4 HISTORIAS de TERROR para una Noche de INSOMNIO | NO INTENTES DORMIR - Inframundo Relatos
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:07 Espero se encuentren muy bien del otro lado de la pantalla. Quiero invitarlos a suscribirse si son nuevos. En este canal nos ayudas a seguir creciendo. Hoy te presento cuatro historias, cuatro relatos para una noche de insomnio, una noche de terror. Te invito a quedarte hasta el final del video que tengo una sorpresa para TI sin más. Por el momento aquí comenzamos viajaba desde San Rafael hacia el Palmar, un pequeño pueblo donde resido ubicado en el estado de Morelos, México.
0:59 Soy ingeniero civil. Y por esos días ayudaba a mi cuñado con la remodelación de una vieja finca que había comprado. Así que hacía ese recorrido casi todos los fines de semana. Aquella noche ya era bastante tarde, cerca de la medianoche, cuando decidí detenerme en una gasolinera que se encontraba justo a la salida de la ciudad. Me estacioné en la zona lateral junto a los cargadores. Y espere a que algún empleado se acercara por el espejo retrovisor. Vi claramente a un hombre de uniforme cruzar detrás de mi coche.
1:41 Supuse que era el despachador, así que abrí la puerta para bajar. Pero antes de poner un pie en el suelo, un joven se acercó por el otro lado del vehículo. Me saludó con amabilidad y me preguntó qué tipo de combustible necesitaba. Mi nombre es Ernesto Castañeda y lo que voy a contar ocurrió hace más de 20 años. Mientras él hacía su trabajo, comenzamos a conversar sobre lo inusualmente frío que estaba el clima. Esa noche. El aire se sentía denso, como si algo invisible lo llenara. En un momento miré alrededor y noté que no había más empleados a la vista.
2:26 Con extrañeza le pregunté por el señor que había visto cruzar justo antes de que el llegará. Su respuesta fue inmediata y seca. Soy el único en turno hasta las 2:00 de la mañana. No llega nadie más. No quise parecer paranoico, así que no insistí, aunque una inquietud silenciosa comenzó a crecer en mi interior. Una vez cargado el combustible, me despedí. Pagué y retomé el camino por la carretera. Lo que vino después. Aún me cuesta creerlo, pero juro que no lo invento. Es algo que me marcó y que no he podido olvidar. Un olor a gasolina empezó a inundar el interior del coche. No era leve, era intenso, penetrante. Pensé que quizá el tanque tenía una fuga o que algo había quedado mal cerrado.
3:23 Busqué con la mirada algún lugar seguro para detenerme, pero fue en ese instante cuando sucedió algo o alguien apareció a mi lado en el asiento del copiloto. La silueta de un hombre se hizo visible. Era inconfundible. No lo miré directamente por puro terror, pero de reojo podía ver su rostro estático, su cuerpo rígido, su mirada clavada al frente. El pánico me tomó por completo cuando comprendí que era el mismo hombre que había visto cruzar por el espejo en la gasolinera. Ahora estaba allí sentado junto a mí, como si nunca se hubiera ido. Una figura silenciosa y espectral que parecía haberme estado esperando.
4:12 Todo ese tiempo me invadió una sensación gélida, como si el aire dentro del coche. Se hubiera congelado de pronto, mientras intentaba mantener las manos firmes en el volante. Comencé a rezar internamente. Sentía que si hacía un movimiento brusco o lo miraba de frente, algo terrible ocurriría. De pronto. El rostro del hombre comenzó a cambiar. Una mancha roja surgió en su cabeza. Y la sangre empezó a deslizarse lentamente por su mejilla visible. Desde mi posición. Él seguía sin moverse, sin parpadear, sin emitir sonido alguno.
4:55 Yo, por mi parte, apenas podía respirar. No recuerdo exactamente qué pasó después. Mi mente se volvió un torbellino de confusión y miedo. Fue como si una parte de mí se apagara. Perdí el control del coche que salió de la carretera y se estrelló suavemente contra unas barreras metálicas. Por suerte no iba tan rápido. En ese momento el parachoques quedó destrozado, pero salí con vida. Hasta el día de hoy no tengo idea de quién o qué era esa presencia. Lo único que se es que me siguió desde esa gasolinera maldita. Tal vez fue el espíritu de alguien que trabajó allí, alguien que murió trágicamente y quedó atrapado en ese lugar. Nunca volví a parar ahí.
