4 RELATOS ATERRADORES DE UBER VOL. 3 │ INFRAMUNDO RELATOS
En la oscuridad de la ciudad, pedir un Uber puede convertirse en tu peor pesadilla. Estos 4 relatos basados en experiencias reales te llevarán a conocer pasajeros que jamás debieron subir, conductores con miradas imposibles de olvidar y viajes que nunca debieron realizarse
Contenido del video:00:00 INTRO00:55 EL ÚLTIMO VIAJE07:00 CAMINO DE TERRACERIA14:08 EL ASIENTO DEL MUERTO20:49 VIAJE EN SILENCIO#RelatosDeTerror #UberDeTerror #InframundoRelatos #HistoriasParanormales #RelatosMexicanos #TerrorEnUber #RutaDelMiedo #PasajerosFantasma #NochesDeTerror #TerrorRealrelatos de uber,historias de terror uber,relatos paranormales,pasajeros fantasma,terror en uber,relatos de miedo,terror en la ciudad,historias reales de uber,relatos de terror 2025,inframundo relatos
0:08 En las carreteras y calles oscuras, los taxistas han sido testigos y protagonistas de encuentros que te hielan la sangre, pero no son los únicos. Los conductores de Uber también han vivido experiencias inexplicables que marcan sus noches de trabajo entre pasajeros que aparecen y desaparecen, presencias que están en el asiento trasero y recorridos que terminan en lugares inhóspitos. Cada viaje puede convertirse en una verdadera pesadilla. Hoy te contaré historias que demuestran que lo paranormal también viaja en Huber. Querido espectador, lo invito a darle un sorbo a su taza de café para escuchar estos relatos de Uber en esta noche de insomnio. El último viaje en Huber.
1:08 Basado en una anécdota real, mi nombre es Mauricio MENA, tengo 37 años y vivo en Guadalajara, Jalisco. Desde hace 3 años trabajo como conductor de aplicación y aunque uno cree haberlo visto todo, hay noches que te enseñan que el horror no siempre está en las calles. A veces se sube directo a tu coche. Esto ocurrió hace menos de un año. Era viernes, pasaba de las 2:30 de la madrugada, ya iba rumbo a casa cansado. Cuando me llegó una última solicitud. El destino era el panteón de Mezquitán y el punto de recogida quedaba a unas pocas cuadras de donde estaba. Acepté porque el viaje terminaba cerca de mi Colonia. Al llegar al lugar vi a una mujer joven junto a una reja antigua.
2:11 Tenía el cabello largo y suelto y vestía un vestido negro demasiado formal para la hora. Se subió sin decir palabra y me indicó con una seña el rumbo. La incomodidad se instaló de inmediato. Iba completamente en silencio. Con la vista clavada en la ventana, pero podía sentir su mirada a través del retrovisor. Cada tanto había algo raro en ella. No sabría decir que exactamente, pero su presencia me provocaba una inquietud difícil de explicar. Durante el recorrido, el GPS comenzó a fallar, no marcaba el trayecto y en pantalla apareció un mensaje extraño, conexión fantasma.
3:00 Recalculando era la primera vez que veía algo así. Pensé que era un error del sistema hasta que el ambiente en el auto cambió. El aire se volvió más frío, denso, casi como si se hubiera filtrado humedad desde la Tierra. Mis nudillos se apretaron sobre el volante intentando ignorar lo evidente. A unas cuadras del destino, la pasajera hizo un gesto para bajarse. Sin decir una palabra, cruzó hacia una zona entre edificios viejos y desapareció en la oscuridad. Me quedé esperándola.
3:42 El reloj marcaba los minutos en el tablero mientras yo comenzaba a cabecear por el sueño. Entonces ocurrió la puerta trasera del coche se abrió de golpe. No había nadie acercarse. Me gire rápidamente y allí estaba ella. Sentada de nuevo en el asiento trasero, pero ya no era la misma. Ahora tenía el vestido empapado, el agua caía lentamente y mojaba la tapicería. Su cabello colgaba como si acabara de salir de un pozo. Su rostro había cambiado, su piel era grisácea, casi transparente, y sus ojos ya no tenían pupilas. Eran completamente blancos.
