10 HISTORIAS de TERROR de AUTOBUS (Recopilación) - RELATOS DE TERROR
🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:12 Soy conductor de autobús desde hace más de 20 años y he vivido experiencias de todo tipo en la carretera. Sin embargo, hubo un viaje en particular que nunca olvidaré, un recorrido de apenas 1:30. Que se convirtió en una pesadilla para mí y para los pasajeros. Mi nombre es Giovanni Gaspe. Actualmente ya no trabajo para esa línea de autobuses, pero me reservo el nombre, pues tengo amistades con los conductores y uno nunca sabe si por cosas del destino tendré que volver a trabajar con ellos. Esa noche el autobús estaba casi lleno. Los pasajeros subían con sus maletas y bolsas.
0:55 Buscando sus asientos, mientras yo revisaba los boletos y saludaba a cada uno. Era un viaje rutinario, uno que había realizado incontables veces. Todo era habitual en las conversaciones de los pasajeros. Cuando ya estaban todos a bordo me dispuse a retirarme, pero en el último momento me hicieron señas de que esperara, pues subiría un último pasajero. Era un tipo extraño. Con una mirada que evitaba encontrarse con la mía y una maleta grande y desgastada que parecía haber visto mejores días, no quiso que la metiéramos en el maletero, se sujetó a ella y dijo que la llevaría consigo. No le di mucha importancia en ese momento. Los pasajeros peculiares no eran nada nuevo para mí. Sin embargo, pronto me daría cuenta de que este hombre era diferente.
1:49 Nos pusimos en marcha. Y el autobús avanzaba con suavidad. Los pasajeros se acomodaban en sus asientos, algunos conversando, otros mirando por la ventana y unos cuantos ya dormidos. Pasaron unos 20 minutos cuando noté que el hombre de la maleta no estaba en su asiento. Lo vi moverse nerviosamente en el pasillo antes de desaparecer en el pequeño baño al fondo del autobús. No le presté demasiada atención hasta que después de un rato. Noté que no había regresado a su asiento. Decidí no preocuparme demasiado y continúe concentrado en la carretera. Poco después, un pasajero se levantó y caminó hacia mí con una expresión de preocupación, señaló hacia la parte trasera del autobús y al girar la cabeza me di cuenta de que el hombre extraño había dejado su maleta en el pasillo.
2:45 Una inquietud comenzó a formarse en mi mente. La atmósfera en el autobús empezó a cambiar. Los pasajeros murmuraban entre ellos susurrando sobre la maleta abandonada. Al principio pensé que era una simple curiosidad, pero pronto noté que había algo en esa maleta que no estaba bien. Comenzaron a quejarse de que un mal olor salía de esta. Finalmente me vi obligado a detener el autobús en una parada segura al lado de la carretera. Anuncié que necesitábamos verificar la maleta mientras unos hombres llamaban a la puerta del sanitario. Me acerque con cautela y al abrirla mi corazón dio un vuelco. La maleta estaba llena de artículos que nunca habría esperado ver.
3:34 Velas negras, huesos, frascos con líquidos extraños y figuras talladas que parecían tener siglos de antigüedad. La mezcla de olores era nauseabunda, una combinación de hierbas secas y algo que no pude identificar. Un escalofrío recorrió mi espalda cuando vi un libro de aspecto antiguo con símbolos que nunca había visto. Algunos se alejaron de la maleta sus rostros mostrando una mezcla de miedo y repulsión. ¿Había algo innegablemente siniestro en esos objetos? Una señora me dijo que arrojara esa maleta fuera del autobús. Ya que solo nos traería desgracias, intenté mantener la calma y asegurar a todos que todo estaba bajo control, pero internamente el pánico comenzaba a apoderarse de mí. Tuve que ir a sacar del baño a aquel hombre, quien se miraba tranquilamente.
4:30 Le hablé sobre su equipaje y el hombre no comentó nada. Se acercó y lo cerró como si nada hubiese sucedido. Las personas pedían que lo dejara ahí. Pero mi responsabilidad era que llegara a su destino de mala gana. Los pasajeros se tuvieron que hacer a la idea de que tendría que llevarlo. El hombre me dijo que esa era la maleta de un brujo y que él tenía que entregarla, que era mejor no deshacerse de ella, pues el brujo la estaba esperando y ya sabía en qué autobús iba su maleta. Retomé la marcha con la esperanza de llegar al destino. Lo más pronto posible, pero el viaje se volvió interminable. Cada kilómetro recorrido se sentía como si fuera un viaje a la nada.
5:20 Los pasajeros se movían inquietos en sus asientos, algunos rezando en voz baja, otros abrazándose a sí mismos en busca de consuelo. El miedo en sus ojos reflejaba el mío propio y el hombre aferrado a la maleta cuando llegamos. Las personas no se movían de sus asientos. Lo hicieron hasta que el hombre bajó sin mirar atrás en el andén de la central Camionera. El hombre le entregó la maleta a un señor que no parecía tener más de 60 años. Este me lanzó una mirada penetrante, una advertencia silenciosa de que nunca debí haberla abierto. Me arrepentí al instante de lo que había hecho. Los pasajeros bajaban dándome las gracias y yo no podía emitir sonido alguno.
6:07 Sabía que de regreso tendría que buscar a doña Marcela para que me quitara el mal de ojo que ese brujo me acababa de lanzar. Uno no es responsable de lo que los pasajeros llevan consigo, pues cuando pasó por inspección nadie notó lo que el sujeto llevaba en aquella maleta. Muchas gracias por relatar esta anécdota. Espero poder contarles otras que me han sucedido haciendo vacío. Basado en la anécdota real de leo Ruiz, llevo 3 años trabajando como conductor de autobús de transporte público. Es un trabajo que me gusta, aunque en ocasiones es estresante.
6:57 En todos esos años hubo una ocasión en la que algo sumamente curioso, extraño o incluso paranormal. Comenzó a suceder y quiero compartir esta historia con ustedes. Mi nombre es leo Ruiz y esto pasó en el año 2022. Allí me encontraba comenzando la rutina. Desde muy temprano había llevado el autobús al autolavado estaba impecable. Verlo así, tan limpio, me daba mayor motivación para mi trabajo. El día comenzó y rápidamente todos los asientos se llenaron, la mayoría de personas que se dirigían Asus trabajos y estudiantes, la aglomeración de personas, un poco de ruido y diferentes olores.
7:54 Ya me había acostumbrado a todo eso al mediodía en la hora del almuerzo. Noto que en uno de los primeros asientos hay un amuleto. Parecía el dije de un collar, pero era un poco más grande. Tenía forma de pentagrama, hecho de metal pintado con colores llamativos. No había nadie ahí y no pensé que me dieran mucho dinero por el en una casa de empeño así. Que lo colgué. En el espejo retrovisor, si era llamativo. Desde ese día lo añadí a la colección del autobús, recobrando el trabajo. Poco después, los asientos estaban casi todos ocupados de nueva cuenta.
8:43 Y entonces se subió un hombre viejo, con barba blanca y larga a predicar el evangelio con una Biblia en su mano. Caminaba con dificultad, pero poca atención le presté. Escuchaba como le hablaba a los demás pasajeros y gritando muy fuerte la palabra. Amén. Tenía la atención de todos, pero yo tenía que ir concentrado en el camino. No podía tener mi mente en otra parte. Cuando terminó, muchos le dieron una que otra moneda. Luego se acercó a mí y también le di cuando me detuvo en un semáforo rojo.
