4 HISTORIAS DE TERROR DE AUTOBUSES Vol. 9 - INFRAMUNDO RELATOS
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:11 Bienvenidos a inframuntos relatos mi nombre es Alejandro y los invito a escuchar estos relatos de terror. Aquí comenzamos. Esta historia que les comparto me sucedió durante un viaje a San Juan de los lagos, en Jalisco. Un fin de semana salí de Monterrey a visitar a la Virgen. Mi intención era pagar una manda que había hecho tiempo atrás por algo que me había concedido la morenita del Tepeyac. Esta consistía en poner una veladora a las ánimas del purgatorio, pero por desidia no la había cumplido. De hecho, mis planes eran descansar y antes de regresarme, ir a la iglesia con una pequeña maleta. Me fui a la central de autobuses. Tomé la salida de las 10:00 de la mañana para llegar aproximadamente a las 9:00 de la noche y descansar del viaje. Todo transcurría normal.
1:24 De hecho, el autobús no iba muy lleno. Recuerdo que al llegar a Zacatecas. El autobús hizo una parada. Ahí se subió una señora. Cuando la vi caminar por el pasillo me llamó la atención. Vestía completamente de negro. También traía una pañoleta del mismo color sobre su cabeza que impedía poderle mirar la cara por completo. Se paró frente a mí. Su mirada era perdida, con un movimiento de su mano me hizo saber que su asiento. Era del lado de la ventanilla, por eso me levanté para que se pasara a su lugar.
2:05 Le cedí el paso, pero al rozar su vestido tuve una sensación muy extraña, algo que me puso nervioso, sin comprender porqué fue como si esa mujer trajera la muerte. Se sentó y se descubrió el rostro. Pude ver así lo pálida que era. Después de unos cuantos minutos arrancó el autobús. Durante los siguientes kilómetros recorridos, la señora No se movía, de hecho, ni siquiera parpadeaba. Miraba directamente al asiento de enfrente. De vez en cuando yo volteaba levemente para verla. Esa mujer seguía inmóvil, como si estuviera hipnotizada. Cuando comenzó a oscurecer, cerró los ojos. En serio, que respire aliviado después. Yo también intenté dormir un poco, pero todo el ambiente se tornó demasiado frío.
3:03 Así, de un momento para otro, me cubrí con una chamarra que llevaba y me puse a pensar lo bien que me pasaría ese fin de semana. Pasados unos cuantos minutos abrí los ojos porque la señora hacía un sonido como si se estuviera aguantando las ganas de reír lo que no me gustaba. Era que cuando se le escapaba algún sonido, su risa parecía de un hombre. Eso comenzó a darme un poco de miedo. Aunque tenía la esperanza de que estuviera dormida, tal vez soñaba con algo gracioso. Comencé a voltear con los demás pasajeros, pero parecía que nadie más la escuchaba. Algunos tenían audífonos, otros, con los ojos cerrados, parecían dormir.
3:53 La señora se reía cada vez más fuerte. Llegué a pensar que solamente yo la podía escuchar. Pasamos por un tramo que estaba en mal estado, por lo mismo el autobús brincó mucho, pero ni así se despertó nadie. Eso ya no me gustó para calmarme un poco. Me puse a rezar mientras lo hacía. Escuchaba que esa señora Sollozaba y de vez en cuando se quejaba como si le dolieran los rezos. O al menos eso era lo que yo me imaginaba. Así paso alrededor de media hora, llegó un momento que me aburrí de hacerlo. Entonces la extraña mujer guardó, voltee a verla. Me sorprendí que me estuviera mirando fijamente. Su mirada ya no era la misma de antes, vaga y distraída, ahora me miraba con desprecio.
4:50 Se le notaba que me quería decir algo, intentaba ignorarla, pero su mirada era tan fuerte que ya me estaba poniendo a temblar. Venciendo mi miedo. Volteé para decirle que cuál era su problema conmigo y hacerle saber que me estaba incomodando desde que se había subido en Zacatecas, pero al hacerlo la señora Ya no estaba. Sentí un escalofrío tremendo. Me impactó tanto que salte de mi asiento. No tenía para donde irse, no podía haber brincado para enfrente o para atrás porque había pasajeros, pero además ya era una señora de mucha edad. Aún así, la busque mientras lo hacía mi mente trabajaba al 1000 tratando de encontrar una respuesta, pero no la había. Todo hacía suponer que había desaparecido así de la nada. Ya no me atreví a sentarme de nuevo en ese lugar, fui a la cabina del chofer para decirle lo que me había sucedido. Su respuesta me inquietó más.
