Historias de Terror de POLICIAS│ LA MUJER DEL EDIFICIO - INFRAMUNDO RELATOS DE TERROR
Historias de Terror, Leyendas Espantosas, Relatos Paranormales y Cuentos de Terror que podrían dejarte sin dormir esta noche.En este episodio escucharás relatos escalofriantes basados en experiencias de policías que enfrentaron situaciones inexplicables mientras patrullaban de noche. Lo que comenzó como una jornada normal terminó convirtiéndose en encuentros con lo desconocido.Esta recopilación incluye historias paranormales, encuentros con entidades extrañas y sucesos que muchos oficiales prefieren no contar.El episodio de esta noche incluye: Relatos Oscuros de Policías | 4 Historias de Terror Paranormal00:00 HISTORIAS DE POLICIAS01:20 LA VIDENTE10:20 EL NIÑO Y EL NAHUAL19:49 LA MUJER DEL EDIFICIO29:09 LA ESTACION DE RADIO#InframundoRelatos #RelatosDeTerror #HistoriasDeTerror #TerrorNocturno #RelatosParanormales #HistoriasDePoliciasLos relatos de esta ocasión están relacionados con:cuentos de terror, historias paranormales, relatos de terror, historias de miedo, leyendas urbanas, historias de policías, relatos de patrullas nocturnas, terror en la carretera, historias reales de terror, relatos del inframundo, historias paranormales de policías, terror nocturno, relatos oscuros.
0:15 Esta noche escucharás algunos relatos de expolicías de ex federales que cargan recuerdos que no pueden borrar ni con su retiro. Se enfrentaron a crímenes y a situaciones que para ellos no tenían explicación en ese momento. Sobrevivir es más que una necesidad y aquellos que creyeron en el cumplimiento de su deber son recordados si ya te encuentras llegando a casa después de un largo día de trabajo. ¿Estás cenando con tu familia o quizás ya estás a punto de dormir? Estos relatos son para TI.
1:00 Mi nombre es Alejandro. Sean bienvenidos todos a Inframundo. Aquí comenzamos. Desde esta de ruedas la vida se ve distinto. Mi nombre es Isidro Quintana. Soy policía federal durante años. Puedo decirte que desde sus inicios hasta que cambio el nombre, mis piernas ya no me responden, pero mis recuerdos. Siguen patrullando zonas del recuerdo que preferiría haber olvidado para siempre.
1:51 Lo que voy a contar no lo viví directamente en el campo, sino a través de alguien con quien compartí más de 3 años de servicio, un hombre al que consideré hermano. Su nombre era Orlando. Él fue quien me confiaba todo. Hasta cuando ya no quedaba nada por demostrar en la institución y el miedo se había vuelto una compañía imborrable. Nos conocimos jóvenes y compañero era de los que creían que la voluntad bastaba para doblegar. Cualquier amenaza en operativos complicados siempre iba al frente, no por imprudente, sino porque se sabía bueno en su labor. Siempre me decía que el peligro se respeta. Mirando de frente, yo aprendí pronto que el peligro no necesita ser mostrado hacia los demás, sino para uno mismo. En una comisión de investigación nos enviaron al norte de Sonora, territorio con lugares desérticos donde el sol castiga incluso bajo las sombras de los árboles. Habíamos terminado una jornada larga cuando en un poblado pequeño apareció una mujer indígena, una yaqui. Vestía ropa oscura gastada y sus ojos tenían una fijación inquietante sobre a quienes veía
3:23 como si buscara a alguien en específico o a aquel que estaba por fallecer. En poco tiempo yo vi que estaba conversando con mi compañero. El tenía el rostro serio y apretaba los dientes con esa sonrisa falsa de nervios y que quiere a dar a entender que no cree en lo que le dicen. Como a los 15 minutos lo vi ingresar al hotel. Estaba serio. Se dejó caer en el sillón como si toda su vida le pesara. Mi compañero me contó que la mujer le dijo que era una vidente. Que esta podría decirle lo que le deparaba en los últimos meses de ese año. No pidió dinero ni nada.
