algo para que esos rostros que allí se aprecian desaparezcan por completo. Hola Alejandro, saludos a la audiencia. Espero puedas narrar mi historia. Trabajo ya desde algunos años como policía preventiva.
1:37:06 Ya para mí es normal que tenga sucesos paranormales, más cuando estoy en el turno nocturno. Esta experiencia que les contaré la tuvimos mi compañero de aquel entonces. Su nombre era Nelson. Mi nombre es David Aranda, soy del estado de Tamaulipas. Fue en el 2005 cuando un grupo de vecinos puso una queja. A un lado de un taller mecánico se encontraba el remolque de un tráiler que al parecer lo habían abandonado. Los vecinos habían sido claros en sus relatos se escuchan voces adentro.
1:37:49 Nos habían dicho en cuanto llegamos al sitio con ojos bien abiertos por el miedo, pues desde hacía tiempo unos hombres llegaban con bolsas de comida y garrafones de agua, pero repentinamente dejaron de hacerlo. Ni Nelson ni yo solíamos dejarnos llevar por rumores. Sin embargo, había algo en la insistencia en aquellas personas que nos había inquietado. Pues también se llegaron a escuchar el llanto de niños. El crujido de las bisagras resonó en el aire quieto de la noche, cuando abrimos la puerta del taller mecánico. Los focos intermitentes del coche patrulla iluminaban la escena mientras Nelson se acercaba al camión estacionado frente al local.
1:38:40 Era un vehículo oxidado, de esos que parecían haber visto mejores días hace décadas. Mira esto, dijo Nelson apuntando con su linterna al suelo polvoriento. Las huellas alrededor del camión indicaban que llevaba allí al menos 2 semanas, tal como nos habían dicho, y desde entonces nadie lo había movido, el aire alrededor del camión era denso. Tenía el presentimiento de que las personas, las cuales escuchaban los vecinos de esa calle, ya hubiesen muerto. Así que de una o de otra manera, me preparé para encontrar una escena de lo más horrible. Respiré hondo y me acerqué a la puerta trasera del remolque, los sonidos de la noche, los lejanos aullidos de los perros, el chirrido de los grillos.
1:39:39 Parecían apagarse al acercarse al camión mientras me preparaba para abrir la caja del camión. Nelson se observaba ansioso, cuando logramos abrir las puertas traseras del camión, lo que encontramos no era lo que esperábamos. El lugar estaba vacío. No había nada en el interior que pudiera explicar los sonidos que los vecinos decían haber oído. Ambos estábamos desconcertados. Sin embargo, una sensación de tristeza y desesperación se sentía en el interior de esa caja. Era como si el aire dentro del camión estuviera cargado de emociones intensas, desolación y muerte. Encendí mi linterna y la pase por el interior. No había rastros de ocupantes recientes ni signos de que alguien hubiera estado allí recientemente, pero la atmósfera era opresiva.
1:40:41 Una sensación de vacío y dolor llenaba el espacio casi palpable. Que demonios transportaron aquí le susurré a Nelson, quién me juró que lo más probable era que transportarán indocumentados. Dentro del remolque se apreciaban unas cajas de madera. Así que no me quedó de otra que revisarlas para cerciorarme que se encontraba vacío. Pero para nuestra mala suerte no era así. En la pila de cartones y cubierto por las cajas se encontraba el cuerpo de un joven no mayor de 25 años. Estaba sucio, sus pantalones con grasa y aceite, su camisa también tenía manchas, pero eran de sangre.
1:41:27 Aquel era un indocumentado. Pero al parecer no viajo solo, pues había restos de pañales y comida. Algo horrible sucedió ahí. Nelson dio parte para que mandaran a los forenses, pues ese caso ya era de ellos. De vuelta en la comisaría, comenzaron a investigar el origen del camión. La matrícula reveló que pertenecía a una compañía de transporte que había cerrado sus puertas hacía más de un mes. Hablaron con antiguos empleados, quienes mencionaron vagamente que el último envío había sido extraño, este venía desde el Estado de Chiapas, lo habían reportado como robado desde hacía 2 meses, para mí muy mala suerte, algo se me pegó esa madrugada.
