Jan. 10, 2026

3 Relatos Aterradores Ocurridos en Cementeras – Inframundo Relatos

3 Relatos Aterradores Ocurridos en Cementeras – Inframundo Relatos
3 Relatos Aterradores Ocurridos en Cementeras – Inframundo Relatos
Inframundo Relatos De Terror
3 Relatos Aterradores Ocurridos en Cementeras – Inframundo Relatos

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

🎧 Usa audífonos para una experiencia inmersiva.

Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: ⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠inframundorelatos@gmail.com⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:00 Hola, qué tal, querido espectador, amante de los relatos que le contamos aquí mi nombre es Alejandro y esto es Inframundo. Espero se pueda relajar un poco y se olvide del día a día y desestrés que lo aqueja del trabajo, la escuela o por ser ama de casa, que siempre anda de un lado para otro. El día de hoy les contaré algunas historias ocurridas en una cementera, por favor. Póngase cómodo para escuchar sin más por uno. No está acostumbrado a vivir este tipo de eventos llamados paranormales todos los días. Lo que me recibe en mi horario de trabajo y el arribo a los túneles son el eco de las rocas cayendo a las bandas transportadoras.

0:53 El olor a polvo y cemento me reciben como una rutina diaria. Mi nombre es Matías alueta, trabajo para una empresa cementera Cemex. Para ser más exactos, tengo alrededor de 25 años trabajando en ese lugar y a pesar de que en ocasiones quisiera salir y ya no regresar, no me puedo dar ese lujo, pues los tiempos no están como para abandonar, así como un trabajo al que me costó mucho poder ingresar. Todos nos movemos entre las máquinas mezcladoras, entre el ruido y el polvo. Pero no sólo eso, pues a veces se escuchan sonidos que te pueden erizar los vellos del cuerpo, sonidos que te hacen querer salir huyendo de ese sitio. No es de extrañar escuchar historias de cuando cae un compañero dentro de las trituradoras ya es imposible de que sobreviva.

1:52 Este se convierte en una parte de las piedras trituradas para hacer el cemento. Estaba en la edad de la juventud cuando me tocó ver a un obrero caer dentro de una de esas máquinas. Cuando se llega a los controles, lo único que se aprecia en las bandas son pedazos del cuerpo del pobre hombre que tuvo la mala fortuna de morir. Así no hay manera de remover lo que queda de él. Pues todo se mezcla. Aquí lo único que nos queda es tener un estómago fuerte para no vomitar ante lo impactante que es ver aquella escena. Pero con el tiempo se corría el rumor que aquello no había sido un accidente.

2:40 El fallecido había sido leopoldo, un trabajador de unos 30 años. Muy ojo alegre. El tipo. Se decía que había embarazado a la hija de uno de sus compadres y la había llevado a una de esas clínicas donde se practicaba lo que ustedes se imaginarán, encabritado, el compadre pagó a unos de los obreros que se deshiciera del hombre que había deshonrado a su hija, aunque también se cuenta que ese ya estaba más que difunto cuando cayó en la trituradora. Pero aún así han sido muchos los que, por desgracia, fallecen en esas condiciones, aunque en este tiempo ya nada está oculto. Les cuento que después de aquel percance comenzaron a escucharse sollozos y gritos por varios días y noches por ese lado del túnel que hasta fue imposible trabajar si nos internabamos era en grupo de varios hombres.

3:43 Nadie queríamos trabajar solos. Fue hasta que una madrugada estaba trabajando justamente en el sitio donde aquel obrero laboraba a diario. Yo no me había percatado de algo siniestro que brotaba de las paredes. Un olor a carne en descomposición comenzó a hacerse presente. No olía al familiarizado polvo de las rocas, sino algo más horrendo, mi compañero Gualberto. Se me acercó y me señaló la pared de rocas que justamente se encontraba detrás de mí. Tenía un extraño color entre rojo y negro. De él emanaba un líquido que cuando nos acercamos no había duda de que era sangre. Golpeamos con las herramientas, pero en cada golpe que dábamos les prometo que se escuchaba un grito de dolor como si estuviéramos hiriendo a una persona. El rostro pálido de Gualberto me daba a entender que no era el único que veía y escuchaba.

4:48 Aquellos lamentos le llamamos a nuestro supervisor, quien sólo veía el líquido que brotaba y rápidamente se secaba. No nos creyó que salían alaridos de dolor entre las paredes hasta que tomó uno de los picos y le dio un tremendo golpe a la pared de roca. Hizo un gesto de horror y cuando mi compañero iba a decir algo, llevó su dedo Asus labios para que guardara silencio y se acercó aún más a la pared, intentando quizás escuchar si eran o no gemidos de dolor. En un inicio pareció sólo oírse el ruido habitual de la maquinaria, pero entonces, entre el golpeteo metálico en el suelo de cemento, lo oímos nuevamente. Era un sonido débil, casi imperceptible, como una voz lejana, con los ojos muy abiertos y sintiendo un escalofrío recorrer nuestras espaldas. No podía distinguir de sí esa voz era de algún conocido o si ya estaba ahí.

