Dec. 10, 2025

4 RELATOS REALES DE TRAILEROS - RUTAS MALDITAS que toman los Camioneros de noche | INFRAMUNDO RELATOS

4 RELATOS REALES DE TRAILEROS - RUTAS MALDITAS que toman los Camioneros de noche | INFRAMUNDO RELATOS
4 RELATOS REALES DE TRAILEROS - RUTAS MALDITAS que toman los Camioneros de noche | INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
4 RELATOS REALES DE TRAILEROS - RUTAS MALDITAS que toman los Camioneros de noche | INFRAMUNDO RELATOS

Muy buenas noches, madrugadores y trasnochadores.
Bienvenidos a Inframundo Relatos.
Hoy te traigo cuatro historias reales de traileros que enfrentaron lo inexplicable en la carretera. Prepárate para rutas malditas, apariciones nocturnas y sombras que siguen el paso de los motores en la oscuridad. Ponte cómodo… y escucha bajo tu propio riesgo.

Adéntrate en Rutas Malditas, una recopilación de 4 relatos reales de traileros que vivieron encuentros aterradores en carreteras solitarias de México. Apariciones, sombras que persiguen, figuras que suben a las cajas, ruidos imposibles y presencias que acechan en cada espejo.

Cada historia está narrada con el estilo oscuro, cinematográfico y realista de Inframundo Relatos, ideal para escuchar durante la madrugada, en tu turno nocturno o mientras viajas por carretera.

🎧 Recomendado escuchar con audífonos.

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0:00 No olvides suscribirte para escuchar historias más aterradoras. Buen día, buena tarde, buena noche esperando se encuentre muy bien del otro lado de la pantalla. Mi nombre es Alejandro y esto es Inframundo. El día de hoy le narraré cuatro espeluznantes anécdotas de traileros. ¿Que han vivido cosas espeluznantes en la carretera? ¿Se imagina usted ser un trailero y que mientras maneje le pasen cosas aterradores, que vea apariciones, que vea cosas que en realidad no deberían existir?

0:49 ¿Qué haría usted sin más? Por el momento comenzamos. Todas las noches recuerdo parte de lo que me sucedió aquella vez manejando por una solitaria carretera. Altas horas de la madrugada, me agarró de sorpresa una tormenta. Antes los pronósticos del tiempo no eran confiables. Además de eso, hasta la fecha siempre se ha dicho, la naturaleza no tiene palabra. Mi nombre es Rosendo Ruiz.

1:39 Estoy a unos días de retirarme para siempre de ser chofer de tráiler. Por lo mismo me animé a compartir con ustedes la que yo considero la peor experiencia que me ha tocado vivir. Esa noche no se esperaban lluvias, los nubarrones aparecieron de repente y todo se volvió más oscuro de lo habitual. Los relámpagos eran tan intensos que por unos segundos iluminaban todo el monte. El sonido. De los truenos se escuchaban bastante fuerte a pesar de llevar las ventanas cerradas al no tener calefacción.

2:24 En mi tráiler el frío me puso a temblar. Continué manejando con la esperanza de encontrar un paradero y comprar una bebida caliente. Además, eso me ayudaría a estar más pendiente de la carretera porque. Con las lluvias se volvía peligrosa. Manejar así era algo que me ponía de nervios kilómetros adelante. Por suerte, así sucedió a lo lejos. Miré un establecimiento apenas iluminado con una tenue luz. Bajé la velocidad y cuando pude me orillé hasta pararme frente a aquel merendero. Nunca se me olvida su nombre.

3:09 Con letras burdamente pintadas decía los aparecidos era un hombre extraño, pero en ese momento eso era lo menos importante. Me bajé de prisa porque ya se había soltado el viento y con ello la llovizna se sentía como agujas que se me clavaban en la cara. Entré al lugar apenas iluminado por unas cuantas lámparas de petróleo. El lugar estaba solo. Olía a humedad, pero por lo menos no se sentía tan frío. Tampoco se escuchaba ningún ruido.

