5 HISTORIAS de TERROR de CEMENTERIOS / PARA ESCUCHAR DE NOCHE
5 HISTORIAS de TERROR JAMÁS CONTADAS de CEMENTERIOS Vol. XXVIII👉🏻DEJA TU PULGAR ARRIBA 👍🏻 Y COMENTARIO ME AYUDARIAS A SEGUIR CRECIENDO, GRACIAS POR TU APOYO...#IRDT #inframundorelatos#relatosdehorror #relatosdelanoche #historiasdeterror#HistoriasdeHorror #RelatosdeTerror#leyendasmexicanas 💀MARCADORES DE TIEMPO💀00:00 SORTEO
01:18 ANGELITO EN EL CEMENTERIO
10:22 EL ROSTRO DE LA MUERTE
18:05 PAREJA DE ANCIANOS
26:03 REENCUENTRO ESPECTRAL
33:14 LLANTO DE LOS MUERTOS
0:10 Un evento paranormal en cualquier lugar es espeluznante, pero en un cementerio es muchísimo más aterrador. Hoy te compartimos historias de apariciones fantasmales en cementerios donde los espíritus deambulan entre las tumbas, susurrando secretos del más allá y desvaneciéndose en la oscuridad, dejando tras de sí. Un escalofrío inolvidable. Buenas tardes a todos. Me presento, mi nombre es Febe Michel, soy madre de 2 bellos hijos.
0:55 La experiencia que les voy a contar sucedió hace 9 años. Mis hijos en ese tiempo tenían 8 y 6 añitos. Mi madre había fallecido por complicaciones renales hacía 3 años. Y cada semana o cada 15 días iba al cementerio a llevarle flores y limpiar su tumba. De hecho, aún lo hago. Desde que mi madre falleció me propuse visitarla en el cementerio. Aparte, enseñarles a mis hijos que no hay que olvidarse de aquellos que ya no están con nosotros. El lugar siempre ha sido muy tranquilo, rodeado de árboles y flores. Donde el tiempo parecía detenerse, mis hijos marlon y jimena siempre me acompañaban.
1:47 Aunque eran pequeños, disfrutaban de nuestras visitas. Les gustaba correr entre las tumbas y jugar mientras yo limpiaba y arreglaba la lápida de mi madre. Una tarde el aire era fresco, movía las hojas, noté que mis hijos reían y conversaban más de lo de costumbre. Cuando llegamos al cementerio y como de costumbre, mis hijos comenzaron a corretear mientras yo me dirigía a la tumba de mi madre, saqué los utensilios de limpieza y me puse a trabajar. Quitando las hojas secas y las ramas caídas, el sol comenzaba a ponerse. Era señal de irnos.
2:33 Mientras juntaba todo para irnos, escuché las risas de Marlon y Jimena. Sonaban alegres, despreocupadas. Sin embargo, también escuché algo más, una conversación que parecía tener lugar entre ellos y alguien más. Pensé que tal vez habían encontrado algún otro niño con quien jugar, aunque era raro ver a alguien más en el cementerio a esa hora, además que no había visto a otras personas cerca de nosotros. Cuando terminaron de jugar y regresaron a mi lado, les pregunté con quién habían estado hablando con angelito, respondió marlon con una sonrisa.
3:17 No le di mayor importancia, pues ya teníamos que irnos. Las semanas pasaron y nuestras visitas continuaron. Cada vez que íbamos, marlon y jimena corrían hacia el mismo lugar y comenzaban a jugar y reír. Siempre escuchaba sus risas y conversaciones y cada vez que les preguntaba me daban la misma respuesta. Estábamos con angelito. Empecé a sentir una inquietud en mi interior. Como madre, decidí observar más de cerca en nuestra próxima visita para entender mejor lo que estaba sucediendo. Una tarde, mientras limpiaba la tumba de mi madre. Vi a mis hijos correr hacia una zona del cementerio, que no frecuentábamos, camine sigilosamente detrás de ellos, asegurándome de no ser vista.
4:16 Se detuvieron frente a una pequeña estatua de piedra, un Ángel con alas extendidas y una expresión serena en su rostro. Lo observaban con devoción, como si estuvieran en presencia de un amigo querido. Angelito, mira, mamá, está aquí, dijo Jimena Señalándome. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Me acerqué lentamente y les pregunté con quién estaban hablando con angelito, mamá, respondió Marlon. Miré la estatua con detenimiento. Era solo una figura de piedra, pero en ese momento sentí una presencia extraña.
5:02 Una energía que no puedo explicar. Intenté mantener la calma por mis hijos, aunque por dentro estaba llena de temor y quería salir corriendo del cementerio. Marlon y Jimena Sonrieron y se volvieron hacia la estatua. La miraban muy contentos y eso ya no me pareció normal en ellos la idea de que mis hijos estuvieran hablando con una estatua de piedra. Era desconcertante. Les dije que se despidieran de su amigo, pues ya era hora de irnos. Las piernas me temblaban mientras nos alejábamos ver a mis hijos agitar sus manitas diciéndole adiós aquella imagen. En nuestras siguientes visitas empecé a notar cambios en el comportamiento de mis hijos parecían más tranquilos. Como si la presencia de Angelito les diera una paz que yo no entendía.