9:26 Miró el amuleto colgado del retrovisor y me dijo que le parecía un artefacto muy interesante. Me preguntó dónde lo había conseguido, a lo que le dije que lo encontré tirado en la calle. No tenía intenciones de decirle la verdad antes de que se bajara. Me dijo que eso no era cierto, pero con una mirada tan seria que pensé que me arrojaría la Biblia en la cara. Se bajó y rápidamente se perdió de mi vista. Sacudí la cabeza y seguí con mi camino. No tenía intenciones de darle tanta mente a eso, aunque admito que fue muy curioso que me dijera eso.
10:10 No había manera en que supiera que le estaba mintiendo, a menos que me hubiera visto cuando agarré ese amuleto. Como sea, no le presté tanta atención. Seguí con mi rutina, terminé la jornada y me fui a casa. Al día siguiente, retomando de nuevo, noté algo sumamente extraño, el autobús estaba lleno, pero había un asiento donde nadie ocupaba el lugar. Uno de los primeros, sí, ese donde había encontrado aquel amuleto. La primera vez que vi eso no le di tanta importancia.
10:54 Seguí conduciendo como si nada, pero pronto la gente seguía aglomerándose. Se empujaban a veces cuando arrancaba después de detenerme en un semáforo, pero seguían sin sentarse ahí más adelante. No pude contener la intriga y les dije a los pasajeros que si alguien se sentaba ahí era mucho mejor y tendrían más espacio. A lo que una señora me respondió indiferentemente diciéndome que ese asiento no estaba desocupado y que ahí estaba un señor cuando me detuve por una larga fila de autos, esperando a que la luz cambiara a Verte.
11:40 Volteé, pero en el asiento no había nadie. Todos me miraron extrañados, así que deduje que la señora no estaba mintiendo. Pero mis ojos tampoco me engañaban. El asiento estaba completamente vacío. Era inevitable no pensar en eso todo el día. Las horas pasaban y mucha gente se subía, pero nadie se sentaba ahí. ¿Poco a poco, las palabras de aquella señora Agarraban más credibilidad, pero me negaba a preguntarle a otro pasajero, por qué no se sentaba ahí? Sonaría muy sospechoso y más suponiendo que el asiento estaba justo detrás del mío.
12:28 No quería levantar sospechas de absolutamente nada, así que seguí haciendo mi trabajo hasta que la hora del almuerzo llegó y estaba estacionado en el estacionamiento de la empresa, comiendo lo que mi esposa me había preparado. A Menudo volteaba y miraba el asiento. No había nadie ahí. Pasó por mi mente varias veces la idea de sentarme, pero desistía de ella rápidamente. Cuando volví a tomar mi labor, el extraño fenómeno seguía repitiéndose. Nadie se sentaba en el lugar vacío hasta que, a medida que avanzaba el tiempo, me quedaba sin casi pasajeros. De un momento a otro miré por el retrovisor y en efecto. Si había alguien sentado ahí, curiosamente, era el viejo que se había subido el otro día a predicar el Evangelio. Su barba estaba recortada y bien peinada. Tenía un traje elegante, no tenía la apariencia de mendigo como el día anterior.
13:40 No parecía un empresario o algo así, alguien que regresaba de su lugar de trabajo. No me atreví a dirigirle la palabra, ni mucho menos en un semáforo en rojo, voltee a mirarlo y si estaba ahí, no era un truco de mi mente o engaño de mis ojos. Estaba justo en el asiento. No me sonrió. Solo me miro fijamente con la mirada seria y el entrecejo fruncido, seguí conduciendo sin decir una sola palabra. El autobús se volvió a llenar y después de cierto tiempo comenzaron a bajarse nuevamente.
14:23 Pero ese viejo seguía ahí, ya era de noche y cuando solo quedábamos los 2, se puso de pie y con una voz siniestra haciendo eco en mi cabeza, me dijo que al día siguiente regresaría por el amuleto, pero que lo quería exactamente en el mismo lugar donde él lo había dejado. Caminó hacia la parte de atrás, le abrí las puertas para que bajara. Después de terminar con la jornada y regresar a casa, pensé en lo que había estado pasando en todo el día. No quería provocarlo de ninguna manera.
15:04 No sentía que fuese una persona normal, así que lo mejor era ser cuidadosamente lo que me pidió que hiciera. Y así fue. Al día siguiente lo primero que hice al subirme al autobús fue quitar el amuleto del retrovisor y ponerlo en el asiento donde lo había encontrado. Comencé mi labor y en poco tiempo estaba de nuevo la gente aglomerada a mis espaldas. Nadie se sentaba en ese asiento sin importar lo apretados que estuvieran. Yo me negué en decir alguna palabra. De ninguna manera lo haría. Fue entonces cuando pasó.
15:47 Se subió una mujer con un vestido negro rubia. Era hermosa y muy elegante. Pidió permiso a un hombre que estaba sentado atrás de mí y se sentó en el asiento vacío. Ahí donde yo había dejado el amuleto. Ni siquiera me moleste a mirar por el retrovisor. Tenía miedo de ver algo que me perturbara por el resto de mi vida. Tenía miedo. No podía negar que estaba un poco asustado, pero mantuve mi postura y seguí trabajando. Horas después sentí los pasos de la mujer. Usaba tacones.
16:31 Fue entonces cuando me animé a verla por el retrovisor. No había nadie más en el autobús. Pero de todos modos, su reflejo no se reflejaba en el espejo. No me atreví a voltear. Escuché el pitido que indicaba que ella había presionado el botón para bajarse. Me detuve en la acera, abrí las puertas y más. Nunca volví a verla. Al día siguiente, todos se sentaban en aquel asiento como si nada. Desde ese momento aprendí a nunca a domar o agarrar lo que no es mío, en especial si me lo encontraba en el autobús.
17:20 Viaje largo basado en la anécdota de María Rodríguez. Muy buenas noches a toda la Comunidad del Canal. Viajar a casa de mis padres siempre ha sido un trayecto largo de al menos 10 horas en autobús. No tomaba avión porque me daba miedo, solo me he subido una vez y con esa fue suficiente. En uno de esos viajes en los que iba a visitar a mi padre, cosas inexplicables comenzaron a suceder. Mi nombre es María Rodríguez.
18:04 Y aquí les cuento sobre esos extraños sucesos y la manera impactante en la que me libre de ellos. Todo esto ocurrió en el 2018. Mi pareja me acompañó hasta el estacionamiento, donde tomé el autobús. Después de comprar el ticket, me despedí de el y Subí buscando el número de mi asiento correspondiente, evidentemente. Había otros pasajeros, pero en esta historia sólo nos concentraremos en 3, la mujer que estaba dormida, con la cara tapada por unas sábana sentada a mi lado, el chico que viajaba con su madre en los asientos a mi izquierda y el ayudante del conductor. El viaje comenzó perfectamente.
18:57 Escuchaba música con mis audífonos mientras chateaba con mi pareja por celular, quien no paraba de decirme que me iba a aburrir demasiado con mis padres, pero lo decía solo porque La Última Vez que fui con él ellos estaban enfermos y prácticamente no salimos de casa ni hacíamos nada para distraernos como sea. El ayudante del conductor puso una película en el televisor colgado en el estrecho pasillo que dividía los asientos de 2 en 2. El aire acondicionado estaba muy fuerte, así que me puse mi chaqueta lamentándome por no haber traído una sábana como la mujer sentada al lado mío. No logro recordar qué película fue la que pusieron, pero estaba entre trinidad.
19:52 Hizo que me quitara mis audífonos para verla tranquilamente. El silencio que hacían los demás pasajeros ayudaba concentrada en el televisor. Voltea la mirada casi por inercia hacia el chico que viajaba con su madre en los asientos de al lado. Él tenía la mirada clavada en mí. Se me hizo raro. Pero luego la pasó hacia la mujer que tenía la cara tapada por la sábana. Pronto su madre hizo lo mismo. Luego voltearon y murmuraron cosas que no pude escuchar. No me alarmé lo suficiente con eso, pero ya era un hecho que no me iba a quedar dormida por nada del mundo. Ahora estaban hablando algo, habían visto o reconocido, quizás.