5:51 Lo más perturbador ocurrió años después, cuando un vecino de el palmar sufrió un accidente en la misma carretera. En una conversación privada me confesó que. Justo antes del choque vio a un hombre con la cabeza ensangrentada aparecer en el asiento del copiloto. Me contó que ese espectro lo acompañó desde la misma gasolinera, sin hablar, sin moverse. Igual que a mí nunca le conté mi historia hasta ahora.
6:39 Me llamo Hernán Eduardo Castañeda, nací y crecí en el municipio de bello, al norte del Valle de Aburrá, en Antioquia, Colombia. Esta historia me ocurrió cuando tenía 13 años. Mis padres acababan de mudarse a una casa más amplia en un barrio tranquilo o eso creíamos. Nunca he contado esto fuera de mi círculo más cercano. No porque no quiera, sino porque todavía me cuesta ponerlo en palabras sin sentir ese escalofrío que me recorre la espalda como la primera vez que la VI.
7:19 Tenía 13 años. Cuando ocurrió, mi familia se había mudado a una casa en las afueras de un pequeño pueblo en el norte del país. Al frente, cruzando la calle, había un terreno baldío enorme, lleno de maleza. Con restos oxidados de juegos infantiles, como si alguien hubiese querido hacer un parque y lo hubiese abandonado a medio construir, la habitación en la que dormía daba justo al frente con una ventana que permitía ver todo el descampado. Desde que llegamos me gustaba quedarme viendo por las noches.
8:01 Observando si algún perro callejero pasaba o si se colaba algún adolescente a fumar escondido, era tranquilo. Al menos eso creía una noche de invierno con el cielo completamente despejado. Me desperté sin razón. Eran cerca de las 3:00 de la madrugada. Sentí el impulso de mirar por la ventana como lo hacía siempre. Corrí la cortina y ahí estaba una figura. Pequeña, inmóvil, parada, justo en medio del campo llevaba lo que parecía un vestido antiguo, sucio, casi gris por su altura.
8:41 Supe que era una niña, no se movía, sólo estaba ahí de pie, mirándome, aunque no podía verle el rostro con claridad. Lo supe, me miraba y no parpadeaba. Pensé que era una ilusión, cerré y abrí los ojos. La figura seguía allí. Pero algo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Ya no estaba en medio del campo. Ahora estaba más cerca, junto al columpio oxidado, el que nunca se movía por estar torcido. Pero esa noche se balanceaba y no por el viento. Sentí un nudo en el estómago.
9:22 No podía dejar de mirar. Cada vez que desviaba la vista y volvía, la niña estaba más cerca. Primero junto al columpio, después a unos metros del portón de entrada del terreno, hasta que la VI parada, justo al borde de la vereda, sin cruzar la calle, pero cada vez más nítida, más real recuerdo. Sus ojos no eran de una niña, eran ojos viejos, apagados, pero llenos de una sabiduría oscura. Su sonrisa no era una sonrisa. Era una mueca de burla, como si supiera que yo no podía moverme, como si disfrutara de mi miedo.
10:04 No sé cuánto tiempo pasó. Lo siguiente que recuerdo es despertar al día siguiente acostado sobre las sábanas con la ventana, una abierta y los pies congelados. Pensé que todo había sido una pesadilla hasta que al salir de casa. Vi pequeñas huellas en la Tierra frente al portón del terreno, huellas de Pies Descalzos muy pequeños. Años después, ya con 18, regresé al pueblo a visitar a mi madre. Ya vivía sola. La casa seguía igual, pero el descampado ahora estaba cercado con alambre de púas. Al parecer habían ocurrido varios casos de niños que veían cosas allí por las noches.
