Jan. 7, 2026

3 Encuentros Aterradores Durante el Día de Muertos – Inframundo Relatos

3 Encuentros Aterradores Durante el Día de Muertos – Inframundo Relatos
3 Encuentros Aterradores Durante el Día de Muertos – Inframundo Relatos
Inframundo Relatos De Terror
3 Encuentros Aterradores Durante el Día de Muertos – Inframundo Relatos

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: ⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠inframundorelatos@gmail.com⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:00 Muy buenos días para todos los madrugadores. Mi nombre es Alejandro y esto es Inframundo. A ustedes, que vienen saliendo del turno nocturno. Aquí tienen un momento antes del descanso sin más. Comenzamos con los relatos. Muy buenas noches a todos. Mi nombre es agapito olivares. Soy sepulturero desde hace ya más de 40 años en mi Natal Oaxaca. La mayoría de la gente piensa que trabajar como sepulturero es sólo cavar tumbas y mantener el cementerio en orden.

0:44 Para muchos es un trabajo que se hace bajo el sol o la lluvia, siempre acompañado sólo por el sonido de una pala, hundiéndose en la Tierra. O en la mezcla del cemento, pero pocos comprenden lo que realmente ocurre durante las noches, especialmente las noches previas al 2 de noviembre, cuando las almas de los fieles difuntos descienden para reunirse con los vivos. Y yo he sido testigo de cosas que ningún hombre debería haber. Llevo años trabajando en este cementerio y he aprendido a reconocer cuando las cosas empiezan a cambiar. En esa noche en particular, el aire se vuelve más pesado, cargado con algo que no se puede explicar con palabras. Las velas de las tumbas comienzan a parpadear aunque no haya viento.

1:42 No me malinterpreten, yo respeto a los muertos. Los veo como parte de mi día a día, como si fueran visitantes conocidos, pero el 2 de noviembre las cosas son diferentes. Es la única noche en la que siento que realmente no estamos solos aquí, que las almas vienen y van como si el cementerio fuera una puerta abierta entre nuestro mundo y el de ellos. Una de las experiencias que más me marcó ocurrió hace unos años. Una señora se me acercó después de pasar horas frente a la tumba de su hijo. La mujer estaba visiblemente alterada, como si hubiera visto a un fantasma. Me contó que había visto a su hijo muerto. No era una visión, como tampoco un sueño o una ilusión. Lo vio de pie junto a su tumba, mirándola a como solía hacerlo en vida.

2:44 Lo más inquietante de su relato fue lo que su hijo le dijo, como si fuera una advertencia que en 2 años vendría a buscar a su padre. No sólo eso, también le hizo una advertencia personal, le dijo que fuera al médico que se revisara unas bolitas que tenía en uno de sus senos, algo que ella no había notado hasta ese momento. Al principio pensé que era el dolor de la pérdida y el deseo de ver y conversar con su hijo fallecido. Un poco ya tranquila, la señora llamó un taxi para que la llevara de regreso a su hogar. Sin embargo, 2 años después, el padre de ese muchacho falleció, tal como ella había dicho.

3:35 Yo la reconocí en el momento que la VI. Ese mismo año regresó para visitar la tumba de su esposo y su hijo. Al verme se me acerco y me contó que cuando fue al médico encontró que lo que su hijo le advirtió era cierto. Tenía un tumor que apenas se estaba formando. Fue gracias a esa advertencia que logró salvarse. Historias como esa no son raras aquí en el cementerio. He escuchado a mucha gente hablar de encuentros con sus seres queridos fallecidos durante esa noche, pero lo que viví en otra ocasión aún me pone los pelos de punta. Era ya bastante tarde, cerca de la medianoche, cuando noté algo extraño cerca de la fosa común, ese lugar olvidado donde reposan los cuerpos de aquellos que nadie reclama. Aquellos que nadie les pone una veladora para que ilumine su camino a su eterno descanso.

4:41 En los años que llevo trabajando en este cementerio nunca he visto a nadie dejar flores ahí ni velas. Es como si el mundo se hubiera olvidado de ellos. Como les contaba esa noche, mientras daba mi ronda habitual, vi algo que me dejó helado. Había una sombra cerca las cruces y tumbas. Estas se alargaban de una forma que no era natural, como si algo más estuviera proyectando esas figuras. Entonces lo vi un grupo de figuras difusas pero claramente humanas, reunidas alrededor de la fosa común. No eran como los vivos, pero tampoco eran como los muertos que he enterrado.

