3 HISTORIAS DE TERROR DE TRABAJADORAS S3XUALES - INFRAMUNDO RELATOS
Dejanos 5 Estrellitas y no Olvides SEGUIRNOS...
🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
🎧 Usa audífonos para una experiencia inmersiva.
Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: inframundorelatos@gmail.com
Más contenido en: www.inframundorelatos.com
🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
#IRDT #InframundoRelatos #RelatosDeTerror #TerrorReal #LeyendasMexicanas #PodcastDeTerror
0:26 Nunca pensé que una simple noche de escapada terminaría marcándome para siempre. Tenía 34 años cuando todo corrió. Acababa de cerrar un trato importante en Guadalajara y uno de los trabajadores que me ayudaron con la mudanza me habló de un lugar discreto al sur de tepatitlán. Me dijo que se llamaba Rancho la estrella y que por 1500 pesos la experiencia era inolvidable, la curiosidad y el cansancio me ganaron. Esa misma noche tomé la camioneta y me dirigí por la carretera rumbo al rancho. Era un camino de terracería maltratado por las lluvias recientes flanqueando por Cañaverales y naranjos. Las luces de la ciudad quedaron atrás y el GPS dejó de funcionar.
1:19 Solo seguí las instrucciones del muchacho, avanzar hasta el árbol partido, dar vuelta a la izquierda y después continuar hasta ver una reja de fierro con una estrella blanca pintada. Eran pasadas de las 11:00 de la noche. Cuando llegué, un foco rojo colgaba de un poste torcido y alumbraba la entrada. La reja estaba entreabierta, me bajé, empujé con cuidado y avance. El rancho estaba en penumbras, excepto por unas luces amarillas que colgaban sobre el porche principal. Frente a la entrada, una mujer alta, de cabello negro y piel pálida me esperaba. No dijo su nombre, sólo me hizo una seña con la cabeza y me indicó que apagara el motor adentro. Elía, perfume barato y humedad.
2:14 Había una salita con sillones de vinil gastados, botellas vacías y un estéreo que sonaba muy bajo con música de banda lenta. Las chicas estaban ahí, 5 en total. Había una que no dejaba de mirarme. Placa, ojos grandes y piel morena con un vestido rojo desgastado, se acercó, se presentó como luz y me llevó a una habitación del fondo. El pasillo estaba débilmente iluminado por veladoras. Eso me pareció raro, pero no pregunté nada. No quería quedar como un cobarde. La habitación era sencilla, una cama de madera. Una ventana cerrada con clavos y un pequeño buró con una botella de tequila abierta.
3:06 Ella me ofreció un trago, pero lo rechacé. Me senté al borde de la cama y comencé a quitarme las botas. Fue entonces que me di cuenta. Sus pies no tocaban el suelo, flotaban. No supe como reaccionar, cerré los ojos, me los tallé con fuerza y cuando volví a mirar. Ya estaba sentada junto a mí acariciándome el brazo. Su contacto era helado, como si me tocara con manos mojadas. Quise hablar, pero sentí que la lengua no me respondía bien. Fue como si se me adormeciera todo el cuerpo.
3:49 El cuarto comenzó a girar lentamente, como si me encontrara borracho. Aunque no había bebido nada, ella me miró fijo a los ojos, sonrió, pero no fue una sonrisa normal. Era como si su cara se estirara más allá de lo humano. Su boca se abrió tanto que vi los bordes Rasgados en las comisuras. No recuerdo en qué momento me desmayé, solo sé que desperté desnudo en el mismo cuarto, pero ya no era de noche. Era de día y la habitación estaba completamente vacía. No había cama, ni Buró, ni veladoras, sólo polvo, telarañas y el piso cubierto de Tierra. Salí tambaleándome llamando a alguien. Nadie respondió.
