Dec. 16, 2025

3 HISTORIAS de TERROR en McDONALD´S Vol. VIII - INFRAMUNDO RELATOS

3 HISTORIAS de TERROR en McDONALD´S Vol. VIII - INFRAMUNDO RELATOS
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Inframundo Relatos De Terror
3 HISTORIAS de TERROR en McDONALD´S Vol. VIII - INFRAMUNDO RELATOS

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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:14 cliente frecuente. Historia escrita y adaptada por Ramiro Contreras. Muy buenas noches, Inframundo, mi nombre es Claudia. Siempre que cuento esta historia termino sintiendo un escalofrío. Hace tiempo trabajaba en un McDonald's. Llevaba ahí más de 3 meses. Me tocaba el turno de la tarde, de una a 9 de la noche. Me encargaba de la caja, pero a veces también entregaba pedidos en mostrador. Nunca me habían pasado cosas raras. Pero todo cambió un lunes en la tarde. Ese día llegó un cliente frecuente llamado Sergio. Siempre llegaba como a las 6:00.

1:07 Era muy común que pidiera lo mismo, un MAC, trío doble, sin pepinillos, con refresco grande, papas medianas. Era un señor de unos 50 y tantos años, Moreno, con Canas en las patillas y voz gruesa. Tenía un modo de hablar tranquilo. A veces se ponía a platicar conmigo de cosas que salían en las noticias o del clima. Me caía bien, pero no sabíamos mucho de él, sólo que era el velador de una construcción. Según mis compañeros, venía casi a diario desde antes que yo comenzara a trabajar ahí.

1:50 Muy pocas veces hacía su pedido a domicilio. Porque no vivía muy lejos, ya fuera porque era su día de descanso, porque no iba a trabajar. Era raro, pero cuando hablaba ya sabían que era él. Ese lunes se formó normal, me saludó de lejos con la cabeza. Tenía esa costumbre. Al llegar al mostrador pidió lo de siempre. Mientras le cobraba, noté que traía una mancha en la camisa como humedad. Además, olía raro, como a trapo viejo o a ropa guardada. Siendo que siempre vestía bien, pensé que venía de hacer algún trabajo. Otra cosa rara fue que me pagó con unas cuantas monedas. Le di su ticket y se fue directo a la mesa de siempre, al fondo, junto al vidrio.

2:46 Allí esperaba su pedido. Seguí con mi trabajo. Como a media hora después se retiró, pero hizo algo raro, me dijo adiós con gusto, le contesté el saludo. El martes no llegó al Mcdonalds, tampoco el miércoles me pareció extraño, pero era la primera vez que faltaba en 2 días. Lo raro fue que no hizo pedido por teléfono. A los demás compañeros de turno también les extrañó. El jueves volvió. Pero al verlo era evidente que algo estaba mal con él. Lo noté extraño. Desde que entró traía la misma ropa de lunes y estaba despeinado. La Mancha en la camisa ya era más grande, casi negra. Caminaba lento más que de costumbre. No levantaba la cabeza en la fila. Nadie pareció notarlo cuando llegó a la caja. Me miró directo a los ojos y me pidió lo mismo con una voz muy opaca.

3:52 Me le quedé mirando porque traía mucha Tierra encima, tratando de ser amable. Le dije que lo extrañamos los días anteriores. Luego le sonreí, pero sus ojos estaban hundidos, grises y traía un olor que me hizo dar un paso hacia atrás. Era muy fuerte. No era sudor, olía a carne descompuesta. Pensé en decir algo, pero por respeto no lo hice. Le cobre todo igual que siempre. Esa vez, de nuevo me pagó con unas monedas. Al retirarse se sintió mucho frío. Lo seguí con la mirada hasta que se sentó en su lugar preferido. Volteé con mi compañera para preguntarle si lo había visto. ¿Refiriéndome a su extraño aspecto, me preguntó A quién? Porque no había entrado nadie desde hacía 10 minutos me reí, pero cuando volví a ver a la Mesa ya no había nadie desconcertada.

