7 HISTORIAS de TERROR vividas por REPARTIDORES IV - INFRAMUNDO RELATOS
LOS REPARTIDORES TIENEN EXPERIENCIAS ATERRADORAS, NADIE SE SALVA DEL VERDADERO TERROR PARANORMAL...🔻ESTO ES:7 HISTORIAS de TERROR vividas por REPARTIDORES IV Déjanos 5 Estrellitas y no Olvides SEGUIRNOS...
🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
💀EPISODIOS💀00:00 INTRO 00:44 REPARTIDOR DE MUÑECAS 06:40 EL LLANTO DE LAS IMAGENES 14:15 ENTREGA URGENTE 19:34 DESAPARECIDO27:00 LOS NIÑOS35:11 11 ROSAS BLANCAS44:12 BRUJA CONTRA BRUJA
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🔎 Temas de este episodio
• Historias paranormales reales
• Relatos de terror en México
• Relatos de carretera
• Relatos de traileros
• Brujas reales en México
• Terror narrado en primera persona
• Relatos para no dormir
• Misterio y sucesos inexplicables
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0:12 Los repartidores a Menudo se encuentran con situaciones inusuales, pero a veces esas experiencias van más allá de lo extraño y se adentran en lo inexplicable, desde entregas que despiertan una sensación de incomodidad hasta eventos que desafían toda lógica. Muchos han vivido momentos que parecen sacados de una historia de terror. Hoy les compartimos algunas de esas inquietantes anécdotas, relatos que muestran como en medio de lo cotidiano, lo paranormal puede hacerse presente.
0:58 Saludos a todos. Me llamo Javier Tinoco y lo que les voy a compartir hasta el día de hoy me sigue sucediendo. Mi trabajo como repartidor era bastante sencillo, al menos al principio. La mayoría de mis clientes eran habituales, personas que confiaban en mí para llevarles lo que necesitaban sin complicaciones. Fue así como conocí a la mujer que vive en un edificio colonial. Su nombre es Brenda. El lugar tenía un aire de misterio. Con su fachada desgastada por el tiempo y ventanas que parecían esconder Asus antiguos inquilinos, ella me llamó un día solicitando que entregará unas muñecas confeccionadas a mano.
1:48 Eran trabajos delicados y detallados, cada una más impresionante que la anterior. Pronto se convirtió en una clienta habitual y yo me acostumbré Asus extraños encargos con el tiempo. Las entregas se volvieron más frecuentes y cada vez que me llamaba sabía que se trataba de una nueva muñeca. Al principio no le presté demasiada atención a las peculiaridades del trabajo, pues la paga es buena y no se hacen preguntas. La mujer es reservada pero amable, y siempre me paga generosamente por mis servicios. Sin embargo, algo en su mirada.
2:32 En la forma en que me observaba cuando recogía las muñecas me daba escalofríos, pero el dinero era bueno y eso era lo que importaba. Con el paso de los meses las cosas empezaron a cambiar. Ya no solo me pedía que entregara las muñecas, ahora también me enviaba las casas de sus futuros clientes para recoger objetos personales que según ella. Eran necesarios para confeccionar las siguientes. Cada vez que cruzaba la puerta de aquellos hogares sentía una extraña sensación de inquietud.
3:13 Los objetos que me pedía recoger eran siempre cosas insignificantes, un peine, una bufanda, a veces un mechón de cabello. Pero había algo perturbador en la forma en que esos clientes me miraban cuando me entregaban aquel objeto. Era como si me entregaran su más grande tesoro. Un día, cuando fui a recoger un nuevo pedido, la mujer me invitó a entrar en su apartamento Por Primera Vez. El interior del lugar era como una especie de taller lleno de estantes repletos de materiales de costura, telas y, por supuesto, muñecas.
3:54 Cientos de ellas, todas dispuestas en filas ordenadas. Con sus pequeños ojos brillantes y sus rostros inexpresivos. Pero algo en ellas me resultó diferente. No parecían simples muñecas, parecían estar observándome como si estuvieran vivas. De alguna manera intenté ignorar esa sensación y me concentré en la tarea que tenía por delante. Pero cada vez que pasaba junto a una de esas muñecas. Sentía que su mirada seguía mis movimientos. El ambiente en el apartamento era pesado, cargado de una energía que no podía explicar. Fue entonces cuando noté que algunas de las muñecas se parecían a los clientes a los que había llevado objetos. Una muñeca tenía el mismo cabello que la mujer de la bufanda.
4:51 Otra tenía los ojos del hombre que me dio el peine. Me invadió una sensación de pánico. Me di cuenta de que estaba en medio de algo mucho más oscuro de lo que había imaginado. Quise salir de allí, dejar ese trabajo y no volver nunca más. Pero cuando intenté distanciarme de la mujer y sus encargos, descubrí que no podía. De alguna manera, ella tenía un control sobre mí. Me lo reveló con una sonrisa inquietante, tenía una prenda mía, algo que me pertenecía y eso le daba poder sobre mí.
