Dec. 28, 2025

10 HISTORIAS de TERROR en FABRICAS (Maratón) - INFRAMUNDO RELATOS

10 HISTORIAS de TERROR en FABRICAS (Maratón) - INFRAMUNDO RELATOS
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Inframundo Relatos De Terror
10 HISTORIAS de TERROR en FABRICAS (Maratón) - INFRAMUNDO RELATOS

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Muy buenas noches, trasnochadores…Les habla Inframundo. Hoy abrimos un archivo especial: seis historias reales de taxistas mexicanos que jamás habían sido contadas. Testimonios de carretera, encuentros inquietantes y noches que marcaron la vida de quienes las vivieron. Ponte cómodo… la oscuridad empieza aquí.

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

🎧 Usa audífonos para una experiencia inmersiva.

Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: ⁠⁠⁠⁠⁠inframundorelatos@gmail.com⁠⁠⁠⁠⁠

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:00 No olvides seguirnos y dejarnos 5 estrellitas para más contenido exclusivo. Muy buenas noches queridos. Trasnochadores lo que estás por escuchar a continuación en esta noche de desvelo es un maratón de historias o corridas en fábricas. Espero sean de tu total agrado. Comenzamos. Uno no está acostumbrado a vivir este tipo de eventos llamados paranormales todos los días.

0:54 Lo que me recibe en mi horario de trabajo y el arribo a los túneles son el eco de las rocas cayendo a las bandas transportadoras, el olor a polvo y cemento me reciben como una rutina diaria. Mi nombre es Matías alueta, trabajo para una empresa cementera Cemex. Para ser más exactos, tengo alrededor de 25 años trabajando en ese lugar y a pesar de que en ocasiones quisiera salir y ya no regresar, no me puedo dar ese lujo, pues los tiempos no están como para abandonar, así como un trabajo al que me costó mucho poder ingresar. Todos nos movemos entre las máquinas mezcladoras, entre el ruido y el polvo, pero no sólo eso, pues a veces se escuchan sonidos que te pueden erizar los vellos del cuerpo, sonidos que te hacen querer salir huyendo de ese sitio. No es de.

1:54 Extrañar escuchar historias de cuando cae un compañero dentro de las trituradoras ya es imposible de que sobreviva. Este se convierte en una parte de las piedras trituradas para hacer el cemento. Estaba en la edad de la juventud cuando me tocó ver a un obrero caer dentro de una de esas máquinas. Cuando se llega a los controles, lo único que se aprecia en las bandas son pedazos del cuerpo del pobre hombre que tuvo la mala fortuna de morir. Así no hay manera de remover lo que queda de el. Pues todo se mezcla. Aquí lo único que nos queda es tener un estómago fuerte para no vomitar ante lo impactante que es ver aquella escena. Pero con el tiempo se corría el rumor que aquello no había sido un accidente.

2:51 El fallecido había sido leopoldo, un trabajador de unos 30 años. Muy ojo alegre. El tipo. Se decía que había embarazado a la hija de uno de sus compadres y la había llevado a una de esas clínicas donde se practicaba lo que ustedes se imaginarán, encabritado, el compadre pagó a unos de los obreros que se deshiciera del hombre que había deshonrado a su hija, aunque también se cuenta que ese ya estaba más que difunto cuando cayó en la trituradora. Pero aun así han sido muchos los que, por desgracia, fallecen en esas condiciones, aunque en este tiempo ya nada está oculto. Les cuento que después de aquel percance comenzaron a escucharse sollozos y gritos por varios días y noches por ese lado del túnel, que hasta fue imposible trabajar si nos internábamos era en grupo de varios hombres.

3:54 Nadie queríamos trabajar solos. Fué hasta que una madrugada estaba trabajando justamente en el sitio donde aquel obrero laboraba a diario. Yo no me había percatado de algo siniestro que brotaba de las paredes. Un olor a carne en descomposición comenzó a hacerse presente. No olía al familiarizado polvo de las rocas, sino algo más horrendo, mi compañero Gualberto. Se me acercó y me señaló la pared de rocas que justamente se encontraba detrás de mí. Tenía un extraño color entre rojo y negro. De él emanaba un líquido que cuando nos acercamos no había duda de que era sangre. Golpeamos con las herramientas, pero en cada golpe que dábamos les prometo que se escuchaba un grito de dolor como si estuviéramos hiriendo a una persona. El rostro pálido de Gualberto me daba a entender que no era el único que veía y escuchaba.

4:59 Aquellos lamentos le llamamos a nuestro supervisor, quien sólo veía el líquido que brotaba y rápidamente se secaba. No nos creyó que salían alaridos de dolor entre las paredes hasta que tomó uno de los picos y le dio un tremendo golpe a la pared de roca. Hizo un gesto de horror y cuando mi compañero iba a decir algo, llevó su dedo Asus labios para que guardara silencio y se acercó aún más a la pared, intentando quizás escuchar si eran o no gemidos de dolor. En un inicio pareció sólo oírse el ruido habitual de la maquinaria, pero entonces, entre el golpeteo metálico en el suelo de cemento, lo oímos nuevamente. Era un sonido débil, casi imperceptible, como una voz lejana, con los ojos muy abiertos y sintiendo un escalofrío recorrer nuestras espaldas. No podía distinguir de sí esa voz era de algún conocido o si ya estaba ahí.

6:06 Antes de que nosotros comenzáramos a trabajar para esa empresa, nuestro supervisor nos dijo que mejor trabajaremos en otro de los túneles que si se trataba de algún triturado. Y era mejor no torturarlo, no fuera que nos atormentará e hiciéramos una tontería. Definitivamente había algo ahí oculto entre aquellas paredes. Por algún tiempo pensé que me estaba volviendo loco. Pero a los pocos días, en ese mismo túnel encontramos el cuerpo de aquel hombre que se suponía había terminado con la vida de su compadre. En su rostro se veía el terror. O Alberto le cerró los ojos y al cabo de una media hora, el cuerpo sin vida de aquel hombre fue retirado. Esta es la primera experiencia de tantas que he tenido en esta sementera donde se guardan este tipo de situaciones sin que las personas las conozcan.

7:21 Trabajo en la empresa de Coca Cola desde hace algunos años siempre he sido de los que no creía en las historias de miedo, apariciones. ¿Y ese tipo? De temas que son para asustar a las personas, pero cuando uno tiene una experiencia con lo paranormal, todo cambia. Muy buenas noches a toda la Comunidad. Inframundo, mi nombre es Néstor y lo que les voy a contar aún sucede en esa fábrica. Desde que ingresé a trabajar en este lugar se cuenta que esa mancha negra en el piso de concreto de una parte del almacén ya estaba desde su inauguración. No era de agua, ni aceite, ni ninguno de los productos con los que trabajamos.

8:09 Era negra, pegajosa y parecía parte del cemento. Cada vez que la limpiaban volvía a aparecer como si el mismo cemento la escupiera. Nadie prestaba mucha atención en ella, pero en la sala de seguridad los guardias decían que algo estaba pasando, asegurando que de esa mancha salía una figura. Yo trabajo en el área del almacén y en mi turno nocturno. Siempre converso con los guardias, cuando ellos comenzaron a contarme lo que se veía en las cámaras o lo que se sentía por esos pasillos, pensé que eran historias inventadas para hacer más interesante el turno, hasta que vi las grabaciones que uno de ellos me mostró. No era un error de la Cámara.

9:01 Claramente se podía ver algo emergiendo del suelo, algo que tomaba la forma de un hombre y caminaba por el pasillo que lleva el túnel de entrada del personal. La imagen era borrosa, parecía una niebla negra y espesa, pero aún así se podía notar su silueta moverse. En varias ocasiones los guardias intentaron bloquear la mancha. Pues aplicaron cajas, colocaron estantes hasta marcar la zona como fuera de servicio. Pero nada de eso importaba, ya que en cada grabación la figura oscura seguía apareciendo atravesando los objetos como si no existieran.

9:47 Y no sólo eso, porque empezaron a suceder cosas más extrañas. Los pasillos que se encuentran cerca de la bodega comenzaron a sentirse fríos. Tan helados que uno mismo podía ver el aliento saliendo de su boca. Cada vez que pasaba por ahí, un escalofrío me recorría el cuerpo haciéndome sentir que no estaba solo. La cafetería, ubicada cerca del cuarto de seguridad, era el segundo punto donde ocurrían cosas inexplicables. Cada noche los guardias escuchaban gritos de desesperación. Era como si alguien estuviera atrapado entre las paredes, aunque salían a revisar en el sitio no había nadie. Pero no sólo eso, pues las sillas se movían solas, los vasos caían al suelo y las luces parpadeaban. Aún así, yo creía que esto tenía una explicación lógica, pues es el lado donde nos encontrábamos, en la parte más antigua de la embotelladora.

10:55 Además que les comenté que tal vez eran problemas eléctricos, llegué a decirles que quizás era una broma de alguien que disfrutaba asustar a los demás. En un fin de semana largo, por cuestiones de desinfectar las máquinas, nos se presentó todo el personal de turno, solo unos cuantos, así que me atreví a entrar con el permiso de mi amigo. Debo aclarar que no sé si fue por curiosidad o simple terquedad para comprobar que ahí no sucedía nada de apariciones y que esa mancha oscura era de aceite únicamente así que camine por ese pasillo sintiendo como la temperatura descendía con cada paso. Sentí deseos de girar sobre mis talones y. ¿Salir de ahí?

