4 HISTORIAS de TERROR de MILITARES │ INFRAMUNDO RELATOS
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:20 Muy buenas noches, Inframundo y a toda la comunidad del terror me presento. Mi nombre es Sergio Espinosa. Fui militar durante casi 9 años, todo por dar el gusto a mi padre. El tiempo que estuve activo la pasé la mayor parte del tiempo en las sierras. En lugares que solamente el diablo puede habitar en ellas, lo que les voy a contar me sucedió en el estado de Veracruz, en la sierra de Otontepec, para ser más exactos. Puede ser que para muchas personas los pobladores que están retirados de la civilización los crean ignorantes. Yo era una de esas personas.
1:09 Lo cual el haber vivido, lo que les contaré cambio mi manera de pensar y mi trato hacia ellos es ahora de respeto. Si los lugareños te dicen que no vayas a cierto lugar es porque puedes ya no volver y es mejor hacerles caso. Eso fue lo que hice y quizás por eso sigo vivo. Esto sucedió en el mes de agosto del año 2013. Cuando la situación en el país se puso difícil y al parecer no tiene para cuándo terminar, en ese tiempo nos hallábamos.
1:49 Bajo las órdenes del teniente Ramírez. La misión era clara, avanzar a través del territorio y asegurar un puesto de vigilancia crucial. Al principio era buscar plantíos de hierba mala y destrozarlos. El constante acecho de enemigos era una de las situaciones que podíamos lidiar. Las noches eran especialmente difíciles, el sonido de los animales nocturnos, el viento que soplaba dándonos un poco de tregua con el calor incesante durante el día, una mañana en especial. Nos acercamos al pequeño poblado por las tortillas que amablemente una anciana y sus hijas nos preparaban para nuestros alimentos.
2:41 Doña Alba, una mujer de casi 80 años, miraba al cielo mientras le daba una pomada a su puro. Ella, al vernos nos señaló con su mano que estaba por llegar un mal tiempo, que era mejor no salir de nuestros lugares de refugio. Teníamos armas, pero. Hay cosas en las que ni con tantas municiones podíamos acabar con ellas. Le dije a doña Alba que si era un fantasma de una mujer hermosa, con gusto dejaba que me poseyera la doña. Casi me tumba de la bofetada que medio sólo me dijo que debería de tenerle respeto a las deidades que habitan en ese lugar de la Sierra de Otomtepec. Levanté mis manos en señal de que estaba bien lo que decía. Ya no quise discutir con la anciana, pero cuando estábamos regresando al campamento Presentí que era mejor hacerle caso a la mujer.
3:47 De hecho, todo se miraba y se sentía diferente. Era como si un manto invisible cubriera el lugar para que no huyéramos de lo que estaba por ocurrir. Le contamos a Ramírez lo que habían dicho. Este muy molesto, nos contestó que sólo eran supersticiones de viejas, así que el resto del día traté de mantenerme ocupado con lo mío y olvidar lo que la anciana alba nos había dicho. La noche llegó muy pronto y con ella trajo un poco de llovizna y viento mientras vigilaba el perímetro.
4:27 Escuché algo diferente. Se escuchan gritos a lo lejos, pero mi compañero dijo que más bien parecían lamentos, como si alguien estuviera pidiendo ayuda. Preste más atención a lo que se escuchaba. Aquellos eran unos lamentos muy desgarradores, como si estuvieran matando, torturando a una persona. Se escuchaban muy a lo lejos, pero aún así. Hacia que la piel se nos pusiera chinita y un escalofrío nos recorriera desde la nuca hasta los pies. Yo en mi tiempo que llevaba como militar, jamás había escuchado algo parecido, así como hicieron.
5:14 Así cesaron, dejándonos con la gran pregunta de qué se trataba y de dónde habían provenido esos gritos, Ramírez se nos acercó preguntando. Porque hacíamos tanto ruido, le contestamos que no éramos nosotros. Algo estaba sucediendo entre la vegetación. Sentí nervios de que me escogiera para que fuera a averiguar de qué se trataba, pero en cambio mandó a 3 de los compañeros. Los vimos alejarse del campamento. Transcurrieron unos 10 minutos cuando se les escuchó gritar. Sus gritos eran desgarradores.