5:28 Parecían estar hablando entre ellos. Sus gestos eran suaves, como si discutieran algo importante, pero no había sonido. Sólo el silencio del cementerio, roto por el crujido de las ramas secas de los árboles de los alrededores. Me quedé paralizado, observándolos desde una distancia segura. No sé cuánto tiempo pasó, pero sentí que no debía acercarme, así que con cautela me fui alejando de ahí. Mi corazón latía tan fuerte que temía que las mismas almas pudieran escucharlo. Cuando estuve lo suficientemente alejado, una de las figuras levantó la cabeza.

6:13 No tenía ojos, pero sabía que me estaba mirando. De repente, todas las demás figuras dejaron de moverse. Por un momento pensé que mi vida terminaría y pero ante mi mirada incrédula y temerosa, uno a uno. Comenzaron a desvanecerse. No se fueron como el humo o la niebla, no, simplemente desaparecieron, dejando solo el vacío y la oscuridad como si nunca hubiesen estado ahí. No sé cuánto tiempo estuve paralizado. Al final solo quedaba yo frente a la fosa común, con la piel erizada y el corazón aún latiendo, como si se me fuera a salir por la boca.

7:01 No volví a verlos, pero desde esa noche sé que aunque nadie los recuerde, las almas de los que están en las fosas comunes también encuentran la manera de regresar y a veces, tal vez buscan alguien con quien compartir el dolor de haber sido olvidados. Cada año, cuando se acerca el 2 de noviembre me preparo para lo que pueda ocurrir, no solo a mí. Sino también a los visitantes. A veces son pequeños detalles. Una vela que se apaga de repente, una sombra que se mueve donde no debería haber nada. Pero otras veces, como las noches que acabo de contar, siento que esa delgada línea que separa a los vivos de los muertos se rompe por completo.

7:54 Y aunque llevo años trabajando aquí. Esas noches en especial me dan temor. Quizás algún día, cuando me llegue la hora, yo también caminaré por ese cementerio buscando una luz, una vela o tal vez un alma viva que me escuche. Recuerdo el aroma dulce del pan de muerto, inundando la Pequeña Casa de mi amigo, las ofrendas, las velas brillando con su luz parpadeante. Y las flores de cempasúchil formaban los senderos que conducían al altar, decorado con fotografías y objetos que recordaban a los seres que ya no estaban.

8:44 Era mi primera vez visitando ese pueblo en la celebración del Día de los Santos Difuntos. Muy buenas noches a todos me llamo dulce Jiménez. Lo que les voy a contar me sucedió en el año 2000. Dieciseis mi amigo Edgardo. Me había invitado a su pueblo con la promesa de una experiencia única, una conexión entre vivos y muertos. Una noche única, decía con entusiasmo. Recuerdo que cuando llegamos el pueblo me pareció un sitio ideal para pasar unas vacaciones alejada del bullicio de la ciudad. En casa de Edgardo la comida era abundante, pero lo que más me llamó la atención.

9:30 Fue el pan de muerto. Su aroma me encantó desde el primer momento. Lo mordí con gusto, sin sospechar que con cada bocado me estaba condenando a sufrir una terrible maldición. Al principio fue un malestar leve, una sensación de pesadez en el estómago que atribuí al exceso de comida. No le di mayor importancia, así que seguí las charlas y todo estaba rodeado de Risas. Adentrándome a la festiva del Día de Muertos. Sin embargo, esa misma noche el malestar se intensificó.

10:11 Comencé a sudar frío y mi cuerpo temblaba sin que lo pudiera controlar. Para medianoche vino el vómito, los calambres en el estómago y una fiebre tan alta que sentía como si mi piel estuviera en llamas. Mi amigo y su familia me miraban preocupados. Su familia me trajo remedios caseros, pero nada funcionaba. Mi cuerpo se debilitaba y los días pasaban con fiebre y dolores de espasmo. Nadie entendía por qué estaba yo así. Si todos habían degustado de lo mismo y nadie se había enfermado, tuve que ser trasladada a la ciudad, a un hospital.

10:55 Las noches eran las peores. La fiebre me hacía delirar, creyendo ver sombras en las paredes que parecían retorcerse y cobrar vida propia. En esos momentos de debilidad entre la vigilia y el sueño, comencé a ver figuras que no estaban ahí. Rostros borrosos se inclinaban sobre mí susurrando palabras que no lograba entender. Hasta que una noche, cuando mi cuerpo ya no respondía y el frío se apoderaba de mis huesos, vi con claridad a alguien que jamás esperaba volver a ver mi abuelo muerto.

