4 Creepypastas Aterradoras de GASOLINERAS
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0:00 Hemos hablado de bastantes fenómenos paranormales en la carretera, pero si te digo que existen otras historias, anécdotas que nos narran los suscriptores ocurridas en la gasolinera, puesto que están al lado del camino e inexplicablemente ocurren sucesos bastante aberrantes, te invito a quedarte hasta el final. Apaga la pequeña luz de tu habitación. Comenzamos. El traje confesión por Liliana coli relaados de gasolineras. Tengo la esperanza de que pueda narrar lo que les voy a relatar. Esto me sucedió mientras trabajaba en una gasolinera. Al sur de la ciudad de Oaxaca, por acá pasan muchos vehículos que constantemente se mueven para los destinos de costa o de regreso en una ocasión, luego de que cargamos un auto con gasolina y se fue, notamos que había dejado una bolsa en el piso, parecía basura.
1:24 Así que uno de los empleados lo tomó maldiciendo que la gente fuera tan sucia como había que revisar, que era lo que contenía para colocarlo en el contenedor correcto. Lo dejaron a un lado para revisarlo de forma posterior. Pasaron las horas y hasta que nos tocó un descanso de madrugada pudimos observar. ¿Cuáles eran los contenidos de esa bolsa plástica que se veía tan inocente? Estaba presente cuando la abrieron, era un traje completo de 3 piezas, se veía caro y limpio.
2:08 No entendíamos porque alguien querría tirarlo, de forma que uno de los compañeros llamado Luis, que parecía ser al que mejor le calzaba, quiso quedárselo. No hubo nadie que se opusiera, pero por diversión le dijimos que fuera a probárselo para constatar que le quedaba bien. Fue al baño a ponerse la ropa, pero estaba tardando demasiado tiempo. Fuimos a tocar su puerta. Le comenté que no podría verse tan mal como para no querer salir. Estábamos haciendo bromas sobre lo que pasaba cuando. Comenzamos a escuchar gritos al interior de los sanitarios. Pronto uno de los trabajadores empezó a dar patadas a la puerta para liberarla, pero parecía estar completamente bloqueada desde el interior.
3:07 Los gritos de ayuda de Luis Sonaban demasiado apremiantes como para no hacerles caso. Nos unimos todos los presentes para derribar la puerta. Finalmente, después de varios golpes y que trajeran una barreta para aflojar los goznes, el material cedió y pudimos pasar. Vimos a Luis acostado en el piso. Estaba hecho un ovillo tomando las rodillas con fuerza. Cuando me acerqué a ayudarlo a levantarse, notamos que estaba en ropa interior. Ni siquiera había alcanzado a ponerse el traje. La ropa no estaba en ningún sitio para ser encontrada. Luis tenía los ojos desorbitados por el miedo. No podía respirar de forma adecuada. Tuvimos que darle varios tés calientes. Y ayudarlo con una manta para que pudiera recuperar sus 5 sentidos y contarnos qué es lo que le había estado pasando de tanto miedo que tenía.
4:21 No se quería volver a poner ni su ropa, aunque le insistimos, Claro, cuando nos contó qué le había pasado, entendimos perfectamente por qué no tenía la mejor intención de ponerse nada encima. Dijo que desde que tocó el traje con las manos desnudas supo que había algo mal con esa cosa. Notó que le daban escalofríos, simplemente sentir la tela. Luego, cuando extendió los pantalones con la intención de colocarlos encima, había algo que le decía que no se los pusiera, pero como se le hizo una tontería no colocarse una prenda de ropa. Simplemente ignoró esas sensaciones y alargó los brazos colocando una pierna dentro del pantalón. Y en ese instante sintió como la tela se le pegaba al cuerpo de forma antinatural.
5:23 Era como si tuviera una serie de pequeñas agujas dentro que se le enterraban en la carne. Eso era lo que nosotros habíamos escuchado fuera. Cuando empezó a gritar de angustia, luego de que quiso quitárselo, comenzó a retorcerse la otra pierna alrededor de su piel, multiplicando el dolor por montones. En ese momento cayó al piso por el dolor. Estaba pateando al pantalón sin éxito, cuando vio de reojo como el resto de las piezas del traje comenzaban a arrastrarse por el piso del azulejo.