3:51 Di las buenas noches con un grito porque no se miraba nadie. Mi voz retumbó con el eco. Me senté a esperar en una de las mesas de lámina, rodeada con sillas de plástico. Me pareció extraño darme cuenta que todo el lugar se encontraba descuidado. Estaba cubierto con una capa fina de polvo, como si por mucho tiempo nadie hubiera estado ahí. Aunque claro, era de esperarse porque ese lugar se encontraba en medio prácticamente de la nada. Afuera, el viento comenzó a correr con más fuerza.

4:34 Entonces los árboles arañaban las paredes de madera y el techo de lámina se movía de tal manera que se escuchaba como si alguien estuviera caminando sobre él. Eso me hacía voltear constantemente. Minutos después, el viento silbaba de manera inquietante al colarse por las rendigas. Aunque suene ridículo, pero ya me estaba poniendo nervioso, pensé que tal vez no había sido buena idea detenerme en ese lugar tan desolado. De hecho, ya estaba a punto de retirarme cuando la voz de una persona mayor me respondió, el saludo. Buenas noches, dijo un hombre con voz cansada. Esto no lo digo de manera despectiva, ese señor Vestía muy humilde, tenía un sombrero, un gorongo y unos huaraches, así como vestían los campesinos en la época de la Revolución. Le pregunté si el lugar estaba funcionando porque quería un café moviendo su cabeza.

5:46 Me dijo que sí, pero no se detuvo. Caminó lentamente hasta la mesa para saludarme de mano. Al hacerlo fue como agarrar un pedazo de hielo. Sus ojos, visiblemente cansados, no dejaban de verme, al grado de que sonreí un poco por la incomodidad que me provocaba. Tuve que estirar mi mano para que me soltara. Entonces, el anciano se dio la media vuelta y se fue caminando despacio hasta meterse en una puerta detrás del mostrador. Segundos después apareció una mujer, también anciana, seguramente la esposa del señor que me estaba atendiendo.

6:34 Su aspecto era como el de una persona de más de 90 años. Vestía también de manera muy sencilla, con un rebozo en aguas de colores chillantes y huaraches desgastados. Me saludó sin siquiera voltear a verme, agarro una de las lámparas y se fue directo a cerrar la puerta porque ya se estaba azotando con fuerza el viento para que ya no se golpeara. ¿Le enrollo una cadena? Cuando venía de regreso me sorprendí porque con la luz pude darme cuenta que estaba ciega. De hecho, era evidente que no tenía ojos porque sus párpados estaban visiblemente sumidos y sus cuencas muy marcadas, sin decir nada, agarro la otra lámpara y se la llevó dejándome en completa oscuridad.

7:35 Todo estaba tan negro que me ponía una mano frente a los ojos y no miraba nada. Estuve unos minutos esperando a que regresara la luz, pero no sucedió como pude. Me puse de pie para ver a dónde se habían ido esos ancianos, pero todo era negrura. Pensé que era el momento de salir de ahí. Entonces caminé despacio hacia la puerta principal. Aunque quería hacerlo sin que los señores se dieran cuenta, golpeé varias veces con algunas sillas con mis manos. Por fin toqué la pared. Entonces comencé a palpar para agarrar la perilla y salir.

8:18 Caminé para un lado, luego para el otro, hasta que por fin la encontré. Quise abrir, pero tenía la cadena rápido. Intenté quitarla. Para mi sorpresa, la señora había cerrado con candado, jalé la puerta una y otra vez hasta que me convencí que estaba cerrado. De vez en cuando estaba seguro, no había ventanas porque no se miraban los relámpagos. Le grité al señor que abriera la puerta, que ya me quería ir, pero todos seguía en silencio y en total oscuridad. Lo cierto era que no pensaba quedarme ahí toda la noche.

9:03 Lo pensé mucho antes de hacerlo. Tome un poco de aire y caminé rumbo al mostrador. Si era necesario, me metería por esa puerta para ir a buscarlos y exigirles que me abrieran. Toqué fuerte una y otra vez, les grite, pero no aparecieron por ninguna parte. Entonces crucé el mostrador, busqué la puerta y entré al siguiente cuarto. Estaba igual o más oscuro que el lugar donde me encontraba. Tenía que cruzarlo y seguir adelante. No había otra opción. Caminé con los brazos extendidos, temeroso de lo que pudiera tocar a tientas.