6:09 Uno de los sepultureros se encontraba trabajando cerca de donde estábamos y me acerqué a él. Le pregunté si sabía la historia de la estatua de Angelito, donde estaban mis hijos. Me dijo que la estatua del Ángel ha estado por décadas, pero que no tenía ninguna historia particular asociada. Sin embargo, mencionó que había rumores de que el Ángel era un protector de los niños, una figura que les daba consuelo, alegría y en la inocencia de los niños no se daban cuenta que se trataba de algo sobrenatural. Le di las gracias y lo dejé para que siguiera trabajando.
6:54 A pesar de las explicaciones, no podía sacudirme la sensación de inquietud. Decidí que era mejor mantener a mis hijos alejados de la estatua del angelito. La próxima vez que fuimos al cementerio los mantuve cerca de mí, ocupándolos con tareas sencillas alrededor de la tumba de mi madre. Sin embargo, mis hijos parecían ansiosos, mirando constantemente hacia el lugar donde estaba la estatua. Al final de nuestra visita, jimena se acercó a mí y dijo con tristeza, mamá, Angelito se siente solo sin nosotros mi corazón se hundió, no sabía qué hacer. Por un lado, quería proteger a mis hijos de cualquier influencia que no entendieran.
7:50 Por otro lado, no quería que se sintieran tristes o abandonaran algo que les daba consuelo. Les dije que se despidieran de él porque ya nos íbamos. Al final decidí que lo mejor era dejar de visitar el cementerio por un tiempo. Les expliqué que necesitábamos hacer una pausa en nuestras visitas, aunque no les di detalles sobre mis verdaderos motivos. Aceptaron la decisión con cierta tristeza, pero sin cuestionarla demasiado. Con el tiempo, la presencia de angelito se desvaneció de nuestras conversaciones diarias. Mis hijos siguieron siendo felices y despreocupados, aunque de vez en cuando mencionaban con nostalgia sus juegos en el cementerio.
8:45 Yo, por mi parte, nunca pude olvidar la sensación de aquel encuentro, aunque racionalmente sabía que era solo una estatua. No podía negar la extraña sensación que había sentido. Quizás en algún nivel había algo más de lo que podía ver o entender. Y aunque nunca más volvimos a visitar esa tumba, el recuerdo de Angelito se fue borrando de la mente de mis hijos a medida que iban creciendo. Hoy sigo visitando la tumba de mi madre. Marlon pocas veces va con nosotras. Pero mi hija aún lo hace, pero ya no se acerca a la tumba, aunque la he observado que voltea así a la estatua de piedra, pero no va a esa tumba solo mira y no comenta nada.
9:39 Gracias por contar esta experiencia. Muy buenas tardes. Mi nombre es Aarón Jiménez, la experiencia que les contaré. Me sucedió el día del sepelio de mi tío. Que para toda la familia fue uno de esos días grises y tristes que parecen haber sido hechos a medida para funerales. Tenía 16 años y apenas empezaban a entender sobre de la muerte de una persona y el vacío que deja en las vidas de quienes seguimos aquí.
10:20 Mientras todos los presentes se congregaban alrededor del ataúd para darle el último adiós, yo sentí la necesidad de alejarme. La tristeza y la opresión del momento eran abrumadoras y yo no quería estar ahí sin decirle nada a nadie. Me escabullí entre las filas de tumbas, buscando un rincón tranquilo donde pudiera estar solo. El cementerio es antiguo, con lápidas cubiertas de musgo y mausoleos desgastados por el tiempo a pesar de la decadencia del lugar. Es una belleza melancólica que me atrae y te hacía sentir extrañamente en paz.
11:06 Recuerdo que caminé sin rumbo, sin darme cuenta que me adentraba más entre tumbas y mausoleos muy antiguos. Fue entonces cuando la vi una tumba que destacaba entre las demás. Estaba quebrada en una esquina, como si hubiera sido golpeada por algo muy pesado o por el paso inexorable del tiempo. Me acerqué atraído por la peculiaridad de la lápida y la antigua que se veía. La inscripción estaba parcialmente ilegible, pero pude distinguir el año 1886. Eso significaba que quienquiera que estuviera enterrado allí había muerto más de un siglo atrás. La curiosidad me impulsó a mirar más de cerca. Me agaché y observe el hueco en la tumba tratando de ver el interior.
12:01 Mi padre me había quitado el celular, así que no me quedó de otra que ver lo poco o mucho que se encontraba en su interior. Al principio mis ojos no distinguieron nada más que sombras y oscuridad, pero a medida que mis ojos se acostumbraban a la penumbra, vi algo que me hizo retroceder horrorizado. Allí, en el fondo del hueco, vi un rostro. Era el rostro de una mujer pálido y sereno, como si estuviera dormida. Sus ojos estaban cerrados y sus labios formaban una línea fina. A pesar de que había pasado tanto tiempo desde su muerte, su rostro no mostraba signos de descomposición.
12:47 Parecía intacto, conservado de una manera antinatural. Mi corazón comenzó a latir descontroladamente y un escalofrío recorrió mi columna no podía apartar la mirada de aquel rostro. Era como si algo me mantuviera anclado en esa postura de seguir hincado. Ahí. Finalmente logré levantarme de un salto alejándome de la tumba lo más rápido que pude. Sentí como si 1000 ojos invisibles me siguieran mientras corría, pero no me atrevía a mirar atrás. Cuando regresé al cortejo fúnebre, nadie pareció notar mi ausencia ni mi estado de agitación.
