Historias de Terror de la COMUNIDAD │ LA MISTERIOSA MUJER DE VESTIDO ROSA (HISTORIAS DE HORROR)
Historias de Terror, Leyendas Espantosas, Relatos Paranormales y Cuentos de Terror que podrían dejarte sin dormir esta noche.Hoy te traigo Relatos de la Comunidad: historias reales y anécdotas enviadas por ustedes, donde la noche, la carretera y lo inexplicable se vuelven una sola cosa.⚠️ Aviso:Los relatos compartidos pertenecen a quienes los envían y se narran con fines de entretenimiento e interés cultural. Algunos detalles pueden estar dramatizados para la narración.El episodio de esta noche incluye: LA MISTERIOSA MUJER DE VESTIDO ROSA (HISTORIAS DE HORROR)00:00 HISTORIAS DE SUSCRIPTORES01:59 EL HOMBRE CABALLO09:20 NOS ANDABA LLEVANDO EL DIABLO18:53 GLOXINEA ROJA26:05 LA SEÑORA DE VESTIDO ROSA#RelatosDeTerror #InframundoRelatos #TerrorEnCarretera #paranormal Los relatos de esta ocasión están relacionados con:mujer de vestido rosa, historia de terror, relatos de miedo, carretera de noche, relatos paranormales, historias de horror, aparecidos en carretera, terror oaxaca, leyendas mexicanas, inframundo relatos
0:13 Bienvenido a este espacio donde las historias no siempre tienen explicación, aquí escuchamos relatos enviados por personas que aseguran haber vivido algo que cambió su manera de ver la noche. Experiencias que muchos prefieren llamar coincidencias, otros las llaman imaginación y algunos simplemente no quieren volver a mencionarlas. En este canal se comparten testimonios de lo extraño, lo inexplicable y lo perturbador. Historias que llegan desde distintos rincones de México y de Iberoamérica, narradas con el respeto que merecen quienes decidieron contarlas.
1:00 Brujas que caminan en la Sierra Nahuales vistos en carreteras solitarias, la llorona escuchada en pueblos donde nadie quiere salir después de medianoche, sombras que observan desde la habitación, luces en el cielo que nadie logra explicar y figuras que aparecen cuando todos duermen. Algunos dirán que son simples relatos. Otros afirman que algo más ocurre cuando cae la noche. Aquí no intentamos convencer a nadie. Solo contamos las historias y tú decides en qué creer, como los relatos de la Comunidad que estás a punto de escuchar.
1:41 Mi nombre es Alejandro, esto es Inframundo. Y aquí comenzamos. Buenas tardes Alejandro, mi nombre es Rubí Santa Cruz. Quiero contarte algo que le ocurrió a mi esposo Luis Javier Hernández hace ya varios años, cuando el trabajaba como repartidor o como se le llame porque lo mandaban a surtir refresco, agua, cerveza y otras cosas. Nosotros vivimos aquí en el limón. Cerca de Apatzingán, en la época en la que mi esposo le ocurrió lo que te voy a compartir, nosotros todavía éramos novios para no hacerte la historia más larga comienzo me platicó mi esposo que su patrón lo había mandado a Morelia a llevar refresco y todo lo que te comenté. Cabe recalcar que su patrón tiene casa allá y una pequeña tienda allí mismo.
2:54 Le dijo a mi esposo que se quedara a atender la tienda ese día y que al otro día regresara con más mercancía. Mi esposo me contó que la tiendita tenía barandales para que las personas que fueran no pudieran meterse, solo tenía una ventanita por donde se pasaban las cosas. Cuando la gente compraba algo dice que todo estaba tranquilo. Cuando de pronto llegó un señor ya grande y le pidió una cerveza, mi esposo se la pasó y allí estuvo. Un rato después le pidió otra y mi esposo le dijo que primero le diera el dinero. El señor le contestó que ya no traía, a lo que mi marido le dijo que entonces ya no le daría más. El señor se molestó, le exigió que le diera otra, pero Luis le respondió que no.