10:53 Nadie hablaba mucho al respecto, pero se notaba en el ambiente, como si todos compartieran el mismo miedo, pero prefirieran callar. Esa noche me quedé en mi antigua habitación. No planeaba mirar por la ventana, no quería, pero algo me obligó, como si una parte de mí supiera que ella seguía ahí. Corrí la cortina, nada hasta que parpadeé. Estaba al otro lado del alambre, exactamente igual que la primera vez. Vestido sucio, sonrisa torcida. Esta vez pude ver su rostro con claridad. No era el de una niña, era el de algo que usaba la forma de una niña para parecerse.
11:41 Su piel era cetrina, llena de grietas y su mirada, su mirada era como mirar dentro de una cueva oscura, sin fondo. No me moví, no reaccione. Ella solo se quedó ahí, observando como si quisiera recordarme que nunca se había ido, que sólo estaba esperando. Y ahí entendí que no era un espíritu cualquiera. Era algo más antiguo, algo que el tiempo no puede tocar, un ser que aparece cuando menos lo esperas, a veces en la forma de una niña. A veces de algo peor desde entonces, cada vez que paso cerca de un campo vacío o una cancha sin luz, me aseguro de no mirar demasiado porque si la veo de nuevo, no sé si esta vez me dejará ir desde que tengo memoria.
12:55 Algo oscuro ha rondado mi sangre. No es algo que elegí ni algo que desee cargar, pero está ahí. A veces se manifiesta en sueños, otras en los ojos de ciertas personas que me miran como si supieran lo que llevo dentro. Mi nombre es Emiliano Barragán Reyes y esta historia no comienza conmigo, sino con mi bisabuela. En el año de 1935, en un pequeño poblado de la Sierra Oaxaqueña llamado San Pedro Teozacoalco, las parteras eran figuras sagradas, se le respetaba y también se les temía, especialmente a una. Mi bisabuela tomasa dicen que tenía las manos calientes, como el fuego y la mirada fría, como la noche asistí a partos, como si pudiera ver a través del cuerpo. Sabía si venía niño o niña, si viviría o moriría, pero también se decía que si no se le daba su ofrenda, su canasta, algo en ella cambiaba la canasta.
14:07 No era sólo una cortesía, era parte del pacto, Pan, leche, aguardiente, mole, chocolate. Y sobre todo respeto cuando alguien rompía este pacto. Lo pagaba con lo que más amaba. La primera historia me la contó mi abuela. Una mujer dio a luz a una niña de piel clara, casi luminosa. Mi bisabuela asistió el parto, hizo su trabajo en y se marchó sin recibir la canasta. Estaba molesta, muy molesta. A partir de esa noche la bebé no volvió a dormir.
14:49 Lloraba sin cesar. Como si algo invisible le arrancará el alma. Poco a poco, por las noches, la cuna se sacudía sola, las ventanas se empañaban desde afuera. La madre desesperada fué con una curandera que sólo le pregunto una cosa, le diste su canasta a la partera. Al escuchar la respuesta, la curandera Palideció le dijeron que llevar al día siguiente fueron con mi bisabuela. Y le entregaron la ofrenda. Ella la recibió con una sonrisa distinta, una que mostraba los dientes, pero no alegría. Esa misma noche, la niña durmió Por Primera Vez, pero no todos aprendían la lección.
15:39 A otra joven madre le asistió también tomasa. Días después, el bebé amaneció con una herida en el cuello, una cortada pequeña como de uña. Pero cada día era más profunda hasta que se le veía la carne viva. Los médicos no sabían que hacer. La abuela de la madre le dijo, Vé con la partera y lleva la canasta. Así lo hizo. Y mi bisabuela, como si todo ya estuviera previsto, llegó al día siguiente. Sacó de su bolsa un frasco de grasa amarillenta. Untó un pedazo de manta con ella y se la colocó en el cuello al bebé mientras murmuraba algo en un idioma que nadie reconocía.
