Historias de Terror de TRAILEROS │ LA MUJER DE LA SALINERA │ INFRAMUNDO RELATOS
Historias de Terror, Leyendas Espantosas y Relatos Paranormales: Esta noche te comparto 4 Historias de Traileros espantosas donde lo paranormal, el misterio y lo desconocido relucen cuando la oscuridad inunda las carreteras de todo México.Los Relatos de Esta noche incluyen: LA MUJER DE LAS VIAS | 4 Historias de Traileros Aterradoras🎧 Disfruta de:00:00 HISTORIAS DE TRAILEROS01:14 EL ESPANTO11:12 LA MUJER DE LAS VIAS21:12 EL ÚLTIMO VIAJE28:27 LA BRUJA DE LA CARRETERALos relatos de esta ocasión están relacionados con:Historias de Terror de Traileros, relatos de terror de traileros, historias de traileros, relatos de traileros, historias de terror en carreteras, historias para carreteras, relatos para carreteras, cuentos para carreteras, traileros, camioneros, carreteras.#terror #históriasdeterror #traileros #misterio #carreteras
0:07 Muy buen día, tarde o noche. Espero se encuentre muy bien del otro lado de la pantalla. Quizás ya se está preparando para ir a trabajar haciendo un rico café. Va en pecero en taxi o quizás en metro. ¿Tal vez va conduciendo un Uber? Pues precisamente estas historias son para usted. El día de hoy le voy a contar cuatro aterradoras historias ocurridas a Traileros en carreteras malditas, carreteras peligrosas de México. Espero sean de su total agrado. Mi nombre es Alejandro y esto es Inframundo. Aquí comenzamos.
1:08 Saludos a todos. Me llamo Antonio de Jesús Lamas, soy trailero, tengo 18 años trabajando para una empresa de materiales para construcción. Mi hermano Alexis fue el que me recomendó. Lo cual se lo agradezco de corazón, empiezo diciéndoles que la empresa creció con el tiempo y hoy en día hay varias sucursales, la matriz en Mexicali, Baja California, Tijuana y también en San Luis Río Colorado, esta última en el estado de Sonora. Por obvias razones los nombres fueron cambiados, pero lo que ha sucedido desde hace años, eso sigue igual.
1:51 Para el 2015 había mucha demanda de material, tanta que el hijo del patrón se subió a uno de los tráileres para entregar el material en otras ciudades. Así estuvo por alrededor de unos 6 meses. Parecía que el muchacho ya no dejaría el volante, se le notaba feliz y no era para menos, estaba por casarse a finales de ese año. Aquí hago una pausa de la historia. Uno a diario viaja por la Rumorosa. Curvas traicioneras, el viento puede cambiar y si no eres un lobo de carretera, este te jala con todo y carga te estrellas entre las rocas afiladas. A medida que vas cayendo abajo es imposible que alguien te escuche.
2:40 Tendrás suerte si algún vehículo viene detrás de TI para que pueda hacer la llamada de que te has accidentado. Yo en el tiempo que tengo manejando por esa montaña he tenido 2 accidentes, nada grave gracias a Dios y a mi flaquita. Pero hubo un suceso que no sólo dejó a una familia de luto, sino un gran vacío en aquellos que lo conocimos. Era el mes de diciembre del 2015 cuando sucedió la desgracia. El hijo del patrón venía de regreso de Tijuana cuando. Por desgracia tuvo ese horrible accidente. Pobre muchacho, yo estuve ahí cuando lo sacaron del Barranco.
3:25 Describir como quedó para mí cuesta trabajo un nudo en la garganta y las ganas de llorar no me faltan. El patrón casi se volvió loco, todos en la empresa estábamos que no lo creíamos. El funeral fue de lo más triste. El patrón nos pidió que subiéramos el féretro en el remolque y lo lleváramos así hasta el panteón. Las cornetas y el sonido de los tráileres eran para desgarrar a cualquiera. Así es como nosotros los tráileros, despedimos a un compañero, es la manera de honrarlo. Para el mes de febrero ya habían sacado el tráiler del fondo de la Rumorosa.