4:58 Fui a revisar, pero no encontré nada, ni el ticket, solo una marca oscura en el asiento. Como a humedad y algo de Tierra, revisé las monedas con las que me había pagado y no estaban. No le dije nada a nadie. Me quedé callada todo el turno, pero yo sabía que no lo había imaginado. Al día siguiente, antes de entrar al restaurante, me fui a la farmacia de enfrente por unas galletas y un café. Ahí estaba doña Magna, la señora que barría la banqueta en las mañanas me preguntó que si conocía un hombre que iba mucho al McDonald's, uno Moreno ya grande, que caminaba despacio.

5:46 Le dije que sí, que se llamaba Sergio, era cliente de a diario, me miró y me contó que lo acababan de enterrar apenas el miércoles. Que lo habían encontrado en su departamento tirado en el piso del baño, que llevaba 2 días de muerto. Cuando lo hallaron, el cuerpo ya estaba mal. Lo habían velado rápido, con el ataúd cerrado. Yo no supe qué decir. Entré al trabajo con las manos temblando. Eso no podía ser posible. A ese señor el día anterior lo había atendido. Es más, el lunes también lo había visto. Me daba miedo pensar que don Sergio se salía de la Tumba para comprar su hamburguesa.

6:36 No dije nada en días, pero siempre estuve temerosa de que un día volviera aparecer. Pronto alguien notó que yo andaba rara. Entonces le tuve que platicar lo que había pasado. Me aconsejaron que fuera al Panteón a prenderle una veladora. Tal vez se me aparecía porque no encontraba la luz para emprender su camino al más allá. Por eso andaba penando la verdad que por miedo no lo hice. Lo que me termino de quebrar fue que el sábado, antes de las 7:00 de la tarde, alguien ordenó desde el teléfono de casa. Era el mismo pedido de siempre mismo nombre, Sergio Domínguez. Sabiendo lo que había pasado, nadie lo fue a entregar. Agarré valor, le pedí a mi compañera que al siguiente día me acompañara temprano al Panteón para encenderle la Veladora.

7:40 Por suerte dijo que sí. Al enterarse otro compañero también se ofreció a acompañarnos. Nos dijo que él conocía un sobrino de don Sergio y preguntaría por su tumba. Un poco después del mediodía llegamos al panteón, caminamos hasta la reciente tumba, leímos su nombre y sacamos las velas porque mi compañero también llevo una las encendimos, hicimos unas oraciones y le pedimos que descansara en paz. Me hinqué, escarbé un poco para poner la veladora y entre la Tierra encontré un ticket del Mcdonalds. Donde le iba a poner la otra también encontramos otro ticket al revisarlos, eran del miércoles y el jueves los días que yo lo había atendido.

8:33 Salimos impactados de ahí esperando a que las veladoras fueran suficientes para que don Sergio Descansara y no se volviera a salir del panteón para ir por su MAC Trío al Mcdonalds de siempre. Por suerte, así fue, porque jamás volvió, al parecer, el alma de don Sergio. Finalmente, ese día se fue. Las noches en McDonald's pueden parecer rutinarias, pero cuando el reloj marca la hora maldita, los secretos salen a flote. ¿Dime qué te ha parecido el primer relato? Te leo en los comentarios continuamos. El payaso de mis pesadillas, escrito y adaptado por Ramiro Contreras.

9:33 No puedo asegurar si tendría 6 o 7 años cuando a partir de una noche comencé a tener sueños que para mi edad resultaban de verdad horribles. En ellos un hombre alto, flaco, vestido de una forma llamativa. Con cara pintada y una sonrisa burlona, si aparecía frente a mí me enseñaba los dientes para luego desaparecer. Además, tenía una sonrisa burlona que se quedaba en el aire, aunque ya no lo veía. Las primeras veces que me sucedió no pasó a mayores porque ya para media mañana lo había olvidado.

10:16 Pero después, ya de tanto verlo dentro de mis sueños, esa imagen se me fue grabando en la memoria. Entonces me comenzó a afectar. Lo digo porque me daba miedo. Cuando se acercaba la noche yo sabía que de nuevo lo iba a ver y me iba a asustar. A esa edad no tenía idea de quién era ni porque se hacía presente en mis sueños. No entendía de esas cosas porque no hablaba con nadie. Además, no teníamos televisión ni acostumbraba que fuéramos al jardín de niños. La verdad creo que ni había en la ciudad, de eso no estoy seguro.

