March 18, 2026

4 Historias de Terror – Los Vigilantes | Policías / Terror Paranormal con INFRAMUNDO

4 Historias de Terror – Los Vigilantes | Policías / Terror Paranormal con INFRAMUNDO
4 Historias de Terror – Los Vigilantes | Policías / Terror Paranormal con INFRAMUNDO
Inframundo Relatos De Terror
4 Historias de Terror – Los Vigilantes | Policías / Terror Paranormal con INFRAMUNDO

Estos relatos pertenecen a Cuatro policías. Hombres y mujeres entrenados para enfrentar el crimen, el caos, la violencia en las calles. Un pueblo que no responde al miedo ni a la autoridad. Un joven que tiene amistad con ellos, buscan a quien terminó con su vida, una comisaría que fue una casa de aquellos que se dedican a cosas ilícitas. Aquí no hay héroes. Solo personas que sobrevivieron para contar lo que vieron... aunque a veces desearían no haberlo hecho. Porque hay casos que no terminan cuando se cierra un expediente.LOS VIGILANTES – Ignacio PantojaUn oficial es enviado solo a investigar la desaparición de un matrimonio en un ejido perdido entre Sinaloa y Durango.Lo que encuentra no es un pueblo común… sino tumbas de policías olvidados y presencias que vigilan quién entra y quién sale.EL PÚAS – Damiana InfanteUn joven marginado advierte que el diablo ronda un lote baldío.Semanas después aparece muerto…pero alguien lo vio caminando cuando ya había sido sepultado.LOS GRITOS – Celina ObregónUna comisaría construida sobre un antiguo refugio del crimen organizado comienza a manifestarse.Gritos que no vienen de las celdas.Puertas que se azotan.Y una presencia que respira en la nuca cuando estás sola.ATACADOS – Otoniel BenítezUna persecución en el monte termina en un ataque brutal.La criatura no era un animal.Tenía rostro.Y conocía sus nombres.⏱ DISFRUTA DE:00:00 HISTORIAS DE POLICIAS01:02 LOS VIGILANTES07:45 EL PÚAS15:28 LOS GRITOS23:05 ATACADOS#RelatosDePolicias #HistoriasDeTerror #InframundoRelatos

0:07 Muy buenas noches, querida audiencia, esperando se encuentre órridamente bien del otro lado de la pantalla. El programa del día de hoy resulta bastante interesante, pues nos enviaron algunas anécdotas ocurridas a oficiales de policía. No solo batallan para estar contra el crimen organizado, luchar por el bienestar de la ciudadanía. Además tienen que cargar con el peso de lo paranormal, pues mientras patrullan de noche o madrugada, a ellos les han ocurrido cosas inexplicables que el día de hoy te contaré. Mi nombre es Alejandro y esto es Inframundo. Aquí comenzamos, querida comunidad de Inframundo. Me llamo Ignacio Pantoja y me doy el atrevimiento de poder contarles esta experiencia que me pasó hace mucho tiempo y que de alguna manera no puedo dar explicación alguna. Aún tengo preguntas en mi cabeza, pero respuestas casi ninguna.

1:27 Esto lo recuerdo perfectamente, me pasó hace más de 2 años, trabajo como policía para una pequeña localidad del Estado de Sinaloa, en México, me asignaron un caso para mí era como cualquier otro, pero ninguno de mis compañeros quiso acompañarme y mi jefe de ese tiempo. No obligó a nadie y me dijo que tendría que ir solo, que sólo estaría ahí por alrededor de uno o 2 días. Un hombre y su esposa habían desaparecido en Un Ejido, este estaba cerca de entre el Estado de Sinaloa y Durango, sabía que tendría complicaciones, pues los caminos apenas marcados en el mapa y el GPS no los reconocía.

2:14 Me dieron nombres, una fotografía con las imágenes del matrimonio. Nada más. Tardé en llegar alrededor de 5 horas y lo primero que noté fue el silencio. Unos hombres sentados en una de las primeras casas de la entrada al pueblo. Sentía tensión en el lugar. Mala vibra, dice mi esposa. Las calles eran estrechas, hechas de Tierra dura. Las casas bajas y agrietadas. No había niños corriendo ni perros ladrando dándole la bienvenida a un desconocido. Saludé a los hombres y me presenté, pero ninguno contestó, ni el saludo ni las preguntas que les hice.