11:50 Pero como sabía que me estaban mirando por los monitores. Y que no me llamaran gallina. Seguí avanzando. Solo quería ver si la Mancha estaba ahí. Como les comenté. Algo me decía que no debía hacerlo, pero cuando estuve en el punto exacto doblé por el pasillo para entrar en la pequeña bodega. Fue en este punto cuando sentí erizarse mi piel como si no estuviera solo. Encendí la lámpara y camine hacia uno de los estantes que dividía la entrada en el sitio donde estaba la mancha oscura. La mancha estaba justo debajo, donde me dijeron me incliné sobre ella para verla con detenimiento. La observaba con atención y no era ni aceite ni nada que se le pudiera comprar.

12:42 No tiene ni siquiera forma alguna. Estaba tan absorto en ello. Cuando comencé a sentir mucho frío, me puse de pie rápidamente. Al momento de hacerlo sentí un mareo, pues les aseguro que sentí como si algo que no se puede ver. Me atravesó el cuerpo. Tenía ganas de vomitar, pues el sitio se llenó de un olor a cloaca y el frío cada vez más me calaba hasta los huesos. En menos de unos 5 minutos llegó mi amigo preguntándome si me encontraba bien. Le conté que me sentía un poco mareado y fue cuando me dijo que lo siguiera al área de monitores.

13:27 Ahí estaba Mónica, quién me recibió con una sonrisa de burla y complicidad con mi amigo. Yo comencé a decirle que era un mentiroso, pues no se me había manifestado nada. Fue entonces que me dijo que mejor me sentara porque me mostrarían algo. Miré hacia la pantalla, ahí estaba yo observado y repentinamente algo surgió de la Mancha en sí. No parecía ser una sombra. Era una especie de niebla que poco a poco tomaba una forma humana, borrosa pero no inconfundible. Me levanté de la silla y quise correr, pero mis piernas no respondieron. Estaba atónito viendo como la figura se acercó y me traspasó como si yo no estuviera ahí frente a ella. Estaba asustado porque jamás había tenido una experiencia como la de esa noche.

14:25 Mónica me dijo que eso no había sido nada. A ellos les avientan objetos que hay en el pasillo. El olor insoportable a carne podrida se sentía en el ambiente por un buen rato y ni siquiera con incienso o algún aromatizante se disuelven esos olores fétidos les mueven las sillas e incluso han sentido que los empujan. Los gritos y el llanto se pierden como eco por los pasillos desde esa madrugada. Mi perspectiva de lo paranormal existe. Además que nunca le conté a nadie lo que vi y sentí, pues si lo hacía sabría que me tomarían por loco. O peor aún, que me despedirían por haber estado en una bodega que está prohibido su acceso.

15:16 Además que no pondría en evidencia en ese tiempo a Mónica ni a mi amigo, aunque ellos ya no están en la. Fábrica de Coca Cola. Una de las leyendas que se dice de aquella mancha oscura es que se trata del cuerpo de alguno de los albañiles que estuvieron en la construcción del lugar, otros que se trata de alguien que sabía mucho y que lo ocultaron bajo el concreto, pero nadie sabe la verdad del porque esa mancha nunca se ha podido quitar, aunque le hayan echado varias capas de cemento en los últimos 10 años.

16:07 Buenas noches Alejandro, me presento. Mi nombre es Israel bocanegra, originario del Estado del tequila. Cuando era niño, mi abuelo solía sentarse en el pórtico fumando un cigarro que olía a tabaco puro, no como el cigarro de hoy en día cada tanto. Con la mirada perdida hacia los caminos que llevan a la siembra del agave, soltaba alguna de esas historias que parecían a veces ser sólo cuentos, pero otras que te calaba el miedo hasta los huesos. La que me hacía estremecer es la que les voy a compartir hace muchas décadas, en aquellos lejanos años de 1930, en un valle rodeado de Cerros Grises y caminos polvorientos. Llegó de la capital del país un hombre que atraído por la ambición y hacerse rico de la noche a la mañana, construyó una destilería de tequila.

17:09 Los que lo conocieron en esos años contaban que no era cualquier productor. Se decía que tenía ambiciones, que rebasaban cualquier límite conocido. No sólo deseaba que su tequila fuera el mejor de México, quería que su nombre resonara en otros continentes. El abuelo en esos años era un niño de 10 años. Siempre andaba con su padre, así que conoció al capitalino. Lo llamaba por su apellido alameda. Aunque decían que ese no era en realidad el abuelo contaba que a veces los sueños grandes requieren de precios más altos.

17:49 De los que uno está dispuesto a pagar. Y aquel hombre cegado por su avidez y ver cómo las otras destilerías crecían en las ventas de sus bebidas. El parecía no avanzar a pesar de haber adquirido varias hectáreas de agave. Pero lo mal adquirido siempre te lleva a la vil miseria, pues sus antiguos dueños fueron saqueados con la Revolución. Así que el hombre. Decidió buscar ayuda, en donde la ayuda nunca es gratuita. El abuelo nunca dijo exactamente cómo fue que el dueño de la tequilera sello su destino. Se contaba que hizo un trato que selló su alma y la de todo lo que le pertenecía.

18:37 Tierras, familia y su vida. Los primeros años fueron como un sueño de los más anhelados. Aquella Tierra que antes era árida y que parecía que ni la mala hierba crecería, empezó a producir agave azul como nunca antes se había visto. Los gimadores apenas podían seguir el ritmo de la cosecha y el licor que surgía de aquella Tierra tenía un sabor que los catadores describían como perfecto. Caudales de dinero comenzaron a fluir hacia el productor. La destiladora creció expandiéndose en edificios de ladrillo rojo y techos de teja ancha.

19:23 Cada botella que salía llevaba un sello que la hacía irresistible para cualquiera que la probara. Sin embargo, nada que es ofrecido a quien es dueño de toda oscuridad puede salirse sin pagar el costo de lo dado por el innombrable, así como llega a la prosperidad. Así se le escurrió entre sus dedos. La primera señal llegó con los campos de la noche a la mañana. El agave empezó a Enfermarse, las Pencas se tornaban grises y al tocarlas se deshacían entre los dedos como si el tiempo las hubiera carcomido en cuestión de horas, todas podridas por dentro. No había manera de salvar la cosecha. Después, las calderas de fermentación comenzaron a explotar sin razón aparente.

20:17 El líquido que se obtenía tenía un olor rancio amargo. Algunos aseguraban que de esto salían gusanos. La familia del productor también fue presa de enfermedades que ningún doctor podía nombrar. Se consumieron lentamente hasta que sólo quedó el señor Alameda, el productor, obviamente desesperado. Trato de revertir su suerte. Ofreció donativos a la Iglesia y ayudó a los más necesitados. Pero ninguno de esos buenos actos pudo salvarlo de su ya sellado destino. Los días de Gloria se volvieron las peores de las amarguras y la destilería de antaño, vibrante, quedó abandonada. Fué aquí cuando la leyenda de que en la destilería el nuevo amo era el mismísimo diablo.

21:10 El abuelo contaba que, aún décadas después, los pocos valientes que se aventuraban cerca de la tequilera sentían que algo había detrás de aquellos muros. El intentó en varias ocasiones ingresar en ella. Quería saber si en verdad el diablo habitaba en esa tequilera. Con el paso del tiempo, la naturaleza misma empezó a reclamar el terreno. Las paredes del ladrillo se agrietaron. Las cejas caídas dejaron entrar la lluvia que empapaba los viejos alambiques. Sin embargo, la lluvia parecía no poder desaparecer. El aroma espeso y podrido que se elevaba en las madrugadas con el viento frío, el aroma de la fermentación podrida del agave. Algunas noches el abuelo desde su casa juraba que podía haber una luz encenderse dentro de las ruinas de la destilería. Se lo contó a su madre, que rápidamente se santiguó diciendo que eran las almas de sus antiguos dueños. Con los años, el abuelo se tuvo que ir a la ciudad para estudiar lo que lo mantuvo varios años lejos de su querido pueblo, pero cuando volvió a visitar Asus padres. Las historias sobre apariciones de un ser en la destilería y la desaparición de unos niños que se habían acercado a jugar en el sitio, lo hizo ir a recorrer el

22:41 lugar. Este estaba ya en un estado de abandono muy lamentable, pero nadie quería comprar el terreno. No sólo al acercarse se sentía el ambiente extraño, sino que mientras más se adentraba en él. El miedo a lo desconocido se iba apoderando de los sentidos del abuelo. El sólo adentrarse parecía que toda voluntad comenzara a irse de él, pero aún así siguió hasta que llegó a la bodega de los barriles. Ahí fue donde se llevó el susto de su vida, apenas iluminado por la filtración de luz. Vio una figura muy alta, deforme, con unos ojos amarillos y unos dientes que parecían como si fueran los de una bestia.

23:29 El sitio apestaba a pura inmundicia, a podrido. Las aves muertas. Se veían en el suelo los esqueletos de perros y animales del monte. Eso era el alimento de lo que había ahí. Recordé lo que me contaron de los niños. Pero por más que intento ver hacia otro lado, no pudo, pues miro como aquel ser se movió a donde él estaba y salió corriendo sin mirar atrás. No se detuvo hasta que llegó a su casa. Nunca hizo el intento de volver a entrar a la tequilera del diablo. Yo, cuando visitaba al abuelo desde su casa, solo veía las ruinas de lo que fue la tequilera.