6:06 Con un siceo amenazador que no dejaba duda las intenciones de esas prendas poco naturales, no tenía idea de qué más podía hacer. Pero como al tratar de levantarse rompió el lavabo del baño y el agua comenzó a correr por todas partes, noto que el traje rehuía el contacto con el agua. Entonces se le ocurrió sumergir la pierna en el líquido. Inmediatamente supo por qué no quería que él lo tocara el agua. Los hilos del traje comenzaron a quemarse con el contacto del líquido y era como si ardieran sobre la piel de Luis, que tenía aún pegado el pantalón al sentir esa descarga de dolor. La ropa dejó a la presa y se alejó arrastrándose, como si alguien la estuviera jalando a la oscuridad del baño, con las piernas sangrando de los pequeños puntos que dejó la tela vio entre las sombras como el traje se levantaba con la silueta de un hombre de buen porte, cuyos ojos lo veían desde la oscuridad, brillando con un tono rojizo lleno de odio. Fue entonces que finalmente pudimos pasar por la puerta. Como se distrajo de la figura,
7:37 no hubo manera de saber qué había pasado con las piezas del traje o el hombre o ente que finalmente se manifestó al perder oportunidad de matarlo o al menos provocarle demasiado dolor. Ninguno teníamos certeza o explicación para lo que había pasado. Después de todo ese ajetreo, decidimos buscar a conciencia las piezas de esa ropa, pero no encontramos más que un rastro húmedo que se perdía en el cerro como marcas de unos pies gigantes, junto a una línea de agua que parecía corresponder alguna tela que va arrastrando. Luego de ese encuentro no nos tocó verlo de nueva cuenta. Pero nuestro compañero tuvo que descansar varios días, no dejaba de tener sueños extraños donde una persona trataba de llevárselo a la selva.
8:49 El jinete confesión por Eduardo Garza, relatos de gasolineras. Llevo trabajando como despachador de gasolina, al menos unos 10 años de este chamaquito, me metía esto porque había una gasolinera cerca de mi casa y mi papá trabajaba en esto, así que no se me hizo mal la chamba, ahora trabajo en el turno de día que siempre deja más dinero. Pero tengo unas anécdotas medio raras que me pasaron estando en el turno de en la noche. Parece que cuando el Sol abandona al mundo y las horas se hacen largas por la soledad de estar despierto de madrugada se urden cosas extrañas que quedan registradas en la vigilia, de los que no nos queda otra que andar activos a la hora del diablo.
9:54 Por acá de cuando en cuando nunca identificamos bien un patrón porque era bastante caprichosa. La aparición se nos mostraba entre el aire frío de la noche, la figura de un jinete. Ya era suficientemente raro ver a alguien pasar por ahí en la madrugada, más aún a un hombre a caballo, cuando no estamos en una zona ni remotamente rural. Quizá lo único que nos anunciaba la presencia maligna era un aroma azufre que flotaba en el aire, además de que se ponía todo denso, como si quisiera ver niebla, pero el vapor y las condiciones no bastaban bajo ese influjo que se notaba como si fuera un filtro de una película de terror.
10:52 Comenzaba el trajín de la aparición. Al principio los cascos de un caballo corriendo entre el asfalto anunciaban por adelantado que el lente vendría después de unos minutos. Podrías notar en el fondo de alguna de las 4:00 direcciones de la gasolinera que se asomaban algunos puntos de fuego en la distancia. Era como ver a varias velas quemándose. Mientras avanzaba hacia nosotros. Después de eso podríamos ver a su caballo negro como la noche, pero de pelaje tan brillante que las luces de las farolas lo iluminaran arrancando reflejos de plata a su piel.
11:41 En las patas llevaba flamas que sobresalían del asfalto cada que chocaban los cascos contra el piso. Sobre él podíamos distinguir la figura de un hombre vestido de forma elegante pero a la usanza antigua, como por ahí de 1800. Hasta levita se cargaba el infortunado, al igual que el jamelgo, sus ojos brillarían en un tono naranja rojizo cuando estuviera a tiro de piedra. Podríamos observar por completo la estampa de esa persona o espíritu.
12:24 Su larga cara se balanceaba al ritmo del caballo. Los ojos los llevaba vacíos. Solamente se podría ver el ardor del infierno en sus cuencas. En uno llevaba un monóculo que parecía hecho de oro o algún metal precioso. Tenía puesto el sombrero de hongo tipo bostoniano de tono oscuro, una barba de forma alargada coronada por un bigote engominado, la levita negra ondeando con el paso de la brisa una camisa blanca bajo ella, un chaleco que lataba pantalones que se notaban de buena calidad. Guantes, pero contrastando con toda esa elegancia, no tenía puestos zapatos.
13:24 Eso era debido a que sus pies estaban rotos en ángulos poco naturales, como si los hubiesen golpeado con un marro hasta cansarse. Se sujetaba con las piernas del caballo. La piel que alcanzaba a ver estaba totalmente pálida. Desprovista de rastros de vida, sendas úlceras se notaban en la cara en varias ocasiones. Me tocó que se acercara a la gasolinera. Cuando me tenía distancia para escucharlo, preguntaba si tenía agua para su caballo. Yo me moría del miedo en esos momentos, así que con prisa le llevaban una cubeta que ya teníamos apartada con ese fin. La primera vez le ofrecieron agua natural a su caballo fantasmagórico, cosa que enseguida rechazó. Él quería el agua de fuego que teníamos en las bombas. En pocos segundos entendieron que les pedía gasolina, así que con renuencia se le extendieron en una pequeña cubeta con unos chorros de magna de la verde.
14:42 Pronto el caballo se bebería todo y nos dejaría una especie de pago y una pequeña propina como sus ropas. El dinero con el que pagaba era antiguo. Cuando me tocó atenderlo me dejó una moneda grande de plata en la mano. La arrojó con buen tino. Dijo que esperaba que eso fuera suficiente y la verdad es que lo era y sobraba. Una vez realizada la transacción, el jinete se perdía en la oscuridad de los caminos, con el animal corriendo a toda velocidad. A veces podrías ver cómo se elevaban las flamas en el aire para finalmente desaparecer por completo al abrigo del neón y las luces catódicas de la ciudad.
15:36 Una sola vez me atreví a preguntarle qué hacía. ¿Por qué necesitaba esa agua de fuego para su animal? A eso él respondió que tenía que ir a recoger a algunas personas que su jefe le encargaba. Como la voz con la que me respondió, se volvía cada vez más cavernosa conforme disparaban las palabras. No quise saber nada más al respecto, pero sospechábamos que quizá a quien le cumplía los encargos. Era el demonio mismo a la fecha, los compañeros de la noche dicen que de cuando en cuando sigue pasando el mismo fenómeno. Han intentado quitarlo colocando vírgenes en las esquinas de la tienda de la gasolinera, el único sitio donde hay paredes por acá, pero no ha funcionado para nada. Supongo que es porque este ente en realidad no nos hace daño e incluso paga por lo que consume.
16:43 Así que ni Dios ni el diablo tendría nada contra el fino caballero. Me gustaría haber podido preguntarle más sobre su origen e intenciones, pero créanme que cuando tienes de frente una aparición de este tipo, lo último que se te ocurre es preguntarle qué le pasa por la cabeza. Se dice que una vez vino por un compañero que se dedicaba en sus tiempos libres a la magia negra. El hombre trató de correr, pero lo alcanzó en pocos segundos gracias a su montura. No sabemos por qué se lo llevó, pero eso nos confirmó de forma más profunda que no podemos jugarle al loco al jinete quizá. Sea mejor solamente recibirle La Plata que nos da sin indagar mucho en sus ocupaciones.
17:48 Endiablado confesión por Martín Meleses, relatos de gasolineras. Quisiera contarles una historia que pasó hace unos años. Tengo 52 años de edad y tuve que atender a un endiablado o poseso, como también les dice a mucha honra, me dedico a ser repartidor de gasolina desde hace mucho de Chamaco. Me metí a limpiar el sitio y ya poco a poco me fueron metiendo a la chamba y pues ahora les sigo. Ya seguramente no me falta mucho para jubilarme y cuando uno llega a estos momentos pues comienzas a hacer memoria de todas las cosas que te han pasado. Y creo que la que más me dio miedo fue estar en la gasolinera por las horas de noche.
18:47 Siempre pasaban cosas pequeñas como que de pronto te cambiaban de lugar las mochilas. Que se escuchaban como gritos en la oscuridad, que no había agua en ninguno de los baños porque alguien había cerrado las tuberías y pues no había forma de que lo tocaran. Sin embargo, lo que pasó no era una cosa que estuviera en el punto, sino que fue en un auto que llegó. Estaba atendiendo la bomba, como todos los días, cuando. Vi un auto que llegaba medio descontrolado. Al principio pensé que estaba borracho el conductor, pero cuando me acerque a la ventanilla y él abajo, pude ver en sus ojos desorbitados una furia que excedía todo lo que me era conocido.
19:44 Tenía las pupilas completamente dilatadas, los ojos rojos. Hablaba de una forma muy controlada. Pero tenía tics, que le interrumpía la pequeña interacción que íbamos a tener. Me pidió que llenara el tanque, pero le costaba mucho trabajo. Decir las palabras era como si las estuviera buscando. Tomaba el volante con fuerza, clavando las uñas en la piel asustado. Me apuré a darle lo que quería. En pocos pero tensos minutos terminé el encargo y fui a pedirle el pago.
20:29 Al principio me veía con sorna como si no mereciera estarle hablando. Luego me extendió un billete del que tenía que darle cambio. Al extender las monedas y colocarlas en su mano, comenzó a temblar. Como loco se retorcía en formas imposibles. Me gritó que qué había hecho. Yo no sabía qué estaba pasando hasta que vi en sus manos mi moneda de la suerte. Estaba tan nervioso que se le había dado por accidente. Era una moneda de San Benito que me había dado mi mujer como amuleto. Cuando dejó de temblar la cara le cambió por completo. Parecía un hombre pequeñito y asustado. Me dio las gracias.
21:21 Me preguntó si podía quedarse con la moneda, con lo espantado que estaba. Le dije que si luego inquirió dónde estaba la iglesia más cercana y se fue pelado en esa dirección. No supe más de ese hombre, pero como ese santo es especial para los exorcismos, no me quedó duda alguna de lo que había pasado. Espero que esa persona ahora se encuentre bien. ¿Y si llega a escuchar esto? Gracias por afirmar mi fe en que tanto Dios como el diablo existen en este mundo. La Manada.
22:12 Confesión por Jacinto Díaz, relatos de gasolineras. Hola a todos los morros, soy de Durango y mi nombre es Jacinto. Trabajo en una gasolinera en las orillas de la capital. Por acá está medio salvaje, así que todo el tiempo vemos cosas medio extrañas, desde luces en el cielo hasta charros que pasan montados en caballos imposibles. Pero lo que se me ha hecho más bonito y curioso. Es ver un montón de caballos, pero como zombies o demoníacos, tronando el desierto, esos animales pasan como cerca de Día de Muertos o poco después.
23:02 No siempre es la misma fecha. Cuando me ha tocado verlos, podemos escuchar a la distancia sus cascos, chocar contra la arena del desierto. Haciendo chirriar ese elemento porque el fuego que llevan en las patas quema la Tierra. Nos ha tocado recoger algunos cristales que quedan después de esa loca carrera. Cuando vienen, usualmente sentimos que tiembla la Tierra. Los cielos se llenan de nubes que tapan cualquier luz que pudiera venir, incluso de las estrellas. La gasolinera pierde la energía por unos instantes en lo que ese pelotón de caballos pasan sus crines ondeando como flamas en el aire, los ojos rojos despidiendo el tono del Inframundo, sus relinchitos que te parten la cabeza en pedazos por el sonido poco natural que emiten. A veces parece que habla nuestro idioma. Pero las cosas que gritan son demasiado limpias como para mencionarlas en este relato, son cosas que te hielan la sangre, promesas de sufrimientos infernales que te esperan si pecas y te toca ir al castigo eterno. Todo ese espectáculo dura apenas unos minutos que son bastante tortuosos.
24:35 Casi nunca le ha tocado verlo a algún cliente porque por lo regular pasan entre las 3:04 de la madrugada, momento en el cual, curiosamente, son mínimas las ocasiones en que se llega a ver a algún cliente el tendero de la gasolinera que se encarga de la tienda de conveniencia que se encuentra al fondo del negocio. Tiene mucho más tiempo que cualquiera de nosotros por acá. Él dice que esos animales infernales comenzaron a aparecerse cuando quitaron unas cruces viejas que había en la carretera, como eran de piedra y no tenía nombre alguno, pensaron que no servían de nada más que para que algún automovilista ha tomado 8 cara de lleno contra ellas. Así que la retiraron para además ampliar la autopista. A los pocos días, esa manada de caballos de pesadilla se aparecieron con un estruendo de Tierra que jamás se volvió a repetir.
25:43 Dice también que quizás esos seres son resultado de algún maleficio que dejaron los antiguos indígenas de Durango cuando los españoles vinieron a quitarles sus tierras. O al menos eso contaba la leyenda que se relataba en su pueblo unos kilómetros más allá de la capital. No hemos tratado de acercarnos a ellos, así que no sabemos si son agresivos, pero tampoco es que nos interese averiguarlo. Se ven demasiado endemoniados como para querer averiguar qué nos podrían hacer si el video te gustó.
26:27 No olvides suscribirte, darle like y dejar tu comentario. Me despido y nos vemos en otra emisión más de historias de horror. Buenas noches y hasta la próxima.
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