9:48 Encontré una puerta más al dar vuelta por un angosto, miré la luz de los relámpagos. Ahí estaba la salida, como a unos 30 M. Cuando no había relámpagos, todo se quedaba en tinieblas. Entonces me iba agarrando de las paredes para poder avanzar. Me faltaría la mitad del camino. Cuando se encendió una lámpara con esa luz fue suficiente para iluminar a los 2 ancianos. Estaban precisamente en la puerta de salida. Me supuse que no me querían dejar escapar. Empezaron a decirme muchas cosas inentendibles. Me detuve porque mi corazón se empezó a acelerar por el miedo que tenía.

10:36 Volteé para atrás porque tuve la intención de retroceder, pero lo pensé bien, estaba a 15 m o menos de poder salir. Entonces decidí seguir caminando y enfrentarlos de ser necesario. Ya desesperado, corrí a la salida con toda la intención de llevármelos de encuentro, pero segundos antes de embestirlos se apagó la lámpara y los ancianos desaparecieron. Lo digo así porque ni siquiera los toqué al salir. Pero sucedió algo extraño. Ese último tramo que crucé estaba heladísimo afuera. El agua estaba en todo apogeo.

11:23 Afuera el agua estaba en todo su apogeo. Corrí asustado entre los charcos, esquivando matorrales y pidiéndole a Dios que me permitiera llegar a mi tráiler y así sentirme a salvo. Después de unos minutos que se me parecieron eternos, llegué a mi camión. La lluvia afuera estaba fuertísima, los limpia brisas no se daban abasto, aún así Subí a la carretera y aceleré. Excediendo y por mucho, los límites de velocidad. Quizás eran mis nervios, pero me parecía que con cada relámpago se iluminaban. Aquellos ancianos estaban parados a la orilla de la carretera.

12:08 Aunque la mayor parte del camino manejé en medio de la tormenta. No fue tan inquietante como haberme quedado encerrado en aquel merendero. Lidiando con aquellos 2 extraños ancianos que hasta la fecha no sé lo que eran. Esto me sucedió hace un poco más de 20 años y aunque he recorrido muchos kilómetros y manejado por muchas carreteras, nunca más volví a encontrar ese lugar. Los aparecidos.

12:57 Muy buenas noches, comunidad Inframundo. Mi nombre es Felipe Ávila. En la actualidad cuento con 59 años. Por más de 30 me dediqué a recorrer las carreteras de todo mi país, México, transportando cargas a lugares que ni me imaginaba que existían. Por ese motivo me tocó pasar por situaciones que quizás espantarían a cualquiera. Una de ellas, la más increíble, la que siento que me marcó y que es digna de contar, es ésta. Una noche manejaba mi tráiler por una solitaria carretera, por ir sumido en mis pensamientos. No me había percatado que una patrulla de la federal de caminos me había prendido las torretas y me hacía señales con las luces para que me detuviera.

13:55 Lo supe al mirar por el espejo lateral. Entonces reaccioné para no hacerme de delito. Encendí las intermitentes y en cuanto pude me detuve. La patrulla se paró justo atrás de mí. Las torretas, con las luces azules y rojas, de pronto se apagaron. Entonces la carretera detrás del tráiler se quedó a oscuras. Saqué mi licencia y 300 pesos que traía extras. Así se arreglaban las cosas antes. Bueno, creo que todavía, pero con un poco más de dinero dejé encendido el motor y las luces.

14:36 Luego de unos segundos me bajé por el lado del copiloto y caminé pegado al motor hasta la patrulla. Para mi sorpresa, la unidad de federal se encontraba vacía. Revisé los asientos de atrás y nada. Lo primero que pensé fue que los agentes se habían ido a buscarme por el lado contrario. Me fui buscando con cuidado, de hecho le di la vuelta al tráiler y no había nadie. Volví a regresar e incluso revisé dentro de la cabina. Todo estaba en un extraño. Me quedé a un lado de la patrulla a esperar a que aparecieran porque no podía irme nada más. Así se fueron pasando los minutos y los federales no llegaban.