2:57 Me di cuenta que sería imposible tener información con esas personas. Toqué puertas, pregunté por los desaparecidos. Extrañamente nadie sabía nada. Evitaban mirarme directo y aunque no me lo decían directamente, que mi presencia no era bienvenida. Algunos bajaban, la mirada apenas me acercaba, otros cerraban las puertas y de plano, otros me veían como bicho raro. Noté un grupo de hombres que me seguían de cerca y se detenían a unos metros de donde yo me detenía. Esa gente no iba a hablar y lo malo de todo esto es que la jefatura más cercana estaba más de 3 horas, estaba solo, sin apoyo, sin radio y sin celular, porque no había señal solo con mi arma y una libreta donde anotaba lo poco que lograba obtener. Lo poco que tenía era que esas personas nunca habían estado allí, que nadie de afuera venía a ese lugar. Pero mi jefe me entregó registros de llamadas y una denuncia de parte de los hijos del matrimonio ya estaba dándome por vencido.

4:13 Cuando una mujer se acercó a mí, tenía el rostro cubierto por un rebozo, el vestido sencillo, y puedo asegurarles que era de una época pasada. Me habló despacio, me dijo que ya era tarde para que yo pudiera llevármelos. Que los otros sabían que yo estaba haciendo demasiadas preguntas. ¿Cuáles otros? Le pregunté. Ella me contestó que los vigilantes que mejor me fuera, pues ya habían empezado a organizar lo mismo que hicieron con el hombre y la mujer que buscaba, que si quería salir con vida debía hacerlo, ya que si no terminaría enterrado en el mismo sitio que aquellos 2.

4:59 Le pregunté a qué se refería. Los vigilantes se encargan de que ningún extraño entre al pueblo, mucho menos si este es policía. Aquellos en su tiempo también lo fueron. También los enviaron, como a mí, a buscar a un matrimonio desaparecido. Me dijo que me fuera por la parte trasera del pueblo y ahí encontraría lo que buscaba, la verdad. Sentí miedo e hice lo que la mujer me dijo. Ahí se encontraban 7 tumbas, 2 sin nombre y el resto con las gorras y las camisas de policías ya desteñidas por el sol, roídas y sucias camisas que hoy en día ya no usamos de uniforme.

5:45 Sentí ese escalofrío en el cuerpo que te anuncia el peligro y que hay que salir de ahí. Los vigilantes eran los espectros de los policías que una vez mandaron a ese pueblo. Tuve que correr prácticamente a la camioneta y salir de ahí cuando pasaba por la casa que vi al entrar al pueblo. Ahí estaban los vigilantes, apenas iluminados por un quinque. Les seré sincero, hice menos tiempo desde el pueblo hasta la ciudad. Le conté a mi jefe que ahí no había ningún matrimonio desaparecido, que ese lugar realmente es un pueblo en medio de la nada. Saqué el folder donde estaban los papeles y la fotografía del matrimonio.

6:34 Le conté sobre los uniformes, las tumbas de los 5 policías y 2 más, pero esto no tenían nombres ni nada personal en ellas, excepto las de los compañeros caídos. Mi jefe me miró extrañado y trató de averiguar quién había llamado y hecho la denuncia, pero no encontramos nada. No lo dije abiertamente, pero para mí ese matrimonio no encuentra descanso y que los policías que están sepultados en ese pueblo encontraron más de lo que iban a buscar. Creo que ellos vigilan quién entra y quién sale del pueblo.

7:15 Las personas no hablan de los muertos. Creo que la mujer que me dió la ubicación de las tumbas es la mujer desaparecida. Sé que mi historia es algo extraña. Pero les prometo que me sucedió y cuando fuimos a buscar el mismo pueblo, acompañados de mi jefe y otros compañeros, no lo encontramos. ¿Está borrado del mapa? Saludos a todos los infra escuchas. Escucho las historias mientras descanso y las pongo en pausa mientras atendemos una llamada que requiere de nuestra presencia.

8:00 Me llamo Damián infante, soy policía en mi Natal Zacatecas. Tengo años recorriendo las calles, ya sea de día o de noche. Mi padre fue policía, así que uno lo lleva en la sangre. Como en toda ciudad, hay barrios en los que uno ni desea poner un pie. Pero también los hay tranquilos. Y en uno de esos barrios conocimos a el púas, un chico de tan sólo 17 años. Tartamudeaba al hablar, contaban que desde su niñez lo hacía, ya que su madre lo abandonó con su abuela materna para irse con un tipo cuando el pequeño tenía tan sólo 3 años.