13:33 Me quedé a una distancia prudente, tratando de recuperar la compostura mientras el sacerdote continuaba con el servicio. Sin embargo, no podía dejar de pensar en lo que había visto. No tenía respuestas, solo una creciente sensación de miedo que se aferraba a mi interior. Volteaba hacia atrás esperando que la fallecida estuviera observándome desde alguna de las tumbas. Esa noche no pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de la mujer en la tumba, su expresión serena y sus ojos cerrados. Me perseguían en mis sueños, convirtiéndolos en pesadillas. Me despertaba sudoroso y con el corazón latiendo frenéticamente, incapaz de sacudir la sensación de que algo terrible estaba a punto de suceder.
14:32 Los días siguientes no fueron mejores. Intenté hablar con mis padres sobre lo que había visto. Pero temía que no me creyeran o pensaran que estaba inventando cosas para llamar la atención. Decidí guardar el secreto para mí, pero no fue fácil. Comencé adelgazar y en el último de los novenarios mi prima Ana y me preguntó si estaba enfermo. Fue cuando le conté lo que había visto. Ella me dijo que me llevaría al cementerio y que compraríamos flores para la difunta. Y que yo le pediría perdón por andar de Fisgón en su tumba. Esa era la única manera de que ya me dejara tranquilo, pues aunque no están físicamente, a ellos no les gusta que interrumpan su eterno descanso.
15:23 Al día siguiente mi prima me acompañó e hice lo que ella me dijo. Sentía que las piernas me temblaban, pero hice mi mejor esfuerzo de no salir corriendo de allí. Después de lo acontecido, dejé de visitar cementerios. Incluso la idea de pasar cerca de uno me hace sentir nauseabundo y ansioso. Cada vez que veía una tumba en la televisión o en una película, el recuerdo de aquel rostro volvía con una claridad aterradora. Sabía que no podría soportar volver a ver algo así nuevamente a medida que los años pasaron.
16:05 Traté de enterrar el recuerdo en lo más profundo de mi mente. Me concentré en mis estudios, en mis amigos, en cualquier cosa que pudiera distraerme de aquel día en el cementerio. Sin embargo, había momentos en los que, sin previo aviso, la imagen del rostro en la tumba volvía a mi mente. Pero ya no me hacía sentir aquel miedo. He aprendido a vivir con el miedo. Aunque nunca he podido superarlo por completo, cada vez que pienso en la muerte o en los cementerios, el rostro de la mujer de aquella tumba vuelve a mi mente recordándome el horror que presencié. Y aunque trato de racionalizarlo diciéndome que quizás fue sólo una alucinación, pero no fue así. Nunca he vuelto a pisar un cementerio y no tengo intenciones de hacerlo.
17:06 Prefiero mantener esa distancia, aunque sé que algún día todos acabaremos en uno, pero hasta entonces seguiré evitando esos lugares, llevándome conmigo el recuerdo de haber visto aquel rostro. Mi nombre es Celia Ocampo. Trabajar en una oficina de despacho puede ser abrumador. Especialmente en la ciudad, donde el ruido y el ajetreo son constantes. Por eso cada vez que tengo mi descanso sólo cruzo la calle e ingreso al cementerio, que está justo enfrente de las oficinas. Es un lugar tranquilo, un remanso de paz en medio del caos urbano, las lápidas antiguas.
18:01 Los árboles frondosos y el sonido del viento entre las ramas ofrecen un respiro del bullicio diario. Desde la primera vez que entré al cementerio me sentí atraída por su serenidad y por las historias de apariciones que he escuchado en mis recorridos. Encontré una banca bajo un gran árbol, un lugar perfecto para sentarme y desconectarme del mundo exterior, cerraba los ojos. Dejándome llevar por el susurro del viento y el canto de los pájaros. El ambiente me envolvía en una calma profunda, una paz que no encontraba en ningún otro lugar.
18:44 Pero una tarde, mientras estaba sentada en mi banca habitual, noté una presencia a lo lejos. Vi a una pareja de ancianos caminando lentamente por el sendero. Vestían ropa de época. Él, con un sombrero de ala ancha y ella, con un vestido largo y un sombrero adornado con flores, caminaban del brazo, como si el tiempo no hubiera pasado para ellos. No sentí miedo al verlos, aunque sabía que eso era una manifestación fantasmal. La pareja pasó unos metros delante de mí y al cruzar nuestras miradas me saludaron amablemente con una inclinación de cabeza y una sonrisa. Les devolví el saludo.
19:31 Intrigada por su aspecto y su calma, continuaron su paseo perdiéndose entre las tumbas y los árboles. A partir de ese día los vi en cada una de mis visitas al cementerio. Siempre aparecían caminando juntos, siempre amables y serenos. La verdad es que empecé a esperarlos con ansias. A buscar su presencia, el versus vestimentas de aquellos años, aunque debo aclarar que no se miraban sus pies. Me fascinaba la idea de que el amor pudiera trascender la vida y la muerte, y cada vez que veía a la pareja sentía que estaba presenciando algo eterno y hermoso.
20:18 Una tarde el cielo estaba cubierto de nubes oscuras, señal de que esa tarde. Y posiblemente por la noche estaría lloviendo. Pero aún así crucé la calle para adentrarme en el cementerio. Me senté en mi banca abrigada con mi chaqueta y esperé. No pasó mucho tiempo antes de que los viera aparecer caminando con su paso lento y seguro. Esta vez la anciana llevaba un paraguas pequeño, aunque no llovía. Al pasar junto a mí me saludaron como siempre y yo les devolví el saludo.