15:27 De rato algo me dio por voltear hacia atrás. Entonces me di cuenta que 2 figuras apenas visibles estaban escasos, 5 o 6 m de mí. Ahí estaban los patrulleros, solo que cuando los enfoqué bien me di cuenta que no eran simples personas, eran calaveras. En cuestión de segundos se me vinieron muchas cosas a la mente. Yo sólo me dije que de seguro eran máscaras, pero si acaso era así, significaba que me iban a saltar y trataban de ocultar su identidad de alguna manera titubee les di las buenas noches, pero no obtuve respuesta tratando de ocultar mi nerviosismo. Camine unos pasos hacia ellos.

16:18 Las 2 calaveras se quedaron sin moverse. No pude decir que me miraban porque no se les veían los ojos. Los recorrí de pies a cabeza de verdad que parecían sólo huesos. Les volví a dar las buenas noches, solo que ninguno contestó esto no sé cómo explicarlo, pero el silencio se volvió ensortecedor. Me detuve quizás a 2 m de ellos. Al mirarlos bien, sentí que algo explotó dentro de mí. Eso no eran hombres portando máscaras, eran verdaderos esqueletos. Nunca había sentido un escalofrío como esa noche. Le pedí a Dios que todo fuera una broma de los patrulleros y que fueran unos monos puestos por ellos. ¿Pero entonces?

17:13 Una de esas figuras apuntó con su dedo huesudo en ese momento algo como un instinto me dijo que era el momento de correr. Todavía alcancé a ver que por lo menos todavía alcancé a ver que por lo menos 2 calaveras más salieron de entre la oscuridad. Hasta el día de hoy aún no alcanzo a comprender por qué al correr. En lugar de hacerlo a mi camión, lo hice rumbo al espeso monte. Además, era tanto mi miedo que yo sentía que no avanzaba y si lo hacía era en cámara lenta.

17:54 La primera vez que vote pude darme cuenta que esas calaveras sí venían detrás de mí algunas e incluso dando grandes saltos. Lo peor fue que no nada más. Eran cuatro, no lo puedo negar. Entré en pánico, corrí cuanto pude sintiendo que estaban por alcanzarme. Era traumatizante escuchar esos esqueletos que corrían tumbando todo a su paso. Por suerte llegó el momento que ya no se escuchó nada. Sin embargo, pronto me di cuenta que estaba perdido porque para donde volteaba todo era monte. Además, no se veían por ninguna parte las luces de mi tráiler tratando de calmarme.

18:44 Todavía caminé un poco más sin desearlo. Cada vez me metía más entre las nopaleras y arbustos de rato de nueva cuenta. Las ramas se movían bastante fuertes. Sabía que esas calaveras me andaban buscando entre la oscuridad. Entonces el miedo me hacía correr, sin importar que me rasguñara con las espinas, ni que me tropezara cuando ya me encontraba completamente perdido. Entonces fue doble mi preocupación, aunque respiraba muy fuerte y rápido. Quizás por la adrenalina.

19:25 No me sentía agotado, pero tenía que detenerme o me perdería aún más. Y entonces todo se volvería más peligroso. Como pude, y aún sintiendo como se me encajaban las espinas, me metí entre unos matorrales. Fueron momentos inquietantes cuando escuché que algo se acercaba, conduve la respiración. Pronto me vi rodeado de varios pares de pies descarnados. Nunca había experimentado tanto terror al grado de morderme una mano para no gritar ni llorar como un niño.

20:05 Mientras tanto, esas calaveras iban de un lado al otro sin parar. Llegué a pensar que quizás no me miraban, pero sí me olían porque caminaban y caminaban a mi alrededor sin alejarse demasiado. Lo único que hice fue ponerme en forma fetal, Tapándome los oídos, cerré fuertemente los ojos y me puse a rezar. Fueron horas interminables las que pasé escondido. Sentí que me volvía el alma al cuerpo. Cuando empezó a amanecer ya no se escuchaba nada, por eso me decidía a salir. Para mi sorpresa, todo a mi alrededor era huesos tirados por todas partes.

20:53 Me alejé a toda prisa. De ahí me acuerdo que me miraba muchas espinas clavadas en mi piel, pero extrañamente no la sentía aún con la luz del día tarde, más de 2 horas en encontrar la carretera. Luego de un rato más, miré a lo lejos mi tráiler. Ya no estaba la patrulla de la Federal de caminos y aunque suene extraño, alguien había apagado el motor y las luces, pero no se habían llevado nada e incluso las llaves estaban puestas. Nunca supe qué fue lo que en realidad sucedió.