5:33 Desde entonces, mi vida ha sido una pesadilla cada vez que hago una entrega, cada vez que recojo un objeto, siento que me estoy hundiendo más en su mundo, pero lo peor es que no puedo escapar. He buscado al muñeco que se parezca a mí, pero no lo he logrado. Además, que la entrega de muñecas es más frecuente, tiene tanto éxito, pero aún así no contrata a otro repartidor. Mi madre me llevó con una señora para que me ayudara, pero la bruja insiste en que tengo que llevarle al muñeco para que así me pueda liberar de esa mujer.
6:17 Tengo 3 años trabajando como repartidor con ella y hasta la fecha no he logrado dar con ese objeto, he buscado ayuda con otros brujos, pero todos llegan a la misma conclusión, ocupan el objeto para poder liberarme, espero y dar con él pronto y así compartirles el final de mi experiencia con esa mujer. Trabajar en la tienda de imágenes religiosas era un trabajo tranquilo. La tienda pequeña y modesta se especializaba en vender figuras de Santos vírgenes y especialmente durante las fiestas navideñas.
7:04 Imágenes del niño Jesús en el pesebre la temporada alta era siempre a finales de noviembre. Cuando las familias comenzaban a preparar sus nacimientos para la Navidad, yo me encargaba de realizar las entregas, llevando las imágenes a las casas de los clientes que no podían recogerlas personalmente. En su mayoría eran ancianas de botas que siempre pedían lo mejor para sus altares. Mi nombre es Hugo Parra y la experiencia que me sucedió. Es algo que hasta el día de hoy me estremece. Era el año del 2017.
7:47 Aquella tarde, justo cuando estaban por cerrar la tienda, el dueño me pidió que hiciera una última entrega. Era una imagen del niño Jesús de buen tamaño, destinada a una mujer mayor que vivía en una zona algo apartada de la ciudad. Aunque ya era tarde y el cielo comenzaba a oscurecerse, acepté la tarea. No era la primera vez que llevaba una imagen así y aunque no me parecía extraño trabajar tan tarde, no quería dejar a una clienta sin su encargo. Coloqué cuidadosamente la imagen en mi mochila asegurándome de que estuviera bien protegida. Era una figura detallada y delicada. Con el rostro del niño Jesús PINTADO, con un realismo que impresionaba, una vez que estuve listo me dirigí hacia la dirección que me habían dado.
8:46 El camino era largo y mientras avanzaba la ciudad se iba quedando atrás. Las calles se volvían más solitarias y el silencio comenzaba a envolverme. Solo el sonido de la moto y el viento me hacían compañía. Pero entonces, mientras conducía por una calle particularmente desierta, empecé a escuchar algo más. Era un sonido suave, apenas perceptible al principio, pero que poco a poco fue volviéndose más claro. Era el llanto de un bebé. Me detuve en seco, tratando de identificar de dónde venía. Miré a mi alrededor.
9:31 Pero no había nadie cerca. Sin embargo, persistía un llanto débil y lastimero que me ponía los pelos de punta. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo cuando me di cuenta de que el llanto venía de mi mochila de la imagen del niño Jesús que estaba transportando. Me detuve y mi corazón me latía con fuerza mientras abría la mochila lentamente. Sin poder creer lo que estaba pasando. Allí estaba la figura, tan inmóvil como siempre, pero el llanto no cesaba. Era imposible que un objeto inanimado emitiera ese sonido y mucho menos 1 imagen religiosa.
10:19 Intenté racionalizarlo pensando que podría estar escuchando cosas debido al cansancio, pero el llanto continuaba, comencé a sentir angustia. Porque no tenía explicación lógica. Volví a colocarlo en la mochila y conduje más rápido, tratando de ignorar el sonido que ahora parecía rodearme. El llanto era tan real, tan insistente, que empecé a sentir una profunda inquietud como si estuviera haciendo algo terriblemente mal. No podía entender como una imagen del hijo de Dios, un símbolo de pureza y paz. Podía estar envuelta en algo tan perturbador. Sentía que de alguna manera estaba siendo testigo de algo que no debía ser visto, algo que iba más allá de lo que podía comprender.
11:13 Finalmente llegué a la dirección. La casa tenía una fachada de los años sesentas, con ventanas cerradas y una puerta que parecía no haber sido abierta en mucho tiempo. A pesar de mi ansiedad, toqué el timbre esperando que la anciana me recibiera rápidamente para poder deshacerme de la figura. El llanto, sin embargo, se detuvo tan pronto como toque la puerta. El silencio que lo siguió fue ensordecedor, como si el aire mismo se hubiera detenido. Nadie respondió.
11:54 Toqué nuevamente más fuerte. Pero no hubo respuesta. Decidí que lo mejor era dejar la imagen en la entrada y marcharme lo más rápido posible. Coloqué la figura frente a la puerta, asegurándome de que estuviera bien visible y di unos pasos hacia atrás antes de darme la vuelta. Mire una última vez al niño Jesús. Sus ojos, que antes parecían tan dulces y serenos, ahora parecían seguirme mostrando un vacío en sus cuencas. Me alejé rápidamente con la piel todavía erizada. No miré atrás, pero sentía como si algo o alguien me estuviera observando desde la casa. El camino de regreso fue igual de desolado, pero ya no escuché más el llanto.