1:42:22 Pues sentía como si trajera sobre mis hombros algo muy pesado. Todos. Los días que me retiraba mi casa por las mañanas, después de haber terminado mi turno, sentía un bajón de energía. A una semana después de lo sucedido, Nelson y yo fuimos con una amiga nuestra que nos hace limpias no solo a mí, sino. A varios compañeros. Doña Nicole le dijo a Nelson que a él no se le había subido algún muerto, solo a mí, pues fui el que subió al remolque. Me preguntó si había tomado algo de lo que ahí había. Le contesté que no, pero le conté lo que había visto y aparte que la caja estaba muy sucia y posiblemente haya pisado sangre mientras estuve recorriéndola en búsqueda de otro cuerpo.
1:43:17 Doña Nicole comenzó a barrerme con unas hierbas y una piedra de alumbre. Instantáneamente imágenes comenzaron a fluir en mi mente, rostros distorsionados por el miedo, gritos silenciosos, manos extendidas. En un vano intento de escapar. Sentía el corazón latiendo acelerado. Fue cuando doña Nicole me dijo que me sentara porque estaba a punto de caer. Después de haberme calmado y de que aquellas náuseas se me quitaran, doña Nicole me dijo que el conductor, un tal Javier, desapareció después de ese último viaje, abandonando el camión en ese taller sin que los vecinos se hayan percatado.
1:44:04 Sacaron a las personas en 3 Grupos, pero por desgracia un indocumentado estaba enfermo y por falta de atención médica. Falleció en ese remolque. Por desgracia, su alma quedó atrapada en ese sitio, al igual que otras antes de él, y va a quedar por mucho tiempo atrapado en ese bucle, porque aún no era su tiempo. Nelson y yo mirábamos a doña Nicole con una mezcla de sentimientos encontrados, pues las almas de aquellos que fueron transportados en él están atrapadas. Incapaces de encontrar paz, he trabajado como investigador desde hace ya 9 años, pero antes de esto era policía patrullero, como ustedes gusten llamarlo.
1:44:58 Mi nombre es Enzo Gutiérrez y esto es algo que nunca olvidaré. Ya habíamos tenido muchas noches muy agitadas esa semana en la Ciudad de México, pero esa noche tampoco sería tranquila. Se sentía en el ambiente y mi compañero siempre estaba intranquilo, lo noté muy alterado. Cuando recibimos la llamada, mi compañero y yo estábamos patrullando las calles de nuestra ciudad, una rutina habitual que era raramente tranquila. Os informaron de un posible ladrón en una tienda cerca del lago de Chalco. Un lugar que para esas horas de la noche se escuchaba el sonido del agua y los grillos rompiendo el silencio. Llegamos al lugar y nos encontramos con la puerta de la tienda forzada.
1:45:50 Sacamos nuestras linternas y avanzamos con cautela. La tienda estaba en completa penumbra, los estantes desordenados y productos tirados por el suelo. Una sensación de malestar se apoderó de mí. No era la primera vez que lidiaba con un ladrón, pero algo en el ambiente me ponía nervioso. Mientras explorábamos el lugar, oímos un ruido proveniente de la trastienda. Nos dirigimos hacia allá esperando encontrar a alguien tratando de ocultarse. Lo que vimos nos dejó sin aliento en un rincón oscuro.
1:46:31 Una figura se movía con una fluidez antinatural. A primera vista parecía humano, pero cuando la luz de nuestras linternas lo iluminó por completo, comprendimos que estábamos frente a algo muy extraño. La criatura tenía la piel escamosa y verde, ojos amarillos y pupilas verticales que nos miraban con una intensidad fría y calculadora. Era alto. Con extremidades largas y musculosas, por un momento ninguno de los 2 pudo moverse. Paralizados por el terror y la incredulidad, la criatura emitió un sonido bajo un gruñido que parecía reverberar en el espacio cerrado.
1:47:22 Reaccionamos por instinto intentando capturarlo, pero su velocidad y fuerza eran sorprendentes. Se movía con agilidad. Hombre o lo que sea que fuera, esquivaba nuestros intentos de atraparlo. Finalmente, en un último esfuerzo desesperado, la criatura rompió una ventana y se escabulló hacia la oscuridad del exterior, dejándonos atónitos y sin aliento. Regresamos a la comisaría para informar de lo sucedido, pero nuestros compañeros se mostraron escépticos. Nos escucharon, pero sus expresiones dejaban claro que no nos creían ni una sola palabra. Para ellos era simplemente una historia imposible. Recibimos críticas por parte de nuestros superiores y compañeros.