6:02 Me aseguró que en el autobús no viajaba ninguna señora, así como yo la describía. Le insistí para que se detuviera y me acompañara a revisar, pero se negó, insinuando que todo lo había imaginado. Regresé en verdad, nervioso, me temblaban las manos y los pies. Me senté a 2 lugares de mi asiento. Mi miedo era tan fuerte que sentía la presencia de esa señora detrás de mí. Eso me hizo voltear constantemente. Nunca había sentido tanto miedo como en esa ocasión. Cuando llegamos a San Juan de los lagos, me fui directamente a la iglesia para pedir por el eterno descanso de esa mujer.
6:47 Temeroso de que se me volviera a aparecer. Pero quizá me tarde un poco porque cuando llegue ya estaba cerrada todavía un poco nervioso. Camine por aquellas calles casi a obscuras y me aloje en un hotelito. Me acuerdo que la ventana de mi cuarto daba a la calle. Por eso pude escuchar los zapatos de una mujer que iban y venían sin parar. Por el cansancio pronto me quedé dormido. Ya por la madrugada desperté porque sentí una presencia. Busqué con la mirada sin encontrar a nadie, pero al voltear hacia la ventana ahí estaba la figura alta de una mujer. No lo puedo asegurar, pero a mí me pareció que era la misma de el autobús.
7:38 Cuando me persigné se desapareció lo que le resto a la noche. Me la pasé pensando que tal vez aquello me había pasado porque yo no iba con devoción a pagar mi manda. Ya era más un compromiso. Asistí a la primera misa, le encendí una veladora a esa señora y a todas las ánimas del purgatorio. Sólo así se sintió una paz. Todo el camino de regreso a Monterrey. Me fui en verdad rezando y pensando. Que cuando alguien promete algo, lo que sea, hay que cumplirlo. Además, ahora puedo asegurar que las cosas paranormales sí existen.
8:28 Mi nombre es Arturo, soy nacido en el estado de Toluca. Esto que les comparto me sucedió durante un viaje que tuve a la Ciudad de México. Me reservo la línea de autobuses que aborde porque todavía opera. Siempre me gustó viajar de noche, se me hacía más relajado. En esa ocasión, desde que agarramos carretera, el chofer aceleró como si fuéramos retrasados. Con el tiempo, en algunos tramos la carretera se encontraba en pésimo estado. Por eso el autobús se inclinaba para ambos lados, pero él no dejaba de acelerar. El ambiente entre los pasajeros se puso tenso. Porque algunos niños lloraban e incluso las gentes comenzaron a protestar gritándole al chofer muchas cosas, entre ellas que manejara con más cuidado, que no transportaba animales, sin importarle los comentarios.
9:28 Así manejo por un espacio de 40 o 45 minutos. Nos faltaba muy poco para llegar al siguiente paradero. Cuando escuchamos un tronido muy fuerte y el autobús se movió para todos lados, los gritos por el susto no se hicieron esperar y segundos después el autobús se salió de la carretera dando de brincos. Cuando por fin se detuvo, algunas personas resultaron golpeadas. En medio de la confusión y del llanto de algunas personas nos bajamos del autobús. Cuando estuve en el monte me di cuenta de que 2 llantas traseras habían tronado.
10:12 Esa parte del camión quedó casi enterrada. Poco a poco se iba pasando el susto en lo que el chofer se ponía de acuerdo. Camine rumbo al monte para hacer del baño. En eso estaba cuando a escasos metros de mí pasó una persona. No me asusté pensando que pudiera ser uno de los pasajeros del autobús que andaba en lo mismo. Nunca se me olvida. El hombre traía sombrero, una camisa blanca y llevaba un morral. Por un lado lo miré caminar con sus huaraches, silencioso, sin voltear a ningún lado.