8:43 Era un muchacho que solía rondar la Colonia desde antes de que yo anduviera por esas calles. El chico dormía donde podía, pedía comida y todos se la daban de buena gana y pasaba los días caminando sin rumbo fijo, pero siempre dentro del barrio. Siempre tenía una sonrisa o más bien era como una mueca. Algunos decían que le faltaban unas cuantas luces, pero todos sabíamos que no hacía daño a su modo. Era parte del paisaje, como las paredes con grafitis. Le decían el púas porque su pelo siempre estaba parado, reseco, como si llevara años sin conocer el agua.

9:28 Los niños no le temían y lo saludaban, al igual que a los viejos sentados en la banqueta, lo cuidaban los vecinos, lo conocía la patrulla que rondaba cada noche, nadie le temía, en realidad era como parte de la colonia. Una tarde, mientras estábamos en la tiendita de la Colonia, el púa se me acercó. Me comenzó a decir que el diablo andaba por los lugares oscuros y solitarios que era alto. Yo, siguiéndole la corriente, le pregunté si tenía cuernos en su cabeza, si era de color rojo y tenía pata de gallo y de macho cabrío. El ladio su cabeza como pensando. Yo entre las ganas de reírme esperaba que me contestara. Me dijo que no, que era muy alto y vestía de negro con un enorme cuchillo puesto en un palo.

10:25 Le dije que debería tener cuidado entonces, que si lo volví a ver, mejor se fuera a su casa con su abuela. Él me señaló un baldío que ya tenía maleza. Los vecinos lo comenzaron a usar como basurero. Me dijo que ahí lo había visto. Se le notaba el miedo en la cara al muchacho y no era para menos el vivir en la calle y de ir de vez en cuando a la Casa de la Mujer que lo debió cuidar. Ser maltratado causa inseguridad y trastornos. Esa fue una de las últimas veces que vi a el Puas. La otra fue de una manera que, con sólo recordarlo, se me eriza la piel. Sería un viernes como alrededor de las 5:00 de la mañana nos habían llamado por el robo en una casa, pero la escena fue más que un simple robo.

11:19 Era la Casa de doña Consuelo, la dueña de la tiendita, ya la calle estaba cerrada y acordonada. Yo me encontraba junto a la patrulla cuando miré a el púas caminar entre la poca gente, su rostro estaba serio. No de la misma forma en que lo había mirado. Siempre le pregunté si todo estaba bien y sólo movió su cabeza afirmando, me dijo que tenía que ir a cuidar a su abuela, pues se iba a enfermar pronto. Le dije que si ocupaba algo me lo hiciera saber el púa se fue del lugar. Les diré que se me hizo extraño que no anduviera de metiche, preguntando qué había sucedido.

12:04 Algo no me cuadraba bien con el chamaco, pero no le di importancia, pues tenía que trabajar y mi turno estaba por terminar. Déjenme decirles que en el poco rato que estuvo conmigo el ambiente era muy frío, no para esa época del año. A los pocos minutos se me acerco, mi compañero me preguntó si estaba loca o qué me había metido. Su pregunta, me saco un poco de onda. ¿Y le pregunté porque me decía, eso, estabas hablando sola? Me contestó. Le dije que no era así, que estaba con el púas. El frunció el seño y ya no seguimos con la discusión, porque en ese momento le hablaron.

12:50 Ya no volvimos a hablar del tema, ninguno de los 2. Ya había pasado una semana de lo acontecido a doña consuelo cuando regresamos a la Colonia. Yo comencé a buscar al chico para preguntar si todo estaba bien. En eso pasaron unos niños que iban a la tiendita, les pregunté si habían visto el púas. El chico mayor me dijo muy serio que al púas lo habían sepultado 2 días después que a doña consuelo. Yo me quedé helada con lo que me estaba diciendo. El muchachito prosiguió diciendo que una madrugada apareció tirado junto a los arbustos que dan al lote baldío. El cuerpo estaba rígido, con los ojos abiertos. El olor a descomposición alertó a los vecinos. Me estaban contando eso cuando llegó mi compañero, quien se quedó escuchando lo que los niños me decían. Uno de ellos dijo que el púas se había vuelto loco, decía que el diablo lo seguía y se metía a la tiendita de la doña. Les dimos las gracias y le comenté a mi compañero que eso mismo me había dicho unas semanas antes. Le pregunté si había alguien con el apodo de el diablo. Me contestó que no, que los que habían robado a la dueña de la tienda ya los habían capturado.