21:35 De lo que estoy seguro es que no lo soñé ni lo imaginé como lo inusual. Muchos a los que les cuento mi historia. Hay quienes hasta se burlan de mí. Para concluir, quiero jurar por mi vida que esas calaveras eran reales y no quiero ni pensar lo que me pudo haber pasado si me hubiera logrado alcanzar. A pesar de la terrible experiencia vivida, seguí siendo trailero por mucho tiempo más. Muy buenas noches comunidad.

22:25 Mi nombre es Rogelio santibáñez, por 10 años. Fui conductor de un tráiler. Era un trabajo que de verdad disfrutaba mucho. Me duele contar esta historia, pero un psicólogo me recomendó hacerlo porque cada vez que la narro voy curando las heridas que me quedaron en la mente y en el alma. Lo que me ocurrió fue que durante un viaje perdí a uno de mis mejores amigos y eso fue un gran impacto para mí. Lo peor de todo es que yo le insistí tanto para que me acompañara a aquel viaje que después de lo que sucedió me quedó la culpa.

23:06 Y eso no me deja estar en paz. Prefiero emitir su nombre, pero lo llamaré Rodrigo cuando me refiera a él. Era la primera vez que me acompañaba, a pesar de que la Agencia de Transporte donde trabajaba me tenía prohibido subir personas ajenas. Siempre me llevaba a alguien para que no se me hiciera tan cansado. El viaje. En esa ocasión manejaba muy cerca de la sierra. Serían como las 7:00 de la tarde, cuando Rodrigo me pidió parar un momento por la urgencia de hacer sus necesidades. Sin embargo, me detuve a la orilla de la cinta asfáltica. Entre bromas, se bajó y se internó en el tupido y crecido monte.

23:54 Me acuerdo que le grité que se alejara lo más que pudiera mientras él se ocupaba de lo suyo. Yo me puse a escuchar música. Le subí un poco al reproductor y cerré los ojos para escuchar, aunque fuera un momento. Poco a poco se fueron pasando los minutos. Escuché una canción, luego otra y no regresaba. Cuando sentí que ya era mucho el tiempo abrí los ojos. En eso alcancé a ver que algo como una bola o un bulto negro había cruzado la carretera y se estaba metiendo al monte.

24:34 Ni siquiera supe lo que era. Tal vez tenía el tamaño de una persona promedio e incluso si no me equivocaba, caminaba erguido y estaba cubierto de pelo, pero no me pareció que fuera un animal conocido. Hice el esfuerzo de seguir con la vista pronto esa cosa se perdió entre los arbustos. Por inercia le bajé los botones de seguridad a la puerta, pero. Luego recordé a mi amigo que se encontraba allá afuera para ponerlo en alerta y también para que se apurara en regresar. Me puse a tocar el claxon. Empecé a caer en desesperación porque no aparecía. Apagué la música, abrí un poco la ventana del copiloto para ver si se escuchaba algo, pero todo el monte se encontraba sumido en silencio.

25:31 El tiempo se pasaba muy rápido. Entonces le comencé a gritar A Rodrigo desde adentro de la cabina. Lo llamaba una y otra vez, pero no obtuve respuesta. Por eso, y a pesar de lo que había visto, decidí bajarme del tráiler e ir a buscarlo. Como ya presentí algo malo, agarré una barra de metal. No me metí de lleno en la sierra. Caminé por la orilla diciendo su nombre buscándolo por todas partes con preocupación. Miré cómo comenzó a oscurecer. Entonces tenía que meterme por fuerza al monte, porque cayendo la noche ya de plano no lo encontraría. Pero además los 2 corríamos peligro. Comencé a caminar entre los arbustos. Algunos estaban bastante altos, que me fue imposible mirar al frente.

26:33 Fui buscando rastros, pisadas o algo que me ayudara a encontrar a Rodrigo lo más rápido posible. Muy a lo lejos escuché un gruñido, así como el sonido que hacen los cerdos, solo que. Este parecía ser de un animal mucho más grande. Para evitar el peligro. Regresé a la carretera y entre de nuevo al monte por otro lugar, pero apenas avancé unos metros. Ese gruñido se volvió a escuchar, solo que esta vez un poco más cerca, abría camino, como a unos 50 m cuando escuché un quejido.