6:02 Después de unos minutos, los gritos cesaron. Fue entonces que Ramírez se hizo acompañar de otros hombres. Mi compañero y yo permanecimos en el campamento esperando a que regresaran. Éramos 7 los que nos encontrábamos a la expectativa de lo que podría suceder durante la madrugada. Todo a nuestro alrededor estaba sumergido en un silencio que hasta el viento había dejado de sentirse. El pueblo se encontraba en penumbras, ni siquiera la luz de un quién que se veía. De pronto vimos que las luces de las lámparas de nuestros compañeros se acercaban rápidamente.
6:46 Estando a unos cuantos metros comenzaron a gritar que les ayudáramos. Robles venía herido en una de sus piernas. Estaba en tan pésimas condiciones que lo más probable era que se la amputarán. Ni Ramírez ni los otros 2 compañeros que habían enviado primero regresaron nosotros alterados por saber qué había sucedido. Ninguno de los soldados sabía qué pasaba en realidad. Esa noche ya no pudimos dormir, pero tampoco sabíamos dónde buscar, así que tuvimos que esperar a que amaneciera para escrudeñar el área muy temprano.
7:32 Ya por la mañana fui a ver a robles. Apenas estaba consciente y se le escuchaba su voz. Me contó que intentó huir, pero algo los había rodeado. Cada paso que daban los árboles parecían cerrarse. Más y más a su alrededor, atrapándolos y perdiendo las coordenadas del campamento, los rostros de sus compañeros muertos lo miraban fijamente. Se desplomó, incapaz de soportar más lo que veía. Fué cuando algo le jaló de su pierna. Robles dijo que aquello parecían unas garras que eran como navajas filosas, pero así como había comenzado. Así se detuvo llevándose los cuerpos de los otros soldados. Nos organizamos para ir a buscar los restos de nuestros compañeros, pero caminamos una gran distancia y no había rastro de ninguno.
8:33 Allí estuvimos hasta que nos movilizamos y mandaron a otro sargento. Ninguno de nosotros sabíamos que responder a las preguntas que nos hicieron. Solo contestamos que. Algo se los había llevado el último día que estuvimos en ese lugar, doña Alba me dijo algo que me dejó pensando que por el momento eso que se encuentra en la sierra ya había saciado su apetito. Sólo permanecí unos 3 años más en el ejército antes de tomar la decisión de darme de baja. Lo que había visto había sido suficiente para mí. Muy buenas noches Alejandro, espero se encuentren muy bien del otro lado.
9:36 La noche de los hechos sucedió en el año 2005. Yo tenía 21 años y sólo en el ejército, 10 años más activo. Mi nombre es Juan de Dios Cisneros. Esta experiencia no sólo la tuve yo, sino varios soldados. Como era la primera vez que salía de mi Estado Natal, me sentía feliz. Sólo llevaba el recuerdo de mi padre dándome su bendición y el de mi madre acariciando mi cabeza. Cada vez que me dormía, era el mes de Julio cuando el escuadrón de militares llegamos al pequeño pueblo en el estado de Veracruz, justamente antes de caer la tarde. La misión era sencilla, establecer un campamento temporal mientras patrullaban la zona en busca de actividad delictiva.
10:32 Los lugareños no recibieron con una mezcla de hospitalidad y preocupación. El capitán Murrieta estaba al mando del grupo. Este último acababa de quedar viudo. Su esposa había perdido la batalla contra el cáncer de mama. Desde entonces, el capitán se volvió hosco y parecía haberse amargado por la pena, que lo embargo, mientras decía dónde exactamente pondríamos el campamento, un anciano se acercó al capitán. Este, de manera preocupada, le pidió que por favor no nos quedáramos en ese pueblo que nos fuéramos de ahí. Se notaba que los aldeanos parecían inquietos por capricho. Nos ordenaron que acampáramos cerca de una capilla que se encontraba a mitad del pueblo.