4:43 Toda la casa estaba en ruinas, con las ventanas rotas y las puertas colgando de un solo clavo. El rancho parecía abandonado desde hacía años. Corrí hasta la camioneta que seguía estacionada frente a la casona. Subí, di marcha y me largué de ahí sin mirar atrás. Me sentía débil, como si algo se hubiera llevado un pedazo de mi alma. Cuando llegué al hotel de Tepatitlán, el recepcionista me miró extrañado, me preguntó si estaba bien, que ya llevaba 3 días sin aparecer. No le respondí nada. Solo subí a mi habitación y me encerré esa noche mientras intentaba dormir. Escuché pasos dentro del cuarto.
5:31 Abrí los ojos y ahí estábamos parada en una esquina con el mismo vestido rojo y esa sonrisa imposible no habló, solo caminó hacia mí flotando y se detuvo al borde de la cama. Me desmayé otra vez desde entonces. De vez en cuando la veo. Aparece en el espejo del baño al fondo del pasillo en mi casa o reflejada en el vidrio del coche cuando manejo solo de noche. He ido con curanderos, sacerdotes, incluso con un psiquiatra. Nadie me ha podido ayudar, todos me dicen lo mismo.
6:12 Eso que me acompaña no quiere irse y cada vez que sueño estoy de nuevo en esa habitación sin ventanas con su cara pegada a la mía. Pregunté por el rancho la estrella. Algunos dicen que hace muchos años sí existió, pero que cerró después de una tragedia. Dicen que fue en 1997. 5 trabajadoras nocturnas fueron encontradas sin vida en sus camas, con los ojos abiertos y las bocas rotas de tanto gritar. Nadie sabe qué pasó. Desde entonces nadie ha podido vivir ahí.
6:52 El rancho se puede ver entre los matorrales y cada tanto alguien desaparece cerca de sus terrenos. Ahora entiendo que ese lugar no era lo que parecía que luz no era una mujer, sino algo más viejo, algo que habita ahí esperando que un idiota como yo cruce la reja oxidada para buscar placer. Esta ha sido mi historia. Mi nombre me lo reservo por cuestiones de privacidad. Muchas gracias por escucharme. Buenas noches, Alejandro, mi nombre es Efraín Ruiz. Nací en un rancho polvoriento de Jalisco, donde el viento traía más suspiros que esperanzas.
7:48 Mi infancia puede esas que se caminan con los Pies Descalzos y los silencios largos. A la única que recuerdo con luz en ese paisaje reseco fue a Julia. La conocí cuando ambos teníamos apenas 10 años. Era hija de un jornalero y su madre vendía pan en la plaza los domingos. Julia tenía una risa que parecía burlarse del destino. Crecimos juntos, íbamos al mismo kinder de tablas y láminas, jugábamos entre los mezquites y cuando llegó la adolescencia, nuestras manos dejaron de esconderse. Fue mi primer novia en el pueblo. Nadie decía nada, pero todos sabían que yo la miraba como se mira a lo único limpio de este mundo. Cuando cumplí 18 años gané una beca para estudiar en Guadalajara.
8:49 Me fui con lágrimas en la garganta, prometiéndole a Julia que volvería cada vacaciones por ella. Y así fue durante los primeros 2 años. Pero la ciudad consume, te llena de trabajos, de exámenes, de horas muertas. Las visitas se hicieron esporádicas, apenas llamadas breves. En los pocos ratos de conexión me dolía, pero me decía a mí mismo que era por un bien mayor. La Última Vez que hablé con ella fue una Navidad. Me dijo que su padre había muerto, que su madre enfermó de los nervios y que ya no podría sola. Sonaba triste, pero trató de fingir que todo estaba bien. Pasaron 4 años, regresé al rancho con mi título en mano y la mochila más liviana.