27:16 Luego Rodrigo pidió ayuda. Apreté la barra de hierro y caminé hacia allá. Me parecía que se encontraba herido, esquivando matorrales. Avancé 20 o 30 m quizás, pero no aparecía. Luego sucedió algo extraño, me hablaban de un lado, luego del otro. Era evidente que estaban jugando conmigo, solo que quien lo hacía no era Rodrigo. Porque en nada se parecía su voz. Me detuve porque me sentí rodeado por algo que hasta ese momento no había visto. Pero además presentí que tenía la intención de meterme a lo profundo de la sierra con engaños.

28:04 Faltaban algunos minutos para anochecer. Entonces tuve que dar la vuelta para regresar. Solo que al hacerlo, aquella figura oscura que había visto cruzar la carretera pasó deprisa frente a mí, tal vez a unos 3 M. Fue inquietante darme cuenta que no había hecho nada de ruido, como si fuera una sombra, una esencia o, el peor de los casos, un fantasma. Quizá se escuche cruel de mi parte, pero en ese momento no pensé en mi amigo Rodrigo. Casi por instinto, corrí hacia la carretera. Tal vez eran mis nervios alterados, pero yo sentía que eso, lo que fuera, me venía siguiendo como pude.

28:52 Llegué al tráiler y me encerré con seguro. Me quedé unos minutos en blanco sin poder reaccionar ni saber qué iba a hacer. No era nada más de encender el tráiler e irme. Mi amigo Rodrigo se encontraba desaparecido y no lo iba a dejar a su suerte. Tomé el radiofrecuencia para pedir ayuda. En eso estaba cuando tocaron la puerta del copiloto. Me crucé deprisa porque se escuchaba que intentaban abrir estirando la jaladera. Por suerte antes de abrir me acordé y para mi sorpresa no había nadie.

29:33 Por lo menos no era Rodrigo. Pero sí una figura totalmente negra que se encontraba agazapada, seguramente esperando que abriera para meterse. Me respondieron en la radio que enviarían una patrulla. Además, un compañero pasaría por ahí en unos 16 minutos. Había decidido esperar, pero entonces el tráiler se comenzó a mecer, como si alguien con mucha fuerza quisiera voltearlo. Ya no me pude aguantar, mis nervios estaban por estallar. Encendí el motor y antes de irme todavía estuve pitando por varios minutos.

30:14 Cuando entendí que mi amigo no regresaría, tomé la carretera y me fui de ahí. Avisé por el radio que esperaría noticias en un paradero como a 20 minutos del lugar, como a las 11:00 de la noche llegaron 2 patrullas y otros compañeros Traileros. La noticia fue que no encontraron nada, nada más amaneciendo nos fuimos 8 choferes y recorrimos ese lugar. No había rastro de algún ataque, ni siquiera huellas de Rodrigo o pisadas de alguna criatura. Todos estuvieron convencidos de que ahí no había pasado nada.

30:59 Como mi amigo no pertenecía a la empresa, no se ocuparon de él, pero además yo me dejé convencer de no decir nada porque me culparían a mí de su desaparición. Todavía tuve la esperanza de que apareciera diciendo que se había perdido, pero para mi desgracia eso nunca pasó. Por mucho tiempo quedé afectado e incluso soñaba que me gritaba por ayuda. Las pesadillas eran tan horribles que miraba a ese ser, devorar a mi amigo hasta no dejar nada de él. Asistí con psicólogos y logré sanar un poco, pero hasta la fecha no he podido dejar de escuchar sus gritos que salían de en medio del monte oscuro.

31:54 Si me preguntan qué era aquello, si un animal o un espectro no sabría qué contestar. Muchas gracias por contarme anécdota. ¿Infre escuchas? ¿Qué les han parecido los relatos que nos comparten en esta noche? Estas anécdotas de traileros lo quiero invitar. Si me permite a que envíe su propia anécdota al correo que está apareciendo en pantalla, me gustaría darle voz a esa anécdota tan especial, la cual por las noches no te deja dormir.