3:50 Entonces el señor le dijo que si no se la daba, el se iba a meter por la cerveza. Luis le contestó que estaba loco, en eso mi esposo se dio la vuelta para cerrar y cuando volteó me platica que el señor Ya estaba queriendo meterse por la ventanita. Mi esposo lo único que hizo fue agarrar una silla y decirle que si no se iba le daría con esta en la cabeza. El señor le contestó que aunque él cerrara, de todas formas se iba a meter. Ahí fue donde a Luis le dio algo de miedo. El señor se fue, pero antes de irse le dijo que en la noche se metería y todavía se rió. Luis Javier dice que cerró rápido la tienda y se metió a la casa.
4:42 Cerró todo, puertas, ventanas, todo por dentro y con llave. A lo que se fue a dormir, pero como el señor de afuera ya le había metido el miedo, dejo una luz prendida. Dice que como a eso de las 12:00 de la noche comenzó a escuchar ruidos, cabe aclarar que la casa era de 2 pisos y mi esposo me dijo que empezó a escuchar como pisadas de un caballo que iban por las escaleras para arriba hacia donde él se encontraba acostado. Al principio pensó que el señor sí se había metido o que alguien más había entrado a robar, pero lo que más le pareció extraño fue que él había cerrado todo con llave. Entonces no le dio mucho caso a los ruidos, pero dice que de pronto se empezaron a escuchar más fuertes, como tropeladas de un caballo corriendo por las escaleras hacia arriba hasta que se detuvieron.
5:46 Justo afuera del cuarto, donde el estaba mi esposo, me contó que cerró los ojos y comenzó a rezar lo que se sabía. En eso sintió la presencia de algo a su lado y esa presencia le susurraba en un idioma que él no entendía en su mente. Él le dijo, No te entiendo. Y esa presencia le contesto, apaga la luz. Luis, todavía rezando, le respondió, no apágala tu si quieres. Siguió rezando y me platica que de pronto sintió que le pusieron una mano en el pecho. Él estaba asustadísimo, seguía rezando en su mente y no podía moverse.
6:35 Esa presencia seguía hablándole en ese idioma extraño y él le repetía en su mente que no le entendía. Y ahí volví a insistirle a que apagara la luz. Lo que más le aterró fue darse cuenta de que esa presencia si lo escuchaba, a pesar de que él solo le estaba respondiendo en su mente. Mi esposo dice que tenía una mano sobre el pecho medio abierta y por ese pequeño espacio sintió que otra mano se iba metiendo. Me dijo que el corazón le latía demasiado rápido del miedo, pero siguió rezando y pidiéndole que se fuera.
7:19 En eso dice que por fin pudo mover la mano y alcanzó a apretarla, y lo que sintió fue tan aterrador que le dio más miedo todavía. Cuenta que era una mano demasiado delgada como de puro hueso, muy fría. En el momento en el que el apretó esa presencia la sacó muy rápido y volvió a decirle, apaga la luz. Luis, ya muy aterrado, le contestó de nueva cuenta que no, que si quería la pagara él. Después de eso, sintió claramente como esa cosa se salió como si atravesara la puerta y enseguida escuchó las tropeladas del caballo, bajando muy rápido por las escaleras. Fue ahí cuando mi esposo ya no pudo moverse y quiso llamar a la hija del patrón, que también vivía ahí en Morelia con su esposo, pero me platica que lo más raro fue que la llamada nunca salió, siguió insistiendo y de pronto su celular ya no tenía crédito.
8:27 Cuando esté asegura que sí tenía. Así que lo único que pudo hacer fue poner música a todo volumen en su celular hasta que se quedó completamente dormido. Al día siguiente se regresó aquí a el limón, cerca de Apatzingán y eso fue lo que le pasó a mi esposo. Espero que la puedas publicar y que le guste al público de Inframundo. Tengo otra historia que ocurrió con un señor en esa misma casa de Morelia. Y mi esposo también estaba ahí, pero esa se las comparto en otra ocasión. Gracias por escucharme. Saludos a toda la audiencia. Esta historia es enviada por buñuelos Tapatío menciona que se lo contó un amigo de allá por lagos de Moreno, Jalisco. Dice que pasó un sábado cualquiera de esos en los que no hay quinceañeras, no hay bailes en los ranchos cercanos y el pueblo se siente más quieto de lo normal. Era de noche y andaban sin plan, dando vueltas por la Colonia, allá por el tepetate, nomás viendo si salía algo para matar el aburrimiento.