4:09 La carga emocional de estar ahí. Es indescriptible. Yo acompañé a otro de los hijos del patrón. Mi tráiler fue el que jaló los restos de aquel camión. Era como si una bola enorme la hubiese golpeado. El lado del copiloto estaba con la puerta hundida hacia dentro de la cabina. No tenía vidrios ni espejos laterales. No sé qué demonios me hizo mirar hacia dentro de la cabina, que estaba cargada en el remolque de mi tráiler. En el interior había líquido rojo ya seco y ennegrecido, pedazos de piel y cabellos, un dedo índice, algunos dientes. Eso era lo que vería el patrón cuando llegara con la cabina. El señor la recuperó para que no se la llevaran a un yunque. Se hizo el papeleo para empezar a bajar por la rumorosa. Prácticamente iba a vuelta de rueda, despacio para que el peso de la cabina no me jalara y entonces seríamos 2 los muertos. Las miradas de los que pasaban a mi lado no se hicieron esperar. Algunos se persignaban, los vi de reojo para no quitar por completo la vista del camino.
5:30 Aunque la bajada está libre de pasar por alguna caseta de cobro o por algún retén, traté de no pensar en la carga que llevaba. Me dije que era cualquier material y que sólo era cuestión de llegar bien. Pero algo se sentía extraño. Era como si el recorrido no lo estuviera haciendo. Solo me sentía acompañado. No sé porqué recordé las palabras de mi abuelo, los muertos. Cuando no se quieren quedar en el lugar donde fallecieron, se vienen con uno y eso era justamente lo que me estaba sucediendo. En todo el trayecto. Me sentí acompañado y no es que alguien estuviera sentado a mi lado. No sé por qué tenía la sensación de que si miraba hacia el remolque, vería al muchacho hecho pedazos sentado tras el volante del que fue su tráiler.
6:28 Todo lo que fue el resto del camino me fui rezando, pidiéndole a mi flaquita que no permitiera que me llevará con él. Cuando llegara a Mexicali le pondría una veladora en su altar, aunque no me sucedió nada, esa sensación no se me quitaba. Alrededor de las 5:00 de la tarde llegué a la empresa don Julio. El guardia de la CASETA y 2 cargadores abrieron las rejas de lado a lado. La cara que puso don Julio nunca se me va a olvidar. El viejo se santiguó sin quitar la mirada de la cabina desecha. Me señalaron que me estacionara en el patio trasero, ahí es donde está la maquinaria y sirve de bodega de carros descompuestos. Ahí descargaron la cabina.
7:19 Nadie se quiso acercar, ni siquiera por el morbo de ver el interior. Las cosas cambiaron en ese lado del terreno. Siempre se siente extraño y a pesar del calor que hace en esta ciudad, un escalofrío y un frío que te cala hasta los huesos se deja sentir. Hay quienes aseguran que ven al joven sentado en el interior. El metal retorcido siempre truena. Hace sonidos como si alguien estuviera por ahí. Ni los perros que se quedan sueltos por las noches se acercan, chillan como si la muerte estuviera allí. Muchos lo hemos visto, pero unos se acostumbraron, otros no.
8:02 Algunos se fueron porque dicen que no es bueno que esté algo como eso, donde falleció una persona. Imagínense tantos años en el mismo sitio. Desde que la traje no la ha movido ni cubierto, sigue igual. Nadie le ha querido quitar ni una sola pieza. Nadie se acerca. Hay muy mala vibra en ese sitio. 10 años viendo lo mismo, presenciando como una oscura está detrás del volante. El hijo del patrón hasta la fecha no se ha ido. Sigue anclado en el lado de los vivos, misas, rezos y ni el sacerdote echando agua bendita, ha podido ayudarlo a descansar. El patrón ya es un hombre de 82 años. No hay un solo día en que no se le vea recargado en la cabina llorándole a su hijo.