20:59 Sonriendo, me quedé observándolos mientras se alejaban, sintiendo una mezcla de melancolía. Pensaba en cómo sería tener a alguien con quien compartir toda una vida y más allá. Aunque veía esos 2 fantasmas, debo aclarar que verlos me daba un escalofrío que me recorría el cuerpo. En una de mis visitas decidí cambiar de lugar y me senté en una banca diferente, más cerca del sendero principal. Quería observar a la pareja desde otra perspectiva. No pasó mucho tiempo antes de que aparecieran caminando como siempre del brazo, pero no desviaban su andar por otro lado del cementerio era como si estuviera trazado su camino. Pensé en mis propios seres queridos, en las relaciones que había tenido y en lo que realmente significaba el amor eterno.
22:01 Mis padres tenían ya 45 años de casados. Pensé que si ellos, cuando llegara su momento de fallecer, también andarían del brazo, como esos 2 fantasmas. Mis visitas al cementerio se volvieron distantes porque tenía mucho trabajo en la oficina. Porque ya estábamos a fin de año y las oficinas cerrarían por las fiestas decembrinas. Por mi ventana intentaba ver si se seguían pareciendo aquella pareja de ancianos, pero por alguna razón, desde el edificio sólo se apreciaban tumbas y no apariciones fantasmales el último día de ese año. Y como no, volveríamos dentro de 2 semanas. Decidí ir a tomar unos minutos de descanso y cruce la calle para entrar al cementerio.
22:55 El viento estaba más fuerte de lo usual. A lo lejos se veían las nubes oscuras de que tendríamos lluvia. Me senté en mi banca, envolviéndome en mi abrigo y espere. Los minutos pasaban y no veía a la pareja. La verdad es que empecé a preocuparme, preguntándome si algo les había pasado. Después de unos momentos, sonreí. Para mí. Si ya tenían más de un siglo de muertos que podría haberles sucedido, estaba por levantarme. Cuando los vi aparecer por el sendero pasaron junto a mí sin saludar.
23:36 Inmersos en su propio mundo, sentí una punzada de tristeza en mi corazón, como si el tiempo que no acudía al cementerio algo hubiese sucedido para que ellos. Ya no notaran de mi presencia. Lo seguí con la mirada mientras se alejaban, sintiendo una melancolía que no podía explicar. Al día siguiente, cuando crucé la calle, aunque ya estaba de vacaciones, el cementerio estaba igual con su tranquilidad que lo caracteriza. Caminé hasta mi banca esperando ver a la pareja. El silencio era abrumador y el viento soplaba suavemente. Moviendo las ramas de los árboles. Esperé y esperé, pero no aparecieron. La sensación de pérdida se intensificó y me di cuenta de cuánto había llegado a depender de la presencia de aquella pareja.
24:35 Quizás si pasaban junto a mí, pero yo no lo sentí ni ellos a mí. Pasaron las vacaciones. Y seguí con mi rutina de siempre a la hora de mi descanso. Cada vez que cruzo la calle y entro al cementerio, llevo conmigo el recuerdo de aquellos ancianos. Me siento en mi banca, cierro los ojos y dejo que el viento me envuelva sabiendo que el amor verdadero nunca muere. Aunque ya no los vea. Sé que están ahí, caminando juntos, En algún lugar más allá del tiempo y el espacio. Y esa certeza me llena de una paz que no había sentido desde hacía mucho tiempo. Después de todo, el amor eterno es real y perdura más allá de la vida misma.
25:36 Hola a todos. Mi nombre es Juan David Núñez. Los cementerios siempre habían sido un lugar de tranquilidad para mí. Cuando la vida se volvía abrumadora, encontraba paz visitando la tumba de mis abuelos. Ellos habían sido mi refugio en vida y en su ausencia, su tumba se convirtió en mi lugar de consuelo. Caminaba entre las lápidas respirando el aire fresco que sólo un lugar así puede ofrecer una mañana, mientras me encontraba junto a la tumba de mis abuelos, perdido en mis recuerdos de la infancia. Sentí una presencia a mi lado. Al girar la cabeza vi a un niño.
26:20 Tenía un aspecto extraño, como si perteneciera a otra época. Su ropa parecía anticuada y su piel tenía un tono pálido, casi traslúcido. Lo observé con curiosidad y un poco de inquietud, preguntándome quién era y de dónde había venido. Pero lo extraño es que se me hacía familiar. El Niño se acercó más con una mirada que tenía una mezcla de tristeza y alegría. ¿Cómo está tu tío? Preguntó con una voz suave. La pregunta me tomó por sorpresa. No entendía por qué un niño, especialmente uno que parecía tan fuera de lugar y que en mi vida había visto, preguntaría por la salud de mi tío. Traté de mantener la calma mientras le respondía, está enfermo.
27:14 No le queda mucho tiempo. El Niño asintió, pero su expresión no cambió. Ya no estaré solo aquí, dijo El Niño con una certeza que me heló la sangre. Sus palabras eran raras y algo en su tono me hizo darme cuenta de que no era un niño común. La tristeza en sus ojos me conmovió, pero la alegría que también brillaba en ellos me desconcertó aún más. Fue en ese momento cuando entendí que no estaba hablando con un niño vivo. Era el fantasma de un pequeño. ¿Quién eres? Le pregunté, aunque en el fondo ya sabía la respuesta.