9:47 No encontré a mi madre, que ya había fallecido, ni a los viejos amigos. Solo quedaban recuerdos. Tierra seca y una noticia que me cortó el aire. Julia se había casado. Peor aún, decían que su marido era de esos que se hacen hombres a punta de golpes. Intenté buscarla, nadie me daba razón hasta que un compadre de mi infancia me dio ebrio en una cantina, me contó la verdad entre Risas Nerviosas y miradas esquivas. A Julia la tenían trabajando en una casona al norte del rancho, en una brecha que sólo los forasteros recorrían ahí.
10:33 Según él, recibían a clientes de todas partes, hombres con sombrero y dinero sucio, buscando lo que no se atreven a pedir en sus pueblos. No quise creerlo. Julia no podía estar ahí, pero algo dentro de mí. Una punzada entre el pecho y el estómago me obligó a ir una noche. Tomé el camino entre magueyes y nopales hasta que vi luces. La casona era una estructura antigua enorme, rodeada de árboles secos. El portón chirriaba como si se quejara afuera. 2 camionetas y un tipo con ojos de culebra me cobraron por entrar.
11:20 No pregunte, solo asentí como si supiera lo que iba a encontrar adentro. El ambiente era denso, luces rojas, música baja y cuerpos que se movían como sombras. Algunas mujeres estaban sentadas en sillones, otras caminaban como si no tocaran el suelo. Los hombres bebían, reían, algunos gritaban. El olor a perfume y sudor impregnaba cada rincón y entonces la VI Julia o lo que quedaba de ella llevaba un vestido negro que alguna vez debió ser elegante, pero ahora colgaba como una piel ajena.
12:07 Su cabello, antes largo y trenzado, estaba suelto y enredado. Tenía los ojos abiertos pero vacíos, como si alguien hubiera soplado su alma y se la hubiera llevado. Se movía con lentitud, saludaba sin mirar, sonreía sin sentir. Quise hablarle, llamarla, pero algo en su mirada me detuvo. Se acercó a mí sin reconocerme y me preguntó en voz Baja si quería pasar a una de las habitaciones. Como si fuera una más, como si yo no hubiera sido su primer amor. Dije que sí, no porque quisiera, sino porque necesitaba entender que el le habían hecho. Subimos las escaleras, su cuerpo olía a pastillas, a químicos, a cansancio.
13:01 Me pidió que me quitara la camisa y que no hablara. Yo no podía articular palabra alguna, sólo observaba. Buscaba a la Julia que conocí, pero no estaba. Su voz era hueca. Su piel helada parecía moverse por costumbre, como si alguien más manejara su cuerpo desde adentro. Cuando terminó me levanté en ella se quedó acostada mirando al techo. Le pregunté si me reconocía, no respondió y sólo cerró los ojos. Salí de ahí con el corazón partido en 1000.
13:43 No dormí esa noche ni la que siguió. Algo no encajaba. Había visto mujeres cansadas antes, pero nunca algo así. Julia estaba vacía, como un cascarón, como una sombra atrapada en carne viva. Volví al rancho de mi madre, al viejo cuarto, donde solía escribirle cartas. Las leí de nuevo 1 * 1. Me pregunté en qué momento la abandoné, en qué instante dejé de ser quien debía estar ahí para ella. Al tercer día volví a la Casona. Llevaba en mente hablar con ella, sacarla de ahí. No me importaban los hombres que custodiaban y los clientes. Iba decidido a hacer lo correcto, pero esa noche. Julia, ya no estaba.
14:40 Pregunté por ella. Apenas crucé la reja de la casona. Los mismos hombres de siempre, con esa mirada sucia de quienes ya no sienten nada. Me ignoraron o fingieron no saber de quién hablaba. Caminé por los pasillos, por los rincones que ya conocía, buscando entre las sombras esa silueta que no podía arrancarme de la memoria. Esa noche no apareció tampoco la siguiente. Volví día tras día, cruzando la misma brecha de polvo, atravesando ese portón oxidado, soportando las miradas burlonas de quienes sabían más de lo que decían. Todas las mujeres aseguraban no conocerla. Algunas bajaban la vista.