12:46 Aún así, no pude sacarme de la cabeza lo que había ocurrido esa noche. Apenas pude dormir. Cerraba los ojos y veía el rostro del niño Jesús, su mirada triste y el sonido del llanto resonando en mi mente. Me sentía invadido por una sensación de temor. Al día siguiente le conté al dueño de la tienda lo que había pasado, pero él solo se rió pensando que estaba bromeando o que había estado demasiado cansado. Nadie más en la tienda le dio importancia a mi historia, pero yo sabía que lo que había experimentado era real.
13:31 Decidí no hacer más entregas tarde y con el tiempo me distancié de ese trabajo. No podía seguir en un lugar donde las imágenes sagradas parecían cobrar vida de manera tan inquietante. Aún recuerdo aquel domicilio y no sé si la anciana la recogió o si sigue allí. Frente a la puerta, esperando a ser vista. Pero lo que sí sé es que lo que viví esa tarde me marcó para siempre. Y aunque intento olvidarlo, el recuerdo de ese llanto sigue persiguiéndome recordándome, que a veces lo más sagrado puede ser también lo más aterrador.
14:21 Muy buenas tardes a la Comunidad. Mi nombre es Gabriel Sánchez. Lo que les contaré sucedió en el 2021. Esa noche el trabajo en la farmacia estaba siendo especialmente agotador. Como repartidor, mi tarea consistía en llevar los medicamentos a los clientes que no podían recogerlos personalmente, una labor que solía ser rutinaria. Y sin mayores contratiempos. Sin embargo, alrededor de las 8:00 recibí una llamada que inmediatamente me puso en alerta. Al otro lado de la línea, la voz de un anciano sonaba desesperada.
15:04 Me dijo que necesitaba con urgencia un medicamento específico. Era vital para él, ya que se le había acabado el último frasco y su vida dependía de ello. Tome nota rápidamente de la dirección y del nombre del solicitante. La urgencia en su voz no me dejó dudar ni por 1 segundo, preparé el medicamento y sin perder tiempo me puse en marcha hacia el domicilio mientras manejaba. No podía dejar de pensar en la desesperación de aquel anciano, el tono de su voz me lleno de angustia. Su voz resonaba en mi cabeza. Impulsándome a conducir más rápido. La Colonia a la que me dirigía no me resultaba del todo familiar, pero encontré la dirección sin problema. Era una casa antigua, de esas que parecen haber visto pasar muchas generaciones.
16:04 Las luces estaban encendidas, lo que me dio cierta tranquilidad al saber que había alguien esperándome. Aparqué la moto y bajé con la bolsa que contenía el medicamento, subiendo los escalones del porche con rapidez. Toqué la puerta y espere. Poco después, un hombre de unos 50 años me abrió su apariencia. No coincidía con la del anciano que había imaginado al teléfono. Le expliqué que traía el medicamento que se había solicitado con tanta urgencia. El hombre me miró con una mezcla de confusión y extrañeza. Insistí mencionando el nombre de quien había hecho el pedido, seguro de que debía haber algún malentendido, pero entonces vi como su rostro cambiaba al escuchar el nombre que pronuncié se puso pálido.
17:03 Sus ojos se agrandaron y por un momento pareció que no sabía cómo reaccionar finalmente. Tomó la Bolsa con el medicamento, me pagó y cerró la puerta, pero no sin antes dejarme ver en su mirada una profunda mezcla de incredulidad y miedo. Mientras sacaba el dinero de su billetera me dijo algo que me dejó paralizado. Su padre, la persona que había solicitado el medicamento con tanta desesperación había fallecido hacía ya 7 meses. Me quedé allí. De pie en el porche, tratando de procesar lo que acababa de escuchar, recordé claramente la llamada, la voz quebrada del anciano rogándome que me apurara. No había manera de que lo hubiera imaginado. Era demasiado vívido, demasiado real y, sin embargo, el hombre que acababa de atenderme estaba convencido de que su padre había muerto meses atrás.
18:11 Regresé a la moto sintiendo como un frío inexplicable comenzaba a invadir mi cuerpo. Arranque el motor. Cuando llegue a la farmacia, todo parecía estar en orden. No les comenté nada a mis compañeros, no quería transmitirles mi miedo, pues eso ocasionaría que no quisieran llevar el medicamento durante la noche. Apenas habían pasado 50 minutos desde que había llegado cuando recibí una llamada el mismo anciano, pero esta vez su voz sonaba muy serena y solo pronunció la palabra gracias.
