Oct. 30, 2025

4 HISTORIAS DE HALLOWEEN ATERRADORAS 🎃 RELATOS DE TERROR REALES

4 HISTORIAS DE HALLOWEEN ATERRADORAS 🎃 RELATOS DE TERROR REALES
4 HISTORIAS DE HALLOWEEN ATERRADORAS 🎃 RELATOS DE TERROR REALES
Inframundo Relatos De Terror
4 HISTORIAS DE HALLOWEEN ATERRADORAS 🎃 RELATOS DE TERROR REALES

📍🎃 Bienvenido a Inframundo Relatos de Terror.En este especial escucharás 4 historias de Halloween tan oscuras que pondrán a prueba tu valentía. No son simples cuentos… son experiencias narradas con un realismo que te acompañará incluso después de apagar la luz.

0:01 Bienvenidos a octubre. Esta noche abre bien los ojos y cierra la puerta, porque lo que escucharas no son simples historias. Son cuatro relatos oscuros acontecidos en Halloween, donde el frío se mete en los huesos, las calles guardan secretos malditos y hasta el silencio parece tener vida propia. Prepárate, apaga la pequeña luz de tu habitación porque esto es Inframundo, el pañuelo de la bruja, basado en la anécdota de Lorena Castañeda.

0:46 Relatos de Halloween. Me llamo Lorena Castañeda y lo que voy a contar ocurrió en Halloween del 2019, una fecha que la mayoría asocia con dulces, fiestas y disfraces. Para mi familia desde aquel año es una herida que no ha cerrado lo que sucedió. No fue una broma, ni un juego de la mente. Fue real, tangible y dejó cicatrices que aún sangran. Mi hermana menor mariela y yo estudiábamos en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Trabajábamos medio tiempo en una cafetería y como nunca salíamos a fiestas.

1:32 Una amiga nos insistió en ir a una reunión que organizaría en su casa para celebrar Halloween. Por presión y por salir de la rutina, aceptamos la noche anterior a la fiesta. Nuestra amiga avisó que sería de disfraces. No teníamos nada preparado. Después del trabajo, decidimos pasar por el mercado de la merced a ver qué encontrábamos. La mayoría de los locales ya estaban cerrando, pero en una esquina solitaria había una mujer anciana con un pequeño tenderete improvisado. Vendía máscaras de plástico, capas baratas, sombreros de bruja.

2:14 Y algunos trapos sucios con diseños de calaveras. Yo elegí un vestido negro que podía combinar con un sombrero viejo que tenía en casa. Mariela, sin embargo, se sintió atraída por un pañuelo morado bordado con hilos dorados. Tenía un diseño extraño en el centro, como una espiral rodeada de símbolos que nunca había visto. La anciana lo envolvió en una bolsa negra y, sin decir palabra, nos cobró. Caminamos de regreso con una sensación pesada, pero lo atribuimos al cansancio. La noche de Halloween comenzó como cualquier otra.

2:57 Mariela. Se colocó el pañuelo amarrado al cuello como parte de su disfraz y se veía espectacular en el trayecto. Noté que su piel empezó a empalidecer. Al llegar a la fiesta ya no hablaba, apenas cruzamos la puerta, cayó al suelo, creímos que se había desmayado, pero cuando la revisaron tenía fiebre alta, la piel del cuello estaba llena de manchas negras y su respiración era muy débil. La llevamos al hospital general de Oaxaca. Los doctores no encontraban explicación para su Estado, le hicieron pruebas de alergias, intoxicaciones. Infecciones, pero nada coincidía. Las manchas se expandieron, su cuello se tornó morado, luego verdoso, como si la piel muriera en vida. La internaron en terapia intensiva y nos dijeron que estaba en estado crítico.

3:56 Nadie entendía cómo un simple pañuelo pudo desencadenar aquello. Pasaron los días, mariela, no despertaba. Su cuerpo mostraba señales de necrosis desde el cuello hasta la espalda. Mi madre enloquecía de impotencia y mi padre se aferraba a rezar cada noche afuera del hospital. Yo me volví un espectro de mí misma. Cargaba la culpa sobre los hombros, pues fui yo quien la llevó hasta ese maldito puesto. Fui yo quien ignoró la sensación extraña que sentí al ver a esa anciana. Una vecina no recomendó visitar a una mujer que hacía limpias en San Agustín Etla. En un principio me negué, pero ya no había opciones. Fui a buscarla un viernes por la tarde. La casa era pequeña, rodeada de veladoras apagadas y figuras de santos rotos.