32:47 Sin más comenzamos con la última anécdota que nos compartió. José Miguel dice así, la mitad de mi vida la he pasado tras el volante de un tráiler. Por suerte, en más de 10 años que tenía manejando nunca me había pasado nada. Pero una noche de diciembre las cosas cambiaron. En esa ocasión me tocó llevar una caja de la frontera a la Ciudad de México. Según los papeles, transportaban juguetes, muchos de ellos, aunque la caja del tráiler no se sentía tan pesada, estaba repleta tanto que nunca había un juguete más. ¿Era un viaje largo de un poco más de 12 horas entonces? Salía antes de las 7:00 de la tarde para llegar muy temprano a la Ciudad de México y entregar a tiempo la carga por hacer este tipo de viajes relámpago.

33:50 Me otorgaban un dinero extra, por eso lo aceptaba. Esto lo puedo contar ahora porque ya no trabajo en esa empresa como acababa de llegar de un viaje largo y urgía el de los juguetes. Mi jefe inmediato me regaló unas pastillas de esas para no dormir. La consumí sin ningún problema, la verdad. Ya en otras ocasiones lo había hecho y nunca me había sucedido nada malo. Aparte de eso, acostumbraba a tomar café bien cargado, pero además con bastante azúcar. Eso realmente me activaba. Apenas pasando el kilómetro 26 de Nuevo Laredo, empecé a escuchar voces de niños detrás de mí. La primera vez las oí y me detuve pensando que uno de mis hijos se había subido sin que me diera cuenta. Ya me había pasado.

34:47 En una ocasión molesto, le llamé a mi hijo por su nombre. Revise el medio del camarote y estaba absolutamente vacío. Tuve un extraño presentimiento. Entonces llamé a mi casa. No quise contarle a mi esposa lo que había pasado, solo le pregunté si los niños estaban bien. Me dijo que si hablamos unos momentos y nos despedimos, me palmé la cara con las 2 manos. Pero no era el sueño lo que tenía. Volví a retomar la carretera cuando llevaba unos cuantos kilómetros. De nuevo escuché algo. Esta vez eran risas de niños pequeños, más o menos de entre unos cuatro o 6 años, no más.

35:33 Ahora sí no pude evitar sentir un escalofrío, recorrer todo mi cuerpo, volteé varias veces pero no veía a nadie e incluso dominando mis nervios pregunté quién era. Entonces todo se quedó en, me volví a detener y revisé de nuevo. No había donde esconderse. No había nada en el primer paradero. Me detuve, me compré un café y un pan dulce. No me tardé más de 5 minutos. Cuando salí escuché el claxon de mi tráiler. Se me hizo raro porque viajaba yo solo. Me apuré a ver pensando que alguien se había metido a la cabina.

36:19 Abrí la puerta y para mi sorpresa estaba vacío. Aunque todo estaba raro, seguí mi camino. A los pocos minutos de ir manejando mi esposa me hizo una videollamada. Le contesté, y lo primero que me dijo fue quiénes eran los niños que traía en el camarote. Sorprendido le pregunté, cuáles niños. Entonces, con malas palabras, me dijo que no me hiciera el tonto porque los estaba viendo. De hecho, según ella. Me había hablado porque cuando le llamé escuchó voces y risas. Volví a detener el tráiler porque comenzamos a discutir muy fuerte. Por más que le decía que no había niños en el tráiler, más se molestaba porque me aseguraba que los veía e incluso me los describió.

37:13 Según sus palabras, uno de ellos era totalmente blanco y con ojos negros. La otra era una niña de cabello largo y desmarañado. Los 2 se reían de manera burlona, por eso se dio cuenta que no tenían dientes. Ella, muy insistente, preguntando con quién había tenido esos niños, yo le seguía diciendo que manejaba. Solo fue tanto su enojo que dio por terminada la videollamada. Entonces entendí que eso ya no era normal. Todavía no asimilaba lo que había pasado cuando me llamaron de la oficina para decirme que yo ya sabía que estaba prohibido subir personas al Tráiler todavía más si había consumido algo para no dormir, igual me puse a alegar diciendo que no llevaba a nadie. Pero me aseguraron que un compañero que estaba en el paradero donde me estuve había visto a 2 niños saltando dentro del Tráiler.