9:54 La anécdota la contaré como si yo fuera el. Iba caminando con varios camaradas. Llegué a la esquina donde siempre nos juntábamos y ahí estaban sentados platicando como esperando que alguien dijera vámonos a tal parte. Cuando los vi pensé que ya traían cotorreo, pero nada puro estar ahí nomás. Al final hicimos lo de siempre. Juntamos para unas caguamas y nos pusimos a tomar mientras veíamos. Si se armaba algo. Pasó un rato y entre la plática y la risa y empezamos a escuchar música muy lejos de esa que llega con el viento y a veces te engaña porque parece que está cerca. Nos quedamos callados un momento y uno dijo que sonaba como rumbo a San Jorge.
10:50 A esas alturas ya andábamos calientitos y con ganas de divertirnos, así que no lo pensamos mucho. Nos levantamos y nos fuimos para allá en Bola subimos hacia la lomita y cuando llegamos no había nada, ni luces, ni gente, ni música cerca. Nada más el monte y el aire dijimos ya estuvo. Nos regresamos, pero uno de los camaradas se quedó escuchando y soltó. No se oye más para la basurera y como nadie quería regresar con las manos vacías y la noche todavía era joven, nos sometimos por una brecha para jalar hacia donde supuestamente venía el sonido. Los que han andado por esas brechas a medianoche saben que son bonitas, sí, pero también se sienten pesadas. A esa hora todo se ve igual.
11:50 El monte se cierra, el aire cambia y cualquier ruido se escucha doble. Para colmo, empezamos a bromear con las leyendas de la zona, que si la aparecida del rebozo, que si el revolucionario que dicen que se le aparece a los más amolados y les da un poco de oro para salir de sus broncas. Pero si te gana la ambición te va peor. Íbamos riéndonos. Diciendo Tonteras como para que el camino se sintiera más corto. Seguimos avanzando y cuando creímos que ya íbamos a topar con el baile, la música se volvió a sentir más lejos, como si se alejara.
12:37 Alguien dijo que entonces a lo mejor era para la presa de la Sauceda. Y ahí vamos de nuevo dándole por la brecha con la misma idea de ahorita llegamos. Lo raro empezó a mitad de la subida. Yo me di cuenta primero porque me pareció que no estábamos cansados, íbamos a buen paso hablando y cotorreando, y aún así no sentíamos el esfuerzo como debería. Normalmente en esa parte del camino ya va respirando pesado. Ya vas callado, pero esa noche era como si el cuerpo no pesara. Eso me sacó de onda y se los dije, Oigan, esto está raro, ya vamos bien lejos y el baile nomás no aparece.
13:25 En cuanto lo dije, cambió todo, nos pegó un frío bien extraño, de esos que no vienen del clima, sino de algo que se siente por encima. La música se apagó de golpe, como si alguien la estuviera cortando alrededor. Se hizo un silencio completo de esos que te hacen escuchar tu propia respiración. Nos quedamos parados, volteando a todos lados, tratando de ubicar un ruido, una luz, lo que fuera. Pero no se veía nada, ni un perro ni un carro, nada. Yo dije. Mejor vámonos regresando y los demás se sintieron sin discutir porque todos lo sintieron. Empezamos a caminar de vuelta y ahí fue cuando el viento se levantó con fuerza.
14:18 Se sentía entre los árboles y sonaba como si algo pasara, corriendo como si estuvieran moviendo ramas cerca de nosotros. Entre ese aire se escuchó un aullido largo, como de perro viejo. Pero no era un aullido normal, era un sonido como que te lava, como si te lo soltaran en la nuca. En ese momento nos dimos cuenta de otra cosa. Nuestro paso había cambiado, ya no era el paso ligero de hace rato. Ahora caminábamos pesados como si el suelo no jalara. Quisimos apurarle y no podíamos como si el cuerpo no respondiera igual.
15:02 Los ruidos empezaron a juntar aullidos, cirbidos, lamentos y también voces, pero no se entendían. Se escuchaban palabras cortadas, como si alguien hablara cerca sin querer, que lo entiendas. A mí se me apretó el pecho, sentía el miedo y al mismo tiempo el coraje de no poder correr. Uno de los camaradas dijo. Es el diablo, nos está siguiendo y quiso echarse a correr, pero se tropezó como si se le enredaran los pies. Cayó duro, se levantó y volvió a caer.