24:14 Sólo unas cuantas paredes se mantienen en pie, un portón de lámina que indica que no puedes pasar. Hace años que el abuelo falleció y con él muchas de sus historias, pero uno es el eco de ellas. Saludos a todos desde un lugar del Estado de Jalisco, México. Buenas noches Alejandro y a toda la Comunidad.

24:56 No sé cuantos años me queden trabajando en esta cementera. Ya tengo mis buenos años, pero hay cosas que uno nunca olvida, sucesos que pueden hacer que uno se vaya porque no soporta lo que sucede a su alrededor. Me llamo Leopoldo Tirado, laboro en una de las cementeras conocida aquí en México. Durante mi vida jamás me había cuestionado si los fantasmas existían o no, a pesar de que, como todos los niños crecemos con las historias contadas por los abuelos, conforme vamos creciendo tomamos la decisión de que eso eran sólo historias inventadas por ellos. Fue hasta que entré a trabajar a la cementera, que cambié de opinión.

25:42 Mi padre, que en paz descanse, fue el que me ayudó a entrar a trabajar a la empresa. Durante muchos años escuchaba historias sobre almas en pena en los interminables túneles de la mina, pero algunas historias se van desdibujando con el tiempo, perdiéndose entre el polvo y el eco de los martillos contra la piedra. Pero hay otras que se quedan clavadas en la memoria, como si fueran parte de uno mismo como cicatrices visibles. Hace más de 20 años trabajó aquí un hombre. Al que todos conocíamos como el tartamudo. No es que no tuviera nombre, pero así le decíamos, porque cuando intentaba contar un chiste, siempre tartamudeaba en la parte más graciosa.

26:32 Era su sello distintivo, ese tartamudeo que al escucharlo era imposible no esbozar una sonrisa o soltar una carcajada. Eso lo hacía único entre los obreros y aunque todos sabíamos cómo terminarían sus cuentos. Nos hacía reír y pasar un rato agradable tras largas jornadas de trabajo dentro de las entrañas de la Tierra. Yo tenía 5 años en la cementera cuando ocurrió el derrumbe. Para todos fue un día cualquiera. No hubo advertencias, ni indicios, ni grietas que delataran el peligro. Sólo un estruendo seco, como si el cerro se sacudiera de repente. Y después el silencio total.

27:19 Los primeros minutos fueron de caos. Gritos, hombres intentando salir, tratando de mover piedras con las manos. Sabíamos que alguien estaba atrapado bajo todas aquellas rocas, pero en el desconcierto nadie podía decir con certeza quiénes eran. Pasamos horas enteras intentando sacarlos, pero cada minuto que pasaba. La esperanza se iba reduciendo de encontrar a alguien con vida. La estructura había cedido de tal manera que cualquier movimiento podía provocar otro colapso. Pero cuando finalmente logramos abrir un hueco en el amasijo de rocas y polvo, lo que encontramos no dejaba espacio para buenas noticias para las familias que perdieron a uno de sus hombres.

28:10 Entre el conteo de los desaparecidos salió el nombre de el Tartamudo, pero por más que buscamos, nunca lo encontramos. Pensaron que quizás se había salido antes del derrumbe, pero nadie lo vio hacerlo. A pesar de que se buscó por 2 días mientras se apartaba todas aquellas rocas, el cuerpo del hombre no se encontró, no hubo velorio ni cuerpo al que velar lo único que quedó de él. Fueron sus historias su risa quebrada en medio de los chistes mal contados. El luto duró poco, pues en lugares como este la vida sigue sin detenerse a preguntar si el alma está lista para seguir adelante. Pero la tranquilidad nunca regresó del todo, pues el miedo es mala compañía y esperábamos que en cualquier momento se viniera abajo otro de los túneles. Pero al paso de las semanas, todo parecía regresar a lo cotidiano.

29:13 A medida que pasaban las semanas se escuchaban comentarios sueltos, bromas entre compañeros para disipar el miedo, pues se decía que algunos aseguraban haber escuchado a el Tartamudo. A partir de entonces, otros empezaron a contar experiencias parecidas. La verdad es que no importaba si era de día o de noche. En algún punto del turno, el eco de su tartamudeo se colaba entre el sonido de la maquinaria hasta en los rincones más profundos de la mina, en los pasillos donde nadie debería estar. Siempre intentando terminar un chiste, siempre fallando en la parte más importante, algunos intentábamos buscar la lógica a lo que escuchábamos.

30:06 Yo creía que tal vez era sólo el miedo jugándonos una mala pasada porque el ruido de la mina puede hacer que uno oiga cosas que no están ahí. Pero había detalles que no podía ignorar, pues yo trabajé por un buen tiempo al lado del túnel colapsado. Mi padre me aconsejó que ignorara lo que escuchaba sólo pusiera atención a mi trabajo, a lo que hacía. Pues un descuido pudiera ocasionarme un accidente irremediable. Pero sentía que si al ignorarlo este mar se aferraba a que lo escuchara, pues sentía que siempre estaba ahí, que su espíritu seguía atrapado en el túnel, como si buscara una última carcajada antes de irse. Así pasaron los nuevos obreros, que creen que todo es una superstición y se aventuran a los pasadizos más profundos. En las noches más silenciosas, algunos regresan riendo, convencidos de que no hay nada.

31:11 Otros regresan con el rostro pálido, sin decir una sola palabra. Ninguno ha contado que escuchó en esos túneles interminables, pero después de esa noche siempre caminan más rápido cuando pasan por ciertos lugares. Esa no fue la única vez que vi al tartamudo. Lo hice en varias ocasiones y para mi mala suerte era cada vez más cerca de donde me encontraba trabajando. Fue hasta que le pedí a mi jefe que me cambiará de túnel. No le di explicación alguna. Lo hizo hasta algún tiempo. Después, por muchos años, aquellas imágenes me torturaban hasta que mi esposa me llevó con un curandero para que me hiciera una limpia.

31:58 Una barrida para el espanto fue que comencé a trabajar ya más tranquilo y no volví a tener encuentro alguno con aquella aparición. Mi padre ya hace muchos años que se pensionó y el me aseguró que hay almas que no descansan, como el tartamudo, que nunca recibió una despedida digna, que la Tierra lo tomó de golpe y él aún no entiende que ya no pertenece a este. Mundo. ¿Tal vez sólo quiere que alguien le responda el chiste que nunca pudo terminar o tal vez sólo quiere que lo recuerden? Dentro de los túneles de la cementera parecen laberintos que te llevan a todas y ninguna parte.

32:45 Sólo aquellos que trabajamos en ella sabemos lo que se siente trabajar con el temor de que las paredes y el techo de roca se nos venga encima. Yo todos los días en que me presento a mi turno a trabajar, pido a Dios que me permita regresar al lado de mi familia, pues no quiero terminar sepultado como el tartamudo o aquellas otras almas en pena que deambulan por este sitio, o lo que es peor, que mis restos se vuelvan polvo de cemento. Buenas noches, Inframundo, fui velador en una cementera en el norte del país.

33:38 Hasta hoy en día sigue abandonada y no es porque se haya terminado la piedra caliza dentro de las montañas que la rodean, sino por otros motivos. Buenas tardes a todos. Mi nombre es Aníbal Valencia. Tengo la edad de 55 años por más de 15 años. Trabajé en una cementera al norte del país, pero después de haber dado trabajo a muchos hombres y algunas mujeres, ésta cerró de un día para otro. Parecía que algo había llegado a la cementera desde hacía tiempo, esto antes de que yo comenzara a laborar ahí, pues los trabajadores con más tiempo me contaron que desde hacía algunos años no había velador que soportara más de unas cuantas jornadas. Antes de renunciar y no fueron pocos los obreros que desaparecieron, dejando apenas jirones de sus uniformes esparcidos por el suelo.

34:40 Solo se quedaron los guardias y veladores, pero estos no duraban porque a los pocos meses me llamó uno de ellos, Eduardo, quien fue mi amigo. En ese tiempo me llamó para ofrecerme el puesto como velador en la cementera. Como no había conseguido trabajo, aún no lo pensé y acepte el trabajo. No tenía mucho tiempo que cerraron la cementera, pero esta se veía como si tuviera décadas en completo abandono. Todo a su alrededor se veía diferente, extraño por así describirlo. Comencé a ver ciertas cosas extrañas por las noches, pero el miedo se comenzaba a apoderar de mí cuando se avecinaba el atardecer. Y poco a poco todo se llenaba en penumbras. Nada de eso se había contado mientras trabajaba para la cementera.

35:35 Yo afanaba en el área donde se envasaba el cemento en sacos de papel. Ahí poco tiempo tenía de charlar con los compañeros, pues el supervisor que teníamos en ese tiempo no daba chance ni siquiera para ir al baño. En esa área se contaban historias que los camioneros les decían y una de esas eran que siempre se quedaban juntos en el comedor de la empresa, pues aseguraban que en el monte se veían sombras. Los jefes les aseguraban que eran de algún animal, pero los camioneros no se la tragaban de que fueran coyotes, pues estos no caminan en sus patas traseras, además sus tamaños. No coincidían con las de estos animales. Fue hasta que uno de los camioneros desapareció. No se encontró su cuerpo por más que lo buscaron, solo rastros de sangre que llegaba hasta detrás de uno de los cerros que rodea el lugar.