15:31 Una de ellas susurró que ya no estaba. Que un día amaneció extraña y que luego simplemente desapareció. Comencé a preguntar, en los pueblos vecinos nadie decía nada. Un viejo de mirada triste me dijo que cuando una mujer dejaba de servirles solían deshacerse de ella. Me habló de una barranca seca al norte, donde el aire arrastraba olores que no eran de la Tierra. Volví al rancho con el estómago hecho piedra. Algo me decía que Julia ya no respiraba, que su cuerpo había sido arrojado como basura, como si nunca hubiese importado. Pero yo no podía aceptarlo.
16:16 Algo dentro de mí seguía creyendo que aún estaba con vida, que necesitaba ayuda. Una noche, cuando ya me había resignado, vi su rostro entre la penumbra. Estaba sentada en una esquina del salón principal, sola e inmóvil, vestida de blanco, una tela manchada de Tierra. Su rostro estaba pálido, mucho más que antes. Los ojos abiertos, vacíos. No parecía moverse, ni siquiera a respirar. Me acerque sin pensar. La seguí cuando se levantó y me condujo por las escaleras.
16:58 No dijo nada, me llevo a la misma habitación donde la VI. Por Primera Vez. Entramos y ella comenzó a desvestirse con lentitud, como si cada movimiento fuera una rutina grabada en su carne. No dijo palabra alguna. No reaccionó cuando le hablé ni cuando intenté tocar su rostro. Se acostó en la cama y me jaló hacia ella. No era la mujer que conocí. Ya no había ternura en su piel, ni fuego en su mirada, sólo un cuerpo frío, sin voluntad ni alma. Pero aun así no me detuve. La necesidad de tenerla una última vez era más fuerte que el miedo, más fuerte que la culpa. Cuando la intimidad termino, me recosté a su lado, le acaricié el cabello, esperé que me dijera algo. No hubo respuesta.
17:54 Cerré los ojos cansado, intentando creer que aún había esperanza. Desperté horas después. Ella seguía en la misma posición, inmóvil y helada. Le hablé con desesperación, la toqué la sacudí, pero no reaccionaba. Corrí a buscar ayuda. Los hombres de la casona subieron con burlas en el rostro al verla. Sus caras cambiaron, uno se acercó, le tocó el cuello y se apartó en silencio. Otro murmuró que estaba fría. Dijeron que ya tenía varias horas muerta, no entendí nada, yo había estado con ella, me miró y me tocó, me guió, pero según ellos, ya no respiraba desde antes. Uno dijo que la habían encontrado en la tarde anterior tumbada en el patio.
18:51 Pero pensaron que era una de sus tantas borracheras. No quisieron llamar a nadie. Otro aseguró que desde hacía semanas tomaba pastillas, que se quedaba dormida por horas, que caminaba como sonámbula. Nadie se preocupó por ella, nadie la cuidaba. La policía llegó al día siguiente, anotaron todo en un cuaderno, dijeron que había sido una sobredosis. No hubo detenidos ni preguntas. La historia se cerró sin justicia. Además de que la policía estaba comprada, el cuerpo fue llevado sin ceremonia a una fosa común sin nombre y sin tumba.
19:36 Julia desapareció del mundo sin dejar huella, como si nunca hubiera existido, como si su vida no hubiera importado. Pero yo sé lo que pasó. Yo estuve allí y desde entonces no he podido dejar de verla. Desde aquella noche no he vuelto a ser el mismo. El rostro de Julia se quedó conmigo. Lo veo cuando de repente cierro los ojos cuando intento dormir. Está ahí, inmóvil, con la misma expresión vacía de aquella última vez. El frío que sentí de su cuerpo no se ha ido y se ha instalado dentro de mí. Regresé a la ciudad, me alejé del rancho y de todo, pero el pasado no se queda atrás.