11:26 Al anciano no le quedó de otra que suspirar con resignación antes de retirarse, le dijo al capitán. Señor, les aconsejo que no salgan de sus tiendas después de que caiga la noche. Aquí suceden cosas extrañas, cosas que ni nosotros, que llevamos años viviendo aquí. Logramos entender del todo. Murrieta, un hombre experto y escéptico, sonrió condescendientemente agradeciendo el Consejo. Pero no dándole mayor importancia. Sin embargo, algunos de sus hombres, así como yo, no podíamos evitar sentir un escalofrío al escuchar las advertencias del anciano y los murmullos inquietos de los otros aldeanos.
12:22 Esa noche el campamento fue instalado en el sitio que se asignó. Cerca se apreciaba la plaza Central del Pueblo, mientras los soldados. Se acomodaban en sus tiendas. El silencio de la noche comenzó a caernos. A lo lejos se apreciaban los relámpagos. Quizá la lluvia nos caería por la madrugada, pero pasada la medianoche sólo el croar de las ranas y el canto lejano de algún grillo rompía la quietud. Poco a poco los soldados se fueron durmiendo, algunos más fácilmente que otros. A mí no me tocaría la guardia esa noche, así que me dispuse a descansar.
13:09 No tenía ni 1 hora cuando Miguel, mi compañero y amigo, me despertó su voz sonaba un poco nerviosa. Le iba a preguntar qué sucedía cuando me tapó la boca en señal de que no hablara. No eran los murmullos usuales del viento entre las ramas de los árboles, sino voces suaves llamando por nombres específicos. El soldado Pineda, que estaba de guardia, escuchó su nombre claramente, nosotros también. Al principio pensé que era una broma de los compañeros. Lo vi a acercarse a la fuente del sonido, pero no encontró a nadie.
13:51 La oscuridad y una extraña sensación lo llevaron a abandonar su puesto y adentrarse en las oscuras calles del pequeño pueblo uno a uno. Los otros soldados también comenzamos escucharlos. Comencé a sentir una irresistible necesidad de seguir. Una de las voces era la de mi madre. Ella me llamaba con cariño, como siempre lo había hecho. Salieron de sus tiendas sus miradas vidriosas y pasos inseguros. Los dirigían hacia diferentes puntos a las afueras del pueblo. La oscuridad parecía engullirlos. Algunos notezos siluetas era porque los relámpagos iluminaban la oscuridad de la noche.
14:41 Sentí como me jalaron y me arrastraron. De regreso al campamento no comprendía por qué algunos no escuchaban sus nombres, algunos tuvieron que sentarse sobre los militares. Yo, desesperado y llorando, le dije A Miguel que mi madre me llamaba. Que tenía que ir a su lado. Miguel negaba con la cabeza y me dijo que no escuchara nada, que rezara, que no les hiciera caso. Frente a todo se colocó el capitán Murrieta. Sus ojos eran inexpresivos, tenía su arma en su mano. Por momentos pensé que nos dispararía.
15:25 Afortunadamente, nada de eso sucedió. Porque así como comenzaron a escucharse las voces así cesaron. Ya no dormimos lo que restaba de noche, faltaban 7 de los compañeros, ninguno se llevó arma, algunos se fueron descalzos dejando sus pertenencias, el capitán miraba hacia la nada. Los pobladores no salieron de sus casas durante lo sucedido, tampoco cuando esto terminó. Al amanecer, el capitán notaba los nervios en cada uno de nosotros. La inquietud comenzó a crecer en su interior mientras buscaba Asus hombres con la mirada. Creo que esperando que uno a uno saliera de entre los matorrales, los aldeanos salieron de sus casas y mantenían la distancia entre ellos y nosotros.
16:20 Nos observaban en silencio y sus miradas eran de compasión. El mismo anciano del día anterior se acercó a Murrieta y con voz entrecortada le dijo, les advertimos, pero usted es un hombre testarudo y no hizo caso. No busque Asus hombres. Las sombras se los llevaron. Murrieta decidió buscar Asus hombres y organizó la búsqueda exhaustiva. Pero por más que revisamos cada rincón del pueblo y sus alrededores, no encontramos ni un solo rastro de los soldados. Era como si hubieran sido tragados por la misma Tierra.
17:05 Me encaminé a una de las norias para beber un poco de agua. Ahí se encontraba una mujer y su hijo pequeño. La mujer amablemente me extendió una taza con el líquido para que la bebiera. Me preguntó si habíamos tenido suerte. Yo se lo negué con la cabeza. Le pregunté qué era lo que se los había llevado. Ella me comentó que esas sombras, desde que ella era niña se llevaba a hombres y mujeres que habían hecho algo muy malo, como quitarle la vida a una persona. Ella miró como una noche su madre desapareció, al igual que varios del pueblo. Su madre había tenido relaciones con un hombre que no era su marido.
17:53 Al saber que estaba preñada, buscó a una curandera para que le diera malas hierbas para que la criatura no naciera. Es por eso que el pueblo vive en paz y tranquilidad, porque como ellos saben lo que puede llegar a suceder, es mejor no hacer algo, que las sombras del pueblo se hagan presentes. Y se los lleven con ellas. Yo le di las gracias a la señora y antes del mediodía ya íbamos rumbo a otro campamento. Desde ese día el capitán nunca volvió a hablar del pueblo. No quería saber nada que le recordara a los hombres que perdió en aquel lugar maldito. ¿Se han de preguntar que hice yo para escuchar la voz de mi madre?
18:43 A ella la arroyo, un vehículo por mi culpa cuando tenía la edad de 10 años. Quizás es por eso que escuché su voz. Muchas gracias por escuchar esta anécdota. Muy buenas tardes a todos. Mi nombre es Alberto Muñoz. Soy militar desde el año 2009. Hay ocasiones en que uno le tiene fobias a ciertas cosas o un trauma que con el tiempo se vuelve más latente.
19:27 He tenido enfrentamientos con el crimen organizado en más de 2 ocasiones. He visto a la muerte herido de gravedad. También han muerto compañeros, pero lo que más me aterra son los cementerios. En el año 2012, cuando nos encontrábamos en el bello estado de Veracruz, aquella había sido una misión de vigilancia y control. Con un convoy de militares llegamos a un pequeño poblado. El lugar parecía tranquilo, con calles polvorientas y casas antiguas. En un inicio me pareció un sitio muy bonito para vivir.
20:09 No pareciera que por sus calles pasaran los vehículos de personas que se dedican a lo ilícito, el cuartel se encuentra a un lado del cementerio, sólo los divide una pequeña barda, que si te asomas puedes tener una vista panorámica de todo el panteón cuando yo me asomé. Felipe, uno de los cabos, me dijo que estar cerca de los muertos no era un buen augurio, pero para mí en ese tiempo eran sólo tumbas que resguardan los cuerpos de los que fallecieron. De hecho, no eran sitios que yo quisiera visitar por las noches. El cementerio cobra vida de formas que no pueden entender, decía la abuela Martina.
21:04 La primera noche transcurrió sin incidentes. Aunque algunos soldados mencionaron haber escuchado llantos lejanos y murmullos pensaron que eran producto de su imaginación y el cansancio del viaje, otros que sólo eran nervios por saber lo que teníamos a un lado. Sin embargo, la segunda noche el ambiente cambió drásticamente. Justo después de la medianoche, los sonidos se intensificaron. Los llantos se hicieron más claros, como el llanto de una madre afligida. Se oían risas Infantiles, El sonido de pequeños pies corriendo y sombras deslizándose entre las tumbas. Algunos soldados se asomaron con linternas para cerciorarse. Que no fueran algunos del crimen organizado y no se madrugaran con disparos.
22:04 El sargento arbayo apuntó su linterna hacia el cementerio. Yo, al igual que él, buscaba entre las tumbas los sonidos de hacía unos momentos se dejaron de escuchar, pero cerca de un árbol, una figura oscura se apreciaba a pesar de la oscuridad de la noche. Yo le señalé. Que se miraba alguien junto al árbol, pero cuando alumbró no había absolutamente nadie. Me dijo en tono de burla que ya andaba teniendo alucinaciones. Cuando nos quedamos en penumbras, yo veía aquella sombra negra en el mismo lugar, pero esa vez sentí un miedo que jamás había sentido.