18:53 Déjame decirte que es justamente el tiempo en que ese medicamento hace efecto para que la persona se pueda sentir un poco aliviado. Comprendí que los últimos momentos del anciano han de haber sido desesperantes, pues con la enfermedad que tenía, sus últimos días fueron de mucho dolor y sufrimiento, tanto para el como para su familia, a un trabajo en la farmacia y hasta el día de hoy no he vuelto a tener una llamada como la de aquella noche, pero sí he tenido otras experiencias con lo sobrenatural, las cuales con mucho gusto. Se las compartiré más adelante.
19:41 Mi nombre es marco ulloa. Esta experiencia la tuvimos 3 compañeros de trabajo, trabajé en una pizzería, tenía 19 años y 2 de mis amigos de la preparatoria también eran repartidores. En total éramos cuatro. Cada noche recorríamos las calles en nuestras motos, entregando pizzas a todo tipo de personas. Entre nosotros había un compañero, Juan Manuel, que siempre se distinguía. Su moto. Tenía un sonido peculiar, un ronroneo que la hacía inconfundible. Podía saber que Juan Manuel estaba llegando mucho antes de verlo aparecer por la esquina.
20:26 Juan Manuel era un buen tipo, un trabajador incansable que nunca se quejaba a pesar de las largas horas. Tenía una razón poderosa para mantenerse en el trabajo. Su novia estaba embarazada y él necesitaba cada centavo para prepararse para la llegada del bebé. Sería alrededor de las 10:00 de la noche cuando llegó una llamada con un pedido de varias pizzas. Ninguno de nosotros quería ir, pero en eso llegó Juan Manuel y él tomó el pedido. Lo vimos alejándose del estacionamiento. Donde colocábamos las motos para irnos a nuestras casas. Al día siguiente nos enteramos que no regresó. Después de una entrega todos nos preocupamos. Lo extraño es que no era una ruta especialmente peligrosa ni complicada, sólo otro cliente más. Pero las horas pasaron y Juan Manuel nunca volvió. Intentamos llamarlo, pero su teléfono estaba apagado. Pensamos que quizás se había quedado sin batería o que había surgido algún imprevisto, pero cuando llegó la madrugada y no hubo rastro de él, la inquietud comenzó a crecer. Se dio parte a las autoridades y se buscó por 3 semanas. Los clientes aseguraron que él
21:58 se fue después de la entrega. De hecho, hubo testigos que lo vieron partir ileso del sitio de la reunión. Juan Manuel simplemente había desaparecido en los días siguientes. Las autoridades investigaron, pero no encontraron pistas. Su moto, su teléfono, el mismo. Todo se había desvanecido sin dejar rastro. La pizzería se sumió en un ambiente de tristeza y preocupación. Todos queríamos creer que Juan Manuel aparecería de alguna manera, que todo era un malentendido, pero la realidad era que nadie sabía lo que había pasado. Pasaron semanas y lentamente la vida en la pizzería volvió a la normalidad, aunque el hueco que Juan Manuel había dejado se sentía profundamente.
22:53 Entonces, una noche, mientras nos preparábamos para cerrar. Sucedió algo que nos congeló la sangre. Estábamos limpiando el local charlando entre nosotros cuando de repente escuchamos un sonido que nos hizo detenernos en seco. Era el sonido inconfundible de la moto de Juan Manuel, aquel Ronroneo peculiar que todos conocíamos al instante. Nos miramos entre nosotros incrédulos, pero a la vez emocionados de que nuestro compañero regresara. La moto sonaba como si estuviera llegando al estacionamiento, pero cuando mirábamos hacia fuera no había nada.
23:40 El sonido continuo durante unos segundos más y luego se desvaneció como si la moto se hubiera apagado. Pero lo más inquietante fue la sensación que nos invadió después. Aunque no había ninguna moto visible, pudimos sentir una presencia en el estacionamiento justo en el lugar donde Juan Manuel solía aparcar. Era como si el aire se hubiera vuelto más frío, más tenso. Un escalofrío recorrió mi espalda y supe que los demás sentían lo mismo. Nadie se atrevió a salir a revisar. Era como si todos supiéramos instintivamente que lo que estaba fuera no era algo que quisiéramos enfrentar. Cada pequeño sonido se amplificaba en el silencio tenso del local.
24:36 Finalmente terminamos de cerrar y nos marchamos cada uno a su casa, sin hablar mucho sobre lo sucedido cuando salíamos del local. Echábamos una mirada hacia el estacionamiento. Sólo estaban nuestras motos y no la de nuestro amigo. La sensación de que algo inexplicable había ocurrido esa noche no me abandonó. No pude dormir bien pensando en la posibilidad de que lo que habíamos sentido fuera Juan Manuel, de alguna manera, regresando, buscando algo al día siguiente, cuando llegué a la pizzería. Estaba una patrulla estacionada frente al local. Entré rápidamente y los rostros desencajados de los propietarios me dieron a entender que no eran buenas noticias, aunque en cierta manera sí.