1:48:12 Nos despidieron con miradas de burla y preocupación. Como si temieran que por nuestra cordura estaba pasando algo. Sin embargo, no tardaron en llegar más informes. Varios residentes comenzaron a reportar avistamientos de una criatura similar saliendo del lago cercano. Las descripciones coincidían, una figura de un hombre que en vez de piel tenía escamas moviéndose con rapidez, que no era humana. Las autoridades no podían ignorar estos testimonios y finalmente se decidió abrir una investigación. Participar en esa investigación fue algo bastante horrible, una pesadilla.
1:48:59 Más que nada nos dirigimos al lago. Sus aguas oscuras y sus orillas solitarias parecían esconder un mal incomprendible. Exploramos el área con un equipo de búsqueda rastreando cualquier pista que pudiera explicar los avistamientos. Lo que descubrimos en las profundidades de lago y también en una de sus orillas, fue algo sacado de las peores pesadillas, una cueva oculta entre la vegetación, con símbolos extraños, figuras de reptiles y un hedor a muerte que llenaba el aire. Dentro de la Cueva encontramos restos de animales y, lo que era aún más perturbador, huesos humanos.
1:49:48 El horror de la situación era innegable. Esta criatura o tal vez criaturas, habían estado usando la cueva como guarida. Las evidencias de rituales y sacrificios apuntaban a algo mucho más siniestro que un simple ladrón. Parecía que estábamos lidiando con una especie de culto oscuro o algo más. Intentamos mantener la calma y recopilar la mayor cantidad de información posible, trabajando de manera que no tuviéramos a personas ajenas en el caso. Aunque el miedo era palpable entre el equipo, más cuando se veían algunas sombras que parecía moverse bajo el agua y el sonido en el lago era ahora algo aterrador. La tensión creció cuando encontramos un túnel que se adentraba aún más en la Tierra.
1:50:39 Decidieron explorarlo. Entré en pánico cuando nos avisaron que ya tenían los posibles candidatos para hacerlo. Cuando escuché mi nombre casi me desmayo. No quería entrar en ese túnel, pero como mi compañero y yo fuimos los que dimos parte, en este caso me tocó la de malas en acompañar a los topos. El solo imaginarme que estaríamos bajo la Tierra me aterraba, pero no me quedó de otra que entrar. El túnel nos llevó a una Cámara más amplia, iluminada por algunas velas que parecían haber sido encendidas recientemente. En el centro, un altar de piedra con inscripciones en un idioma que jamás había visto o escuchado.
1:51:25 Y ahí rodeado en el altar, más figuras reptilianas. Eso fue lo que dijo el experto cuando las tenía en sus manos. No sabíamos si eran conscientes de nuestra presencia, pero nos movimos con extrema precaución. Logramos tomar algunas fotografías y grabaciones antes de que algo se diera cuenta de nuestra presencia al salir de la cueva. Sabíamos que nuestra vida cambiaría para siempre. Lo que habíamos visto no podía ser explicado ni comprendido fácilmente. Nuestra ciudad escondía algo, algún secreto. A nosotros nos retiraron de ahí, vimos como sacaban todo de esa cueva y en menos de 1 hora ya estábamos camino a otro sitio. Los informes fueron clasificados y nos ordenaron mantenernos en silencio.
1:52:19 Lo que descubrimos no debía salir a la luz. La explicación oficial fue una serie de accidentes desafortunados y avistamientos erróneos. Y se nos advirtió que nuestras carreras dependían de nuestro silencio. De haber sido un simple patrullero, ahora estaría metido en un grupo de investigación. Hasta la fecha me sacaron de la calle y mi compañero está detrás de un escritorio haciendo trabajo de oficina. Y cuando nos preguntan sobre aquel robo, lo único que contestamos que quizás ya habían agarrado al ladrón en otra comisaría. La vida continuó en la ciudad como si nada hubiera sucedido, pero para mí, mi compañero, la realidad había cambiado irrevocablemente.
