7 HISTORIAS DE TERROR ENVIADAS POR EL PUBLICO | Relatos de Terror Reales
🔥 Experiencias aterradoras compartidas por suscriptores, encuentros paranormales imposibles de olvidar, sombras observando desde la oscuridad y sucesos que transformaron noches comunes en auténticas pesadillas.
Hoy escucharás 7 perturbadoras historias de terror enviadas por suscriptores del canal, relatos basados en experiencias reales compartidas por personas que aseguran haber vivido sucesos extraños, encuentros inexplicables y momentos aterradores difíciles de comprender.
Presencias dentro de casa, apariciones en plena madrugada, figuras observando desde habitaciones oscuras, voces imposibles de identificar, caminos solitarios, encuentros perturbadores y experiencias paranormales que dejaron marcados para siempre a quienes decidieron contar lo ocurrido.
Historias oscuras narradas por suscriptores que aseguran haber vivido momentos donde el miedo, la incertidumbre y lo inexplicable aparecieron cuando menos lo esperaban.
🌑 Si te gustan las historias oscuras, experiencias paranormales, relatos reales enviados por suscriptores, terror psicológico y encuentros inexplicables ocurridos en la vida cotidiana, este episodio es para ti.
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0:00 Buenos días, tardes o noches esperando, te encuentres horidamente bien del otro lado de la pantalla. Esta noche escucharás algunas aterradoras historias compartidas por ustedes, el público, los suscriptores relatos que no te dejarán dormir, escúchalos sólo si te atreves. Sin más, por el momento, los invito a tomar su taza de café en mano, darle un sorbo y escuchar estos relatos para una noche de insomnio.
0:42 La sombra que bajo del tejabán, basado en la anécdota real de Mario Pérez. Buenas noches, comunidad Inframundo, mis vacaciones de diciembre del 2004 no fueron como las anteriores. Esa vez mis padres me dejaron con mi abuela Aurora en su rancho cerca de nochistlán, un lugar tranquilo con casas antiguas y calles de Tierra donde por las noches se escuchaban más grillos que voces. Tenía la edad de 9 años y pasaría todo el mes allá. La casa de mi abuela tenía un tejaban que conectaba la entrada principal con una barda de piedra. Esa techumbre de lámina vieja siempre me inquietaba, sobre todo de caer la noche cuando se escuchaban pasos arriba, como si alguien caminara lento sobre ella, descalzo. Pero cuando salí a ver, no había nadie. Mi abuela vivía sola desde hacía varios años. Pues mi abuelo murió de un derrame en esa misma casa. Su recámara seguía cerrada con llave, como si no quisieran que su ausencia se borrara.
2:07 Yo dormía en una habitación junto a la cocina, donde el olor a leña se quedaba impregnado hasta en las cobijas. Todo era normal hasta que una tarde comenzaron a pasar cosas extrañas. Recuerdo que fue un lunes porque mi abuela fue al tianguis del pueblo, me dejó solo por unas horas. Estaba jugando con mis carritos en el corredor. Cuando vi que la puerta del cuarto de mi abuelo estaba abierta. No debía estarlo. Esa puerta siempre tenía un candado. Me acerqué por curiosidad, pero un olor rancio me detuvo. No a humedad, si no como de carne cruda de sangre seca. No entré, solo me quedé mirando desde afuera y entonces lo vi. Una figura se movió dentro encorvada. Pensé que era mi abuela, aunque no entendía cómo había entrado sin que yo la viera.
3:16 Caminaba arrastrando un pie. Con la cabeza inclinada y los brazos colgando, me paralicé. La figura se detuvo junto al ropero y se dio la vuelta. No tenía rostro, no tenía ojos, solo una masa gris, como si el cráneo estuviera cubierto de una sábana vieja y húmeda. Corría al exterior sin mirar atrás. Me senté en una piedra al pie del mezquite hasta que mi abuela regresó. No le conté nada, solo fingí estar cansado.
