April 27, 2026

ALGO ME QUERÍA LLEVAR EN EL METRO DE CDMX - Historias de Terror PARANORMAL │ INFRAMUNDO RELATOS

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Inframundo Relatos De Terror
ALGO ME QUERÍA LLEVAR EN EL METRO DE CDMX - Historias de Terror PARANORMAL │ INFRAMUNDO RELATOS

Hay algo en el metro… que no todos pueden ver.Algunos dicen que es una mujer… otros… que nunca fue humana.Pero quienes la han visto… no vuelven a ser los mismos.Los Relatos de Esta noche incluyen: ALGO ME QUERÍA LLEVAR EN EL METRO DE CDMX | Historia de Terror ParanormalLos relatos de esta ocasión están relacionados con:Historias de Terror del Metro, relatos de terror del metro, historias del metro CDMX, terror en el metro, mujer del metro, apariciones en el metro, historias de terror en la Ciudad de México, relatos paranormales, historias de miedo, cuentos de terror, sucesos extraños, presencias en el andén, sombras en el metro, terror nocturno, leyendas urbanas, historias escalofriantes, metro de CDMX, relatos oscuros, miedo real, historias para no dormir.#terror #historiasdeterror #metrocdmx #terrorenelmetro #relatosparanormales

0:00 No olvides seguirnos en Spotify y calificarnos con 5 estrellitas. ¿Nos ayudarías a seguir creciendo? Muchas gracias. Buen día, buena tarde o buena noche. Tenga usted sí, usted que se está preparando una rica taza de café, pues está a punto quizás de ir a la escuela, de ir a la universidad o está por salir al trabajo y día con día. ¿Usa el metro? Pues precisamente el relato del día de hoy es ocurrido en el metro de la Ciudad de México. Antes de comenzar, aprovecho para invitarlo a nuestro nuevo podcast titulado Nocturno, relatos de noche, dónde nos estaremos viendo a Cámara frente a frente a usted y yo contando historias que he recopilado a lo largo del tiempo.

0:59 En la descripción y en el comentario le voy a dejar el link sin más. Por el momento le doy la bienvenida para escuchar este relato ocurrido en el metro. Bienvenido a esto que es Inframundo.

1:42 Esto me sucedió en la Ciudad de México cuando tenía 10 años. En ese entonces vivía en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Era la primera vez que acompañaba a mi mamá, iba de visita a la capital del país, en ese entonces el DF mi nombre es José Roberto Sánchez. En la actualidad vivo en el estado de Nuevo León, estoy casado y tengo 30 años de edad. Lo que me ha ocurrido en el metro es algo inquietante, quizás paranormal o quizá simplemente algo extraño. En fin, como es normal al llegar, todo era nuevo para mí, las grandes avenidas llenas de autos, los edificios, pero sobre todo. Me sorprendió mucho el metro, nunca había visto un gentío como ahí, esa la primera vez que entré a una estación y me Subí a uno de sus vagones.

2:43 Es lo que da pie a esta historia, que tal vez no sea de terror. Pero para mí ha sido lo más extraño e inquietante que me ha tocado vivir como fue hace 20 años y yo era tan solo un niño de 10. No tengo el dato preciso de que estación del metro era, pero lo que vi ahí lo recuerdo como si fuera ayer. Estoy seguro que así será el resto de mi vida. Mi mamá me llevaba agarrado de la mano, nunca se me olvida que me apretaba tan fuerte que ya tenía mi brazo dolorido, todo dormido, pero yo estaba consciente que lo hacía porque era bien sabido que ahí. En las instalaciones del metro había muchos rateros. Bueno, no sólo eso, también se perdían muchas personas, sobre todo niños que jamás volvían a ser vistos. Ese era el miedo de mi mamá.

3:45 De hecho, ya habíamos visto por todas partes muchos carteles de personas extraviadas, sobre todo de mujeres y niños, e incluso de algunos jóvenes. Fue impactante para mí que nos cruzáramos con personas llorando de manera desesperada, buscando algún familiar. Todo aquello me tenía muy sorprendido mirando para todos lados. En mi ciudad, Nuevo Laredo, a pesar de que lo consideraban un lugar violento, no sucedían cosas así. De pronto algo llamó mi atención. Era un ser extraño que. Fácilmente se podría confundir con un chango pequeño, tal vez de 1 M de estatura.