15:42 No era normal. Los demás avanzamos como pudimos. Miramos para atrás con la pura sensación de que algo venía pegado. Tratamos de rezar, pero tampoco salían las palabras. Yo me acuerdo que intenté decir un padre nuestro y se me trabó la lengua como si se me cerrara la garganta. Los ruidos se oían cada vez más cerca y el viento parecía meterse por todos lados. Hubo un momento en que sentí que el aire se volvía más caliente, como un vapor y luego otra vez el frío, como si estuviéramos cruzando por un lugar que no era para nosotros. Ya casi llegando por donde están las puerqueras, sentí una mano larga tocándome la espalda.
16:37 No fue un golpe, no fue un empujón. Fue como un toque, como cuando alguien te pone la mano para que voltees se me fue la fuerza de las piernas. Quedé en blanco. Lo último que recuerdo es que el monte se me hizo oscuro de golpe, como si me hubieran tapado los ojos. Me despertaron ya amaneciendo. Un viejo que iba a la labor nos encontró tirados. Dice que al principio pensó que estábamos borrachos, pero cuando se acercó y no reconoció, se asustó porque nos vio pálidos, sucios, con la ropa llena de Tierra, como si nos hubieran arrastrado. Nos echó agua.
17:23 Nos habló fuerte y poco a poco reaccionamos. Yo sentía el cuerpo molido. Como si hubiera caminado toda la noche cargando costales. El señor nos preguntó que nos pasó y cuando alcanzamos a contarle nomás movió la cabeza y dijo, eso fue el diablo por andar en la vagancia y no obedecer. Nos dijo que esa zona a esas horas no es juego, que hay cosas que se aprovechan cuando te ven perdido y confiado. Lo que más me pegó fue lo que dijo después. Me contó que esa misma noche mi mamá había ido a buscarme hasta San Jorge porque le dio un mal presentimiento, como si algo le apretara el corazón.
18:14 Dijo que anduvo rezando pidiendo que regresara bien y que si nos salvamos fue por esas oraciones, porque de otra manera no hubiéramos vuelto. Desde ese día mi amigo dice que ya no se confía, no presume valor cuando no debe y cada que alguien le habla de vamos por la brecha de noche se le cambia la cara porque sabe lo que se siente. Cuando el monte se te cierra el viento te habla raro y tus pies ya no obedecen. Buenas noches, comunidad Inframundo. El título de esta historia es Gloxinea roja. Le puse así porque precisamente así se sentía esa noche como una flor roja, abriéndose donde no debía, en un lugar donde uno aprende a no sorprenderse.
19:18 Pero igual se sorprende. Estábamos haciendo un servicio normal. Éramos varias en el área y ya habíamos terminado la tanatopraxia y la tanato estética de un hombre de la tercera edad. Cuando por fin lo acomodamos y lo vimos completo. Quedó también que se miraba tranquilo, como si estuviera descansando de verdad. Se veía guapo, arreglado, con esa presencia que a veces tienen algunos difuntos cuando quedan bien trabajados. Como si la muerte no les hubiera quitado el porte. Yo lo dije como comentario, sin malicia, como se dicen esas cosas entre compañeras para aligerar el ambiente. Les dije que se veía muy atractivo, que seguramente de joven lo había sido todavía más.
20:16 No lo dije para faltar al respeto. Lo dije como una observación. Casi como cuando ves una foto antigua y piensas como era esa persona en vida. Y fue en ese momento cuando pasó, todos lo vimos. El gesto que tenía, ese gesto sereno cambió. No fue un se le aflojó la cara ni una ilusión por la luz. Fue un cambio, claro, como si hubiera respondido como si le hubiera gustado. La boca se le fue levantando despacio hasta quedar como una sonrisa. Una sonrisa pequeña pero muy marcada, demasiado humana para ser casualidad. Nos quedamos quietas unos segundos. Vi la cara de mis compañeras y supe que ellas también lo vieron porque se miraron entre sí, como buscando una explicación rápida para no quedarse con el miedo encima. Una de ellas dijo medio riéndose, pero con nervio. Ay, todavía muerto, fue coqueto.
21:24 Otra respondió algo como que al menos se fue feliz. Yo no dije nada más, me tragué el susto en ese trabajo. Si te detienes demasiado a pensar en ciertas cosas, te gana la cabeza, pero esa sonrisa se me quedó grabada. Porque fue como si por 1 segundo alguien hubiera escuchado lo que dije y hubiera contestado a su manera. Después de eso vino lo otro y ahí ya no fue un detalle pequeño. Ahí fue el tipo de cosa que te hace voltear a ver a la puerta aunque no quieras.