14:21 La verdad es que no me quedé con la duda y fui a casa de la abuela de el púas para mi mala suerte. A la señora se la habían llevado al hospital después de la muerte de su nieto. La vecina me contó lo que le había pasado al pobre chamaco. Este miró a los que asesinaron a doña consuelo lo siguió creyendo que los podría detener y los alcanzó en el baldío. Ahí lo terminaron. A él también. El chico aparentemente no tenía marcas, ni sangre ni heridas visibles. Con la boca apenas entreabierta, llena de moscas.

15:03 Le di las gracias y regresé a mi trabajo. El puas también estaba muerto esa madrugada que estuve conversando con el por eso mi compañero me dijo que yo estaba hablando sola. Por desgracia, el muchacho terminó en una fosa común, al igual que su abuela, pues no tenían familiares que reclamarán los cuerpos. Buenas noches, comunidad. Me presento, mi nombre es Celina Obregón. Soy policía. He tenido experiencias paranormales dentro y fuera de mi trabajo. Es la primera vez que escribo lo que ha estado sucediendo en la comisaría.

15:48 Vivo en una pequeña ciudad, no tiene muchos habitantes. Hace alrededor de unos 13 años la comunidad vivía con incertidumbre. Yo en ese tiempo estaba en la Academia, estaba por graduarme gente extraña de otros Estados. Comenzó a llegar a la ciudad, compraban terrenos o casas que estaban deshabitadas desde hacía mucho tiempo. La maña decían las personas, nadie hablaba con ellos. Tenían carros que parecían salidos de una concesión, pero así como llegaron se fueron. Esos sitios los vendieron y otros lo restauraron para oficinas.

16:32 Una de ellas se convirtió en una nueva jefatura. Yo cuando salí de la Academia estuve trabajando en la otra, pero a los 3 años me enviaron para este lado de la ciudad. Apenas y puse un pie en la nueva jefatura. Note que la mayoría de los compañeros traían medallas de San Benito. De la santa Muerte o de cualquier otro santo o Virgen. Aquí fue donde me asignaron a otra pareja, Ismael. Él me regaló una medalla del santo al que soy devota. Me aseguró que estaba bendita y que no me la quitara mientras estuviera en este lugar.

17:14 En una ocasión escuché gritar en el segundo piso, justamente en el pasillo que da a las oficinas. Me asomé, pero no miré a nadie, así que volví a lo mío. Nuevamente escuché ese grito, pero ahora con más fuerza gritaba que ya no, por favor. Lo primero que se me vino a la mente fue que estaban golpeando a uno de los que estaba en las celdas, pero estas se encuentran en la parte trasera y en el primer piso. Los gritos de los que ahí se encuentran no deberían escucharse. Hasta el sitio donde me encontraba, así que bajé y me dirigí hasta las celdas. Al asomarme noté que no había nadie el custodio. Me pregunto si buscaba alguno en especial. Le señalé lo que había escuchado. Él solo movió la cabeza hacia los lados y me pidió que olvidara eso.

18:15 Porque desde temprano se los habían llevado a la grande, que no había ni un solo malandro guardado. Ese día me retiré de ahí y me fui a patrullar todo lo que restaba del día. Le conté a mi compañero lo que había escuchado. Él me dijo que desde que inauguraron la comisaría se escuchaban gritos y no sólo en las celdas, sino en cada rincón. No sólo yo he sido la única que lo ha escuchado. Hasta él tiene varias experiencias que le habían sucedido antes de que yo llegara a ser su compañera. De hecho, ese fue el motivo por el cual pidió el cambio, pues al parecer se estaba enfermando de los nervios. Parecía que lo que ahí habita su compañero era el blanco. Para hacerse presente, me aconsejó que platicara con don Pepe.

19:10 El señor que limpia las patrullas en el estacionamiento, que sabía la historia de gran parte de la ciudad. Don Pepe tiene más de 45 años viviendo en la Colonia. Él se encarga de limpiar las patrullas y le damos dinero para que lo haga. Me acerqué a él una mañana cuando lo vi en el estacionamiento. Le pregunté si él sabía la historia de la construcción. Antes de que la Remodelaran para ser una jefatura, se quedó pensando un momento como buscando las palabras adecuadas. Entre sus recuerdos me contó que ese había sido un terreno baldío por mucho tiempo, hasta que lo compraron e hicieron una casa de huéspedes y después una vecindad.