4:30 Mi cuerpo no respondía. Sentí una rigidez en las piernas y un escalofrío recorriéndome la espalda. Mi mano giró la llave y arranqué como si una fuerza invisible me obligara a seguir el viaje. Avancé varias calles sin saber hacia dónde. El frío aumentaba y en el interior del coche comenzó a oler a Tierra mojada, flores marchitas y medicamentos. El olor era tan fuerte que me mareaba. Mi respiración se volvió agitada y por momentos pensé que iba a desmayarme en un punto sin previo aviso. Supe que debía detenerme frene frente a una casa abandonada que no aparecía en el mapa.
5:17 Era una vivienda sin ventanas, con la puerta sellada por maderas rotas. Afuera había veladoras consumidas y ramos secos tirados en la banqueta. La mujer descendió del auto sin mirar atrás y se internó en la oscuridad. Sentí un alivio fugaz hasta que noté que el interior del coche había quedado empapado y que el olor seguía ahí. Como una advertencia, regresé a casa en completo silencio. Revisé la aplicación por si quedaba registro del viaje, pero no existía. No había datos. Ni historial, ni siquiera una notificación, como si nunca hubiera ocurrido.
6:04 Días después regresé al sitio por pura necesidad de entender en una tiendita cercana, un señor mayor me contó que esa casa llevaba años abandonada, desde que encontraron muerta a una mujer que vivía ahí. Decían que era bruja y que su cuerpo apareció ahorcado dentro de la casa. Dijeron que se quitó la vida, pero todos sabían que no fue algo normal. Desde entonces, algunos decían haber visto a una mujer que de vez en cuando salía de la oscuridad a pedir un último viaje, uno que siempre termina en el mismo lugar. Nunca supe quién era realmente aquella pasajera, pero desde esa noche, cada vez que alguien me pide una parada cerca de un panteón.
6:56 Cierro la aplicación sin pensarlo porque ahora sé que hay pasajeros que no buscan llegar a un destino, buscan arrastrarte con ellos camino de terracería, relatos de Uber. Buenas noches, comunidad Inframundo, mi nombre es Edgardo Ramírez, vivo en Querétaro, México y esta experiencia me sucedió hace apenas unos meses. No sé si fue suerte o desgracia, pero ese día todo cambió en mi vida.
7:40 Lo que antes era ilusión se transformó en trauma y aún hoy, cuando manejo por carreteras solitarias, me cuesta contener el miedo. Luego de mucho tiempo de ahorrar, por fin logré comprarme un coche. Lo primero que hice, apenas tuve todo en regla, fue comenzar a trabajar como Uber. La ciudad en la que vivo no es muy grande, pero el movimiento es constante. Al principio todo iba bien, incluso mejor de lo esperado. La primera semana fue excelente, muchos viajes, buenas propinas. Y la sensación de que había encontrado un nuevo comienzo.
8:21 Pero una noche de verano todo cambió. Eran las 8:00 de la noche. Me encontraba en el centro de la ciudad. Acababa de terminar un viaje cuando recibí una nueva solicitud. El destino era un pueblo cercano, la distancia era considerable, pero el pago también, así que acepté al llegar al punto de encuentro. Me encontré con un hombre mayor, de vestimenta sencilla, como alguien que vivía en el campo. Lo llevé hasta su destino sin contratiempos. Era un tipo amable. El trayecto fue tranquilo y al dejarlo en el pueblo me dispuse a regresar a Querétaro.
9:07 Tomé de nuevo el camino de terracería, el único que conecta directamente la ciudad con aquel pueblo. Ya lo había transitado minutos antes, pero algo en él se sentía distinto. Esta vez el ambiente se volvió más pesado, el cielo más oscuro y el silencio más profundo. No había luces ni otros autos, sólo el polvo, la Tierra y mi reflejo en el vidrio. Encendí la radio para sentir algo de compañía. Y fue en ese momento cuando escuché el primer golpe seco sobre el techo del coche. No fue fuerte, sonó como si una rama hubiera caído desde algún árbol, pero no había árboles cerca.