25:32 Esa noche que Juan Manuel regresaba, un auto lo sacó del camino. Los hombres estaban en estado de ebriedad. Asustados echaron el cuerpo y la moto a una canaleta, no había manera de que lo vieran, pero unas personas que transitaban por ahí se detuvieron porque traían una llanta baja y el señor se bajó a revisar el olor. A muerte lo alertó y fue como vieron el cuerpo de Juan Manuel. Por desgracia, nunca se supo quiénes fueron los responsables de su muerte. Nuestra jefa nos dijo que la noche anterior nuestro amigo y compañero había regresado.
26:18 Al fin, como esa tarde encontraron el cuerpo, él pudo regresar. Ya no era uno más de los desaparecidos. Por mucho tiempo se escuchaba que la moto regresaba a su sitio. Le pusimos veladoras. Para que Juan Manuel se fuera a descansar ya no trabajo en la pizzería, pero aquella experiencia me dejó un amargo sabor en mi boca. Pues las personas cometen este tipo de accidentes y se les hace fácil ocultar su delito. Muchas gracias por darle voz a lo que le sucedió a Juan Manuel. Trabajé como repartidor de comida preparada para dietas, la nutrióloga tenía muchos clientes y éramos alrededor de 7 los repartidores, mi nombre es Alexander Torres y tuve una experiencia.
27:27 Una noche que llevaba los pedidos en esa semana se hizo de varios clientes y algunos de ellos no eran recomendables para andar de noche entregando los pedidos. Para mi mala suerte me tocó llevar 3 de esos pedidos en esa Colonia. Ser repartidor de comida no era el empleo más glamuroso, pero tenía mi propio beneficio, pues no trabajaba los fines de semana y eso me daba la oportunidad de estudiar, recorrer la ciudad, me hacía conocer a otras personas, nuevas colonias, que no conocía ese día.
28:09 La jornada había transcurrido sin mayores incidentes. El tráfico que durante el día solía ser un caos, se disolvía al caer la noche y los pedidos llegaban con rapidez Asus destinos. La mayoría de las casas a las que entregaba pedidos eran de personas que, cansadas de sus rutinas diarias, optaban por la comodidad de una cena a domicilio. Pero aquel día. El último pedido me llevó a un barrio al que rara vez iba. Las calles en esa colonia son muy estrechas y las casas viejas, con fachadas antiguas y algo desgastadas por el tiempo, la luz de las farolas parpadeaban y eso no era bueno para mí, pues mi abuela siempre ha dicho que en los lugares de época las almas vagan por las calles.
29:06 Sentí un escalofrío recorrer mi espalda, pero lo atribuí al frío de la noche y al cansancio acumulado. Era tarde, pues iba a ser las 10:00 de la noche y ese era el último pedido. Y al doblar una esquina, mis faros iluminaron una escena que me hizo frenar en seco. A lo lejos vi un grupo de niños jugando en medio de la calle. Pero los niños se veían algo extraño. Lo primero que me vino a mi mente fue la pregunta de qué hacían unos niños tan pequeños jugando a esas horas de la noche. Algo en ellos me hizo sentir intranquilo. Tal vez era la forma en que sus cuerpos parecían moverse de manera errante, como si no estuvieran del todo presentes en este mundo.
29:58 Decidí avanzar lentamente. Con la esperanza de que al acercarme ellos se dispersarían y podría continuar con mi ruta. Pero a medida que me aproximaba, la sensación de inquietud se hacía cada vez más angustiosa. Los niños no se movieron. Seguían allí inmóviles, mirándome con ojos vacíos, algo en su mirada me hizo sentir un terror que nunca antes había experimentado. No me había dado cuenta, sino. Hasta que pasé al lado de unas niñas que usaban vestidos de época, sus rostros estaban pálidos, casi translúcidos, y sus ojos no reflejaban ninguna emoción.
30:44 Eran como sombras de lo que alguna vez fueron atrapados en un bucle eterno de juegos sin fin, reviviendo sus momentos más felices de su infancia. Fue cuanto comprendí con un horror aumentado, que no eran seres vivos, sino almas en pena, atrapadas en este mundo por alguna razón que escapaba a mi entendimiento. El miedo me paralizó. Por un momento quise gritar, pero mi grito se me quedó en mi garganta. Los niños comenzaron a acercarse lentamente. Sus movimientos eran torpes y antinaturales. El aire se volvió denso.
31:25 Casi respirable y sentí que el frío se volvía helado penetrando hasta mis huesos. No sé cuánto tiempo estuve allí congelado por el terror, pero de alguna manera logré recuperar el control de mi cuerpo. Quise pasar a toda prisa, pero fantasmas o no eran niños, así que conduje con cautela para no pasar por alguno de ellos. Creo que se dieron cuenta de ello porque algunos me comenzaron a ignorar y nuevamente retomar sus juegos. Sus Risas eran un eco y cuando salí de ese tramo me alejé de esa calle tan rápido como pude.
32:08 Mi mente intentaba racionalizar lo que había visto, pero no encontraba ninguna explicación lógica. Era como si hubiera entrado en una dimensión paralela. Donde las leyes de la naturaleza no se aplicaban. La verdad, no lo sé. Llegué al destino del pedido con manos temblorosas y una sensación de pánico que me acompañaba. La persona que recibió la comida no notó nada extraño en mi o si lo hizo no dijo nada. Tomé el tramo de salida por otro sitio, aunque tardaría.
32:49 No me importó. No iba a volver a encontrarme con aquellos niños fantasmas. Otra vez terminé mi turno y regrese a casa, pero esa noche no pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía los rostros de esos niños y sentía el mismo terror que me había paralizado en la calle. Pasaron los días y traté de seguir con mi vida normal. Pero la experiencia. Me había dejado muchas preguntas en mi cabeza. Comencé a investigar sobre la zona y descubrí que hace muchos años un terrible accidente había ocurrido en esa calle. Un autobús escolar había chocado y varios niños habían perdido la vida.
33:37 Las historias locales decían que sus almas nunca encontraron paz y que de vez en cuando aparecían para jugar en las calles. Donde solían hacerlo en vida ahora comprendía el origen de esos niños espectrales de esa antigua colonia. Eran las almas de aquellos que habían perecido trágicamente, condenados a repetir sus últimos momentos en un bucle interminable. La tristeza y el dolor que sentía eran tan intensos, quizás pasaban desapercibidos por los que viven en esa colonia. El sólo recordarlo me causaba esa sensación de escalofrío y terror.
34:23 Con el tiempo aprendí a aceptar lo que había visto y aunque seguía sintiendo miedo al recordar esa noche, ahora sólo la platico como una experiencia. Cuando trabajé como repartidor en 2 ocasiones más me mandaron a llevar el pedido de aquella clienta, pero nunca volví a ver a esos niños. Pero su presencia se había quedado grabada en mi memoria. La verdad, si me hubiese gustado verlos nuevamente, pero si ahí estuvieron cuando pasé no se me manifestaron. Y hasta cierto punto fue lo mejor.
35:05 Muchas gracias por contar mi experiencia. Saludos desde Huichapán Hidalgo. Trabajar como repartidor de flores tiene su encanto. Cada día me rodeo de aromas frescos y colores vibrantes, entregando un poco de alegría a los hogares de las personas. Pero entre todos los pedidos había uno que me causaba una extraña mezcla de curiosidad y preocupación. Cada día, 11 de cada mes, tengo que entregar 11 rosas blancas a la misma dirección.
35:46 Era un pedido inusual, constante y puntual, como un reloj. Mi nombre es Cameron Silva y lo que les contaré hasta el día de hoy se hace el mismo pedido, sin faltar día 11 de cada mes y doble rosas el día 11 del mes de noviembre, pues este es el mes 11 del año, la primera vez que me asignaron ese encargo. La encargada de la florería me explicó que llevaban haciéndolo durante aproximadamente 5 años. La instrucción era simple, dejarlas rosas en la entrada, justo frente a la puerta principal. No se necesitaban firmas ni confirmaciones, solo dejar las flores y marcharme.
36:32 El pedido ya estaba saldado, al igual que la propina. Las primeras veces seguí las instrucciones al pie de la letra sin hacer preguntas, pero con el tiempo mi curiosidad comenzó a crecer. El domicilio en cuestión era una casa vieja, de esas que parecen guardar secretos en su interior. La pintura, aunque ya estaba desgastada, y el jardín tenían un aire de abandono. La primera vez que dejé las rosas me invadió una sensación extraña, como si del interior de la casa estuvieran observándome. Al principio lo atribuí a mi imaginación. Sin embargo, esa sensación persistía cada vez que volvía. Durante los primeros 5 meses cumplí con llevar los ramos puntualmente sin desviarme, pero con cada visita mi curiosidad aumentaba.
37:36 Una tarde, después de entregar las flores, me quedé en la calle observando la casa desde mi camioneta. No había movimiento, ningún signo de vida. Me pregunté si alguien vivía realmente allí. Decidí hablar con algunos vecinos esperando encontrar alguna pista, pues cada vez que entregaba aquel ramo de flores aún se encontraban las del mes anterior, pero cuando regresaba. Siempre un ramo no había más. Alguien se encargaba de retirar las rosas, ya secas y marchitas. Una señora mayor que vivía al lado accedió a hablar conmigo. Después de algunas preguntas casuales, me contó que en esa casa había vivido una mujer mayor, doña Greta. Murió sola, me dijo con una expresión triste en su rostro. Su único hijo, debido Asus ocupaciones, no había estado con ella en sus últimos momentos.
38:39 Fue encontrada muerta el 11/05/2018, un día después del día de las madres, una fecha triste y dolorosa. El hijo, consumido por la culpa y el remordimiento, había hecho un acuerdo con la florería para enviar 11 rosas blancas cada mes. Como un tributo silencioso a su madre, una forma de recordarla y enmendar su ausencia en aquel día fatídico. La historia me dejó con una sensación de tristeza profunda y una sensación inexplicable que no sabría cómo describirla ahora.
39:21 Cada vez que hacía la entrega no podía evitar pensar en doña Greta y su hijo, las rosas blancas que antes parecían simples flores. Ahora llevaban un peso emocional en cada una. Sentía que al dejarlas estaba participando en un ritual de redención y memoria hacia aquella señora. Pero con ese conocimiento también vino un cambio. Comencé a notar cosas que antes había pasado por alto, sombras breves en las ventanas, un leve murmullo que parecía venir de la casa. Un frío que no correspondía con la temperatura del exterior y un aroma a nardos. Eso era en verdad muy raro, ya que las plantas del jardín se encontraban completamente marchitas. Una tarde, después de haber dejado las rosas, decidí quedarme un poco más.
40:23 Quería entender lo que estaba pasando. Me quedé nuevamente en mi camioneta observando la casa desde la distancia. Las luces estaban apagadas, pero había una luz débil que emanaba del interior, como si alguien hubiera encendido una vela. De repente vi una figura moverse detrás de una ventana del segundo piso. Mi corazón se acelero, parecía la de una mujer mayor. La figura se detuvo y pareció mirar directamente hacia donde me encontraba. Sentí un leve escalofrío recorrer mi espalda y una sensación de estar invadiendo un espacio sagrado. Decidí que era suficiente.
41:10 Por ese día. Arranqué la camioneta y me alejé rápidamente mi mente dando vueltas con lo que había visto. Sentí que no debía de andar buscando en esa casa lo que era evidente. La señora Greta era un alma en pena, esperando a que llegue su hijo el siguiente 11 del mes y se la entrega con una mezcla de miedo. Dejé las flores en la entrada, como siempre, pero esta vez me quedé un momento en silencio con la cabeza inclinada. Sentía que era una forma de mostrar respeto a doña Greta y su hijo. Las semanas pasaron y la rutina de las entregas continuó. Cada vez que iba sentía una presencia más fuerte. La señora que me contó la trágica historia de su vecina me aconsejó que era mejor que ya no entregara las rosas, pues muchas veces no sabemos que nos puede suceder con la tristeza de doña Greta y el verme ahí cada mes me puede llegar a suceder algo. Y creo que tenía razón, porque días después le conté a mi madre.
42:28 Ella me recomendó que fuera a la Iglesia por agua bendita y eso hice una tarde. Al llegar a la florería encontré un sobre dirigido a mí, lo abrí con curiosidad y descubrí una carta del hijo de doña Greta. En ella me agradecía por mi dedicación y respeto al hacer las entregas. Me explicaba que las rosas eran su forma de pedir perdón y de asegurarse de que su madre nunca más estuviera sola ni en la muerte. La carta me conmovió profundamente. Entendí que mi papel como repartidor de flores iba más allá de una simple entrega.
43:11 Estaba ayudando a un alma atormentada a encontrar paz desde entonces cada 11 del mes. Hago la entrega con respeto y sin miedo de que el alma de doña Greta se venga conmigo. Aunque la casa seguía emanando esa sensación de misterio y la presencia de la difunta, ya no sentía miedo. La casa sigue sola, pero ahora se aprecia limpia. Quitaron toda la maleza, arreglaron algunas cosas de esa casa. Déjenme decirles que la vecina de doña Greta. Hace un año que falleció por respeto, le llevo unas flores y se las coloco en una imagen de la virgen de Guadalupe que se encuentra a la entrada de esa casa, ya no he vuelto a ver aquella sombra en las ventanas, de hecho ya ni busco nada extraño en ella.
44:14 Muy buenas noches a toda la audiencia. Mi nombre es Leobardo Vizcaya. Tengo 36 años y lo que les contaré sucedió cuando yo tenía la edad de 17 años. Mi tío Pedro fue el que me consiguió este trabajo. Ser repartidor de folletos no era el trabajo más emocionante, pero pagaba las cuentas y me permitía recorrer la ciudad, algo que siempre me había gustado. Pues pasaba gran parte de mi tiempo de vago. La rutina era sencilla, me asignaban un montón de folletos con direcciones y teléfonos y yo los distribuía por diferentes zonas. La mayoría de las veces eran anuncios de tiendas de ropa, restaurantes o servicios varios.
45:06 Sin embargo, un día recibí un encargo diferente que al principio no me pareció tan extraño. Pero que terminó cambiando mi vida para siempre. El encargo venía de una tienda esotérica en un barrio de la ciudad. No era un lugar al que soliera ir, pero conocía la tienda de vista. Su fachada era oscura, con símbolos extraños pintados en las ventanas y un letrero que apenas se leía. La propietaria era una mujer mayor que siempre vestía de negro, que resultaba inquietante. Su nombre, según el folleto, era vidente, Ángela.
45:47 En el folleto se podía leer que la señora hacía todo tipo de trabajos, desde amarres, quitar la mala suerte y regresar a la pareja en cierto tiempo. Cuando fui a recoger los folletos, doña Ángela me recibió en la puerta. Su mirada era perspicaz, me entregó una caja llena de volantes. Cada uno con la dirección y teléfono de la tienda y me pidió que los distribuyera en las zonas indicadas. Mientras hablábamos, no pude evitar notar que el interior de la tienda estaba lleno de objetos extraños, velas, tarros de cristal con hierbas, muñecos de cera y libros antiguos de aspecto siniestro.