11:37 Hacia ya varios años, se encontraba sentado a mi lado. Su figura era tenue, pero sabía que era él. El miedo se mezcló con una sensación de paz. No me hablaba. Pero de alguna manera entendí lo que intentaba decirme, no me quedaba mucho tiempo. La enfermedad que me consumía no era natural. Yo había comido algo destinado a otra persona. Fue en ese momento cuando comprendí la gravedad de mi situación, el pan que había comido, ese que tanto me había gustado, tenía brujería, pero no era para mí su destinatario, era mi amigo y yo. Recuerdo que él me lo dio para que yo lo probara como me había gustado tanto me dijo que me lo terminara. Me dijo que me durmiera y todo estaría bien. Los días siguientes fueron un martirio. El dolor era insoportable y cada vez que cerraba los ojos volvía a ver a mi abuelo en mis sueños y me daba una infusión muy amarga.

12:47 Estoy segura que con eso que me daba a beber mi abuelo difunto, mi recuperación fue lenta y aunque por fuera parecía que mejoraba, La Última Vez que se me apareció me dijo que fuera a buscar a una antigua amiga de él. Ella me ayudaría con mi problema de brujería y cuando fui dada de alta eso exactamente, hice mi familia preocupada. Había considerado llevarme de regreso a casa, pero les aseguré que me sentía mejor. Pero en el fondo sabía que si no buscaba a la señora que me dijo mi abuelito, el daño regresaría con fuerza a terminar lo que había comenzado finalmente una mañana, con la poco de fuerza que me quedaba, me aventuré hacia aquel poblado. Cada paso era un esfuerzo titánico porque mi cuerpo aún estaba débil.

13:45 Pero el quitarme lo que me hicieron me impulsaba hacia delante. Al llegar el lugar tenía una atmósfera de tranquilidad. En esa casa había un altar, pero no uno que invitar a los espíritus familiares. Este era un altar de seres que ayudaban a la señora para las curaciones que hacía al verme. La señora, ya muy mayor, me preguntó que se me ofrecía. Y le dijo que don Cipriano me había mandado con ella. La señora mostró una sonrisa con nostalgia al recordar a un viejo amigo, le conté lo que me había sucedido y ella me confirmó lo dicho por mi abuelo, el pan de muerto no era para mí, pero que ella me ayudaría y revertiría la maldad. Además, que Edgardo en ningún momento fue a visitarme al hospital.

14:44 Así como tampoco fue a visitarme, pero eso era por el embrujamiento lanzado en las noches previas al Halloween, así como la llegada de los muertos a la reunión con sus familias. Son días claves para hacer todo tipo de maldiciones, pues se abren portales y les ofrecen ciertas cosas a las almas de los muertos que ya están corrompidas desde que tenían vida. Así que por varios meses estuve visitando aquella señora. Terminé para el mes de mayo, ya sin rastro de brujería en mi estómago. Ella me pidió que ese mismo año pusiera un altar para las almas benditas del purgatorio, pues ellas fueron las que me ayudaron.

15:35 Así lo hice. Y no solo ese año puse el altar de muerto para las ánimas, sino todos los años lo hago. Ya agregué 2 fotografías más desde el 2017, una de la anciana que me ayudó y otra de uno de mis hermanos que falleció en un accidente automovilístico. Edgardo después me buscó, no lo culpo, pues no fue su culpa lo que me sucedió. La brujería la hizo una de sus cuñadas, que estaba enamorada de Edgardo y si era para que falleciera, pero no lo logró. Mi amigo está bien, ya se casó y tiene una bella niña.

16:16 Su cuñada falleció ese 2017, cuando a mí me quitaron aquella maldición. Nuestros seres queridos llegan el día de los fieles difuntos y se van esa misma noche. Mi abuelo se quedó conmigo para cuidarme y regresó hasta que estuve bien y fuera de peligro. Mi abuela solía hablar de los muertos con una familiaridad que a veces incomodaba. Siempre decía que no había que temerles, pero siempre advertía sobre las reglas que debíamos seguir al pie de la letra.

16:57 Durante el Día de los Muertos. En especial, mencionaba una tradición en su pueblo que, a pesar de los años, aún me provoca escalofríos el camino de los muertos. Mi nombre es Edelina Jaro, mi familia es originaria del estado de Puebla, pero hace ya varios años emigramos al vecino país. Pero a pesar de no estar en tierras mexicanas, aún conservamos nuestras tradiciones y una de ellas el Día de Muertos. Mi abuela nos contaba que cada año, el primero de noviembre, al caer la noche, las familias del pueblo preparaban el camino para guiar Asus difuntos.

17:40 De regreso a casa, usaban pétalos de flores de Cempasúchil para marcar una senda que iba desde el panteón hasta la entrada del pueblo. Decían que el color brillante y el aroma dulce de esas flores atraían a los espíritus y que junto con las velas colocadas a los lados del camino, aseguraban que no se perdieran en su regreso. Era un ritual que hasta el día de hoy lo siguen haciendo, pero mi abuela siempre bajaba el tono de su voz cuando nos decía, ningún ser vivo debía caminar por ese camino.