4:34 Era totalmente negro, cubierto de un pelaje grueso, con grandes ojos y orejas picudas. Me sorprendió que llevara estirando a un niño hacia un rincón oscuro. De pronto se detuvo y volteó. Me miró a los ojos un momento. Y soltó una carcajada que apenas pude escuchar. El Niño que tendría aproximadamente mi misma edad, se veía muy asustado, pero no hacía ningún intento por liberarse. Pero era evidente que ese extraño ser se lo estaba llevando a la fuerza. Resultaba extraño también porque nadie hacía algo por el.

5:19 Solamente lo vi un instante, para luego en un pestañear de ojos, desapareció de mi vista. Tuve la intención de decirle a mi mamá lo que había visto. Le hablé, pero ni siquiera volteó a verme. Caminaba de prisa sin voltear a ningún lado. Varias veces escuché esa risa que venía detrás de nosotros, pero por más que busqué entre la gente, no logré verlo de nuevo. Aunque podía sentir su presencia, minutos después, al pasar por un largo pasillo, vi algo todavía más extraño. Había sombras ocultándose entre las personas. Yo nunca había visto eso.

6:06 Entraban y salían sin ninguna dificultad. Lo extraño era que parecía que nadie las podía ver ni sentir. No lograba entender porque estaba viendo todo aquello. Por otra parte, me negaba a creer que todo eso era algo normal. Algunas de esas sombras tenían aspectos siniestros. Unas con grandes cuernos atravesaban los cuerpos, otras apenas visibles, con brazos tan largos que les arrastraban por el suelo. El solo hecho de verlas a unos cuantos metros era para tenerles bastante miedo. Además de eso, deambulaban personas de apariencia bastante extraña.

6:54 Tenían grandes ojos, cabellos largos y barbas hasta la cintura, con ropa sucias y rotas. Iban y venían sin ningún sentido ni preocupación, como si ya fueran parte del lugar la gente metida en sus cosas o sumidas en sus pensamientos. Pasaba a un lado sin voltear a verlos esa estación del metro. Me parecía un lugar extraño y horrible. El bullicio que había de verdad, que era ensordecedor. Gritos, Risas, Silbidos de todos escuchaba. Todos caminaban de prisa, sin importar golpear o empujar a los demás a su paso.

7:41 De pronto, hasta nosotros sin darnos cuenta. Íbamos caminando así como el resto de la gente. Por fin logramos llegar al área de abordar la verdad por tanta gente que había yo no lograba ver nada. Estábamos en espera cuando sentí que me estiraron los cabellos con fuerza, voltee a ver a las personas, pero todas actuaban como si nada hubiera pasado. Regresé la vista al frente porque mi mamá me dijo que estuviera listo. Supe que ya nos íbamos a subir. Voltée de nuevo hasta en 2 ocasiones porque sentía aquella mirada sobre mí.

8:22 Cuando llegó el metro a la estación, la gente de 1 minuto a otro se transformó en otra persona. A decir verdad, todo aquello se convirtió en un caos. Prácticamente empezó a luchar de supervivencia. Se empezaron a empujar unos contra otros. Hubo gritos e insultos en contra de hombres, mujeres y niños. Se tiraron golpes y patadas mientras unos intentaban salir, otros hacían el esfuerzo por entrar a los vagones del metro, como si de eso dependiera su vida. En eso estábamos cuando mi mamá me gritó que no me soltará.

9:03 Luego empezó a Jalarme y a meterse entre la gente. De pronto alguien más tomó mi otra mano. Me jaló tan fuerte y fue tan repentino que por poco pierdo a mi mamá. Con las manos estiradas para ambos lados. La gente pisándome y empujándome para todas partes. En medio de gritos y golpes comencé a llorar asustado. No había espacio entre una persona y otra, por eso no podía darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Por suerte, mi mamá no me soltaba. Volteé a ver quien me había sujetado del otro brazo impidiéndome avanzar.

9:46 Lo único que alcance a ver fueron los dedos peludos de un animal que cada vez me encajaba más sus picudas uñas hasta casi hacerme sangrar esa criatura o lo que fuera esa cosa. Me estiraba con fuerza, con la intención de llevarme a como diera lugar, pero para mi buena suerte. La misma gente me iba empujando al interior del metro. Me estiraban tan fuerte que yo sentía que me iban a zafar el brazo de entre toda la gente. Aquel extraño ser asomó la cabeza y me enseñó sus dientes largos y filosos.

10:27 Era el mismo chango que había visto minutos antes el que arrastraba aquel niño asustado. Verlo a esa distancia fue impactante. Como no me soltaba, me le quedé viendo y le grite algunas palabras malas. Después me puse a maldecirlo sin parar. Incluso intenté golpearlo con los pies. Como respuesta a eso, la criatura frunció el ceño, gruñó y me escupió la cara. La saliva era demasiado ácida, que me ardieron tanto los ojos que ya no pude ver nada. De repente sentí que ese chango me soltó. Gracias a Dios, cuando me di cuenta ya me encontraba dentro del metro, a un lado de mi mamá. Me acuerdo que aunque me ardían mucho los ojos, volteaba para todas partes porque podía escuchar una risa burlona. Sabía, sin temor a equivocarme, que era ese ser el que me había calado del brazo, porque su risa era inconfundible, aunque no lograba verlo por ninguna parte.

11:34 Era él y entendí que no se había dado por vencido y me venía siguiendo sin importarle que hubiera mucha gente y estuviera con mi mamá. Mi preocupación era que tal vez al bajar del metro intentaría con todas sus fuerzas de llevarme. No sé qué tanta gente pasó ni cuántas estaciones pasábamos. De donde subía y bajaba mucha gente. Lo bueno fue que en una de esas paradas, aquella presencia y la risa que se escuchaba a cerca de mí también se fueron. Entonces supe que me había librado de él al detenerse el metro.

12:19 Fue el mismo caos para poder salir del vagón y aunque nos empujaron e incluso recibimos algunos golpes y rasguños, logramos por fin ponernos a salvo. Por decirlo de algún modo, tal vez 1:30 después, por fin llegamos de visita a casa de unos familiares de mi mamá, luego de saludarnos, nos preguntaron de manera insistente cómo nos había ido en el metro, mi mamá les contestó que todo bien y en unas cuantas palabras les platicó por lo que habíamos pasado según su percepción. Yo me quedé en silencio para no contradecirla. Entonces, sus familiares comentaron que habíamos tenido mucha suerte de no haber visto nada raro o peligroso y comenzaron a contarnos todo lo que sucedía en diferentes estaciones del metro, sobre todo en las líneas más antiguas. Algunos de estos casos tenían que ver principalmente con gente desaparecida, pero también hablaron de fantasmas. Y de muertos que se hacían presentes, sin importar que fuera de día o de noche.

13:35 Lo que me llamó la atención fue cuando aseguraron que en realidad lo que se llevaba a las personas, sobre todo a los niños, no eran simples humanos. Era algo mucho más siniestro. Era un espectro que se hacía pasar por un animal, según se sabía. Ya usuarios del metro lo habían visto llevarse niños y niñas e incluso adultos, aunque lo describieron igual, como yo lo había visto así, muy parecido a un chango de color negro y que para la gran mayoría de las personas pasaba desapercibido, preferí no decir nada de lo sucedido por temor a que no me fueran a creer o se burlaran de mí. Fueron tantas historias de verdad inquietantes. Las que nos contaron esa tarde y sobre todo de una manera tan cruda, que mi mamá decidió que por nuestra seguridad ya no nos regresaríamos en el metro.

14:35 Entonces tomamos un camión, aunque tardamos mucho más tiempo, nos sentimos más seguros. Después, cuando estuvimos en la casa, ya en Nuevo Laredo, le platiqué a mi mamá lo que había visto, lo que me había pasado. Hasta le enseñé las marcas de las uñas en mi brazo. Para ser sincero, sentí que no me creyó del todo, o al menos esa fue mi impresión. Días después tuvieron que llevarme al médico por la irritación que tenía en los ojos. Aunque el doctor dijo que era una causa de smog de la capital, yo sabía que era a consecuencia de que me había escupido aquel ser.

15:20 Por buena suerte, pronto pude estar bien. Por varios años esa experiencia estuvo presente en mis sueños y en mis pensamientos. Aquella extraña y horrible figura no la podía borrar del todo hasta que poco a poco sola se fue desapareciendo. Años después, cuando creí que todo estaba olvidado, fui por segunda vez a la Ciudad de México. A tomar unos cursos de 2 días. Ya en esa ocasión, con un poco más de 20 años de edad, tuve que ir yo solo porque nadie de mi familia me pudo acompañar la verdad. La impresión ya no fue la misma.

16:03 Eso sí, la ciudad era enorme. Para llegar a dirección indicada tenía que tomar el metro. ¿Esto sí quería estar a tiempo en las clases y de paso ahorrarme algo de dinero entonces? Sin dudarlo, así lo hice preguntando. Llegué a la estación deseada. Al ver el gentío aquel me llegaron los recuerdos de la primera vez que me Subí a un vagón. La estación no era la misma, pero sí muy parecida. Aunque me sentía algo extraño e incómodo, logré sobreponerme a todo eso. Todo transcurría normal hasta que comencé a sentir esa incomodidad.

16:47 De saberme observado por alguien entonces, de manera discreta, comencé a voltear para todas partes. Aunque ya habían pasado 10 años, el comportamiento de la gente era el mismo, siempre deprisa y empujando a los demás. No pude evitarlo y comencé a recordar la figura de aquel ser sin demostrar lo que estaba sintiendo. Caminé tranquilo hasta el área de espera, para variar. Estaba a reventar de gente. Cuando llegó el metro y se abrieron las puertas empezaron los empujones, sólo que ahora, al ser mayor, no los sentí tan agresivos.

17:30 Decidido a subir, me di los primeros pasos. Entonces pasó algo, me agarraron de la mano y no me dejaban avanzar. Pensando que alguien se había confundido, estiré mi mano, pero no me soltaron. Lo hice de nuevo una y otra vez, jalé con todas mis fuerzas, pero ni así lograba zafarme. No lo podía creer, pero poco a poco me iba estirando al lado contrario del metro. Con asombro miré que era la misma mano peluda de aquel chango a la que me tenía agarrado. Entonces entré un poco en desesperación y sin dejar de jalar, empecé a pedir ayuda, pero nadie hacía nada por mí.

18:18 Si acaso algunas personas volteaban a verme indiferente. Pero eso fue todo. De entre toda la gente salió una extraña risa. Algo comenzó a pasar en mi mente lo que estaba viviendo me trasladó al pasado. Aquel momento que siendo un niño, me vi atrapado por ese espectro. Entonces me comencé a sentir indefenso y sentí miedo también sin saber, porque me comenzaron a arder los ojos. No me da pena decirlo. A mis 20 años estuve a punto de llorar, pero a pesar de cómo me sentía, no me dejé vencer como pude.

19:00 Reaccioné. Agarré aire y utilizando todas mis fuerzas, lo creé poco a poco meterme al vagón del metro. Eso me dio confianza para seguir luchando. Lo había logrado, pero fue inevitable y arrastré conmigo a aquella criatura que, al parecer, nadie más podía ver. Segundos después se cerraron las puertas. Todavía ahí adentro luchaba por liberarme. Bajo la mirada extraña de todas las personas, quienes seguramente no miraban aquella criatura. No sé cómo le hice, pero con un movimiento logré zafarme.

19:42 Al revisar mi brazo pude comprobar que no lo imaginaba. La criatura era real porque tenía las marcas de aquellas filosas uñas sobre mi piel, pero no entendía por qué quería llevarme. Si yo ya no era un niño, durante todo lo que duró el recorrido, supe que ese ser me observaba desde algún punto. Lo podía sentir aún sin verlo. De hecho, podría estar oculto en cualquier parte hasta adentro de una persona. Cuando anunciar una estación donde iba a bajar, también yo empujé a la gente para salir lo más rápido de allí. Respiré un poco de aire fresco cuando salí de la estación. Más tarde, al salir de los cursos, como a eso de las 8:00 de la noche, ya no me regresé solo acompañado por uno de mis compañeros que conocí en el salón. Nos subimos al metro.

20:42 No puedo negar que iba nervioso por lo que pudiera haber, pero no le comenté nada a mi acompañante platicando sobre las clases que habíamos tenido. El camino se me hizo más corto y por buena suerte no vi nada extraño. Sucedió que al bajarme del metro y caminar yo solo por unas cuantas cuadras solitarias y oscuras, tuve la sensación de que me venían siguiendo. Por eso apuré el paso hasta llegar al lugar donde había rentado un pequeño cuarto. La dueña de este me dijo al verme que parecía asustado.

21:23 Entonces, a grandes rasgos, le platiqué lo que veía. Me aseguró que sabía a lo que me refería. Confirmó lo que ya había escuchado 10 años atrás. Lo que andaba en el metro era un espectro. Sacó un raro amuleto hecho de palma y me lo prestó para que me protegiera de cualquier cosa negativa. A pesar de eso, toda esa noche la pasé inquieto. Al siguiente día, en la estación del metro, volví a ver a ese espectro, aunque esa cosa Lucía algo diferente. Era el mismo, no sé si por el amuleto que portaba, pero esta vez no se me acercó, solo me veía con odio, escondiéndose entre la gente. Entonces pensé que ya había desistido de quererme llevar con él a no sé qué parte.

22:20 Al día siguiente regresé el amuleto y me despedí de aquella señora, aunque gran parte del camino me sentí observado. Por buena suerte regresé a Nuevo Laredo sin ninguna novedad negativa. Me acuerdo que me juré no regresar a la Ciudad de México y si lo hacía no me subiría de nuevo al metro. Me gustaría que aquí terminará mi historia, pero por mala suerte no es así. Una noche, semanas después de haber llegado, desperté porque sentí que me movieron la cama. De hecho, al abrir los ojos alcancé a ver una pequeña figura esconderse deprisa dentro de mi ropero. Estuve mirando todo a mi alrededor, pero todo era silencio.

23:08 Me levanté y encendí el foco con cuidado. Abrí las puertas del ropero para revisar que había sido eso. Pero ahí no había más que mi ropa. Busqué debajo de la cama en todo el cuarto y no encontré nada. El resto de la noche estuve inquieto y no pude dormir. En los siguientes días sucedió igual, escuchaba pasos y que alguien reía. Lo que me tenía perturbado era saber que era la misma risa del chango que me había atacado en el metro. Pasaron otros días más. Y ya no sabía qué hacer. Me sentía cansado y cualquier cosa me alteraba. Aunque esa criatura hacía mucho ruido por las noches en mi casa, ninguno de mis familiares parecía darse cuenta porque no hacía ningún comentario al respecto. Entendía que tenía que enfrentar yo solo esa situación, pero se pasaban los días y no sabía cómo hacerlo. Las cosas poco a poco se iban empeorando. Cuando lograba dormir, aunque fuera un poco, sufría de parálisis del sueño y batallaba mucho para reaccionar. Eso era algo de verdad espantoso. Platicando de eso con unos amigos me recomendaron consultar con una señora que se dedicaba a cosas relacionadas con lo paranormal.

24:40 Aunque lo pensé un poco, terminé por ir a verla. La verdad, no tenía nada que perder. Después de platicarle todo lo que me pasaba, me aseguró que a ese espectro disfrazado de Chango me lo había traído pegado y necesitaba hacerme un ritual para poder liberarme de una vez por todas de ese ser, porque sino mi situación se empeoraría terriblemente. Me citó para la noche siguiente, me dijo que serían 3 sesiones. Esa primera vez me presenté con mucho miedo porque me imaginaba muchas cosas.

25:20 La señora solo me barrió con unas hierbas y dijo muchas oraciones, eso sí, bastante extrañas. De mucho me sirvió porque aquello opresión que sentía disminuyó considerablemente y a partir de ese día me sentí un poco mejor. La siguiente vez que la consulté y estuve un poco más tranquilo, me barrio con un huevo de gallina y me dio a tomar el hervor de algunas hierbas un tanto amargas. Con eso dejé de escuchar los pasos y las siniestras Risas que ya no me dejaban dormir. También desapareció la parálisis del sueño.

26:02 La Última Vez la señora estaba muy seria. Me dijo que esa noche me quitaría todo lo malo. Me pidió que no me asustara. Luego apagó todas las luces. Así, completamente a oscuras, me metió a un costal y golpeó todo mi cuerpo con un manojo de ramas secas mientras le ordenaba ese espectro que regresara al lugar donde pertenecía. No miento cuando digo que sentí cuando algo pesado se desprendió de mi cuerpo. Escuché cómo esa esencia pegó en las paredes de aquella casa, buscando escapar hasta que desapareció. Con eso volví a reconciliar el sueño, pero sobre todo a sentirme como una persona normal para que ya no me sucediera nada.

26:54 Anduviera donde anduviera también esa señora. Me dio un amuleto de protección hecho especialmente para mí. Este por mi bien ya nunca me lo quité, por último quiero comentar que hace 2 años regresé a CDMX, aunque ya no miren nada paranormal. Las instalaciones y el metro siguen siendo un lugar peligroso, donde día a día ocurren muchas muertes, pero sobre todo siguen desapareciendo infinidad de personas todos los días YY mucha gente sabe que quienes se los lleva no son simples humanos. Es algo que no es de este mundo y que la mayoría de la gente no puede ver.