10:54 Lo extraño es que no se escuchaban sus pasos. A unos cuantos metros lo perdí de vista. De nueva cuenta, todo se quedó sumergido en un extraño silencio. Me quedé parado porque empecé a escuchar que muchas personas rezaban, no sé, porque eso me dio un escalofrío. Eran rezos, pero en medio de la noche y en el monte eso se escuchaba escalofriante. De pronto miré un niño que, a pesar del frío que hacía, caminaba descalzo. Me sorprendió que detrás de él más personas aparecieron de entre la obscuridad y los matorrales, adultos mayores, jóvenes y niños, todos caminando hacia una misma dirección, la Ciudad de México.
11:44 Supe que no eran de mi autobús porque eran muchos. Algunos niños iban vestidos como el santo Juan Diego y las personas llevaban imágenes de la virgen de Guadalupe. Caí en cuenta de que era una peregrinación hacia la Basílica. Recordé que se aproximaba el 12 de diciembre para que no se fueran a asustar conmigo, como a mí me pasó con ellos. Saludé con todo respeto, pero noté algo extraño. Al parecer, ellos no me veían, les hablé, les grité a las personas. Nadie me contestaba, Seguían caminando como si fueran sonámbulos.
12:27 Volví a saludar, ahora más fuerte, pero el resultado fue el mismo por lo que estaba pasando. De pronto me asusté porque se me vino a la mente la posibilidad de que yo había muerto en el accidente del autobús y ni cuenta me había dado. Por eso no me veían. Me toqué el cuerpo para convencerme de que estaba vivo. Volteé a ver a las personas con temor. Fue entonces cuando las miré extrañas. Al acercarme un poco más, me di cuenta que la mayoría de ellos tenía sus rostros deformes, algunos llevaban sus ojos cerrados y otros estaban bastante desfigurados. Comprendí que todos estaban muertos e incluso la mayoría de sus imágenes estaban quebradas.
13:18 Fue tanto mi susto que no supe para dónde correr. Me quedé parado como si estuviera clavado en el suelo. Así miré pasar hasta la última aparición. Cuando todo quedó en calma, regresé a donde estaba el autobús. No comenté nada por temor a que no me creyeran. Como a la hora, llegó otro autobús y nos llevó a la Ciudad de México. Cuando llegamos me fui a la Basílica para visitar a la Virgen por 5 años seguidos. Cada 12 de diciembre así lo hice. Ya con el tiempo supe que muchas personas aseguran haber visto las ánimas de los peregrinos muertos, siempre tratando de llegar ante la presencia de nuestra señora de Guadalupe. Mi nombre es José Solís.
14:14 Esta historia que les comparto nunca la he podido olvidar. Me sucedió una ocasión que viajaba en autobús a la ciudad de Puebla. Era la primera vez que iba a visitar a unos familiares, parientes de mi papá. El viaje sería de alrededor de 7 horas. Para aprovechar el tiempo tomé la corrida de las 11:00 de la noche. Por alguna razón, cuando el autobús salió de su anden, me sentí nervioso. Para mi comodidad me tocó viajar sin acompañante en el asiento. 16. Recuerdo que no había pasado ni 1 hora. Y ya me había quedado dormido.
14:55 No sé qué horas serían cuando escuché un ruido extraño. Después de un rato, supe que ese ruido se escuchaba sobre el techo del autobús. Al ponerle atención, era el sonido de algo pesado que se arrastraba de un lado para el otro. En un principio no quise comentar nada, pero me di cuenta que los demás pasajeros también lo escuchaban. Por eso todos mirábamos hacia arriba tratando de adivinar qué era aquello. Trataba de encontrarle una explicación, pero no me podía imaginar qué cosa podría ser. Porque a pesar de que el autobús se encontraba en movimiento y a gran velocidad se mantenía arriba, como el ruido no paraba entre los pasajeros, comenzamos a cuestionar el origen de aquellos ruidos.