22:53 Era como si la misma muerte me hubiera calado hasta los huesos. Tuve un mal presentimiento de esos que uno sabe que algo muy feo y malo te va a ocurrir. Conforme pasaron las semanas, los fenómenos se hicieron más frecuentes y perturbadores, las sombras se acercaban más a la barda y algunos soldados comenzaron a experimentar pesadillas. Algunos contaban que. Veían a niños fantasmas arrastrándolos hacia el cementerio, sintiendo el frío de manos invisibles, tocándolos mientras dormían.
23:34 Yo para ese momento ya tenía unas pronunciadas ojeras. La falta de sueño y el cansancio me estaban pasando factura, pero parecía que no era el único al que le estaba sucediendo eso. Recordé que mi madre me dijo que siempre trajera conmigo un poco de agua bendita y que me hiciera una cruz en mi cabeza con un poco de ese líquido. Así que fui a la pequeña parroquia del pueblo por agua bendita. Ahí se encontraba una mujer limpiando el templo. Al verme me preguntó que se me ofrecía. Cuando le pedí el agua a la señora, amablemente me condujo a la sacristía. Ahí tenía algunas pequeñas botellas. La señora cuando me la entregó, me aseguro que cuando nos fuéramos del pueblo, todo eso que sentíamos, escuchábamos y veíamos en el cementerio se nos iba a quitar. Le pregunté si el lugar estaba maldito o qué era lo que pasaba. Ella me contó que hacía mucho tiempo un hombre llamado Juan Pedro.
24:45 Se había ido a la Ciudad de México, esto por el año de 1978. Nunca había sido buena persona el tiempo que ahí vivió, como tampoco donde vivió. Después el hombre vivió en la opulencia y se dice que fue gracias a su abuela, que fue una gran bruja, pero el mal agradecido se olvidó de ella, tanto que jamás volvió a venir a visitarla. Ni mandarle unos cuantos pesos. Se dijo que la bruja en castigo lo iría a traer al pueblo y lo sepultaría junto con ella. Cuando este muriera, sólo cubiertos con la Tierra y una cruz de madera, la señora falleció primero, pero al año siguiente falleció su nieto. Fue un acontecimiento ver a toda esa gente rica en un cortejo fúnebre.
25:44 Lo sepultaron, tal cual lo había dicho a la señora. Los hijos de Juan Pedro por un tiempo trataron de hacerle un mausoleo, pero este se derrumbó. Cualquier tumba que se le colocaba se partía por la mitad hasta que poco a poco se olvidaron del muerto. Y la tumba es sólo un montículo de Tierra con una cruz de madera que en cualquier momento se va a desbaratar. Eso es lo que vemos y escuchamos todas las noches, dijo la señora antes de ser el cuartel. Era la escuela en la que sucedieron muchas cosas que espantaban a los niños. El plantel quedó solo hasta que llegaron los soldados y lo tomaron como cuartel.
26:36 Yo le di las gracias a la señora Por el agua y me retiré de ahí. Antes de llegar al cuartel entré al cementerio para ver si lo que me había contado la señora era verdad. ¿En dónde había visto aquella sombra? Estaban 2 tumbas, la de Juan Pedro y su abuela. Sentí un escalofrío como la noche anterior, que mejor me retiré de ahí, no sin mencionar que sentía como si algo me siguiera. Volteé en repetidas ocasiones sin ver a nadie. Esa tarde salimos del pueblo para mi mala suerte fue herido de gravedad, casi morí en el enfrentamiento. Esa fue la primera vez que estuve de frente con la muerte. Aquello lo tomé como un presagio. Es por eso que no visito los cementerios, pues la segunda ocasión que me atreví a entrar a uno de ellos tuve la misma sensación.
27:39 Y nuevamente fui herido de gravedad. Así que mejor me mantengo alejado de esos sitios. Pues les tengo mucho miedo y no vaya a ser la de malas, que la tercera sea la vencida y no la cuente, pues para mí los cementerios son de mal augurio.
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