18:22 ¿No era simplemente una advertencia para no estropear la ceremonia? Según las historias que contaban en el pueblo, quienes se atrevían a pisar ese sendero, quienes rompían la frontera. Entre los vivos y los muertos juraban que no regresaban. Se decía que el camino de los pétalos era solamente para los espíritus. Cualquier persona con vida que lo recorriera estaría invitando a la muerte a llevárselo consigo. Ella recordaba en particular una historia. Ella conoció a los niños protagonistas de su relato una noche. Había ayudado a preparar la ofrenda en el altar, fotos de familiares, calaveras de azúcar, pan de muerto y Copal. Luego, al caer el sol, salieron rumbo al panteón para ver como los caminos de Cempasúchil se veían bajo el resplandor de cientos de velas.

19:25 Ella acompañaba a su madre y a una de sus tías, ya que sus hermanos y su padre estaban en el camposanto. Mientras se dirigían al cementerio, había un silencio que se apoderaba del lugar, incluso el viento parecía respetar aquel camino de pétalos. Se les acercaron 3 niños, los cuales eran hermanitos, el mayor apenas si tenía 8 años, la niña 5 Añitos y el más pequeño 3 comenzaron a hacerles preguntas tales como. Si era verdad que si caminaban sobre los pétalos se iban a morir, las mujeres mayores les contestaron que efectivamente eso sucedía. La niña, en su inocencia, les preguntó si alguien moría, ya no tendrían hambre o frío o que ya no les dolería los golpes que daban los papás.

20:22 Ambas mujeres se miraron una a la otra. Pues era bien sabido que esos niños sufrían al lado de sus padres. Ella, una mujer que salía con uno y con otro, el padre, el herrero del pueblo, que cuando le pagaban sus trabajos se iba a la cantina a bebérselo todo. Así que era normal que los niños preguntaran eso. La tía de la abuela les dio pan de muerto para que se los cenaran esa noche. Los 3 niños se fueron a su casa mientras las mujeres decían cuánta oración de bendición para esas criaturas. ¿Mientras caminaban entre las tumbas para llega donde se encontraban sus familiares, la abuela no dejaba de pensar, es esos niños?

21:15 Esa noche la pasaron en el cementerio hasta entrada la madrugada, cuando regresaban en el pueblo había un gran alboroto. Se escuchaban gritos y llantos provenientes de la entrada al pueblo. La abuela y su familia se apresuraron para enterarse de lo que estaba sucediendo. En el camino de pétalos se encontraban los 3 Hermanitos Abrazados aquel hecho, como vio al pueblo entero, algunos daban gracias a Dios por haberse acorado de esas criaturas, aunque fuera de esa manera. Otros les echaron la culpa a los padres por no haberlos cuidado al caminar por el camino de los muertos.

22:00 Muy temprano por la mañana se hizo la misa y el sepelio correspondiente a los niños. Los padres fueron repudiados por la gente de la Comunidad. Las 3 tumbas de los hermanitos están a la entrada del cementerio donde descansan los angelitos. La abuela se conmovía cada vez que contaba esa historia, ella nos dijo que en la pequeña mano de la niña sostenía aún un pedazo de pan que les habían dado su madre y su tía cuando iban al cementerio después l de lo sucedido, los padres cuidaban a los niños para que no entrarán al camino de pétalos, quizás por el temor que volviera a suceder lo mismo. Siempre les llevaban algún pan y chocolate. El día de los fieles difuntos a las 3:00 tumbas. Intrigados por aquella historia, le preguntamos a la abuela que había sido de los padres de los niños. Ella nos dijo que el señor Se fue del pueblo. Después del Sepelio, la señora Se emborrachaba todos los días gritando por sus hijos cuando iba por las calles. Decían que se iba al cementerio a llorarles. 2 años después de la muerte de los pequeños falleció la señora. Las vecinas que vivían cerca de ella les pedía que la sepultaran junto Asus hijos.

23:33 Pero creo que el pueblo tomó la mejor decisión de sepultarla en las afueras del Camposanto, esto para que no encontrara las almas de los niños y los dejara descansar en paz. Los niños del pueblo siempre les llevaban dulces, pan o chocolate los días de los angelitos, esto el día primero de noviembre de cada año. La abuela hace ya 3 años que falleció la sepultamos en su pueblo y mientras estuvimos en el pueblo, yo fui a conocer las tumbas de los niños que por cierto aún les llevan ofrendas el Día de Muertos.

24:15 Y les han puesto la vidas donde se puede leer sus nombres, pero la tumba de la madre, esa ya no existe, pues el camposanto lo ampliaron y la tumba se perdió como muchas otras, o al menos que el mismo pueblo la borró para siempre.