5:55 Antes de que nosotros comenzáramos a trabajar para esa empresa, nuestro supervisor nos dijo que mejor trabajaremos en otro de los túneles que. Si se trataba de algún triturado y era mejor no torturarlo, no fuera que nos atormentará e hiciéramos una tontería. Definitivamente había algo ahí oculto entre aquellas paredes. Por algún tiempo pensé que me estaba volviendo loco, pero a los pocos días, en ese mismo túnel encontramos el cuerpo de aquel hombre que se suponía había terminado con la vida de su compadre. En su rostro se veía el terror o Alberto le cerró los ojos y al cabo de una media hora, el cuerpo sin vida de aquel hombre fue retirado. Esta es la primera experiencia de tantas que he tenido en esta sementera donde se guardan este tipo de situaciones. Buenas noches Alejandro y a toda la Comunidad. No sé cuántos años me queden trabajando en esta cementera. Ya tengo mis buenos años, pero hay cosas que uno nunca olvida. Sucesos que pueden hacer que uno se vaya porque no soporta lo que sucede a su alrededor.

7:17 Me llamo Leopoldo Tirado, laboro en una de las cementeras conocida aquí en México. Durante mi vida jamás me había cuestionado si los fantasmas existían o no. A pesar de que como todos los niños crecemos con las historias contadas por los abuelos, conforme vamos creciendo tomamos la decisión de que eso eran sólo historias inventadas por ellos. Fué hasta que entré a trabajar a la cementera, que cambié de opinión. Mi padre, que en paz descanse, fué el que me ayudó a entrar a trabajar a la empresa durante muchos años escuchaba historias. Sobre almas en pena en los interminables túneles de la mina.

8:02 Pero algunas historias se van desdibujando con el tiempo, perdiéndose entre el polvo y el eco de los martillos contra la piedra. Pero hay otras que se quedan clavadas en la memoria, como si fueran parte de uno mismo como cicatrices visibles. Hace más de 20 años trabajó aquí un hombre al que todos conocíamos como. El tartamudo no es que no tuviera nombre, pero así le decíamos, porque cuando intentaba contar un chiste, siempre tartamudeaba en la parte más graciosa. Era su sello distintivo, ese tartamudeo que al escucharlo era imposible no esbozar una sonrisa o soltar una carcajada.

8:48 Eso lo hacía único entre los obreros y aunque todos sabíamos cómo terminarían sus cuentos, nos hacía reír. Y pasar un rato agradable tras largas jornadas de trabajo dentro de las entrañas de la Tierra. Yo tenía 5 años en la cementera cuando ocurrió el derrumbe. Para todos fue un día cualquiera. No hubo advertencias, ni indicios, ni grietas que delataran el peligro. Sólo un estruendo seco, como si el cerro se sacudiera de repente y después el silencio total. Los primeros minutos fueron de caos.

9:28 Gritos, hombres intentando salir, tratando de mover piedras con las manos. Sabíamos que alguien estaba atrapado bajo todas aquellas rocas, pero en el desconcierto nadie podía decir con certeza quiénes eran. Pasamos horas enteras intentando sacarlos, pero cada minuto que pasaba la esperanza se iba reduciendo de encontrar a alguien con vida. La estructura había cedido de tal manera que cualquier movimiento podía provocar otro colapso, pero cuando finalmente logramos abrir un hueco en el amasijo de rocas y polvo, lo que encontramos no dejaba espacio para buenas noticias para las familias que perdieron a uno de sus hombres. Entre el conteo de los desaparecidos salió el nombre de el Tartamudo.

10:22 Pero por más que buscamos. Nunca lo encontramos, pensaron que quizás se había salido antes del derrumbe, pero nadie lo vio hacerlo. A pesar de que se buscó por 2 días mientras se apartaba todas aquellas rocas, el cuerpo del hombre no se encontró. No hubo velorio ni cuerpo al que velar. Lo único que quedó de él fueron sus historias, su risa quebrada en medio de los chistes mal contados. El luto duró poco, pues en lugares como este la vida sigue sin detenerse a preguntar si el alma está lista para seguir adelante.

11:03 Pero la tranquilidad nunca regresó del todo, pues el miedo es mala compañía y esperábamos que en cualquier momento se viniera abajo otro de los túneles. Pero al paso de las semanas todo parecía regresar a lo cotidiano. A medida que pasaban las semanas se escuchaban comentarios sueltos. Bromas entre compañeros para disipar el miedo, pues se decía que algunos aseguraban haber escuchado a el Tartamudo. A partir de entonces, otros empezaron a contar experiencias parecidas. La verdad es que no importaba si era de día o de noche.

11:45 En algún punto del turno, el eco de su tartamudeo se colaba entre el sonido de la maquinaria. Hasta en los rincones más profundos de la mina, en los pasillos donde nadie debería estar, siempre intentando terminar un chiste, siempre fallando en la parte más importante. Algunos intentábamos buscar la lógica a lo que escuchábamos. Yo creía que tal vez era sólo el miedo. Jugándonos una mala pasada porque. El ruido de la mina puede hacer que uno oiga cosas que no están ahí, pero había detalles que no podía ignorar, pues yo trabajé por un buen tiempo al lado del túnel colapsado.

12:31 Mi padre me aconsejó que ignorara lo que escuchaba sólo pusiera atención a mi trabajo a lo que hacía, pues un descuido pudiera ocasionarme un accidente irremediable, pero sentía que si al ignorarlo. Este ma se aferraba a que lo escuchara, pues sentía que siempre estaba ahí, que su espíritu seguía atrapado en el túnel, como si buscara una última carcajada antes de irse. Así pasaron los nuevos obreros, que creen que todo es una superstición y se aventuran a los pasadizos más profundos en las noches más silenciosas.

13:12 Algunos regresan riendo, convencidos de que no hay nada. Otros regresan con el rostro pálido, sin decir una sola palabra. Ninguno ha contado que escucho en esos túneles interminables, pero después de esa noche siempre caminan más rápido cuando pasan por ciertos lugares. Esa no fue la única vez que vi al tartamudo. Lo hice en varias ocasiones y para mi mala suertera cada vez más cerca de donde me encontraba trabajando. Fue hasta que le pedí a mi jefe que me cambiara de túnel. No le di explicación alguna. Lo hizo hasta algún tiempo después, por muchos años.

13:55 Aquellas imágenes me torturaban hasta que mi esposa me llevó con un curandero para que me hiciera una limpia. Una barrida para el espanto fue que comencé a trabajar ya más tranquilo y no volví a tener encuentro alguno con aquella aparición. Mi padre ya hace muchos años que se pensionó y él me aseguro que hay almas que no descansan, como el tartamudo, que nunca recibió una despedida digna, que la Tierra lo tomó de golpe y él aún no entiende que ya no pertenece a este mundo. Tal vez sólo quiere que alguien le responda el chiste que nunca pudo terminar, o tal vez sólo quiere que lo recuerden. Dentro de los túneles de la cementera parecen laberintos que te llevan a todas y ninguna parte. Sólo aquellos que trabajamos en ella sabemos lo que se siente trabajar con el temor de que las paredes y el techo de roca se nos venga encima.

15:03 Yo todos los días en que me presento a mi turno a trabajar, pido a Dios que me permita regresar al lado de mi familia. Pues no quiero terminar sepultado como el tartamudo o aquellas otras almas en pena que deambulan por este sitio. O lo que es peor, buenas noches, Inframundo. Fui velador en una cementera en el norte del país. Hasta hoy en día sigue abandonada y no es porque se haya terminado la piedra caliza dentro de las montañas que la rodean. Sino por otros motivos.

15:44 Buenas tardes a todos. Mi nombre es Anibal Valencia. Tengo la edad de 55 años. Por más de 15 años trabajé en una cementera al norte del país, pero después de haber dado trabajo a muchos hombres y algunas mujeres, ésta cerró de un día para otro. Parecía que algo había llegado a la cementera desde hacía tiempo. Esto antes de que yo comenzara a laborar ahí, pues los trabajadores con más tiempo me contaron que desde hacía algunos años no había velador que soportara más de unas cuantas jornadas antes de renunciar.

16:25 Y no fueron pocos los obreros que desaparecieron, dejando apenas jirones de sus uniformes esparcidos por el suelo. Sólo se quedaron los guardias y veladores, pero estos no duraban. Porque a los pocos meses me llamó uno de ellos, Eduardo, quién fue mi amigo. En ese tiempo me llamó para ofrecerme el puesto como velador en la cementera. Como no había conseguido trabajo, aún no lo pensé y acepte el trabajo. No tenía mucho tiempo que cerraron la cementera, pero esto se veía como si tuviera décadas en completo abandono.

17:06 Todo a su alrededor se veía diferente. Extraño por así describirlo, comencé a ver ciertas cosas extrañas por las noches, pero el miedo se comenzaba a apoderar de mí cuando se avecinaba el atardecer y poco a poco todo se llenaba en penumbras. Nada de eso se había contado mientras trabajaba para la cementera. Yo afanaba en el área donde se envasaba el cemento en sacos de papel. Ahí poco tiempo tenía de charlar con los compañeros, pues el supervisor que teníamos en ese tiempo no daba chance ni siquiera para ir al baño.

17:48 En esa área se contaban historias que los camioneros les decían, y una de esas eran que siempre se quedaban juntos en el comedor de la empresa, pues aseguraban que en el monte se veían sombras. Los jefes les aseguraban que eran de algún animal, pero los camioneros no se la tragaban de que fueran coyotes, pues estos no caminan en sus patas traseras. Además, sus tamaños no coincidían con las de estos animales. Fue hasta que uno de los camioneros desapareció. No se encontró su cuerpo por más que lo buscaron, solo rastros de sangre que llegaba hasta detrás de uno de los cerros que rodea el lugar. Se dijo que esa sangre no era del camionero, sino de un animal.

18:41 Eso era lo que se contaba, pero Eduardo se rió de mí cuando le pregunté si recordaba de lo sucedido. Él me dijo que eso fue puro maquillaje, pues la verdad había sido otra, quizás por curiosidad o tal vez porque nunca había creído en historias de apariciones, pero esta era diferente. El aire estaba pesado esa noche y a lo lejos se veían los relámpagos anunciando que la lluvia nos caería en un par de horas. Eduardo me señaló hacia el lado de la estructura que apenas si se apreciaba, ya que las luces de las lámparas no iluminaban hacia la entrada de la mina. En la oscuridad se podía apreciar la silueta de una criatura.

19:31 No se podía apreciar bien. Y fue entonces que Eduardo me dijo con voz tranquila que aquella criatura era un nahual. Desde hacia un par de años, esas criaturas comenzaron a merodear por la cementera. Don Julio, un hombre ya mayor de 65 años, que había sido velador desde hacía ya más de 40 años. Contaba que sus antepasados decían que ese había sido territorio de nahuales, pero que la empresa de cemento. Le había quitado a la mala sus terrenos. Estos desaparecían a quienes pasaban más allá del Cerro, esto porque los mismos dueños llegaron a un acuerdo con esas criaturas de tomar como tributo a quienes les enviaban a explorar por los alrededores. Pero con el tiempo dejaron de hacerlo y la empresa cada vez tomaba más allá de lo que se había acordado. Fue por eso que desaparecían los hombres dentro de la mina. Esto sucedía por las noches.

20:37 Pero no sólo eso, ya que comenzaron a desaparecer. También los camioneros que venían de otras ciudades por la carga de producto terminado. Quizás unos años más la cementera vuelva a reabrir su producción. Solo esperan a que se calmen las aguas. Me dijo que cuando viera llegar a varios autos que se adentraban más allá de donde nos encontrábamos, que era mejor meterse a la caseta y no salir hasta que los vehículos se fueran, pues él me juraba que ahí traían algún regalo para esas criaturas y era mejor dejarlos para no ser uno la cena de esos seres. No sé si fue por miedo o su gestión, pero solo trabajé hasta que me pude acomodar en otro trabajo. Si le puedo asegurar que en varias ocasiones vi a esas criaturas la luz de la lámpara, sólo mostraba una sombra que se reflejaba en alguna de las estructuras, aunque en el tiempo que estuve yo allí nunca hizo el intento por acercarse a la caseta y yo no hice tampoco de pasar hasta su terreno en los rondines, solo en pensarlo me da escalofríos, pues. Uno nunca sabe hasta dónde tiene pintada la rayita. Voy a la edad que tengo y por las historias que he escuchado sobre estas criaturas en tu canal. Sé que tuve suerte por no ser

22:09 devorado por alguno de ellos. Eduardo sigue trabajando de velador y sé que no a todos les cuenta sobre esas criaturas, pues sospecho que él mismo está encargado de que se mantengan en su sitio. Y que algunos de los veladores que llegan a trabajar ahí pasan más allá de la luz de las lámparas guiados por los ruidos, que ellos creen que se trata de algún vago o ladrón. Ese lugar olvidado se encuentra a varios kilómetros de la ciudad, donde hasta el día de hoy se cuenta que al caer la noche, algo inhumano se mueve entre las estructuras corroídas por el tiempo.

22:55 Ya no hay veladores que lo cuiden por los malandros, por los amantes de lo ajeno, esas criaturas que habitan por ahí se encargan de que nadie ingrese y los perturbe.