20:46 Tal vez a la mujer no podía saberlo con certeza, pero no podía descuidarme. Ya casi no le prestaba atención a la película. Tenía que estar alerta, ya que esos 2 comenzaron a mirarme a cada rato. Fingían que veían la película y luego volteaban y se concentraban en mí al menos por 1 minuto y eso me incomodaba. Estaba a punto de ir con el ayudante del conductor para hablar con él sobre lo incómoda que me estaba haciendo sentir este chico con su madre, pero entonces la mujer despertó.
21:28 Creí que sería. Alguien amargada o algo así, pero me llevé una gran sorpresa, me saludó, me dijo que se llamaba Carmen y todo eso me dijo hacia dónde se dirigía. Que iba a ver a su. Hijo, quien vivía con su abuela. Y que por cuestiones de trabajo y todo ese tema no lo podía tener con ella todo el tiempo. Al parecer era muy menor, pero de todos modos no pregunté. Luego miró el televisor y reconoció la película. Me dijo que le gustaba y entonces comenzó a contármela. A medida que ella hablaba, daba la impresión de que irritaba al chico y a su madre y eso me ponía de mal humor. Carmen no parecía una mala persona, pero ellos sí. Fue entonces cuando le revelé a ella que esos 2 nos estaban viendo con una mirada muy rara desde hacía ya más o menos media hora.
22:31 Le dije que disimulara, pero no me hizo caso. Y al dirigirles la mirada, estas chocaron. Creí que estaban a punto de intercambiar palabras poco educadas con uno que otro insulto, pero no fue así. A pesar de que Carmen los miró seriamente, se volvió a recostar sobre su asiento, concentrándose en la película. Ese carisma y alegría pareció haberse fumado. El autobús se detuvo un momento y Carmen se puso de pie para ir al baño. Me pidió que le cuidara sus cosas y amablemente le dije que no se preocupara.
23:14 Fue entonces cuando el chico, junto a su madre, agarraron sus bolsos y caminaron rápidamente por el reclamándole al conductor que se iban a bajar ahí y que les dieran permiso. Me sorprendía al ver eso, es decir, estábamos en una gasolinera en mitad de la nada. No tenía sentido que ellos se bajaran ahí los miré por la ventana y luego observé como el chico recibía un ataque de convulsión tirándose al piso, temblando, desenfrenadamente y sacando espuma por su boca. La madre no pudo hacer nada. Varias personas llegaron para auxiliarlos, algunos del mismo autobús, contando con el ayudante del conductor y luego los que atendían en las gasolineras. El chico perdió la vida.
24:10 La madre gritaba señalando el autobús, pero yo me escondí cerrando la cortina de la ventana, de seguro me estaba señalando a mí. La policía llegó y el autobús retomó el viaje casi media hora después. Fue en ese momento en que Carmen volvió del baño y me dijo que tenía tanto sueño que se había quedado dormida en el sanitario. No le creí nada. No era coincidencia todo lo que había pasado, que el chico y su madre se bajaran cuando ella se fue al baño y que este muriera poco después. Algo debió pasar y entonces tuve miedo de ella.
24:55 Seguimos y minutos después el ayudante del conductor se acercó a nosotras pidiéndonos nuestros papeles y documentos. Le enseñé los míos, pero Carmen se negó a hacerlo, diciendo que la cartera la había dejado en el baño. El ayudante dijo que la fuera a buscar y que en un rato regresaría cuando se fue. Carmen me dijo que fuera al baño y demorara un rato ahí y que al salir no me sentara de nuevo en mi asiento, sino en los que estaban libres. En la parte de atrás. No comprendía, pero así lo hice.
25:35 Entré al baño y minutos después escuché un alboroto. Mucha gente estaba gritando, salí rápidamente y entonces lo vi. El ayudante del conductor ya se ha tirado en el piso con los ojos abiertos y espuma en su boca. Estaba muerto. El autobús se detuvo y en poco tiempo la policía llegó al mismo tiempo que la ambulancia, que no logró llegar a tiempo. Retiraron el cuerpo e hice lo que Carmen me había dicho que hiciera. Me senté en los últimos asientos. Me pareció una fortaleza increíble del conductor el seguir con el viaje después de que su compañero muriera. No dormí en lo que restaba del camino y cuando llegué me puse de pie y caminé por el donde Carmen debía estar sentada. No había nadie, la sábana estaba tirada sobre el piso y sus cosas seguían ahí.
26:40 Volteé hacia el otro lado y la VI. Sentada donde le correspondía la madre del difunto chico que nos miraba fijamente, ella se despidió agitando la mano y le corresponde. Me bajé apurando el paso y no contuve mis lágrimas. Cuando el autobús se marchó le conté lo sucedido a mis padres, quienes me hicieron varias oraciones y demás. No dormí bien por varios días hasta el sol de hoy. No logro olvidar lo que sucedió y desde entonces no viajo sola cada vez que voy a visitar a mis padres. Desde que me Subí en la terminal de Hermosillo, Sonora, sentía una extraña sensación.
27:40 En esa ocasión viajé sola, mi nombre es Eloísa Jácome y lo que les voy a contar ocurrió en el trayecto Hermosillo Santa Ana. Es un tramo carretero, muy largo y cansado, ya que ningún autobús hace parada alguna salvo en el retén de quero. Babi fue ahí donde se subió esta mujer, había pocas personas a bordo, lo cual no era inusual para esa ruta. A esas horas me senté en un asiento cerca de la ventana. Observando cómo las luces iban quedándose atrás, el sonido de la película y el balanceo del autobús me adormecían, pero me mantuve despierta por unos momentos.
28:21 Sentí que me llamaban. Era la voz suave de una mujer de unos 25 años, de piel extremadamente pálida, como si hubiera pasado mucho tiempo sin ver la luz del sol parecía enferma. Pero a pesar de su apariencia, su presencia no me inquietaba. Había algo en ella que me atraía. Quizá su mirada triste y melancólica. Pronto empezamos a conversar y su voz suave y calmada me envolvía como una manta cálida. El autobús avanzaba por la carretera sinuosa y nuestra conversación fluía con naturalidad. Al principio hablamos de cosas triviales como el clima y nuestros destinos. Ella me contó que viajaba a Santa Ana para visitar a unos familiares y yo le relate sobre mi viaje por trabajo. Sus respuestas eran cortas, pero había una profundidad en sus palabras que me hacía sentir que había mucho más detrás de su historia.
29:23 Su mirada se perdía de vez en cuando en la oscuridad, fuera de la ventana, como si buscara algo o a alguien el conductor del autobús. Un hombre mayor con una expresión seria, miraba con frecuencia en nuestra dirección a través del espejo retrovisor. Al principio pensé que sólo estaba vigilando a los pasajeros, pero pronto me di cuenta de que su mirada estaba fijada en mi compañera de asiento. Había algo en su expresión que me inquietaba, una mezcla de curiosidad y preocupación. No le di mucha importancia y seguí conversando con la mujer.
30:03 El tiempo pasó rápidamente y antes de darme cuenta estábamos cerca de nuestro destino. Mi compañera de viaje se levantó de repente diciendo que necesitaba ir al baño. La vi caminar hacia la parte trasera del autobús tambaleándose ligeramente con el movimiento del vehículo. Me quedé esperando su regreso, pero los minutos pasaban y ella no volvía. Pensé que quizás se había quedado en otro asiento o que había decidido descansar un poco antes de llegar. Sin embargo, mi curiosidad creció cuando el autobús finalmente se detuvo en la estación de Santa Ana y ella aún no había regresado.