20:26 Cada vez que paso frente a una casona antigua, siento que me observan. Cada vez que escucho el nombre de Julia en otra voz, algo me aprieta el pecho. No se trata de una nostalgia, es algo más profundo, más sucio y oscuro. He intentado rehacer mi vida. Y he tenido otras parejas. He viajado, trabajado, fingido, que soy alguien normal, pero nada. Y en el vacío que ella dejó, porque no fue sólo perderla, fue descubrir que el amor que sentía murió antes de tiempo, bajo el peso de la miseria humana. La vendieron, la destruyeron, la borraron yo al final. La tuve en mis brazos cuando ya no era más que un recuerdo disfrazado de carne.
21:18 Durante meses tuve pesadillas. Me veía a mí mismo entrando en la casona, caminando por sus pasillos en ruinas, guiado por un lamento lejano. La encontraba en la misma habitación, pero ya no era ella. Su cuerpo estaba hinchado con la piel amoratada los labios secos. Aun así, me sonreía y esa sonrisa me perseguía hasta que despertaba empapado en sudor. Una noche desperté con la certeza de que debía volver, no por ella, sino por mí. Tenía que cerrar el círculo.
21:58 Fue entonces que allá por el 2008 volví al pueblo. Todo estaba igual, los árboles polvorientos, las mismas casas de barro, el mismo calor opresivo. Pero el rancho ya no era el mismo. La casona estaba abandonada, la maleza había crecido hasta cubrir la entrada, las ventanas estaban rotas. Nadie hablaba con ella. Los viejos del pueblo decían que desde la muerte de Julia el lugar había quedado maldito. Algunos aseguraban que por las noches se escuchaban gritos, otros que se veían sombras en el patio.
22:40 Como si las almas de las mujeres que ahí murieron jamás hubieran podido irse. Caminé por el sendero que llevaba a la entrada, el mismo olor a polvo y orines, pero más rancio, más apestoso. Crucé la puerta de madera que crujío bajo mis pasos. Todo estaba cubierto por polvo. Las sábanas todavía estaban en las camas, en una esquina, una copa rota con manchas oscuras. El olor era insoportable, como a carne podrida que se niega a desaparecer. Subí las escaleras guiado por la memoria, entré a la habitación, la cama, seguí ahí las cortinas, raídas los espejos empañados, me acerque al mismo rincón donde la vi aquella noche.
23:29 Cerré los ojos, sentí su presencia, no era mi imaginación, estaba ahí, en el aire, en el polvo. En la podredumbre que se aferraba a las paredes, saqué una caja de cerillos. Al encender uno deje caer la flama sobre las cortinas. El fuego tardó en prender, pero cuando lo hizo avanzó con rapidez. Las paredes comenzaron a chisporrotear. El humo se alzó como un espectro envolviendo el techo. No corría en ese momento. Me quedé allí observando cómo la habitación se convertía en un infierno.
24:13 Sólo me fui cuando el calor me obligó a retroceder. Salí tambaleando mientras la casona ardía como una boca de infierno. Esa noche dormí en el panteón del pueblo al amanecer. Cuando abrí los ojos, me di cuenta que había soñado con Julia por última vez. Estaba en el campo donde la conocí, vestida con la blusa blanca que tanto le gustaba. Me sonreía, no decía nada, solo me observaba y Por Primera Vez en años no sentí miedo. No sé si fue una despedida o una advertencia, solo sé que ya no la he vuelto a ver. Hoy, muchos años después, sigo sin regresar al rancho. Pero a veces, cuando conduzco por caminos solitarios, cuando paso por algún burdel perdido entre el cerro, escucho una risa lejana, como si algo aún estuviera buscando venganza, como si los pecados cometidos en esa casona no hubieran olvidado. Entonces recuerdo que hay heridas que nunca se curan, mujeres que mueren muchas veces antes de que las entierren. Y que hay hombres que jamás dejamos de pagar por lo que hicimos, incluso cuando creíamos que era por amor. Quizás esta historia no da mucho miedo o no es de horror, pero es una experiencia que llevo desde
25:46 entonces. Muchas gracias por escucharme. Buenas noches, Inframundo, mi nombre es Julián Mendoza. Cuando escuché hablar del rancho de don evaristo Por Primera Vez, fue durante una noche de tragos con otros camioneros en una fonda de encarnación de Díaz, Jalisco. Uno de ellos soltó el comentario como al pasar allá por San Jacinto. Hay un rancho donde las noches no terminan y las muchachas nunca duermen.