36:40 Se dijo que esa sangre no era del camionero, sino de un animal. Eso era lo que se contaba. Pero Eduardo se rió de mí cuando le pregunté si recordaba de lo sucedido. Él me dijo que eso fue puro maquillaje, pues la verdad había sido otra, quizás por curiosidad o tal vez porque nunca había creído en historias de apariciones. Pero esta era diferente. El aire estaba pesado esa noche y a lo lejos se veían los relámpagos anunciando que. La lluvia nos caería en un par de horas. Eduardo me señaló hacia el lado de la estructura que apenas si se apreciaba, ya que las luces de las lámparas no iluminaban hacia la entrada de la mina.

37:31 En la oscuridad se podía apreciar la silueta de una criatura. No se podía apreciar bien y fue entonces que Eduardo me dijo con voz tranquila. Que. Aquella criatura era un nahual. Desde hacía un par de años esas criaturas comenzaron a merodear por la cementera. Don Julio, un hombre ya mayor de 65 años, que había sido velador desde hacía ya más de 40 años. Contaba que sus antepasados decían que ese había sido territorio de náhuales, pero que la empresa de cemento le había quitado a la mala sus terrenos. Estos.

38:12 Desaparecían a quienes pasaban más allá del Cerro. Esto porque los mismos dueños llegaron a un acuerdo con esas criaturas de tomar como tributo a quienes les enviaban a explorar por los alrededores. Pero con el tiempo dejaron de hacerlo y la empresa cada vez tomaba más allá de lo que se había acordado. Fue por eso que desaparecían los hombres dentro de la mina. Esto sucedía por las noches. Pero no sólo eso, ya que comenzaron a desaparecer también los camioneros que venían de otras ciudades por la carga de producto terminado. Quizás unos años más la cementera vuelva a reabrir su producción.

38:59 Solo esperan a que se calmen las aguas. Me dijo que cuando viera llegar a varios autos que se adentraban más allá de donde nos encontrábamos. ¿Que era mejor meterse a la caseta y no salir hasta que los vehículos se fueran? Pues él me juraba que ahí traían algún regalo para esas criaturas y era mejor dejarlos para no ser uno la cena de esos seres. No sé si fue por miedo o su gestión, pero sólo trabajé hasta que me pude acomodar en otro trabajo. Si le puedo asegurar que en varias ocasiones vi a esas criaturas.

39:39 La luz de la lámpara solo mostraba una sombra que se reflejaba en alguna de las estructuras, aunque en el tiempo que estuve yo allí nunca hizo el intento por acercarse a la caseta y yo no hice tampoco de pasar hasta su terreno en los rondines. Sólo en pensarlo me da escalofríos, pues uno nunca sabe hasta dónde tiene pintada la rayita. Voy a la edad que tengo y por las historias que he escuchado sobre estas criaturas en tu canal. Sé que tuve suerte por no ser devorado por alguno de ellos. Eduardo sigue trabajando de velador y sé que no a todos les cuenta sobre esas criaturas, pues sospecho que él mismo está encargado de que se mantengan en su sitio y que algunos de los veladores que llegan a trabajar ahí. Pasan más allá de la luz de las lámparas, guiados por los ruidos que ellos creen que se trata de algún vago o ladrón. Ese lugar olvidado se encuentra a varios kilómetros de la ciudad, donde hasta el día de hoy se cuenta que al caer la noche, algo inhumano se mueve entre las estructuras corroídas por el tiempo.

41:00 Ya no hay veladores que lo cuiden por los malandros, por los amantes de lo ajeno, esas criaturas que habitan por ahí se encargan de que nadie ingrese y los perturbe. Fui trabajador de Coca Cola por alrededor de 7 años, durante ese tiempo fui repartidor, pero con la experiencia que tuve solo duré trabajando para esa empresa un año más.

41:43 Mi nombre es Iñaki Suárez, soy del Estado de Sinaloa, aquí como en todo el país, hay muchos ejidos, muchas comunidades a las cuales empresas como estas llevan sus. Productos. Esto siempre me pareció una labor sencilla. Había ocasiones en que la rutina se repetía cada día, cargar, conducir, descargar y regresar. Mis compañeros Isaac y Francisco eran mi única compañía en esos largos trayectos. Francisco era el chofer, tenía una habilidad única para manejar en cualquier terreno y su experiencia nos daba seguridad. Hasta puedo decir que nos podíamos echar un coyotito en lo que llegábamos a nuestro destino, pero eso cambió. Unos años después, en uno de los viajes a un pueblo que se encuentra cerca del Estado que colinda con Durango, Francisco comenzó a hablar de un sueño recurrente. Ya tenía casi un mes soñando con un accidente en el que el camión terminaba destrozado en la carretera. Al principio lo tomamos como una broma, un tema para ir pasando el rato en la carretera, algo sin importancia, pero él insistía en que era demasiado vívido para ser ignorado. Realmente nos reíamos de su preocupación y seguimos con nuestra rutina sin prestarle la

43:16 atención que realmente requería. Así pasaron 3 semanas y parecía que lo del sueño había quedado atrás. Como un mal sueño. Simplemente. Sin embargo, una tarde en la que volvíamos a la ciudad, algo extraño pasó. Nosotros no lo vimos, pero Francisco sí tomamos una carretera secundaria más directa pero menos transitada y el sol ya se comenzaba a ocultar y la temperatura descendía lentamente. Teníamos la radio encendida y comenzó a tener estática. Y fue entonces cuando Francisco vio algo que lo dejó helado.

43:59 Tanto que comenzó a desacelerar el camión en sentido contrario. Un camión de la empresa se acercaba hasta ahí, nada fuera de lo común. Sin embargo, cuando ambos vehículos quedaron frente a frente, su rostro perdió todo el color. Pensamos que le estaba dando un infarto, pues miró fijamente la cabina del otro camión. Y sin decir nada, freno de golpe, causando que nos sacudiéramos en nuestros asientos y sale. Yo lo miramos preguntando si se sentía bien, qué era lo que estaba pasando. Francisco tardó unos segundos en reaccionar y luego, sin una palabra, siguió conduciendo.

44:43 Al cabo de unos minutos, la radio se comenzó a escuchar bien. Yo notaba que mi compañero veía por el espejo lateral. No fue hasta días después que nos contó lo que había visto, aquel camión llevaba en el volante. A. Alguien idéntico a él juraba que no era un reflejo ni una ilusión. Francisco se había visto así mismo conduciendo el otro vehículo. No pasó mucho tiempo antes de que el sueño de mi compañero se hiciera realidad. En una de nuestras rutas, el camión derrapó en una curva peligrosa. Francisco perdió el control y salimos del camino, estrechándonos contra la maleza al borde de la carretera.

45:32 El golpe fue fuerte, pero milagrosamente nadie resultó herido. Cuando salimos de la cabina y vimos los daños, comprendimos que teníamos un chingo de suerte. Esperamos por alrededor de 3 horas para que llegara la aseguradora, la grúa y otro camión para poder transportar lo que quedó en las botellas y latas de refresco de vuelta a la empresa mientras revisaban el camión. Uno de los compañeros se nos acercó con una expresión seria, nos habló en voz baja, isaki, a mí como si no quisiera que alguien más lo escuchara.

46:13 Nos contó que ese mismo camión había estado involucrado en otro accidente tiempo atrás, hacia alrededor de 5 años, los choferes lo llamaban el camión maldito, era un camión que había sido reparado en múltiples ocasiones, pero cada vez que lo ponían en servicio, algo malo ocurría desde pequeños incidentes, fallas mecánicas, accidentes sin razón aparente. Afortunadamente, hasta ese momento, sin pérdidas que lamentar, no pude evitar pensar en lo que Francisco había visto aquella tarde en la carretera, si en verdad se había visto a sí mismo conduciendo aquel camión, si había sido una advertencia de los sueños recurrentes y lo que había visto aquella tarde.

47:06 Cuando llegué a casa le conté a mi esposa y ella me dijo que mejor pidiera cambio con otro chofer. Pues ese había sido un mal presagio. Y si la muerte venía por él, que se lo llevara. Pero no a mí. Yo no creí que fuera necesario cambiar de compañero, pues como les comenté le teníamos mucha confianza como chofer. Creo que la empresa ya cansada de los constantes problemas, había dejado de intentar arreglar el camión, pues eran puras pérdidas económicas ahora. Forma parte de un grupo de camiones abandonados en la fila del terreno, todos con partes de otros vehículos que también habían tenido finales trágicos, pero al dejarlo al final del terreno no terminó allí el suceso, ya que los guardias por las noches escuchan sonidos provenientes de ese camión, en específico 3 sombras en la cabina del camión oscuras como la misma noche. Al alumbrar con sus lámparas, aquellas sombras se desvanecen por algún tiempo.

48:15 Cada que pasábamos cerca de la zona donde descansaban los camiones fuera de servicio, evitaba mirar demasiado tiempo, pues no quería ver lo que los veladores contaban, pues tenía el temor de que nosotros hubiésemos sido. ¿Alguno de esos fantasmas que se aparecen después de haber perecido en algún trágico accidente? Trabajé por unos años más hasta que decidí poner mi propio negocio. Isaac se fue a vivir al norte del país y Francisco ya tiene unos años que se pensionó. Ya no tuvo aquel sueño recurrente. Quizás fue un aviso. Una pre munición de lo que podía pasar si seguía el maldito camión circulando por esos caminos a los pueblos lejanos. Esta ha sido mi anécdota.