30:44 Me levanté y busqué en los otros asientos, pero no había rastro de ella. Me quería despedir, pero no la encontré. Decidí preguntar al conductor si había visto a la mujer bajar del autobús. El conductor me miró con una expresión extraña, como si no supiera como responderme. Me dijo que no me asustara, pero que durante todo el viaje había estado sola. No entendía lo que decía. Le expliqué con detalles sobre la mujer y el conductor con un tono tranquilo. Me contó que la mujer que describía era un fantasma que, según él, se aparecía de vez en cuando en esa ruta se subía en el retén de querobaby. Yo no era la única que había tenido alguna charla con esa aparición.
31:32 No podía creer lo que estaba escuchando. Intenté recordar cada detalle de nuestra conversación, cada gesto, cada mirada. Todo parecía tan real, pero las palabras del conductor. Resonaban en mi mente. Me dijo que otros pasajeros habían reportado encuentros similares y que la mujer siempre desaparecía de la misma manera, dejando Asus interlocutores con una sensación de desconcierto y temor. Le di las gracias y bajé del autobús con una sensación extraña, una mezcla de tristeza y miedo. Caminé hacia la salida de la estación tratando de racionalizar lo que había ocurrido, pero por más que intentaba.
32:16 No podía sacudirme la sensación de que había compartido un momento con alguien que no pertenecía a este mundo. Mientras esperaba al taxi que me llevaría al hotel, recordé la palidez de la piel de la mujer, su tristeza y su insistencia en mirar hacia el exterior durante el viaje. Quizás había fallecido donde se encontraba el retén y se subía a cualquier autobús intentando llegar a su destino. Aún sigo viajando por cuestiones de trabajo, pero nunca más he vuelto a ver aquella aparición. Mi nombre es Edwin Millán.
33:06 Soy conductor de autobús desde hace más de 22 años. Mis rutas no son largas. Sólo dentro del estado de Oaxaca nos contratan turistas, así que los llevamos a lugares específicos como pueblos mágicos y zonas turísticas. Recuerdo aquella noche en que conducía el autobús. Los pasajeros en su mayoría venían dormidos, pues habíamos tenido que movernos constantemente por el itinerario que ellos tenían. Nos encontrábamos en medio de un trayecto largo y solitario. Rodeados por campos y montañas, cuando nos acercamos a un pequeño pueblo del que había oído historia sobre Brujas, los aldeanos decían que estaba habitado por ellas y que aquellos que osaban pasar por allí de noche, especialmente con un recién nacido a bordo, corrían un grave peligro. Entre nosotros viajaba una joven madre con su bebé. El pequeño dormía plácidamente en su regazo. Ajeno a la inquietud que comenzaba a apoderarse de mí mientras nos acercábamos al pueblo, la madre, exhausta, parecía agradecida por el descanso, sin saber del peligro que nos acechaba entre los pasajeros. También había un anciano.
34:25 Se había sentado en la parte trasera del autobús y había observado todo el viaje con una calma imperturbable. Su rostro arrugado mostraba la serenidad de alguien que ha visto y vivido mucho y había algo en sus ojos que transmitía sabiduría. Mientras nos acercábamos al pueblo, sentí una tensión en el aire, como si una presencia invisible no se estuviera observando. El autobús avanzaba lentamente por la carretera y la luz de los faros apenas penetraba la espesura de la noche. Recordé las historias que contaba mi abuelo sobre las brujas de los pueblos y cómo cazaban a los recién nacidos para realizar sus oscuros rituales.
35:08 Otras decían que devoraban a las pobres criaturas. Comencé a sentir como mi corazón latía con fuerza al pensar en el bebé a bordo y un sudor frío comenzó a recorrer mi espalda. Miré por el espejo Retrovisor y vi al anciano levantarse y caminar hacia la madre y su hijo en. Tomó al bebé en sus brazos y volvió a su asiento, mientras los demás pasajeros lo observaban con curiosidad y cierto recelo, el anciano sacó una pequeña bolsa de su bolsillo y con manos firmes extrajo un poco de sal que colocó suavemente sobre la cabecita del bebé. Luego sacó una medalla de San Benito y se la puso alrededor del cuello. La medalla brillaba débilmente en la penumbra. Y una sensación de calma comenzó a inundar el autobús. El anciano parecía saber exactamente qué hacer para proteger al pequeño.
36:07 Su sola presencia y sus acciones infundieron un poco de coraje en mi corazón y me dispuse a continuar el trayecto con más determinación. Mientras avanzábamos, los pasajeros miraban por las ventanas con rostros pálidos y ojos muy abiertos. De repente las vi a la orilla del camino. Apenas visibles en la penumbra estaban las Brujas. Sus figuras, oscuras y encorvadas, se recortaban contra la noche con ojos que brillaban como brasas encendidas. Podía sentir su hambre, su deseo de obtener al pequeño bebé, pero extrañamente no se acercaban. Permanecían a una distancia prudente, observando con una mezcla de frustración y cautela. El anciano sostenía al bebé.
36:55 Con una ternura que contrastaba con la sombría amenaza exterior, la medalla de San Benito y la sal parecían formar un escudo invisible alrededor del pequeño y tal vez también alrededor de los pasajeros, pues las Brujas no se atrevían a cruzarlo. Podía ver la IRA y la impotencia en sus ojos, pero no hacía ningún intento por detener el autobús a cada kilómetro que avanzábamos. La presión disminuía un poco, pero no del todo. Las Brujas seguían allí, moviéndose entre las sombras. El anciano murmuraba algo como una oración. Finalmente dejamos atrás el pueblo. El alivio fue palpable y los pasajeros comenzaron a relajarse.
37:42 Aunque todavía con el miedo reflejado en sus rostros, el anciano devolvió al bebé a su madre, quien lo recibió con lágrimas de gratitud. La medalla de San Benito seguía colgando del cuello del niño y la sal se había disuelto en su cabello. Con el peligro ya lejos, el anciano volvió a su asiento y cerró los ojos como si nada extraordinario hubiera ocurrido. El resto del viaje transcurrió en un silencio pesado, pero con una sensación de alivio flotando en el aire. Sabíamos que habíamos escapado de algo terrible y que el anciano. Había jugado un papel crucial en nuestra supervivencia.
38:24 Llegamos a nuestro destino sin más incidentes y los pasajeros bajaron 1:1. Agradeciendo al anciano con miradas silenciosas. La joven madre fue la última en salir cargando a su bebé con más cuidado y amor que nunca. El anciano se quedó unos minutos más observando como todos caminaban hacia la salida para ocupar los cuartos disponibles del hotel. Y descansar para proseguir con el recorrido. Cuando finalmente me acerqué a él para agradecerle personalmente, simplemente me dio una sonrisa tranquila y asintió con la cabeza sin decir una palabra. Bajó del autobús y desapareció en la oscuridad. A partir de aquella experiencia siempre traigo una bolsa de sal conmigo al lado del asiento.
39:14 Y obviamente, medallas de San Benito bendecidas. No sé qué oración dijo aquel anciano, pero sé que el salmo 91 es sin duda una de las oraciones más poderosas. Soy conductor de autobús desde hace más de 15 años. Me llamo Samuel Cardona y he escuchado muchas historias en la carretera, pero hay una que me contó un compañero que me dejó una profunda impresión. Se trataba de su amistad con otro conductor, un hombre al que consideraba a su hermano.