15:49 Algunos aseguraban que pudieran ser ramas atoradas que con el viento hacían ese sonido. Otros e incluso contaban que ya se había dado el caso de aves nocturnas que chocaban con el autobús en movimiento. Así estuvo por algunos minutos hasta que dejó de escucharse. A pesar de eso, seguía la incertidumbre. Después parecía que golpeaban las ventanas y los costados del camión. Algunos pasajeros, incluyéndome, nos asomamos para afuera, pero por la obscuridad no se podía ver nada.
16:31 Pasó el tiempo y estuvimos escuchando todo aquello hasta que de pronto cesó. Como todo, siguió en calma. Minutos después decidí cerrar los ojos para dormir un rato más. No sé qué pasó. Sentí algo como un mal presentimiento que me hizo abrirlos de nuevo. Cuando lo hice, miré pasar por el algo horrible. Era una criatura alta y muy delgada. Nada que se asemejara a un humano. Quizá lo imaginé, pero tenía grandes orejas, un gran hocico, además de largas manos. Caminó despacio, como si buscara a una persona entre los pasajeros. Todo fue tan rápido que no me dio tiempo para reaccionar. Lo último que alcancé a ver fue una cola larga que iba arrastrando y que golpeaba los asientos por segundos. Me quedé sentado creyendo que había sido parte de un sueño porque nunca había visto una cosa tan extraña, aunque la realidad era que me sentía muy despierto titubeando, me asomé rumbo a la parte de atrás del autobús. Pero no había nada ni nadie.
17:46 En medio de aquel silencio podía escuchar como un bufido en todo el autobús. En ocasiones parecía escuchar que venía de regreso arrastrando los pies, pero nunca apareció. No frente a mí, aunque se podía sentir su presencia, a pesar que no miraba nada, se me aceleró el corazón. Tal vez porque pensé que lo que había visto pasar a mi lado era el diablo cheque la hora y apenas pasaban de las 3:00 de la mañana. No me da pena decir que por miedo me aguanté las ganas de ir al baño pensando que esa criatura se escondía en la parte de atrás del autobús.
18:34 Así transcurrió el tiempo hasta que la luz del sol me sorprendió despierto. Temeroso por lo que había visto, pasado un rato llegamos a la ciudad de Puebla. Cuando me bajé del autobús me volvió el alma al cuerpo. Nunca supe en realidad que fue lo que pasó, ni siquiera que era aquella criatura que miré. De lo que si estoy seguro es que esa ha sido la peor de mis experiencias que me hizo no subirme por muchos años en un autobús.
19:15 Esto que les comparto en realidad no solo me pasó a mí, fue en una ocasión que teníamos que hacer un viaje de urgencia acompañando a mi abuela. Llegamos deprisa a la central de autobuses de la ciudad, serían casi las 8:00 de la noche. Esa era la hora que saldríamos a la ciudad de San Luis Potosí después de comprar los boletos. Nos apuramos porque. Mi abuela me dijo que el autobús estaba por salir checo el número del camión y corrimos hasta el último de los andenes, donde estaba un camión prendido. Nos subimos y nos acomodamos a mitad del camión sin importar que no hubiera nadie arriba, ni siquiera el chófer. Al paso de los minutos supimos que solamente nosotros viajaríamos porque ya no subió nadie más. Yo me senté del lado de la ventana, escuchamos que se subió el chofer, cerró la puerta de la cabina, le dio de Reversa al autobús e inició el viaje.
20:23 Aunque yo estaba muy joven, se me hacía extraño que no pasaran a pedirnos los boletos. Después de circular por una carretera solitaria, el autobús agarró un camino de terracería y aceleró sin importarle los baches. Minutos después de tantos brincos se detuvo en un rancho. Por curiosidad me puse a ver por la ventana. Se bajó el chofer sin apagar el autobús y enseguida comenzaron a subir maletas o cajas en el compartimiento del equipaje. Parecía que todo lo hacían con prisa porque las aventaban sin ningún cuidado. Pude ver que de una casa salió una fila como de 15 mujeres jóvenes, todas con las manos atadas y vendadas de los ojos, custodiadas por 2 hombres armados que les hablaban con malas palabras para que subieran de prisa al autobús. Algunas de ellas les golpeaban.