9:53 Frené unos metros más adelante y me orillé. Bajé para revisar. No vi nada, usé la linterna del celular, caminé un poco alrededor buscando alguna señal, pero el camino estaba limpio. Nada que justificara el ruido. Me acerqué al coche para revisar el techo y lo que encontré me dejó helado. Un rayón profundo y largo, como si algo muy afilado lo hubiera rasgado. No tenía explicación. Sentí una mezcla de miedo e impotencia, maldije en voz alta, como si esas palabras fueran suficientes para espantar lo que no podía ver.
10:37 Me subí de nuevo y retomé el camino, aún con la molestia del daño reciente, pero apenas había avanzado unos metros cuando el sonido volvió, esta vez más fuerte, más insistente, frené. De golpe salí con el corazón latiendo en el pecho y al mirar hacia arriba la sangre se me congeló. Encima del coche había una figura. ¿Era una mujer o algo parecido? Su cuerpo estaba en posición invertida, como una araña aferrada al techo, con sus extremidades alargadas y deformes. Su piel era pálida, casi traslúcida, y de sus manos colgaban uñas largas y torcidas que raspaban el metal.
11:22 Su rostro era una pesadilla, ojos completamente blancos, la boca torcida y el cabello erizado, como si el odio le brotara desde el cuero cabelludo. No pude moverme. Me quedé paralizado varios segundos hasta que la adrenalina me empujó de nuevo al asiento. Cerré la puerta y acelere con toda la fuerza que el coche permitía. Escuchaba como sus garras seguían arañando el techo mientras el motor rugía. El sonido metálico era ensordecedor. Tenía la sensación de que nunca llegaría a la ciudad. Las luces que antes se veían a lo lejos parecía no acercarse nunca y justo cuando creí que la había dejado atrás, comenzó a asomar su cabeza por la ventanilla del copiloto.
12:14 No grité, no lloré, pero el terror me paralizaba. Su rostro estaba más cerca. Ahora su boca se abría lentamente y de ella brotó un olor nauseabundo, un aliento podrido que me revolvió el estómago. Lo más espeluznante fue que repitió palabra por palabra, los insultos que yo había dicho minutos antes, como si los hubiera grabado en su mente, como si los hubiera absorbido. Fue entonces cuando entendí que lo que había en el techo no era humano y que mis palabras la habían invocado. Comencé a rezar en voz alta con una desesperación infantil.
12:59 No recuerdo con claridad lo que decía, sólo sé que pronunciaba nombres sagrados suplicando protección. El nombre de Dios y la Virgen salían como un grito desgarrador y entonces se soltó un alarido horrendo. Resonó por todo el camino mientras esa cosa desaparecía entre la oscuridad. Nunca supe si saltó, cayó o simplemente se desvaneció. Solo se que dejó de seguirme. Conduje sin detenerme hasta llegar a casa. Deje el coche en el garaje y subí directo a la cama. No pude dormir. Pasé toda la noche con los ojos abiertos, esperando que no apareciera en la ventana.
13:45 A la mañana siguiente fui a la iglesia de mi Colonia. Le conté todo al sacerdote. Su rostro no mostró sorpresa. Me dijo que hay Brujas que se alimentan de la energía, de la rabia y las blasfemias, y que al maldecir algo que no comprendía, la había llamado sin querer. Desde entonces evito los caminos de Terracería y cuando algo inexplicable me ocurre, me callo el asiento del muerto, basado en la historia de Gerardo Rodríguez. Mi nombre es Gerardo M soy de Campeche, México, y esta historia me ocurrió hace apenas unos meses. No es fácil compartir algo así, pero desde que pasó no he podido volver a manejar con tranquilidad. Y si alguien más trabaja como Uber, tal vez esto le sirva de advertencia.
14:50 Todo comenzó después de que tuve un accidente en moto que me dejó incapacitado por un tiempo. Ya no podía volver al trabajo de mantenimiento industrial que tenía, así que con mis últimos ahorros decidí buscar una forma distinta de ganarme la vida. Fue entonces cuando un viejo amigo me ofreció un coche. Era usado, pero en buen estado. Me dijo que había pertenecido a su abuelo, que apenas lo habían movido y que con un par de reparaciones quedaba listo para trabajar. Me pareció una buena oportunidad. El precio era bajo, la papelería estaba en orden y el plan de comenzar a trabajar como Uber no sonaba mal.