40:04 Compartían rutas y aventuras en el camino y se cuidaban mutuamente. Lamentablemente, su amigo falleció en un trágico accidente. Dejando un vacío enorme en su vida, el relato comenzó cuando mi compañero me pidió que lo acompañara en un viaje a guaymas, Sonora. No era un viaje ordinario. La esposa de su difunto amigo le había pedido que la llevara para cumplir el último deseo de su esposo, arrojar sus cenizas al mar. Me dijo que había sentido una mezcla de tristeza y honor. Al recibir la petición, sabía que debía hacerlo por su amigo. A quien tanto extrañaba, nos encontramos con la esposa de su amigo en la terminal, una mujer que llevaba consigo una urna de madera tallada con las cenizas de su esposo. El viaje comenzó tranquilamente y mientras avanzábamos por la carretera, mi compañero me relataba anécdotas de su tiempo juntos.
41:05 A medida que avanzábamos algo extraño, comenzó a suceder. Mi compañero me confesó que sentía la presencia. De su amigo en el autobús, aunque no podía verlo, estaba seguro de que estaba allí acompañándolo. Sentía una especie de calor y una sensación de tranquilidad que no podía explicar el aire dentro del autobús. Yo lo sentía igual, pero solo él tenía esa extraña sensación. Cuando llegamos a guaymas, ayudamos a la viuda a llegar al lugar donde su esposo quería descansar eternamente. La observamos desde la distancia mientras arrojaba las cenizas al mar. Un momento solemne y lleno de emociones. Después de que ella se despidió de nosotros, mi compañero me dijo que sentía que su amigo le había pedido algo más, que lo ayudará a proteger los caminos que estuviera presente en sus viajes y lo cuidara de los peligros que acechaban en la carretera.
42:10 Regresamos al autobús. Y continuamos con el viaje. Aunque estaba solo en el asiento del conductor, mi compañero me decía que seguía sintiendo la presencia de su amigo a su lado, como si lo acompañara en cada kilómetro recorrido. Pasaron varios meses y mi compañero seguía relatando cómo sentía la presencia de su amigo en momentos cruciales. Un día, mientras conducía por una carretera desolada, se encontró con una situación que puso a prueba esa conexión. Era de noche y el camino estaba oscuro, apenas iluminado por los faros del autobús. De repente una camioneta apareció de la nada y le cerró el paso.
42:54 Eran asaltantes y su intención era clara. El miedo se apoderó de él, pero en ese momento recordó a su amigo con el corazón acelerado. Le pidió ayuda mentalmente, invocando la protección que siempre había sentido desde el día del viaje a guaymas. Lo que ocurrió después fue increíblemente extraño. La camioneta que intentaba detener el autobús empezó a tambalearse sin razón aparente y en cuestión de segundos perdió el control. La camioneta dio varias vueltas en la carretera antes de detenerse, dejando libre el camino para el autobús. Mi compañero estaba convencido de que su amigo le había ayudado, la sensación de protección y la presencia, reconfortante. Se hicieron más fuertes después de ese incidente, siguió conduciendo con más confianza, sabiendo que no estaba solo en la carretera.
43:50 Los peligros seguían existiendo, pero la compañía de su amigo, aunque invisible, le daba una fuerza y seguridad que nunca antes había experimentado en otra ocasión, mientras atravesaba un tramo particularmente peligroso conocido por los asaltos. Volvió a sentir esa extraña sensación. El autobús estaba casi vacío y la noche era especialmente oscura. Vio luces de un vehículo acercándose rápidamente por detrás y su corazón se aceleró. Los asaltantes eran una amenaza constante en esa ruta y sabía que debía estar preparado para cualquier cosa, pero justo cuando el vehículo estaba a punto de alcanzarlo, se desvió bruscamente.
44:38 Y salió de la carretera. Una vez más, su amigo lo había protegido. Este tipo de experiencias se volvieron más comunes y cada vez que se encontraba en peligro sentía a su amigo actuando como su Ángel guardián. El tiempo pasó y mi compañero seguía compartiendo estas historias conmigo. Aunque al principio era escéptico, no podía negar la sinceridad en sus palabras y las coincidencias inexplicables que narraba. Empecé a creer que de alguna manera su amigo realmente estaba cuidándolo desde el más allá en la carretera, con todos sus peligros constantes. Él manejaba muy seguro de que tenía una buena protección tanto para él como para los pasajeros.
45:25 Es bueno saber que uno tiene un guardián. Pues los asaltos se van convirtiendo en algo ya común en las carreteras, y no sólo para los que manejamos autobús, sino para los transportistas de cargas y vehículos particulares. Espero que estos relatos de autobús hayan sido de su total agrado. Si es así, me ayudarían compartiendo el video con sus allegados. No olviden dejar su comentario, los leo sin más me despido, no sin antes desearles dulces pesadillas, buenas noches y hasta la próxima. La señora Me advirtió, basado en la anécdota real de Carlos Arrieta.
46:27 Llevo varios años trabajando para una empresa de transporte privada. Mi cargo es auxiliar de conductor y ayudante. Hubo un tiempo en el que tuve un compañero por más de 5 meses y en esta ocasión quiero contarles cómo nos salvamos de un trágico destino, de un modo difícil de explicar. Soy Carlos Arrieta y esto ocurrió a finales del 2022. Nuestra ciudad destino estaba más o menos 12 horas de viaje. Esos días eran más que relajados. En verdad los disfrutaba, aunque demoraba mucho lejos de casa. Ya me había.
47:10 Acostumbrado, pero mi familia todavía no habíamos recibido varias indicaciones en la carretera por la que íbamos a transitar, una que estaba a 4 horas de nuestro destino. Era excesivamente peligrosa y nos aconsejaron que por nada del mundo nos detuviéramos en este trayecto de 4 horas. Eran pocas veces las que nos tocaba pasar por ahí y éramos afortunados de nunca ser víctimas de nada. Era de noche. Nos acercamos a la carretera, mi compañero, el conductor. Me decía que no había nada de qué preocuparse, que todo estaría bien, pero las noticias habían dicho una cosa totalmente diferente. 2 días antes de eso, un autobús de otra empresa privada había sido asaltado y dejado varios muertos, entre esos el conductor, el ayudante y 10 pasajeros que se negaron a ser asaltados por los bandidos de la zona. Nadie podía estar tranquilo después de eso, había pasado apenas hace 2 días.
48:27 Recuerdo que le expresé mi preocupación a mi esposa y este me aconsejo que rezara mucho y me encomendara a Dios. Mis nervios me hacían ir al baño constantemente, a veces solo para despejar la mente. E iba sin ganas en una de esas ocasiones. Me di cuenta de que en los últimos asientos estaba una señora sola. No había nadie a su lado, mientras que los demás estaban dormidos, ella se mantenía despierta con una postura erguida y la mirada fija al frente, sonriendo. Era extraño, así que me acerqué y le pregunté si todo estaba bien. Con esa misma sonrisa volteó a verme. Sus arrugas eran muy pronunciadas. Me preguntó si tenía miedo y para disimular me eche a reír. Luego le dije que no, que todo estaba en orden y en pocas horas llegaríamos a la ciudad.
49:31 Entré al baño y al salir ella estaba de pie en el pasillo, como si me estuviera esperando. Me dijo que esa noche algunos iban a ser víctimas de lo que yo tenía, miedo que nos pasara. Luego caminó hacia el baño y entró. Le comenté lo sucedido a mi compañero y me dijo que no le prestara atención y que en ocasiones se subían pasajeros muy mal de la cabeza o con la intención de llamar la atención. Aunque en realidad yo no lo veía así. Esa señora parecía muy segura de lo que había dicho. Y el miedo se hacía a mayor a medida que nos acercábamos al desvío que nos haría tomar otro camino para llegar a la ciudad.