20:03 A inicios del año 2000 la maña se apoderó del terreno, pues sus propietarios fueron desalojados por embargo y esta gente se aprovechó de eso. Se cuenta que por las madrugadas llegaban camionetas con personas privadas de su libertad y que posiblemente los terminaban privando de la vida cuando limpiaron para remodelarlo como comisaría, Don Pepe ayudó. Me contó que las paredes estaban con pentagramas, velas negras en varias habitaciones. Todo apestaba horrible, pero no se encontraron cuerpos como decían las personas.

20:44 En la Colonia no había fosas comunes, pero mientras se remodelaba la nueva comisaría se sentían vigilados. En lo que hoy es la recepción. Las cubetas de pintura tuvieron que comprar varias. Pues estás se derramaban o las encontraban esparcidas por todos lados, pero seré honesta en todo el lugar. Cuando menos lo esperamos. Se escuchan los gritos de los desaparecidos, pues se pueden oír por toda la instalación. En una ocasión me encontraba en los sanitarios y escuché cuando una de las puertas se azotó.

21:26 Es común. Pues entran a las prisas y salen para irse a patrullar. Pero esa ocasión fue diferente. Ya estaba lavando mis manos cuando sentí como si algo o alguien estuviera respirando en mi nuca. Sentí un miedo como nunca. Ni siquiera cuando me enfrento a un delincuente. El baño se sentía extremadamente frío, tanto que podía haber mi aliento. Detrás de mí y ni en el sanitario había alguien me encontraba sola. Tuve que salir corriendo. Cuando escuché el grito de un hombre detrás de mí me temblaba todo el cuerpo. Nunca me había sentido de esa manera. Una de mis compañeras escuchó el grito, esto en el área de intendencia se veía igual que yo o tal vez peor. Ella ya no regreso a esta comisaría, pues se volvió tan paranoica.

22:23 El motivo es que ella estaba en la recepción de las llamadas y varias veces le gritaban por el Intercomunicador. Cada cierto tiempo traen a un sacerdote para bendecir la comisaría, pero parece que eso los hace manifestarse más agresivos. No sé si fueron personas inocentes o culpables los que ahí terminaron. Lo cierto es que los gritos se escuchan más por las madrugadas. Algunas veces por el día, pero parecen lejanos, no como cuando todo está oscuro. Saludos a todos y gracias por la oportunidad de contar mis experiencias.

23:08 Me llamo Otoniel Benítez, soy policía y tengo en este oficio ya más de 9 años. Una de las cosas que no me agrada es trabajar cerca del monte, y es porque me consta que siempre hay algo en esos árboles que parece observarte en silencio y que en cualquier momento se lanzará sobre mí. Pero cuando estás en servicio no tienes opción. Y aquella noche de verano, en pleno mes de Julio, a mi compañero Sergio y a mí nos dejaría marcados física y mentalmente. Habían dado el aviso de un atraco en una tienda rural, una barrotera que surtía suministros a todo el pueblo y a rancherías de los alrededores.

23:56 Era uno de esos lugares en los que parecía que no sucedía nada. El responsable, según decían, era un joven que ya tenía historial. Andaba por las noches o madrugadas merodeando por las casas, por los chiqueros de los Puercos. A veces por las tierras de siembra todos decían que andaba metido en cosas raras, pero nunca pudimos comprobar nada. Pero tarde que temprano todos cometemos errores y él lo hizo. Nos llamaron y apenas si llegamos lo vimos huir hacia el monte con una agilidad que nos dejó perplejos. Creo que no debimos seguirlo, pero era nuestro trabajo y ese chico.

24:41 Ya había causado bastantes problemas y tenía cansados a los habitantes del pueblo. Teníamos que atraparlo y mi compañero iba unos metros delante de mí con la linterna en mano, atento a cada crujido entre la maleza. El monte era espeso y los sonidos eran difíciles de ubicar, ya que las ramas que se rompían y la poca visibilidad estaban en nuestra contra. Pues cuando uno va corriendo es imposible sostener la lámpara sin que esta se mueva y muestre el camino por el que anda uno. El chico nos llevaba ventaja, pero se notaba que no corría como loco hacia cualquier parte, ya que conocía bien ese sitio, tomaba desvíos como quien conoce cada rincón del terreno. Eso ya me había puesto nervioso.