3:57 Esa noche no dormí los pasos sobre el tejabán comenzaron de nuevo, pero esta vez más rápidos, como si alguien corriera en círculos. Luego se detuvieron justo encima de mi recámara. Después escuché el chillido de la lámina como si alguien descendiera por ella. Algo cayó del techo. El crujir del piso de Tierra me hizo contener la respiración. Se escuchaban las pisadas descalzas, sucias, lentas. Se detuvieron frente a la puerta de mi cuarto. No hubo golpes ni empujones, solo silencio. Y luego un sonido que hasta hoy me persigue una respiración, como si alguien respirara con dificultad justo detrás de la madera, fuerte, desgarrada como si algo podrido, inhalara por la boca.
5:03 Pasaron minutos eternos hasta que el sonido se alejó. No dormí ni grité. No podía moverme al día siguiente. Le pregunté a mi abuela si alguien había entrado por el tejabán. Me dijo que no, que nadie podía subirse, que ella misma lo había clausurado hace años. Al parecer, un tío lejano se había ahorcado ahí en los años setentas. Me lo dijo como si contará cualquier cosa mientras revolvía frijoles en la cazuela los siguientes días la cosa fue empeorando. Las sábanas amanecían en el suelo. Una vez encontré mi almohada completamente mojada, mi ropa interior aparecía rota en el patio. Escuchaba susurros en la madrugada y una vez cuando bajé al baño, vi una figura sentada en el suelo del corredor, justo donde se juntaban las sombras del tejaban con el marco de la puerta.
6:10 No se movía, sólo estaba ahí. Esperando una noche, al mirar por la rendija de la ventana, vi que la figura de la que huí aquella tarde ya no estaba en el cuarto de mi abuelo. Estaba fuera, debajo del tejabán, estaba de pie, con el rostro vuelto hacia mí. No caminaba solo, estaba allí quieta, como una estatua deforme, con brazos demasiado largos. Y una espalda arqueada como la de un animal viejo. La sombra avanzó unos pasos hacia la ventana y aunque la cortina me protegía, sentí como si su aliento helado tocara mi cara.
6:59 A la mañana siguiente. Fingí estar enfermo. Mi abuela se preocupó y llamó a mis padres para que regresaran por mí. Me fui 2 días después, pero nunca conté la verdad. Guardé todo para mí. Años más tarde, cuando tenía 17, volví a Nochistlán por el funeral de mi abuela. Fue ahí cuando supe algo que me heló la sangre durante la limpieza de la casa. Mi tío encontró algo enterrado en la base del tejabán. Era una caja de madera vieja, con velas derretidas, fotografías rotas. Y cabello humano.
7:44 Al parecer, alguien había hecho un trabajo de brujería justo en ese lugar décadas atrás. Y dentro de la caja también estaba un pedazo de tela roja amarrado con un alambre oxidado y un diente humano. Desde ese día nadie volvió a dormir en esa casa y aunque ya fue vendida, los vecinos dicen que por las noches. Se sigue escuchando algo arriba del tejabán, algo que baja, pero no regresa el que duerme bajo la tumba, basado en la anécdota de Carlos Urrutia.
8:36 Buenas noches, Inframundo, me llamo Carlos Urrieta. Y hasta hace poco era trabajador de mantenimiento en un viejo cementerio de Chiapas. Tenía 54 años cuando esto ocurrió y aunque muchos piensen que ya estoy viejo y que empiezo a imaginar cosas, juro por la memoria de mi madre que todo lo que contaré es cierto. Aquel panteón era antiguo, fundado en el siglo 19. Con mausoleos que parecían iglesias en miniatura, esculturas desgastadas por la lluvia y nichos apilados que se alcanzaban como muros de hueso.
9:21 Lo mantenían abierto solo en horarios especiales y el trabajo de los sepultureros era esporádico, pero me dejaban quedarme ahí cuando terminaba la jornada a dormir en una pequeña caseta. Junto a la capilla abandonada, fue en octubre del 2020, una semana después del Día de Muertos, cuando comenzaron a pasar cosas que todavía me quitan el sueño. Ese lunes, después de tapar unas grietas que se abrían cerca del ala oeste del panteón, me senté a descansar en una tumba sin nombre, cubierta apenas por una cruz de madera carcomida. Me dejé caer sobre ella sin pensar, comiendo una torta y tomando una coca, sin imaginar lo que desataría. Desde esa noche.