21:27 Las piernas, con una vara, fueron ocupando los primeros asientos hasta llenar la mitad del autobús. Algunas de ellas se notaban golpeadas de sus rostros e incluso con sangre escuchábamos como respiraban, con dificultad y otras simplemente sollozaban. Seguramente todas habían sido violentadas por esos hombres. En ese momento supe que algo realmente malo estaba pasando. Después que cerraron el autobús, 2 hombres empezaron a revisar a las mujeres 1 * 1. De verdad que las trataban como si fueran animales.
22:08 Hasta donde estábamos podíamos escuchar como las golpeaban y les decían Groserías. A ninguna de esas mujeres las escuchamos hablar. Mi abuela y yo, más que nerviosos, ya estábamos con una terrible angustia. Con horror mirábamos cómo se iban acercando poco a poco. Hasta donde estábamos nosotros escuchaba rezar a mi abuela. Con tanto miedo que me lo transmitía cuando estuvieron al alcance de nuestra vista, aún siendo pequeño, presentí. Lo peor eran hombres corpulentos, muy tatuados y de gruesa voz. Uno de ellos, el más alto, traía en su brazo la imagen de la muerte.
22:54 Aunque quisiéramos, no había donde escondernos cuando revisaron a la última de aquellas pobres muchachas, uno de los hombres. Volteó a vernos. ¿Se sorprendió mucho? Nos preguntó de muy malos modos que estábamos haciendo ahí, a lo que mi abuela le respondió que íbamos a la ciudad de San Luis. Me llené de terror cuando nos dijo que ya nos había cargado el diablo. El hombre, bastante enojado, le habló a su compañero. Me acuerdo que sentía un miedo, que no lo puedo describir con simples palabras. Cuando nos miró también se sorprendió mucho, se secretaron entre ellos por unos segundos, luego nos dijeron que ahorita iban a ver lo que harían con nosotros. Se metieron a la cabina por unos minutos, luego escuchamos cuando discutieron a gritos.
23:54 El tiempo transcurría en medio del sufrimiento de aquellas mujeres. Además del nervio y el miedo de nosotros, fueron los minutos más angustiantes de mi vida. Estoy seguro que también mi abuela la estaba pasando muy mal. Mi abuela comenzó a rezar en voz alta mientras trataba de ocultarme entre sus brazos. Cuando escuchamos que aquel hombre se aproximaba, me dieron fuertes escalofríos. Porque pensaba que nos harían daño. Para mi sorpresa, el autobús se paró afuera de la central. Uno de los hombres llevó a mi abuela para hablar con ella. Al final del camión yo me quedé solo, asustadísimo imaginándome lo peor.
24:42 Después de unos minutos, mi abuela regresó y comenzó a juntar nuestras pocas pertenencias. Esos hombres nos permitieron bajar. No sin antes advertirle a mi abuela que no se le olvidara en lo que habían quedado. Después que estuvimos abajo se fue el autobús a toda velocidad. Aún temblando, nos metimos a la central a tomar algo para el susto. Ya no hicimos el viaje a San Luis porque perdimos la salida y ya no teníamos dinero suficiente para comprar otros boletos. La verdad, en ese momento no nos importó.
25:26 Ya en casa supe que mi abuela los convenció, que había tenido una terrible confusión al subirse al autobús equivocado porque apenas sabía leer. La amenazaron con matarnos a los 2 si decía alguna palabra de lo que habíamos visto para demostrarle que no estaban jugando. Le quitaron sus papeles de identificación. Mi abuela nunca quiso hablar de eso, ni siquiera conmigo. Ahora a mi edad entiendo que por equivocación nos subimos a un camión donde transportaban mujeres secuestradas. Tal vez las repartían para varias ciudades.
26:07 Quizá a esas personas les parecimos ignorantes o insignificantes. Seguramente no miraron ninguna clase de peligro en nosotros, por eso nos dejaron bajar. Todos los días mi abuela rezaba por todas aquellas mujeres hasta el día de hoy, que ya han pasado muchos años, que ya no está mi abuela. No me puedo borrar de la memoria el recuerdo de aquellas mujeres, sus quejidos, sus llantos. Pero sobre todo agradezco la segunda oportunidad que gracias a Dios tuvimos de vivir.
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