8:56 Quizás eso es lo que lo mantiene allí. Quizás cuando le llegue el momento al que fue su padre, deje de aparecerse. Por último les comento que sigo viajando por la rumorosa, ya sea de ida o de regreso. Volteo por inercia hacia el sitio donde perdió la vida el hijo del patrón, buenas tardes, comunidad de Inframundo, me presento, me llamo Raúl Osorio, soy oriundo del estado de Zacatecas, México, he sido camionero por alrededor de casi 27 años. Un trabajo que siempre me ha gustado a pesar de los largos viajes, el cansancio y la espera en los retenes. Antes viajaba tranquilo por las carreteras de mi Estado, pero con la delincuencia me hace cuestionarme si ya es el momento de retirarme, pero lo que les contaré no tiene nada que ver con esto último mencionado, aunque algunos de mis compañeros me aseguran que sí.
10:16 Era el 2015. Salí de Zacatecas con la caja cargada hasta el tope, tarimas bien sujetas y los papeles en regla. Mi destino era ciudad valles, una ruta que ya conocía desde hacía años, aunque cada viaje tenía experiencias diferentes. Y aquella noche no sería la excepción. Con la mente alerta, como si algo me alertara a no confiarme. Había cenado, ligero, en una fonda de carretera, esas que muchos conocen como cachimbas. El café me mantenía despierto mientras la Sierra se abría paso frente a los faros del tráiler. Al adentrarme en el tramo más solitario, el tablero mostró el primer aviso de temperatura.
11:06 Pensé que sería momentáneo, tal vez una subida, porque el radiador necesitaba agua, pero. La aguja siguió trepando con lentitud. Bajé la velocidad, encendí las intermitentes y dejé que el camión Rodara con suavidad, buscando un acotamiento donde pudiera detenerme. Eran alrededor de la 1:00 de la madrugada y no se veía ninguna luz lejana, ni casas ni estaciones de servicio. Solo la sierra, los arboles cerrándose a los lados y el cielo con Luna llena. Cuando por fin encontré un espacio, orillé el tráiler y apagué el motor.
11:48 El silencio que quedó fue tan tranquilizante y el viento afuera era algo frío. Bajé con la linterna en mano, abrí el cofre y esperé una bocanada de vapor que nunca salió. Aparentemente todo parecía en orden, las mangueras, nada roto a simple vista. Sin embargo, el calor que salía del compartimiento era como si hubiera recorrido cientos de kilómetros extras. Sin detenerme ese lugar comenzó a sentirse extraño. Miré el reloj del celular y apenas habían avanzado unos minutos. El monte alrededor emitía los sonidos nocturnos, lejanos y cercanos.
12:35 Hojas que se movían con el viento entre los árboles, piedritas que rodaban ladera abajo. Encendí la linterna y recorrí la maleza cercana, buscando algún animal que pudiera estar haciendo esos ruidos. El haz de luz apenas iluminaba. A unos metros más allá, todo se lo tragaba a la oscuridad. Me dije que era normal, que la imaginación juega trucos cuando uno está cansado. Volví a la cabina por una botella de agua y me quedé sentado con la puerta entreabierta, esperando que la temperatura bajara. Fue entonces cuando escuché un ruido diferente a lo que ya había escuchado.
13:20 No era el roce de las ramas ni el de un animal. Eran como pasos pequeños que se detenían y luego avanzaban con suma cautela. Sentí como se me erizaba el cabello de la nuca. Tomé la linterna otra vez y bajé despacio, enfocando hacia el lugar de dónde provenía el sonido. Iluminé el terreno hasta donde la luz lo permitía, intentando encontrar alguna forma, pero no había nada. Aún así, la sensación de que algo andaba cerca era innegable. Como si alguien me observara desde los matorrales, pensé en regresar a la cabina y retomar mi viaje. Pero algo se movió del otro lado del tráiler y no pude dar paso alguno.
14:10 Dio un paso hacia el costado para subir al tráiler. La linterna titiló por 1 segundo. Lo suficiente para que mi corazón se me quisiera salir del pecho. De entre el monte salió un niño pequeño. Mi primera reacción fue de incredulidad. No era buena señal que un pequeño anduviera por ese sitio. Lejos de toda civilización. El Niño era Delgado, con movimientos lentos, como si le costara caminar en ese terreno. La linterna iluminó apenas sus pies y parte de las piernas. No tenía playera ni un suéter que lo cubriera del frío de la madrugada.