10:18 Empecé a sentir un zumbido en los oídos. Justo cuando caía la madrugada. Pensé que era atinitus o cansancio, pero fue en aumento. Luego llegaron las pesadillas en ellas. Aparecía un hombre completamente enterrado, con la cara hundida en lodo, los ojos blancos y los brazos largos, intentando salir de un ataúd de madera podrida. Pero lo más perturbador era que no gritaba, solo movía la boca como si rezara o mal dijera algo. Una noche desperté sobre el saltado al sentir que algo me jalaba del pie. No era una sensación imaginaria.
11:04 Lo juro por Dios. Me sacudieron con tanta fuerza que rodee de la cama al suelo. Al prender la lámpara vi que mi pie tenía la mancha de Tierra húmeda, no barro ni suciedad normal. Era Tierra recién removida. Decidí dejar de dormir allí. Y pedí días libres, pero el encargado me dijo que debía cubrir una guardia nocturna extra porque no había más personal. Acepté, pero me aseguré de no acercarme más a la tumba sin nombre. El jueves, mientras podaba unos arbustos secos, un niño se acercó a la reja del cementerio.
11:53 No lo reconocía y lo raro es que nadie vive cerca. ¿Me preguntó, ya le pediste perdón al que duerme debajo? Me paralicé. Nadie sabía que me había sentado sobre esa tumba. No le respondí. Sólo cerré la puerta de la reja, pero El Niño ya no estaba. Me pareció raro, pero lo ignoré esa misma noche mientras limpiaba los pasillos cerca del muro trasero. Escuché un murmullo subterráneo. Creí que era el viento colándose por las grietas, pero el sonido era como de alguien rezando bajo la Tierra. Me acerqué, Incliné el oído hacia el suelo y se detuvo. Cuando di media vuelta para retirarme, sentí que pisaba algo blando.
12:54 Era como una costra en la Tierra. Al mirar hacia abajo vi que la Tierra de la Tumba sin nombre se había cuarteado y del centro emergía lo que parecía una mano huesuda delgada, como una raíz humana. No me atreví a tocarla, sólo estaba paralizado y atiné a decir en voz baja que lo sentía, que no sabía que era su tumba. Me fui corriendo sin volver la vista atrás, pero no terminó ahí. En la madrugada del domingo, cuando me encontraba de nuevo en la caseta, alguien golpeó la puerta con insistencia. Al abrir no había nadie, solo un rastro de Tierra mojada que entraba hasta mi cama.
13:46 Me volví loco del miedo, cerré todo y me metí en el baño. Desde allí escuché como algo caminaba arrastrándose por el piso de cemento. Escuchaba su respiración pausada, agitada. Después sentí como si algo pesado se recostara sobre mi cama. Amanecí allí adentro y cuando por fin abrí la puerta, vi que las sábanas estaban empapadas de barro y sobre la almohada había un hueso. Un fémur humano cubierto de lo que parecía cabello largo y negro.
14:26 Me fui de ese cementerio esa misma mañana. No dije nada, inventé que tenía un problema familiar y no regresé nunca más. Pero desde entonces, cada año, días antes del Día de Muertos, alguien deja sobre el tapete de mi casa una cruz de madera vieja rota. Como si hubiera sido arrancada del suelo. No he vuelto a sentarme en ninguna tumba, ni siquiera en una banca de parque. Y no importa donde viva, porque siempre encuentro Tierra en los rincones de mi casa, de mi cama, cuando despierto, como si algo viniera a recordarme que profané el descanso de alguien que no ha perdonado.
15:23 ¿Brujería en la comida o la comunidad del Inframundo? Este es un relato que por mucho tiempo quise compartir. Lo escribo con el corazón en la mano y con la esperanza de que al escucharlo, alguien allá fuera puede abrir los ojos a tiempo antes de comenzar. Quiero dejarles un consejo muy importante, nunca coman nada que les regalen. Aunque suene grosero, es mejor decir gracias, guardarlo y después tirarlo para efectos de esta historia.
16:07 Llámenme Marcela. Todo comenzó cuando entré a un nuevo grado escolar. Ahí conocí a una chica que desde lejos se notaba triste, sola y apagada. Al principio no nos llevábamos bien, pero con el tiempo comenzamos a convivir más. Poco a poco se convirtió en mi mejor amiga. Iba a mi casa, me contaba entre lágrimas el abandono de sus padres y yo. Yo intentaba estar ahí. Siempre le di cariño, sincero apoyo, tiempo. Quise mostrarle que no estaba sola, pero algo en ella no estaba bien.