49:08 Muchas. Gracias por escucharla. Mi nombre es Jonathan Téllez. Trabajo en una embotelladora desde hace varios años. Con el paso del tiempo ya me acostumbré al ruido constante de las máquinas, al olor del azúcar y los químicos con los que se elabora este refresco, así como también al frío del almacén. Todo en esta fábrica tiene ya una rutina, algo que se repite día tras día sin mucha diferencia. Vemos a los mismos compañeros Traileros. ¿Proveedores?

49:57 Como les digo, todo se vuelve rutinario, excepto el turno nocturno, que es el que la mayoría no desea trabajar, lo que hasta el día de hoy sucede en el almacén de la empresa Coca Cola. Cuentan que desde que se inauguró comenzaron a pasar sucesos extraños, desde sombras, algo o alguien que observa desde algún punto del almacén. Desde sonidos o ruidos que nadie tiene que ver con los que estamos familiarizados. Pero escuchar voces, aunque tengamos puestos los tapones, eso sí que nos causa escalofríos. Esto sucede en el almacén de producto terminado más que en el lugar de la fábrica.

50:48 El almacén es un espacio enorme con estantes metálicos que llegan casi al techo. Los pasillos son estrechos, donde las luces titilan de vez en cuando, creando una sensación que hace que uno mire hacia arriba. Es un lugar donde nadie quiere quedarse solo demasiado tiempo. Terminando el trabajo nos reunimos a la entrada del almacén, pues nadie quiere estar dentro de este una noche mientras acomodaba algunas cajas de latas en uno de los estantes del almacén. Sentí que alguien hablaba acerca de mí. No le di importancia al principio porque en esa ocasión había un compañero moviéndose por ese cargando, ajustando para colocar más tarimas con latas de refresco. Pero cuando de nueva cuenta la voz se volvió a escuchar, ya sentí miedo.

51:46 Esto porque me encontraba en la parte más alta del estante. Además, estaba demasiado cerca y cuando miré hacia abajo ya no había nadie más. En ese pasillo, un escalofrío me recorrió la espalda y los pelos de mi nuca. Se me erizaron, me quede inmóvil unos segundos escuchando con atención, hasta que me quité uno de los tapones y me di cuenta que eran conversaciones confusas, como si un grupo de personas hablara la distancia. Pero al voltear hacia todos lados no había absolutamente nadie sacudí mi cabeza tratando de no darle importancia. Tal vez eran ruidos que venían de otro lado. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que no era el único que lo notaba, ya que varios compañeros me confesaron que habían escuchado lo mismo voces que aparecían de la nada cerca de ellos.

52:48 Pero sin que hubiera alguien a la vista. Uno de ellos incluso probó usar tapones para los oídos mientras trabajaba en el almacén. Pero aún así, al igual que yo las escuchaba para mí dejó muy claro que no eran ruidos normales y que algo pasaba en ese almacén entre nosotros. Eran solo comentarios, pero esos rumores traspasaron las puertas que dividen el almacén con el área de producción. Pronto se comenzó a decir que en ese almacén espantan que desde hace años ya venían ocurriendo cosas extrañas. Ahí no sé cuántas historias inventaron, pero lo que todos coincidíamos es que solo eran esas voces.

53:34 Nada más, pues ante nosotros nada se había materializado. Pero todo eso cambió cuando nuestro supervisor en turno comenzó a cambiar. El jefe era un hombre serio, de carácter fuerte, siempre enfocado en el trabajo y que las cosas se hicieran bien. Pero un día notamos que algo en él no estaba bien. Se le veía cansado y distraído y con el tiempo empezó a adelgazar. Unas ojeras muy pronunciadas bajo sus ojos le daban la apariencia de que estaba enfermo, aunque él insistía en que estaba bien. Pero fue hasta una noche que confesó que había visto algo en el almacén.

54:18 En un inicio no quiso dar detalles, pero poco a poco nos enteramos de que había visto a un joven en uno de los pasillos. Lo siguió pensando que era uno de nosotros hasta que se dio cuenta de que esa persona no tenía el uniforme ni un rostro definido. La cabeza del joven se veía extraña, pues. Tenía la apariencia que estuviera aplastada. Le dijo que no podía estar en el almacén cuando este se detuvo y se giró hacia el supervisor. En cuanto lo vio, sintió una presión en el pecho, un miedo que no le permitió moverse. El rostro de aquel joven estaba deforme. Su ojo colgaba de la cuenca, su nariz aplastada y de esta salía el líquido vital, así como de su boca. Su deformidad era tan horrenda que cuando al fin pudo reaccionar, miró como la figura se alejaba de él, traspasando la pared como si no estuviese allí.

55:22 Después de ese incidente, comenzó a tener problemas para dormir. Decía que sentía una presencia siguiéndolo incluso hasta fuera de la empresa. Se veía cada vez más delgado, como si se estuviera consumiendo poco a poco. Fue su madre quien al notar su Estado, decidió llevarlo con una persona que sabía cómo curar esos miedos que no son normales, a los que muchos los conocemos como curar de espanto. Después de una limpieza y algunas oraciones, le entregaron una medalla de San Benito y le dijeron que la llevara siempre con él.

56:03 A partir de ese día dejó de escuchar las voces y nunca más volvió a ver aquella aparición. Pero la impresión no solo le causó aquel susto, sino que le trajo problemas de salud porque a los meses le diagnosticaron diabetes tipo. 2. Nosotros, en cambio, seguimos igual escuchando las conversaciones que surgen de la nada, esas voces sin origen, sin cuerpo alguno, que parecen estar justo detrás de nosotros, no sabemos quiénes son ni qué quieren, solo que están ahí siempre. No piden ayuda, ni siquiera dan muestra alguna de que necesiten algo.

56:45 Eso es lo más extraño de esto. Muchas gracias por escuchar esta historia. Saludos desde Monterrey, buenas noches. Saludos a todos y buenas noches. Me llamo Mateo ortiz, trabajo en una fábrica de tequila desde hace 10 años. Desde que entré me asignaron al taller de reparación de barriles. Era un trabajo de manos duras y paciencia, pero me gustaba un día mientras afinaba las duelas de un barril viejo.

57:31 Un señor de nombre Marcos trabaja aquí desde hace mucho tiempo. Nuestras charlas son amenas, siempre estamos laborando en armonía y es algo que agradezco. Una vez. Sería alrededor de las 3:00 de la tarde cuando le hice una pregunta sin saber que con ésta me enteraría de una historia por demás perturbadora. Le pregunté que si era verdad que la DESTILERÍA tenía varios fantasmas. Él me contestó que sí. Se acomodó y me comenzó a narrar que. Esta historia comenzó en la década de los años 50 del siglo pasado, cuando la destilería estaba en su auge.

58:15 El dueño de la tequilera era un hombre respetado, de esos que mantenían todo bajo control y su familia vivía casi como si fueran de otro mundo. Tenían riqueza, poder y, sobre todo, una idea muy clara de quién debía formar parte de su círculo y quien no. El propietario se pasaba la mayor parte del día degustando de su producto, pues para él era indispensable la calidad. El hijo del dueño, a quien describió como un joven de carácter impulsivo y corazón fácil de emocionar, solía pasearse entre las filas de obreros. Tenía fama de galanteador.

58:58 Sus palabras eran dulces y sus promesas muchas, aunque raras veces. Duraban. Pero todo cambió el día que puso los ojos en una joven que trabajaba en la línea de embotellado. Ella era diferente, no sólo era hermosa, sino que además. No se dejaba. Llevar por las atenciones del muchacho era hija de campesinos sin estudios. A pesar de todo, el joven insistió, le llevaba flores, encontraba pretextos para pasar cerca de su estación de trabajo. Buscaba su atención como un sediento busca el agua. Ella firme, rechazó cada intento, sabiendo que cualquier aventura con él solo la llevaría al desprecio o al escándalo.

59:47 El rechazo no le cayó bien al joven, acostumbrado a tener lo que quería. Así. Que comenzó a cambiar su actitud con la muchacha, la miraba de lejos con ese brillo de rencor que sólo da el orgullo herido. Después de varios días, se cuenta que una tarde, cuando la jornada terminaba y la mayoría se había marchado, la joven desapareció. No llegó a su casa. Los padres vinieron a la Tequilera y aunque la búsqueda fue breve, pues no se encontró a la joven dentro de la refinería, al poco tiempo el hijo del dueño fue enviado fuera del país.

1:00:28 Dijeron que era para estudiar. Pero las malas lenguas decían que había algo raro detrás de ese viaje. Con el tiempo empezaron a pasar cosas extrañas en las bodegas donde se almacenaban los barriles de tequila. Algunos trabajadores afirmaban escuchar llantos en las noches, otros decían que al pasar junto a los barriles más antiguos sentían como si algo los observara y un frío que calaba hasta los huesos. Se sentía en cada rincón. Había quienes juraban haber visto una figura femenina caminando entre las hileras de barriles, como buscando o queriendo mostrarles algo. Con los años, el joven regresó y se casó. Obviamente quedó al frente de la tequilera cuando ya su padre no podía estar al frente del negocio que este mantenía un barril en específico sin mover.

1:01:27 Este siempre permanecía en su lugar. Fue hasta que en 1968, al abrir barriles viejos para reparación, encontraban marcas en el interior de uno de ellos, como si algo hubiera arañado desesperadamente la madera. Pero la empresa siempre se encargó de tapar los rumores para ellos. Eran solo cuentos entre los empleados. Algunos decían que ahí había Estado el cuerpo de aquella muchacha que había desaparecido. Otros contaban que ahora se encontraba dentro del barril, que el nuevo dueño no permitía que lo movieran o abrieran.