14:52 Lo primero que se me vino a la cabeza fue que ese menor estaba perdido o que alguna familia estaba acampando cerca. Se me vinieron muchas ideas del porque estaba ese pequeño en el monte. El Niño avanzó un poco más y levantó el rostro. No distinguí sus rasgos y en ese momento me dio la impresión de que ese no era un niño, ni siquiera un fantasma que anduviera penando por allí. Esa cosa abrió la boca y de ella salían unos chillidos como si de un animal herido se tratara. Fue en ese momento que el miedo me sacó del trance di media vuelta y de un salto subí a la cabina casi sin sentir el escalón.
15:41 Cerré la puerta con torpeza y giré la llave gracias a Dios. El motor respondió con un intento ahogado, como si se fuera a desbaratar. Volví a intentarlo y el resultado fue peor. El tablero parpadeó y por un instante pensé que la batería se había agotado. Escuché un golpe y la neta. No quise mirar por los espejos. Respiré hondo y recé a mi santa Muerte suplicando que me sacara de ahí y le pondría una veladora en su altar. El motor encendió y pisé el acelerador con cuidado, sintiendo que el tráiler avanzaba como si en cualquier momento se fuera a apagar. Tomé la primera curva con cautela y luego aumenté la velocidad dentro de lo que el camino permitía. No miré atrás y me concentré en la carretera. Daba las gracias a Dios y a mí.
16:41 Santita con cada kilómetro que dejaba atrás, pero el miedo seguía pegado a mí, como a una novia tóxica que no quiere terminar con la relación. Cuando finalmente vi las luces de una gasolinera, solte mi cuerpo y sentí un alivio tan grande. Me estacioné bajo una lámpara y bajé para revisar el camión. Del lado del copiloto noté unos rasguños en la carrocería, marcas largas e irregulares. Pasé la mano por encima y un olor horrible se me impregnó en ella. Me acerque a una de las mangueras y comencé a lavarme las manos.
17:21 Uno de los despachadores se me acercó y me preguntó si todo estaba bien. Le contesté que sí, pero el muchacho no estaba convencido de que yo le dijera la verdad. Fue cuando me preguntó si había visto a un niño al lado del camino. Yo solo asentí con la cabeza. El despachador sonrió y me dijo que aquello no era un niño ni una aparición. Era el diablito. Así es conocido por esos lugares. Su estatura, como la de un niño, hace que los viajeros se detengan y ya estando cerca de él, muestra su horrible naturaleza. No era el primero.
18:02 Tampoco sería el último en ver a kelser. Al llegar a la bodega en ciudad valles. Comenté lo sucedido a uno de los trabajadores mientras firmábamos los papeles. La expresión que puso no fue de sorpresa. Sonrió con tranquilidad y entendí que el chico de la gasolinera no me había mentido. He vuelto varias veces a ciudad valles y jamás me volví a detener por ese sitio. Trato de pasar de día. No me gustaría volver a encontrarme con el diablito.
18:53 Mi nombre es Noel Honorio. Soy trailero. El creer o no en Brujas es criterio de cada persona. Yo era de los que se reían cuando contaban experiencias con estas mujeres. Bueno, si es que se les puede llamar así, mis recorridos son en el estado de Chihuahua, llevo más de 20 años manejando tráiler, las rutas son largas, hay paisajes que son vegetación, pero también otros donde el desierto parece no terminar nunca. Pero la mejor compañía es el silencio. Desde mis inicios he escuchado historias, relatos que los conductores más viejos contaban en las fondas y paraderos, anécdotas que más bien son advertencias de lo que puedes ver encontrar por esos caminos. Ese jueves del 2012 había salido de Ciudad Juárez rumbo al sur con un cargamento de maquinaria ligera. El reloj marcaba poco después de la 1:00 de la mañana, cuando tomé el tramo más solitario de la ruta. El cielo estaba despejado y la Luna Iluminaba el desierto. Las luces de los faros hacían ver los matorrales como figuras inmóviles en cada paso de los vehículos. Como siempre yo, mantenía una velocidad constante, concentrado en llegar al siguiente punto de descanso antes del amanecer. Siempre descanso de una a 2
20:28 horas y luego retomo mi marcha. Llegué a un punto de encuentro de los traileros donde cargamos combustible, se descansa el tiempo que cada uno decida. En este hay una pequeña caseta donde venden cigarros, café caliente y si uno quiere puede hasta cenar tranquilamente. Mire el reloj y di las gracias pagando lo consumido. Cuando llegué a mi tráiler estaba una anciana. Una mujer de estatura pequeña, llevaba un morral, un rebozo cubría sus cabellos canosos, su piel morena y su rostro lleno de arrugas mostraban los años que ya pesaban sobre ella. A pesar de la poca iluminación, noté que la señora había tenido una buena posición económica, pero como a todos nos llega la mala racha.