16:51 Comenzó a mostrar actitudes inquietantes. A veces era dulce, otras cruel sinrazón. Un día me agredió físicamente, dejándome marcas. Después supe que hablaba mal de mí a mis espaldas y que era doble cara con otras personas. Intenté alejarme, pero manipuló a alguien cercano para convencerme de seguir tratándola. Y caí de nuevo. Lo peor vino el día de mi cumpleaños. Después de 2 años de amistad, hice una pequeña reunión con amigos y mi novio. Ella asistió.
17:35 Al principio actuaba normal, pero su energía se sentía pesada. Esa tarde, frente a todos, comenzó a inventar historias sobre mí con tanto detalle que logró sembrar la duda en mi pareja. Lo hacía con una sonrisa, como si nada subjetivo era claro, humillarme y arruinar mi relación. Ese mismo día me dió un regalo, una caja de galletas por la noche, cuando todos se fueron, comí algunas al instante. Sentí nauseas y un peso extraño en el estómago. Lo atribuí a que había comido mucho pastel.
18:18 Mi mamá y un pariente también las probaron y los 3 enfermamos solo nosotros. Todos habíamos comido lo mismo, excepto esas galletas. Era un malestar raro, como si el cuerpo estuviera rechazando algo que no debía estar ahí. Poco después comencé a deteriorarme sin razón dolores extraños. Síntomas en explicación médica, estudios normales. Pero mi cuerpo gritaba lo contrario, me sentía podrida por dentro, como si algo oscuro habitara en mí. Fuimos con un hombre que hace limpias espirituales. Apenas me vio sin que yo dijera una palabra. Me aseguró, te hicieron brujería por medio de la comida. En ese instante supe quién había sido. Lucía así la llamaré.
19:17 Fue la única que me regaló algo diferente ese día y todo tuvo sentido. Mientras yo me debilitaba. Ella empezó a cambiar, adelgazó, Atraía miradas, se volvió más bonita ante los demás, pero había algo perturbador. Cada vez que se acercaba. Desprendía un olor dulce pero podrido. Un aroma que me revolvía el estómago. Su cabello se veía quemado, su piel opaca, su mirada vacía y su energía cada vez más oscura era como si hubiera absorbido algo mío y al mismo tiempo estuviera pagando un precio. Por ello, poco a poco ella también empezó a venirse abajo. El año siguiente fue muy difícil para mí y aunque ha pasado el tiempo, todavía arrastro secuelas. Hace poco decidí hacer una limpieza espiritual profunda. Necesitaba liberarme por completo. Justo después volví a enfermar del estómago, pero esta vez no me asusté.
20:31 Sentí que mi cuerpo por fin estaba expulsando lo último que ella me dejó. Y no creo que haya sido una coincidencia. Gracias por escucharme Comunidad del Inframundo. Conté esta historia con el alma en la mano porque sé que allá fuera hay muchas personas que confían demasiado en gente equivocada. No todo lo que parece amistad lo es y no todo lo que luce inocente es inofensivo. Brujería en Veracruz, historia de terror basada en la anécdota de Daniel, Hola mi estimado Inframundo, mi nombre es Daniel y la historia que quiero contarte nos ocurrió del 20 al 24 de febrero del año 2023.
21:29 Mi esposa y yo queríamos conocer Veracruz, pues habíamos escuchado maravillas de esa Tierra. Para celebrar nuestro aniversario de bodas decidimos planear un viaje y recorrer varios lugares. Yo creo en temas de magia y brujería porque me consta que existen. Tomamos un avión desde la Ciudad de México y nos dirigimos a Veracruz. El primer día que llegamos notamos mucha hostilidad de parte de la gente, desde el trato hasta las miradas. Aún así, decidimos continuar. Ese mismo día intentaron asaltarnos cuando fuimos al centro a comer, pero logramos evitarlo. El segundo día fuimos a conocer un lugar llamado mercado de camarones.