26:33 El tono en cómo lo dijo me provocó más inquietud que curiosidad. Semanas después, por cosas del destino o del pecado, terminé desviándome de mi ruta habitual. Mi cabeza iba saturada de problemas y tentaciones. Conducía solo con la madrugada encima. Y el silencio de la carretera, apenas roto por el motor. Fue entonces que vi el letrero Desvencijado, a un costado del camino Rancho Los Sauces, servicio nocturno. Algo me empujó a entrar. El camino hacia el rancho era de Tierra, apisonada, laqueando por árboles secos, como si el tiempo no pasara y apenas bajé del camión.
27:21 El ambiente me pareció más frío de lo normal. El silencio era raro, ni grillos ni viento, solo una quietud forzada, como si todo contuviera la respiración. Me recibió un hombre de rostro severo, cuerpulento con sombrero y botas bien voleadas, sin presentarse. Me hizo una seña y me abrió la puerta de una construcción antigua. Con olor a madera húmeda y perfume barato, el interior estaba iluminado por lámparas opacas. Había chicas sentadas en sillones de piel desgastada, fumando en silencio, con la mirada ida, como si ya hubieran visto demasiado cosas.
28:09 Una de ellas se acercó Morena, Delgada, con unos ojos tan tristes como hipnotizantes. Dijo que se llamaba clara. Me tomó del brazo con suavidad y me guió por un pasillo largo donde las luces apenas alumbraban. Había cuadros antiguos, paredes agrietadas y una sensación que me hizo erizar la piel. Esa casa no era para divertirse. Algo en sus cimientos estaba podrido. Nos sentamos en una habitación decorada con muebles viejos y una cama que crujía al mismo rocé.
28:49 Clara, me habló poco. Sus palabras eran secas, medidas, pero en su voz había algo más que su resignación. Miedo. Me quedé observándola en silencio. Tenía marcas en los brazos, cicatrices pequeñas que no eran de accidentes. Le pregunté que hacía ahí y bajando la mirada solo dijo, no todos llegan con voluntad. El ambiente se volvió más denso. Afuera algo se movía. Escuché pasos múltiples, como si varias personas caminaran alrededor de la cabaña, pero no había voces, ni risas, ni música, solo pasos.
29:35 Clara se tensó y me pidió que no saliera, que fingiera estar dormido. Si alguien entraba. Minutos después, alguien golpeó la puerta bastante fuerte. 3 veces para ser más exacto, clara, me miró con los ojos llenos de terror, se cubrió con la sábana y me dijo que no hiciera ruido. La puerta se abrió, pero los pasos seguían, se alejaban, regresaban y a veces rasguñaban las maderas. No dormí esa noche al amanecer salí de la habitación y encontré el rancho vacío.
30:15 Las chicas ya no estaban. Solo el mismo hombre de sombrero parado junto al portón de salida, mirándome fijamente, me devolvió la mirada sin decir palabra, como si supiera que yo ya no iba a hablar de lo que vi. Me largué sin Voltear. Pero no fue tan fácil dejar eso atrás. Durante días sentí que algo me seguía en el espejo retrovisor de mi tráiler. Creí ver a clara. En cada parada escuchaba a pasos detrás de mí cuando no había absolutamente nadie y en las noches, cuando intentaba dormir, escuchaba esos golpes. 3 siempre eran 3 en la puerta, como si algo del rancho hubiera decidido seguirme.