21:22 La anciana abrió el morral y me mostró lo que llevaba adentro. Estaba lleno de monedas antiguas, de esas que recordaba haber visto en casa de mis abuelos. Pesos grandes y pesados de las décadas de 1970 y 1980. Monedas que hoy en día no tienen valor en ningún comercio. Ella las sostenía con cuidado, como si fueran tesoros. La mujer me dijo que tomara 3 monedas, pero a cambio le diera una pieza de pan, yo sólo la observé incrédulo ante la petición, metí mis manos a la chamarra buscando dinero, pero la señora me dijo que no era dinero lo que ella quería, sino la caridad de una pieza de pan. A cambio ella me estaba ayudando a que las Brujas no me atacaran. Ahí pensé que la señora era una enferma, pero uno de los compañeros se me acercó y me entregó una bolsa con 3 piezas de pan.
22:27 Me pidió que se las diera y que tomará las monedas que después me explicaría. Así lo hice y tomé las monedas que estaban dentro de una tela roja. La anciana me sonrio y levantó su mano y me hizo un ademán de bendición. Sí, de esos que son en forma de la cruz. Le mostré las monedas casi soltando una carcajada de burla. Tal vez mi compañero me aconsejó que cuando la volviera a ver y me ofreciera monedas, las tomara que no la tratara como si fuera una loca, pues la anciana prácticamente me estaba salvando la vida de que eso lo iba a descubrir en la mañana. Cuando comenzara mi recorrido nuevamente lo que hizo lo interpreté como protección, según lo que me dijo el otro chófer es que aquello servía para evitar accidentes, fallas mecánicas o cualquier desgracia durante el trayecto nocturno. Quizás de unas Brujas, como me lo había dicho la anciana, me retiré del lugar de descanso antes de que amaneciera. No encontré otros vehículos en la vía, algo poco habitual. Incluso a esas horas el viento soplaba con ráfagas que hacían vibrar ligeramente la caja del tráiler. En cierto punto recordé a la
23:58 anciana. Comencé a sentir extraño el tráiler más pesado, así que no me quedó de otra que orillarme para checar que no fuera algo que me hiciera perder el tiempo. Y llegar bien hasta mi destino. Pero al hacerlo una figura se encontraba de pie al borde del camino. No hacía señales para que me detuviera. Al irme acercando, reduje la velocidad hasta casi detenerme por completo. Cuando me detuve, tomé las monedas y me bajé para dárselas a la mujer. Vestía completamente de negro, me extendió una de sus manos y esta era huesuda. La piel pegada a los huesos.
24:41 La verdad es que me temblaba la mano cuando se las dejé caer. 1 * 1. La última moneda estaba de color negro y doblada. Así no me la había dado la anciana, pero aún así la mujer me hizo una señal apurándome para que se la entregará. El contacto fue leve y muy frío. De ese frío helado que te cala hasta los huesos fue cuando miré. Unas bolas de fuego, salir de entre el monte. Aquellas eran unas Brujas y la que tenía frente a mí también lo era. La anciana comenzó a caminar hacia la maleza sin darme la espalda. Pensé que se iba a caer, pero esa mujer conocía el terreno repentinamente me quedé solo.