27:57 El Niño sonrió con una tristeza infinita. Mi corazón se encogió al escucharlo decirme quién era. Recordaba lo que mi madre me contaba sobre su hermano. Mi tío y como había perdido a su hijo a una edad muy temprana, no conocí a mi primo, pues aún yo no nacía, pero en casa de los abuelos siempre hablaban de Emilio de la manera como había fallecido y lo mucho que eso afectó Asus padres. El pequeño Emiliano no se movió de su lugar. Al preguntar por su padre entendí lo que quería decir. La muerte de mi tío estaba cerca y su hijo lo estaba esperando para reunirse con él. Sentí una tristeza que es imposible de describirla. Sabía que mi tío estaba sufriendo y aunque su partida sería dolorosa, encontraría paz y reunirse con su hijo le daría una felicidad eterna.
28:57 Eso era lo que mi abuela Emilia decía, tenía la mirada fija en las tumbas. Cuando volteé para ver al pequeño, este ya no estaba. Pasaron los días y la enfermedad de mi tío empeoró. Mi familia se preparaba para lo inevitable y yo llevaba el peso del conocimiento de lo que estaba por venir. No mencioné nada sobre mi encuentro con el pequeño fantasma, pues nadie me creería. Aparte, no quería añadir más angustia a mi familia. Finalmente, el día llegó. Mi tío falleció en la quietud de la noche, rodeado de sus seres queridos.
29:41 El dolor era evidente cuando nos reunimos para su sepelio. El cementerio, que siempre había sido un lugar de consuelo para mí, ahora se sentía pesado con la tristeza y el luto de todos los presentes. Durante el entierro me mantuve en silencio. Observando las lágrimas y los abrazos de consuelo que se ofrecían unos a otros, mi mente volvía constantemente a la imagen del niño, a la promesa de que mi tío no estaría solo. Mientras el ataúd descendía, sentía algo que me observaba desde lejos.
30:22 Mi corazón latía con fuerza mientras buscaba algo sin saber exactamente que entonces los vi entre las tumbas. Era mi tío. Y su hijo. Tomados de la mano, sus rostros estaban iluminados con una gran sonrisa. En el rostro de mi tío ya no había rastro de dolor ni de sufrimiento. Los observé mientras se alejaban lentamente, perdiéndose entre las tumbas. La imagen de mi tío y su hijo juntos, finalmente reunidos, me llenó de una profunda sensación de alivio que no pude contener y me solté llorado. Porque sabía que dondequiera que fueran estarían bien juntos.
31:06 Como siempre debieron estar. No mencioné lo que había visto a nadie. Sentí que era un momento que guardaría para mí hasta hoy, que después de 17 años comparto con ustedes. Después de lo acontecido, la vida siguió su curso y con el tiempo el dolor se suavizó. Convirtiéndose en un recuerdo cariñoso para los miembros de la familia. Mi tío nunca fue feliz después de la muerte de su primogénito, era el primer nieto en la familia, el primer sobrino para todos.
31:47 Verán, mi tío siempre se sintió culpable de su muerte, pues él iba conduciendo el auto donde su hijo falleció. No iba ebrio si eso les pasó por la mente. El asunto es que mis tíos iban discutiendo en el auto y todo se le salió de control, pero aún así sentí pena por mi tío, pues cada vez que nos veía reunidos a todos sus sobrinos y sus 2 hijos, para él era quizás un tormento, pero al final de su vida tuvo el reencuentro con su hijo. Aunque hayan pasado 30 años, les agradezco por contar esta historia. Cualquier evento paranormal es espeluznante, pero si suceden en un cementerio puede llegar a ser aún más aterrador. En estos lugares la tristeza está impregnada en cada una de las tumbas donde reposan los cuerpos de seres queridos que ya no están.
33:02 Ante la pérdida, los visitantes dejan llanto y desolación. Sus lágrimas cayendo sobre la fría piedra y la Tierra húmeda. Sin embargo, hay ocasiones en que los llantos no sólo provienen de los vivos, sino también de los muertos. El pequeño cementerio siempre a testado, rodeado de altos cipreses y con una verja de hierro forjado que delimitaba su perímetro. El camposanto no solía recibir muchas visitas en aquellos años. Pero el 2 de noviembre de cada año el camposanto cobra vida con los visitantes. El olor a flores impregna el lugar, las ofrendas que les colocan la música, el algarabío de la gente durante el día.
33:50 Pero cuando cae la noche a lo lejos, cientos de luces de las veladoras. Es como una esperanza que las almas de los difuntos se vayan a su descanso eterno. Pero por más intentos que se han hecho para que los llantos de los muertos dejen de escucharse, no se ha logrado. Mi nombre es Bulmaro Ruiz, soy velador en un cementerio de mi Estado Natal, Querétaro. Tengo trabajando aquí desde 1965 a la fecha inicié desde muy joven, primero como chalán de albañil. Después de que mi compañero falleciera por intoxicación alcohólica, fui sepulturero.
34:36 Con todos estos años trabajando aquí. Compañeros van y vienen, así como las carrozas de las funerarias. Pero no sólo estos autos sombríos son los que traen al fallecido. A veces entra el cortejo fúnebre con el ataúd de nombros de familiares y amigos del doliente. En todo este tiempo ha habido entierros muy tristes. En el año de 1974 hubo uno que en verdad las personas transmitían la tristeza que sentías, que te calaba hasta los huesos porque todos los habitantes de los alrededores te elegido. Conocíamos a los fallecidos, era la maestra de la escuela y un joven que las personas de aquellos años. ¿Cuando se fundó El Ejido lo vieron crecer? Es como si fuera una gran familia, pues todos nos conocemos desde hace ya décadas.