1:02:11 Le pregunté si este aún existía y él me dijo que sí. Está sellado y se encuentra lejos de las miradas curiosas. Es uno muy antiguo de los primeros que había tenido la destilería. Nadie sabía porqué, pero a veces lo encontraban fuera de lugar, aunque nadie admitía haberlo movido. Cuando esto sucedía, el hombre se ponía histérico. Alguno que otro de los empleados vio en varias ocasiones al dueño llorar frente al barril. Y eso hizo que la historia de que en ese barril guardaba en su interior el cuerpo de la joven. El dueño ya falleció hace tiempo. Ahora está su hijo como dueño de la tequilera. Marcos me miró sonriendo y me confesó que él, al igual que el antiguo reparador de barriles, tuvieron que reparar un barril que él juraba que había sido la tumba de la Chica, pues el olor al tequila, impregnado con olor a cuerpo fermentado, se dejó sentir cuando estuvo en esta área. Muy buenos días a toda la audiencia de Inframundo. Relatos.

1:03:35 Mi nombre es Noemí Iriarte. Tengo 30 años. Empiezo contándoles que trabajo desde hace ya varios años en una de las tequileras más antiguas de la región aquí en Jalisco, fundada hace más de un siglo. Cuando inicié trabajando en esta empresa, mi abuela me dijo que los edificios viejos siempre tienen historias que contar, algunas perturbadoras, otras no. Tanto. Esos lugares guardan en sus paredes secretos. Todo en la fábrica aparece detenido en una época que ya tiene un siglo que quedó atrás. Obvio que hay maquinaria nueva, pero aún están los muros de Adobe. Y las vigas de madera pesada deteniendo el techo abovedado. Desde que entré escuché historias que hasta el día de hoy son contadas de boca en boca, relatos que la mayoría aseguran de ser testigos y como experimentaron el miedo mismo, sobre todo durante los turnos de noche, cuando la mayoría de las luces se apagaba y todo queda en silencio. 2 de mis compañeros me contaron sobre una vieja bodega.

1:04:51 Es una de las más apartadas, justo detrás de la zona nueva de fermentación, donde el olor a agave cocido apenas alcanza a llegar. Ellos contaron una noche del mes de noviembre. Estuvieron trabajando en esa área desde muy temprano, pero al caer la noche es muy común escuchar golpes secos como si arrastraran cajas. O moviera alguno de los barriles pesados, pero cuando iban a averiguar si alguien más estaba con ellos en esa bodega se daban cuenta que no había nadie y ni siquiera una señal de que algún barril fuera movido de su sitio, no encontraba nada fuera de su lugar. Mi compañera Aída me contó que ella ha visto figuras traslúcidas atravesar los pasillos entre las hileras de barricas.

1:05:46 Eran siluetas bien definidas de hombres con pantalones de manta y sombreros anchos, como los trabajadores de principios del siglo 20, caminando lentamente, arrastrando sus pies sobre el suelo de la Tierra compactada. Cuando me contaba esto, una chica afirmaba haber distinguido a unas mujeres vestidas con trajes de gala. Paseándose entre los túneles, sus ropas desfasadas de cualquier moda actual, era como si se deslizaran en vez de caminar. En una ocasión me fui más allá de mi área de trabajo y sin querer entré en una de las oficinas en desuso.

1:06:30 Apenas si se alcanzaban a apreciar unos muebles cubiertos por sábanas amarillentas, permanecían intactos. Un escritorio de madera maciza, una silla de respaldo alto y vitrinas repletas de papeles amarillentos y frascos que eran las primeras botellas para el tequila. Toda una oficina llena de historia. Un compañero que lleva más de 20 años en la fábrica me relató que en una ocasión, durante un turno de mantenimiento, vio una lámpara de aceite encendida dentro del despacho. Cuando juraba que nadie tenía acceso a ese sitio, le contó el día lunes a una de las mujeres de oficina y ella le contó que una vez pudo ver la figura de un hombre mayor vestido de traje antiguo, de pie frente al escritorio, inmóvil, como si revisara documentos. Yo también me he llevado mis buenos sustos, pero según se cuenta, el área de los baños es la más embrujada. Aquella madrugada sentí la necesidad urgente de ir al sanitario.

1:07:42 El problema es que, como siempre, el baño estaba fuera del área de producción, apartado en uno de los extremos del terreno, junto a las oficinas abandonadas, que ya casi nadie iba por aquel rumbo. No me entusiasmaba la idea de caminar sola hasta allá, pero no tenía alternativa. Aunque el sendero está relativamente iluminado por algunas lámparas tenues, el eco de mis pasos era el único sonido que me acompañaba. El camino de grava crujía levemente bajo mis botas y el viento movía las ramas de los árboles cercanos, creando un ruido que a esas horas de la madrugada daba la sensación de miedo faltando unos metros para llegar. Algo llamó mi atención.

1:08:35 Una figura estaba parada frente a los baños. Era alta, inmóvil, completamente recortada contra la luz de la lámpara más cercana. Mi primer impulso fue detenerme y regresar a mi área de trabajo, pero ya no aguantaba y ya no me darían permiso para volver a salir. La figura oscilaba de un lado a otro. Hasta que se deslizó hacia el interior del sanitario de mujeres. Trague saliva y trate de convencerme de que era alguna compañera que había salido antes que yo. No era raro que otras también necesitarán usarlo a esa hora, así que reuniendo valor camine hasta la entrada desde fuera pude ver a través de la abertura inferior de las puertas unos pies.

1:09:29 Estos calzaban unos zapatos estilo colegial, estaban firmemente plantados frente a uno de los cubículos. Me sentí un poco más tranquila, no estaba sola, al menos elegí una cabina vacía, cerré el seguro y traté de apresurarme. No había pasado ni 1 minuto cuando de pronto la puerta de mi cubículo recibió un golpe, como si alguien hubiera descargado toda su fuerza contra ella. El estruendo fue tan fuerte que sentí que la estructura se vendría abajo. Mi corazón se aceleró de inmediato. Apenas si podía reaccionar el llanto de una mujer, comenzó a escucharse un sollozo entrecortado, desesperado, tan cercano que parecía provenir de dentro mismo del pequeño baño.

1:10:21 Era un sollozo que no buscaba ser consolada. Sino que parecía sacar una angustia que la atormentaba, apuré mis movimientos como pude, temblando de pies a cabeza. Y cuando por fin logré abrir la puerta, lo primero que hice fue mirar al interior del sanitario esperando encontrar a alguien a la dueña de aquel llanto desgarrador. Pero no había nadie. Los cubículos estaban vacíos, las puertas entreabiertas. Los pies que había visto antes ya no estaban. Ya estaba por cruzar la puerta de salida cuando de repente las luces parpadearon y 1 segundo después se apagaron, sumiéndome en la oscuridad.

1:11:09 Eso me dio más miedo. Y si eso que estaba en el baño me cerraba la puerta y quedarme a oscuras encerrada hasta que alguien viniera a buscarme. Me dio pánico y comencé a caminar con rapidez hacia la puerta. Las piernas las sentía pesadas. Salí de ahí y me dirigí al refugio de la fábrica. La verdad es que una cosa es que los demás te cuenten sus experiencias, de las historias que se cuentan que tienen décadas de sus heridas, que vivirlas uno mismo en carne propia. Desde entonces, yo también me he vuelto de las tantas personas que tienen algo que contar dentro de la fábrica de tequila.

1:12:08 Buenas noches Alejandro, espero que mi historia sea de su agrado. Empiezo diciendo que esta anécdota me paso en una empresa donde hasta la actualidad se fabrica tequila. Por obvias razones no puedo dar la marca ni la ubicación e incluso he cambiado las fechas. Solo puedo decir que me sucedió hace ya muchos años en los altos de Jalisco, Tierra del Tequila. Y aún recuerdo este relato como si fuera ayer. Mi nombre es Óscar Juárez, muy cerca de mi casa, donde vivía con mis padres y mi abuelo.

1:12:50 Estaban los plantíos de agave. Ahí había trabajado mi abuelo desde que era muy joven. Muchos años atrás también trabajaba mi padre y yo sabía que teniendo la edad adecuada también entraría a trabajar en esa empresa que por cierto, es muy conocida en la actualidad. Tanto mi abuelo como mi papá tenían sus propias historias, que pocas veces platicaban, pero que ya las había escuchado en más de una ocasión. Por todos esos relatos era que me daba algo de miedo trabajar en aquella tequilera. No sólo mi papá y mi abuelo se contaban sus historias. La gente de los alrededores aseguraban que todas esas tierras estaban malditas.

1:13:43 Y que siempre lo iban a estar porque aseguraban que por las noches se aparecía una bruja. La verdad, yo ya tenía más de 15 años y nunca había visto nada de eso. Mi abuelo no hablaba de ninguna bruja. Sus historias eran más acercadas a la sobrevivencia, porque en esos entonces los pleitos entre los gimadores. Ya fuera por mujeres o por ganar el trabajo, eran encarnizados porque se resolvían a machetazos o se atacaban con sus herramientas de trabajo, principalmente con coas.

1:14:25 Entonces las consecuencias eran nefastas. También había otro tipo de muertes durante las largas jornadas de trabajo en esos plantíos, ya fuera por cansancio, por insolación e incluso por hambre. ¿Pero era trabajar ahí o no hacer nada? Hay que recalcar que eran otros tiempos muy lejanos, cuando era la temporada fuerte de la cosecha de piñas de agave. Para eso de las 4:05 de la mañana ya andaban los trabajadores en el campo. Así, entre la oscuridad, cortaban y transportaban hasta la fábrica de procesamiento las pesadas Piñas. Lo hacían en mulas y burros.