11:03 Conforme iba cumpliendo años, mis sueños cada vez iban subiendo de intensidad. Ese hombre me correteaba en la calle, en la escuela. E incluso en mi casa, cuando lograba alcanzarme, me apretaba la garganta hasta casi ahorcarme. En ocasiones lo hacía hasta que botaba los ojos. Así se pasó el tiempo. Los sueños no desaparecían. Entonces para mis amigos era el miedoso, el retraído y nadie se quería juntar conmigo. De hecho, en mi casa me castigaban por mi forma de ser, pero nunca me preguntaban qué era lo que me estaba pasando y yo, por falta de confianza, no me atrevía a contarle a nadie.

11:52 Mientras tanto, hasta parecía que ese hombre se daba cuenta de todo porque cada vez que me sucedía algo en mi escuela o ahí mismo en la casa. Se aparecía por la noche para recordármelo y para burlarse lo más que podía. Ya estando en tercer grado de primaria, un Día del Niño nos avisó el maestro que nos llevaría a un nuevo restaurante donde vendían hamburguesas. Le avisé a mis papás, pero la verdad, por mi condición humilde, todavía no sabía lo que era eso. Ese día llegamos al lugar y con lo primero que me encontré fue con ese hombre extraño, pintado de la cara y con grandes zapatos.

12:44 Parecía que me estaba esperando sentado cerca de la puerta, mirando directamente hacia mí, mientras sonreía. Así como yo lo había visto en mis sueños. El maestro me agarró del hombro y me fue llevando porque. Yo me había quedado paralizado de la impresión de verlo. No entendía cómo había brincado de mis sueños a la realidad. Más extraño aún fue darme cuenta que todo lo veían hasta se acercaban a tocarlo sin ningún miedo y a ellos nada les hacía el hombre. Me clavo la mirada y con ella puesta en mis ojos, me fue siguiendo.

13:28 El profesor trató de acercarme a ese hombre de la cara pintada. Entonces me negué. Eso fue suficiente para que alguien se diera cuenta y les gritara a los demás que el raro, refiriéndose a mí, le tenía miedo al payaso. Hasta ese día supe que quien se me aparecía era un payaso que todos conocían. Entramos y me senté en medio de todas las burlas de los niños, incluyendo la risa socarrona de mi maestro. Todos se fueron a jugar mientras yo me quedé sentado, mirando de reojo hacia afuera, vigilando al mentado payaso que no se fuera a levantar.

14:14 De vez en cuando lo llegué a ver que volteaba para enseñarme los dientes. Sin que se diera cuenta, el maestro cerraba los ojos para no verlo. O volteaba para otra parte. Quería que pronto se pasara el tiempo para ir a refugiarme a mi casa. Al paso de 1 hora, quizás un poco más, nos comenzaron a servir. Entonces el maestro llamó a todos mis compañeros cuando me dieron mi hamburguesa. De verdad dolía deliciosa. Pensé que al final había valido la pena pasar por tantas porlas volteé y el PAYASO seguía en su sitio. Entonces comencé a comer sin ningún pendiente. Todos los niños estaban en sus cosas. Entonces me dejaron en paz por un momento. Gracias a eso olvidé de todo cuando llevaba media hamburguesa.

15:13 Para mi sorpresa, el hombre de la cara pintada ya no estaba sentado en la entrada. Entonces lo comencé a buscar por todo el establecimiento. No sé por qué, pero supe que lo tenía detrás de mí. Iba a voltear cuando me agarró del cuello y me comenzó a apretar. Solte el pedazo de hamburguesa e intenté quitármelo. Volteé hacia arriba y sí, era él. Ahí estaba el payaso tratando de ahogarme, como muchas veces lo había hecho dentro de mis pesadillas. Cada vez me apretaba con mayor fuerza.

15:54 Empecé a manotear, incluso por eso le tiré los refrescos a quienes estaban a mi lado. El payaso no se detenía. Parecía que ahora sí estaba dispuesto a ahorcarme hasta que muriera. Ya miraba borroso cuando sentí que golpeaban mi espalda. Lo hicieron tan fuerte que el payaso me soltó. Entonces pude agarrar un poco de aire. Sentí que me regresaba a la vida. Los regaños por parte de un maestro y las burlas no se hicieron esperar. Eso no me importaba. Yo busqué al payaso. Cuando lo vi sentado afuera se me ocurrió decir que había sido él el que me había apretado el cuello.