31:08 Sé que hay lugares en México donde la oscuridad no necesita esconderse, lugares donde la carne se vende. Pero el alma se entrega, donde las promesas son anzuelos y las risas Lamentos disfrazados. El rancho de don Evaristo es uno de ellos. No debería haber regresado. Lo supe desde el instante en que pasé de nuevo por el etero Oxidado, esa vez de día, creyendo que la luz del sol podía deshacer lo que vi, pero lo hice. Quizás por clara, quizás por esa necesidad estúpida de entender que carajos había allá dentro. El caso es que frene el tráiler.
31:54 Bajé con el corazón desbocado y volví a entrar. El rancho estaba igual, pero más silencioso. Ni rastro de las chicas, la Tierra seca, las paredes carcomidas, el portón. Seme ha abierto. Caminé por el patio principal sin que nadie me recibiera el mismo olor a encierro, a perfume rancio, pero ahora mezclado con un tubo metálico como la sangre seca, entré a la casa. Todo estaba cubierto de sábanas viejas, el sillón donde vi Por Primera Vez a clara el tocadiscos que nunca sonó, las lámparas en las paredes, los retratos de mujeres que ya no estaban. Ninguna sonreía.
32:44 Seguí por el pasillo, la habitación donde pasé la noche seguía con la cama tendida sobre la almohada, un mechón de cabello negro. No sé por qué lo toque. Estaba húmedo y me estremecí. Fue entonces que escuché un ruido en el granero, lejos, como una cadena arrastrándose. Salí de la casa y avancé. Con los mutillos apretados, el granero estaba entreabierto. Un viento helado me golpeó en la cara. Dentro el aire era espeso. Las paredes estaban cubiertas con símbolos que no entendía hechos con hollinos sangre. Había velas negras consumidas hasta la base resto de animales y un altar al fondo con piedra y madera cubierto de marcas. Pero no estaba vacío en una esquina encadenada del tobillo a Un poste.
33:44 Estaba clara, demacrada, con el rostro hundido y los ojos apagados. Cuando me vio se estremeció. Le costó reconocerme, me acerque, temblando, no sabía si estaba viva o en otra especie de trance apenas murmuró algo. No debiste volver. Quise liberarla, pero la cadena no tenía llave y al tocarla sentí un escalofrío, como si una corriente me atravesara. Las puertas del granero se cerraron de golpe. Todo se oscureció, la única luz venía de las grietas en las paredes.
34:26 Escuché pasos otra vez, muchos en esta ocasión no afuera, sino adentro. Las sombras comenzaron a moverse. Vi una figura entre las vigas como personas arrastrándose por el techo y una voz, la de don Evaristo profunda, retumbando por todos lados. No puedes llevártela aquí, se paga con cuerpo y alma. Las sombras descendieron, eran las otras chicas, pero no como la recordaba. Sus rostros estaban desfigurados. Como si el tiempo y el dolor las hubieran podrido. Desde adentro caminaban lentas con los ojos blancos repitiendo frases sin sentido.
35:15 Intenté sacar a clara, pero estaba débil la arrastre como pude hasta la puerta, que ya estaba abierta otra vez. No supe cómo lo logré, sólo que corrimos con ella apoyada en mi hombro hasta la carretera. Era una escena espeluznante, casi como de película. Un auto se detuvo y nos llevó al pueblo. Esa fue La Última Vez que la VI. Clara desapareció del hospital en la madrugada. Nadie supo como las enfermeras dijeron que no había signos de que alguien le ayudará. Sólo encontraron la cadena rota en su cama, como si algo la hubiera seguido hasta allí.
36:02 Y el rancho supongo que sigue ahí, aunque el mapa ya no lo marque. Y hay noches en que juro ver desde el camino las luces encendidas, las sombras bailando detrás de las cortinas, esperando el próximo que se atreva a entrar. Querida Comunidad, espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos.
36:52 Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega, esto fue inframundos relatos.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed