3 HISTORIAS de TERROR JAMÁS CONTADAS por BAILARINAS EXOTICAS / INFRAMUNDO RELATOS
Cuando cae la noche, y los bares, cantinas y ranchos de carretera encienden sus luces rojas, comienzan historias que jamás aparecen en ningún reporte. Historias contadas por bailarinas, meseras y trabajadoras nocturnas que han visto más de lo que cualquier persona debería soportar. Relatos que nacen en camerinos fríos, pasillos estrechos y cuartos donde el silencio pesa más que el miedo.
Entre música apagada, clientes desconocidos y miradas que no siempre son humanas, ellas han presenciado sombras que se mueven sin cuerpo, mujeres que desaparecen al cruzar una puerta, y presencias que se quedan después del cierre… como si la noche reclamara a quienes trabajan bajo su dominio.
Estos relatos no son fantasía.
Son testimonios reales de quienes viven en la frontera entre el deseo, la oscuridad y lo inexplicable.
Bienvenido a las historias que nadie quiso contar, pero que todas temían olvidar.
Descripción
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0:13 La noche guarda secretos y en la profesión más antigua del mundo, esos secretos pueden ser más oscuros de lo que imaginamos. Lejos de ser un camino fácil, muchas mujeres enfrentan peligros que van más allá de lo cotidiano. Clientes extraños. Situaciones extremas y encuentros que desafían la realidad. Hoy compartiremos 3 historias que revelan el lado más aterrador de esta vida. Sus protagonistas, protegidas por el anonimato, nos recuerdan que detrás de cada rostro hay una historia que contar. Apaguen las luces, tomen algo para acompañar y prepárense para sumergirse en un momento de terror. El calor sofocante del antro me envuelve, cada noche es tan asfixiante.
1:24 Todo a mi alrededor son de luces rojas, el humo de los cigarros y música que vibraba en cada rincón, retumbando de una manera que en un inicio lastima. Pero conforme pase el tiempo me voy adaptando a todo mi nombre. No se los diré, lo cambié a Damari. Así me conocen todos. En este antro de la ciudad de Tamaulipas, me dedico a ser una bailarina de Tavo, el Dance, me tuve que cambiar mi color de cabello a rojo, que siempre atrae las miradas. Se había convertido en mi marca personal, una chispa que destaca entre las luces del escenario. Con cada paso, cada movimiento no era sólo una danza. Sino una estrategia para ganar más dinero, para acumular lo suficiente y dejar atrás este lugar, pues uno se acaba muy rápido en estos menesteres.
2:22 No planeo quedarme aquí para siempre. Mi sueño es volver a mi ciudad Natal, estudiar y reconstruir mi vida lejos de miradas que me desnudan noche a noche, con ese deseo malsano de alguno que otro cliente. Esa noche parecía igual a todas las demás. Había terminado mi presentación principal y los aplausos todavía resonaban mientras caminaba hacia los camerinos y recibiendo el dinero que los clientes me daban por haberlos deleitado con las piernas cansadas y sudando, aprisionaba el dinero que había ganado en esos momentos. ¿Ahora tenía que arreglarme?
3:05 Pues. Los clientes esperaban y la madrugada aún no terminaba. Uno de los guardias me detuvo y me señaló una habitación privada. No era inusual. Muchos clientes solicitaban un baile exclusivo y aunque no siempre aceptaba, aquella noche decidí hacerlo. Cada billete sumaba un poco más a mi salida de ese mundo. El pasillo hacia los privados era más oscuro de lo normal. Las luces apenas titilaban y el aire estaba más cargado con una sensación fastidiosa. Llegué a la puerta indicada y me detuve un momento antes de entrar. Algo en mi interior me decía que no lo hiciera, pero la lógica venció o la avaricia por más dinero me empujó a entrar. Sólo sería otro cliente más.
4:02 Pensé. Abrí la puerta. Y crucé el umbral. El interior del cuarto estaba envuelto en penumbras. Sólo las luces de neón iluminaban el piso, así como parte del techo, proyectando sombras alargadas en las paredes. Él estaba sentado en un sillón de cuero negro, con una postura relajada pero cargada de una autoridad que me erizó la piel. Era un hombre alto, de rasgos finos. Y una presencia que parecía absorber todo en lugar no levantó la mirada de inmediato. Pero cuando lo hizo, sus ojos se clavaron en mí como cuchillos. Eran negros profundos, como un abismo infinito. Ese hombre, en verdad, era muy guapo, demasiado atractivo para serles honesta con su mano fina me hizo un ademán para que comenzara mi danza.
5:01 La música comenzó a sonar una melodía más lenta y cargada de un ritmo al que ya estaba acostumbrada. Me moví siguiendo el compás, dejando que mi cuerpo se deslizara con naturalidad, como siempre lo hacía, pero algo estaba mal. Sus ojos no me miraban como los de otros clientes. No había deseo ni admiración, sino algo más primitivo. Más oscuro que me es imposible de explicarles. Con cada mirada de él. Sentía despojándome de cada prenda de mi cuerpo. El aire en la habitación se volvió más opresivo.
5:43 Sentí como la temperatura descendió y un escalofrío recorrió mi espalda. Intenté mantener la compostura, pero cada vez que giraba o daba un paso, sentía que sus ojos me atravesaban. Como si estuvieran buscando algo más allá de mi piel. En algún punto la música pareció apagarse, aunque mis movimientos continuaron. Fue entonces cuando lo vi. Sonreír no era una sonrisa de satisfacción ni de Gozo. Era más bien una mueca cargada de malicia. Algo me decía que no estaba bien que saliera de ese privado si quería seguir viviendo.
6:27 Pero fui lenta para reaccionar, pues la habitación comenzó a cambiar. Las paredes parecían reducirse, como si se acercaran y quisieran presionarme. El suelo se sentía inestable y el aire olía a azufre. Intenté detenerme, pero mi cuerpo no respondía algo o alguien me obligaba a seguir bailando. Sentí lágrimas, correr por mi rostro mientras. La desesperación y el terror me invadían en un instante. Él se puso de pie, su figura parecía más alta de lo que había notado antes y su sombra se extendía por toda la habitación, como si absorbiera la poca luz neón.
7:13 Su rostro, que al principio parecía de lo más hermoso, comenzó a transformarse. Los rasgos finos se volvieron grotescos y sus ojos brillaron con un fuego que provenía del mismo infierno. Comprendí entonces quién era, estaba frente al diablo. Quise correr, pero mis piernas no respondían. Las sentía pesadas. A medida que seguía moviéndome imágenes comenzaron a llenar mi mente. Visiones de fuego, de almas retorciéndose en agonía. De rostros conocidos que gritaban mi nombre desde las llamas del infierno.
7:54 Cada giro que daba parecía que me hundía más en aquella pesadilla. Finalmente caí al suelo agotada, incapaz de seguir. Cuando levanté la vista, él ya no estaba. Había desaparecido. Pero no sé cómo explicarlo, porque a pesar de no verlo, sabía que su presencia seguía ahí, impregnando cada rincón de la habitación. La luz roja parpadeó un par de veces antes de apagarse por completo. Me quedé en la oscuridad, temblando, abrazada a mis propias piernas, solo con el eco de mi propia respiración como único sonido. No sé cuánto tiempo pasó antes de que alguien abriera la puerta.
8:40 Cuando lo hicieron la luz del me segó momentáneamente. Me ayudaron a levantarme. Pero no podía hablar. Mi mente seguía atrapada en el recuerdo de aquél ser. No dije nada a nadie. Solo salí del Antro esa noche sin mirar atrás. Desde entonces no he vuelto a bailar. Cada vez que cierro los ojos veo su rostro, su sonrisa malvada. Siento el mismo frío de esa habitación cuando recuerdo de aquella noche. El dinero que gané esa noche no me sirvió de consuelo y cada billete parecía que no era dinero bien ganado.
9:25 Este será mi último año en el table Dance. Me mudaré lejos. Intentaré dejar atrás esa horrible experiencia la noche en que bailé para el diablo, porque eso fue lo que estaba conmigo en ese privado el mismo diablo. La conocíamos como Yolanda, aunque dudo que ese fuera su verdadero nombre. Tenía tan solo 22 años, pero sus ojos reflejaban más experiencia de la que a su corta edad.
10:07 ¿Puede uno decir que era tan solo una chiquilla? Era una de esas mujeres que no pasaban desapercibidas, atractiva, con una seguridad en sus movimientos que hipnotizaba a los clientes del antro. Sus largas piernas y su sonrisa eran su arma más letal y los hombres caían rendidos con facilidad. Pero Yolanda tenía un rasgo que la hacía diferente, uno que con el tiempo se convirtió en su sentencia. Era una soplona. Mi nombre es Belén Rivero. Trabajé por unos años en un antro. Yo me encargaba de la limpieza de los privados. Así como los camerinos de las chicas y los baños de mujeres. Lo que les contaré sucedió en el 2016. Se decía que no dudaba en entregar a ciertos clientes a la policía o incluso a la maña.
11:08 Nadie sabía exactamente por qué lo hacía. Algunos pensaban que buscaba favores, otros que simplemente disfrutaba el poder de manipular. Pero lo que estaba claro es que en más de una ocasión, gente inocente pagó el precio por sus actos. A pesar de esto, yolanda siempre parecía salir ilesa, como si algún tipo de protección la rodeara. Pero la suerte se acaba y eso fue justamente lo que le pasó a Yolanda aquella noche de diciembre. El antro estaba lleno como de costumbre. Con el sonido de la música invitando a los clientes a echarse un palomazo, los clientes bebían, reían y observaban a las bailarinas como si fueran diosas o ángeles caídos del cielo. Yolanda, sin embargo, se comportaba de forma extraña. Caminaba nerviosa por el antro, lanzando miradas disimuladas hacia el salón principal.
12:11 No era común verla así. Siempre había sido una mujer calculadora, dueña de cada movimiento, de su esbelto cuerpo, pero aquella noche parecía ser otra persona. Fue entonces cuando noté a un hombre estaba sentado en una de las mesas más alejadas del escenario. No tenía compañía, algo inusual en un lugar donde los clientes buscaban la cercanía de alguien. Su presencia realmente era inquietante. Vestía de negro y, aunque no hacía nada particularmente extraño, había algo en el que erizaba la piel. Recuerdo que Yolanda se acercó a él. La vi detenerse un momento antes de llegar a la mesa, como si algo la hiciera dudar.
13:02 Pero su vacilación fue breve porque en cuestión de segundos estaba sentada junto a él. Sonriendo, con esa mezcla de coquetería y cálculo que bien dominaba desde donde estaba. No podía escuchar lo que decían, pero no pude apartar los ojos de ellos. Era como si toda la sala hubiera perdido importancia frente a lo que sucedía en esa mesa. Lo que siguió fue más extraño aún. Yolanda y el hombre se levantaron y salieron juntos del antro. El hombre pagó la salida de ella del lugar. Nadie dijo nada.
13:42 Aunque las miradas se cruzaron entre las bailarinas, no era raro que alguna de ellas acompañara a un cliente fuera del lugar. Pero había algo en esa salida que por intuición sabía que esa chica ya no regresaría de nuevo y no me equivoqué. Esa fue La Última Vez que vimos a Yolanda. Al principio pensamos que simplemente había decidido ya no volver, pues lo había hecho en varias ocasiones. Era común que las chicas desaparecieran de un día para otro, huyendo de deudas, problemas o buscando empezar de nuevo arrepentidas por haber llegado a ese sitio, pero con el paso de los días los rumores comenzaron a circular de maneras muy distintas.
14:33 Algunos decían que Yolanda había regresado a su pueblo, que había decidido dejar atrás esa vida y buscar un camino mejor. Otros aseguraban que algo terrible le había ocurrido, que aquel hombre no era un cliente común. Fue entonces cuando escuché las historias sobre ese hombre. No era la primera vez que alguien lo veía en el Antro. Algunos decían que aparecía de vez en cuando. Siempre, solo, siempre en la misma mesa. Nunca bebía ni interactuaba con nadie, excepto con las bailarinas que por razones desconocidas se sentaban con él.
15:16 Pero lo más inquietante era que ninguna de esas chicas había regresado. Una de las chicas más antiguas del antro juraba que aquel hombre era el diablo. Decía que su presencia traía una sensación de frío. Que se sentía a su lado, aunque debo aclarar que no a todas las chicas les permitía sentarse con ellas. Las que tenían la buena suerte sólo recibían una copa de vino y un buen billete por la compañía, sólo por estar con él acompañándolo en una charla insulsa. Y eso era todo, no siempre las invitaba a irse con él y la que tenía la mala fortuna de hacerlo ya no se le volvía a ver.
16:03 Al principio me negué a creerlo, pero no podía ignorar el hecho de que Yolanda había desaparecido después de estar con ese hombre. El tiempo pasó, pero la sombra de aquella noche no nos abandonó. Un día, al salir del antro, encontré algo que me heló la sangre en el suelo. Justo frente a la entrada había un par de zapatillas rojas. Eran las mismas que Yolanda había usado aquella noche. Las reconocí al instante porque ella siempre decía que eran sus favoritas. No había rastro de ella, solo esas zapatillas limpias y perfectamente colocadas, como si alguien las hubiera dejado ahí.
16:50 A propósito, la recogí y fui a ponerlas en las cosas de Yolanda. Sentí un frío que me calaba hasta los huesos. No sé porque pero me dio la sensación de que esa pobre joven ya pertenecía al mundo de los muertos. Creo que ese hombre se encargó de silenciarla que fue enviado por alguno de los policías a los que le daba información o algún patrón. ¿No le gustó lo que Yolanda andaba contando? Hasta el día de hoy no se sabe el paradero de Yolanda, pero déjame decirte que cada noche del día. 3 de diciembre, en la madrugada que se cierra el antro se escucha llorar a una mujer, justamente donde yolanda guardaba sus cosas.
17:40 Sus compañeras han hecho oraciones por ella, pero una de ellas dice que hasta que se cumpla el tiempo en que Yolanda ande penando por este mundo, su alma no encontrará La Paz que tanto necesita. El antro siempre ha sido mi refugio, un escape donde me siento yo misma, donde para todos soy una desconocida, pero a la vez tan reconocida entre las personas que visitan el antro durante las noches.
18:23 Soy vica y esta es una pequeña parte de mi historia. Cada noche, bajo las luces estroboscópicas y el ritmo de la música, me convierto en una bailarina exótica. Atrayendo miradas y acumulando las ganancias que poco a poco me acercaban a mi sueño de dejar atrás ese mundo y regresar a mi ciudad Natal para estudiar y reconstruir mi vida. Mi cabello cubierto con una peluca de color azul y cuidadosamente peinado y mi figura esbelta son mis aliados para captar la atención de los clientes. Quienes a Menudo gastan más de lo que realmente tenían.
19:07 Pero eso es algo que a ninguna de nosotras nos importa. Recuerdo esa noche el antro estaba más concurrido de lo habitual. No era una fecha en la que se festejara algo. La atmósfera estaba cargada de energía y las risas y conversaciones llenaban el ambiente mezclándose con el sonido de los vasos chocando. Y las Risas Embriagadas de los asistentes, así como las damas de compañía. Yo, como siempre, me movía al compás de la música, disfrutando del momento, pero manteniendo la mirada fija en mi objetivo, reunir suficiente dinero para finalmente dar el paso hacia una nueva vida.
19:54 Al terminar mi rutina, uno de los clientes más habituales me llamó para un privado. Era un hombre de mediana edad, siempre con una sonrisa, coqueta, una bebida y en la otra mano un cigarro. Acepte la invitación pensando que podría ser una oportunidad para ganar un poco más. Me dirigí hacia la habitación reservada, donde el ambiente era más íntimo y silencioso, contrastando con el bullicio del antro. El hombre estaba visiblemente ebrio. Sus movimientos torpes y su risa desinhibida mostraban que había bebido más de lo habitual.
20:37 Me ofreció una Copa y después de algunos brindis, nuestra interacción se volvió más cálida y cercana. En esa charla, el hombre cayó en un profundo sueño por la borrachera que se cargaba en un impulso de codicia y cansancio. Decidí robarle la billetera. No pensaba que fuera algo grave, solo un dinero extra para acercarme a mi meta. Con un movimiento rápido, tomé la billetera de su bolsillo y la escondí en mi bolso. Sin que él se diera cuenta. Me dirigí al baño y le dejé el dinero suficiente para que tomara un taxi a su casa. Traté de despertarlo, pero el hombre seguía dormido. La noche continuó y yo seguí con mi rutina habitual, pero algo en mi interior empezó a darme remordimiento por lo que había hecho la sensación de haber hecho algo mal. No me abandonaba, pero intenté calmarme, diciéndome que era solo un desliz momentáneo.
21:42 Sin embargo, esa misma madrugada el antro cerró sus puertas y el silencio de la noche me envolvió. No sabía entonces que aquel hombre había fallecido poco después de salir del lugar, víctima de un accidente de tránsito, sentí un vuelvo en el corazón por la pérdida de aquel señor, así como el haberle robado su dinero. Las semanas siguientes fueron una pesadilla. Al principio eran pequeñas cosas, una sombra que se movía al contorno de mi visión. Un susurro que no lograba identificar y la sensación constante de ser observada.
22:26 Con el tiempo, esas manifestaciones se volvieron más constantes. Sentía una presencia a mi alrededor, una sombra oscura que parecía acecharme en cada momento. En cada rincón de mi casa. Los objetos se movían de lugar, las luces parpadeaban sin razón y las noches se volvían interminables. Llenas de terrores y pesadillas, en ellas aparecía la sombra oscura de un hombre. Tenía su rostro sin ojos, nariz o boca, pero aún así sabía que me veía de una manera penetrante. Una tarde cuando llegué al Antro, el encargado me estaba esperando.
23:11 Me dijo que habían ido a visitar el antro unos hombres que buscaban algo. Descubrí que no era el dueño legítimo de aquel dinero que pertenecía a alguien mucho más poderoso y con Conexiones de las que me hubiese gustado no haberme enterado. Comprendí entonces que había tomado algo que no debía y que su dueño buscaba recuperar lo que le pertenecía. El horror se apoderó de mí. En cualquier momento llegarían esos hombres exigiendo que le devolviera lo que le había quitado. El encargado les contó que él se había quedado dormido y que nadie lo había acompañado. Esa noche solo me habían llamado a la Oficina para ponerme al tanto.
24:02 Así lo hicieron con todas lo que haya perdido ese hombre no fue ahí, en el privado. Fue así como se manejó todo esto. Las noches se convirtieron en una lucha constante por mantener la cordura. Me ponía nerviosa cuando veía que ingresaban algunos grupos con 3 o cuatro hombres al mismo tiempo, creyendo que eran ellos por las mañanas, despertaba sudando con el corazón latiendo a 1000 por hora, incapaz de recordar una pesadilla más. La sombra oscura seguía creciendo. Extendiéndose en mis días como una oscuridad impenetrable que no me dejaba respirar. Todo era tan asfixiante, pero sabía que yo tenía la culpa por lo que estaba pasando.
24:54 Fue hasta que una madrugada cuando salí del antro que me dirigía a la parada de taxis, en el trayecto de 5 minutos siempre volteaba hacia atrás, pues sentía que alguien venía detrás de mí. Ya faltaba media cuadra. Cuando volteé hacia atrás y fue cuando vi una sombra oscura, alargándose por toda una pared tragándose la luz de la farola de la calle. Di un grito y comencé a correr lo más rápido que pude. Ya estaba llegando a la parada. Cuando sentí una mano fría agarrarme del hombro, me jaló tan fuerte que caí de espaldas. Sentí un fuerte dolor en mi espalda y cabeza. Estaba por perder el conocimiento. Cuando la sombra oscura se puso sobre mí no había duda, era el hombre del dinero.
25:50 Escuché un grito en la lejanía y unos pasos que se acercaban rápidamente. Fue en esos momentos que comencé a pedirle perdón por lo que hice que, por favor, ya no me atormentara. Pues yo no era la causante de que hubiese fallecido, pero ese ser no estaba decidido a irse nada más. Así de buenas a primeras. La ayuda llegó hoy temblando. Me levanté del piso y me subieron al taxi. Yo temblaba y miraba a todos lados. Las personas samaritanas me dijeron que fuera a una iglesia, en ella me ayudarían. Ellos se habían dado cuenta que esa sombra me seguía.
26:35 Así lo hice muy temprano por la mañana me dirigía a ese templo, no me juzgaron por lo que hice ellos. Hasta el día de hoy me han ayudado y esa sombra oscura poco a poco se ha ido desvaneciendo. Ya estoy por dejar este trabajo, pues aún siento miedo de que la suerte que he tenido hasta hoy me abandone el dinero que sustraje. Fui y lo dejé en una maceta de la Casa de aquel hombre. Si lo encontraron aquellos que lo buscaban, espero y así haya sucedido. Yo le pedí perdón y le rezo para que su alma descanse en paz y yo también tenga tranquilidad en mi vida.
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