16:28 Froto la herida en minutos la carne se cerró, el Corte desapareció como si nunca hubiese existido años después, en una noche en que mi padre era sólo un joven con su primer hijo, mi hermano mayor. Ocurrió algo que cambiaría todo. El bebé no podía dormir. El ambiente en la casa era pesado. Ruidos extraños rodeaban la vivienda, golpes sobre el techo, susurros detrás de las paredes hasta que mi padre escuchó pasos y gruñidos. Se levantó con su machete y con agua bendita dibujó 7 cruces alrededor del umbral. Abrió la puerta y ahí estaba.
17:18 Un perro negro gigantesco, con ojos rojos como Carbones ardiendo. Fijó su mirada en él. Mi padre levantó el machete y justo cuando iba a atacar el animal habló con voz humana, con voz quebrada. Le suplicó que no lo matara porque era su madre. Mi padre cayó de rodillas. No entendía cómo podía ser, cómo podía estar frente a su madre convertida en eso. Ella lloró, no como un perro, no como una mujer. Era un llanto mezcla de lamentos, aullidos, palabras.
18:00 Entrecortadas. Se alejó entre la niebla, pero no sin antes dejar una maldición flotando en el aire. Pasaron los años, ella enfermó y antes de morir. En su cama dijo que no quería llevarse su don al infierno, que no lo pasaría Asus hijos ni Asus nietos. Dijo que ese poder, esa maldición, nos pertenecería a los bisnietos. Fué entonces cuando nací yo desde pequeño supe cosas que no debía saber, veía lo que otros no veían. A veces cuando alguien moría en el pueblo, yo ya lo había soñado días antes.
18:43 Mi hermana nació con marcas en la piel que no desaparecen. Mi abuela las llama, los ojos de la Tierra no somos normales, nunca lo fuimos, no lo pedimos. Somos los últimos portadores de la sangre de la partera nahual y por las noches, cuando el viento sopla y los perros no dejan de ladrar, sé que ella aún camina por ahí, ya no como tomasa. Sino como algo más antiguo, algo que siempre está buscando su próxima canasta.
19:31 No sé porque nunca conté esto, quizá porque cada vez que lo recuerdo algo en mí se retuerce el estómago, la mente, incluso el alma. O quizá porque muy en el fondo. Sé que si hablo de esto, si le doy forma con palabras, puede volver. Tenía 12 años cuando pasó, fue una sola noche, pero la recuerdo como si hubiera durado días enteros. Cada detalle sigue ahí, intacto, como si el tiempo se hubiera negado a borrarlo. En mi familia había una figura incómoda, la tía Teresa, hermana mayor de mi madre. De ella no se hablaba mucho.
20:14 Cuando alguien la mencionaba, cambiaban de tema. Decían que estaba malita, que veía cosas, que escuchaba voces. Pero era algo que nadie se atrevía a explicar. Yo solo la vi una vez, mucho antes de aquella noche, en una fiesta familiar. No habló, se quedó en una esquina, inmóvil, como un mueble viejo. Miraba a todos, pero a mí me miró demasiado. De una forma que no supe entender en ese momento, pero que nunca olvidé, pasaron los años. Un día mi primo Ernesto y yo nos quedamos sin quién nos cuidara. Mi madre, sin muchas opciones, nos llevó a la Casa de la Tía Teresa sólo por una noche. Eso dijo.
21:02 La casa estaba en nochistlán, un Pueblo Viejo de Zacatecas, metido entre Cerros, neblina y calles empedradas. Recuerdo que llegamos de noche. El portón de la casa estaba abierto, el suelo era barro puro y el aire olía a Tierra mojada y algo más, algo rancio como flores marchitas. La tía nos recibió como si ya supiera que íbamos. Vestía de gris con un chal deshilachado sobre los hombros. Sonrió, pero su gesto era extraño, como si no supiera cómo hacerlo. La casa era antigua, de esas con techos altos, paredes gruesas y puertas pesadas que crujían con sólo mirarlas. Todo estaba limpio, sí, pero había un silencio extraño. No era un silencio normal, era denso, como si envolviera las cosas, como si algo estuviera conteniendo la respiración. Dentro de esas paredes no hablamos mucho, apenas cenamos. Un poco de arroz blanco sin sal.
22:10 Dijo algo sobre el ayuno, pero no entendimos, solo queríamos dormir y que pasará rápido a eso de las 2:00 de la mañana. Ernesto me despertó, estaba pálido, con los ojos como platos, me señaló la ventana. Yo no quería mirar algo, me decía que no lo hiciera, pero lo hice y ahí estaba bajo El Poste de luz frente a la casa la tía. O lo que parecía ser ella, inmóvil, con el mismo chal gris, el mismo rostro. Pero había algo profundamente perturbador en su expresión no parpadeaba y su boca estaba abierta de más, de una forma que no es posible, como si la mandíbula se le hubiera desencajado. No pude moverme, estaba paralizado. Mi primo corrió a la puerta, pero no pudo abrirla. El seguro estaba echado desde afuera. Golpeó, gritó y entonces, sin que nadie tocara nada, el picaporte giró solo con un Clic seco. El salió, yo número me quedé ahí, inmóvil, viendo la sombra, cruzar por el marco.
23:22 Después entró ella flotando, no caminaba, no tocaba el suelo y se deslizaba como si el peso ya no le perteneciera. Me miró directo y entonces habló. No con una voz, sino con muchas voces mezcladas, como si varias gargantas hablarán al mismo tiempo. No entendí cada palabra, pero comprendí lo suficiente. No era mí a quien buscaba. Después ya no recuerdo. Perdí la conciencia. Desperté al amanecer tirado en la entrada de la Casa, cubierto de lodo, seco hasta las rodillas. Ernesto Lloraba abrazado a mi madre. Yo apenas podía hablar.
24:06 Le contamos lo que vivimos. Ella nos escuchó en silencio y sólo dijo una cosa, la tía Teresa había muerto 5 años antes y esa casa estaba abandonada. Desde entonces nunca volvimos a hablar del tema. Ernesto y yo hicimos un pacto, no contarlo, no repetirlo, no volver a nombrarla. Pero a veces la vuelvo a ver, no en sueños, en la calle, en la vida real. Bajo una farola de pie con el mismo chal gris, con la mandíbula desencajada, sonriéndome. Y lo peor, lo que más miedo me da es que ahora sí siento que soy yo el que quiere.
24:54 Amigos cuéntenme una caja de comentarios que les parecieron los relatos de una noche. De insomnio. Pues en esta ocasión me alegra que se hayan quedado hasta el final porque en este vídeo sortearé algunos premios que me encontré. Buscando entre mis cosas. Voy a sortear cuatro. Gorras como éstas. De Inframundo, relatos, edición especial igual también algunas playeritas son cuatro, también color blanco y negro, y también. Me estaba encontrando por ahí Inframundo, relatos, relatos del Inframundo, que es un libro. Pues ya algo.
25:39 Viejo que sacamos hace algún par de años y pues me gustaría también regalárselos, pues más que nada por todo el apoyo que nos han brindado durante estos años y de verdad, pues no, yo creo que no les cuesta nada de repente dejar su comentario su like y compartir nuestros videos. Y pues es la dinámica que tienen que hacer con este video, compartir, dejar su comentario, su like, interactuar un poquito más. Eso de verdad a nosotros como creadores nos ayuda a seguir creciendo, a que tengamos un poquito más de visibilidad y lo único que tienes que hacer pues es dejar tu comentario y pues va a ser el sorteo.
26:19 Así los comentarios elegidos van a ser al azar. Ya sé que van a decir, Oye, pero pues yo te sigo siempre y cosas así, pero pues hay que darle también oportunidad a a otras personas. Yo sé que algunos ya han ganado, algunos de los que siempre comentan y de verdad se los agradezco y no. ¿Importa de qué? Parte del mundo, seas hasta ahí, te voy a hacer llegar tu gorra, tu playera, tu librito. ¿Qué te parece este sorteo? Por favor, nos vemos aquí en en los comentarios y mucha suerte y en un próximo video. Voy a sacar a los ganadores y espero que estén muy contentos. Muchas gracias sin más me despido, no sin antes desearles dulces.
27:04 Pesadillas.
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