4:06 Cambio. Le extendió la mano y ella le dijo que no era una gitana. Le pidió el pañuelo que traía amarrado en el cuello, se lo quitó y se dio sin decir palabra alguna. La mujer lo dobló y comenzó a decir asuntos que él sólo sabía y que había dejado inconclusos. Antes de salir de la ciudad le recomendó alejarse del campo, encerrarse en oficina al menos medio año. ¿Se lo dijo con una seguridad que no dejaba espacio a la duda, te vas a morir así sin más? Le dejó caer las palabras como si fuera un leño que te golpea la cabeza.
4:50 Orlando sintió como si la presión se le bajara, se mareó y como decimos por acá hasta estrellitas vio la noticia. Lo sacudió y no pudo decir ni una sola palabra ni preguntó más a la mujer, pues su mente se había quedado en blanco. Cuando reaccionó la mujer ya no estaba ni su pañuelo, aunque la buscó con la mirada. Pareciera que a la señora se la había tragado la Tierra. Él, fiel a su carácter, se burló, mi amigo lo tenía bien claro, las palabras de una mujer no lo harían retroceder ni quedarse sentado tras un escritorio. Orlando, como todos los que estábamos allí, queríamos ser algo más que federales.
5:42 A los pocos días regresamos a Culiacán y yo di por terminado el tema. Sin embargo, algo se le quedó clavado porque ya no fue el mismo. Las semanas siguientes fueron negras para la corporación. Operativos fallidos, emboscadas, accidentes extraños. Varios compañeros no regresaron. Cada pérdida era un golpe, algo que no se podía expresar abiertamente. Fue entonces cuando mi amigo recordó a la vidente. Empezó a pensar que quizá no era coincidencia. Quiso pedir cambio temporal, aceptar el encierro administrativo, pero los trámites son lentos y el destino no espera. Para ese 2001 me tocó la de perder un impacto. Me chingó la columna y desde entonces estoy postrado en una de ruedas.
6:41 Fue un enfrentamiento que prefiero no detallar. De vez en cuando me llamaba por teléfono a la casa. Las llamadas se volvieron esporádicas. Yo para ese punto había olvidado lo de la vidente y su predicción, pues tenía mis propios problemas y los dolores y amargura que tenía. Me hizo olvidar de mi excompañero. Para finales de ese mismo año llegó a Orlando, estaba muy delgado. Ya no era la misma persona que había conocido hacía mucho tiempo. Mi madre estaba seria. No comentó nada mientras estuvo en casa, pero cuando se retiró mi vieja no se lo guardó mucho y me comentó que Orlando tenía la calavera de la muerte en su rostro.
7:33 Ese se va a morir, me dijo con una seguridad que me hizo estremecer y efectivamente. Orlando terminó en un enfrentamiento en la Sierra de Sinaloa. No fui al sepelio sino unos días después visité su tumba y ahí me encontré a su esposa. Ella me contó lo que había estado pasando en los últimos días de mi compañero. Tenía miedo, se le notaba en el rostro, le contó lo de la vidente y como ella no creía en esas cosas. No supo que decirle o que recomendarle.
8:15 Por las noches tenía pesadillas y no dormía lo suficiente. Comenzó a tener un desgaste físico y mental. Quizás ese fue el detonante de que fallara la operación en la sierra me contó que estaba irreconocible. Su cuerpo quedó destrozado por tanto impacto. No abrieron el ataúd para que nadie lo viera, pues. Quedó irreconocible. El jefe ya tenía en su escritorio que ya su trabajo sería administrativo, pero por sus huevos lo mandó dizque. Sería La Última Vez porque era el único disponible que conocí a pie en la zona.
9:02 A veces pienso que si Orlando hubiese hecho caso a la vidente no le hubiera pasado eso, pero uno trae la rayita pintada. Mi compañero tuvo la oportunidad de haberle dado otro final a lo sucedido, pues se le avisó con mucho tiempo. No hizo caso y lo tomó a la ligera, pero cuando quiso hacerlo ya era demasiado tarde. Por mucho tiempo lo soñé, no como lo vi La Última Vez, sino la manera en como su esposa lo describió. Esa fue la imagen que se me quedó en la mente y no la he podido borrar. Con esto de las historias paranormales, a veces me pregunto si Orlando es de esas almas en pena que están sin encontrar la luz y andan penando.