1:15:12 Me contaba mi abuelo que a esa hora sucedían cosas extrañas a lo que por lo menos él nunca se pudo acostumbrar. Nunca me quiso explicar claramente porque había manifestaciones tan fuertes. Lo digo así, ya que algunas almas se hacían presentes solo para atacar a los trabajadores, según mi abuelo. Esas almas buscaban venganza en contra de quien les había arrebatado la vida, pero en ocasiones agredían personas inocentes y nadie sabía por qué otras se comportaban de manera extraña.

1:15:56 Se confundían entre los gimadores. Hablaban con ellos e incluso trabajaban cortando la planta de agave. Estos mientras estuvieran bajo el amparo de la noche, porque apareciendo los primeros rayos del sol, esas almas se desaparecían sin dejar un rastro. Me platicó muchas cosas que para mi edad no le encontraba explicación lógica, pero mi abuelo se sabía todas las historias y me decía. Que esas almas se iban hasta que terminaban con la misión a la que estaban destinadas, pero que la muerte no les había permitido cumplir. Mi papá, por su parte, me hablaba de otras cosas porque él en un tiempo había trabajado en la fábrica y en el transcurso de los años habían pasado algunas tragedias. Sobre todo en los hornos y la trituradora. Ahí también era bien conocido que por las noches se escuchaban gritos y se veían sombras, pero los encargados les tenían prohibido hablar al respecto para no asustar a los futuros empleados.

1:17:10 Ahí sí se hablaba sobre la bruja. Decían que siempre estaba al acecho de los trabajadores. Hasta la culpaban. De algunos accidentes. De hecho, mi papá creía haberla visto en varias ocasiones, siempre confundiéndose entre las sombras. Todos le tenían miedo por eso mejor. Había preferido trabajar de gimador en el campo por todas esas cosas que sabía cuando por fin tuve la edad suficiente para trabajar. Evite irme al campo por lo que me contaba mi abuelo. Porque no quería interactuar con fantasmas, pero tampoco quise ir a la fábrica.

1:17:56 Por lo que decían de la bruja, sin tomar el Consejo de mi papá ni de nadie, opté por entrar a la bodega donde se guardaban las barricas completas de tequila. También vi aquello como una oportunidad para probar el producto de agave. Yo nunca había bebido nada. Porque mi papá y mi abuelo me lo tenían prohibido por lo mismo. Era mucho mi curiosidad por saber lo que se sentía beber tequila, porque ellos sí lo hacían. Entonces comencé a estudiar la manera de abrir las barrigas sin que los demás trabajadores se dieran cuenta. Y claro, para todo hay maña.

1:18:43 Antes era muy fácil hacerlo. No como hoy, que ya se sellan por el Consejo regulador de tequila y se necesita un permiso especial para poderlas abrir. La primera vez que lo probé le dí un trago tan grande que casi me quemo la garganta. Luego fui sintiendo como el tequila se fue por mi esófago. Al caer en mi estómago me recorrió un calor por todo el cuerpo hasta que pegó en mi cerebro. 2 y muchas veces, hasta que aquella sensación pasó, esa fue mi primera experiencia con el alcohol. No me da pena aceptar que a pesar de todo, sí me gusto y comencé a tomar a diario solamente el primer trago. Me raspaba los demás ya no.

1:19:34 Por otra parte, los primeros días de trabajo fueron tranquilos. El encargado de esa área era una persona mayor llamada Facundo. Quien poco a poco y de buena manera me fue enseñando cómo desempeñar mi labor porque el trabajo era pesado, el también era el velador de la bodega e incluso la mayor parte del día se la pasaba ahí porque ya era viudo y no tenía familia cercana. Quizás le había caído bien a don Facundo porque me decía que me quedara de veladora a cuidar las barricas porque él era un viejo.

1:20:15 Seguramente pronto buscarían a alguien más para suplirlo y le gustaría que ese alguien fuera. Yo, mientras me decía eso, me miraba con insistencia, como si quisiera revelarme algún secreto que tenía escondido todas las tardes. Ya terminando mi horario de trabajo y después de tomarme a escondidas mi buena ración de tequila, platicaba con él y siempre me quedaba con esa impresión de que me quería revelar algo, pero no se animaba. Un día me tomé más de la cuenta y me sentí bastante mareado. Entonces me quedé hasta muy tarde platicando hasta que se me bajó el efecto. Esa ocasión fue con él.

1:21:03 Don Facundo, quién sacó una botella de tequila reposado, me miró divertido. Luego me ofreció un trago así a pico de botella me dijo que escuchara una historia. A lo que me pareció muy entretenido era sobre un demonio que se metía dentro de las botellas de tequila y cuando las personas bebían su contenido, entonces se transformaban porque. Ese ser se manifestaba, lo hacía de diferentes maneras. A unos les daba valor e incluso los hacía violentos, a otros los deprimía de tal manera que eran capaces de atentar contra su vida.

1:21:50 A la gran mayoría los hacía sentir alegres, a otros los dormía por horas mientras tuvieron el demonio dentro de sus entrañas. Las personas se comportaban de manera diferente a como en realidad eran. Los malestares venían al día siguiente cuando el demonio los abandonaba, entonces tenían que pagar, se sentían tan mal que hasta vomitaban. En la mayoría de los casos no recordaba todo lo que habían hecho. Si lo volvían a hacer después, ya no podrían parar. Era como una maldición. Para terminar, me contó algunos casos donde los gimadores habían consumido demasiado alcohol y habían terminado matándose entre ellos sin que nadie los pudiera hacer entrar en razón. Cuando terminó de hablar me le quedé mirando, aunque no comenté nada.

1:22:50 Entendí que quizás su intención al narrar esa historia. Era que me cuidara de caer en las garras del vicio. Sólo sonreí y le di las gracias moviendo la cabeza por contarme eso. Historias como esta me contaba cada vez que me quedaba acompañarlo, pero la verdad, escuchar todo eso no me detenía para seguir bebiendo. Un día después de pensarlo mucho me decidí a ser el velador. Cuando se lo notifiqué a don Facundo, se alegró mucho. Ese día me llevó con el Administrador, quién era muy amigo suyo. El señor le preguntó si yo ya estaba enterado de todo. Don Facundo volteó a verme, luego le contestó que lo estaría.

1:23:42 En su momento volteó a verme y me preguntó el Administrador si estaba seguro de eso. Le contesté que sí. Entonces me dieron el puesto. A partir de ahí trabajaría en las noches para cuidar las barricas y que los ladrones no anduvieran por el predio ni en la fábrica. La buena noticia era que don Facundo sería mi compañero porque seguiría trabajando unos meses más hasta que decidiera retirarse. Eso me ayudaría bastante. Para celebrarlo, como era mi costumbre, a escondidas, me tomé de prisa media botella de tequila.

1:24:25 Antes de irme a mi casa. Me acuerdo de mi primera jornada de velador. De hecho, me presente temprano. A esa hora todo era tranquilidad. Don Facundo me dijo que recorriera el lugar y si tenía alguna pregunta, se lo hiciera saber. Supe al instante que por algo me mandaba a hacer eso. Sabiendo eso, caminé despacio, mirando con detenimiento todo el lugar. Me tardé unos 15 minutos para llegar al final porque la bodega estaba grande. Llegué hasta donde topaba. Y cuando di la vuelta alcancé a ver que en el suelo había una puerta también de madera.

1:25:13 Tenía unas barricas quebradas encima, como si quisieran ocultarla. Lo curioso era que tenía varios candados. Lo pasé por alto pensando que sólo sería un sótano. Regrese todavía mirando todo. Como no encontré nada raro, le dije que todo estaba bien. Pronto avanzó el tiempo, se hizo de noche y comenzamos a platicar. Así fue hasta que dieron las 12. Estábamos sentados en la puerta, tomando un poco de aire fresco. Don Facundo me contaba una de sus muchas historias.

1:25:53 Yo me encontraba muy atento, como siempre. Entonces se comenzaron a escuchar pasos muy al. Fondo de la bodega. Volteé a ver a don Facundo porque yo sabía que solo estábamos él y yo, como no me dijo nada, me puse de pie con una mano. Levanté la lámpara de gas que teníamos para ver si lograba haber algo. Caminé unos pasos y luego me regresé. Quizás el señor Facundo me miró muy inquieto porque este lugar donde se encontraba sentado. Me pidió muy tranquilo que no me asustara.

1:26:35 Le dije lo de los pasos y que iría investigar porque alguien se pudiera andar robando el tequila. Me contestó que escuchaba claramente aquellos sonidos, pero que no me moviera de mi lugar dentro de unos minutos. Cuando se terminaran de escuchar me iba a platicar lo que sucedía y que era algo que tenía que saber. Me pidió que me sentara de nuevo, pero no lo hice. Tal vez yo era tan inocente que me imaginaba a un horrible demonio metiéndose a las barricas de tequila para después alterar a las personas, así como la historia que había escuchado el día anterior, recordando que horas antes había ingerido una buena cantidad de tequila. Nervioso, comencé a sentir algo extraño dentro de mí. En serio que llegué a pensar que pudiera traer ese demonio dentro y que se quería manifestar.