15:38 Lo tomé como una señal de que podía levantarme de nuevo. Así fue como sin pensarlo mucho hice la compra. Los primeros días fueron normales, viajes sencillos, clientes tranquilos, ingresos decentes. El coche respondía bien, pero a la segunda semana algo empezó a cambiar. Una tarde recibí una solicitud desde una zona escolar. Al llegar una joven ya me esperaba afuera. Me acerqué, bajé la ventanilla para indicarle que. Yo era su conductor, pero al verme dio un paso atrás y me dijo que prefería irse con otro Uber. Pensé que quizás algo en mi aspecto le incomodó. No hice más que retirarme, pero lo inquietante fue que la misma situación se repitió varias veces en distintos lugares, siempre con pasajeros diferentes. Me cancelaban al verme o simplemente se alejaban sin dar razones.
16:45 Al principio me molestó. Luego me preocupó. Comencé a revisar si había algo raro en el auto, suciedad, mal olor, algo fuera de lugar. Pero todo estaba limpio. No encontraba explicación hasta que llegó aquella noche. Era un sábado, poco después de las 3:00 de la madrugada. Había terminado ya varios servicios y me disponía a pagar la aplicación cuando me entró una última solicitud. Era desde un antro del centro de la ciudad. Pensé que un viaje más no me haría daño, así que acepté. Al llegar, 2 jóvenes salieron tambaleando por la puerta del bar. Iban bastante ebrios.
17:31 Uno de ellos abrió la puerta trasera, pero se quedó congelado como si hubiese visto algo. El otro lo empujó y subió conmigo adelante y entre Risas, comenzaron a hablar de lo bien que la habían pasado. Intenté relajarme, pensar que era una noche más de borrachos ruidosos. Cuando dejamos al primer joven, él se bajó y al despedirse dijo algo que me dejó perplejo. La próxima báñalo bien porque el abuelo apesta. Ambos rieron como si fuera una broma interna. ¿Me quedé pensativo, a qué abuelo se refería? Me pregunté si tal vez habían subido con alguien más que no vi o si sólo estaban jugando.
18:24 Cuando dejé al segundo no pude evitar preguntarle de forma directa él, todavía con esa sonrisa burlona de borracho. Me respondió que su amigo hablaba del señor mayor, que venía sentado en la parte de atrás. En ese momento todo mi cuerpo se tensó, no había nadie más en el auto. Al menos eso pensaba, no podía seguir con la duda. Mire el retrovisor con cautela, temiendo lo que pudiera ver. Y entonces lo vi. Un anciano estaba sentado en el asiento trasero en silencio. Completamente inmóvil, con los ojos abiertos como platos.
19:08 Su piel era ceniza, los ojos amarillentos y su boca entreabierta parecía murmurar algo, aunque no se escuchaba ningún sonido. Era como un cadáver, pero con vida no grite, no reaccione. Solo me quedé viéndolo hasta que simplemente se desvaneció frente a mí. Como si el aire se lo hubiera tragado. No recuerdo bien cómo llegué a casa esa noche. Sólo sé que deje el coche. Me encerré en mi habitación y no dormí nada a la mañana siguiente. Lleve el vehículo a bendecir. No podía seguir manejándolo sin saber que era lo que cargaba en él.
19:53 Semanas después decidí contarle todo a mi amigo el que me había vendido el coche. Al principio pensó que era una broma, pero cuando describía al anciano su cara cambió por completo. Lo reconoció. Era su abuelo, el mismo que le había dejado el coche como herencia y que murió dentro de él de un paro cardiaco mientras conducía solo por la carretera. Desde entonces no volví a usar el coche para trabajar. Lo vendí. Con el corazón en la mano y me alejé de cualquier actividad relacionada con transporte, porque no sé si era una advertencia, una maldición o simplemente un alma que se quedó atada a ese asiento, pero lo que viví esa noche no fue producto de mi imaginación. Hay vehículos que cargan más que pasajeros. Un viaje en silencio, relato de Uber, buenas noches, Inframundo. Mi nombre es Iván Valtierra, tengo 39 años y soy conductor de Uber.