9:53 Si a mí me hubiesen dicho lo que me iba a pasar, quizá yo también la hubiera tirado a loca porque uno cree que no le va a pasar nada. Éramos jóvenes y queríamos demostrar que éramos los más chingones siendo policía federal. Muchas gracias por el espacio en tu canal, por compartir las experiencias que nos llegan a suceder. Muy buenas noches comunidad. Mi nombre es Daniel Alejandro Heredia. Yo fui policía federal y por algún tiempo aprendí a convivir con la violencia, con la muerte y con el miedo que siempre está rondando a tu alrededor, como la misma muerte.
10:45 Es lo que les contaré. Sucedió en el 2003. El lugar me lo reservo y ustedes lo comprenderán. Fue en una zona rural a medio kilómetro de la ciudad. Donde la civilización apenas comenzaba a urbanizar tierras que por mucho tiempo fueron sembradas por agricultores, rancherías que se podían apreciar a lo lejos una Colonia Nueva levantada a medias en lo que antes había sido monte. Algunas casas ya tenían muros y techos de lámina, otras apenas marcaban su lugar con varillas oxidadas.
11:27 Los servicios llegaban con dificultad, la iluminación era escasa y al caer la noche, la oscuridad parecía tragarse todo. La gente estaba inquieta. Hablaban de un perro enorme que merodeaba la zona, un animal fuera de toda proporción conocida. Decían que atacaba animales, destrozaba corrales de las rancherías y dejaba huellas imposibles de ignorar. Esto se tomó como si fuera una amenaza porque se habían vendido esos terrenos y querían asustar a las personas. Nos llegaban reportes de desapariciones de personas. Para mi jefe ya estaba escalando más allá de muerte de animales y huellas.
12:15 Todo cambió cuando nos mandaron a investigación. Las huellas no eran pasos de un animal que fuera del monte. En una de las rancherías estaba una vaca destrozada, cortes largos y devorada desde los intestinos. Las mordidas eran de un lado a otro, como si el que lo hizo estuviera desesperado o muy hambriento. Uno de los rancheros le dio información a mi compañero que no se lo tomó muy en serio por lo que le describió el hombre. Un perro muy alto, como de 2 M y caminaba en sus patas traseras le causó risa, pero el RANCHERO seguía muy serio con su explicación. Nos dijo que si le creíamos que pasáramos la noche ahí y que lo viéramos, para nosotros eso fue como un reto y cuando íbamos de regreso a la ciudad llegamos al acuerdo que lo haríamos. Que demostraríamos que se trataba de un perro salvaje. Cabe aclarar que no había cerros por los alrededores, pero sin mucho monte.
13:31 Llegamos a la Colonia Urbana y nos dirigimos a una caseta que vendía refrescos y alimentos. Comenzamos hacer preguntas y las personas también contaron lo que había dicho el ranchero, dando una descripción exacta de aquel animal, un niño de unos 6 años. Nos contó que él lo había visto desde la ventana de su casa. Dio la misma descripción que el viejo. Todos se burlaron cuando dijo que el perro grande se detuvo cerca de su casa. El animal lo vio y después de un rato se fue. Pensamos que El Niño sólo nos dijo eso para llamar la atención, pero lo que me dejó intranquilo fue que al igual que el ranchero, lo describían de la misma manera. Ambos no se conocían porque la colonia estaba muy retirada de la ranchería.
14:26 Dimos el informe y nuestro jefe dio por terminada la investigación. No iba a perder el tiempo para andar buscando animales que llegaban para alimentarse, pero mi compañero y yo haríamos esa noche para ver el supuesto perro de 2 m de altura. Hasta gracia nos había causado todo lo que comentábamos. Nos prepararon para hacer frente a la delincuencia, a enfrentamientos del crimen organizado de aquellos años, pero no te preparan para lidiar con lo que nosotros vimos, ni siquiera para no tener trastornos mentales. Ante lo que se ve.