35:38 Como les contaba miriam y José estaban por casarse. Yo tenía 17 años en ese tiempo. Era un miércoles por la tarde cuando se dio la noticia que habían tenido un accidente y que lamentablemente fallecieron. Por el Estado en que habían quedado sus cuerpos se les dio Santa Sepultura. El viernes los féretros los trajeron al Panteón en la misma carreta que los llevaría a la Iglesia adornada con flores blancas, hizo su entrada tirada con 2 caballos blancos. No les miento al decir que hasta el hombre más rudo Lloro ese día, se sentía todo muy extraño. Era como si un manto de dolor y de tristeza cubriera el pequeño cementerio.
36:28 En ese entonces. El ambiente en el cementerio siempre había sido sombrío, pero aquella mañana del sepelio se sentía especialmente inquietante. El aire parecía cargado de una energía densa y opresiva, como si el mismo suelo estuviera exhalando un lamento silencioso. Las nubes grises cubrían el cielo. Envolviendo el lugar en una penumbra, el silencio era casi absoluto. Roto únicamente por el crujido de las ruedas de la carreta, yo observaba como los árboles altos y oscuros se inclinaban como si estuvieran observando con una gravedad solemne. Cada paso resonaba con un eco sombrío que parecía perderse en la distancia atrapado entre las tumbas. Las personas que habían llegado para despedirse de los novios, sus rostros estaban marcados por una mezcla de tristeza y dolor. El sacerdote, vestido con su sotana negra, se encontraba al pie de la tumba abierta, sus palabras resonando con un tono que intentaba ser consolador, pero que no lograba disipar la inquietud en el aire.
37:49 Los féretros, cubiertos de flores Marchitas, Descendían lentamente y con cada centímetro que se hundía en la Tierra. El ambiente parecía volverse más pesado, como si el mismo cementerio estuviera absorbiendo la vida y la luz de todo lo que lo rodeaba. Yo me encontraba observando todo desde la tumba, pensativo, porque en esa semana iba a ser de fiesta. Exactamente se casarían el domingo de esa semana y ahora era un día de desearles descanso eterno. En vez de una vida juntos. Un cuervo graznó en la distancia y me sacó de mis pensamientos.
38:32 Los asistentes se estremecieron, algunos haciendo el signo de la cruz, otros simplemente mirando hacia el suelo, tratando de evitar el contacto visual con los demás. Poco a poco los presentes se retiraron. Los familiares tardaron un poco más. Era como si se negaran de dejar ahí a Miriam y José. Pero los sepelios de los niños, eso sí que parte en el alma. En muchas ocasiones, hasta la fecha me he visto en la obligación de retirar a los padres de los infantes del cementerio, honestamente. Siento un vuelco en el corazón cuando los veo llorar en su desesperación por la muerte de sus pequeños padres intentando sacar el ataúd para ver a su hijo. Sí, es desgarrador, pero uno no se lo debe de permitir. Yo también he tenido mis momentos de duelo. No es lo mismo cuando uno sepulta a otra persona, como cuando sepultas a los padres.
39:40 A un hermano o hasta un hijo, lo que les voy a contar. No sé realmente cuándo comenzó a suceder. ¿Cuándo fue que el descanso eterno de alguno de los moradores del cementerio fue perturbado? ¿Su descanso eterno? Pues yo trabajaba durante el día aquellos años, pero de un día para otro, el encargado de cementerio. Me propuso para que trabajara por las noches durante un tiempo en lo que conseguían a otro velador puesto nervio. Ya era un hombre anciano y estaba imaginando cosas. Esas fueron sus palabras, pero en realidad don Elvio no se estaba imaginando nada ni tampoco se estaba volviendo loco.
40:27 Como aseguraban, el cementerio no tenía velador en esos años. Pues no saqueaban las tumbas, así como tampoco había jóvenes con tablas o hijas invocando las almas de los muertos. Pero para inicios de la década de 1980 se comenzaron a ver bolas de fuego en el cementerio. Eran Brujas, aseguraban los que vivían cerca del lugar, así que don Elvio se ofreció para ser el velador. Estuvo algunos años cuidando el camposanto. Pero el señor comenzó a tener un comportamiento muy raro. El miedo se le notaba en su rostro y ya no quiso trabajar por las noches, así que pensé que sólo sería por un tiempo. Tiempo que hasta la fecha sigo de velador. Era octubre de 1984, cuando no de muy buena gana. Me fui a trabajar por las noches. Al principio todo era tranquilo.
41:33 No había bolas de fuego, como decía, ni tampoco algún animal que cavara las tumbas tratando de llevarse algún hueso, pero en muy pocas noches me daría cuenta del motivo por el cual don elvio ya no quiso trabajar más en el cementerio. Para finales de octubre se comenzaron a ver 2 bolas de fuego merodeando entre las tumbas. No quise quedarme con la duda del por qué esas Brujas andaban merodeando por el panteón con lámpara en mano y con el machete comencé a caminar entre las tumbas.