1:27:37 Yo seguía buscando mirando entre las barricas. No es que no quisiera hacer eso, es que los sonidos eran muy claros. Además, creí haber visto una sombra que parecía observarnos, pero cuando la luzaba. Rápido, se escondía por varios minutos, caminaron entre las barricas y van y venían sin detenerse, sin ninguna prisa. También se escuchaba una puerta que se golpeaba. De hecho, se cayeron algunas cosas, hasta se escucharon susurros Inentendibles. Todo hacía suponer que quien hacía esos sonidos era una mujer.

1:28:22 Volví a levantar la lámpara porque la verdad ya me sentía muy nervioso, pero nunca logré ver a nadie, pero nunca logré ver a nadie. Después de unos 20 minutos de estar escuchando todo se fue quedando en silencio. Todavía tardé unos minutos en calmarme. ¿Entonces volteé a ver a don Facundo para que me contara lo que había sucedido? Como se pasaban los segundos y no me decía nada, me adelanté. Le pregunté si quien anduvo caminando había sido el demonio del tequila.

1:29:05 Para mi sorpresa me dijo que no, que ese era un cuento que me había inventado para que no agarrara la costumbre de tomar sin medida, porque él ya me había visto cómo tomaba. La realidad de lo que pasaba era mucho más seria. Por algunos segundos me quedé esperando a que me dijera que había sido eso. Después de darle un gran sorbo a la botella, me confesó que la empresa tequilera escondió un secreto que sólo el encargado de la bodega conocía por lo mismo, me lo tenía que decir hacía muchos años.

1:29:45 Allá en sus inicios como emprendedor, el dueño, después de levantar la cosecha de agave, había comprado la madera para hacer sus primeras barricas. Al parecer, dicha madera había llegado de España porque había pedido roble blanco. Se construyeron una regular cantidad. En un principio todo parecía normal. Sólo que después, por las noches, se comenzó a aparecer una extraña mujer de horrible aspecto. Precisamente ahí, junto a las barricas. Obviamente eso asustó a los trabajadores, quien pensaron que eso era cosa del diablo. Pero poco a poco se fueron retirando no sólo de la bodega, lo hicieron del lugar donde se fabricaba el tequila después de los plantíos.

1:30:38 Porque esa mujer se aparecía en todas partes. Eso comenzó a afectar en la naciente empresa. Además, se comenzó a correr la voz. Por lo mismo, casi nadie quería trabajar ahí. Después de investigar, llegaron a la conclusión de que la madera que habían comprado y con la cual habían hecho las barricas para reposar el tequila, además de hacer algunas otras cosas. Eran de un árbol viejo donde habían ahorcado a una bruja y su espíritu estaba ahí atorado desde hacía ya muchos años. Eso por supuesto que se escuchaba increíble.

1:31:20 Como no encontrado otra respuesta, tuvieron que aceptar esa teoría queriendo salvar su negocio. El dueño hizo de todo. Mandó a bendecir las barricas, pero desapariciones seguían e incluso la bruja ya estaba adueñándose de todo el lugar. También intentaron casarla, pero la mujer se desaparecía y en respuesta a eso se comenzaron a echar a perder los agaves por último. Contactaron con un anciano de quien se sabía era un brujo. De hecho, muchos le tenían miedo al escuchar lo que pasaba.

1:32:01 Dijo tener la solución, esa era quemar las barricas y con ellas a la bruja no se podía hacer otra cosa. Nadie sabía de ese tema ni querían meterse con una bruja, por eso le encomendaron el trabajo. El brujo les aseguró que quemar todo era la única solución, aunque eso representaría pérdidas. Tuvieron que hacerlo una tarde en medio del Plantío. Colocaron todas las barricas que había porque no podían saber cuántas tendrían la madera de ese árbol maldito.

1:32:41 Varios hombres rodearon las barricas. Ya preparados con machetes por si salía la bruja, entonces le prendieron fuego. Como es de suponer, ardieron de inmediato. Todos se mantuvieron expectantes para su sorpresa. Cuando el fuego se apagó, hubo una barriga que no se consumió. No había nada que adivinar, era esa. Como se suponía que en ella se encontraba el espíritu de la bruja, ninguno de los trabajadores se le quería acercar. Entonces el brujo y el dueño tomaron unas hachas y soltaron fuertes y sóldidos golpes sobre aquella madera, pero no lograron hacerle nada. Intentaron destruirla de diferentes maneras e incluso quisieron desarmarla, pero no se pudo. El brujo buscó una última solución, propuso hacer un pacto con la bruja resguardarían esa barrica donde nadie la tocaría y así ella podría descansar para siempre. Nadie se enteró del trato que se hizo. Días después construyeron un sótano, metieron la barrica y atrancaron la puerta.

1:34:06 Se cree que le ofrecieron protección para que nunca más nadie intentará destruir esa madera. A cambio, le pidieron que no los dañara. A partir de ese día hubo un encargado que estaba enterado de lo que cuidaba. Pero sucedía una cosa, todas las personas encargadas de cuidar la barrica, extrañamente no vivían. Más de 20 años después se convertían en veladores. Cuando don Facundo terminó de contarme, le pregunté cuánto tiempo tenía cuidando ese lugar. Muy serio. Me contestó que en 2 meses se cumpliría su plazo.

1:34:49 Por eso me había elegido para ocupar su lugar. Cuando entendí que estaba condenado me moleste mucho y le reclamé su proceder e incluso tuve la intención de golpearlo. Después que terminé de insultarlo, me pidió que me calmara. Ella no tenía remedio, pero yo sí me explicó que durante mucho tiempo había investigado cómo deshacer ese pacto y lo íbamos a llevar a cabo antes de que él falleciera. Se pasó una semana porque yo seguía molesto y no le dirigía palabra alguna mientras tanto.

1:35:32 Todas las noches sucedían las manifestaciones hasta que don Facundo me hizo entender que se nos estaba pasando el tiempo, pero sobre todo a mí. Entonces entré en razón. Me convenció para que esa misma noche lleváramos a cabo un ritual donde hablaríamos con la bruja para que nos permitiera liberarla de las ataduras que tenía en esa madera. Me convenció para que esa misma noche lleváramos a cabo un ritual donde hablaríamos con la bruja para que nos permitiera liberarla de las ataduras que tenía de esa barrica.

1:36:14 ¿A cambio le pediríamos mi liberación? La verdad, yo no tenía nada que perder con intentarlo. Desde las 8:00 de la noche estuvimos preparando todo lo necesario. No puedo negar que me sentía nervioso, más aún porque el mismo don Facundo lo estaba y por más que quisiera, no me lo podía ocultar. Unos minutos antes de llegar, a la medianoche, me preguntó si ya estaba listo. Además, me pidió que fuera valiente. Caminamos completamente a oscuras hasta el fondo de la bodega.

1:36:55 Sobre la puerta que se encontraba en el suelo, don Facundo colocó unas veladoras y unas extrañas figuras hechas con ramas. Eso fue todo. Comenzó a hacer algunas oraciones bastante extrañas. Después de unos minutos me presentó con la bruja, le dijo mi nombre y que la pretendía liberar a cambio de que me perdonara. Yo no veía ni escuchaba a la bruja, pero don Facundo parecía discutir con alguien hasta que por fin pareció llegar a un acuerdo. Hasta entonces encendió las veladoras.

1:37:37 Estuve a punto de correr porque frente a nosotros estaba una mujer bastante alta y placa vestida toda de negro con un terrible aspecto dibujado en su cara. Tenía sus ojos casi saltados y la lengua de fuera tenía pedazos de piel desprendida, como si hubieran intentado quemarla frente a ella deshizo aquellas figuras de ramas, luego las quemó con la lumbre de las veladoras, la extraña mujer. No veía otra cosa más que mis ojos. Todo aquello era tan aterrador que ya no podía más el notar todo mi miedo. Don Facundo me detuvo agarrándome del brazo mientras la mujer no dejaba de verme de pronto, así de la nada se apagaron las veladoras.

1:38:36 Sentí y se escuchó que algo como una fuerza salió volando. Entonces me empezó a barrer todo el cuerpo con unas hierbas. Yo deseaba con todas mis fuerzas que quien lo hiciera fuera don Facundo. Luego de unos minutos me dijo que ya había terminado casi jalándome caminamos rumbo a la puerta. Me acuerdo que yo me sentía tieso ya estando ahí encendimos la lámpara y de paso nos tomamos un trago de tequila. Que por lo menos a mí me hizo recuperar la calma sin que yo le preguntara.

1:39:16 Me aseguró que todo había salido bien, la bruja había sido liberada y de paso yo también. No ha sido un Facundo quien después de un poco más de un mes, falleció ahí mismo en la bodega. A partir de ese día y por 20 años, viví con esa zozobra de no saber. Si cumpliéndose la fecha iba a vivir o terminaría mi existencia, cuando todo pasó supe que aquel ritual había dado resultado. Entonces dejé ese trabajo. De eso ya han pasado más de 50 años y gracias a Dios, aquí estoy contando mi historia. La empresa tequilera prosperó de tal manera. De ser reconocida en muchas partes y todo lo que sucedió en los campos de cultivo, en la fábrica y en la bodega se ha ido perdiendo con el tiempo.

1:40:20 No, espero que crean en la historia de este pobre viejo, como les comenté en un inicio, eran otros tiempos. Hoy en día ya no hay temor por nada. Solo espero que se hayan entretenido con este relato. Saludos desde Arandas, Jalisco.