4:57 Cuando le conté lo ocurrido me interrumpió para preguntarme si aún tenía el objeto que había usado mi hermana. Le mostré el pañuelo. La mujer no lo quiso tocar. Me dijo que eso no era una prenda común. Alguien la usó para envolver el cuerpo de una bruja que había sido enterrada viva décadas atrás. Una mujer que murió maldita, con odio y que juró regresar a través de lo que tocaran sus huesos. El pañuelo había sido encontrado en una exhumación clandestina en tsáchila. Y vendida como antigüedad por personas que ignoraban su origen.

5:40 La mujer me dijo que el espíritu de esa bruja había vuelto a través del pañuelo, alimentándose de la vida de mi hermana. Si no se destruía el vínculo, mariela moriría. Esa noche quemamos el pañuelo en un terreno alejado bajo la guía de la Curandera. El humo que salió era denso, verdoso y olía a carne quemada. Al día siguiente mi hermana despertó. Tenía los labios secos, los ojos perdidos, pero estaba viva. Los médicos no supieron explicar su recuperación repentina. Dijeron que era un milagro. Las manchas en su piel fueron desapareciendo con el tiempo. Aunque algunas cicatrices aún le recorren la espalda como raíces muertas, nunca volvió a ser la misma. Tiene sueños extraños, habla dormida y a veces se queda mirando a la nada con una expresión helada. La anciana del mercado nunca volvió a aparecer. El lugar que ocupaba estaba vacío. Al día siguiente nadie la conocía, nadie supo quién era. Desde entonces no celebramos Halloween, no por miedo a los disfraces o a las historias de miedo, sino porque. Sabemos que lo sobrenatural no siempre se esconde bajo la cama. A veces viaja en la tela de un

7:10 objeto viejo y cuando se activa no pide permiso para arrastrar a alguien al infierno. La anciana de la puerta basada en la anécdota real de Ernesto Quintero. Relatos de Halloween. Buenas noches comunidad, me llamo Ernesto Quintero. Lo que voy a relatar sucedió en la noche de Halloween del 2015, en un barrio al sur de Guanajuato. Aquel año, como muchas otras veces, me quedé solo en casa. Mis padres habían viajado a San José Iturbide para pasar el fin de semana con mis abuelos y se llevaron a mis 2 hermanos menores.

8:01 Yo preferí quedarme. Era un adolescente con pocos ánimos de convivios familiares. Esa tarde la pasé con unos amigos jugando videojuegos y molestando a los niños que pedían dulces por el vecindario. Al anochecer regresé a Casa, vi una película de terror, cene algo rápido y me acosté en el sillón. Eran la 1:00 de la madrugada cuando apagué la televisión y me levanté para subir a mi cuarto. Justo cuando apagaba la luz de la sala, escuché que tocaban la puerta. Pensé que era una broma. A esa hora ya no había nadie afuera.

8:44 Al asomarme por la Mirilla VI a una anciana. Me quedé congelado. Era doña Romualda, una mujer que vivía a 2 calles, conocida por andar siempre sucia. Con el cabello desgreñado y hablando sola, decían que tenía problemas mentales y que alguna vez había vivido en un hospital psiquiátrico. Un día antes mis amigos y yo nos habíamos burlado de ella. En la calle le gritamos cosas mientras ella nos miraba con desprecio. Supuse que había venido a reclamar, pero algo no cuadraba. No se movía. Estaba ahí tiesa, frente a la puerta. Su vestido estaba mojado a la altura de la entrepierna y un olor fuerte a orina traspasaba incluso la madera. Llevaba una camiseta sin mangas, con las axilas manchadas, sudorosas y su piel arrugada colgaba como costales viejos. Me acerqué lentamente para abrir, no por cortesía, sino por miedo.

9:50 Quería que se fuera cuando la puerta se entreabrió. La peste me golpeó directo al estómago. El aliento que salía de su boca era asqueroso. Sus dientes estaban podridos, cubiertos de una espuma amarillenta. No logré entender lo que dijo, sólo hizo un sonido gutural, como si intentara hablar sin aire. Di un paso atrás, la empujé con instinto y ella cayó sobre la banqueta. No gritó, no se enojó, se echó a reír como una desquiciada. Le cerré la puerta en la cara. Comencé a caminar hacia las escaleras, pero antes de subir escuché que volvía a golpear, no con los nudillos, sino con los puños.