1:53:05 Sabíamos que esto era un reptiliano, que esa noche era el que se había metido a robar. Sé que el mal sigue ahí, oculto bajo la superficie tranquila de algún lago, y que algún día podría regresar para reclamar más vidas. En la actualidad, el sitio está derrumbado. No se ve señal alguna de lo que ahí descubrimos, pero les puedo asegurar que ese ser aún se encuentra En algún lugar del lago de Chalco. Muy buenas noches a todos. Mi nombre es Gabriel Alonso. Soy oficial de policía desde hace 7 años. Tengo una niña de 5 años.
1:53:51 Su nombre es Michel. Y es por ella que sólo trabajo por las noches, ya que durante el día me da el tiempo de estar con mi tesoro. Mi compañero René y yo patrullamos las calles, a veces desiertas de nuestra Natal Panamá. Nos hemos enfrentado muchas ocasiones en situaciones muy extrañas en las cuales hemos salido corriendo del sitio, esto porque algunas de ellas no tienen explicación alguna. Una noche del mes de octubre la lluvia caía con fuerza. Cuando recibimos la llamada en la estación de policía, varios inquilinos de un edificio cercano habían reportado sonidos extraños provenientes de un departamento deshabitado. Lo primero que se me vino a la mente fue que iba a lidiar con uno que otro amante de lo ajeno.
1:54:48 Así que dejé a un lado mi café y decidí responder al llamado. Era ya muy noche y cualquier distracción de la monótona patrulla era bienvenida. El edificio estaba a unas cuantas cuadras del sitio donde mi compañero Arturo y yo nos encontrábamos. El edificio era una estructura antigua de 5 pisos. René Estacionó la patrulla y ambos nos adentramos en el vestíbulo, un aire de abandono y desasosiego impregnada el lugar. Y el conserje, un hombre de edad avanzada, nos recibió con una expresión de preocupación, es el apartamento 3 B oficial, dijo. Él no se veía preocupado ante la situación. Siempre pasa lo mismo, nadie dura mucho tiempo allí, terminó diciendo mientras estaba señalándonos las escaleras, pues el elevador estaba fuera de servicio. El sitio olía a humedad, pero cuando subimos al segundo piso nos llegó una horrible peste.
1:56:03 ¿Cómo pueden vivir con ese olor? Me preguntaba mientras me cubría mi nariz con mi Antebrazo. Intentaba mantener la calma mientras subía las escaleras. El del tercer piso estaba oscuro y el sonido de nuestros pasos resonaba. Al llegar a la puerta del 3 B René giró la perilla de la puerta. Todo estaba oscuro. Como protocolo, debemos avisar que ingresaremos a la vivienda. El apartamento estaba vacío, tal como los informes indicaban el aire. Era denso ahí dentro, cargado de una sensación indescriptible que hacía que la piel se me erizara mientras recorríamos las habitaciones.
1:56:50 En el baño se escuchaban lo que parecían ser llantos apagados. Eso hizo que me estremeciera de manera que hasta mi mano tembló, que hasta la lámpara casi se me caía. La temperatura había descendido de manera abrupta y sentí una presencia detrás de mí. Me giró lentamente y la linterna iluminó la figura de un hombre o lo que alguna vez fue un hombre. Su cuerpo estaba deforme, retorcido, en ángulos imposibles, y sus ojos reflejaban un dolor profundo e insondable. El miedo no solo me paralizó momentáneamente a mí, sino también a mi compañero.
1:57:37 Con un grito ahogado, corrí hacia la puerta, seguido por René, quien me gritaba que corriera más rápido. Al llegar al vestíbulo nos encontramos con otros compañeros, quienes habían llegado alertados por mis gritos. ¿Qué pasó? Preguntó uno de ellos. ¿Hay algo en ese apartamento? Contesté con voz temblorosa. Un hombre o lo que queda de él. Sus compañeros intercambiaron miradas, pero no parecían sorprendidos. Siempre es lo mismo en este edificio, dijo uno de ellos. Cada vez que alguien entra en ese departamento, algo lo sigue. La mayoría no dura mucho tiempo después de eso. Eso quería decir que René y yo no éramos los únicos que han tenido la mala suerte de ver ese fantasma. No comprendía si ya los inquilinos saben lo que sucede porque seguían llamando eso.
1:58:41 Le pregunté a mi jefe en la mañana cuando le conté lo sucedido. El me dijo que se tenía que atender el llamado no fuera que en verdad alguien entrara en él y que en verdad necesitara que lo sacaran de ahí, no muy conforme con su respuesta antes de dirigirme a casa. Llegué al edificio para verlo de día y saber que había sucedido en ese departamento. En la entrada se encontraba un hombre no mayor a los 35 años y le conté lo que había sucedido esa noche. Ah, don Sebas, me dijo con una sonrisa nerviosa al dueño de ese departamento.
1:59:26 Lo asesino, su propio nieto. Un chico que, por desgracia, consumía estupefacientes, lo asesinó brutalmente cuando el anciano no le quiso dar dinero para comprar sus vicios. El anciano era un hombre encorvado por la edad, apenas si caminaba. Al hacerlo arrastraba sus pies, así que no pudo huir del nieto cuando este lo atacó. Esos sucesos se repiten de vez en cuando, pero cuando se dan. En verdad es horrible escuchar los gritos del anciano. Todos los objetos parecieran caer estrepitosamente, pero ahí no hay nadie con vida para que eso suceda.
2:00:10 Los familiares, después de la muerte del anciano, estuvieron viviendo casi 6 meses, pero ni ellos toleraron lo que ahí sucede. Así que se fueron, lo han rentado y tampoco duran los inquilinos. Le pregunté si sabía algo del nieto del señor. Me contó que cuando salió del departamento, después de haber acabado con la vida de su abuelo, salió corriendo y jamás se volvió a saber de él. Las llamadas que se hacen a la comisaría es cuando hay nuevos inquilinos en el edificio y que no saben la historia de ese departamento. Porque si lo supieran antes de rentar alguno en el edificio no lo hicieran. Le di las gracias y salí del edificio. Tenía la intención de entrar en el ya que era de día, pero algo me dijo que no lo hiciera.
2:01:06 Cuando me dirigí a mi auto, mire hacia arriba del edificio tratando de ubicar el departamento, pero lo único que se apreciaba era la silueta de un hombre asomándose por las cortinas. Me dio un escalofrío que mejor me fui de ahí. Las llamadas han seguido haciéndose, pero cuando es de ese edificio no las contesto. No deseo volver a pasar por aquella experiencia que tuve con mi compañero, con esa aparición. Muy buenas tardes a todos. Mi nombre es Antonio Quiroz, soy policía.
2:01:48 La anécdota que les contaré es de un antiguo compañero que trabajó como policía municipal. Esta es una historia que se cuenta entre los mismos policías. La primera vez que me contaron sobre un compañero, al cual no se le tenía aprecio alguno, el disgusto entre ellos cuando lo nombraban era evidente. Su nombre era paulino, los compañeros lo apodaron el mañas. Paulino había sido policía por más de 10 años. Ninguno de sus compañeros de aquellos años querían trabajar con él.
2:02:30 Esto porque paulino tenía muy malas costumbres. Era de esos policías que si veía algún objeto de valor en el lugar de los hechos se lo llevaba con él. Es por eso que le apodaron el mañas. Yo les comenté que quizás paulino era cleptómano, pero molestos contestaron que era mañoso. Y los jefes sabían lo que era. Cabe aclarar que no era la gran cosa que se robará o que en los hogares a los que iban, cuando se les notificara por radio de algún suceso y tenían que acudir, él sabía a quienes le podía quitar alguna pertenencia algún herido en accidentes vehiculares.
2:03:18 Alguien que no pudiera defenderse en esos momentos que sucedían las desgracias, le gustaba más robarles a los que fallecían en el lugar de los hechos. En una ocasión hubo un accidente en el cual un ebrio se pasó un semáforo que marcaba el alto para él, pero por desgracia no lo hizo. No se detuvo y se impactó en otro auto en el cual iban 3 señores adultos, 2 fallecieron al impacto y el otro tuvo que ser trasladado a un hospital. Los otros 2 fueron llevados a la morgue.
2:03:59 Su compañero de ese tiempo contó que paulino comenzó a buscar entre las prendas de los fallecidos, carteras y lo que tuvieran de valor para hurtarlo. Pero lo que ambos no sabían que los de la ambulancia le habían quitado ya sus pertenencias cuando los vieron llegar. Sí, ya la mala fama lo seguía por todos lados. Estando en el anfiteatro, paulino estaba molesto mentándoles a los de la ambulancia por haberle ganado con las prendas de valor. Por más que buscó, no encontró cuando llegó la esposa y la hija de uno de los difuntos. Ambas mujeres reconocieron los cuerpos. De los 2 fallecidos, uno era el esposo y padre de ellas, el otro era un amigo de la familia, a la cual ya se le había notificado. Uno de los de la ambulancia llegó y les entregó las pertenencias del marido.
2:05:02 El mañas no disimuló su enojo. Tanto su compañero como el paramédico lo miraban con cierta burla. Pero cuando la señora Desabrochó el pantalón del marido y de este sacó una bolsa oculta con fajos de billetes, el mañas se encolerizó más y con la intención de hacerse de ese dinero le dijo a las mujeres que tenían que entregar eso, pues ellos tenían que dar parte de lo que eran las pertenencias de los occisos, pero ni el paramédico ni su compañero se lo permitieron. Así como las 2 mujeres, pues estas no se dejarían intimidar por el oficial.
2:05:47 El paramédico les dijo a las mujeres que se podían retirar y que podían comenzar con los trámites para que el cuerpo fuera llevado a la funeraria. Cuando eso sucedió, el oficial ya no quiso seguir trabajando al lado de Paulino, así que le asignaron a otro, el cual. Es el que contó lo que una noche le sucedió a el Mañas. Una noche, Ramiro y el mañas se encontraban a unas calles cuando habían sido llamados a una escena de crimen. En un callejón oscuro. Un hombre había sido apuñalado en repetidas ocasiones.
2:06:30 Su cuerpo, aún caliente, yacía entre la basura y los desperdicios. Los paramédicos ya habían hecho su trabajo. Y la multitud curiosa había sido dispersada. Ramiro contó que miró a su compañero, que volteaba para todos lados, como asegurándose de que nadie lo observaba. El mañas se inclinó sobre el cadáver y Ramiro notó cómo le quitaba una cadena de oro que se encontraba debajo de la camisa ensangrentada del hombre. Sus dedos, rápidos y hábiles, la arrancaron. Y un anillo con una piedra preciosa.
2:07:11 Pronto siguió Ramiro sintió mucho enojo al comprobar era verdad lo que se decía de aquel compañero. Paulino se dio cuenta que Ramiro lo había visto todo y con una sonrisa cínica y de triunfo le aseguró que el muerto ya no las necesitaría con las joyas guardadas en su bolsillo, el mañas. Regresó a su coche patrulla. El oficial intentó deshacerse de las joyas vendiéndolas a un conocido en el mercado negro. Fue cuando el mañas comenzó a experimentar sucesos que lo hicieron perder la cordura.
2:07:55 Este contaba Ramiro que veía como una sombra oscura lo seguía a todos lados. Tenía miedo, pues él decía que era la muerte que le andaba rondando. Iba a misa los domingos a la parroquia de su colonia. En los momentos que se encontraban patrullando las calles, se detenía en las iglesias, entraba y tardaba hasta 1 hora en salir. Si pasaban por las iglesias, ya fueran 3 o 2 veces al día, aunque fuera la misa, hacía lo mismo, descendía de la patrulla y entraba en la Iglesia el Mañas. Poco a poco.
2:08:36 Fue adelgazando hasta haberse consumido y quedarse en los puros huesos. Su esposa contó en su funeral que paulino tenía miedo. Cuando llegaba la noche, le juraba a su esposa que una sombra oscura lo seguía por todos lados. Sus ojos eran de un rojo que parecían las llamas del infierno. Yo al inicio pensé que. Esa era una historia en la comisaría para que no tuviéramos la intención de andar tomando lo que no era nuestro. Pero en una de las paredes se encuentran las fotografías de los compañeros, imágenes que cuentan historias de los sucesos que han pasado en esta ciudad y allí se encuentra una del año de 1979.
2:09:27 En ella hay 5 oficiales y uno es paulino el mañas. Y fue cuando me di cuenta que no era una historia inventada entre los compañeros. El mañas existió y su mala fama, a pesar de que ya han pasado varias décadas, aún se sigue contando lo que hacía como policía.
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