50:22 Sí quería proponerle a mi compañero y conductor del autobús que se detuviera y que se inventara cualquier excusa a nuestros superiores. Evidentemente me diría que no, pero tenía la idea de que lograría convencerlo antes de llegar. Todavía faltaban unos 20 minutos. Volví al pasillo donde dormían los pasajeros y me acerque al fondo para hablar con aquella señora. Pero ya no estaba. El baño se encontraba vacío y no había señal de ella por ningún lado. Revisé cada asiento incluso debajo de ellos. En un acto desesperado, encendí las luces y usé la excusa de decirle a todos los pasajeros que por favor me mostrarán su identificación.
51:17 Aquella señora ya no estaba entre ellos, se había esfumado, como si la Tierra se la hubiera tragado. Eso hizo que mi miedo aumentará y después de confirmar que no estaba en el autobús, apagué nuevamente las luces. Pero no sin antes preguntar por ella. Todos me dijeron que esos 2 asientos del fondo estaban vacíos desde que partimos y así habían permanecido hasta ese momento. Fue entonces cuando me pregunté qué era lo que yo había visto. No tenía sentido, pero no perdí tiempo tratando de encontrar respuestas que nunca hallaría.
52:01 Fui con mi compañero y le dije que teníamos que tomar ese desvío. ¿Y llegar a la ciudad por la ruta alterna? Su respuesta fue un rotundo no, pero luego le explique lo que había visto la señora y lo que me dijo que pasaría. Se lo pensó suspirando y de mala gana. Sabía que yo era una persona muy incrédula ante ese tipo de cosas y que si le estaba rogando por algo era quizás la verdad. Al final aceptó y tomó el desvío hacia la otra carretera. Eso hizo que llegáramos 2 horas más tarde de lo previsto, pero sanos y salvos.
52:44 Nuestros superiores evidentemente nos regañaron y nuestra excusa fue que habíamos recibido una advertencia anónima de no transitar esa carretera a. Altas. Horas de la noche, justo ese día, poco después. Nos llegó la noticia de que un autobús de otra empresa privada había sido asaltado en mitad de esa carretera kilómetros después de un municipio. El conductor y el ayudante murieron por heridas provocadas por armas cortopulsantes y dejó a varias personas con heridas graves. Sólo si pudimos librarnos de algún castigo.
53:26 Pero mejor que eso era la sensación de haber hecho caso cuando debíamos. No sé quién era la señora, No sé por qué si apareció, pero nos ayudó. Quizás era la misma muerte. Algunos a los que les conté esta historia me dijeron que tal vez era ella la que provocaba todos los accidentes y que sólo me había ayudado. Al no mostrar preocupación con ella, otros como mi esposa me dijeron que había sido un Ángel que había bajado del cielo justo para salvarnos de un trágico destino.
54:07 Yo sigo dándole gracias a Dios y eso es lo que hago al desconocer lo que realmente pasó. Mi trabajo como velador en una vieja central de autobuses había comenzado como una oportunidad tranquila y bien pagada. La central, que en su día fue un bullicio punto de tránsito, ahora se encuentra en un estado de abandono y desolación. La mayoría de las personas ni siquiera recordaban que alguna vez existió.
54:56 Hoy se encuentra sumida en el olvido. Y la maleza que ha crecido a su alrededor. Mi nombre es Miguel Juárez, trabajo desde hace 35 años como velador en una construcción que al parecer no tienen deseos de remodelar, derrumbar y construir, aunque sea uno de esos centros comerciales que se atiborran de personas que no hayan en que gastar su dinero. A finales de los años de 1950, hasta su cierre en 1994, la central de autobuses fue una de las más concurridas en el día. La cafetería recibía los viajeros para echarse un taco antes de continuar los taxis a la orden. Aquellos que llegaban y los llevaban Asus domicilios, familias enteras recibiendo o despidiendo Asus familiares, que.
55:59 Felizmente tomaban uno de los tantos autobuses que se iban y venían por algún Estado del Norte. En ese tiempo yo tenía como 7 años trabajando en la terminal de autobuses antes de su cierre definitivo para no quedarme sin empleo. Acepte el trabajo como velador para andar cuidando ahí que los vagos no hicieran de las suyas. Mis noches allí al inicio eran solitarias. La rutina consistía en recorrer los oscuros pasillos y las plataformas desiertas, asegurándome que nadie se colara por el recinto. La estructura, a pesar de su deterioro, es una de esas estructuras antiguas de años en olvido. La primera noche que algo extraño ocurrió fue un miércoles.
56:53 Hacía frío y caminaba por la zona de boletería cuando. De repente escuché un suave murmullo que provenía de una de las ventanillas. Me acerqué lentamente y, para mi sorpresa, vi a una mujer de aspecto antiguo, vestida con un uniforme de boletera, trabajando meticulosamente detrás del mostrador, parpadeé varias veces, convencido de que estaba imaginando cosas. Pero allí estaba. Como si estuviera atendiendo a una bila de personas que simplemente no existía. Sus manos se movían de manera automática, como si repitiera su rutina.
57:38 Me acerque aún más intentando hablarle, pero mi voz se ahogó en mi garganta. La mujer levantó la vista y sus ojos vacíos se encontraron con los míos. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal sin previo aviso. Toda la escena desapareció, Dejándome solo frente a lo que fue una de las boleterías. Decidí no contarle a nadie lo que había visto, pues nadie me creería y pensaría en que me estaba volviendo loco. Sin embargo, las experiencias sobrenaturales no se detuvieron ahí.
58:22 Note sombras que se alargaban y retorcían bajo la tenue luz de mi linterna las noches de lluvia. El viento entraba a través de las ventanas rotas, produciendo sonidos que hacían eco en los vastos espacios vacíos. Esa noche, mientras patrullaba las plataformas, escuché el sonido inconfundible de un autobús acercándose. Las luces delanteras atravesaron una niebla que envolvía el autobús. El vehículo se detuvo con un chirrido de frenos. Observé atemorizado como del autobús comenzaban a descender. Pasajeros.
59:03 Parecían personas normales, pero había algo en su apariencia que resultaba antinatural. Sus rostros eran pálidos y sus miradas vacías caminaban en silencio. Atravesando la plataforma, sin hacer ruido, como si flotaran, tragué saliva y me mantuve oculto. Observando cómo desaparecían uno a uno en la oscuridad del edificio, le conté a mi esposa lo que había visto esa noche. Ella me escuchó sin quitarme los ojos de encima. Cuando terminé, me dijo que posiblemente ese autobús.
59:45 Se accidentó en su arribo a esta ciudad y sea como sea, de alguna u otra forma llega a su destino una y otra vez. Esa noche, antes de irme a trabajar, me entregó un ramo de hierbas atados con un listón rojo, así como un Rosario. Me dijo que antes de que saliera de trabajar, antes de que llegara mi relevo, las quemara. Ella me daría un manojo de hierbas cada noche. Así estuve por mucho tiempo, hasta que poco a poco me fui acostumbrando a los sonidos nocturnos de la central. Hay veces que escucho el rechinito de los diablillos que transportaban los equipajes.
1:00:32 O los bultos. Que llegaban o mandaban de una ciudad a otra. Mis encuentros con estos viajeros fantasmales se hicieron frecuentes. Cada vez que veía uno de esos autobuses sabía que estaría acompañado de una sensación de frío penetrante y un aura de tristeza que siempre manaba de las figuras espectrales. Algunos de ellos se sentaban en los bancos de espera mirando fijamente al vacío, como si esperaran un autobús que nunca llegaría. Otros deambulaban sin rumbo.
1:01:13 Perdidos en el tiempo y espacio que ya no les pertenecía. Una noche, mientras revisaba las oficinas administrativas, escuché claramente el sonido de una conversación animada. Me acerque con cautela y desde la puerta entreabierta vi una escena que parecía sacada de décadas pasadas. Un grupo de personas charlaba y reían. Vestidos con ropas de los años 61, mujer con un peinado alto y un hombre con un traje elegante discutían acaloradamente.