21:17 Desde hace 3 años vivo en Aguascalientes y aunque la ciudad es relativamente tranquila. Hay cosas que ni el lugar más pacífico puede evitar. Lo que viví una madrugada de octubre cambió por completo mi forma de ver este trabajo y la realidad. Todo comenzó como cualquier jornada nocturna. Había estado manejando desde las 8:00 de la noche, haciendo viajes normales, algunos estudiantes, pareja saliendo del cine, personas saliendo del trabajo. La noche avanzaba sin sobresaltos y para la 1:45 de la mañana ya pensaba en Desconectarme, pero antes de hacerlo entró una última solicitud.
22:06 El punto de recogida estaba en las afueras de la ciudad, en una zona donde apenas comienza el monte. Pensé en ignorarla, pero el destino quedaba cerca de mi casa, así que acepté. Manejar por calles oscuras no me incomodaba. Hasta esa noche, al llegar, no vi a nadie. Afuera, la ubicación marcaba una casa pequeña, medio abandonada, con el foco del porche Parpadeando. No había ruido, solo el viento leve y el rechinar de un columpio en la casa contigua. Espere un par de minutos y ya estaba por cancelar.
22:46 Cuando la puerta del auto se abrió lentamente y alguien se sentó en el asiento trasero, era una mujer, no la vi claramente. Llevaba una especie de Chal negro que le cubría el rostro y el cuerpo. Pensé que era alguien mayor. Tal vez una señora, regresando de cuidar a alguien, le eché un vistazo por el retrovisor, pero no pude distinguir su rostro. La aplicación marcaba el destino, una dirección del centro histórico. Arranque sin decir palabra, esperando que ella tampoco quisiera conversar.
23:27 El trayecto duraba unos 15 minutos, pero se sintió eterno. Desde el primer cruce. Comencé a sentir un malestar físico, un leve zumbido en los oídos, náusea, escalofríos. El ambiente dentro del coche se volvió pesado. Espeso, como si faltara oxígeno. Bajé un poco la ventana para respirar y fue ahí cuando noté algo en el espejo lateral. La mujer no tenía reflejo, el asiento trasero estaba vacío, solo el mío y el del copiloto aparecían en el cristal. Me congelé, no quise mirar por el retrovisor.
24:08 De nuevo, mis manos sudaban y el volante parecía más difícil de controlar. El coche vibraba levemente, como si algo invisible se moviera adentro. El silencio era absoluto, pero en ciertos momentos sentía algo más. Respiraciones no fuertes pero presentes, como si hubiera más de una persona detrás de mí. Aceleré un poco para terminar cuanto antes. Las calles estaban vacías. No había tráfico, ni luces ni vida. Parecía que todo se había detenido en el tiempo. Al llegar al destino, detuve el coche frente a una casa antigua de fachada Agrietada y sin luz.
24:54 Nadie abrió la puerta, nadie salió a recibirla. Esperé, seguí mirando al frente, no escuchaba movimiento alguno y de pronto la puerta del auto se cerró sola con un leve crujido. Cuando volteé el asiento estaba vacío, no había rastro de ella. Ni del Chal ni de su presencia. La aplicación marcó el viaje como completado, pero el nombre del usuario había desaparecido. Solo aparecía la tarifa y la palabra viaje finalizado. No entendía qué había pasado. Me quedé allí unos minutos, inmóvil, esperando alguna explicación.
25:37 Finalmente encendí el coche y me dirigí a casa. Al llegar bajé y comencé a revisar el auto, convencido de que había sido una alucinación causada por el cansancio. Pero al abrir la puerta trasera lo que vi me dejó paralizado. En el asiento, perfectamente marcado, estaba el contorno de un cuerpo, como si alguien con ropa húmeda se hubiese sentado ahí y sobre la tapicería, una pequeña cruz de metal oxidado. Esa noche no dormí. Al día siguiente llevé el coche con un sacerdote para que lo bendijera.
26:20 Me dijo que hay almas que no saben, que están muertas, que repiten sus rutinas buscando cerrar ciclos. A veces lo único que les queda es un viaje silencioso. Desde entonces no acepto viajes fuera de la ciudad después de medianoche y cuando alguien se sube al coche y no habla. Lo primero que hago es mirar su reflejo en los espejos, porque ahora sé que no todos los pasajeros necesitan llegar a un destino. Algunos sólo necesitan que los lleves. Querida Comunidad, espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos.
27:30 Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue Inframundo, relatos.
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