46:34 Todo el lugar tenía una atmósfera pesada. Como si algo más que simples productos estuvieran siendo manejados allí. Los días siguientes los pasé repartiendo los folletos de la tienda por toda la ciudad. Cuanto más distribuía, más extrañas eran las miradas que recibía de la gente al ver los volantes. Algunos los tomaban con curiosidad, mientras que otros los tiraban inmediatamente al suelo. Como si quisieran deshacerse de algo peligroso, no le di mucha importancia pensando que sólo eran supersticiones. Además, yo solo los repartía. No era mi responsabilidad que las personas los guardaran o no. Sin embargo, no pude sacarme de la cabeza la sensación de que había algo más en esos volantes, algo que no lograba comprender un par de semanas después.
47:34 Doña Angela me llamó nuevamente. Esta vez no era solo para repartir folletos. Me pidió que recogiera un par de bolsas negras de la tienda y las entregara en varias direcciones. Las bolsas eran pesadas y no se podía ver lo que había dentro. Al principio pensé que podrían ser productos de la tienda, pero algo en su mirada y en la manera en que me dio las instrucciones me hizo dudar. No hice preguntas, pero la sensación de inquietud no me abandonaba. Comencé a hacer las entregas según las indicaciones de la bruja. Las direcciones eran extrañas, en su mayoría casas antiguas y mal conservadas en barrios que parecían haber sido olvidados por el tiempo y sus dueños.
48:27 Cada vez que dejaba una de esas bolsas sentía un escalofrío recorrer mi espalda. Era como si algo en mi interior me estuviera advirtiendo que no debería estar haciendo aquello. Pero el dinero era bueno y no podía darme el lujo de rechazar el trabajo. Con el paso del tiempo, las entregas se volvieron más frecuentes. Doña Angela me llamaba casi todas las semanas, siempre con más bolsas negras para repartir y cada vez que lo hacía. La sensación de que estaba involucrado en algo oscuro se hacía más fuerte. Empecé a notar cosas extrañas, ruidos en la tienda que no tenían explicación, sombras que se movían por el rabillo del ojo y un sentimiento constante de que estaba siendo observado. Ella solo contestaba que eran sus guardianes. Entonces, un día todo cambió.
49:29 Me presenté en la tienda para recoger el próximo encargo, pero la puerta estaba cerrada y las luces apagadas. Toqué el timbre. Llame a la puerta, pero no hubo respuesta. Algo no estaba bien. Me quedé un rato esperando sin saber qué hacer, hasta que un vecino se acercó y me dijo en Voz Baja que había escuchado que una bruja había atacado a doña Ángela. Me quedé helado. Una bruja. La palabra resonó en mi cabeza acompañada de todas las imágenes de cosas extrañas que había visto en esa tienda.
50:10 Los rumores comenzaron a extenderse rápidamente. Algunos decían que doña Ángela había sido maldecida, otros que había desaparecido sin dejar rastro. Lo que parecía claro es que algo muy malo le había ocurrido y que estaba relacionado con su oficio de bruja. Y fue entonces cuando me di cuenta de que las bolsas negras que había estado repartiendo probablemente tenían algo que ver con lo sucedido. Había estado llevando hechizos o maleficios a otros lugares. Yo había contribuido, sin saberlo, al daño de otra bruja y otras personas.
50:52 El miedo se apoderó de mi. Comencé a pensar en lo que podría sucederme si la otra bruja, la que había dañado a doña Ángela, descubría que yo había sido quien hizo las entregas. Quizás podría venir por mí y maldecirme los días siguientes fueron una mezcla de paranoia y terror. Empecé a ver cosas donde no las había, a sentir una presencia constante a mi alrededor. No podía dormir y cuando lo hacía tenía pesadillas en las que doña Angela o alguna otra figura siniestra venían a reclamar algo que yo no comprendía.
51:36 Finalmente tomé una decisión, no podía seguir con ese trabajo ni con ningún otro que me pusiera en contacto con lo sobrenatural. Deje de responder a las llamadas. Cambié mi número de celular. Y busqué otro empleo lejos de ese barrio y de todo lo que lo rodeaba. A partir de ese momento decidí mantenerme alejado de cualquier cosa que pudiera tener que ver con Brujas, maldiciones o cualquier aspecto del mundo esotérico o andar de repartidor. Nunca volví a saber de doña Ángela ni de su tienda a veces cuando llego a pasar cerca de ese barrio.
52:20 Me invade un escalofrío y aunque evito mirar hacia la calle donde estaba la tienda, no puedo evitar sentir que algo o alguien siguen vigilandome. Y aunque intento vivir una vida normal, siempre llevo conmigo el recuerdo de esos días y el temor constante de que aquella bruja pueda alcanzarme.
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