22:25 Obviamente no la comimos. El comerciante, molesto, llamó a cuatro tipos que llegaron hablando en clave. Y mirándonos fijamente, me di cuenta de que tenían malas intenciones, así que tomé a mi esposa y salimos de ahí. En cuanto nos levantamos intentaron seguirnos, pero logramos perderlos. Con todo esto ya no nos sentíamos a gusto con el viaje. Decidimos por un video que vimos visitar una playa el último día. Creo recordar que era boca del río. Ese día la pasamos muy bien, pero al retirarnos tomamos un camión y nos sentamos en la parte de atrás para descansar. En eso subió un hombre que vendía algodones de azúcar y dulces de caramelo.
23:21 Se sentó cerca de nosotros y al no querer comprarle se molestó. Cuando bajamos del camión, mi esposa descendió primero. Al hacerlo yo el hombre me empujó y me gritó, Pendejo, se dice permiso. Le respondí que no le estorbaba en nada y que ni siquiera lo había tocado. Me volvió a empujar diciendo, estúpidos foráneos. Me molesté y le contesté, por eso nadie quiere venir a su Tierra por groseros como ustedes. Entonces comenzó a decirme algo en un dialecto que no conocía.
24:04 Pensé que ahí había terminado todo, pero al regresar a mi ciudad comencé con diarrea y vómito, que casi me matan. Terminé en el hospital y no encontraron ninguna causa. Llegué en Estado de choque. Después de salir me dieron un tratamiento que no funcionó una noche mientras dormía. Soñé con las ruinas del templo mayor. En el sueño había unos danzantes que me decían que fuera. Le pedí a mi esposa que me acompañara y cuando llegamos me sentí diferente. ¿Podía escuchar tambores? Te lo juro, algo raro y a la vez curioso.
24:47 Toqué una escultura, aunque sé que está prohibido. Y en ese momento sentí como si algo caliente saliera de mi Palma de la mano y recorriera mi brazo. Agradecí a los ancestros porque después de eso recuperé mi salud. Y ojo, yo no nací en la Ciudad de México, pero estoy muy agradecido. Esta es una de mis historias. Muchas gracias. Posesión en la morgue basado en la anécdota del doctor Marcelo Abaroa. Muy buenas noches comunidad, mi nombre es Marcelo Abaroa y soy médico legista.
25:41 Con más de 12 años de experiencia he visto de todo, cuerpos destrozados por balas, mujeres incineradas vivas, accidentes viales espantosos. Pero nada, absolutamente nada. Me había preparado para lo que ocurrió en noviembre del 2018, cuando me enviaron un cuerpo desde un rancho a las afueras de Tepic. Se trataba de un joven de unos 20 años. Su cuerpo había sido encontrado en el interior de una vieja capilla abandonada en el monte. Se encontraba sin ropa, atada de pies y manos, con alambres oxidados y tenía restos de cera derretida por todo el rostro.
26:29 La piel presentaba incisiones circulares, como si le hubieran retirado partes enteras de carne con una cuchara. Al principio pensé que era una ejecución ritual por narcocultismo la policía. Solo mencionó que era una situación delicada, que no hiciera preguntas, pero lo que me hizo arquear las cejas fue un pequeño detalle. El cuerpo había sido cubierto con un velo negro, no una sábana forense, sino un velo fino como de luto, y estaba cosido a su rostro. Retiré la tela con cuidado y sentí un estremecimiento involuntario.
27:16 Su rostro estaba intacto, hermoso, sereno, pero sus ojos abiertos cristalinos como si nunca se hubiera ido. La rigidez. Cada vérica era débil, como si no llevara ni 24 horas muerta, pero el parte médico señalaba que llevaba 5 días desde su hallazgo. Ese día realicé un examen externo y tomé las fotografías de rigor. Luego la dejé reposar en la Cámara fría y volví a casa. Me costó dormir. Soñé que escuchaba golpes suaves como uñas arañando metal.
27:58 Cuando desperté tenía los nudillos amoratados, como si yo mismo hubiera golpeado algo mientras dormía. Al volver a la morgue noté que la bandeja del cuerpo estaba fuera. Justo al centro de la sala nadie tenía acceso más que yo. Revise las cámaras de seguridad a las 3.11 de la mañana. La Cámara de ese pasillo se quedó en negro por 9 minutos. Fue un corte de luz. Las demás seguían funcionando. Esa mañana decidí hacer la autopsia. Al cortar la región abdominal encontré algo imposible. Su corazón aún estaba húmedo, rojo, brillante. No era normal.