1:01:54 Pero al notar mi presencia, toda la habitación quedó en silencio y las figuras se desvanecieron en el aire. Al menos ellos también notaban que yo me encontraba ahí. Lo bueno es que ninguno de esos fantasmas me ha atacado. Sólo me miran y sigue en su andar, otros sólo se desvanecen. Hay ocasiones que vuelvo a tener ese encuentro que ya había tenido. Fue cuando uno de mis hijos me dijo que eso se le llaman bucles repetitivos para ellos, pero para mí no, porque yo estoy con vida.
1:02:35 A veces esas experiencias de una u otra forma parecían afectarme profundamente. No podía dormir bien durante el día y mis noches estaban a la espera de visiones y sonidos de otra época. Cada rincón de la central parecía estar habitada por fantasmas del pasado, atrapados en una eterna espera, pero. Una de las noches más aterradoras ocurrió durante una tormenta eléctrica. Los relámpagos iluminaban brevemente la central. Yo me encontraba en la sala de espera principal. Cuando escuché el sonido de pasos apresurados, me giré y vi a un hombre corriendo desesperadamente hacia la salida, como si algo lo persiguiera, grite para detenerlo. Pero él ni siquiera se inmutó.
1:03:31 Cuando llegó a la puerta, un relámpago iluminó su rostro y pude ver la expresión de a terror congelada en su semblante. La siguiente ráfaga de luz reveló que había desaparecido sin dejar rastro. Pensé en renunciar. Busqué otro trabajo en otro lugar, pero sin estudios, solo hasta la secundaria, y eso me limitó hasta cierto punto. Había noches tranquilas donde sólo se escuchaban murmullos que parecían conversaciones fragmentadas, Risas lejanas y a veces gritos sofocados.
1:04:14 Me obligaba a seguir mi rutina recorriendo cada rincón. De lo que sí me di cuenta es que cuando entraba algún vago salía huyendo, gritando como loco. Al menos los fantasmas ahuyentaban a los amantes de lo ajeno. Las apariciones no han cesado. La central de autobuses abandonada se quedó en silencio por los vivos, pero por las apariciones no. A veces, cuando paso cerca de la vieja central de día, me detengo y observo desde lejos, pensando que si de día también se manifiestan. Pero ninguno de los guardias que cuidan de día han comentado sobre algún suceso de apariciones, voces de ultratumba o sombras que intentan ocultarse en los alrededores.
1:05:08 Esta fue mi historia. Muchas gracias por escucharla. Muy buenas noches a toda la Comunidad. Mi nombre es viridiana, pero me dicen Viri, la experiencia que les quiero contar me sucedió hace alrededor de 9 años. Cursaba mi último semestre en la universidad, un periodo cargado de estrés y posibilidades buenas para mi futuro.
1:05:52 La terminal de autobuses se encontraba a unos 15 minutos a pie del campus. Esa noche, como de costumbre, emprendí el camino hacia la parada de autobuses. El aire fresco de la noche era como un aviso de que en cualquier momento llovería. Esa noche era particularmente tranquila. Las luces de las farolas parpadeaban ocasionalmente, sobre todo una que siempre terminaba por apagarse. Parecía que solo esperaba que yo pasara por ahí para dejarme en plena oscuridad.
1:06:32 Caminaba sumida en mis pensamientos, repasando mentalmente los apuntes del día. Cuando comencé a escuchar unos murmullos extraños detrás de mí, parecía el sonido de varias personas hablando. Al mismo tiempo, sus voces se entremezclaban como si hubiese varias personas por el lugar. Me detuve y giré sobre mis talones esperando ver a alguien. Pero el camino estaba desierto. Una sensación de incomodidad se intensificó mientras avanzaba. Los murmullos persistían y cada vez que me detenía y miraba hacia atrás buscando a los dueños de esas voces, no había nadie.
1:07:21 Eso me asustó aún más y apresuré el paso. Mi corazón latiendo más rápido, intentando ignorar el escalofrío que recorría mi espalda. Esto porque una sensación de que una mano invisible me agarraba de uno de mis hombros. Pero al llegar a la terminal y estar unos minutos sola, la sensación de estar acompañada no se desvaneció. Las voces parecían haberse multiplicado. Pero a la vez parecían comenzar a alejarse de donde yo me encontraba y aunque no veía a nadie, podía sentir la presencia de algo o alguien a mi alrededor.
1:08:07 Cuando por fin el autobús apareció, me Subí rápidamente. El chofer se quedó por unos minutos esperando si alguien más lo iba a abordar. Mientras tanto, yo intentaba encontrar. A las personas que había escuchado hace unos momentos, pero por ninguna parte se veían así, como tampoco después de mí alguien más abordó el autobús. Esa noche dormí poco y segura por lo que pasaría al día siguiente en la universidad y un poco perturbada por lo ocurrido al día siguiente después de las 2:00 clases que tuve.
1:08:49 Busqué una de mis profesoras, la cual siempre me inspiró confianza. Decidí contarle mi experiencia del día anterior. La maestra Carolina tenía años dando clases en el campus, sabía y conocí a la historia de varios de sus alumnos. Al escuchar mi experiencia de la noche anterior, su expresión se tornó seria y me miró fijamente a los ojos. Me relató que en la década de los 71, serie de lluvias torrenciales azotó la región causando graves inundaciones. El río cercano a la universidad se desbordó, arrastrando con todo a su paso varias casas que estaban cercanas al río, muchos estudiantes atrapados en su camino a casa o de regreso a la universidad.
1:09:45 Perecieron en la corriente furiosa, pero en la década de los años 90 circulaba una leyenda urbana en la que se decía que las almas de esos jóvenes aún rondaba el área, incapaces de encontrar paz. Las voces que había escuchado eran, según se contaba, los lamentos de aquellos que murieron trágicamente. O en su caso, como yo los había escuchado, aquellos que se retiraban del campus. Esto sucedía en tiempos de fuertes lluvias, pero lo más feo pasaba en la terminal del autobús, pues fue ahí donde más alumnos se encontraban. La profesora Carolina me dijo que había un tipo de monumento a los alumnos de esa tragedia.
1:10:38 Justamente cerca de donde la farola se apagaba, mi profesora me aconsejó no volver a caminar sola por la noche, que era mejor en Grupo de amigos durante las siguientes semanas. No pude quitarme de la cabeza lo que había sucedido. Decidí investigar un poco sobre lo que había ocurrido en aquellos años. Las historias que decían coincidían. Las lluvias, las inundaciones y las trágicas muertes de muchos estudiantes. La conexión con mi experiencia era innegable y aterradora. Durante el fin de semana le pedí a uno de mis hermanos que me prestara una de sus grabadoras de voz, pues él ya había terminado la carrera de periodismo.
1:11:29 A la siguiente semana, después de clases, esperé a que el espacio quedara solo. Pues no quería que la charla de los alumnos se grabara con lo que yo buscaba exactamente. Caminé lentamente y justo cuando había sentido el mismo aire fresco y escuchado el lejano murmullo, el silencio se hizo abrumador y de pronto las voces se regresaron. Eran más claras esta vez. Con un eco persistente, el corazón me latía fuerte y entusiasmada, esperando capturar algo que pudiera analizar. Después el murmullo se intensificó y una sensación de tristeza se apoderó de mí.
1:12:16 Pero fue en la terminal del autobús donde claramente se escuchaban voces y gritos pidiendo ayuda. Era un sonido inigualable cuando el agua arrastra todo a su paso. Gritos de ayuda, llantos y gemidos de dolor. Me quedé petrificada, incapaz de moverme, mientras las voces crecían en intensidad. Pero así como iniciaron, así se acallaron la parada de autobuses estaba sola, sin ninguna persona. Repentinamente el estallido de un relámpago a lo lejos me sacó de mi estupor.