25:30 El viento comenzó a ulular, como si trajera consigo el miedo, como si me advirtiera que me fuera de allí. Regresé a mi camión y cuando me disponía a seguir mi camino fue que la vi salir en una bola de fuego a esa anciana. Cabe aclarar que por varios kilómetros las estuve viendo. Subían y bajaban las 3 al mismo tiempo, como si tuvieran un ritmo sincronizado. Ya estaba por salir el sol cuando pasaron por encima del tráiler. La neta es que casi me orinaba porque no me lo esperaba. Esperé el golpe, pero no tocaron la cabina ni la caja, ya no las volví a ver. Llegué a mi destino sin percance alguno, regresé a Chihuahua al mes, venía cargado y pasé por el mismo lugar, de hecho me detuve en el mismo paradero.
26:27 Le conté a la señora que atiende la CASETA mientras me tomaba un café. La señora no se espanto, ni siquiera mostró interés, pues ella. Ya había escuchado miles de veces ese tipo de conversación. Es una bruja, me dijo sin pensarlo. Por esta zona abundan mujeres que fueron madres de familia, mujeres de sociedad, algunas con profesión, pero no se sabe el motivo por el cual prefirieron ser lo que ahora son unas brujas. La anciana es una de ellas. Si tomas las monedas y se las entregas a una de ellas, te dejan tranquilo mientras conduces, pero si les mientas la madre y te burlas de ellas, atente a las consecuencias, terminó diciendo la señora. Todavía manejo por esa carretera. No he vuelto a encontrar a la anciana de las monedas, quizás porque no mostré repugnancia alguna aquella noche. ¿Quizás porque me detuve a entregar las monedas? La verdad no lo sé y es algo que le agradezco a Dios, que no me las ponga en mi camino.
27:56 Me llamo Mariano Suárez, soy trailero desde hace 8 años, mi papá también lo fue. Creo que por eso me gustó este oficio. Además de que crecí escuchando historias de carreteras, relatos que mi padre traía a casa después de pasar semanas manejando entre el calor, el frío y la soledad de los caminos del norte. De todas esas historias hubo una que se quedó clavada en mi mente. No era la típica anécdota de asaltos o fallas mecánicas, ni siquiera de encuentros con animales en medio de la nada. Era algo distinto.
28:37 Algo que incluso mi padre, un hombre que rara vez mostraba miedo, recordaba con una expresión que no sabía si era de miedo o melancolía. Lástima. Tal vez todo ocurrió en 1984, cuando yo era apenas un niño y mi padre trabajaba transportando carga hacia la salinera de Guerrero Negro en Baja California Sur en ese entonces. Aquel lugar me parecía remoto, lejos de toda civilización. Mi padre pasaba días enteros moviendo toneladas de sal entre los cerros blancos que se levantaban como montañas artificiales. Siempre decía que ese paisaje tenía algo especial, una mezcla de belleza y desolación que hacía que cualquiera se sintiera pequeño.
29:30 Recuerdo una noche en particular. Cuando regresó de un viaje llegó más callado de lo habitual. No era por el cansancio típico después de manejar tantas horas, sino que se le notaba diferente. Pasaron varios días antes de que se animara a contar lo que había vivido y cuando lo hizo su relato no tuvo exageraciones ni intentos por impresionar a los que lo escuchábamos. Lo contó como quien describe un accidente del cual fue testigo. Todo comenzó durante uno de sus turnos. Por la tarde, en la salinera, el viento soplaba con fuerza, levantando pequeñas partículas de sal que se estrellaban contra el parabrisas del camión.
30:20 La iluminación pronto escasearía y apenas tenía el tiempo suficiente para distinguir los caminos entre los cerros blancos. Pero por desgracia, le llegó la noche antes de que pudiera salir de allí. Mientras esperaba su turno para cargar, decidió bajar del vehículo para estirar las piernas y despejar la mente de tantos asuntos que venía arrastrando. Se giró para caminar y fue entonces cuando la vio Por Primera Vez a lo lejos, caminando entre 2 montículos de sal. Distinguió la figura de una mujer vestida completamente de blanco.
31:02 No estaba lejos y pudo distinguir que no era una trabajadora del lugar. No llevaba casco ni lámpara, algo indispensable para cualquiera que transitara por la zona en la oscuridad, ya que su ropa correspondía a otra época. El vestido era largo, con pliegues que caían de manera distinta a la moda actual y su postura era elegante. Mi padre pensó al principio que podía tratarse de alguien desorientado, sin embargo, algo en la forma en que se movía lo hizo pensarlo 2 veces antes de ir a verla más de cerca. No caminaba, no tocaba el suelo, más bien levitaba.