28:49 Todos los órganos mostraban un deterioro muy leve para el tiempo que supuestamente llevaba muerta. Saqué muestras para laboratorio sin decir nada a nadie. Mientras anotaba mis observaciones, vi algo por el rabillo del ojo. La cabeza de la joven se había girado lentamente. Ahora estaba mirando hacia mí. Me paralicé. Me dije que tal vez había movido la Mesa sin querer, pero no era posible. Revisé las marcas del cuello. Había restos de sangre fresca en la tráquea. Ese mismo día el personal de limpieza me dijo que no volverían a entrar en la sala.
29:38 Un compañero juraba haber visto a una mujer sentada sobre la bandeja metálica tarareando. Yo lo ignoré. Me aferré a la lógica, pero no podía evitar sentir que algo me observaba desde el refrigerador. El tercer día me quede hasta tarde. Quería documentar los hallazgos con calma mientras analizaba la runa marcada en la zona lumbar. Una figura similar a un círculo con 3 picos internos. Noté que había moscas en la sala, moscas negras pesadas saliendo de la nada y olía a incienso quemado.
30:24 La temperatura bajó repentinamente. Comencé a escuchar un murmullo bajo imposible de entender, como si varias personas susurraran en otro idioma. Grabé con mi celular. El sonido quedó registrado pero distorsionado, como si la voz proviniera desde el fondo de un túnel. El murmullo decía algo como, no la toques. Me alejé. Quise salir, pero la puerta no abría. Pasé casi 1 hora encerrado con el cuerpo en la misma posición.
31:05 Cuando por fin se abrió, corrí al baño. Vomité. Tenía la sensación de que había cruzado un umbral, como si algo se me hubiera adherido a la piel, al alma. Al día siguiente el cuerpo desapareció. No hubo registro de salida, ni rastro en las cámaras. Sólo quedaba la bandeja vacía y un mensaje tallado con uñas en el acero. No era tuya. La dirección me pidió guardar silencio, archivaron el caso como perdida por mal manejo. Yo renuncié. Semanas después comencé a tener horrendas pesadillas recurrentes, con un altar en el monte rodeado de velas y esa mujer de pie, mirándome con la cara prácticamente desollada. Desde entonces hay noches en las que despierto, con heridas en la espalda, cortes como los que vi en su cuerpo, las moscas vuelan y huele a incienso.
32:15 La sensación de ser observado no se ha ido. No volví a trabajar desde entonces en ninguna morgue. No volví a tocar un cadáver, pero sé que de alguna forma ese cuerpo aún me sigue. La trinchera del infierno, basado en una anécdota real de José Luis Esquivel, buenas noches, Inframundo, no sé si lo que vivimos aquella noche fue una alucinación colectiva o una prueba de que hay lugares donde la muerte no descansa. Lo único que tengo claro es que después de aquella misión varios compañeros terminaron retirándose, otros desaparecieron y uno más se pegó un tiro. Semanas después yo sigo aquí, pero no soy el mismo, me llamo José Luis Esquivel.
33:21 En el año 2006 era cabo segundo del 23 batallón de infantería. Destacado temporalmente en una zona caliente cerca del límite entre Chihuahua y Durango, aquella región estaba dominada por grupos que movían mercancía por las brechas y nuestro trabajo era hacer presencia, patrullar y evitar que los convoys, aquellos ilegales, pasarán por ahí, nada fuera de lo común. Hasta que nos asignaron vigilar un cerro con viejas trincheras abandonadas desde la Revolución. El sitio era conocido por los pobladores como la sombra de Cristo por una cruz metálica oxidada que estaba en la cima clavada en una base de concreto. Lo extraño era que nadie del pueblo quería acercarse, ni siquiera de día.
34:17 Decían que esa zona estaba maldita, que era Tierra de muerte. Nosotros nos reímos. Había cosas más peligrosas que una leyenda pueblerina. La noche en que todo comenzó éramos 6 hombres desplegados en la cima a la vista era impresionante y el aire muy helado y frío. Armamos el campamento en las antiguas trincheras que aunque estaban en ruinas, nos cubrían del viento. Mi compañero Morales fue el primero en notar algo raro. Mientras, calentábamos café dijo que había visto un hombre parado entre los matorrales, completamente quieto. Fuimos a revisar, pero no había nadie. Lo tomamos como paranoia.