16:42 Tuve que soportar todo el tipo de burlas. Me dijeron que eso me había pasado por atascarme de comida, hasta el loco por haberle echado la culpa a una figura. La verdad, me habían dicho tantas cosas que ya no me afectaba. Más cura que me agarraron porque por mi culpa nos tuvimos que retirar. Cuando salimos pude escuchar la risa burlona y escandalosa de ese hombre. Todavía después de que nos subimos al Camioncito donde habíamos llegado, el payaso no dejaba de reírse. Así se pasaron los años.

17:22 Estaba por salir de sexto año. Una noche así de la nada, los sueños desaparecieron. Por Primera Vez supe lo que era dormir tranquilo. Ya tenía casi 13 años. Poco a poco fui madurando, pero aún tenía el recuerdo de todo aquello. Por eso, un día, ya estando en secundaria, enfrente mis miedos, sin decirle a nadie, me fui a ese McDonald's. Sabía que me estaba arriesgando mucho el pasar sin problema por enfrente del payaso. Me dijo que lo podía superar. Me comí una hamburguesa y todavía me quedé un rato ahí. Al salir lo pensé para voltear, pero sólo era un mono. No tuvo ningún movimiento hasta el día de hoy. De vez en cuando voy a ese restaurante, aunque claro, ya hace muchos años que retiraron a ese payaso llamado Ronald que me atormentaba toda mi niñez y nunca supe porqué. Un duende en McDonald's, historia escrita y adaptada por Ramiro Contreras.

18:42 Mi nombre es Luis Cervantes. En el año 2005 laboré en un famoso restaurante de McDonald's. Durante mis primeros meses de trabajo las cosas habían transcurrido de manera normal. Puedo decir que después de las 9:00 de la noche, el tiempo parecía que se detenía. Entonces la jornada de trabajo parecía interminable. Una noche fría de invierno las cosas cambiaron desde las 5:00 de la tarde. El restaurante se encontraba solo porque una ligera lluvia no dejaba de caer. Los trabajadores de ese turno, contando con el encargado, estábamos sentados en el comedor.

19:27 Tomando un descanso, a falta de clientes, platicábamos mientras nos comíamos unas papas. De pronto una pelota roja de plástico salió de la piscina y rebotó varias veces. Cerca de nosotros volteamos los cuatro porque eso había sido extraño. Pero claro, no era para asustarnos. Sin dejar de platicar, uno de mis compañeros trató de minimizar las cosas. Se levantó, caminó con calma, tomó una pelota y la aventó a su lugar. Observó varias veces hacia la piscina. Luego regresó tranquilo, apenas se iba a sentar cuando volvieron a aventar la misma pelota o quizás era otra, pero del mismo color.

20:17 Eso ya fue raro. Entonces nos levantamos los cuatro, nos miramos unos a otros y fuimos a ver que pasaba. Comentamos que alguien estaba escondido por ahí. Revisamos toda el área de juegos sin encontrar algo raro. De nueva cuenta. Mi compañero Agarró la pelota y la regresó. Nos quedamos ahí parados por un rato esperando que sucediera de nuevo. Luego de unos minutos llegamos a la mesa, nos dimos cuenta que había pasado otra cosa todavía más rara. Las papas que nos estábamos comiendo ya no estaban.

20:59 Las buscamos tiradas, volteamos hacia otra mesa pensando que tal vez nos habíamos equivocado de lugar, pero no estaban. ¿Preguntamos a manera de broma, quién se las había comido? Todos dijimos que no y reímos un poco. Alguien volteó y las miró tiradas muy cerca del mostrador, como a unos 2 M. Ahora si no sabíamos que pensar aparte de nosotros cuatro, no había nadie más, entonces era imposible que hubieran llegado solas hasta allá. Me acuerdo que rey nervioso, todavía algo incrédulo, fuimos a ver si eran nuestras papas, pero prácticamente se las habían comido y las que quedaban se encontraban mordidas.

21:50 Nadie tenía una explicación ni sabíamos qué pensar. Nos regresamos a sentar. Estábamos mirando a ver si volvía a suceder lo de la pelota cuando de repente algo se cayó en la cocina. Eso ya era para poner a pensar a cualquiera. Nos pusimos de acuerdo para ir los cuatro a revisar la verdad. Ya íbamos con preocupación. Nos dimos cuenta que varias espátulas para voltear la carne de hamburguesa estaban tiradas, pero no había forma de que se hubieran movido solas. Aunque era imposible, alguien dijo que pudiera ser una rata grande.