25:36 El no huía nos llevaba hacia algún lugar del cual parecía que nunca íbamos a escapar. Pasaron alrededor de unos 10 minutos antes de que llegáramos al punto a donde nos quería. Sergio estaba agotado, al igual que yo volteábamos hacia todos lados buscando a ese pillo, pero de pronto escuchamos el gruñido de un animal. Algo salió desde los matorrales hacia Sergio. La linterna de mi compañero se fue al suelo y por un momento no vi nada. Sólo se escuchaban ruidos, golpes, ramas partiéndose y los gritos de Sergio. Cuando por fin logré apuntar la luz. ¿Hacia dónde estaban?

26:22 Vi su cuerpo en el suelo, revolcándose, atacado por una criatura que jamás había visto. Parecía un perro con sarna. Con pelos en alguna parte y en otras lampiño, mostrando alguna enfermedad, era más grande que un perro. Sin embargo, había algo en su postura, en la forma de moverse, que no era del todo animal. Me lancé hacia él disparando al aire. No sabía qué otra cosa hacer porque si le disparaba directamente yo mismo mataría a mi compañero. Lo que fuera aquello retrocedió unos pasos, se paró en sus patas traseras y antes de salir huyendo de ahí, me lanzó un zarpazo que dio justo en mi pecho. La fuerza de aquel animal me hizo caer la lámpara iluminó hacia dónde iba.

27:17 Como pude, me arrodillé junto a mi compañero. Tenía cortes profundos en el torso y el brazo, su uniforme estaba desgarrado y la sangre. No dejaba de salir. Mis heridas no eran nada a comparación de las de Sergio. Tomé a mi compañero con el miedo encima de que la bestia regresara y terminara lo que había dejado empezado. Como pudimos, logramos salir del monte. Pedí apoyo por radio mientras él, aún consciente, me miraba con unos ojos llenos de horror y le temblaban los labios. Y aunque no hablaba, me transmitía su miedo.

27:59 Fuimos trasladados al hospital. Mis heridas eran superficiales a comparación de las de Sergio. Las vi y sus heridas no coincidían con las de un ataque de algún gato montés o un perro enfermo. Las marcas eran alargadas, como hechas con una navaja, pero tampoco eran de algo punzo cortante. Eso hizo que tanto él como yo perdiéramos mucha sangre a los días. Cuando ya estaba fuera de peligro, más estable, me pidió que lo escuchara. Dijo que lo que lo atacó no era una bestia como las que creyeron que nos atacó, pues tuvo a ese ser justo cerca para ver que tenía rostro.

28:44 Aunque desfigurado, se dio cuenta de que era el del muchacho que perseguíamos. Que lo miró directo a los ojos antes de darse a la fuga. Eso que nos atacó era un nahual. No supe qué decir, pues yo no tenía conocimiento de esos seres. Yo fui el primero en regresar a patrullar las calles de mi pequeña localidad, pero también me armé de valor para regresar al pueblo donde nos atacó. Aquella noche ya conocía a don Silverio, pues era el dueño de la barrotera. Al verme me expresó su entusiasmo, le comenté que necesitaba hablar con él, le conté lo ocurrido y el semblante de don Silverio cambió.

29:31 No sé si era de lástima o de preocupación. Me dijo que lo que nos había atacado era un nahual, pero que esa bestia no era de esa región que había llegado con ese joven. Aún no atacaba al pueblo, como tampoco a las rancherías de los alrededores. Pero no faltaba mucho, pues la bestia ya se presentó con nosotros y que era mejor empezar a casarla. Sé que la historia no tiene conclusión para algunos, pero lo único que puedo decirles es que a los 2 meses después de ser atacados por un nahual, las personas de ese pueblo se organizaron y terminaron con él.

30:17 Familia. ¿Como ya es costumbre, le hago la siguiente pregunta, usted que haría si estuviera en los zapatos de un oficial de policía? ¿Podría vivir con lo que lo paralizó esa noche? ¿Podría ser capaz de volver a patrullar de madrugada para volver a presenciar algo sumamente aterrador? Déjeme su comentario, lo leo más tarde y si cree que este vídeo es bueno y puede llegar a más personas, me ayudaría compartiéndolo con sus amistades, con aquellos que aman el terror al igual que todos nosotros.

31:04 Y recuerde que si tiene alguna anécdota que contar, puede hacerla llegar a través del correo que está viendo en pantalla. Será un gusto para mí poder narrar aquellas. Experiencias que a usted le causan escalofríos. Me despido y nos vemos en otra emisión más de Inframundo. Le deseo dulces pesadillas.