35:06 A eso de las 2:00 de la mañana, la radio empezó a hacer un ruido muy extraño, una especie de estática con una voz muy tenue, casi un murmullo. Creímos que interferencia. O algún civil jugando con frecuencia abierta hasta que la voz pronunció un nombre, dijo Morales. Ven el tipo se quedó pálido. Le gritamos que apagara la radio, pero no nos hizo caso. Caminó como hipnotizado hacia el borde del campamento. Uno de nosotros le alcanzó antes de que bajara el cerro. Morales estaba en trance con los ojos en blanco. Nos costó media hora hacerlo reaccionar. Cuando volvió en sí empezó a gritar que el viejo lo estaba llamando desde el agujero al revisar la trinchera más profunda, donde morales decía haberlo visto. Encontramos algo que no habíamos notado antes, un hoyo cuadrado, como una bosa abierta.
36:12 Al asomarnos había huesos bastantes. Muchos cráneos, costillas, dientes, cosas viejas pero revueltas con otros restos que no parecían tan antiguos. Alguien había seguido usando ese lugar como tumba. Ya no pudimos dormir, la temperatura bajó tanto que el aliento se nos congelaba en la boca. Uno de los más jóvenes del Grupo, el soldado Palacios, dijo haber visto movimientos en la cruz de la cima. Pensamos que eran alucinaciones por el frío y la tensión, pero entonces comenzaron los gritos, no sabíamos de dónde venían, parecían venir del cerro de la Tierra misma gritos de hombres suplicando ayuda, luego llanto y después algo que aún me cuesta describir, una risa espantosa, grave y profunda, como si la Tierra se estuviera burlando de nosotros.
37:14 No pasaron ni 10 minutos antes de que escucháramos pasos corriendo por entre las trincheras. Disparamos al aire varias veces. Cuando encendimos las linternas, vimos huellas. Eran huellas descalzas, con 5 dedos delgados y muy largos, como de pies humanos deformes. Alguien gritó que había una silueta bajando de la cruz y apuntamos todos los rifles. Lo que vimos me sigue persiguiendo en sueños. Era un hombre o algo que lo parecía. Su cuerpo parecía quemado, la piel se le despegaba en algunos puntos.
37:59 Tenía los ojos completamente negros, como 2 agujeros de tinta. Caminaba con lentitud, pero al mismo tiempo su presencia se sentía demasiado cercana. No se escuchaban sus pasos ni su respiración, pero sabíamos que estaba ahí. Cuando uno de los compañeros le disparó, la bala no lo atravesó. La figura se desvaneció como humo, pero en ese momento el suelo empezó a temblar levemente, no como un sismo, sino como si algo debajo de nosotros se estuviera moviendo. Lo siguiente fue el caos.
38:41 Palacios desapareció, su rifle fue hallado con la correa cortada y su casco partido en 2, pero ni una gota de sangre. El sargento acuña se hirió a sí mismo con el cuchillo mientras decía que se le habían metido en el estómago. Tuvimos que someterlo. Salimos del cerro al amanecer, cargando a acuña y sin rastro de palacios. Pedimos evacuar la zona por razones psiquiátricas. El parte oficial habló de estrés extremo y alucinaciones por hipoxia. Nos mandaron a terapia por 3 semanas y nos obligaron a firmar un acta de confidencialidad.
39:26 Pero lo que más meló la sangre fue un detalle que descubrí semanas después investigando por mi cuenta. Encontré un documento viejo del archivo histórico militar. Decía que en ese mismo cerro, en 1913, un pelotón fue emboscado y ejecutado por negarse a obedecer una orden de fusilamiento a civiles. Los cuerpos fueron arrojados a una fosa común en el mismo punto exacto donde nosotros acampamos. Desde entonces ya no me gusta el silencio. Me da mucho miedo, porque hay noches en que aún escucho aquella risa. Gracias por escucharme la mujer detrás de la puerta. Buenas noches a la Comunidad.