15:07 Eran alrededor de las 11:00 de la noche. El ranchero nos permitió que nos quedáramos afuera de su ranchito. Mi compañero había traído armas. Y yo me di cuenta que estaba algo nervioso. No sé a qué hora me quedé dormido y no vimos nada. No escuchamos nada, pero en la mañana que pasamos por la colonia volvimos a llegar a la caseta y había gente reunida. Contaban que el perro se había llevado a un niño en la noche. El tendero nos dijo que había sido el pequeño que nos había contado lo del animal. Fuimos a la Casa del niño y los padres y hermanos estaban desesperados.
15:53 Había mucha gente y todos se veían asustados. Nos identificamos y nos dieron acceso al cuarto, donde El Niño dormía con sus hermanos. La ventana estaba destrozada y tenía rastro de sangre y piel. Por ahí lo había sacado mi compañero y yo. Comenzamos a seguir el rastro. Y sin darnos cuenta, el padre y los hombres nos estaban siguiendo. Nos detuvimos y mi compañero fue por armas al auto. Lo hizo más por protección que otra cosa, porque esa gente se veía consternada y enojada.
16:33 El rastro por unos momentos lo perdimos, pero vimos una pequeña playera cerca de unos arbustos. Y lo que había del otro lado me hizo plantearme que aquello no era un perro. Los restos del niño se encontraban a medio devorar, le habían rasguñado el rostro, lo abrieron y le sacaron todo de su estómago. No quiero hacer la comparación con lo que habíamos visto el día anterior, pero había mucha similitud. No tenía una pierna y un brazo. La cabeza, apenas agarrada a las cervicales, fue cuando alguien dijo que eso había sido un nahual nahual o no me jure que lo iba a cazar, regresé a esa colonia y a las rancherías por alrededor de una semana, por las noches a veces me quedaba en la Colonia, otras en alguna ranchería, pero el nahual parecía que se estaba burlando de mí porque los ataques eran al azar. A veces en la Colonia y otras en las rancherías, no sé si fue por voluntad de Dios que una noche lo vi que se acercaba a la Ranchería.
17:50 Esa cosa imponía miedo, pero le había prometido al niño que le haría justicia. El nahual se acercaba pasos lentos. Estaba a punto de sacar el arma y dispararle, pero un hombre de aspecto indígena me dijo que sólo con balas curadas podía darle el tiro de gracia. Traía un rifle y me dijo que apuntara bien y que lo podría derribar. No les miento que en un inicio me temblaban las manos, pero la imagen del cuerpo del niño hizo que me diera valor. Sostuve el arma y cuando estaba a unos metros disparé. El aullido que soltó me dio más valor porque no era el de un animal, sino de una persona.
18:43 Me bajé del auto y corrí para rematarlo. El hombre venía detrás de mí. El nahual se levantó y descargué todo lo que quedaba de balas cuando este cayó en la Tierra. El hombre se le fue encima y le hizo unos cortes. No era cualquier indígena, como pensé, pues sus palabras fueron claras, eso era su nieto. El anciano era abuelo del niño que el nahual se había llevado. No sentí satisfacción, pero sí un sentimiento de que uno no sabe a lo que se puede enfrentar. A los 2 años me retiré de la policía federal, las cosas estaban por cambiar en esa institución y yo desde aquella noche ya había cambiado, ayudé en lo que pude, pero también llega el momento de que sientes que traes a la muerte a tu lado y eso ya no es nada bueno.
20:03 La verdad es que nunca imaginé que terminaría contando años después esta experiencia. Me llamo clemente barrera, fui policía durante casi toda mi vida adulta y vi cosas que no le deseo que le hagan a alguien más. Hay que separar las cosas paranormales al terror tangible. Aunque el retiro no me trajo descanso del todo, pero disfruto los pocos años que me quedan al lado de mi familia. Por varios años tuve un compañero dentro de la corporación. Pedro es un hombre y aún le quedan unos años para jubilarse. Ya no hace recorridos en alguna de las patrullas. Ahora él recibe las llamadas de la ciudadanía pidiendo ayuda. La experiencia que les contaré la tuvimos ambos y no fue por alguna llamada, fue una decisión creyendo que la persona estaba en situación de peligro.
21:07 El edificio está en las afueras de la ciudad, olvidado desde finales de los años 60. Cuenta con 3 pisos, ventanas rotas, muros cubiertos de humedad y maleza trepando por todos lados. Basura que las personas han ido dejando por los alrededores. El inmueble funcionó como un hospital psiquiátrico, uno de esos lugares donde se encerraba a la gente más por miedo que por cuidado. Lo cerraron tras varios escándalos y muertes poco claras y desde entonces nadie volvió a darle uso.