22:05 Esa noche estábamos 5 personas de guardia. En el cuarto de atrás, donde dormíamos cuando toca turno largo era 1/4 sencillo, sin lujos, con camas y colchonetas y la costumbre de tratar de dormir a ratos, porque siempre puede llegar un servicio. En la madrugada, como a las 3:00 de la mañana, tocaron la puerta con golpes fuertes, de esos que no son de me equivoqué, sino de abran, pero no habló nadie. No prendieron la luz de afuera, no se escuchó el típico buenas noches o Abraham, traemos un cuerpo o cualquier otra señal, nada, sólo golpes. Mis compañeros 3 de ellos se despertaron de inmediato. Se quedaron callados esperando que los embalsamadores encargados dijeran algo, que hablaran, que confirmaran quién era, pero no hubo ninguna voz.
23:07 Después de los golpes escucharon el carrito, ese sonido sí, lo reconoces, aunque estés dormido el carrito metálico rodando por el piso. Y luego, como si fuera lo más normal del mundo, escucharon la cadena de la grúa, esa con la que se pasa el cuerpo de las canastillas a la plancha. Es un sonido muy específico de metal con metal, detención de peso. No es un sonido que se confunda con otra cosa. Ellos se miraron entre sí porque si alguien estaba moviendo eso era porque ya había un cuerpo ahí o porque estaba entrando alguien.
23:52 Se levantaron, se asomaron por donde podían y vieron que todo estaba apagado. No había luces, no había nadie caminando. El pasillo estaba completamente vacío. Lo más raro es que de las 5:00 personas solo se despertaron esos 3. Mi compañera y yo no escuchamos nada, ni golpes, ni el carrito ni la cadena. Dormimos como si no hubiera pasado, solo nos despertamos después cuando una de las compañeras, ya bien nerviosa, le pidió a otra que la acompañara al baño porque tenía mucho miedo. Ahí fue cuando nos enteramos de todo.
24:35 Nos lo contaron en voz baja. Como se cuentan esas cosas, cuando no quieres que el miedo se te suba la garganta, yo los veía y se notaba que no estaban inventando nada porque estaban completamente pálidos, serios. Y no era el tipo de broma que haces. A las 3:00 de la mañana en una funeraria, uno de ellos juraba que escuchó claramente la cadena. Otro decía que los golpes casi le tira la puerta y el tercero repetía lo mismo, se asomaron y no había nadie, ni una sola luz prendida. Esa madrugada ya nadie durmió igual.
25:18 Yo me quedé pensando en lo de la sonrisa y luego en esos sonidos y me dio esa sensación de que hay lugares donde lo que se queda se queda con ganas de hacerse notar. No siempre se aparece como sombra ni como grito. A veces es una sonrisa que no debería estar allí. A veces son golpes en una puerta cuando no hay manos del otro lado y a veces es el sonido de una cadena moviéndose en la oscuridad como si alguien estuviera trabajando, cuando todos se supone están dormidos. Muy buenas noches, Inframundo, mi nombre es Adair Morales, soy del estado de Oaxaca y lo que voy a contar me pasó cuando todavía era común viajar cada fin de semana por la carretera vieja, la que viaja hacia la costa, pasando por sola de Vega, antes de que existiera la autopista actual. Mis papás son profesores de primaria y durante una temporada trabajaron en una comunidad de Santa María Colotepec, cerca de Puerto Escondido, por eso nuestra rutina era siempre la misma.
26:48 Los viernes salíamos rumbo a la ciudad de Oaxaca y Regresábamos el domingo por la noche para que el lunes temprano ellos ya estuvieran en la escuela. Ese trayecto desde la capital se hacía pesado, eran como 6 o 7 horas, dependiendo del clima y de cómo estuviera la carretera, pero uno se acostumbra. Yo por ejemplo, ya tenía práctica manejando a esas horas porque muchas veces nos tocaba viajar de madrugada. En ocasiones venía yo al volante y eran aproximadamente la 1:15 de la madrugada. En el carro venían mis papás, mi hermana y un primo mío. Para mi mala suerte todos iban dormidos y yo era el único despierto con el puro ruido del motor y el camino oscuro. El que conoce la carretera sabe que hay tramos donde la Sierra se pone seria, de día ya se siente sola y de madrugada es todavía peor.
27:55 No hay casas, no hay luces ni gente. A lo mucho te cruzas con una curva que va a Oaxaca o a puerto o con uno que otro carro, pero hay ratos largos en los que vas completamente solo, como si la carretera fuera tuya y de nadie más. Esto me pasó ya bajando hacia la costa antes de llegar a un pueblo que se llama San Gabriel Mixtepec. Yo iba manejando normal, no tenía sueño. No había música ni plática, sólo el camino. Recuerdo que pasamos por una cascada muy conocida de ese rumbo, como unos 15 minutos antes de San Gabriel. Sentí algo raro, no sé cómo explicarlo, pero fue como una vibra pesada, como si el ambiente se hubiera puesto más denso.
28:47 De golpe no hice caso, me dije que era cansancio o idea mía y seguí. 5 minutos después, en una curva cerrada, la VI. A la orilla de la carretera estaba una señora ya grande, muy jorobada, arrugada, con un vestido rosa. Lo que más recuerdo es que en la parte de abajo del vestido tenía cuatro flores, traía un bastón de palo, iba descalza y el cabello lo traía suelto. Pero hacia adelante, tapándole la cara, no se le veía el rostro, pero aun así sentí que me estaba mirando. Fue una sensación directa, como cuando alguien te clava los ojos, aunque no lo puedas ver bien. Yo alcancé a cruzar la mirada con ella, o al menos eso sentí y ahí me pegó el miedo de verdad se me fue el aire, empecé a sudar frío y se me enchinó la piel completa. Me espanté porque en ese lugar no hay nadie, no hay casa cerca, no hay una razón para que alguien esté parado ahí. A esa hora, lo más cercano, en carro, queda a unos 10 o 15 minutos.
30:08 ¿Y aún así, quién sale descalzo, encorvado, en plena madrugada en una curva de la Sierra? Me alteré tanto que se me soltaron groserías sin darme cuenta. Sentí que el volante se me iba como si las manos ya no me obedecieran, casi me salgo de la carretera. Empecé a gritar feo del puro susto y fue eso lo que despertó a todos en el carro. Mi papá se despertó de golpe y me gritó que me orillará, que estaba muy alterado, que así vamos a chocar. Yo me paré como pude, todavía temblando con el corazón, golpeándome el pecho.
30:51 Ellos me preguntaban qué había pasado, por qué gritaba, por qué iba así. Les dije lo que vi. Les describí a la señora el Vestido rosa, el bastón, el cabello tapándole la cara parada en la orilla como si estuviera esperándome. No quise regresarme a ver ni voltear otra vez. Sentía que si lo hacía algo iba a pasar. Aquí en Oaxaca es normal cargar mezcal y mi papá me dio un trago para el susto. A mí no se me quito el temblor, pero al menos me ayudó a respirar un poco después de eso ya no manejé.
31:34 Se cambio el volante y yo me fui atrás tratando de calmarme, pero por dentro seguía igual. Lo que más me marcó no fue solo verla, fue el miedo que me entró. Ese miedo que no se parece al de un asalto o al de una llanta ponchada fue otra cosa, una sensación de que eso no era alguien normal. No era una señora que se perdió, no era alguien pidiendo ayuda. Era algo que estaba ahí porque quería que alguien lo viera. Hasta hoy. Puedo asegurar que lo que vi no era de este mundo. Por como se sintió el ambiente y por cómo me reaccionó el cuerpo.
32:19 Ese tipo de miedo no se olvida desde esa noche, la verdad, ya nunca quise volver a manejar por esa carretera y a oscuras. Muchas gracias por escucharme y espero que mi relato les haya gustado. ¿Usted que nos escucha diariamente, qué opina de estas cuatro aterradoras historias? Compartidas por ustedes mismos, los suscriptores, gente como tú, como yo, a los que les han ocurrido cosas paranormales y extrañas. Si tienes alguna historia, anécdota, relato que contar, puedes hacérmelo llegar a mi correo y el cual está apareciendo en pantalla.
33:07 Sin más me despido, no sin antes invitarte a que te suscribas y compartas con algún amigo o alguna amiga. Te deseo dulces pesadillas y nos vemos en otra emisión más de Inframundo.
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