1:12:58 Comenzaría a llover en poco tiempo y el autobús no se miraba por ningún lado. Esperé alrededor de 15 minutos cuando arribó. En el tiempo que estuve allí nunca me sentí sola. Tenía sentimientos encontrados, pero cuando ya estaba arriba del autobús miré hacia la parada de este y les puedo jurar por mi vida que ahí había varias personas o más bien sus fantasmas. El conductor me dijo que se venía una fuerte lluvia, que a él no le gustaba conducir por esa Colonia. Cuando llovía fue cuando me contó lo mismo que la profesora Carolina. Hubo muchos desaparecidos arrastrados por el agua y sepultados bajo el lodo.
1:13:49 Esa noche llovió mucho, pero afortunadamente no como aquellos años. En el poco tiempo que me quedaba en la universidad, intenté no retirarme tan tarde. Por desgracia, mi hermano eliminó lo que había grabado esa noche en la terminal de autobús. Muchas gracias por escuchar mi anécdota. El aeropuerto donde trabajaba fue en una zona de remodelación. La expansión y modernización de la terminal había sido un proyecto largamente esperado y todos estábamos emocionados por ser parte de ello.
1:14:45 Sin embargo, ese emoción rápidamente se transformó en miedo. Mi nombre es Orlando sepúlveda, no solamente yo tuve experiencias en esa terminal. Desde el primer día hubo indicios de que algo no estaba bien en ese lado del aeropuerto. Las herramientas de trabajo desaparecían sin explicación alguna, sólo para ser encontradas en lugares imposibles. Al principio lo atribuíamos al cansancio y al estrés. Trabajábamos largas horas y era fácil pensar que simplemente estábamos olvidando cosas donde las dejábamos anteriormente.
1:15:29 Una tarde, mientras revisaba los planos y organizaba el equipo para el día siguiente, sentí un escalofrío inexplicable. El aire se volvió frío de repente y apareció una extraña sensación en todo el lugar. Al mirar alrededor noté que mis compañeros también parecían incómodos. Algunos veían sobre sus hombros buscando el motivo del origen. A medida que la jornada avanzaba, la atmósfera se volvía cada vez más pesada. El primer gran incidente ocurrió una noche, cuando nos quedamos hasta tarde, terminando una sección crucial de la remodelación.
1:16:14 Pues muy temprano por la mañana vendrían los jefes y los directivos del aeropuerto para ver los avances. Estaba concentrado en mi trabajo cuando de repente escuché un ruido detrás de mí. Me giré y vi a un hombre mayor vestido con ropa que parecía sacada de los años 40. Su mirada era intensa y furiosa. Y antes de que pudiera reaccionar, comenzó a gritarme que me largara de su propiedad. Me quedé paralizado. Incapaz de procesar lo que estaba viendo, el anciano seguía gritando su voz.
1:16:57 Resonaba en el vacío del aeropuerto. Cuando finalmente pude moverme, retrocedí unos pasos y parpadeé, pero el hombre ya había desaparecido. La sensación de frío y opresión se quedó conmigo. Voltee para todos lados, pero el anciano no se veía por ningún lado. Decidí no mencionar nada a los demás, pensando que tal vez había sido una alucinación provocada por el cansancio y el estrés. Sin embargo, al día siguiente uno de mis compañeros llegó al trabajo visiblemente perturbado. Me comentó sobre un suceso similar a lo que me había sucedido, pero en su caso había visto siluetas fantasmales moviéndose por el área de la terminal en remodelación. Todos se movían de una forma errónea, como si flotaran. Las semanas siguientes fueron un infierno. Las herramientas seguían desapareciendo y apareciendo en lugares improbables.
1:18:07 Las cámaras de seguridad solo grababan rayas, ya saben, cuando pierden la señal y luego cuando regresa todo seguía como si no hubiese ocurrido nada. Los ruidos inexplicables eran constantes pasos, susurros y en ocasiones risas lejanas que lavan la sangre. La figura del anciano se aparecía en varias veces. Siempre con la misma furia gritando que nos fuéramos. Su aparición era predecida por una bajada abrupta de temperatura y una sensación de pesadez en el aire. Una noche, mientras trabajaba solo en una de las secciones más alejadas de la terminal, sentí nuevamente esa opresión familiar.
1:18:59 Levanté la vista y vi a través del vidrio polvoriento, una silueta. Era una figura indistinta, pero claramente humana que parecía observarme. Me acerqué lentamente intentando mantener la calma, pero cuando llegué al lugar donde había estado no había nadie. El aire estaba helado y recordé que. Uno de los. Trabajadores dijo haber visto un niño por ese lado del vidrio. Estos encuentros comenzaron a afectar nuestra capacidad de trabajar. Los rumores de que el área estaba embrujada se extendieron rápidamente y algunos trabajadores se negaron entrar en ciertas partes del edificio, así como trabajar por las madrugadas. La administración trato de calmar los ánimos asegurando que todo tenía una explicación lógica. Pero nosotros sabíamos que había algo más en ese lugar. Decidí investigar la historia del aeropuerto esperando encontrar alguna explicación para lo que estábamos viviendo. Fue cuando descubrí en Internet que allá en los años 40, el lugar había sido una base militar antes de convertirse en un aeropuerto civil.
1:20:22 Hubo numerosos informes de accidentes y muertes trágicas durante ese periodo. Y parecía que algunas de esas almas no habían encontrado descanso, accidentes después de que intentaran aterrizar. Estos fueron los más frecuentes. Esa madrugada me quedé allí esperando algo, cualquier cosa. Pero nada sucedió esa noche. Don Mario, un hombre mayor que había sido un vago en su juventud. Y regenerado. Después de haber encontrado a Dios en su camino, hizo una oración en el área de la terminal del aeropuerto, pidiendo permiso de que nos permitieran continuar con nuestro trabajo, ya que en ningún momento nuestra intención había sido perturbar sus descansos. Eso los tranquilizó por un tiempo, pero después se volvieron a hacer presentes.
1:21:22 Aunque nunca entendimos completamente lo que había sucedido, sabíamos que habíamos hecho lo correcto. La remodelación del aeropuerto continuó con uno que otro incidente, pero el recuerdo de aquellas noches extrañas y aterradoras permanecieron con nosotros. Cada vez que pasaba por esa terminal sentía una conexión especial con el lugar. Recordando aquellos que alguna vez habían llamado a hogar a ese espacio o aquellos viajeros que encontraron el final de sus vidas a pesar del miedo y la inseguridad, habíamos encontrado una manera de coexistir con los fantasmas del pasado, respetando sus historias y buscando un futuro en paz. Aún sigo trabajando en la construcción de grandes edificios.
1:22:16 Empresas y desde luego, la remodelación de lugares con mucha historia. Y créanme que hay apariciones que son muy agresivas cuando uno perturba su eterno descanso o invade lo que para ellos sigue siendo sus hogares. Pero esas son historias para otra ocasión. Me despido de ustedes deseándoles el mejor día de sus vidas, querido escucha. ¿Qué opina al respecto de estas anécdotas ocurridas en terminales, ya sean de autobús o de aeropuertos? Los leo en la caja de comentarios recuerden que si el video les gustó pueden compartirlo con algún amigo o alguna amiga.
1:23:03 Muchas gracias, les deseo dulces pesadillas. No olvides suscribirte y activar la campanita en todas las notificaciones para no perderte ni una sola historia de terror que subimos cada semana. Déjame tu pulgar arriba y tu comentario y si el video te gustó, no olvides compartirme con todos tus amigos que disfrutan de las historias de terror.
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