21:48 Las llamadas llegaban siempre entrada la noche. Se reportaba la presencia de personas dentro del edificio, gritos y ruidos que se hacían ecos por todo el lugar. Uno dice que son posiblemente indigentes. A veces los 2 Veladores llamaban para decir que había una mujer caminando por la orilla de las escaleras del tercer piso, asomándose desde los bordes de alguna ventana, indigente o no. La persona necesitaba ayuda. Mi compañero y yo pensamos lo mismo, alguien vulnerable, en peligro, expuesta a caerse o a que algo peor le ocurriera. No era la primera vez que entrábamos a un lugar abandonado para sacar a alguien antes de que terminara muy mal. Pero esa noche no hubo llamada.
22:44 La vimos correr. Los faros de la patrulla la mostraron a unos metros de nosotros. Cuando íbamos pasando cerca del lugar la vimos meterse y no nos quedaba de otra que ir a sacarla. Al llegar el sitio era tan molesto que resultaba incómodo y pareció boca de profeta por parte de Pedro al decir que a ver si no nos espantaba un fantasma de los tantos que hay en ese psiquiátrico abandonado. Entramos con cautela, iluminando donde escuchábamos algún ruido y resultaban ser palomas o uno que otro gato. El aire adentro era pesado, cargado de polvo y un olor a basura, heces, orines, humedad.
23:34 Cada paso o levantaba partículas que brillaban brevemente en el haz de luz. El suelo estaba cubierto de escombros. Papeles amarillentos, restos de camillas oxidadas, sillas de ruedas y a medida que avanzábamos por todo el edificio, el sonido de nuestras botas retumbaban, más y más además que el viento colapsándose por las ventanas rotas, producía un sonido como si fuera de varias voces, lamentos alumbramos con las linternas hacia un pasillo. Y vimos unas linternas aparte en el sitio donde una vez fueron los elevadores.
24:20 Y fue entonces cuando la vimos una figura femenina moviéndose lentamente cerca de un ventanal. Su ropa estaba hecha jirones, el cabello enredado, el cuerpo encorvado. Todo encajaba con la idea de una mujer sin hogar buscando refugio. No parecía asustada ni alterada. Levantó el brazo y señaló uno de los pabellones laterales. Nos acercamos diciéndole que no debería de estar allí, que era propiedad privada. Ya saben las palabras típicas de hacerle entender que debía salir de ahí por sus propios pasos.
25:04 O lo haríamos nosotros de una manera un poco más brusca. Nos fuimos acercando. Pero Pedro se detuvo abruptamente y me puso su mano en mi brazo, incitando a que yo también lo hiciera. La mujer giró su cabeza muy despacio, pero sin mover su cuerpo. Le iluminé la cara con la linterna y vi que no tenía sus ojos. Sus cuencas estaban vacías. Sonreí de una manera desqueciada. Estuvimos a poco más de 2 M. La figura se giró por completo. No fue un movimiento antinatural lo que vimos entonces no pertenecía al mundo de los vivos.
25:51 Su rostro comenzó a deformarse, comenzó a gritar y carcajearse como una loca. Y no sólo eso, fue como si con esa risa despertara los sonidos que no son para nada normales. Un alarido que salió de al final del. Donde estaban los huecos oscuros donde fueron los elevadores, fue cuando por la poca luz que entraba a ese manicomio, vimos una sombra muy alta y delgada. La vimos a pesar de la oscuridad donde se encontraba, resaltaba esa forma negra. Las piernas me fallaron y el corazón comenzó a latir de forma descontrolada. Pensé que me iba a dar un ataque y moriría allí mismo. Mi compañero estaba igual, pero reaccionó mejor que yo y me jaló para salir de ahí.