42:15 Sólo encendía la lámpara si en la oscuridad se escuchaba algún sonido extraño, pero aquellas 2 bolas de fuego no estaban dentro del cementerio, sino fuera de él, se encontraban escavando un montículo de Tierra. Las escuchaba hablar entre ellas, pero en la distancia que me encontraba no se les entendía con claridad. Así estuvieron alrededor de unos minutos cuando repentinamente ambas mujeres corrieron hacia el monte. Fue cuando comencé a escuchar el llanto de varias personas, pero esos llantos parecían ecos y sentí un frío, recorrer mi espina dorsal.
43:00 Mientras corría el cuartucho de madera en la entrada del cementerio, los llantos se volvían más nítidos. Tropecé y caí de lleno sobre un montículo de Tierra, una tumba grande. Fue mi sorpresa cuando, al querer ponerme de pie y empezar a correr, me di cuenta de que el llanto provenía de ahí. Acerqué mi oído a la Tumba para confirmar si ese era el origen del lamento. El sonido era inconfundible, desgarrador y parecía emanar desde las profundidades mismas de la Tierra con las pocas fuerzas que me quedaban como pude. Llegué todo tembloroso al cuartucho y me encerré en él.
43:45 Tuve que poner mis manos en mis oídos tratando de no escuyas aquellos sollozos. Esa noche me la pese, rezando hasta que el sol comenzó a salir y darle inicio a un nuevo día. Estaba decidido a no regresar esa noche. Nadie me creería lo que había visto y escuchado. Me dirigía a la casa de mis padres para contarles lo sucedido. Mi madre me escuchaba atenta. Ella siempre les hizo oraciones a las ánimas benditas del purgatorio, así que ella era la única que posiblemente me comprendiera. Cuando terminé de contarle, ella se levantó y sacó de la vitrina del comedor una veladora.
44:34 Ella me dijo que sólo la encendiera por 1 hora. Las animas se alejarían de donde yo estuviera, pues ellas buscan la luz. Es como una esperanza de poder salir del purgatorio, una luz que emana esperanza y perdón por sus pecados. Me dijo que hay muertos que no hacen ruido, quizás. Esas Brujas estaban perturbando su descanso eterno y por eso lloraban. Tomé la veladora y un Rosario y me fui a descansar para ir a trabajar esa noche, pues ya en unos días sería Día de Muertos y el panteón estaría lleno de personas esperando la visita de sus seres queridos. Ya habían pasado 3 días después de que el cementerio se engalanó con la festividad.
45:26 Había olvidado lo sucedido, pues creí que ya las Brujas y los llantos no se harían presentes nuevamente. Esa fue una fría noche de noviembre y estaba cerrando las puertas cuando escuché un sonido que me hizo detenerme. Al principio pensé que era el viento, pero pronto me dio cuenta de que era algo mucho más inquietante. Nuevamente eran los llantos de los muertos. Me quedé inmóvil tratando de localizar la fuente de aquellos sonidos. Los lamentos parecían provenir de varias tumbas que estaban cerca de la barda del panteón.
46:08 Me sentí aturdido y asustado. Decidí no investigar más esa noche y me encerré en el cuartucho con la veladora que me había dado mi madre. Con la esperanza de que se callaran los llantos, mi madre me había advertido, jamás sigas los sollozos, no sabes lo que te puede suceder. Pero todo cambió una noche de invierno. En diciembre, mientras realizaba mi ronda habitual, un sonido me detuvo. Era un llanto suave al principio, pero que se fue intensificando, llenando el aire con una tristeza abrumadora. Recordé las advertencias de mi madre. Intenté ignorarlo, pero la curiosidad y pensar que quizás era algún niño abandonado me empujaron a investigar. Ya estaba por comenzar a caminar cuando sentí una mano fría y huesuda aferrándose a mi brazo con una fuerza que era imposible de Soltarme.
47:14 Trate de liberarme, pero el agarre se intensificó. Haciéndome caer sobre una tumba la linterna, proyectando algunas sombras entre las lápidas. Los sollozos provenían de una tumba muy antigua, apenas visible entre la maleza. El llanto era ahora desgarrador, pero repentinamente cambiaron. Se escuchaba como el llanto de un gato. Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Quería correr, pero no podía. Así que de nuevo me puse a rezar. En cierta forma tenía la sensación de que aquel llanto no era de un niño, algo más estaba ahí conmigo. Poco a poco estos se fueron alejando hasta que ya nos escucharon.
48:04 Estaba decidido hablar con el sacerdote de lo que estaba sucediendo en el cementerio. Mi madre me acompañó y el cura me escuchó atento. Me aseguró que iría a rociar agua bendita al camposanto. Él podía asegurar que algo perturbaba la tranquilidad de aquellas pobres almas. El día en que el sacerdote fue al cementerio, mi madre nos acompañó mientras el cura echaba agua. Bendita mi madre hacia los rezos. Con el tiempo y a pesar de mi miedo, me fui acostumbrando a los lamentos. El sacerdote iba una o 2 veces al mes y rociaba agua bendita por la barda dentro y fuera del cementerio. A veces pensaba que eso no detendría a las Brujas para andar haciendo sus maldades, pero al menos no podían entrar para andar enterrando sus brujerías en las tumbas olvidadas.
49:11 Una tarde, uno de los sepultureros, me pregunto si me podía quedar a velar esa noche. Yo lo miré un poco extrañado por la petición, pero una noche su compañía no me vendría mal. Así que como a las 9:00 de la noche, llegó con un gran termo de café y nos preparamos para una velada de charlas contándonos experiencias. Él se llama Germán. Hoy es médico en un hospital de Querétaro. Él se crió en El Ejido y me contó lo que su abuela le había dicho. Don Elvio le confesó el motivo por el cual ya no quería volver a trabajar como velador.
49:53 Germán, en tono serio, me preguntó si yo había escuchado esos llantos. Le contesté que sí, pero que ya me había acostumbrado a ellos. A veces eran de niños. En otras de hombres o mujeres, a veces sólo era uno solo o 3 cuando mucho, pero cuando eran varios que no sabía ni de dónde provenían, era cuando me daba mucho miedo. Como ya estaba por ingresar a la universidad, él me dijo que había estado averiguando sobre algunos de los que se encontraban sepultados en el cementerio. Había registros del cementerio. Y habló con los familiares de los fallecidos en otros ejidos y descubrió que los que estaban llorando habían muerto de manera violenta o inesperada.
50:46 Había desde suicidios, accidentes y asesinatos. Las muertes eran tan trágicas que parecía como si sus almas no hubieran encontrado paz esa noche. Germán. No tuvo la experiencia de escuchar el llanto de los muertos y por una parte fue lo mejor, pues quizás terminaría como donelvio, trastornado, escuchándolos hasta el último día de sus vidas. El administrador nunca contrató a alguien más para el puesto de velador, así que me quedé trabajando por las noches.
51:27 En ocasiones escuchaba los sonidos nocturnos. Trataba de no escuchar los llantos. Uno poco a poco se va haciendo a la idea. Yo aprendí a vivir con vivos y muertos. Habían pasado ya 3 años las bolas de fuego, ya no se volvieron a ver. Un día que salí del trabajo, rodé la barda, recordé aquel montículo de Tierra en el que las Brujas habían hecho sus rituales. Pues el ayuntamiento le daría ampliación al camposanto y pronto excavarían allí. Por momentos no ubique la loma de Tierra hasta que volteé al cementerio y recordé el sitio exacto. Estaba por remover un poco de la Tierra de aquella loma cuando una anciana salida de la nada, me advirtió que no lo hiciera. Pues ahí había entierros de maldiciones para gente muy mala y no habría manera de quitarme el daño. La señora me Halo del brazo para seguir con mi camino. Ella me dijo que era una bruja de uno de los pueblos de los alrededores.
52:43 La señora sacó de su morral una moneda. Esta traía la imagen de un santo que yo no conocía. Ella me confirmó que se trataba de San Benito Abad. Su protección es muy fuerte. Contra la brujería. Yo le comencé a contar que en un inicio se escuchaban llantos, pero con el tiempo ya se estaban manifestando apariciones. Ella me dijo que son almas buenas, otras que aún no encuentran la luz. Le pregunté sobre los llantos, algunos provenían de las tumbas, otras de entre los calles del Panteón. A veces se vuelven más nítidos y cercanos. La de los niños son los que más se escuchan. Fue cuando ella me interrumpió y me aseguró que no eran de niños. Sólo las almas de los niños se les puede ver o escuchar de día, pero por las noches no son de ellos. Me pidió que fuera más observador en ese aspecto. Me preguntó si ya había visto algún espectro que estuviera llorando.
53:54 A lo que le contesté que no. Ella, al igual que mi madre, me aconsejó que no lo siguiera. Me despedí de la señora, la cual por varios años estuvo acompañándome en el cementerio, esto porque una tarde sepultaron a una mujer, la cual se decía que practicaba las artes oscuras. Yo les puedo asegurar. Que esa bruja que yace en una de las tumbas fue una de aquellas que se dejaba ver en forma de cola de fuego. Y les contaré el porque esa primer noche, detrás del cementerio, se escuchaba el grito de una mujer. Supe de inmediato que no era el de un muerto. Yo la veía revolcarse en la Tierra, dando unos alaridos como si le estuvieran haciendo algún daño. Así estuvo hasta que se fue arrastrando hacia la maleza del monte.
54:55 Así estuvo por alrededor de 3 noches hasta que dejó de hacerlo. Yo no volví a salir de la casucha después de que la había visto la primera vez. Esperaba que el alma de la bruja anduviera penando por estar sepultada en camposanto. Afortunadamente nunca la miré. Pero si la escuchaba dar aquellos alaridos de dolor, su llanto era como si estuviera siendo torturada. Con los años dejó de escucharse o yo dejé de escucharla. Para el año de 1998 ampliaron el cementerio y como me lo había dicho mi amiga la bruja, ahí se encontró mucha brujería.
55:49 Después de muchos años he aprendido que también con la brujería turban su eterno descanso. Cuando encuentro brujería en las tumbas, la saco y las quemó en un bote de metal que se encuentra al final del Panteón, me protejo con una medalla de San Benito. De esa manera ayudo tanto a los vivos como a los muertos, destruyendo. Las porquerías que les hacen las personas y a los muertos el que no anden apareciéndose o llorando por el cementerio. Yo continúo cuidando el cementerio hasta sus últimos días en que ya me tenga que reunir con todos mis seres queridos que han fallecido.
56:34 Pues siempre los recuerdo las palabras de mi madre cuando me aseguró que el amor puede trascender, incluso la muerte. Con fe y mis rezos a las almas perdidas y olvidadas del cementerio, ellas solo necesitan ser escuchadas para encontrar su camino a La Paz.
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