31:45 No se le veían sus pies, pues los cubría una niebla. Durante varios minutos la observó desde la distancia. Repentinamente sintió una inquietud que no había experimentado antes, una sensación que le recorría el cuerpo y le hacía latir el corazón con fuerza. Intentó convencerse de que era ilógico lo que estaba presenciando, pero cuando la figura se detuvo y giró levemente la cabeza en su dirección, supo que no se trataba de una ilusión. No logro distinguir el rostro y fue en ese instante cuando el miedo lo alcanzó de lleno.
32:27 Aquello era un alma en pena, un fantasma con las piernas temblorosas. Regreso al camión sin apartar la vista de la figura. Al subir a la cabina, encendió el motor con manos temblorosas y puso las luces altas hacia el lugar donde la había visto. Ya no había nadie pensó que tal vez se había ocultado detrás de los cerros de sal, pero no se atrevió a ir a investigar. No se lo comentó a nadie, pues sabía que nadie le iba a creer. Con el paso de los días, la historia de una aparecida comenzó a circular entre algunos choferes de los camiones. Se dio cuenta de que él no era el único que la había visto. Varios operadores aseguraban haber distinguido la misma figura en diferentes turnos, siempre en silencio, siempre recorriendo los mismos caminos entre los montículos de la salinera.
33:32 Nadie sabía quién era ni porqué aparecía en ese sitio. Algunos decían que podría tratarse de la llorona, aunque la descripción no coincidía del todo. Otros creían que era el espíritu de alguna mujer que había perdido a su prometido en tiempos antiguos, pero tampoco existía registro alguno que respaldara esa versión. Algunos decían que quizás era el alma en pena de una mujer casada, de un marido celoso que la descubrió siéndole infiel. Con el tiempo, mi padre volvió a verla en otras 2 ocasiones.
34:13 Pero esas veces, nunca demasiado cerca. En una se movía de manera tranquila entre los camiones de carga con sal. En la otra se le desapareció entre un espejismo de sal y agua. Mi papá me dijo que el vestido de la mujer de la Salinera nada tenía que ver con el tiempo en que fue fundada, y esto fue a inicios de los años de 1950. Mi papá era un hombre acostumbrado a enfrentar situaciones difíciles, desde tormentas hasta caminos peligrosos, pero nada de eso se comparaba con la sensación que le provocaba aquella aparición.
34:56 Sentía pena por ella, le recordaba a su hermana, la tía Patricia, pues ella falleció cuando a un camión le fallaron los frenos y se llevó a las personas que estaban en la parada del pueblo. Solo un niño de 7 años sobrevivió, pues al darse cuenta de que el camión se movía de manera extraña, corrió gritando porque su mamá lo aventó y eso lo salvó, cuentan que mi tía se aparece en esa parada junto a otras almas que no encuentran paz, esto porque fallecieron de manera trágica. Quizás la mujer de la SALINERA también falleció trágicamente y no sabe que ya no pertenece al mundo de los vivos. Aunque la salinera no ha cambiado mucho y mi padre hace años que dejó de hacer viajes en su camión, no sabemos si aún se sigue manifestando aquella mujer. Saludos a todos y gracias por contar la experiencia de mi padre.
36:00 Por cierto, su nombre. Es Andrés Suárez. ¿Como ya es costumbre, le hago la siguiente pregunta, usted qué haría si conducir a un tráiler y en medio de la nada viera una persona parada pidiéndole a ventón o quizás alguien que aparece a un lado de usted, un copiloto fantasma, se atrevería a seguir conduciendo? ¿Hablaría con él o se detendría? Lo leo en la caja de comentarios y recuerde que si el video ha sido de su total agrado, puede compartirlo con algún amigo o alguna amiga que le guste el terror.
36:48 Así podemos llegar a más hogares sin más. Por el momento le agradezco por escucharnos una vez más y nos vemos en otra emisión más de Inframundo. Le deseo. Dulces, pesadillas, buenas noches y hasta la próxima.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed