EL MUNDO de los MUERTOS
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0:02 El mundo de los muertos, anécdota por Carlos Ibarra, relatos de cementerio. Me gusta visitar cementerios. Sé que quizá no es una actividad muy común, pero al menos para mí, esa tranquilidad con que puedes pasear por los diferentes sitios donde hay camposantos. Me gusta mucho, sobre todo cuando encuentras alguna tumba que tiene una arquitectura particular. Recuerdo que en una ocasión, mientras me encontraba tomando fotografías de unos ángeles de piedra, desde el rabillo del ojo, vi una sombra que huía entre las lápidas. Por precaución busqué por todos los puntos a ese ser que se escondía de mis ojos.
1:02 En poco tiempo me di cuenta que era una niña vestida de blanco. El pequeño atuendo tenía olanes rematados en tonos rosados y morados por el cabello castaño rizado y sus ojos enormes. Parecía una princesa. Salida de un cuento. La saludé con la mano brevemente. Ella devolvió el movimiento de la mano de forma tímida. No pensé más en el asunto. Asumí que se tratase de una pequeña, seguramente que sus padres estarían en las cercanías muchas veces. Yo mismo, de niño, me la pasé brincando entre las tumbas, jugando.
1:51 Cuando algún funeral se celebraba. Supongo que al ser pequeños no tenemos mucha conciencia de lo que es la muerte, o mucho menos de forma que se nos hace algo sencillo, olvidarnos que muchas veces el motivo de nuestras visitas es lúgubre. Seguí en mis cosas tomando fotos, pero ahora. Al sentirme observado, noté que había 2 pequeños, la niña y un varón, vestidos también de forma elegante, con el cabello relamido y un traje de tono azul oscuro con camisa clara sosteniendo un muñeco que parecía ser un oso de peluche, le sonreía a la distancia.
2:46 Parecían curiosos por las fotografías que estaba tomando, de manera que les enseñé la Cámara haciendo señas de que podían acercarse al llegar a mi lado. Note que ambos niños estaban muy pálidos. Tenían ojeras enormes, como si no hubieran dormido en mucho tiempo o estuvieran enfermos los cabellos de la pequeña. Estaban algo enredados y con Tierra, mientras que El Niño tenía el traje algo sucio, como manchado de una sustancia que yo no quise reconocer. Sin embargo, eran pequeños, así que lo justifiqué pensando que seguramente habrían estado jugando con algo similar. No me hablaron, pero tomaron la Cámara y la vieron a detalle. Era como si nunca hubieran visto alguna pieza similar, ni siquiera la podían operar, así que se las tomé de las manitas, que estaban algo frías y con gusto les mostré las fotos que había tomado.
4:02 Ellos se sorprendieron al ver el funcionamiento de la máquina. Pensé que era un poco exagerado, pero de nuevo no tenían más de 6 años. Así que supuse que era algo que esperarse si sus padres no los dejaban tener tecnología. Después de un tiempo observando todo, la pequeña habló. Tenía la voz algo ronca. Me preguntó por mi nombre. Con gusto le dije que me llamaba Carlos. Ella me contestó que se llamaba clara.
4:43 Y El Niño añadió con voz timida que era Luis. ¿Les pregunté qué hacían ahí, dónde estaban sus padres? Clara indicó una dirección y comentó con seriedad que estaban de aquel lado. Inmediatamente se despidieron y corrieron en dirección de las tumbas que señalaron, no vi a nadie en particular. Me encogí de hombros y me concentré en tomar fotografías de algunos arreglos florales interesantes. Satisfecho por lo que recolecté en el día, me dirigí al centro del cementerio para sentarme unos minutos. En ese momento había varias personas caminando en los pasillos.
5:35 Todos llevaban arreglos para sus muertitos. Incluso flores sencillas. Pero parecía una ofrenda común, como si se tratara de una forma de llevar algo de vida, de demostrar que el recuerdo no estaba olvidado de los que yacían bajo Tierra o en la memoria de los transeúntes. el Sol estaba alto y calentaba la roca bastante bien. Así que me entró el support por unos segundos. Mi corazón estaba feliz en ese momento, así que disfruté del ambiente por unos momentos, hasta que nuevamente el descanso fue interrumpido por la presencia de los niños, pero ahora eran 3. Clara Luis si Andrés, el último en condiciones parecidas. A las de Luis, solamente que portaba un traje café y verde con camisa blanca manchada por la Tierra, se escondía detrás de los otros 2 y se notaba aún más joven. Vencido un poco por la insistencia en verme, le pregunté a clara si quería jugar. No creí que fuera malo.
7:04 Después de todo, si me estaban hablando tanto era porque sentían curiosidad y yo no tenía nada en contra de ellos. Los 3 asintieron con alegría. Pensé que seguramente estarían aburridos de algún rito fúnebre realizado por los mayores, demasiado ocupados por su pena como para cuidarlos apropiadamente. Les dije que jugaríamos a las traes y luego a las escondidas. Pensé que después de eso podríamos ir los 3 a buscar Asus padres para poner fin a que deambularan solos por el cementerio.
7:49 Enseguida se animaron y el primero en traerla fue Andrés. Este comenzó a correr por todos lados, detrás de los más pequeños por mi altura. Era difícil que me alcanzaran, así que se la pasaron correteando entre ellos y de cuando en cuando uno trataba de tocarme sin mucho éxito. Una vez que se cansaron, comenzaron con las escondidas. Esta vez, como no me habían tocado, sería mi turno de contar hasta el 10 mientras se escondían y luego podría ir a buscarlos. Para su seguridad, la condición era que no se fueran demasiado lejos, ya que en caso contrario podrían perderse. ¿Y qué cara le pondría Asus padres al regresarlos con ellos? Al mencionar Asus progenitores, los niños abrieron los ojos. Me dijeron que ellos vendrían una vez que anocheciera. Mire, el cielo era extraño que pese a que habíamos empezado a jugar a eso del medio día, sentía que apenas había pasado el tiempo.
9:13 Ya era bastante tarde. En realidad, al sol no le faltaba tanto para comenzar el descenso final del día. Les comenté que entonces necesitábamos hacer eso lo más rápido posible. Así que me apoyé contra un viejo oyamel en medio del cementerio y comencé a contar hacia abajo del uno al 10. Lentamente, cuando llegue al final de la cuenta, abrí los ojos para ver que el cielo estaba oscuro y las luces del panteón se encontraban encendidas. Eso comenzó a asustarme.
9:53 No tenía sentido alguno. ¿Que hubiera pasado tanto tiempo? Consulté mi reloj y eran apenas las 5:00 de la tarde. Caminé llamando a los niños. Pensé que como era una situación poco natural, lo mejor sería ir con sus padres para entregarlos y largarme de ahí. Así que mientras que les gritaba que no era un juego, que por favor fuéramos de regreso Asus hogares. Ellos permanecían escondidos. Grité por clara que era la mayor y la más platicadora, pero solamente escuché sus risas en las sombras. Veía que corrían de un lado a otro sin que los pudiera identificar bien a bien por la oscuridad. Trataba de no alejarme del camino de las tumbas. Pero como que ellos estaban corriendo por entre las lápidas, no me quedó de otra opción que acercarme a donde jugaban. Llamé a Andrés pensando que quizás el más pequeño me haría caso porque los otros no.
11:11 Al momento de gritar su nombre, el cementerio entero cayó en silencio. Estaba tan asustado que escuchaba los latidos de mi propio corazón, pegarme en la cabeza. Caminé despacio, VI un movimiento detrás de un mausoleo pensando que era alguno de los niños. Me dirigía ahí a dar la vuelta a la construcción de piedra. Me di cuenta de que lo que estaba detrás de la roca húmeda era un hombre que se retorcía en el piso. Sus ojos se encontraban llenos de polvo, al igual que la cabeza y los brazos.
11:53 Estaba saliendo de una tumba colocada detrás del mausoleo. Las cuencas del hombre me voltearon a ver con un poco de esperanza. Alargó los brazos en mi dirección, en una seña explícita de que lo sacara. De ahí vi con horror. ¿Cómo? Al querer hablarme se le cayó la mandíbula y solamente pudo emitir un sonido de lamentos al no poder articular palabra alguna. Grité por el miedo, para luego irme corriendo de ese.no. Veía bien, pero la poca luz me daba algo de sentido para evitar chocar contra las construcciones de piedra de pronto. Vi a un Andrés sorprendido en uno de los laterales. Me lancé de un salto y lo tomé de los hombros, que estaban escuálidos y fríos.
12:51 El me miro con un rostro que ya no parecía el de un niño dulce, sino que estaba carcomido por los años. Desprovisto de vida. Sus ojeras se hundían en las cuencas de unos ojos blancos. Vacíos de vida por la falta de circulación sanguínea, con una voz que sonaba cascada, seca, lleno de Tierra y quién sabe qué más. Se lamentó que lo hubiera encontrado y desapareció en una columna de polvo. Enseguida una parte del cementerio volvió a estar iluminada y esa aura de opresión desapareció en un santiamén. Al parecer me habían maldecido y ahora debía encontrar a los otros 2 para liberarme de eso, al menos con la luz adicional, podría continuar corriendo entre las tumbas sin tanto problema. Continué el tortuoso camino hasta llegar a una arboleda. Era el sitio de las lápidas más viejas. Tanto que algunas ni siquiera tenía nombres ya o eran simplemente rocas caídas sobre un montón de hierba. Traté de no hacer ruido.
14:17 Ahora tenía idea de que tendría que sorprender a los otros 2 niños que ya sabía que no era parte del mundo de los vivos. ¿Entre esos árboles eran alguna especie de pinos? Escuché la voz de unas mujeres cantando. Me acerqué con cuidado y las VI descarnadas de sus cuerpos mortales, cubiertas por las mortajas de su antigua muerte, sentadas en un círculo con apenas algunos jirones de pelo y ropa colgada de sus huesos. Si se preguntan porque no me fui del cementerio es porque no encontraba la salida.
15:03 Me encontraba en su mundo. De las gargantas de aquellas mujeres surgían un sonido melodioso que se fundía con esa noche maldita era como el ulular del viento entre los árboles. Ellas no me notaron, pero distinguí en el Grupo a clara que bailaba brincando con alegría al centro de ese grupo. Sus cabellos castaños desvanecidos por el tiempo. Su carita tierna disecada como un trozo de carne que dejas demasiado tiempo al sol. Ya no tenía ojos en las cuencas, sino un par de agujeros con unas luces plateadas al fondo.
15:55 Los brazos tenían carne a trozos y no alcanzaba a verle las piernas. Podía saber que era ella solamente por el vestido de Princesa que flotaba con cada brinco y paso que la pequeña daba mi cuerpo entero. Temblaba en oposición a lo que estaba a punto de hacer. Trate de pasar saliva, pero la boca la tenía seca. Tomé todo el valor que me quedaba y salí corriendo de mi escondite. Derecho a la niña. Las mujeres gritaron como arpías, tratando de tomarme para evitar que la tocará, pero alcancé a rozar su brazo con las yemas de mis dedos y al igual que Andrés, puso una mueca de fastidio por un momento y luego dijo encontrada.
16:55 Para esfumarse en el aire con el resto de los seres, ya casi caería la noche en el mundo real. Nadie me dijo las reglas de ese juego maldito, pero tenía por seguro que los minutos que podía aspirar a utilizar para encontrar al último a Luis se estaban agotando rápidamente. Me puse a correr como loco por todos lados, viendo un desfile de apariciones, esqueletos que fuera de sus tumbas hablaban de sus parientes, algunos quejándose, otros orgullosamente de que les dejaran ofrendas, unos más realizando ejercicios de Calistenia, estirándose después de haber dormido un buen tiempo. Otros jugando a las cartas, a las adivinanzas, a diferentes actividades.
17:58 Niños corriendo por entre los pasillos. Era una colección de estampas con la que ni Posadas había soñado. No veía a Luis por ningún lado, pero los cabellos de la nuca se me erizaron haciéndome recordar una regla. Si en El juego el que se escondía llegaba a la base antes de que lo encontrara, ellos ganaban. No quería formar parte de ese sitio hasta que fuera mi hora, así que redirigí mi carrera al oyamel al centro del cementerio. Tenía el presentimiento fatal de que esa era la dirección que había tomado Luis en pocos minutos. Ya había llegado a las inmediaciones del lugar y como si le hubiera leído el pensamiento, El Niño se dirigía con pasos sigilosos en dirección del árbol. Si lo tocaba, mi destino estaba sellado. No tuve otra idea mejor, así que tomé el cráneo de una aparición, el cual protestaba porque lo estaba levantando. Y con toda la fuerza que me quedaba en los brazos, lo arrojé a la cabeza de lente.
19:23 Le pegué derecho a la nuca con un crujido. Ambos seres se quejaron amargamente de la situación mientras el cuerpo perteneciente al cráneo avanzaba molesto para tomar su cabeza. Creo que de haberle hecho eso a una persona viva. Le habría quitado la vida, pero me dio unos segundos en los que se reponía Luis para correr a tocarle la espalda. Entonces, El Niño comenzó a retorcerse sus piernas a modo de berrinche. Estaba gritando que no era justo, que casi me habían ganado antes de que desapareciera por completo.
20:08 Le pregunté qué era lo que iban a ganar en ese juego. Él me miró con ojos rojos como de demonio. Su voz era gruesa y cultural. Sonrió de forma maligna para decirme que usar mi cuerpo como les pareciera mejor y en una explosión de polvo se fue de un momento al otro. La luz de la tarde iba transformándose de a poco en el sitio, en el cementerio común y corriente que siempre había visitado. Escuché una voz que decía que para la otra no jugara con espíritus menos con los entes que se hacen pasar por niños. Nunca sabes qué cosa te van a quitar si ellos ganan. Me encontré sudando a mares, apenas respirando y con los ojos desorbitados.
21:07 Uno de los cuidadores me vio. Fue a decirme que las horas de visita habían terminado, pero al notar mi Estado preguntó si me sentía bien al ver que no me llevó a la Oficina para darme un té floral de un sabor delicioso. Me preguntó Kevin. Seguro de que alguna de las apariciones me había jugado una broma pesada. Al contarle todo asintió y me tomó del hombro para consolarme. Me dijo Viéndome a los ojos, que había tenido mucha suerte, pues me encontraba en su mundo el mundo de los muertos, que esos entes no eran espíritus de niños, sino seres malignos que buscaban hacerle daño a las personas desde entonces. Aunque mantengo mi afición por tomar fotos en los cementerios, solamente los visito en las primeras horas de la mañana y siempre acompañado de otras personas. Espero y mi relato haya sido de su agrado. Muchas gracias por escucharme.
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