26:47 Trastabillamos por tantas cosas en el suelo. Yo sudaba como nunca ya ni en el entrenamiento me sentí tan deseoso de salir de ahí. Sentía esa figura detrás de mí. Sentía que si me alcanzaba. Y me tomara por el hombro. Me arrastraría hasta los sótanos del hospital psiquiátrico y yo sería parte de las tantas almas en pena del lugar. Divise las luces de las torretas de la patrulla y me sentí feliz. Llegamos y nos quedamos tratando de respirar con normalidad, calmarnos por el miedo que aún sentíamos.
27:29 Me sentía aliviado. Respiré profundo y el olor de la basura que estaba alrededor me pareció el olor más agradable, como si fueran flores. Sé que suena loco, pero respirar aquella inmundicia dentro del hospital hace que me den ganas de vomitar. El solo recordarlo no pude manejar, así que lo hizo mi compañero. Nos alejamos sin mirar atrás. A nadie le contamos lo que había pasado. Nadie nos creería, aunque les aclaro que esa no fue la única vez que tuvimos una experiencia con alguna aparición. Pero esa fue una de las que más me marcó el sentir aquel miedo, sentir que muy probablemente no saliera de ese lugar. El miedo te paraliza, es lo peor que te puede suceder. Puedo decir que.
28:28 Aún siento el olor a aquel hospital, cierro los ojos y es como si estuviera en ese sitio. Aún sigue sin ser remodelado ni ganas. Han de tener ese hospital. Tiene muy mala vibra, tantos muertos, tantas infamias. Y me he preguntado quién era esa enfermera. Pedro siempre la llamó la loca. Y esa era la manera de recordar lo que vivimos esa noche en ese hospital psiquiátrico, cuando seguimos una prisión creyendo que era una mujer de carne y hueso. Saludos a todos.
29:18 Muy buenas noches. Mi nombre es Norberto Tavera. Tengo la edad de 68 años, fui policía durante 22 años y aprendí a desconfiar de casi todo y en todos, de la gente, de las coartadas, incluso de mis propios compañeros. Actualmente radicó en el vecino país esto porque aquí viven mis hijas y mis nietos. Lo que les contaré sucedió en el año 2011. Es una experiencia que hasta el día de hoy, al recordarla hace que la piel se me ponga chinita. Nunca quise volver a pensar en aquella noche, pero el retiro trae silencios largos y la memoria se vuelve un animal que araña por dentro, desenterrando recuerdos que uno cree que ya están olvidados. Recibimos una llamada que.
30:16 Nos envió a una estación de radio en la periferia de la ciudad. Era una madrugada de lluvia, el aire se sentía más pesado que de costumbre. La emisora era conocida por sus programas nocturnos y los 2 locutores mantenían despiertos a los oyentes con relatos de terror, crónicas de casas malditas, carreteras donde ocurrían accidentes y de hospitales donde aseguraban había actividad paranormal. No les negaré que Giovanni, mi joven compañero y yo nos entreteníamos escuchando lo que algún radioescucha contaba, aunque les aclaro que en ese tiempo no era de los que creía en esas cosas llamadas sobrenaturales. Para mí era entretenimiento.
31:07 Aquella noche, según el reporte, los locutores afirmaban que algo estaba con ellos en la radio. No pedían ayuda médica ni denunciaban un delito concreto. Sólo pedían que alguien fuera, no sabían si alguien había ingresado y era el causante de los sonidos que estaban escuchando. Mi compañero y yo llegamos a la idea de tranquilizar a los locutores alterados por su propio espectáculo. El edificio era de 2 pisos, ya envejecido por el paso de los años. Tenía un letrero que parpadeaba de forma irregular. Notamos a la entrada del edificio que no había señales de forcejeo de que alguien haya intentado ingresar al entrar. El olor a humedad y el frío en el interior nos recibió las luces fluorescentes, se prendían y apagaban. El que llevaba al final donde estaba una escalera, se mostraba interminable.
32:13 La cabina principal estaba revuelta. Los micrófonos tocaban la mesa donde, supongo, parecían sus debates, papeles en el suelo, una silla volcada. Los locutores no estaban, solo quedaban los equipos encendidos emitiendo una estática. Que se sentía más que escucharse. El técnico de guardia PÁLIDO, como si hubiese visto un fantasma. Había salido corriendo minutos antes, según supimos después estábamos en el. Cuando el guardia llegó nos comentó que los locutores estaban en shock y que ninguno quería hablar, pero este sí lo hizo.