10:38 Fuerte era como si golpeara con furia, con una fuerza descomunal para su edad. Me acerque de nuevo. Apoyando el cuerpo contra la puerta para evitar que la abriera, sentí como algo empujaba desde afuera, cada vez con más intensidad. Mi corazón latía con violencia. Me sudaban las manos, escuchaba su risa. Del otro lado, una carcajada aguda que subía de tono mientras presionaba contra la puerta. No había nadie más con ella. No oía pasos ni voces. Era sólo esa vieja, empujando con una energía antinatural, rasguñaba la madera, hundía las uñas en el marco. Imaginé que si lograba entrar me mataría. No sabía qué hacer, quería correr por la parte trasera de la Casa, salir por la cochera, pedir ayuda. Pero no podía moverme.

11:37 Estaba paralizado del miedo. Luego todo se detuvo, la risa, los golpes, los empujones. Un silencio absoluto cubrió la casa. Espere varios segundos. Me alejé de la puerta con cautela. Cuando creí que todo había acabado, sentí un soplo helado sobre mi nuca. No quería voltear, sabía lo que encontraría, pero algo me obligó a hacerlo. Ahí estaba, pegada a mi espalda, su cara tan cerca de la mía que podía sentir el calor de su aliento. Su mirada era vacía, pero llena de rencor.

12:19 No me gritó, no se movió, sólo me observaba con una sonrisa torcida, una mueca deformada. La piel del rostro colgaba como si estuviera derritiéndose. Sus ojos eran lechosos, opacos, como los de un muerto. Me desmayé, desperté tirado en el piso de la sala, me había orinado encima, apenas me puse de pie, la puerta se abrió. Entraron mis padres, iban vestidos de negro, cargaban bolsas con pan y flores, venían del velorio de un vecino, me vieron en el suelo pálido, temblando con los ojos llenos de terror.

12:59 No entendía nada, les conté lo que había pasado, no me creyeron, revisaron la casa, no había rastros de nadie, revisaron la calle vacía. Entonces me dijeron lo que me rompió por dentro. La persona que acababan de enterrar era doña Romualda. Había muerto esa tarde. Una embolia la encontró sola en su cama. Nadie notó su ausencia hasta que su cuerpo comenzó a oler y los vecinos llamaron a la policía. Jamás volví a dormir tranquilo en esa casa cada Halloween, aunque lo intente, no puedo cerrar los ojos sin imaginar su rostro pudriéndose frente a mí.

13:45 Sus uñas arañando la puerta y su aliento helado soplándome la nuca un niño bajo la cama, relato basado en la experiencia de Daniela Herrera. Relatos para noches de Halloween. Hola comunidad de Inframundo, mi nombre es Daniela Herrera. Soy originaria de Querétaro. Esto ocurrió en la noche de Halloween del 2013, cuando tenía 22 años. Aquel día estaba esperando a un amigo en el parque de la esquina, cerca de mi edificio, mientras acariciaba a mi gato saúl, que dormía entre mis brazos. Fue entonces cuando lo vi un niño de ropas blancas como disfrazado de fantasma.

14:41 Apareció jugando a pocos metros de donde yo estaba sentada. No lo escuché llegar, simplemente apareció. Llevaba una túnica blanca manchada de Tierra y una máscara con forma de calavera que le cubría completamente el rostro. Corría de un lado a otro sin hacer ruido alguno, sin soltar ni una sola risa. Era más bien una coreografía de movimientos torpes, casi como si imitara lo que había visto hacer a otros niños. Se detuvo frente a mí, fijando sus ojos a través de los orificios de la máscara. No en mí, sino en saúl, sentí un escalofrío.

15:24 El Niño no dijo nada, solo se acercó lentamente, estirando los brazos hacia el gato. Quise hablarle, pero. Algo me contuvo. En ese momento llegó Alan, un amigo con quien había estado enojada. Los días anteriores Subí a su auto y nos fuimos a su casa. La cena con su familia fue tranquila, cálida. El ambiente era relajado. Ya en el camino de regreso no reconciliamos y me dejó en la puerta de mi edificio pasadas las 12. Esa noche me dormí con el alma liviana. Sintiendo que todo volvía a acomodarse en su sitio. Pero la calma fue efímera.

16:10 A las 3:00 de la madrugada me despertaron los maullidos desesperados de Saúl, provenían de debajo de la cama. A ratos lloraba, a ratos gruñía, intenté llamarlo, pero no respondió, encendí la lámpara de buró, no funcionó, me incorpore, bajé los pies al suelo. Y justo al tocar el piso sentí que algo empujó el colchón desde abajo con violencia. El golpe me sacudió la columna y un grito se me atoró en la garganta. Salí corriendo del cuarto temblando, descalza, sin rumbo. Me detuve en el comedor, abrazándome a mí misma tratando de encontrar una explicación.

16:55 Pensé en ratas, en alguna vibración. Cualquier cosa. Pero algo se había movido bajo mi cama, algo que no debía estar allí. Los maullidos regresaron, ya no eran de angustia, sino de sufrimiento. Decidí regresar. Saúl era lo único que tenía, apenas entré, el silencio me envolvió, toqué el interruptor, nada, todo seguía en penumbras, me acerqué a tientas hacia la cama, llamándolo una vez más. Fue entonces cuando escuché un susurro. Como un aliento húmedo y frío que salía desde una de las esquinas de la habitación, giré lentamente.

17:37 En la penumbra distinguía una silueta agachada. Un niño vestía la misma túnica blanca y la misma máscara de calavera, pero ya no parecía un disfraz. Su cuerpo era desproporcionado, con los brazos más largos que las piernas y los dedos deformes. Tenía en sus manos a saúl. En una, el cuerpo inerte, en la otra, la cabeza separada, la sangre goteaba sobre el suelo, formando un charco denso que parecía moverse por sí solo. Retrocedí con un grito contenido. Aquella cosa levantó el rostro. Desde la máscara salían chorros de un líquido negro espeso como alquitrán.

18:23 El Niño no respiraba, no se movía, pero estaba vivo. Sus ojos brillaban desde los agujeros como brasas apagadas. Fué en ese instante cuando corrí. Golpeé la puerta del vecino con los puños hasta que abrió. Le rogué que llamara a la policía. En cuestión de minutos. Varios vecinos estaban reunidos afuera de mi departamento. Cuando los oficiales entraron, no hallaron al niño. Revisaron cada rincón. No había ventanas abiertas ni salidas ocultas. Yo vivía en el quinto piso, no había forma de que alguien escapara. Sin ser visto, encontraron el cadáver de Saúl, tal como lo vi, el cuerpo y la cabeza separados, con una precisión inhumana. Esa noche dormí en casa de alán.

19:17 Le conté todo esperando su comprensión. No la obtuve, dijo que era imposible. No porque no creyera en fantasmas, sino por lo que él había visto. Me confesó que cuando llegó por mí al parque no había ningún niño jugando cerca. Él había estado observando desde antes de que yo lo notara. Nunca vio al supuesto niño de blanco. Según él, yo estuve sentada sola todo el tiempo. No le insistí, me fui, pero desde entonces no he podido dormir en completa oscuridad. Aquella cosa no era un niño, era una presencia disfrazada, una sombra vestida con la inocencia robada de algún infante que ahora camina las noches de Halloween buscando tocar lo que aún está vivo.

20:08 Nunca más volví a ver al niño de blanco, pero a veces, cuando cierro los ojos aún escucho los maullidos de saúl y en mi mente el sonido de algo húmedo. Arrastrándose bajo la cama, la última puerta basado en la anécdota de Héctor Camacho, relatos de Halloween me llamo Héctor Camacho trabajo como vigilante nocturno en una bodega de materiales ubicada al final de la Avenida Obregón, en ciudad madero, Tamaulipas.

20:51 Lo que estás por leer no es una leyenda ni una exageración, es lo que viví una noche de noviembre, pocos días después de Halloween y que me dejó marcado para siempre, el trabajo como velador era tranquilo, solo debía hacer rondines cada 2 horas, revisar cámaras y asegurarme de que las puertas y candados permanecieran cerrados con el tiempo. Aprendí a moverme entre los pasillos oscuros sin miedo. La bodega es amplia, con techos altos de lámina, estanterías oxidadas, montones de costales y una puerta trasera que da a un terreno baldío lleno de maleza. Esa puerta siempre me pareció extraña, no porque fuera diferente, sino porque nunca tenía llave. Nadie sabía quién la instaló ni porque jamás se usaba esa noche. La brisa del Golfo era fuerte y traía consigo un olor rancio como a carne mojada.

21:55 Desde el inicio de mi turno sentí una presión en el pecho, una especie de ansiedad que me erizaba la nuca. Pensé que era el frío. Encendí el calentador eléctrico de la caseta y revisé las cámaras. Todo estaba normal al dar la primera ronda. El foco del pasillo central parpadeaba con intensidad. Lo cambié por uno nuevo, pero seguía fallando las sombras que proyectaban las tarimas vacías. Me ponía nervioso en el segundo pasillo. Sentí que algo pasaba por detrás. Giré de inmediato, pero no había nada. Sólo el crujir del techo y el zumbido de las lámparas regrese a la CASETA, pero algo me hizo voltear a la pantalla de la Cámara 3.

22:46 La puerta trasera estaba abierta. Salí de inmediato, la encontré cerrada con el candado puesto. Fui a revisar la grabación, pero el sistema marcaba error. Sólo se veían rayas distorsionadas y un sonido blanco ensordecedor. Apagué la computadora, el corazón me latía con fuerza. Había un presentimiento denso, pegajoso, como si algo me rodeara. A las 3.27 minutos, mientras me preparaba café, escuché pasos, primero suaves, luego más marcados. Provenían del fondo donde está la puerta trasera.

23:27 Agarré la linterna y salí. El pasillo parecía más largo que de costumbre. Las sombras parecían moverse como si respiraran vi la puerta estaba entornada. El aire helado soplaba desde el otro lado y con el un olor penetrante a podrido, como si alguien hubiera dejado carne muerta bajo el sol. Durante días. Me acerqué, pero antes de tocarla algo le empujo desde adentro. Una figura salió corriendo entre los pasillos. Corrí tras ella. Iba vestida de blanco, era baja, casi como un niño, pero sus movimientos eran torpes y erráticos.

24:10 Como si no supiera cómo usar sus propias piernas, se desvaneció detrás de una estantería. La seguía hasta una zona donde se almacenan costales de cemento. Allí estaba de pie, de espaldas. Su cuerpo temblaba, la lámpara del techo reventó en ese instante y el lugar quedó en penumbra. La linterna alumbró su espalda, estaba cubierta de un camisón sucio y desgarrado. Tenía la cabeza ladeada. Casi desencajada y su cuello era anormalmente largo. La criatura giró lentamente. No era un niño, tenía la cara pálida, sin labios, los dientes expuestos como huesos rotos y los ojos eran sólo cavidades negras de donde salía un líquido espeso.

25:00 Su piel colgaba como trapos quemados. El pecho estaba abierto, pero no sangraba. Y en su interior sólo se veían costillas, ennegrecidas y lo que parecían insectos vivos. Di un paso atrás y caí de espaldas. El espectro se acercó sin hacer ruido, a rastras a centímetros de mi rostro. Sentí su aliento frío, seco. Cerré los ojos, pero cuando los abrí estaba solo la bodega silenciosa, el pasillo vacío. No regresé a la CASETA. Me quedé sentado en ese rincón hasta que el sol comenzó a asomar.

25:43 Cuando llegó el supervisor no dije nada, revisamos las Cámaras, todas fallaban, excepto la que apuntaba a la entrada principal. En ella se me veía salir con la linterna y nada más. El resto del sistema no había grabado nada durante 3 horas exactas. Esa noche no volví. Pedí un cambio de turno, pasé 3 semanas sin dormir bien. Tenía pesadillas en las que aquella criatura se arrastraba hasta mi cama y me olía. Siempre despertaba con los pies helados y el olor a carne podrida en la nariz. Me llamaron de la empresa.

26:24 Un nuevo velador había sido contratado. Duró sólo 2 noches. En la segunda lo encontraron golpeado, arañado. Murmurando cosas sin sentido. En la esquina de la caseta decía que la puerta respiraba, que alguien le hablaba desde dentro lo internaron. La bodega fue clausurada, pero no por lo que ahí ocurrió, sino porque encontraron restos humanos enterrados en el baldío. Trasero 5 cuerpos, todos incompletos con las extremidades separadas. Las autoridades dijeron que se trataba de algún ajuste de cuentas, pero los peritos no pudieron determinar la fecha de muerte.

27:11 Los huesos eran recientes, pero al mismo tiempo estaban como momificados. Nunca más volví a acercarme a esa parte de la ciudad, pero lo que vi esa noche no fue un muerto ni una alucinación. Fue algo más viejo que el dolor, una cosa hambrienta. Atrapada detrás de una puerta maldita, tal vez una bruja que murió sola y fue cubierta con cemento. O tal vez alguien abrió lo que nunca debió abrirse. A veces, cuando paso cerca del puerto, siento el mismo aire frío y me llega ese olor rancio otra vez. No importa si cierro los ojos, no importa si rezo o grito. Siempre que eso pasa, escucho pasos pequeños. Arrastrados como si alguien caminara con los huesos. Partidos, querida Comunidad, espero que esta entrega les haya gustado.

28:13 Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos. Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue Inframundo, relatos.