38:19 Me paré por tercera vez. ¿Entonces? Ahora sí, en esa ocasión vi algo. No lo podía creer. El asiento del copiloto tenía muchos rasguños en la parte de atrás del respaldo, pero además de eso olía mucho a Orines. Ya con miedo volví a seguir mi camino cerca de saltillo. Me volví a parar para comprar otro café e ir al baño. Entonces un camionero me dijo que había niños corriendo sobre la caja del tráiler. Salí deprisa para ver. Aunque no vi nada, sentí un escalofrío. Decidí no pararme más así escuchara risas o voces, pero luego sucedió algo más fuerte.

39:10 Me jalaron de los cabellos. Fue tanta la sorpresa que solté el volante, aunque fueron solo unos segundos. Con eso bastó para salirme de la carretera. Todo se volvió confusión. Golpee con el volante muchas veces y luego se escuchó un estruendo. Cuando reaccioné, me di cuenta que me había volteado. Me agarré el cuello porque sentí que me había torcido. Además, me dolía todo el cuerpo. De pronto, detrás de los asientos se asomó un niño y una niña. Para mi sorpresa, tenían el mismo aspecto como los había descrito mi esposa. El Niño totalmente pálido y la niña con el cabello tan largo que le cubría gran parte de la cara. No lo puedo negar.

40:04 Nada más de verlos se me fue el habla. Quería moverme, pero estaba atulido. Cuando sonrieron me di cuenta que parecían más demonios que niños porque tenían grandes orejas. Y aunque no tenían dientes, su boca era desproporcionada comparada con el tamaño de su cabeza. Empezaron a tocar la ventana e intentar abrir la puerta que había quedado arriba. Luego escuchaba risas y voces de niños que iban y venían por largos minutos. Estuvieron golpeando toda la cabina.

40:46 Mientras tanto, los niños que estaban adentro encerrados conmigo no dejaban de verme ni un instante. Empecé entonces a pedir auxilio a gritos, a pedir a lo que fueran esas cosas que me dejaran en paz. De pronto quebraron la ventana, luego el parabrisas. Me eché medio horror cuando muchas manos comenzaron a estirarme con fuerza con toda la intención de sacarme del tráiler. Las manos que me agarraban estaban tan frías que yo me imaginaba que quienes me jalaban eran muertos. Por más que me resistí lograron sacarme. Fue entonces que me di cuenta que eran personas normales y que me estaban ayudando.

41:37 Me acuerdo que volteé al monte y miré que muchos niños corrían a esconderse entre los matorrales. Una de las personas me dijo que de buenas que llevaba la caja vacía sin mal impacto. Hubiera sido mucho peor. Como pude y aguantando el dolor fui a ver el interior de la caja se encontraba totalmente vacía. Les dije que ya se habían robado la mercancía, pero los señores me aseguraron que el accidente acababa de ocurrir, además ellos, quienes viajaban en 3 autos particulares, venían detrás de mí, nadie más. Ya no les dije nada de los niños que había visto correr por el monte ocultándose entre los matorrales, porque era evidente que ellos no habían visto ni escuchado nada. Lo que sí les pedí fue revisar el interior de la cabina. No me sorprendí cuando me dijeron que no había nada. Estuve apunto de Divorciarme porque mi esposa nunca me creyó que esos niños no eran humanos.

42:49 En mi trabajo me llamaron tan fuerte la atención que meses después decidí renunciar. Hasta la fecha no entiendo qué pasó. Quizás la carga de juguetes estaba maldita o tal vez era la caja la que estaba embrujada. Lo cierto es que los siguientes años que fui trailero nunca me volvió a pasar una cosa tan fea como esta. Muchas gracias por escucharme infra escuchas que les parecieron estos relatos tan aterradores de traileros. ¿Usted que haría? Si le ocurriera un evento como lo que acabamos de contar, si una de estas historias le ocurriera a usted hágamelo saber en la caja de comentarios, quiero agradecer a todos nuevamente por estar aquí y vernos una vez más para contarles estas anécdotas.

43:53 Me despido. Y nos vemos en otro programa más de Inframundo, les deseo dulces, pesadillas, buenas noches y hasta la próxima.