33:01 Nos contó que uno de los locutores había tenido la fantástica idea de invitar a una mujer que decía comunicarse con las almas de los fallecidos. Cabe aclarar que no era la primera vez que llevaban a alguien así. El programa tenía éxito por este tipo de personajes, pero la diferencia fue que esa mujer desató algo que no pudo contener. La mujer llegó con una seriedad que más bien era una fachada para que le tuvieran más miedo que respeto. Recorrió las instalaciones con la mirada y pidió que encendieran todos los micrófonos, comenzó a decir, e invocar a las almas de aquellos que quisieran comunicarse con ella.
33:48 No fue algo rápido, pero si lo hizo con constancia hasta que se comenzaron a escuchar ruidos. En las viejas cabinas que se encuentran en el edificio, aquellas que ya están en desuso, la situación se le escapó de las manos a la mujer porque se acercó a una de las ventanas y gritó como una loca, como si hubiera visto algo. El guardia aseguró que no fue teatro lo de la señora. Todos sabían que ese lugar tenía una energía muy fuerte dentro, sin embargo, por los conjuros que había hecho. Despertó algo que estaba ahí adentro. Cuando comenzamos a inspeccionar la temperatura bajó de golpe, la piel se erizaba y el aire se volvió pesado. Mi error fue voltear hacia los vidrios de esa cabina y fue cuando lo vi.
34:42 Parecían formas de vapor que se estaban uniendo para formar cuerpos. Algunas mostraban rasgos humanos distorsionados. Rostros estirados en expresiones de espera o de dolor. Otras eran sólo formas alargadas que se arrastraban por el suelo. Lo peor se sintió después, porque detrás de nosotros un vaso se movió unos centímetros, un rollo de cables cayó al suelo haciendo eco y una puerta se cerró con una fuerza que nos hizo dar un salto. El guardia salió corriendo, dejándonos con aquellas manifestaciones. Aquella mujer dejó muy mala energía en esa estación de radio.
35:32 Se dejó sentir en los pocos minutos que estuvimos ahí. Nosotros no podíamos lidiar con eso. No había cuerpos sólidos, ni una persona viva que estuviera jugando una mala pasada, aunque intentamos mantener la calma. Estábamos aferrados a la lógica de siempre. Hicimos nuestro trabajo haciendo a un lado lo que habíamos visto, con o sin miedo. Lo teníamos que hacer, barrimos el lugar, pero todo fue inútil porque cada paso que dábamos parecía traer más presencias. Giovanni comentó que parecía que las figuras se multiplicaban en los pasillos que ya no se usaban. En las oficinas del fondo, incluso en la sala de transmisión secundaria, las luces se prendieron y un grito ahogado se dejó de escuchar.
36:27 Giovanni ya no quiso dar paso más adelante y para ese momento hasta yo ya me había contagiado de miedo. Maldita vieja. Exclamé y le hice la señal de retirada a mi compañero. Afuera estaban los 2 locutores y los operadores técnicos tenían el rostro desencajado. Ellos vivieron lo peor, según contaban, cuando la mujer comenzó a invocar a las almas que quisieran decir algo, todo se fue al carajo. Tenían puestos sus audífonos y se comenzaron a escuchar gritos. Desesperados, ambas cabinas se pusieron frías. Las luces se apagaron por momentos y la estática hizo lo suyo.
37:16 Voces y sonidos entrecortados. Se sentían presencias, pero nadie las vio solo la mujer y salió corriendo por más intentos que hacían para comunicarse con ella por teléfono. Nunca contestó y no tenía caso. No podíamos arrestar a una persona por haber despertado fantasmas en esa estación de radio. La estación hace ya algunos años que dejó de transmitir. Me consta que después de aquello las canciones se cortaban y se escuchaba pura estática, igual a los sonidos que nosotros escuchamos aquella noche. Una cosa es que te cuenten algo de terror y pensar que no existe, pero cuando a uno le pasa la perspectiva cambia y no es nada agradable sentir miedo a algo sobrenatural.
38:11 Ya no volví a escuchar historias de terror en la radio hasta que me jubile en el 2008. Y si las escucho es por este canal. Saludos y gracias por contarme anécdota.
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