22:32 Para tranquilizarnos un poco, apoyamos esa teoría, aunque sabíamos que esa rata no iba a aventar las pelotas mucho menos 2 veces. Buscamos por un rato, pero no encontramos nada. Era extraño porque la rata siempre roe en las cosas. Estábamos pensando en cerrar porque el agua no paraba. Hablábamos de eso con el encargado cuando claramente se escuchó que alguien le bajó al baño. Eso ya era demasiado. Tenía que haber alguien oculto por ahí. No había otra explicación porque nunca habíamos tenido actividad paranormal. No había motivo para una cosa así. Los compañeros, no sé si a manera de juego o lo dijeron en serio, comenzaron a decir tonterías como que tal vez los juguetes de la cajita feliz habían cobrado vida y andaban corriendo por ahí.

23:34 Otros hablaron de fantasmas. Hasta alguien dio la posibilidad de que fuera un duende, lo único seguro hasta ese momento. Sabíamos que no era humano, aunque la mayoría de nosotros no creía en esas cosas paranormales. Sí que había la posibilidad que pudiera ser una cosa así. Fuimos a revisar los sanitarios, pero no encontramos a nadie, ni había huellas de nada. Me acuerdo que me daban escalofríos. Miramos la hora y apenas pasaban las 8:00 de la noche. El encargado nos pidió a aguantar un poco más porque el que no hubiera clientes para la empresa no era motivo para cerrar el local y tenía razón.

24:22 Nos podía llamar la atención. Decidimos sentarnos otra vez. Estábamos comentando lo extraño de la situación. Cuando uno de los compañeros se levantó, hizo y dijo una expresión de asombro. Luego nos aseguró que una criatura había pasado corriendo por el área de toboganes. Se escuchaba como broma, pero bastaba ver la expresión de su cara para saber que no estaba jugando. Nos aseguró que era la verdad. Puso su mano a la altura de la rodilla para decirnos que era algo de ese tamaño. Lo que había visto, además lo comenzó a describir, era de color negro. Todo cubierto de pelo bastante largo. Tenía patas y manos cortitas, pero sus orejas eran tan grandes como las de los conejos.

25:16 Además de una nariz muy pronunciada, caminaba de prisa en sus patas traseras. Iba volteando para todas partes. El encargado nos dijo que fuéramos a ver. No podíamos cerrar y dejar un animal adentro porque seguramente haría infinidad de destrozos. Estuvimos de acuerdo y comenzamos a caminar tratando de no hacer ruido al ver si podíamos sorprenderlo de nueva cuenta. Revisamos todo, lo hicimos detrás de cada cosa, adentro de los tobocanes, en las piscinas de pelotas sobre las cosas y nada.

25:59 Le pregunté al compañero si estaba seguro de lo que nos estaba diciendo. Solamente movió su cabeza para decir que sí. Mirábamos para todas partes cuando de pronto y sin darnos tiempo de reaccionar, algo pasó corriendo en medio de nosotros. Por inercia saltamos a un lado. El encargado de local le tiró una patada, pero no logró darle. No supimos lo que era esa cosa a pesar de que corrió un poco más de 10 M hasta meterse en la cocina. Eso sí, no era una rata ni un animal conocido. Ahora sí agarramos lo que encontramos y nos fuimos a la cocina con la intención de golpearlo.

26:43 No teníamos idea si era peligroso o no la primera plancha que moví. La criatura saltó, corrió hacia una pequeña ventana y salió de prisa por un agujero que tenía la tela. El encargado se subió a una silla y cerró el vidrio para que no se volviera a meter. Todavía teníamos una duda, como lo habíamos escuchado por todo el local, no podíamos asegurar que solamente había uno de esos seres o podía estar escondido otro. Por ahí nos dieron las 11:00 de la noche buscando sin encontrar nada. Al siguiente día encontramos toda la basura del contenedor, regada por todo el patio.

27:28 Ahí sí había infinidad de huellas, bastantes extrañas, marcadas por el agua y la Tierra que había hasta la fecha. No tengo otra explicación. Fue un duende el que aquella noche lluviosa se metió a McDonald's y nos dio un buen susto.