40:29 Comienzo con mi historia. Era el mes de diciembre y mi madre me envió a pasar las vacaciones con mi tía Lucía. Que vivía en un barrio antiguo de San Juan del Río. Yo tenía 6 años, mi prima Claudia 7. Pasábamos los días entre Juegos y Risas, sin imaginar que en esa misma calle viviríamos algo que jamás olvidaríamos por las tardes. Yo notaba que varias mujeres del barrio llegaban a darle dinero a mi tía un día con la curiosidad propia de un niño. Le pregunté porque me explicó que organizaba una tanda y que una de las participantes le debía ya 3 semanas. Ese dinero lo había tenido que cubrir ella y estaba bastante molesta.
41:22 Al día siguiente, mientras esperábamos nuestro turno en la fila de la tortillería, el destino pareció ponerse en marcha. Entre la gente apareció la mujer de la que tanto se quejaba. Mi tía sin rodeos, le reclamó. La mujer apenas le dijo que esa misma noche a las 8:00 le pagaría que su esposo le entregaría dinero y que podía pasar a su casa a cobrar. Llegada la hora salimos mi tía, mi prima y yo. Caminamos 3 calles hasta una casa antigua con una fachada descascarada y una puerta de madera pintada de color rojo intenso.
42:06 Como sangre seca, esa era la famosa puerta escarlata de la que tantas veces había escuchado hablar. Mi tía golpeó varias veces con una moneda, el sonido metálico resonando en la calle silenciosa. Dentro se oían ruidos, pasos apagados, pero nadie contestaba. Frunciando el ceño, dijo que la mujer seguramente se estaba escondiendo otra vez. Y que no nos iríamos hasta que abriera. Volvió a golpear, esta vez con más fuerza. De repente, los ruidos se hicieron claros pasos lentos y pesados, arrastrando el suelo, como si cada movimiento costara un mundo.
42:54 Claudia, aferrada a la mano de su madre, susurró con voz temblorosa, ya mamita ya vienen. La cerradura se dio y la puerta comenzó a abrirse lentamente con un chirrido que me erizó. La piel era más estrecha de lo normal, pero suficiente para que una persona pudiera salir. Entonces la vimos, primero unas piernas larguísimas, huesudas, con piel reseca y arrugada como papel viejo, luego un suéter rojo tejido. Y por encima, un cabello blanco, ralo y despeinado.
43:38 Finalmente, un rostro hundido, marchito, que parecía no haber visto la luz en décadas. Pero lo más extraño era su altura. Sobresalía más allá del marco, como si no encargara en ese espacio, Claudia y yo levantamos la vista y sentimos un vacío en el estómago. Aquella figura se inclinó hacia adelante y extendió una mano hacia mi prima, una mano cadavérica con uñas amarillentas, gruesas y deformadas como garras. Mi tía reaccionó en un instante. Con un tirón.
44:19 Arrancó a Claudia de su alcance, empujándola detrás de ella. Hizo lo mismo conmigo y nos gritó, corran y busquen ayuda. Obedecimos sin mirar atrás, llorando mientras nuestras piernas nos llevaban calle abajo. Sin embargo, al llegar a la esquina no pude evitar girar la cabeza. Mi tía forcejeaba con la puerta intentando cerrarla mientras esa figura empujaba desde adentro con una fuerza inhumana. Tras unos segundos de lucha, logró azotarla de golpe y alcanzarnos jadeando.
45:01 Pasó cerca de 1 hora antes de que viéramos llegar a la mujer que debía la tanda. Venía tranquila, disculpándose, diciendo que no había estado en casa, pero que ya traía el dinero. Mi tía la miró con desconcierto y le dijo, pero alguien nos abrió una mujer altísima, muy delgada, con Suéter rojo. El rostro de la mujer cambió de inmediato. La sangre pareció huirle del rostro. Murmuró así, estaba vestida mi suegra, pero ella no puede levantarse.
45:43 Está encorvada, mide poco más de 1 M 40 y hace meses que no habla ni camina. No hubo más que decir. Mi tía apretó los labios y guardó silencio. Claudia y yo no entendíamos del todo, pero sabíamos que lo que habíamos visto no era algo normal. Una semana después, la suegra de aquella mujer falleció y como si fuera poco, mi tía nos obligó a mi prima y a mí a participar en el levantamiento de la cruz durante el novenario. Hoy, más de 2 décadas después. Cada que paso por esa calle y veo la puerta escarlata, siento un frío que me recorre desde la nuca hasta los pies. Nunca supimos qué fue realmente lo que nos abrió esa noche, pero sé que no era de este mundo.
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